¡Hola, hola, hola, soy Noah!
Después de 233 reviews, por fin me digno a subir. El bachiller, las fiestas, mis amigos y mi novio me matan. Ya sabéis la vida de los adolescentes es horrible cuando se está atareado.
Como dije en otros capítulos no voy a poner excusas, quiero decir, no tengo excusa aparte de no tener tiempo ni ganas... JAJAJA, pero bueno, lo intento. Aun es bastante grande para no tener inspiración, aunque todo esto es gracias a vuestros reviews.
Sobre todo el de una lectora fantasma, llamada Lucia843, que me hizo un review mágico. Estoy increíblemente feliz.
¡Gracias! Disfrutad del capítulo.
Disclaimer:
Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.
Los personajes de AnticLove, son de sus creadores tan buenos. Créditos reservados a ellos y usados con ánimo de lucro.
Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.
¿Me han pillado?
[Siempre miraba por mí bien]
Estar en casa a veces es asfixiante.
Dolía pensar que en algún momento todas las paredes comenzarían a caérseme encima con rapidez. Que dolería de forma brutal, ver como el aire se acaba y las paredes se hacen más y más pequeñas antes de derrumbarse sobre mí. Estuve pensando en salir a un lugar más abierto, pero odio que crean que soy débil, que soy menos que los demás por aquellas ansiosas cosas que me hacen daño y me comen por dentro. Me levante de mi posición y me dirigí a la cocina. Agua. Agua. Necesitaba agua. Mucha agua. Quizás así se irían aquellas voces.
[…]
El día siguiente llegó con calma. Me levante y ordene mis útiles escolares, para ir a mirarme al espejo del recibidor y encontrar un reflejo perfectamente arreglado, hoy era el día del azul.
Con aquella blusa celeste y aquellos vaqueros blancos con roturas azules, estaba jodidamente clara, mis danzantes cabellos largos con el viento lucían ordenados y había aplicado maquillaje para cubrir las imperfecciones y aquellos detalles que no me gustaban, como las ojeras tan pronunciadas bajo y encima de mis ojos que pedían descanso de aquella tortura que conocía como vida de ansiedad.
Recogí mi mochila y me la colgué en un hombro. Ciencias a primera, resople cansada y me dirigí a la puerta, donde mi abuela me retuvo.
- ¿Estás bien?
Observé los ojos de mi abuela, azul. Hoy era el día del azul. Azul y azul. Azul que aliviaba con sus tonos suaves y claros. Se había vestido de colores suaves, dejando sus trajes fucsias y aquellas pintas extravagantes que tanto le gustaban por mí.
Eso no me consolaba.
- Sí.
- No lo parece. Ayer te oí hablar sola. Pero habías cerrado la habitación con llave.
- ¿Y?
- Estabas alucinando.
- Déjame, estoy bien. No es cierto.
Mi abuela resopló.
No iba a hablar de eso con ella. No iba a darle la satisfacción de recibir aquellos analgésicos del demonio. No tenia ganas de recibir el ataque del sueño en clases. De arruinarme a mi misma con medicación tan fuerte y de quedar como una psicópata que necesita medicarse para controlarse.
- Bueno, ¿no vas a desayunar?
Se rinde conmigo.
Me alivia de una manera que no os podéis ni imaginar. Estoy bien. Bien. Bien. Siempre bien. Es lo que me queda. Fingir, fingir y fingir. Mirar por mí bien, yo, solo yo, nadie más que yo me puede ayudar, no voy a recibir ayuda de nadie, porque nadie me puede ayudar, los seres humanos son tan egoístas, se deleitan con palabras que supuestamente tranquilizan, pero no es así. Solo se preocupan por ellos. Por sus problemas, cosa normal claro, ¿a quién le importa como quedes de deshecha si ellos viven bien?
Lo importante son ellos.
- Es mejor que desayunes, luego me estarás llamando para que te recoja.
Negué con la cabeza. No tenía ganas. El estómago parecía querer saltar de su lugar y empezar a revolcarse por el suelo cuando alguien nombraba la comida.
- No quiero.
- Eres como una niña.
Ruedo los ojos y salgo por la puerta.
Decir algo en estas situaciones solo lo empeora, solo estaba rezando porque mi abuela no llamase a mi padre, aunque lo dudaba, no solía contar esas cosas, cuando pasaba algo como esto, presionaba. Presionaba una y otra vez para que me dejasen de una vez por todas volver con ella, reformarme, convertirme en una señorita y superar poco a poco mis problemas.
Mis pasos comienzan a resonar por todo el lugar cuando chocó bruscamente con la puerta abriéndose. Es Ryo, viene con la chaqueta en los hombros, una mano en la frente, los ojos hinchados y totalmente pálido como la nieve. Ha bebido demasiado.
- Veo que la fiesta se ha prolongado.
Le vi gruñir como si le molestase mi voz, que era suave, fina y bajita, me reí un poco más alto de lo normal y me cruce de brazos. Este chico salía más de lo que me imaginaba, estaba un poco sorprendida por el hecho de que hoy era lunes y tenía universidad.
- Tu novia se está enfadando por estos horarios.
- Cállate… No eres mi novia aún…
Su voz era ronca, profunda y totalmente cansada, parecía que un montón de coches le habían pasado por encima. Suspiró suavemente y me miró a los ojos fijamente, pero los volvió a entrecerrar un poco más y apoyó la cabeza en su hombro.
- Llevame a la cama.
- Ya lo propuse una vez y me rechazaste.
- No puedo subir estas escaleras…
Suspire hondo, estaba prácticamente hecho mierda.
Lo separé de mí y le pasé su brazo por encima de mis hombros, sin decir más, comenzamos a caminar hacia las escaleras, donde nos detuvimos un poco de tiempo, para que no se comiese el escalón, pues parecía que el efecto del alcohol aun duraba en su cabeza.
- ¿Qué se supone que hiciste el domingo?
- Y el viernes y el sábado.
- Me importan una mierda los días- gruñó. -¿Qué hiciste?
- Era un festival…
- ¿Hasta qué hora bebiste?
- Mucho…
Rodé los ojos, que idiota.
Seguimos caminando hasta el ático, donde estaba su piso. Para mí sorpresa, cuando me dio las llaves, me di cuenta de que era más ordenado de lo que habría creído nunca, estaba decente, no, mucho más que decente, perfecto.
Musite por lo bajo palabras de asombro que él no pareció entender, pero que tampoco valoro, solo suplico otra vez para que lo llevase a la cama. Así fue, lo lleve, rápidamente hasta su cama, donde se sentó sin esperar y se tiró sin desvestirse y dejando su chaqueta en el suelo.
- La ropa te huele a alcohol, Ryo.
- Cuando me despierte te pondré un mensaje- murmuró, totalmente somnoliento.
- Quítate la ropa.
- Vete y déjame morirme aquí.
Rodé los ojos y me senté a su lado.
Este idiota no tenía remedio y yo tenía que solucionarle la vida, le desate las Stan Smith blancas, que ahora más bien eran marrones y se las quite, colocándolas ordenadamente al lado de la cama. El perfeccionismo para mí era inevitable, yo tenía que tener todo bien ordenado, bien colocado y me gustaba el orden hasta en casas y cosas ajenas.
No podría convivir con Ryo nunca.
Ryo ya dormido e ignorando el hecho de que estaba desnudándoles, ya se le oía esa respiración profunda característica cuando duermes, muy mona por su parte y mostrando su carita de niño bueno que jamás ha roto un plato. Tras observarle profundamente, me di cuenta de que mejor empezaría a desvestirlo rápido, no se movía demasiado así que fue bastante fácil quitarle los calcetines y los pantalones. La camiseta me costó bastante trabajo, lo suficiente como para que me estrese y piense en los minutos perdidos de camino al instituto.
Cuando por fin retire la prenda, lo observe murmurar algo como el nombre de una chica, Ylar… ¿qué demonios? ¿Quién es Ylar? Suena como Ykhar, pero no va a mi gimnasio, va a otro a menos que la conozca o algo... Negué con la cabeza y me levante de la cama.
Debía terminar con esto y olvidarme de todo el rollo de esa tal "Ylar".
Busque entre su revoltijo, porque eso no es un armario, algún tipo de pijama, pero no encontré ninguno, así que, supuse que dormía en boxers. Miré de reojo y le sacudí, intentando que se despertase, pero por desgracia recibí un ronquido, me resigne. Me quedaría sin saber esos detalles que ni me interesaban sobre él. Y decidí dejarlo así, tapándolo bien con las mantas y con suavidad para que no me retuviese más si se despertaba.
Tras terminar, me separé de él y lo observe unos segundos durmiendo.
Estaba en paz, relajado y tranquilo, sin parecer que había hecho las locuras más grandes del mundo en esa fiestecilla. Resople agotada, era un desastre. Recogí su ropa totalmente llena de machas y olor de alcohol, también se podía oler bien el hedor a tabaco y sudor en ellas. A saber cuánto había sudado. Las lleve al baño, tanteando a ciegas sus puertas y los tire en su cesto de ropa sucia, o lo que creo que es eso…
Si no, que se joda. Por hoy, ya había hecho mi buena acción.
Volví a bajar las escaleras para comenzar mi día, mi record de llegar a clase a la misma hora todos los días se había terminado por culpa del borracho de Ryo, ¿aunque que puedo recriminarle yo? Después de todo, en el momento en el que yo tengo oportunidad, bien sea porque soy mejor cuando estoy borracha que cuando estoy normal o cuando necesito un descanso de la realidad, bebo como una loca. Para mejorarme a mí misma por unos momentos o para conseguirme a mí como una persona sin preocupaciones estúpidas, porque con el alcohol dejas de pensar y si no piensas no te hacen daño los monstruosos pensamientos.
Cerré la puerta de su casa y baje las escaleras ya con mis cosas en las manos.
Baje las escaleras, ignorando todo mi mundo derrumbándose a mis pasos, últimamente me sentía agotada, cansada, afectada por pequeños detalles que ni yo conocía. Para mí, las cosas empeoraron en el momento en el que empecé mi harem. No sé porque, era uno de esos momentos en los que sabes que todo va mal pero no sabes que es lo que va mal.
Atravesé la puerta del edificio y entonces, lo encontré.
- Me parece que tú y yo tenemos que hablar-
Mis pasos se detuvieron, su voz sonaba un poco molesta y notaba su escrupulosa mirada encima de mí. Me di la vuelta para encarar a Castiel, conocía su voz grave y varonil, ruda, por encima de todo. Parecía desconfiado y estaba horriblemente mal. Al menos su rostro, pálido y con ojeras.
- ¿Qué diablos te ha pasado?
Abro los ojos sorprendida.
Vale, sí, es cierto que Castiel no se preocupa demasiado por su aspecto. Quiero decir, se viste generalmente de negro y rojo, pero tampoco es que se pase horas y horas delante del espejo y se preocupe mucho por todo lo que piensen los demás sobre él, su aspecto y su forma de ser.
Estuve a punto de reírme de Castiel, pero decidí callarme porque no era el mejor momento.
- Nada que te importe.
- ¿Pero por qué estás…?- decido parar y cambiar mi pregunta. -¿Puede saberse porque vienes de tan mal humor aquí y a pagarlas conmigo?
Me miro con más ira contenida y se acercó con pasos rudos ante mí.
No tenía miedo, porque, aunque estuviera cabreado, sé que es como un corderito y un chico increíblemente bueno, dulce y cariñoso. Incluso bajo esa mascara que se llenaba de prejuicios por su aspecto.
- Tú lo sabes.
- No, la verdad es que no- lo miro impasible, me gustaría saber qué te pasa y no lo sé.
Su mirada se oscurece, cabreado, parece que el hecho de que no tengo ni la menor idea del porque está tan insoportable lo irrita, aunque yo no tengo la culpa realmente. Cuando estoy por replicarle, o algo ya que parece no querer contestar, unas palabras resuenan en mi mente. "El pelirrojo estuvo conmigo el sábado", ¿habré dicho algo que lo haya molestado a ese punto?
No creo.
Al menos eso es lo que pienso, es prácticamente imposible que yo haya dicho algo que no fuera una palabra cariñosa, soy incapaz de decir cosas malas, soy como… más cariñosa, más amigable, más fácil de llevar, porque solo necesito palabras cariñosas y gestos que te hagan sentir más querida, soy peor que una niña pequeña que busca amor y la aprobación de los demás.
- ¿Te ha ido bien con Nathaniel?
- ¿Perdón?
- ¡Tú sabes de lo que te estoy hablando!- Alzó el tono de voz.
Pestañee suavemente, ignorando la forma en la que parecía querer matarme o torturarme de la peor de las formas. Como ya he dicho, no me asustas gatito. Rodé los ojos y me cruce de brazos.
- No es por nada, pero… si yo me he ido con él sería por algo. Además, me llevó a casa.
- ¿Ah sí?
- Pues sí.
El tonito de reproche, celoso y molesto no viene a nada.
No me gusta que me hable como si tuviera derechos sobre mí, un par de toqueteos, un par de besos no son nada. Ni siquiera es una relación seria, y, aunque lo fuera, me importa una santísima mierda, él no es mi novio, yo no creo en el amor, no creo en lo serio, lo serio se esfuma con atisbos de burla y se termina. No creo que puedan cambiarme, y menos, atarme.
- No lo creo.
- Pues no lo creas- frunzo el ceño. Está haciendo que pierda los nervios. –Tú no eres mi novio, puedo hacer lo que quiera y si no me crees, no tengo porque darte explicaciones-
Echo a caminar. Si tiene algo que reprocharme, que reproche, yo tengo cosas más importantes de las que preocuparme, si cree, de verdad, que voy a arrastrarme y suplicar está muy equivocado. Yo nunca me arrastro.
Nunca.
Y menos por un hombre.
Nunca me veríais haciendo algo como eso, perder mi dignidad y por un tío, lo que me faltaba por oir, ¿yo? ¡Venga hombre! Tengo más que hacer y más gestos de indiferencia que mostrar, no importa que papel interpretase, si la Su buena o la Su mala, nunca.
- Eh, eh, espera ahí- sujeta mi brazo, no de forma brusca pero si con aires de molestia. –¡Está conversación no ha acabado!
- Para mí sí.
Paro en seco, doy un brusco movimiento y me suelto de él. Ni que tuviese derecho a replicarme de esa manera tan celosa.
- No tienes derecho a decirme nada, no eres mi novio.
Los ojos de Castiel se abren bruscamente, asombrado y furioso, pero al mismo tiempo parece que está reconsiderando las acciones y las palabras que debería decir, pero sabía que tenía razón. No tenía derecho a enfadarse conmigo y volvía a decirlo, de nuevo, porque sé que me he repetido mucho, porque me parecía indignante.
Si ya quería ponerme cadenas, no me imaginaba como sería si le digo que vamos a salir.
Si le seduzco para que caiga en mis telas de araña hasta que se enamorara de mí y no pudiese vivir sin mí. Que dependiese hasta no poder decir nada sin consultarme, porque la manipulación es lo que mejor se me da y conseguiría su cabeza y su mente.
Superé a Debrah hace tiempo…
Me quedo tiesa un momento, miles de pensamientos pasan por mi mente y siento cierta molestia en mi estómago, me froto las sienes y espero ansiosa una respuesta del pelirrojo.
- Tienes razón- se cruza de brazos. –No tengo derecho. No sé qué me ha pasado.
Iba a huir.
Le veía la intención, desde luego que iba a escaparse de mí mientras pensaba en la vergüenza que pasaba por replicarme por algo que no tiene derecho.
- Espera.
Me mira a los ojos, curioso.
Puedo leer en ellos la intriga extenderse.
Castiel siempre escucha atentamente lo que tengo que decir, me presta atención y desde hace poco viene a todas las clases por mí para estar más cerca. Puede que sea brusco y un poco impredecible, que muchas veces no sepa leerlo del todo bien, pero sé que, si me falla el mundo ahora, él se quedará conmigo.
Debrah lo engatusó, pero yo supe jugar mejor.
Quería saber cuánto se moverían, y hasta qué punto, por mí y me hice la tonta y la víctima. Ella me dio la oportunidad perfecta para cobrarme favores, obtener favores y lealtad, me dio un juego bueno. Me había convertido en la reina sin quererlo ni beberlo cuando la eche del Sweet Amoris, sustituyendo a Debrah, sacando a Amber de su ensoñación y recibiendo las miradas de todos.
Incluso con Priya aquí yo seguía siendo la mandamás.
- ¿Qué?-
Mis ojos se enfocan en él, quiero saber que está pensando, quiero que me lo diga.
Quizás soy demasiado exigente y me vuelvo cada vez más… zorra con el paso de los segundos, porque voy frunciendo el ceño sin poder parar y voy cambiando mi semblante por uno cada vez más molesto y estresante para él.
- Lo siento.
- Um.
No quiero decir nada, pienso que es mejor que siga hablando él, con esa intensidad que lo caracteriza.
- Yo…-
Las palabras de Castiel comienzan, balbuceos incoherentes y ciertas palabras que no comprendía, la timidez se plantaba de repente en su persona, creo que es por el miedo a ser rechazado. Quizás antes estuviese seguro, pero ahora… ahora no.
- Me gustas-
Parece que mi respuesta le descoloca pero, pensé que debía actuar.
Sus ojos se abren desesperadamente, casi se le caen de las cuencas de su rostro, parece que no se lo cree, pero de repente, sonríe, sonríe casi burlonamente, parece que la situación le divierte ahora. Quizás quiere mantener su rol de seguridad frente a mí, quedar bien frente a mis ojos. Asi es Castiel.
Sonrió.
- Ya te puedes quedar tranquilo, que yo sé que te mueres por mí y que Nathaniel no te llega a la suela del zapato.
Me acerco a él y cojo su rostro entre mis manos, cierro los ojos y siento su respiración profunda y varonil. Sin embargo yo no comienzo el beso, dejo que él se incline y plante sus labios pasionales y ardientes que cualquier chica que ame los chicos "malos", o cualquiera que tuviese ojos en la cara, se daría cuenta de que son increíblemente hermosos.
Nuestro beso comienza cuando él cierra la distancia entre nosotros, es una danza suave de emociones, más por su parte que por la mía.
Si analizo la situación, puedo ver que este beso es diferente a los anteriores, es muchísimo más delicado y cariñoso, pero con una cierta intensidad delicada que me incita a pensar que quiere demostrarme que él también, que siente lo mismo pero que también me desea como las anteriores veces. Que astuto…
Nos separamos y nos miramos a los ojos.
- Ahora… quiero hacer algo con unas ansias brutales.
Castiel sonríe, parece que está pensando en sexo.
Normal que sonría así si se trata de sexo, porque cualquiera sabe que el sexo es genial, que le propongo de forma ansiosa el polvo de los siglos de los siglos que nos dejará exhaustos, estoy deseando probarlo.
- ¿Ah sí?
- Sí- Me inclino hacia él. –Muchas, muchas, pero muchas, ganas-
Cuando ya estoy por chocar nuestros labios, me echo hacia atrás bruscamente.
- Ir a clase, nos vemos.
Mis pasos comienzan a ser rápidos, he perdido mucho tiempo con él y no quiero llegar tarde, a pesar de que siempre llego a las siete y media de la mañana, prefiero estar temprano, preparar mis cosas y pasearme por los pasillos para observar.
- Eh, ¡espera!
- No pienso llegar tarde, y a menos que quieras contarme que paso el sábado-domingo, me parece que no voy a tener tiempo.
- ¡Qué me esperes!
Le veo, de reojo, correr tras de mí.
Sonrió maliciosa, aun así no hemos quedado en nada, me parece que vamos a tener que parar a hablar o lo que surja hoy.
Entre bromas y risas nos quedamos hablando sobre cosas sin importancia, pues no menciona el accidente del sábado, me parece que voy a ter que jugar con su cabecita para que crea que quiere decírmelo para no tener que moverme o hacer algo como suplicarle.
Es lo que mejor se me da.
[…]
Tras llegar al recinto, nos separamos, cada uno tiro por su lado y por su compañía, incluso aunque yo quisiera hablar las cosas que sucedieron el sábado con él, sabía que era mejor lo hablaríamos al terminar las clases, en un lugar privado por supuesto, y así no tendríamos a nadie que nos molestase.
Como yo no me arrejunte con nadie, me fui a clase y espere pacientemente y pensativa en mi lugar hasta que terminaron las sesiones de clase. No tenía ganas de cotillear, pasear o hacer caso a alguno de esos "amigos verdaderos" para seguir acumulando cosas que utilizar en su contra o para engatusarlos, así que, permanecí estudiando, atendiendo y en las clases todo el tiempo.
Adelante por lo menos la mayoría de los temas para los exámenes, menos que estudiar.
Mi plan de aislación iba bien hasta que Alexy y Rosalya invadieron mi espacio personal.
- ¡Ni te viniste con nosotros!- se quejó la chica de ojos ambarinos con una sonrisa.
- ¡Eso, eso!- completo Alexy. -¡Te echo de menos!
Dejo que me abracen y sonrío suavemente.
Se apretujan y me agarran cada uno de un brazo mientras caminamos hacia la salida del instituto. Hablan y hablan como locos sobre sus cosas que no me interesan mucho porque tengo la cabeza llena de datos sobre que podría haber pasado el sábado con Castiel, aunque de vez en cuando asiento y digo pequeñas afirmaciones...
Levanto mi vista y veo una melena grisácea blanquecina y mis ojos se agrandan como nunca.
- ¡Sucrette!
Parece que me ve, me mira con una sonrisa avergonzada mientras se rasca la cabeza, viste una americana que lo hace ver elegante y también se ve un poco desaliñado, mientras sus vaqueros oscuros lo hacen ver aún más sexy.
- ¿Ryo?
Abro la boca un poco y flipo, ¿qué hace él aquí? ¡Teníamos un trato!
- ¿Quién es ese bombón?
- ¡Dios mío! ¡¿A caso tienes novio y no nos has explicado nada?!
- No.
Miro de reojo y me giro para ver a cada uno de ellos, mis chicos nos miran con una mirada horrible, furiosos y sobretodo parece que están a punto de explotar de celos, rabia y parece que están a punto de venir a comerle vivo o algo.
Se aproxima hacia mí. Sus pasos son lentos y parece sensual.
- Hola.
- ¿Qué se supone que haces tú aquí?
- Mi madre viene hoy, así que… tenemos una cena por la noche pendiente.
- Mañana tengo clase.
- Ya, procuraré que acabe pronto.
- Bien-
Rosalya sonríe como nunca, parece que está saltando de alegría por el hecho de que este chico se haya fijado en mí y ya sea tan serio.
- Gracias por ayudarme con esta homosexualidad reprimida, mi novio también te lo agradece
Ahora el que sonríe es Alexy, supongo que feliz porque ya no tengo intención de mirar hacia él y podré quedarme con su hermano gemelo. Como es normal Alexy apoya a Armin y estaría encantado de que yo fuese su cuñada, bueno, quien dice yo, dice la Sucrette buena que dejo mostrar, quiere la máscara que me he puesto y no a mí misma.
Eso sería un duro golpe para él si descubre la verdad.
Un duro golpe para todos, mejor dicho.
- De nada.
- Genial, y siento haberte dado tanto trabajo hoy por la mañana.
- La próxima vez no vengas borracho.
- No prometo nada, pero lo intentaré.
Lo miro muy desconfiada, no puedo fiarme de él porque es capaz a alterar las cosas o mejor, hacerme quedar mal o estropear la mentira que ha soltado así de repente, no me fio un pelo de que él no vaya a fastidiarme. Aunque espero que no.
Veo a Nathaniel aproximarse hacia mí, y eso no me gusta. Un ataque de celos no, por dios.
- Disculpa, en este recinto solo pueden entrar alumnos y profesores, así que, retírese.
- Solo he venido agradecerle a mi amiga que me ayude a ocultar a mi madre mi homosexualidad de momento.
Nathaniel respira tranquilo.
Ruedo los ojos un poco y le golpeó la cabeza a Ryo. Creo que es suficiente espectáculo por hoy, no tengo que dar explicaciones y él tampoco, al menos no aún, y espero que mis chicos me pregunten a mí, y no se pongan a sacar sus propias conclusiones y argumentos, de momento es mejor que nos larguemos de aquí y nos evitemos más preguntas curiosas como Peggy.
- Ryo y yo nos vamos Nath, Rosa, Álex-
Lo enganchó y tiro de él hacia afuera del recinto, dejando a unos cuantos un poco confundidos por mis repentinas acciones.
No os preocupéis chicos, estoy yo más confusa que vosotros.
Ryo comienza a reir a carcajadas una vez que atravesamos la calle donde está la cafetería, no sé qué le produce tanta risa pero no para de soltar escandalosas carcajadas que empiezan a molestarme al no entender el chiste, no sé porque, pero me está causando dolor de cabeza.
¿Qué hace aquí? ¿Por qué viene al instituto si quería decirme lo de su madre? Podría habérmelo dicho en el piso, pues solo tiene que bajar, timbrar y yo le abriría, aprovecha me lo dice, me arreglo, ayudo en lo que haga falta y me libro de este chantaje.
- No sé qué te causa tanta gracia, pero te agradecería que cerrarás en pico.
- Las caras de esos chicos, el rubio casi me asesina, pero el cambio de cara me pareció alucinante- sigue riendo y parece que en algún momento se quedará sin aire y se ahogará. –Mira que eres putón-
Le pongo los ojos en blanco y continuo andando tironeando de él, quien parece que prefiere pararse cada dos por tres para partirse el culo de los celos de mis chicos.
- ¿Podrías cerrar el pico? ¿O tengo que golpearte?
- Ai… ¡es que es buenísimo!
- No lo es. ¿Y puedes explicarme por qué carajos vienes al instituto?
Ryo da otra risotada más suave y va frenando poco a poco su histérico ataque de risa.
Por fin se calla, al menos ahora recibiré explicaciones y no tendré que preguntarme otra vez que es lo que se le ha pasado por la mente para venir a mi instituto por primera vez en su vida, sabiendo como soy yo, que pienso y esas cosas de jugar con los tíos.
- Gracias, has sido muy amable hoy.
- ¿Eh?- Arqueo las cejas sin entender muy bien lo que está intentando contarme.
- Ya sabes… por ayudarme a llegar a mi casa, desvestirme y recoger mi ropa incluso sabiendo que tienes un record de asistencia a clase.
- Oh… ya veo. De nada.
No digo nada más, ¿qué tengo que decir en estos casos?
De todos modos no puedo usar un favor así porque hoy ha dicho que es gay en mi instituto.
- ¿No vas a pedir un favor?
- No. ¿Qué podría pedirte?
Después de todo no puedo hacer demasiado, me tiene pillada por los cuernos, cualquier movimiento en falso y él sabrá como pararme. No tengo demasiadas opciones.
Ryo ha sido mi rival durante mucho tiempo, quiero decir, es prácticamente imposible que gane si él conoce mis debilidades y mi forma de moverme, generalmente nadie me descubre en estas cosas, pero él capto mis movimientos y un montón de hombres saliendo de mi casa sin pararnos demasiado. Cada día diferentes, mayores, pequeños, fuertotes, delgaduchos y a veces más y menos maduros.
Ryo me conocía y sabía dónde darme para herirme, sin embargo, yo también tenía alguna idea de cómo herirlo, pero era bastante difícil porque casi nunca nos veíamos y no aceptaba mi juego de seducción jamás.
- Um, algo como, "jamás me chantajearas con decirle a la gente que sabes lo que hago por ahí".
- ¿Y lo aceptarías?
Se encoje de hombros divertido.
- ¿Quién sabe?
- Bueno, eso no es importante, ¿puedes decirme por qué te presentaste en mi instituto?
Ryo mantiene un ritmo calmado y sigue con las manos en los bolsillos, mirando al frente con sus ojos brillantes y azulados, le da un aspecto maduro y sereno que rompe las imágenes de borracho que tengo de esta mañana. Bueno, ha dormido poco pero parece totalmente recuperado.
Me apostaría la mano a que su madre es quien lo despertó y por eso acudió a mí.
- Pues, estoy agradecido, podrías haberme dejado durmiendo en la puerta y así hasta que alguien quisiera visitarme o algo, pero me subiste a casa incluso aunque no tenías ganas.
- Bueno, tú me lo pediste- digo cuando nos acercamos a nuestro edificio. -¿Entonces a qué hora estoy?
Ruedo los ojos con cierto malestar, recordando todo aquello que hablamos y suspiro hondo.
Lo importante es acabar con esto. No el hecho de que esté agradecido hacia mi persona y que me haya salvado de problemas, no importa que Ryo me sienta como una buena persona, solo me interesa saber cuánto tiempo me dejará hecha polvo y cuanto me manipulará, por ello, cuanto antes convenza a su mamaíta más pronto me libraré de él.
- ¿No querías planearlo todo?
- Pásame un e-mail con todo sobre tu madre, datos que puedan ser importantes, me inventaré una historia creíble y te la pasaré antes de la cena, tengo cosas que hacer por la tarde.
- ¿Cómo qué, pichoncito?
Me quedo mirando hacia él con los ojos abiertos de par en par.
Menudo apodo ha ido a ponerme, tenía muchísimos apodos dulces y cariñosos, pero… ¿pichoncito? ¿En serio? ¿A caso es estúpido o es de la clase de novios empalagosos que te dan ganas de ahogar en un río? Agh.
- ¿Pichoncito?- repito. –Si vuelves a llamarme así, tu "pichoncito" golpeará tu nariz tan fuerte que tu mamá tendrá la cena en urgencias.
Ryo hecho a reír bruscamente, divertido con mi amenaza.
Si yo fuera él no me reiría conociéndome, soy capaz a golpearle tan, pero tan, fuerte que a parte de un golpecito suave en la nariz, recibiría una patada en sus partes nobles. Ahí creo que se le pasaría el momento JAJA.
- ¿Entonces cómo te apodan tus noviecitos?
- Sucrette o Su.
- Que aburrido.
- Bueno…- cierro los ojos. –Me llamaron cielo en una época de mi vida.
Me paró para mirar hacia el cielo, esa época se ve tan distante que me da repulsión.
Si pudiera quedarme en el pasado, retendría el tiempo y no dejaría que avanzase nunca, me encantaría que nadie nos separase, que él no se fuera, viviríamos en una especie de mundo en el que ambos estaríamos siempre juntos, que él me daría su cariño constantemente y que me daría toda la atención que necesitaba.
Seríamos felices constantemente.
- ¿Cielo? Vaya, no me digas que has tenido una relación seria- ríe.
Lo miró con los ojos vacíos y continuó andando.
No quiero escuchar algo como eso de alguien como él, una persona casi asexual para mí, que se resiste a mí y parece que odia las relaciones, jamás he visto a una tía subir a su piso y tampoco he visto que presuma de nada. No quiero saber nada de él y menos escuchar sus disculpas por sacar un tema tan delicado para mí.
- A las siete y media subiré a tu piso.
- Sucrette, ¿no vas a responder a mi provocación?
Pero nunca voy a responderte.
Incluso aunque pongas esa voz preocupado, no lo haré. Cierro la puerta en sus narices, aunque sé que él tiene las llaves y puede alcanzarme por los pasillos de nuestro edificio, subo corriendo hacia mi piso y lo siento llamarme por las escaleras. Que os den, hombres de la Tierra. Os vais a caer.
Al menos… ahora puedo pasar una intensiva tarde con el pelirrojo.
De: Sucrette
Para: Castiel
"¿Podemos vernos hoy?"
…
De: Castiel
Para: Sucrette
"Claro, ¿paso por ti?"
[…]
Me pongo sonriente en el momento que Castiel me recibe en la puerta de su casa.
Al final hemos quedado en que yo iría andando hacia su casa sin necesidad de que él viniese por mí. Me inclino hacia él para besarlo suavemente, pero se aparta de mí con cierto aire molesto. No está contento y puedo notarlo en sus ojos, la molestia se manifiesta por todo su rostro contraído.
- Eh, ¿sucede algo?- Pregunto yo, confusa.
- Pues tú sabrás-
- No recuerdo lo del sábado al menos podrías contármelo, pensé que ya lo habíamos solucionado.
Castiel me deja pasar pero sigue de morros, cruzándose de brazos.
Acaricio sus hombros en un intento de que él me mire a los ojos y se derrita con la suavidad de mi amor. Castiel cederá como siempre cede a mis encantos y acabará cantando, sobre todo gracias a la culpabilidad que le proporciona el verme triste.
- No es por eso, ¿quién era ese de hoy?
- ¿Quién? ¿Ryo? Oh… ya. Es gay.
Los ojos de Castiel se abren un poco y se avergüenza de sus celos injustificables por una persona que no me encontraría atractivo sexual, para él claro. Porque de gay nada, creo…
- Oh…
- Puedes quedarte tranquilo-
Ahora sí que nos besamos.
Nuestros labios chocan y siento como mi cuerpo se estremece cuando sus, anchos y fuertes, brazos me rodean y aprieta mi trasero y mi cuerpo contra el de él. Nuestros labios encajan demasiado bien, nuestras lenguas bailan entre él. Cuando nos separamos, sonreímos un poco y nos vamos hacia el sofá.
- Castiel… ¿podrías explicarme que pasó el sábado…?
- No importa ya pasó…
Acaricio su fornido pecho y pongo ojitos de perrito adorable.
Sonrío al ver como suspira y se rinde hasta mis encantos. Porque parece que quiere hablarme de ello, pero antes de ello, me besa suavemente y me inclina en el sofá.
Wow… alguien quiere acción.
- Castiel…
- ¿No podrías esperar…?
Bueno, me parece que sí puedo esperar…
Castiel sonríe maliciosamente y se inclina más cerca de mí besando mis labios, cuello y pechos, es cariñoso al principio, pero va subiendo poco a poco la delicadeza con la que me toca, sus manos aprietan mis pechos por encima de la ropa, es increíblemente ágil, tanto con las manos como con el placer que me proporciona.
Gimo suavemente cuando tira de mi camiseta hacia arriba y muerde mis pechos. Casi me llega la camiseta hasta la boca, como si quisiera evitar que gimiese para él.
- No eres virgen, ¿no?
Gimo y aprieto su cabeza contra mis pechos, recibiendo una suave risita que me hace sentir escalofríos por todo mi cuerpo, se ríe tan varonilmente y tan grave que me pone más de lo que me pone él generalmente.
- No lo soy, así que, por favor, fóllame rápido.
Castiel sonríe y se levanta de entre mis pechos, para sonreír con burla y de una forma bastante prepotente. Parece orgulloso de que ahora no pueda pensar en otras cosas que su cuerpo y lo que me va a hacer sentir, entonces, él me alzó del sofá, colocando sus brazos por detrás de mi espalda mientras que intentaba quitarme la camiseta que llevaba. Yo hice el mismo gesto, le quite la chaqueta mientras enrollaba mis piernas alrededor de su trasero manteniéndome sujeta en suspensión.
Tras retirar sus prendas superiores, Castiel descendió con su lengua por mi cuello hasta mis pechos y hasta mi ombligo, claramente primero me tumbó otra vez en el sofá, el sujetador comenzaba a estorbarme hasta a mí, pero él no hizo amago de quitármelo, siguió recorriéndome con su lengua recorriéndome hasta donde estaba el cierre de mis vaqueros.
Lo desabrochó para mí mientras me sonreía con picardía.
- Castiel por dios…
- Que si, que si… eres tan impaciente.
Cuando me quitó los vaqueros, dejándome en ropa interior, mientras nos mirábamos y nos comíamos con los ojos, queríamos continuar, seguir nuestro hermoso encuentro carnal. Dios mío, estoy deseando tener su polla caliente y apretada contra mí coño húmedo y suplicante.
- Castiel, fóllame.
- Encantado, nena.
Pero el Karma no me deja en paz. El timbre suena y una voz que todos conocemos muy bien suena.
- Castiel, ¿no habíamos quedado a componer hoy?
Lysandro está aquí y yo no puedo sentirme más que pillada in-fraganti. ¡¿Por qué me odias de este modo Karma?!
Bueno, hasta aquí el final. Pensé que no podría llegar a hacerlo interesante, pero creo que no me ha quedado tan mal... podría estar mejor pero...
En fin, disfrútenlo, quiero que reaccionen y me den sus hermosos comentarios que son los que me inspiran a continuar, de hecho, el comentario 233 me hizo sentir increíble, quiero decir, wow. Me inspiró y me dije a mi misma, tengo que seguirlo ya, o ponerme a ello e ir adelantando algo, lo tenía flnalizado pero me pareció corto y soso.
Así que... vamos a seguir con vuestros increíbles comentarios.
Juego de borrachos de Cartas del anterior capítulo.
Explicación
Por si alguien quiere saber como jugar al juego, que a mí me encanta:
Primer paso: Os colocáis en un orden y vais uno y luego otro, ejemplo:
Alexy, Kentin, Sucrette, Rosalya, Armin, Violeta, Castiel, Nathaniel, Lysandro, Kim y Priya...
Pues cuando ya han ido todos esos personajes, volvemos al principio, Alexy, Kentin... y así sucesivamente hasta que se acaben las cartas, barajéis y vayáis otra vuelta o las que os apetezcan.
Segundo Paso: Tras tener la baraja español, se sacan cartas hasta que se acaben, una vez que se acaban, se vuelve a empezar si así lo deseas, recomendable, pues es más gracioso cuando ya lleváis varias y estáis algo borrachos.
Tercer paso: Jugar hasta que os canséis, pero controlaros, el alcohol es un tema que hay que tener bajo control y tener cuidado.
Cada carta, de la baraja española, tiene una función:
Carta: As o 1- Bebes un trago largo. (La persona que le toca bebe un trago largo)
Carta: 2. Mandas dos tragos. (A quien quieras, pueden ser dos a X persona o uno a X persona y otro a Y persona)
Carta: 3. Mandas tres tragos. (Lo mismo que la anterior, a quien quieras, repartidos o sin repartir.
Carta: 4. Beben los chicos. (No más explicación, bueno, si no hay chicos, bebéis las chicas o os inventáis algo)
Carta: 5. Beben las chicas. (No necesita explicación, ¿no?)
Carta: 6. Missisipi (Mientras la persona a la que le toca esta carta dice Misissiiiiiiiipi -y prolonga ese segundo siiii- los demás tenéis que beber hasta que pare, se ría o lo que sea que le dificulte decir la palabra)
Carta: 7. Reto. [no necesita explicación, ¿no?, quien no cumpla el reto bebe y ya]
Carta: SOTA o 10. Norma. (Aunque siempre preguntamos ¿norma? podéis poner cualquiera, una norma como no se puede usar el teléfono, no se puede decir la letr cosas. Cuando ya estás contento, es divertido con letras)
Carta: Caballo/11:. Yo nunca. (Creo que todos hemos jugado al yo nunca alguna vez... quien lo ha hecho bebe)
Carta: Rey/12. Guiño. (La persona que tiene el guiño, cada vez que guiñe el ojo a alguien, esa persona tiene que beber)
Para una borrachera con amigos en plan tranquila es bastante divertida, aun así, no os paséis con el alcohol. Y no fuméis porros, ¿ok? Parezco una madre xDDD
El guiñó y la norma se mantienen hasta que salga otra carta como el 12, o rey, o el 10 o sota, a otra persona.
También he de decir que la baraja española se puede descargar en el móvil sin necesidad de comprar o llevar las cartas.
¿Cuántos reviews me merezco está vez?
¿245?
¡Venga chicas! ¡Me haría mucha ilusión!
Por favor, sigamos hasta 245 o más. ¡El próximo capítulo viene con muchas sorpresas así que venga!
