¡Hola, hola, hola, soy Noah!
No tengo mucho que contaros, así que, no habrá una introducción muy larga, por no decir nula.
Disclaimer:
Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.
Los personajes de AnticLove, son de sus creadores tan buenos. Créditos reservados a ellos y usados con ánimo de lucro.
Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.
Chantaje
[Estaba fuera de control]
Me adelante lo más rápido posible para realizar la tarea que había pospuesto tanto tiempo, después de todo, el jugador tiene que mantener controladas a sus fichas y no dejar que actúen por si solas.
- Hola Peggy- salude.
- ¡Te estaba esperando ansiosamente! ¿Qué sucedió ayer con el profesor de química, la directora y contigo?
- Hm, podemos dejarnos de entrevistas por un momento, creo que tengo un material bastante delicado que sacar contra ti-
Ella sonríe, como haciéndome entender que no me cree ninguna palabra, pero no me voy a molestar en enfadarme porque tengo un día estupendísimo. No importa cuánto tiempo haya estado ayer en histeria por la tontería que tiene mi madre en la cabeza, no me importa cuanta gente se crea mejor que yo. Mi día no será arruinado.
- Punto número 1, Peggy, estás patéticamente interesada en Armin, aunque para ti eso es un tema bastante aparte, pues, priorizas el periódico con tus cotilleos porque patéticamente quieres la aprobación de tus padres. Debe ser muy patético que no te acep…
Una bofetada se sintió sobre mi mejilla.
Peggy me había dado un buen golpe, que giro mi cara, haciéndome sonreír levemente. Sí, sentía un poco de escozor porque seguramente me hubiese dado con todas las fuerzas. Había acertado y le había dolido, un mecanismo de defensa para que me callase, pero, razonaría y se arrastraría a hablar conmigo.
- ¿¡Pero qué demonios haces tía!?- chillo Kim, acercándose a la escena con rapidez.
Peggy abrió los ojos sorprendida.
Estaba metida en problemas, no solo me había abofeteado a mí, una de las chicas más populares del instituto, sino que, estaba arriesgándose a que la mayoría de las personas del instituto empezasen a odiarla más de lo que lo hacían por pegarme a mí, la buena y dulce Sucrette Darcy.
La gente empezó a amontonarse a nuestro alrededor, entre ellos, Priya y Alexy, quienes también actuaron junto a Kim.
- ¡Peggy!- chilló Alexy, acercándose a mí e inspeccionando mi mejilla.
- ¿Qué diablos te pasa?- Vociferó Priya.
Peggy comenzó a agobiarse cuando vio que todos la acusaban con las miradas y comenzó a poner cara de terror. Casi podía ver como empezaba a sudar frío y se ponía nerviosa. Era como si odiase que todos la mirasen decepcionados.
Peggy estaba a punto de tartamudear, no podía decir el motivo por el que me había pegado y no podía echarme la culpa sin quedar como la mala de la película. Oh dios, me parecía a Debrah. Casi reí instintivamente, pero mantuve mi mirada gacha.
- Gracias Peggy- sonreí aliviada y todos me observaron asombrados. –Necesitaba esa bofetada, aunque la próxima vez que te lo pida, no me des tan fuerte, buen gancho.
Me miraron un poco extrañados, supongo que no se creían demasiado eso, pero yo podría manipular sus mentes para que creyesen lo que yo quería que creyesen.
- No os alarméis, se lo pedí yo, así que, dejadnos tranquilas cotillas- grite mirando a los demás mirones que no dejaban de gruñir. –Y vosotros- miré a mis amigos y sonreí como si fuese la chica más dulce y adorable del mundo. -¡Gracias por preocuparos!
Aunque Kim y Alexy me creyeron con facilidad, Priya sintió desconfianza o al menos sospecha. Veo que es más difícil de manipular que los demás, deberé hacerme más minuciosa respecto a ella, más cuidadosa...
Sonreí y tome a Peggy por los hombros.
- Nosotras seguiremos hablando del motivo por el que tuvo que pegarme.
Todos me miraron fijamente a los ojos y dejaron que me fuese, arrastrando a Peggy lo más lejos posible de ojos de mirones indeseados, ella, totalmente perpleja, se dejó arrastrar por mí sin preguntar nada ni producir sonido alguno.
En cierto sentido estaba muy contenta de que esto se produjese según lo que había planeado, Peggy, la cotilla y sabelotodo de los demás me daría toda la información que necesitase, me informaría de todo tras conocer todo lo que yo conocía sobre ella.
- ¡Espera!- frenó en seco, haciendo que dejase de tirar por ella y me girase a verla a los ojos. –¿Cómo… có-cómo?
- Hm, se tanto sobre ti que creo que vamos a tener que negociar para que mi bocota no se abra de repente…
Casi podría decir que sus ojos mostraban terror. ¡Oh, cómo me gusta ser mala!
[…]
Sentada en el primer asiento de clase, donde acostumbraba a sentarme, recibí la inesperada y asombrosa visita de la última persona que pensé que se me acercaría. Se sentó a mi lado bajo mi mirada perpleja y alce una ceja en forma de pregunta silenciosa. Él sonrió con malicia y ahí supe que venía a burlarse y rodé mis ojos de forma instintiva.
- He oído que te han tenido que pegar un bofetón para despertarte-
- Hm, sí, tenía demasiado en la cabeza.
- Querida, si te va ese rollo a mí no me importaría azotarte-
Reí y le golpee en el brazo.
Castiel no dudo en agarrarme y abrazarme, haciendo que me apoyase en su pecho y quedando en una posición entre incómoda, cómoda y peligrosa. Me dejé estar durante unos minutos y acaricie sus manos que abrazaban mi cintura, la verdad es que me encontraba casi con el culo fuera de la silla, pero estaba bien saber que el rebelde y anti-amor, estaba teniendo un gesto romántico.
Incluso después de acostarnos y declararnos nuestros "sentimientos", había recibido el mismo trato, más o menos, que antes de salir, y me gustaba, porque era meloso en cierto modo y luego seguía manteniendo una distancia que me hacía sentir cómoda, así no tendría que gastar mi tiempo en intentar no ser atrapada sin mi máscara.
- Eres muy gracioso, Castiel-
- Lo sé, seguro que te has enamorado más de mí por ello-
- Uf, no quepo en mí con tanto amor-
Está vez, él esbozo la sonrisa y se inclinó para besarme en el cuello y luego hacerme girar la cabeza para que me besase una última vez más, pero en los labios.
- ¿Qué ha pasado?- me preguntó. Ahora pasando a lo serio.
- Bueno, no te preocupes, mis padres son idiotas.
- Te entiendo perfectamente.
Oh, sí, venga odiadme, ¡odiadme!
Estoy jugando con su mente aprovechándome de sus circunstancias con sus padres, lo sé, soy un monstruo, odiadme, odiadme mucho, pero me da igual. Tengo que hacer algo, ¿no? No voy a contarle la verdad y desde luego no me apetece tener que frenarme a mí misma con todo lo que estoy pensando para crear una mentira perfecta.
Tengo un buen día y prefiero dejar de rebanarme los sesos por hoy.
- Bueno…- suspiré.
Me separé de él y me incline una última vez para besarle con suavidad, un roce sugerente de más y bastante exitoso en él chico, quien se inclinó de nuevo para recibir otro, que le di sin vacilar ni un solo momento.
- Voy a sentarme bien, va a empezar a entrar gente, como Melody y Nathaniel.
- Oh sí, la parejita de idiotas.
Sonreí y coloque mi mano debajo de mi barbilla, haciéndole soportar el peso de mi cabeza con ella. Alce una ceja con gracia y me reí.
Como ya he dicho antes, pasar el rato con Castiel me hacía sentir más libre de expresar mis verdaderas formas, claro que tenía un límite, pues, sí veía lo perra que era, seguramente acabaría alejándose de mí, pero como me limitaba a mí misma, siempre nos había ido bien y había sido fácil ganarme su confianza.
- Pues que sepas que, el idiota, es totalmente mi tipo.
Se acercó a mí, inclinándose y alzando una ceja un poco divertido por la insinuación, pero lo cierto es que no mentía. Me gustaban los chicos como Nathaniel. Dulces, simpáticos, con futuro y buenas notas, atentos, románticos, detallistas y parados en el ámbito sexual.
No estaba mintiéndole, pero obviamente Castiel se lo tomaría como un filtreo cutre de celos.
- ¿Ah, sí?- sonrió pícaramente. –Estoy seguro de que él no podría hacerte sentir lo que yo te hice sentir ayer…
Un golpe con un libro sonó en nuestro escritorio.
Ambos nos giramos sorprendidos, aunque debo admitir que eso me había sobresaltado un poco. Al mirar hacia arriba nos fijamos en que Nathaniel estaba allí, enfrente, con una cara bastante enfurecida, y supe que, esto, no iba a salir tan bien como me esperaba.
- N-Nath-
Oh, la mosquita muerta también está aquí.
Fulmine a Melody con la mirada, no me caía bien. Era una chica de apariencias, como yo, fingía ser recatada y dulce, cuando era envidiosa y una mala pécora que vivía de celos y tonterías de mala persona.
Resople para enfocar mis ojos en Nathaniel, quien había fruncido el ceño iracundo. Sonreí apenada.
- Déjala en paz- su voz estaba completamente contaminada de furia.
- Nathaniel, tranquilo- musite.
- Nathaniel…- Melody intervino con su cara de contrariada.
Esto no iba a acabar bien…
- ¿O qué?-
Castiel se levantó de su sitio, plantándole cara a Nathaniel y dejándome trastocada por sus tonterías de machos alfas, así que me levante yo también.
- Suficiente- me moleste. -¡Castiel, ven conmigo!
Aunque Castiel se puso muy gallito e hincho su pecho como si fuese a pegarle, pero le retuve agarrando su brazo y empujándole hacia afuera, me fulmino con la mirada, pero cedió a mí y se dejó empujar hacia afuera.
Cuando Castiel salió del salón, aproveche para susurrarle a Nath que nos veríamos en la próxima hora, que era de estudio, para charlar sobre esto y que se relajase. Aunque Melody nos observaba contrariada, Nathaniel aceptó, aparentemente molesto porque me fuse con Castiel.
Después de todo, creo que lo entendería al fin y al cabo.
[…]
- Has tardado.
- Solo han sido dos segundos para echarle la bronca a Nathaniel.
- Le gustas.
Eso ya lo sabía, gracias por información inútil.
Me hice la desentendida y me acerque a él, estábamos en el sótano, uno de los lugares más libres para hablar fuera de escuchas de cotillas y de mis chicos. Me abrace a él y sonreí, maliciosamente, ya que no era capaz a verme.
- No creo, es Nathaniel.
- Sí le gustas, ¡se fue contigo!
- Y me llevo a casa, es buena persona y un amigo bueno, quizás piense que no te intereso en aspecto amoroso y que vas a hacerme daño.
Castiel pareció enfurecerse cuando hable sobre ello, pero me estrecho más fuerte.
- Espero que no te creas esa estupidez.
Sonreí y lo mire a los ojos. Nos besamos desesperadamente y nos separamos suavemente para sonreírnos y regresar al salón donde Nathaniel me molestaría con la mirada. A ver qué hago yo ahora…
[…]
Las dos horas de filosofía se hicieron más amenas en el momento en el que el profesor nos dejó claro que hoy, por causa de una reunión podríamos irnos a casa en la hora de estudio. A penas quedaban 20 minutos de clase y yo estaba deseando salir para arreglar las cosas con Nathaniel. Pero por supuesto que Castiel no estaba tan alegre con la idea de dejarme tranquila.
- ¿Y después de clase no quieres venir a casa?
- Tengo que ver a mi abuela lo antes posible a ver si se ha comunicado con mi padre por los rollos del otro día.
Parece pensarlo mucho y le brillan los ojos de sopetón, como si se hubiese dado cuenta de algo opaco, parece que ya es consciente de que ayer he sido retenida por la directora para tratar unos asuntos.
Sin dudarlo mucho, supongo que preocupado, coloca su mano encima de mi pierna sin discreción, miro hacia atrás y veo a Armin con su PSP muy ofuscado y molesto, supongo que se pregunta porque no he hablado con él o tenido sexo, o besado o lo que sea, a su lado Alexy mira embelesado al profesor, sí, el profesor Sycamore es guapísimo, me lo hubiese ligado si no fuera porque ya estoy muy colapsada con el rollo amoroso.
Kentin por su parte parece enfadado, pero como está lejos de mi asiento no puede ver como Castiel hace acercamientos tan atrevidos, y Rosalya y Lysandro parecen bastante distraídos, llevan unos días raros. Quizás debería hablar con él luego, o con ellos, puedo sacar provecho… Y Nathaniel está sentado con Melody, de vez en cuando veo la mirada furtiva de ira que se cuela en mi campo de visión. Está cabreado. Tengo que arreglar demasiadas cosas.
Retiro la mano de Castiel de mi pierna y le sonrió con nerviosismo, lo entiende.
- Lo siento- susurra. -¿Qué pasó ayer?
- Tonterías de estudios y otros planes, pero… cuando acabe quizás pueda pasarme, ¿te parece?
Sonríe con picardía.
Sabemos lo que quiere y me estoy empezando a alterar, mis hormonas se mueven de un lado a otro y casi puedo asegurar que mi coño se humedece solo de imaginármelo a él, de nuevo, entre mis piernas. Dios, que subidón.
[…]
No estaba. Por ninguna parte.
Nathaniel se había largado sin siquiera esperarme, pregunte a todos, a todos. Pero ni rastro, solo alguien debía saberlo y era Melody. Y, obviamente, ella no iba a decirme la verdad, por nada del mundo quiere que me acerque a él porque sabe que soy mejor que ella y que me prefiere a mi sobre todas las cosas, quien no es consciente de eso cuando esta tan enamorado de mí.
- Alexy, ¿has visto a Nath?- pregunto ya demasiado cansada. –Necesito hablar con él-
- Me pidió que te dijese que se iba a casa-
Frunzo el ceño.
Ese idiota. Ahora voy a tener que ir a buscarlo, claro, lo que me faltaba. Perder el tiempo en él cuando todo está comenzando a complicarse. Los celos no son realmente buenos, generalmente se aplican de modo romántico, pero eso es desconfianza. Es un defecto muy grande en los humanos, sin embargo, era uno de mis defectos más remarcado y por ello no solía quejarme demasiado porque sé, de mano propia, que es muy difícil evitarlos. Aunque no por ello Nathaniel tenía que huir como un idiota.
- Gracias, entonces voy a casa-
- Uh, bien…- desconcertado continuó mirando más allá de mí.
Me gire al ver que, en el tiempo que estuve pensando, Alexy había tenido más atención por otras cosas más allá de mí. Justo comprendí que miraba a Karla, quien se hacía la remolona con sus cosas y parecía dudar en acercarse. Yo tenía clara una cosa y era que no iba a acercarme a ella solo porque pareciese interesada por mí o por decirme algo. Después de todo no estaba convencida de que fuese conveniente por el momento.
Sabía que ella daría el paso, así que… ¿por qué apresurarlo?
- ¿Qué miras?- dije, viéndolo y llamando su atención.
- Hm… ¿no te parece que Karla… está muy rara últimamente?
- No sé de qué hablas- me hice la desentendida y sonreí. –Ahora iré a casa y tú también deberías, Armin ya se ha ido.
[…]
- Ya estoy en casa- dije, en un tono de voz entre medianamente alto y medianamente bajo.
- Bienvenida.
Pase al frente y encontré a mi abuela tomando un té de hierbas, la casa olía un montón a menta y me hacía querer rascarme la nariz sin parar, manías tontas, no me gustaban las hierbas en las bebidas, por eso la caipiriña y el mojito me resultaban asquerosos.
- La próxima vez bébete esas hierbas en la terraza- me moleste.
- Siéntate, tenemos que hablar.
- No veo porque tengo que sentarme- avance hacia el armarito donde guardábamos los vasos y me alce en mis dedos para llegar a los vasos anchos y tomarme una bebida fresquita. –Estoy perfectamente bien.
Mi abuela no parecía muy feliz con mi respuesta, pero la ignore y fui a buscar hielos.
El silencio se hizo presente y hasta que volví no comprobé que mi abuela seguía en la misma posición con esa cara de amargada presente, empezó a parecerme extraño, pero continúe buscando las cosas para beber algo, y me serví la coca cola fría con los hielos.
- Porque no te dejas de misterios y me dices lo que está pasando aquí.
- Son dos cosas.
- Pues dilas.
No entiendo porque tiene que ser tan especialita con estas cosas, está mosqueándome.
Me siento delante de ella y me corto un trozo de baguete, situado en el cestito de mimbre que parece haber sacado mi abuela, ¿no ha hecho de comer? Tengo hambre, es un poco descuidada, aunque viniendo de ella esperar que haga de comer es como esperar a que invoque a Dios y aparezca misteriosamente, concediéndome tres deseos.
Pero tampoco la ha pedido… debe de ser algo importante...
- Tu padre ha dicho que tocarás el piano en la fiesta de los Hale.
Me levanto de sopetón.
- Callate.
- Sucrette… pienso que es…
- He dicho que te calles- grite.
Y salí por la puerta dejando mi coca cola y sin querer saber más.
[…]
- Oh, hola querida-
- Hola, ¿está Ryo?
- Oh, no, aún no ha llegado.
- Hm, está bien, volveré más tarde…
Ella se hizo a un lado, sonriéndome dulcemente.
Parecía una madre comprensiva y dulce, se preocupaba mucho por Ryo y parecía que yo le agradaba, al menos le agradaba lo que le había mostrado y sabía que no quería que me fuese pues no tardo en insistir en que entrase a esperarlo.
- ¿Has comido? He hecho tortellini- me dijo.
- No he comido, pero no se moleste, se me ha quitado el hambre.
- ¿Y eso?
- No se preocupe, soy muy… así.
No me apetecía tener que explicarle que se debía todo a que me habían dado una mala noticia y no quería tener que recordar que tendría que hacerles un concierto de piano a esos dos, juntos y enamorados, estaba un poco molesta y no quería ni imaginarme lo que me depararía después.
No quería imaginarme la pedida o quizás a Viktor bailando con esa modelo de tres al cuarto y besándola. ¿¡Qué tenía ella que no tenía yo!?
- Y dime… ¿qué tal con mi hijo?
Mis pensamientos fueron interrumpidos y me di cuenta de que estaba apretando demasiado la tela de mi holgada ropa.
- ¿Eh?
- ¿Estás bien?
- Sí, sí-
Me miro un poco contrariada, parecía... ¿preocupada por mí?
Coloco su mano encima de mi pierna y sonrió dulcemente, como dándome un apoyo emocional, no entendí muy bien el gesto amoroso y cariñoso, pues jamás había recibido algo así de parte de alguien y menos… de una madre.
- Sabes… cuando era joven solía apenarme mucho, le daba vueltas a todo. Y me preocupaba inútilmente-
- Oh-
No sé muy bien cómo reaccionar ante sus palabras. ¿Me está… dando… apoyo moral?
Me quedo descolocada y la miro bastante asombrada, es algo bastante nuevo para mí, aparte de los médicos nadie se ha dispuesto a abrirme su corazón o darme apoyo. Ella… no lo hace por dinero… ella…
- Puede que no sepa que ha sucedido, pero seguramente sea una tontería inmensa, preocupaciones insulsas, hablo sin saber y sin conocer, pero sé que, si le plantas cara con la cabeza alta… nadie será capaz a hacerte perder-
- Vaya…
- Sé que puedes enfrentarte a ello y que ganarás sin problema.
Me siento vulnerable.
¿Qué es… qué es esto?
- Oh querida, no llores-
¿Llorar?
Llevo mis manos a mis ojos y siento el líquido, pronto comienzo a hipar y me dejo llevar hasta sus brazos, me abraza con muchísima suavidad, sin dudar ni un instante en consolarme. Y lloro como nunca he llorado. ¿Qué demonios me está pasando?
- Mamá ya… ¿Sucrette?
- No me mires- chilló llorando tremendamente.
Sin siquiera hacerme caso, Monique se retira un poco. Rompiendo el abrazo tan cálido que me estaba ofreciendo, pero, sin darle demasiadas vueltas, permanece en contacto conmigo. Apoyando su mano en mi rodilla para darme apoyo moral.
Ryo no tarda en rodearme con sus brazos fornidos y abrazarme contra su pecho, su abrazo es igual de cálido que el de Monique, y me acuna suavemente, no soy consciente de nada más que de su presencia y me dejo arrastrar por sus caricias en mi cabello.
Y por un momento, cierro mis ojos mientras sigo llorando.
Estoy… aliviada.
[…]
Despierto en una cama que no he visto nunca.
Y cuando intento moverme, soy consciente de que estoy atada por alguien. Giro mi cabeza para mirar a la persona que me ata, es Ryo. Parece que también se había dormido en mis insoportables llantos.
Seguro que he quedado como una tonta, una chica tonta y hormonada. Me siento sumamente ridícula, es como si hubiese quedado de chica débil, una chica tonta y débil que necesita de atención y llora por cualquier cosa tonta y estúpida. Maldita sea.
- Hm… ¿te has despertado ya, no?-
La voz remolona de Ryo, es bastante atractiva, llama la atención, es ronca y al mismo tiempo suave, está siendo una especie de choque contradictorio que altera mis sentidos por un momento. Así que, aprovecho para girarme y mirarlo directamente a los ojos.
- Sí- musito, y me froto los ojos.
Ryo impide que siga frotando mis ojos, sus manos son cálidas y recuerdo la forma en la que me ha consolado.
- ¿Estás mejor?- me preguntó.
- No sé qué me ha pasado.
- Todos tenemos días.
- Yo no tengo días, yo siempre, siempre sigo e ignoro estás tonterías.
Me mira fijamente a los ojos y resopla.
Me tiembla el labio, ¿qué demonios me pasa? Estaba bien, mi mundo giraba bien, estaba perfectamente y ahora… ¿ahora soy tonta y vulnerable?
- Eh, eh, tranquila-
Su mano me da una caricia suave y sigue acariciándome con muchísimo cariño.
- Lo estoy… es solo que… tengo que tocar el piano.
- ¿Tocas?
¿Qué diablos hago yo aquí con Ryo contándole todo lo que me está amargando?
No puedo creer que Ryo me inspire confianza y esté a punto de decirle todo lo que me ha angustiado. Desde cuando… ¿desde cuándo yo estoy dispuesta a abrirle mi corazón a alguien y mostrarle debilidad para que se aproveche de mí y me tire al suelo?
- Desde los seis, empecé a tocar porque era la única forma de que mi padre viniese a verme-
Recordé con algo de pena la forma en la que mi padre, saboreaba un vaso del mejor vino apoyado en el piano mientras yo tocaba las sinfonías más difíciles para él, sus halagos que me hacían sentir querida… y como poco a poco dejo de venir a escucharme porque tenía encuentros fugaces con diversas modelos de la compañía.
- Y… ¿qué pasa con que tengas que tocar el piano?
- Tengo que tocarlo para esos gilipollas.
Y pareció entenderme.
Sabía que tendría que tocarle una melodía a Viktor y a Skylar, que tendría que confesarle a ella mis sentimientos y mis pasiones mediante una canción perfectamente ordenada y acústica. No sería capaz de sentirme más humillada.
- Hm, yo quiero oírte tocar- lo dice con burla. –O es que… ¿tocas mal?
- ¿Me estás vacilando?
- No, te estoy picando.
Frunzo el ceño.
Esto es el colmo, ¿por qué está actuando de forma tan horrible conmigo? Ahora que yo estaba dispuesta a contárselo a alguien, a decirle lo que me angustiaba totalmente él me quitaba las ganas de hacer estas cosas tan atrevidas.
- ¿Cómo he sido tan estúpida de contarte lo que me entristece y hacerte saber todo lo que me…?
Sus labios abordaron los míos, dejándome totalmente atontada, sus labios eran muy suaves y bastante adictivos, no podía creerme lo que estaba sucediendo con esta situación.
¿Qué demonios estaba sucediendo?
- ¿Más tranquilita?
- ¿¡Te burlas de mí o qué!?
Sonríe y me vuelve a acariciar la mejilla.
- Verás, soy una persona complicada, siempre tengo que mejorarme a mí mismo y la cago en los peores momentos, como ahora. Debes tocar el piano con la cabeza alta, yo te acompañaré y me sentaré contigo si lo necesitas, si quieres hasta aprenderé la canción para tocarla en pareja- su voz es demasiado amable. –Te beso porque creo que necesitabas eso y porque me apetecía, somos amigos, y novios delante de mi madre- eso último lo dijo con un tono de voz muy suave y más bajo pues, su madre podría estar al acecho. –Nos apoyamos y… si tengo que partirle las piernas a alguien, lo haré.
- Estas… ¿eres idiota?
- Sí, en otras palabras-
Nos miramos a los ojos y oigo como le rugen las tripas.
Y enseguida nos reímos suavemente de la situación, creo que me siento aliviada y que, lo que estaba empezando a calentarse se ha convertido en algo agradable con un final bastante sencillo.
- Vamos a comer, anda-
Se levanta rápidamente mientras nos destapa con la manta, agarrándome de la mano y llevándome hasta la cocina, donde su madre nos espera con una sonrisa cálida y dos platos para nosotros.
No sé qué hora es… pero me siento increíblemente bien.
[…]
Después de una entretenida tarde con Monique y Ryo, decido irme del piso con la excusa de que estoy muy ocupada. Intentan detenerme con sus preguntas cálidas, pero consigo irme exitosamente con un abrazo y un beso suave en su frente.
- Sois tan adorables- Monique sonríe dulcemente.
- Siento que hayáis tenido que verme así.
- No te disculpes, eres mi adorada y pesada novia-
Emito un "JA-JA" muy ridículo y le saco la lengua.
Ryo sonríe y me pellizca la mejilla, bajo la mirada de su madre que nos miraba con adoración, como si fuésemos la pareja perfecta y le diese una satisfacción a ella vernos felices juntos. Aunque ambos sabíamos que entre nosotros no había nada, nada de nada y nunca lo habría. Menos ahora que me había visto así de débil.
- Llámame si me necesitas.
- Que sí pesado-
- Te quiero.
- Hm… y yo a ti…
[…]
Camino rápidamente siguiendo la dirección que recordaba.
Ahora que estaba más aliviada, podía volver a ser la misma, aunque si le daba vueltas me sentía super humillada por el rollo de haberle contado todas mis angustias a un estúpido chico que quien sabe si me fallaría en algun momento.
- ¿Sucrette?
- Nathaniel-
Me cruzo de brazos, estoy molesta.
Me acerco a él con pasos firmes y antes de que pueda reaccionar estoy ahí cerca de él, plantándole cara fríamente.
- Nathaniel, has huido- le espeto. -¿Por qué no has querido hablar?
- ¿De qué? ¡No quiero oírlo!
- Nathaniel, te quiero.
Le bese ferozmente y lo hice retroceder.
- Voy a demostrártelo.
¿Y bien...? ¿Qué os parece? ¿Os ha gustado?
Necesito vuestras opiniones, también que me comentéis mucho para poder subir el próximo capítulo que os traerá una gran sorpresa que os encantará.
En cierto sentido a partir de ahora, vais a empezar a ver una Sucrette más increíble. Así que, nos merecemos comentarios de apoyo.
¿Cuántos reviews me merezco?
¿290?
Rondemos por ahí. Y yo subiré el próximo canturreando de felicidad.
¡Os amo mis Sucrettes!
