¡Hola, hola, hola, soy Noah!
Tengo muchas cosas que decir.
1. El episodio 31
Ha sido un episodio perfecto, ha tenido un dramón impresionante, tanto que he llorado, en mi ruta de Castiel y en mi ruta de Lysandro. ¡He llorado como una niña de dos años! He sentido de todo. Pero no me esperaba que Lysandro... bueno, no voy a dar spoilers, no me esperaba lo de Lysandro. Era demasiado obvio, si lo hubiese escrito yo, sería diferente. Mataría a su padre y lo dejaría atontado por un par de días y confundido, pero no así. En fin. Contadme que os pareció en comentarios.
2. Eldarya en español
Chino, te amo sobre todas las cosas, gracias por sacar Eldarya en español, me haré 4 cuentas para jugar las cuatro rutas. ¡Te amo!
3. Excusas varias.
Sé que he tardado y lo siento, sin embargo he estado ocupada, casi no piso la casa y aunque casi nunca salgo sin mi portátil o móvil, me he sentido mejor durmiendo y atendiendo la multitud de problemas que hemos tenido últimamente. Así que, pido disculpas.
Disfruten del capítulo
Disclaimer:
Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.
Los personajes de AnticLove, son de sus creadores tan buenos. Créditos reservados a ellos y usados con ánimo de lucro.
Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.
Ocupada hasta decir basta
[Esto iba a ser muy divertido]
Me dejo en la cama.
Podemos decir que había sido alucinante. A pesar de que dudaba una y otra vez cuando nos despojábamos de la ropa, acabo tomando el control y yo acabe permitiéndole hacerme sentir bien por sí mismo.
Sin gruñir o sin ordenar, solo dejándolo a él inspirarse y hacer lo que creía correcto y lo que no. Había diversas cosas que habría que mejorar, el sexo oral, por ejemplo. Una idea muy errónea la de que es sencillo, Nathaniel era torpe y aunque parecía que daba lo mejor, me acabo lastimando, más bien molestando, a lo que yo sonreí recordando cómo había sido mi primera mamada.
Lo había hecho de pena, no tenía confianza y mucho miedo, mordía sin querer, surcando con los dientes su miembro palpitante y raspándolo incómodamente para él. Entonces, Viktor me sonrió conciliadoramente y me dijo que mejoraríamos juntos, mi corazón latió rápido y mis atolondradas mejillas se colorearon de rojo y nos besamos intensamente.
Lo tranquilice cuando me miro a los ojos porque lo había aparado de mi húmedo coño.
- Bésame como nunca has besado a nadie- susurre suavemente.
Mientras tiraba de él hacia arriba, enfocándolo y colocándolo justo encima de mí, quizás algun día podría enseñarle todo lo que debe saber y como tratarme...
Nathaniel entrecerró los ojos y se acercó a mí, un roce suave, nada más que eso, un roce tan suave que cuando comenzó a pegar sus labios a los míos y comenzó a moverlos mi cuerpo reacciono. Mordió mi labio inferior para hacerse propietario de mi boca, hasta la muerte me quemaban sus labios y mi lengua comenzaba a doler. La sensación era tan diferente a lo habitual que mi cuerpo se calentaba y se enfriaba en instantes después.
Nos miramos a los ojos ahora y cuando Nathaniel volvió a mirarme, supe que no iba a pasar nada más.
Apoyando su cabeza en mi hombro, aun encima de mi cuerpo, fui consciente de donde estaba, de las paredes que había a mi alrededor y la forma tan desesperada con la que estaba en estos instantes, la forma en la que aquel rubio me observaba con poca tranquilidad…
Y entonces me besó en el cuello y le sonreí, haciéndonos girar para quedar él un enfrente al otro, acostados en aquella cama, con las piernas entrelazadas y nuestras manos conectadas.
No hace falta decir que, el último beso de esa noche fue el más tímido y tierno del mundo. Sentía que me quemaba hasta la garganta y, cuando me desperté de mi reminiscencia, no pude dormir sin recordarlo una y otra vez en sueños.
[…]
Sus ojos fueron lo primero que observe por la mañana.
Su cabello caía delante de sus ojos y me estaba mirando con los ojos más dulces del mundo, me hizo sentir un poco más querida en este mundo, necesaria.
- Buenos días- pasó su mano por mi cabello para apartar algunos mechones que tapaban mi cara.
- Buenos días- masculle acurrucándome en su torso.
Me acaricia el cabello y me hace sentir mejor de lo que me imaginaba.
Nathaniel tiene las manos grandes, creo que me cubriría la cara si me la pone encima, estoy tan segura que no necesito comprobarlo, sin embargo me propongo colocar mi mano con la de él, comprobando cuanto me sacan sus manos con las mías.
Nathaniel sonrió suavemente y me acerco a su cuerpo, el calor que desprendía me hacía querer quedarme en casa y no salir más. Su cama era increíblemente cómoda y su pecho lo era aún más.
- Hm… no quiero irme de aquí- le dije, con la máxima suavidad posible.
- Pues lamento informarte de que tenemos que ir al instituto.
- No, quédate, quedémonos-
Me miro con los ojos llenos de curiosidad y beso mi frente con la mayor dulzura posible, me miraba con amor y con toda la ternura posible. Solo tenía ojos para mí.
Acarició mi cabello mientras yo revisaba la hora de aquel reloj de planetas, era tan friki, cuando me di cuenta de que me había despertado mucho antes, muchísimo antes, eran sobre las seis de la mañana, seguramente para que yo me cambiase y pasase por casa. Sin embargo la simple idea, la simple e insignificante, idea de quedarme con Nathaniel aquí, era demasiado tentadora.
- Tenemos que ir a clase, no podemos brillar por nuestra ausencia-
- Si podemos… arriésgate, quédate conmigo.
Mi sonrisa se prolongó cuando vi su suspiro, estaba por ceder.
- Yo…
- Una vez. Solo una.
Resoplo.
Había caído, sonreí ampliamente cuando asintió y le acaricie la mejilla. Estaba bastante más cómoda en la cama con él y quería pasarme el día con él aquí, probablemente sin hacer nada, el evento se realizaría en el instituto y yo, probablemente me quedaría sin saber que pasaba, pero me daba igual.
- Solo esta vez, nunca más, ¿de acuerdo?
- Hm, me gusta mucho que cedas a mi instinto rebelde-
Su melodiosa risa sonó, haciéndome sentir feliz, quizás porque tenía un buen día, quizás porque me hacía recordar cosas felices. Nathaniel me estaba ayudando demasiado. Y yo no podía evitar sonreír, sobre todo cuando se levantó avergonzado porque estábamos desnudos.
[…]
Desayunamos tarde, después de todo no íbamos a clase y no había prisa, fue al baño, se puso unos boxers y regresó conmigo a la cama ipso facto.
Nos quedamos dormidos luego de varias caricias, yo estaba apoyada en su pecho y rodeada por sus firmes y fuertes brazos, cómodamente pude dormir todas las horas que no había dormido y me relaje tanto que casi me asustó de mi relax.
Debía reconocer que me había costado dormirme por la noche y que, no le di mucha importancia a relajarme con él. Había estado constantemente recordando sus labios sobre los míos, como si se tratase de algo mágico, parecía que me había gustado hasta el punto de clavarse en mi ser, pero no, no quería que eso sucediera y lo borraría.
Era experta en eso.
Mi espalda estaba descubierta y llena de cicatrices y arañazos por dentro, tantas traiciones, tanto dolor… tanto todo que me había obligado a mí misma a renunciar, antes de que alguien renunciase a mí y me dejase en la estacada...
Se acabaría todo si yo lo acababa porque ya no sacaba nada, y así, así ya no sufriría tanto… Ya no.
Mis pensamientos fueron cortados cuando Nathaniel ofreció una segunda taza de café, que acepte gustosa. Quería despertarme, me había relajado tanto con sus caricias que no podía evitar sentirme idiota.
- Nathaniel, ¿por qué no me esperaste ayer?-
Probablemente arruinaría el momento, pero necesitaba su respuesta.
- Me parece ridículo que me preguntes- dijo bebiendo el café desinteresadamente. –Castiel estaba propasándose y tú… tú parecías tan cómoda con eso que…
- Castiel solo se burlaba-
Me miro a los ojos, en ellos había escrito una pregunta, y estaba claro que me preguntaba silenciosamente "¿en serio te crees eso?". Claro que no me lo creía, sería hasta estúpido por mi parte, pero con él tendría que fingir para tranquilizarlo.
- Sin embargo, aunque tú creas lo contrario y, aunque lo sea o no lo sea, yo te elegí a ti.
Y a otros tantos, pero eso, tú, no tienes que saberlo.
- De todos modos, no me gusta.
- Y a mí no me gusta Melody y no te digo nada-
Frunció el ceño, creo que de confusión.
- ¿Melody? ¿Qué tiene que ver ella en todo esto?
- Todo, ¡le gustas!
- Yo siempre he sido claro con ella.
Casi saltó de mi silla para atacarle, era estúpido. Lo siguiente a estúpido que él fuese tan gilipollas como para no darse cuenta de cómo lo miraba cada vez que estaba a su lado, con la excusa de ser delegada.
¡Si se había metido ahí solo para ser su puta lameculos!
- Oh venga ya, ¡te devora con la mirada!
- ¡Como a ti Castiel!
- ¿Y qué? ¡Castiel no me gusta! ¡Me gustas tú!
Me miró fijamente tras esas palabras y bebió de nuevo, serenándose a sí mismo, con las mejillas ruborizadas y con firmeza situó, su mano, encima de la mía.
- Es nuestra primera pelea.
Sonreí como idiota.
¿En serio? ¿Estaba haciendo esto? Era una pelea que tenía pinta de tornar a seria, sin embargo, él le quitaba importancia cuando le decía que me gustaba o le quería, hacia una sonrisa y me recordaba que no importaba cuanto peleásemos, siempre encontraríamos algo bueno.
No sé porque, pero creo que, inconscientemente, ahí, me di cuenta de que me empeñaba en causar problemas entre nosotros por el simple hecho de que quería saber si se quedaría, incluso aunque fuese imposible para cualquier persona normal soportar mi imbecilidad.
- Eres un idiota-
Me levante de mi silla y me dirigí a su lado, se giró, sin levantarse de la silla y me abrazo con mucha fuerza.
- Un completo idiota- repetí.
- Lo sé.
- Gracias-
- Nunca me las des.
[…]
¿Qué podría significar estar viva?
El olor de la hierba recién cortada entrando en tus fosas nasales, ver el cielo completamente descubierto y el sol brillando, sentir la brisa a través de las partes descubiertas de tu piel.
Enamorarte.
Caminar por la calle rodeada de gente y sentir los olores. Unos a almizcle, otros a rosas, algunos a sudor que salen de gimnasios, parques o de canchas de baloncesto y futbol. Ser rozada por algun desconocido que intenta abrirse paso entre la gente.
Mis sentidos se despiertan y siento el gustillo de aquel refresco bajar por mi garganta, miro a mi lado y me fijo en mi acompañante, de ahora mismo.
Nathaniel me acompañó hasta casa y me compró un refresco, mi abuela me esperaba hecha una furia por no avisarla. Le replique que no tenía por qué hacerlo, que debería dejarme tranquila y que yo no estoy acostumbrada a vivir acompañada, y supe que algo en su corazoncito se había roto.
Deje mis cosas, me cambie rápido y salí tomando mi granizado para reunirme con Lysandro, quien hablaría las cosas claras conmigo.
- No quiero presionarte- le dije. –La verdad es que, si te soy sincera, solo te notaba extraño. Quería ayudarte lo máximo posible, sin embargo no fui capaz y hasta que te escribí en los e-mails, no recibí una respuesta satisfactoria.
Me miro completamente turbado y pareció estremecerse lleno de dolor, estaba tan tristón, que casi era inaprovechable.
- Yo… hay algo malo en mi familia.
- Como en la de todos, pero… ¿a qué te refieres exactamente?
Me guio hasta un banco del parque, donde nos sentamos para vernos a los ojos como si todo hubiese mejorado instintivamente, al menos eso fue lo que Lysandro pareció mostrarme con su rostro y sus ojos.
Conocí a sus padres, dos señores mayores que casi no me conocían y que siempre me llamaban Rosalya, los pobres no tenían ápice de memoria y eran bastante viejos, de todos modos parecían entrañables. Como el abuelito de Heidi.
- Problemas de salud.
Lo observo fijamente, Lysandro siempre ha sido muy misterioso, oculta las cosas y se cree que él tiene que guardarse todos los detalles para no molestar a nadie, pero eso no es así. Sobre todo para él, que es una persona que aún tiene fe en la humanidad. Su fe está por encima de la mía y confía en los que le rodean, sin embargo no les deja entrar en su corazón, que ridículo.
- ¿Qué sucedió?
- Mi padre…
- ¡Lysandro! ¡Qué coincidencia!
Mi malhumor creció instantáneamente, haciéndome sentir todavía más molesta de lo que venía, ¿qué quería esa ahora?
Nina se lanzó a los brazos del albino y lo agarró con todas las fuerzas posibles. Obviamente eso me había molestado, esa criaja siempre interfería en mis mejores momentos a solas y fuera del instituto con Lysandro. ¡Odiaba que lo rondase!
- Nina por favor…-
La cortesía de Lysandro me ponía enferma, tenía que aprender a ser un poco más duro con ella, me daba igual cualquier cosa que hiciese ella para llamar su atención e incluso si lloraba. ¡Era mío! ¡Solo mío! Y más le vale no tocarlo.
- Suéltalo- espete.
Me encontraba sumida en mi cabreo y la ira subiendo por mi espalda, con los puños apretados, tire de Lysandro hacia mí. Estaba muy molesta.
No me gustaba que se fijasen en mis cosas y las deseasen tras sobarlas como si fuera un monumento.
- No quiero- ella volvió a tirar de él.
- Bien.
Solté a Lysandro y me crucé de brazos. El chantaje funcionaría y lo haría despertar de la ensoñación que tenía encima, dándole el ultimátum que debería haber dado hace mucho tiempo.
Aunque el susodicho se hallaba mirándome solo a mí, mientras la niñita me sacaba la lengua con burla, decidí comenzar mi estrategia.
- O ella o yo-
Y me di la vuelta, tras enseñarle mi cara de dolor y celos.
Nina sonrió victoriosa, creyó que era la elegida, pero cuando sentí a Lysandro tirar de mi mano unos segundos después yo, esta vez, sonreí victoriosa. ¿Quién mandaba ahora, niña?
- Nina… tienes que comprender que hay más cosas a parte de mí-
- Pero Lysandro-
Sus ojitos para nada inocentes se llenaron de lágrimas, quería llamar su atención sobre todas las cosas. Intentó ir hacia ella, pero sujete su mano fuertemente, supongo que le había hecho retroceder porque aun dolido, prosiguió su discurso.
- Yo… ella es…
- Su novia- agregué. –Y, aunque no me importa que pases tiempo con él, quiero que dejes de rondarlo e intentar seducirle. Como comprenderás no es agradable para mí.
Lysandro se avergonzó. Sus mejillas se recalentaron y se pusieron demasiado rojas, parece que está sintiéndose colapsado por mis palabras, es como que no estaba preparado para mi declaración y, al mismo tiempo, estaba deseándola. Es incomprensible.
Tomo su mano con fuerza, en vez de agarrarle por el brazo, quiero hacerle sentir querido, no presionado.
- Yo…- Nina parecía demasiado abatida.
- Hablaremos cuando lo asimiles- dije. –Siento que necesitas tiempo a solas, te prometo que luego te dejaré a Lysandro para que lo comentéis, pero necesitaré saber que comprendes la situación.
Nina no dijo nada.
- Nina…
- No, está bien…- lloró. –Me voy a casa-
- Nina…- repitió.
Y la observe irse, corriendo y llorando cada vez más fuerte.
- Sé que ha sido duro-
Me puse frente a él y lo abracé.
Sabía que se estaba torturando y por ello debía hacerlo sentir mejor, aunque no sabía exactamente como.
- Lo ha sido… yo… necesito ir tras ella.
- No creo que sea lo mejor- puntualice.
Observe a la chica irse, eso me recordaba tanto a mí. Sin embargo, no funcionaría. Yo no me merecía el daño que habían causado en mí y de todos modos sufrí. Ella se lo merecía tanto como yo y tenía que pasarlo.
Y si hacía falta iba a rematarla.
Sabía lo que se sentía y que él fuese a verla, luego de tal declaración, iba a ser muy difícil de superar para ella. Era como si se riese de ella, como si quisiera rematarla. Lo sabía mejor que nadie.
- Me necesita.
- Necesita que la ames.
Me mira sorprendido.
- Necesita que la quieras y solo seas para ella, quiere apoyarse en ti. Y que la cubras entre tus protectores brazos, que la refugies de todo lo que le duele y le hace daño. Te necesita porque quizás la hayas salvado antes, pero si tú no la quieres, ir tras ella sería lo peor que podrías hacer. Ella creería que la eliges a ella y sería feliz, pero, tú no sientes nada, ¿por qué no lo sientes, no?- el niega rápidamente. –Pues ella vivirá sabiéndolo, doliéndole y creyendo que es lo mejor, hasta que nada le hará feliz y terminará destruyéndose y si no la sigues, sufrirá, pero el dolor se mitigará, quizás con el odio o la aceptación, hasta pasar un simple recuerdo que solo formará parte de su pasado…
Lysandro me observo atento y me abrazó.
No sé porque, pero fue lo que me ayudó a no llorar… su cara nunca se borraría de mí, porque nunca se alejaba.
[…]
- Lo siento- volví a decir. –No pensé que mi abuela ocupase todo mi tiempo.
Mentí otra vez, llevaba un día bastante redondo, había estado de un lado a otro, primero había dormido con Nathaniel hasta las tantas y había tenido el detalle de hacerme el desayuno, nos habíamos pasado la mañana en la cama con besos y había sido todo un amor conmigo. Casi se me olvida que era un juego.
Sí, casi. Pero al final no.
Después había visto a Lysandro, quien no había dudado en presentarse ante mí con tal de contarme de una vez que le preocupaba, cosa que habíamos dejado a medias por el detalle de la psicópata de Nina. Y eso que estuve peleando duramente por mensajes para que me contase qué demonios le abatía, pero nada, parece ser que tengo que hacer las mil y una maravillas para que me responda con toda la verdad y no solo a trozos. ¡¿Y si puedo aprovecharme de eso para darle mi consuelo en la cama?! ¿¡Y SI PUEDO Y NO LO SÉ!?
El caso es que estaba muy liada, Kentin me había dicho si podía bajar al portal, cuando regrese de junto a Lysandro, obviamente, y había accedido porque se sentía una eternidad sin él. ¡Qué puto día tan movido!
- Hm… no nada- parecía molesto. Genial.
- ¿Qué sucede?- me senté en el portalillo y le llame para que se sentase a mi lado.
Se hizo el remolón durante algunos minutos, hasta que por fin lo hizo. Parecía indeciso si decirlo o no. Así que, use mi mejor táctica, poner los ojos grandes y pestañear bastante, claramente unos ojitos que lo llamaban a perdonarme o a soltarlo. Aun no sé qué le pasa.
- No es nada, me alegro de verte- Sus mejillas se ruborizaron y se acercó a besarme.
El beso había sido dulce.
Nos separamos y comenzamos a hablar sobre cómo se había organizado el día de hoy en el instituto. No había pasado demasiado, solo sabía que todo había sido bastante extraño porque Peggy parecía demasiado ida y Alexy había estado todo paranoico con los increíbles comportamientos de Karla y la periodista.
Por su parte, decía que estaba bastante sorprendida con que Amber y las suyas no hubiesen hecho alguna jugarreta.
Sonreí.
- Quizás ha madurado-
Y él también sonrió para estallar en risas.
- ¡No te rías!-
- Es que ha sido buena.
Sonreí dulcemente, estaba bastante feliz de que me hubiese venido a ver, se sentía como antes, pero con besos subidos de tono.
- Por cierto, tenemos examen de mates el lunes.
- Genial. Estudiar…
Volví a hacerle reir.
Aunque realmente me gustaba estudiar, estudiar me distrae de todas aquellas cosas que me comen la cabeza.
- ¡Eh…- pareció querer cambiar la entonación.
Alzamos la vista.
Karla se hallaba en mi calle con el rostro un poco roja y asustada. Era demasiado bonito para ser verdad.
- ¿Te parece si me dejas hablar con ella?- pregunté a Kentin. –Sé que no hemos podido hablar mucho, pero quiero enterrar el hacha de guerra con Karla… lo hemos hablado y…
- Claro, claro-
Kentin pareció feliz y me acarició la mejilla, miró a la chica y separó su mano de mi cara totalmente ruborizado, creo que no había podido contenerse por el tiempo que habíamos pasado sin vernos. Muy lindo por su parte, pero innecesario.
Kentin se levantó y me miró a los ojos.
- Nos vemos mañana.
- Claro, ten cuidado de camino a casa-
Y mientras lo veía alejarse, sonreí, cruce mis piernas y puse mi cara de perra.
Esto iba a ser muy divertido.
Lo sé, ha sido corto, pero llevaba mucho tiempo decaída y ocupada, así que, entre tantas ocupaciones, la boda en Madrid de la familia de mi novio y todo esto ha sido matador para mí. Además tenía este capítulo a medias y terminé sin inspiración, por ello os dejo un trocito.
Corto, lo sé. Pero un trocito.
En fin, ¿qué os ha parecido? ¡Dejadme la opinión en comentarios del fic y el episodio 31!
¿¿Cuántos reviews me merezco?
¿312?
Rondemos por ahí. Y yo subiré el próximo canturreando de felicidad.
¡Os amo mis Sucrettes!
