¡Hola, hola, hola, soy Noah!
Después de 216 reviews, estoy aquí para subir. Sé que me he retrasado, pero no tengo excusa, para nada, realmente soy yo que escribo cuando tengo ganas y estuve aislada de las redes sociales. Nada más.
En fin, aquí traigo el capítulo que tanto, parece que habéis esperado. Bueno, disfrutadlo mucho.
Disclaimer:
Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.
Los personajes de AnticLove, son de sus creadores tan buenos que los crearon. Créditos reservados a ellos y usados con ánimo de lucro.
Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.
Memorias de una borracha
[No todo es lo que aparenta]
La música del club invadía todos mis sentidos, con aquel cubalitro en la mano me meneaba en la pista con Laeti a mi lado. Bailábamos rodeadas de tíos guapos y mayores que nos deseaban, mientras que, algunas chicas nos observaban envidiosas, seguramente planeando partirnos la cara o algo por el estilo por quitarle toda la atención que supuestamente iban a recibir.
Pero no la recibirían incluso aunque no estuviésemos, porque son carne vieja. Y la carne fresca atrae más y otras chicas diferentes vendrían a joder sus ligues o polvos, se quedarían con feos o desesperados que no saben ni lo que es eso para recibir lo que deseaban en un intento vano de mostrar que no son carne vieja. Que ridículas.
La canción más sonada últimamente inundo mis tímpanos, junto a Laeti que también la conocía. Sonreímos con picardía, leyéndonos la mente tanto la una como a la otra. Laeti pegó su cuerpo al mío y comenzamos a bailar con muchísima sensualidad, la una pegada a la otra, con movimientos suaves con las caderas.
Nos miraban con deseo y con anhelo.
Querían meterse en nuestras piernas, me gustaba la sensación de ser deseada, de ser observada. Me gustaba la forma en la que, todos los hombres, no me quitaban los ojos de encima, como me miraban con muchísimas fuerzas y la cara de perversión al fantasear conmigo.
- Mira esos de la esquina, nos observan mucho-
Sonreí, sus miradas recorrían nuestros apretados modelitos, me observaban como si fuera un pastel y ellos llevasen semanas sin comer nada. Estaba apetecible, estábamos apetecibles.
- Son guapetes-
No estaba interesada, volvimos a pegar nuestros cuerpos y empezamos a bajar con movimientos exagerados con el trasero, llamando mucho la atención de los hombres, quienes nos observaban, disimulando y a la vez sin disimular.
Continuamos nuestro baile sensual al ritmo de la canción Dirty Dance With Devils, movimientos sensuales y llamativos, nuestro cabello a nuestro alrededor con cada paso o contoneo, Laeti y yo nos compenetrábamos para engatusar a cualquiera que quisiera acercarse a nosotras, dejarles prendados de nuestra sensualidad y manipular su corazón como una simple muñeca de trapo.
En medio de nuestro baile, recibimos algunos gritos de ánimo, llamándonos preciosas, así que, si podía aumentar la cercanía para llamar la atención de todos los que me veían. Gritamos la canción, hasta que unas manos se apoderaron de nuestras cinturas.
Si no fuera porque una pulsera conocida clavándose en mi abdomen y una frase dicha por una voz igual a la de Leia, hubiese golpeado a la persona.
- ¡Malditas asquerosas!
Leia entraba en escena. Nos reímos y nos dirigimos de nuevo a la barra, luego de un concurso de miradas que se habían producido entre las tres.
Jamon volvió a atendernos y nos sirvió tres vasos llenos de ron con un poco de coca cola, nos bebimos un sorbito y comenzamos a observar el ambiente.
- ¿Qué os parece este ambiente?- preguntó Leia con una sonrisita.
- De lo más normal- añadí.
Las chicas me miraron sorprendidas y se pusieron a revisar la fiesta, llena de gente hasta decir basta, muchos sobraban y otros no tanto, se movían con otras canciones que se alternaban levemente entre otras, cambiando ritmos suavemente para que no fuese tan drástico.
Gente sentada, gente de pie estática y charlando, gente bailando, gente ya empezando a pasarse de copas… ¡y todo esto tan temprano! Una fiesta normal, nada del otro mundo.
- ¿Qué dices? ¡Hay mucha gente!
- Ya- asiento. –Pero es lo típico, Laeti. De todos modos… el tema es… ¿dónde demonios estabas tú mientras Laeti y yo esperábamos en la pista?
Leia sonrió mostrando sus perlados dientes y bebió rápidamente de su cubalitro, e intento evadir la pregunta, sin éxito, porque a mí no se me iba olvidar el hecho de que había algo que no cuadraba.
Iba a hablar. Iba a decirle que no colaba, pero antes de poder hablar, nuestros chicos favoritos se lanzaron a abrazarnos por la espalda. Nevra, Valkyon y Ezarel se inclinaron sobre nosotras con una sonrisa bastante amigable y nos saludaron a todas con dos besos.
- ¿Cómo están nuestras adolescentes hormonadas favoritas?- se burló Nevra, besando mi sien con mucha suavidad.
- Estupendamente- sonreí. –Pero menos hormonadas que cierto chico de cabello negro salido.
Laeti comenzó a meter baza por detrás entre risas amistosas, sabiendo que nada de lo que hiciese podría causar ningún problema entre nosotros, después de todo, siempre nos habíamos llevado bien, incluso cuando estábamos en otro instituto y ellos me seguían como perros locos para poder tener algo de mi atención.
Valkyon sonrió y frotó el cabello de Laeti con suavidad, teniendo cuidado de no despeinarla y causar un revuelo entre ella y Leia por tal destrozo, sin embargo, esta vez Laeti sonrió dulcemente, causando una pequeña risita en ella. Se me había olvidado que esos dos se llevaban increíblemente bien…
Fruncí el ceño y apreté mis puños, recibiendo la mirada atenta de Nevra, que seguía detrás de mí, abrazando mis hombros con un aire burlesco.
- La señorita está… celosa, ¿quizás?- preguntó, claramente burlándose de mí.
- ¿Y el señor quiere quedarse sin sexo con la señorita para toda la eternidad?
La cara de espanto que puso podría haber sido grabada, pero me corté de sacar el móvil para sacarle una foto y perderme el momento de humillación.
- Vaya, veo que sí que te ha molestado…- parece sorprendido.
No puedo culparle de su ataque de sorpresa, después de todo no me suelo enfadar cuando Laeti o Leia hablan con él o con Ezarel, pero cuando he visto que Valkyon solo se había acercado a Laeti, algo en mi interior se había expandido como el agua en una superficie plana, mosqueada había sido incapaz de controlar mi cara de mal humor.
Posiblemente porque Valkyon parecía interesado en Laeti y no en mí.
- Bueno, recuerda que odio no ser la protagonista- proteste en voz baja, justo a su oído, impidiendo que cualquiera de nuestros acompañantes nos escucharan.
Acarició mi mejilla y yo me dedique a observar a mis amigos, charlando aparentemente entre ellos, Ezarel hablaba de forma entretenida con Leia, mientras esta daba sorbitos de su enorme vaso y Laeti… Laeti charlaba animadamente con ellos, pegada a Valkyon, quien escuchaba y de vez en cuando se metía de lleno en la conversación, pronunciando más de dos palabras.
La ira me recorría. Apreté el vaso y bebí un trago largo, haciendo reir a mi acompañante, quien acarició mi espalda, ahora, y besó mi mejilla, dándome como fuerzas para no matar a nadie.
- ¿Te parece si vamos a jugar con ellos?
- ¿Me estás proponiendo una orgia?
Nevra se rió escandalosamente, llamando la atención de los demás.
Aunque yo, sinceramente, no le encontraba la gracia a todo esto. Laeti seguía siendo virgen, Valkyon no creía que fuese tan liberal como ellos y bueno, por Ezarel y Leia sin problemas… Aun así, había que pensar un poco en la consistencia del grupo.
- Por supuesto que no, pervertida-
- No me llames pervertida a mí cuando tú eres peor, ¡además es culpa tuya que no te explicas bien!
Achicó sus ojos entre risas y asintió, quitándole importancia de forma graciosa.
Desvié mi mirada, con mis mejillas hinchadas de rabia y gruñí por lo bajo, fijándome que, la atención de los mencionados anteriormente estaba en nosotros dos y en nuestra charla. Leia estaba casi devorándome con la mirada de curiosidad que portaba, dios, como odiaba que se pusiera así cuando no sabía las cosas.
- Entonces deja que me explique.
Asentí, esperando pacientemente a que acabase de contarme la milonga que tenía preparada, quizás me interesase y todo. Quien sabe, a veces sus ideas no eran tan malas.
Le observe atentamente fijándome en que estaba bastante atractivo sin el flequillo tapando su ojo y, toquetee su pecho, como si estuviese nostálgica.
- Entonces… ¿qué juego? Espabila y dímelo ya.
Nevra sujetó mi mano contra su fornido y atractivo pecho y sonrió con bastante sensualidad, era un semental, un genio en lo que se supone que era la seducción.
- Bien, el juego de las cartas, el de emborracharse en un grupo y…
- Ya sé, está bastante bien. Entonces, ¿dónde lo jugamos que nos oigamos los unos a los otros?
- No te preocupes, después de todo, el local está totalmente reservado.
- La suerte que tienen los niños ricos…
Avisamos a los demás y cogimos 4 botellas, una de Ron, una de Jagger, Vodka Blanco-Eristoff y por último y lo que menos se tragaba para mí, el tequila.
Nos dirigimos hacia el fondo de la sala, donde estaban las escaleras, cargados todos cada uno con lo suyo, resulta que Nevra ya lo tenía todo planeado, incluso nos habló de que nos pondríamos ciegos a alcohol, tabaco y porros en la zona VIP, menuda adolescencia me estaba pegando.
Tras situarnos en el suelo, llenarnos las copas y sonreírnos, Nevra sacó una baraja española de cartas, resulta que desde siempre viajaba a España, a Madrid, donde se montaba fiestas con sus primos y ellos le habían enseñado dichos juegos entretenidos, yo había jugado una vez y, con una ronda ya estaba por los suelos, así que, esperaba lo mismo de esta noche.
Nevra me encendió un cigarro y me extendió la cajetilla para que cogiese uno, tras encenderlo y hacer la misma acción con los presentes, menos Valkyon, Laeti y Ezarel, quienes al parecer no fumarían mierda mala si no, porros. Decidimos empezar.
- Sota- dijo Nevra.
- Norma- aclaro.
Como íbamos en el sentido de las agujas del reloj, la primera persona en empezar fue Laeti, quien pareció sopesar la norma, que consistía en eso, poner una norma, como una restricción, generalmente usada en cosas como "no se puede fumar", vamos que si fumabas bebías, o no se puede decir tal letra y si la decías, se contabilizaban y podías beber hasta nueve tragos.
- Empezaremos fácil, no se puede maldecir.
- Joder- gruñó Leia, sabiendo que esta la perdía.
- Has maldecido- rió Laeti. –Bebes.
- Hostia puta-
- Otra vez- rió Nevra, sabiendo que tenía las de perder.
La pelirosa cerró la boca y se dedicó a beber con mucha fuerza, decidiendo no volver a maldecir, causando una risa grupal a todos. Después de todo, ella maldecía más que todos por cualquier cosa.
- Rey- anunció Nevra, sacando otra carta y mirando a Ezarel.
- Eso es guiñó, ¿no?- pregunté.
- Sí. O sea, Ez, cada vez que mires a alguien, si le guiñas un ojo, tiene que beber. Vamos, que puedes guiñarlo cinco mil, si te mira, bebe esas veces que lo hayas guiñado.
- Estupendo-
Ezarel sonrió y comenzó guiñándome un ojo a mí, que fruncí el ceño y bebí, evitando volver a mirarlo. Después de todo, hasta que no saliese otro rey, se mantendría el guiñó en Ezarel, al igual que la norma en Laeti.
- Norma, Leia-
- Tomad por saco hijos de puta.
- ¡Leia!- gruñó Laeti al darse cuenta de que ahora echaría la noche maldiciéndole a todo el mundo.
- Bueno, mi norma es… no se puede hablar con la e-
Al saber que ya empezábamos fuerte, fruncí el ceño, a sabiendas de que la decía por mí. Inconscientemente salté mi típica frase.
- Eres una puta.
- Has dicho dos "e"- me dijo Leia
Sabía que pasaría, me quedaré calladita hasta que no esté borracha. Bebí dos tragos largos y el juego avanzó.
- Cinco, beben las chicas- claramente Nevra podía decirlo porque si no nadie entendía una mierda.
Todas dimos un trago largo y nos reímos.
- Otro cinco chicas- dijo Nevra, saltándonos ya a Valkyon y a mí con estos dos turnos.
Volvimos a beber tras intentar protestar sin usar la letra e, excepto Leia que si podía decirla.
- Guiñó, me tocó un rey a mí.
Y ahí Nevra nos lanzó unos guiños a todos, llamándonos por nuestros nombres y despistándonos de que acababa de salir el rey.
- Misissipi, Laeti, tocó el seis- pronunció Nevra, aprovechando que Laeti estaba mirando para guiñarle un ojo.
La aludida respondió gruñendo y bebió un trago largo, para coger aire y comenzar nuestro suplicio.
- Misissiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiipi-
Al no fumar, y por otras tantas cosas, tenía buen aguante, y mientras ella alargaba todas esas "i", nosotros no parábamos de beber, aunque a Leia le dio un ataque de risa y escupió lo que bebía al darse cuenta de que no podía aguantar más.
Nos reímos al verla limpiándose con un papel que sacaba de su bolsito diminuto y comenzamos a jugar, inclusive aunque ya estábamos riéndonos mucho.
- Siete, Ezarel, eso es reto-
- Rito a Lia y a Lati a darsa un baso.
Comencé a reir muy fuertemente al saber lo que había dicho Ezarel, con muchísima lentitud, al estar pensando cómo decir el reto sin usar la e. "Reto a Leia y Laeti a darse un beso".
Ambas preguntaron en inglés.
- What?
Causando de nuevo una risa en mí y en Valkyon, al final, tuvo que traducir Nevra quien si había pillado la cosa, el beso entre ambas fue bastante subido y sugerente causando un revuelo en todos, pues había lengua de por medio, se separaron respirando normal, pues habían controlado el nivel de pasión.
- Seguimos chicos, un dos, Leia, mandas dos tragos, recuerda, puedes separarlos o mandarlos todos juntos.
- Mando uno a Su y otro a Valkyon-
Miré a Valkyon y luego a Nevra, quien me guiñó un ojo.
- Joder, puto tío-
- Has dicho la latra prohibida- dijo Laeti. –Dos no Uno.
- Mierda.
- Tres- rió Leia.
Los cabrones estaban disfrutando, aunque yo termine riéndome por lo gracioso de la situación. La ronda continuó, ahora era el turno de Valkyon.
- Bebemos los chicos, ha salido un cuatro- anunció Nevra.
Los tres chicos pidieron rellenar la copa, así que, tras pitillos sueltos, volvimos a la caña cuando acabamos de mezclar el alcohol, era irónico, pero lo estaba pasando mejor así que con otra cosa.
- Te toca Su, ha salido un tres. Mandas tres tragos.
- A Lia- dije. Sonriendo.
- ¿todos, pedazo guarra?
- Sí.
Leia, a regañadientes, bebió los tres tragos largos de golpe, y Ezarel se comenzó a cachondear mientras intentaba no pronunciar la e, aunque cuando Valkyon hablo, ambos cometieron el error de decirla y cargarla toda.
- Seguimos-
Anunció Nevra, quien, si hablaba de las cartas se salvaba de decir la e.
– Ha tocado el caballo. Eso es un yo nunca… y me toca.
– No seas capullo- le pedí.
Lo malo de los yo nuncas con Nevra era que iba a matar conmigo y Ezarel, o con Leia y siempre conseguía que todos acabásemos borrachísimos porque nos hacía beber constantemente.
- Yo nunca me he hecho un trío.
Leia, Ezarel, Nevra y yo bebimos, bajo la mirada asombrada de Valkyon, Laeti solo rió divertida.
- Toco as, bebes trago largo- Me llamó Nevra.
El trago largo me sentó de miedo, estaba prácticamente ardiendo y llena de alcohol, después de no sé cuántas rondas, de liarnos un porro bien cargado y seguir fumando, comenzamos a hablar de temas bastante subidos y acabamos bailando sensualmente los unos con los otros, hasta que, decidimos bajar a bailar, aunque… si no recuerdo mal. Después de jugar como locos a varios juegos, en especial al de las cartas, recibí un agarre bastante potente en mi cintura.
Era Valkyon.
- Estas con ese peli-pelirrojo.
- No- negué, sin saber de qué hablaba, casi cayéndome, pero siendo sujetada por sus firmes brazos.
- Te besó en el gimnasio.
Negué con la cabeza molesta.
- No salgo con nadie en serio.
- ¿Entonces qué haces?
- Juego, como quiero jugar contigo ahora.
Nos miramos a los ojos. Y me lanzó a sus labios. El beso se fue tornando exigente, hasta dejarnos caer en una de las mesas que rodeaban la zona vip, estaba encima de él, con un calentón fino, después de todo me habían puesto cachonda no sé cuántas veces por los toqueteos recibidos por Nevra, Laeti y hasta míos propios, el juego se había calentado demasiado y ahora necesitaba ser saciada.
Nuestras lenguas se unieron y nuestros labios se sedujeron con mucha sensibilidad, y me colocó contra la mesa, en un toque bastante salvaje y atrevido, y este era el caballeroso Valkyon que perdía el control de sí mismo y se convertía en una fiera indomable que exigía.
Me froté la cabeza antes los recuerdos que se cortaban ahí, y destapé al hombre a mi lado, intentando despertarle con la suave corriente que había.
- Hey…
Después de todo, moría por saber que había pasado, pues el sexo intenso con Valkyon encima de la mesa no me explicaba cómo había llegado a esta casa y con otro hombre.
Mi boca se acercó a su cuello y lo mordió, sin embargo, no recibió respuesta, excepto un quejido. ¿Qué? O sea, ¿qué?
- Blanca… por favor, déjame- su voz suave y adormilada me hizo estremecerme.
- ¿Qué?- gruñí en tono alto, sobresaltando al rubio, que se levantó a verme con los ojos muy abiertos.
Bajo la mirada para ver que mis pechos estaban libres, sin sujetador y casi pude ver como saltaba de la cama y se tiraba al suelo con sus ojos más que salidos de sus orbitas.
Me incline para mirarlo.
- ¿¡Qué haces en mi cama y a-así!?
- ¿Cómo?
Mis ojos se fijaron en su bóxer. ¡Estaba vestido! Dios, al menos no nos habíamos acostado y no tenía que odiarme a mí misma por no acordarme.
- P-ponte algo encima, por favor.
Sus mejillas estaban más que rojas, y sus ojos se desviaban de mí, todo un caballero, como me supuse.
- Vale…- dije, fingiendo vergüenza. -¿Qué pasó ayer?
Nathaniel pareció ponerse azul, quizás estaba decepcionado por el hecho de que no tenía ni idea de que había pasado y por cómo estaba la noche anterior de borracha, claro.
Sabiendo lo correcto que era Nathaniel era improbable que tolerase que yo bebiese.
Ahora no podía evitar pensar que se había llevado una impresión equivocada de mí o peor… quizás había mostrado mi otro yo ante él y la había cagado. Aclaré mi garganta y me coloque una camiseta, dándome cuenta de que tampoco llevaba tanga, Nathaniel seguía sin mirarme y sin hablar, aun azul.
- Nath, siento haberme presentado así.
- No, olvídalo, ni siquiera te presentaste en mi casa, te traje yo.
Abrí mis ojos y me levante, agachándome para encontrar mi tanga, decidí ponérmelo y cuando ya estuve lista me moví hacia Nathaniel, ya con los pies en el suelo. Tendí mi mano hacia él y me miró confuso.
- ¿No tienes resaca?-
Cogió mi mano y se impulsó con la suya para ponerse de pie, mirándome fijamente a los ojos.
- No, no tengo. Nunca tengo a ser sincera.
- Así que no es la primera vez que bebes…
Sentí como mis oportunidades se iban al garete, así que decidí remediarlo.
- Bueno, generalmente bebo un vasito cuando salgo con mis amigos, ayer bebí demasiado porque era el cumpleaños de una amiga y me retaron, pero no suelo hacerlo.
Me miró fijamente y negó con la cabeza.
- El alcohol es malo.
- Lo siento, señor delegado- dije en un suspiro, fingiendo arrepentimiento. –Ahora mismo solo quiero saber cómo llegué aquí.
El rubio parece mascullar algo, sin pensar que yo iba a oírlo, aunque fallidamente, pues entendí claramente como decía "yo también me lo preguntó".
Sonreí al notar su nerviosismo, y, aprovechando que es más alto, deje caer mi cabeza en su pecho y abrace su desnudo torso.
- Así que… ¿te acuerdas?
- ¿De qué parte hablas?- me hice la entendida, como dándole a entender que de algo me acordaba, falso totalmente, me había pasado demasiado con el alcohol con la excusa de que era una celebración y que necesitaba desconectar.
Alcé la mirada para observarle y él se quedó aún más rojo de lo normal. Teniendo en cuenta de que, el delegado ya era bastante tímido, me resultaba chistoso el hecho de que estuviésemos en esta posición. Me abrazó también.
- Bueno… te lo contaré todo, y me dirás si lo recuerdas.
- Suena a un buen plan mañanero- Murmuré, dejando caer mi boca en su pecho, haciendo que se estremeciese, iba a ser un plan entretenido, de esto estaba segura.
[…]
Después de dejarme un par de ropa y echar la mía a la lavadora, nos sentamos a desayunar. Había preparado un café mientras yo revisaba mi móvil, había mensajes de Leia y Laeti diciendo que tendríamos que hablar más tarde cuando acabase con el pelirrojo ardiente.
Fruncí el ceño sin comprender de que pelirrojo me hablaban, pues yo estaba con Nathaniel, y no me explicaba una mierda que había pasada después de esas seis rondas de chupitos de tequila con Valkyon y Nevra. Para mí se nublaba todo después de esos sucesos.
- Aquí tienes- me dijo. -¿Quieres azúcar?
El sonido de la taza y del platito chocando con la mesa, con suavidad, me despertaron de mi ensoñación y dirigí mi mirada hacia el delegado, quien aún estaba sin camiseta.
- No, me gusta el café amargo, gracias.
- De nada, voy a ponerme algo encima.
- No, no hace falta- dije. –Bueno, no es la primera vez que te veo con poca ropa- dije, recordando cuando fui a su anterior casa y me metí con él en la cama. –Además, solo estás sin camiseta, por mí no te la pongas, no me importa y es tu casa.
Rojo hasta la médula, asintió y se sentó enfrente de mí.
- Bueno… entonces, comenzaré.
…
Vagabundeando por la calle, con ojos llorosos, camine descalza entre las calles de aquella villa tan conocida y odiada para mí. Estaba enfadada y ni siquiera sabía porque, oía que me llamaban, pero no era consciente de ello, entonces, me paré a gritar y a llorar que estaba muy cansada de todo.
Los pasos que me seguían se detuvieron y sentí una mano tirar por mí, me secuestraban fijo. Una chica sola por la calle, que mierda que no podamos caminar tranquilas sin que nos agredan, aunque sacar conclusiones así era un asco por mi cuenta, pero por suerte logre equivocarme, solo era Nathaniel…
ERA NATHANIEL.
Mi rostro cambió de lloroso a sorpresa.
- ¡Dios mío! ¡Sucrette! ¿Estás bien?
- ¿Nathaniel?- tartamudee, mirándole con los ojos como platos.
- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué lloras?
Abrace su cuerpo y comencé a llorar más fuertemente.
- Me duelen los pies, vengo del Blas-
- ¿Blas? ¿Tus pies?
Sabía que estaba mirando mis pies descalzos, así que, no me esperaba que fuera a cogerme en brazos y levantarme.
- ¿Qué es el Blas?- preguntó.
- El Blas as Güis- respondí, balbuceando y arrastrando palabras.
- Te refieres al pub, Black and White.
Asentí de forma llorosa. Y me abrace a su cuello, aun sujetando mis tacones y mi bolso, donde tenía el móvil, las llaves, la cartera y condones.
Nathaniel resopló.
- ¿Cuánto has bebido?- me preguntó.
- Un pocito-
Pareció sopesar las opciones.
- Vivías sola, ¿no? Voy a llevarte allí.
- No, mi abuela ezta ahí, matarame-
Nathaniel suspiró y besó mi sien, causándome una risilla.
- Entonces… tendrás que venir a mi casa.
- Sí…
Me acurruque en su pecho y me deje llevar por sus brazos.
- Puedo andar.
- No puedes…- me dijo con voz tranquila.
- Lo siento, si puedo.
- No lo haces.
Suspiré lloriqueando y comencé a gritarle.
- Entonces ponte tus tacones-
Aunque el pedido era sencillo, no estaba muy dispuesta a negociar y volví a gritarle, sabiendo que lo decía por mi bien, pero ahora mismo me sentía libre yendo descalza, quería continuar mi camino de ese modo, aunque al rubio no le hiciese gracia.
Hinché mis mejillas, intentando ganarle en una guerra de miradas, aunque el chico no cedió y me puso los tacones como si fuera cenicienta, aunque claro, de lo borracha que estaba no pude evitarlo y se lo solté tal cual.
- En vez de la bella durmiente, parecemos más la cenicienta, ¿eres mi princesa?
Nathaniel se ruborizó y carraspeó, tomando mi cintura e intentando que caminase pegada a él, aunque no era muy fácil pues me iba torciendo constantemente a otros lados y él tenía que estar más pendiente de mí que de otra cosa.
- ¿Qué has bebido?- preguntó el rubio, intentando averiguar cómo era posible que la chica perfecta de la que él se había enamorado hubiese bebido tanto. Al menos eso era lo que pensaba yo que estaba pensando de mí.
Me reí, innegablemente sabía que estaba preocupado por mí, y yo ya era incapaz de controlar mis pasos, así que, qué mejor que distraerme que contarle mis aventuras.
- Encontré a un chico con una botella de vodka negro, ese que deja la boca negra, ¡JAJAJAJA!
- ¿Y qué pasó?
- Se lo acaba de comprar en una licorería 24 horas, ¡yo se lo robe!
- ¿Qué?- preguntó sorprendido. -¿Se lo robaste?
Estaba sorprendido, quizás más de lo que pensaba, pero yo no podía parar de reir, tropecé bruscamente y él me sujetó, aun así mis risas locas y flojas no pararon en ningún momento. Causando que el chico se frotase la sien.
- ¡Shhhh! ¡Él no se puede enterar!
Pasó de rojo a azul, parecía un poco decepcionado, pero en vez de gruñir como siempre, me sujetó con más fuerza cerca de él y me ayudó a continuar caminando.
Si es mono y todo, una pena que solo sirva para sexoooooo.
- En fin, vamos rápido, te darás una ducha al llegar a casa.
- Estas enfadado.
- No.
- Sí.
- No.
- Sí, no tienes derecho a enfadarte.
- ¿Cómo?
- No, tú siempre te enfadas pero no puedes, no eres mi padre.
- Ya pero…
- No puedes, sé que estás preocupado, porque eres bueno, la gente te quiere, no como a mí…
La cara de Nathaniel se volvió pálida.
- Nadie me quiere, ¿sabes?
- ¿Qué? ¡No digas eso! ¡Y-yo te quiero! Y los chicos y Alexy, y las chicas… todos te apreciamos.
- No, solo a ti porque eres mejor persona que yo…
- ¡Por supuesto que no! ¡Tú eres increíble!
- Eres tan bueno… ¡prométeme que siempre estarás conmigo!
El delegado principal se puso más rojo que un tomate, sin embargo, sabía que esta podía ser una buena situación para aprovechar el momento y declarar sus sentimientos. Como un ensayo, de eso yo estaba segura, incluso borracha y escuchándole hablar claro.
- Vale.
- ¿Lo prometes?
- Sí, lo prometo.
- ¿De verdad?
- De verdad, lo prometo, en serio.
- ¿Lo juras con el dedito?
- ¿Qué…?
- ¡Tienes que jurarlo con el dedito!
- Bien, bien, lo juro con el dedito-
- ¡SIIII! Ahora te creo.
- ¿Antes no me creías?
- Sí, pero, siempre es bueno jurarlo con el dedito muchas veces.
Ambos permanecimos en silencio, hasta que pareció que me había acordado de algo, un tema del cual Nath no estaba preparado para hablar.
- ¿Cuántos hijos querrías tener?
Si no llega a ser porque estaba sujetándome, estaba segura de que se habría golpeado contra el suelo. Estaba sorprendido, ¿cómo? ¿Hijos? ¿Qué? Era obvio que esas eran sus reacciones, no podía creer que hubiese preguntado algo tan estúpido, me ruboricé.
- ¿Hijos? ¿Yo?
- Síp, conmigo.
Casi se ahoga con su propia saliva. ¿Qué demonios estaba pasando?
- Tenemos 17 años, es muy pronto para pensar en hijos- tartamudeo.
- ¿Y qué pasa con eso? ¿No puedes? ¿No soy atractiva? ¿No valgo para madre de tus hijos?
- No es eso, no es eso- dijo rápidamente el delegado. –Eres muy atractiva, pero… pero… quiero decir… yo… somos muy jóvenes.
Caminamos un poco más rápido, supongo que porque estaba nervioso, al menos así me lo narraba, con las mejillas demasiado calientes, aunque podía comprenderlo, había sido una idiota.
- Jóvenes- dije.
- Sí, jóvenes- contestó afirmando su teoría, aun con las mejillas rojísimas.
Estaba comenzando a acordarme de esto, podía visualizarlo, incluso podía verme caminando con pasos torpes y con esos enormes tacones matándome los pies.
- ¿Jóvenes?
- Si, para tener hijos.
- ¿Por qué hablas de hijos? ¿No vas muy rápido? Nunca me has invitado a salir.
- Pero si tú me preguntaste sobre eso-
- ¿Yo pregunté eso?
- Dios mío…- masculló, volviéndose azul.
Claro, estaba perdiendo la paciencia, normal, estaba más borracha que otra cosa.
- Oye Nathaniel…
- ¿Sí?-
- ¿Conoces la canción "What Does The Fox Say?"?- pregunte curiosa.
- Um… ¿no es esa en la que todos van disfrazados de animales?
- Sí, esa, esa- dije sonriente. -La pasaron hoy, ¿sabes?
- Mm, que bien, ¿no?
- Fue muy diver.
- Me alegro…- masculló con una leve sonrisa.
- Y un chico me preguntó si quería ver como hacía el zorro en el baño.
Freno de golpe, con los ojos muy abiertos y me miró.
- ¿Qué?
- Pero yo le dije que no, ¡ya sé cómo hace el zorro!
Nathaniel frunció el ceño y continuó caminando, parecía molesto, quizás estaba preguntándose quien era ese chico, pero yo estaba tan perdida tatareando la canción que no podía evitar reírme de vez en cuando.
- ¡Nathaniel!
- ¿Qué pasa?
- Me gustas mucho.
El delegado pareció sorprenderse y volvió a frenar de golpe para mi sorpresa, pues casi me caigo y él se llevó un enorme susto por ello, sujetándome por la cintura, impidiendo que caiga.
- ¿Cómo?
- Me guuuuuuuuuuustas.
Me lancé directamente a los brazos y entonces supe que, como me estaba mirando en esta parte de la historia, debía ruborizarme y beber café como si la vida me fuese en ello, aunque no me avergonzaba de ello, quiero decir, me alegraba de tener menos trabajo, ahora empezaría una relación con él, en secreto, obviamente, y finalmente, llamaría la atención de Castiel terminando mi harem.
Nathaniel tomó mi mano para continuar con la historia y tranquilizarme, con sus mejillas también ruborizadas.
El beso continuó y me separé de él.
- Me gustas mucho.
A pesar de que él estaba confundido, también correspondió a las palabras.
- Me gustas también.
- Geniaaaal
El silencio volvió a reinar en el lugar y continuamos andando, aunque Nathaniel portaba una sonrisa dulce y bastante contenta respecto a las palabras y el acontecimiento que acababa de pasar.
- ¿Entonces por qué huías de mí?
- ¡Amber no quería que me acercase a ti!
Frunció el ceño y comenzó a mascullar, aunque esto lo evitó contar, como si no quisiera que me enfadase por su reacción, aunque me era indiferente, pues tenía pensado hacer caer a su hermana de la peor de las formas.
El camino volvió a hacerse silencioso, hasta que a mí se me ocurrió otra de mis grandes ideas.
- Oye Nathaniel.
- Dime.
- ¿Te molesta que hable tanto?-
- No me molesta.
- Genial, porque no quiero que me odies.
- No lo hago.
- Estupendo, te quiero.
- Y… y yo a ti- tartamudeo.
Unos minutos más tarde…
- Nath.
- ¿Qué?- preguntó, sabiendo que pronto llegaríamos a su casa.
- ¿Conoces la canción "What Does The Fox Say?"?
- Ay dios…
[…]
Una vez que Nathaniel terminó de contarme todo lo que había dicho, resumiéndolo bastante, pues, cada vez que lo acordaba me avergonzaba de haberme mostrado así ante ellos, quienes se suponía que tenían que verme perfecta. Cierto, era humillante.
Llegamos a su casa y me abrió la puerta, intentando que no tropezase con ningún escalón, y me llevó hasta el baño para humedecerme la cara. Me sentó en el baño, con la tapa, obviamente, bajada y comenzó a frotar mi cara con un paño húmedo, bastante agradable.
- El maquillaje, quítamelo…- mis ojos estaban cerrados y me zarandeaba de un lado a otro sin poder controlarme.
- ¿Agua caliente?
- No, si, puede, amarillo- hablaba demasiado rápido.
Nathaniel suspiró sin saber muy bien que hacer, aunque más tarde recordó que su hermana había dejado unas toallitas desmaquilladoras y aprovechó para usar una en mí.
- Cierra los ojos.
- Gracias, Nathaniel, te quiero.
- Y yo…-
A pesar de que parecía concentrado retirando mi maquillaje con suavidad, estaba claro que se avergonzaba aún de mis palabras cariñosas.
Sus manos cálidas me agarraban con suavidad y pasaba la toallita con más cariño aún, seguramente estaba intentando no hacer movimientos bruscos para no asustarme.
Una vez dejó de acariciar mi cara con la toallita, se sintió como si se alejase de mí, abrace su brazo, impidiéndoselo.
- No te vayas.
- No lo haré…- masculló. –Iba a tirar esta toallita.
- Gracias, bésame-
- ¿Qué?
- ¡NO TE GUSTO!
- Si lo haces pero ahora...
Abrí mis ojos y lo miré fijamente, como si fuera un cachorrito abandonado, y enseguida suspiró y me besó con suavidad, dejando que nuestros labios se rozasen con cariño. Una vez cesó aquella muestra suave de amor, nos separamos y yo le mostré mi mejor sonrisa, hasta sentir como se acumulaba la bilis en mi garganta, hinche las mejillas.
Me baje del baño, abri la taza y vomite.
Nathaniel se frotó las sienes, y me sujetó el cabello.
- ¡Espera Nath! ¡No sigas contando!- me tapé la cara.
¡Eso sí que me había dado vergüenza!
- No fue por tu beso.
- Lo sé, me lo dijiste después, no sé cuánto alcohol habrías tomado ayer, pero espero que reduzcas.
- No suelo beber, te lo prometo. Fue una ocasión especial, pero nunca ocurrirá.
Nathaniel sonrió.
- Te creo- era dulce y se sentía bien, acarició mi mano. -¿Entonces paro de contar?
- Sí.
Por hoy estaba bien.
- Bien… entonces…- Comenzó a beber de su taza de café. –Tendremos que…
- ¿Te pedí sexo?
Se atragantó con el café y pareció no esperarse la pregunta, sin embargo necesitaba saberlo para estar seguros de lo que creía que era una razón para estar así en su cama era que me había rechazado.
- No tanto como eso…-
- Lo siento.
- No pasa nada, yo... yo no te rechacé porque no quisiera, sino porque…
- Estaba borracha, lo supongo. Gracias, Nath, eres un novio increíble.
- ¿Novio?
- No te esperes que luego de todo lo que pasó a noche voy a dejarte escapar.
Bueno el capítulo es largo, ¿no?
Siento ser tan tardona, últimamente uso menos las tecnologías porque duermo muchísimo más. Espero que os haya gustado y os haya sorprendido el giro, la verdad, tenía otra cosa pensada, pero al final salió esto, me he reído mucho imaginándome la situación entre Nath y Su borracha. Así que, espero que lo disfrutéis. Saque un poco la idea de un fic (lo de ella borracha claro).
Juego del borracho
El juego que estaban jugando Sucrette, Nevra, Ezarel, Laeti, Valkyon y Leia
Si alguien quiere saber como se juega, que me lo diga en los comentarios xDD. Personalmente a mi me encanta.
¿A cuántos reviews llegamos está vez?
¿230?
Venga. Sé que podemos.
