¡Hola, hola, hola, soy Noah!
He subido una opinión extensa sobre el episodio 31 de corazón de melón, podéis encontrarlo en mi tumblr. He estado bastante afectada, entre acabar las rutas de todos los chicos (en mis cinco cuentas) y se me rompió el corazón, lo he dicho muchas veces pero me afecta cada vez más. Creo que me meto demasiado en los juegos, jajaja.
En fin, por fin me digno a aparecer, lo siento.
Tengo excusa, porque estoy cabreada.
ESTOY CABREADA Y TRISTE
Recibo a menudo mensajes de queja por mis capítulos, a veces reviews. No porque no gusten mis capítulos o algo así. No. Es porque, cada vez que subo un capítulo corto, porque si o porque no tengo tiempo y quiero daros algo para que disfrutéis y cumplir mi palabra, recibo una queja "es demasiado corto" o algo como "es muy corto, pero bueno, deberías volver a hacerlos largos, he esperado mucho solo para esto".
Vale, tengo más vida, ¿sabéis? Tengo amigas, familia, trabajo y estudios, no tengo mucho tiempo y saco el que puedo, os pido, por favor, que no os pongáis así cada vez que va un capítulo corto. Me frustra, me lleva tanto porque quiero tener un capítulo acorde a mis expectativas y a las vuestras, pues escribo por mí y por vosotras. Así que, no me metáis presión. No os quejéis. Hago lo que puedo.
Dicho todo esto. Y siento mis quejas, no todas tenéis la culpa de que me sienta presionada. Pero necesitaba soltarlo.
Ahora sí.
Disfruten del capítulo
Disclaimer:
Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.
Los personajes de AnticLove, son de sus creadores tan buenos. Créditos reservados a ellos y usados con ánimo de lucro.
Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.
Perra, perra, perra, soy una perra.
[Oh sí, iban a cagarse]
- ¡Qué esperada visita, querida!-
Mi tono de voz se volvió a uno como el que Amber usaba para acojonar a sus víctimas en el instituto, para doblegarlas y hacerlas sentir inferiores. Ahora mismo, era una auténtica perra y no sabéis lo bien que sienta saber que eres poderosa y además, caes bien.
- …
- Oh, venga, querida, di algo, ¿cuál es el motivo de tu visita?-
Sabía que era, quizás disculparse, quizás decirme que volviese a subirle el sueldo a sus papis o a arrastrarse como el bicho que era. Todos, y cada uno de los que me conocían, acababan rindiéndose ante mí. Se postraban ante mis pies y cedían a mis caprichos ilógicos.
Con el tiempo había aprendido que era una pérdida de tiempo confiar y ser buena con los demás, siempre conseguían hacer algo que perjudicase mi buena fe, jugaban conmigo y me traicionaban. Por ello, ya no era amable, ya no quería saber nada de la gente que se hacía pasar por mis amigos.
La chica presente, quien solo seguía a Amber como un perrito faldero, me resultaría muy útil, y jamás de los jamases confiaría en ella para sincerarme. No servía para nada más que para pisarla.
- Tú sabes cuál es- hablaba entre dientes.
Me hice la tonta.
Alce una ceja como diciendo que no tenía ni idea, y ella se desesperó. Parecía totalmente nerviosa, jugando con sus dedos y esperando a que yo, facilitase el trabajo, pero eso cortaría la relación.
- ¿Por qué no me lo dices, mejor? Tengo varias teorías.
- Mis padres y que quieres.
¿Qué quiero? Muchas cosas.
Sonreí dulcemente, provocándole a Karla un escalofrío, lo note por los movimientos mecánicos que había realizado. Eso me gusto, me dio poder contra ella.
- Pues, tú, querida, vas a hacer lo que yo te diga atentamente y jamás, pero jamás, me delatarás. Cargaras por mi todos los problemas, me defenderás de los profesores si me pillan en algo, siempre y cuando Amber no este delante y, cuando Amber te cuente cosas, tú… vendrás corriendo a decirme todo.
- No puedes pedirme eso.
Era tan linda.
Como una niña pequeña, se pensaba que el mundo era un lugar para mariposas, arcoíris y purpurina.
- Acabo de hacerlo.
Karla me mira con completo nerviosismo, sus ojos están llenos de lágrimas y de miedo.
- Eres una…
- Perra, zorra, puta... Lo sé, cariño y no sabes el placer que me da serlo.
[…]
Me levante de buen humor, yo diría que de muy buen humor, otra más había caído ante mí, solo faltaba Peggy. El aire fresco inundó mi cara y yo, no quitaba la sonrisa corrompida de mi rostro. Me dispuse a ir al instituto, corriendo.
Nada más llegar, con el pequeño trote que me había pegado, me dirigí directamente al lugar de mi interés. El salón de delegados estaba solitario, solo estaba él.
- ¡Amor!- chille, al comprobar que no había moros en la costa.
Me lance a sus brazos y lo sobresalte, haciendo que tirase todas las carpetas, Nathaniel se quedó estático unos momentos hasta que, por fin, correspondió a mi abrazo, completamente ruborizado.
Sonreí ampliamente.
- ¿Qué hay preparado para hoy?
- Hm… un evento de artes, los talleres están hechos y los grupos también. Hay pintura, video, fotografía, costura y escultura.
Así que un evento de artes con talleres, bueno, puede ser divertido ver como se mueve todo esto.
- ¿Y en cuál estás?
Nathaniel pareció pensarlo un poco antes de contestar y se libró de mis brazos para recoger las carpetas.
- Fotografía.
- ¿Y yo?
- Costura.
Justo lo que peor se me da. Jamás había cosido y nunca tendré interés, siempre lo hacen por mi o lo tiro para luego comprar algo más. Sí, soy una derrochadora.
- No pareces contenta- habló, interrumpiendo mis pensamientos.
- No me gusta la costura.
- Debimos haber venido ayer.
Fruncí el ceño.
- ¿A caso no te gustó pasar el día conmigo?
El delegado, totalmente sobresaltado, se asustó, estaba a punto de negármelo, porque obviamente iba a hacerlo. Pero no pudo ser posible, Armin entro por la puerta, cortando nuestra conversación. Alexy entro alegre como siempre, y gritando. Por un momento me di cuenta de que parecía que hacía mucho que no nos veíamos.
- ¡Hola Nath!- Chillo Alexy entrando en la sala.
Armin levantó la vista de la consola y enfocó su mirada en la mía, apagándola y guardándola en su bolsillo.
Nos observaba con mala cara, lo que significaba que tendría que ir con él.
- Hola…- dijo, no muy contento.
- ¡Sucrette! Parece que hace siglos que no te veo, ¿acaso ya no me quieres?- preguntó el peliazul.
- Claro que te quiero- sonreí, acercándome a él y abrazándolo.
Ojala no hubieran aparecido. Tendría que dejar pendiente el momento romántico con Nathaniel y ahora tenía que correr tras Armin.
Tener tantos novios era agotador.
- ¡Nath tenía que comentarte algo sobre el taller!- exclamó un Alexy feliz. –Ya que aún no tenemos que empezar con el taller, me gustaría hablarte de…
- Lo siento- pedí perdón por mi intromisión en el discurso de Alexy y sonreí. -Si me disculpáis me voy, tengo que hablar con Armin- agarre del brazo al gemelo de cabellos oscuros y me aleje del salón.
Necesitaba arreglar todo esto, aunque me fastidiaba perderme la interesante conversación con Nathaniel.
[…]
- Bien, puedes explicarlo ahora- gruñí. -¿Qué te pasa?- dije. Parando mis pasos en los vestuarios.
- ¿Somos novios de verdad?-
- ¿Perdón? Por supuesto que lo somos. ¿A qué viene eso?
Dios. Me estaba asustando mucho.
Quizás Armin había visto aquel abrazo con Nathaniel, mi entusiasmo tan fingido hacia su persona, quizás me había descubierto, quizás debía manipularlo, hacer una estrategia para hundirlo en la miseria. Poner a todos en su contra, incluso a su hermano.
- No sé, no has venido a verme, no me contestas, no me das tiempo a hablar contigo, no sé. Me molesta que dediques más atención a otros.
Ah. Solo son celos.
- Armin… tú sabes que eres lo más importante para mí en estos momentos.
Eres importante pues vas a darme sexo ahora en los vestuarios y va a gustarme demasiado.
Me moví directamente hacia él y suspire pasando mis manos por sus cabellos, haciendo que me observase directamente.
- Te quiero…-
Me incline hacia él y recibí el efusivo beso que me entregaba. Un beso de necesidad y amor, un beso tan rudo que casi me sorprende que viniese de parte de Armin.
Ambos nos necesitábamos, quizás de una forma superior a la normal, necesitaba quedarme satisfecha, necesitaba exprimirlo hasta el fondo y sacárselo todo.
No hubo necesidad de pedirlo con palabras, enseguida nos respondimos de la misma forma, con otro beso furioso. Necesitado.
El calor de la habitación nos invadía y nuestras caderas se movían un poco, incitándonos y frotándonos con la ropa puesta, furiosamente. Mis ojos permanecieron abiertos, observando sus facciones calmadas y necesitadas, pero abrió los ojos, nos besamos observándonos.
Me calentó.
Tire de su camisa con fuerza, con mucha fuerza hacia arriba, y él comprendió, permitiéndome mover mis manos para quitarle todo lo que tenía puesto de cintura hacia arriba, con ese molestoso fular y ese chalequito estúpido.
Y él me siguió, hasta la oscuridad.
Me besó también, con mucha fuerza y me empujó a retirarme la camiseta que llevaba hoy. Y voló a un lugar que no localice, sin embargo, mi corazón palpitó fuerte, muy fuerte y rápido, cuando Armin retiro el sujetador y lo arrancó con su boca cogiéndolo por delante. Creo que hice bien en llevar uno sin tiras…
Casi explotó cuando me lamió los pechos y me los apretó.
El suelo ya no estaba frío, ardía.
Ardía en llamas como si estuviésemos en el desierto, quemaba como si te tirasen a una sauna, llena de sudor y llena de deseo.
Nos volvimos a besar con fiereza, con pasión, mientras mis manos tocaban sus pectorales de arriba abajo, caricias constantes. Su corazón palpitante y nuestros toqueteos se pronunciaban con cada oleada de suspiros que mis labios echaban hacia afuera como una queja por más.
Se situó encima de mí, con mucha pasión y comenzó a besarme, otra vez, mientras que mis manos sujetaban sus brazos y nuestros labios conectaban. Se unían feroces y se rozaban con muchísima intensidad.
Quería sentir más así que, pelee, pelee contra su cinturón y contra sus pantalones, fuera con ellos, fuera y fuera, ya solo me separaban de su anhelante polla pidiendo más por mí, pidiendo entrar una y otra vez, más profundo más duro.
- Te extrañaba- susurró contra mí, rompiendo el beso.
- Aquí tienes la bienvenida…- susurre también, besándolo más ferozmente.
El roce de nuestras lenguas peleándose por el control, tocándonos más al fondo, estaba ansiosa por más, deseaba que me follase hasta que explotase en un clímax bestial.
Se separó de mí, exigente y lo deje, apoyándome en mis codos para mirar lo que iba a hacer.
Se retiró los zapatos y luego los pantalones y los boxers del todo. Y ahora me tocó a mí, me quito los pantalones y el tanga, sin esperar, para situarme encima.
- Siempre he querido probarte encima.
- Pues voy a cumplirlo.
Me situé encima de él y pelee contra él, hasta frenarme.
Salte indefinidas veces, ya estaba húmeda, sin necesidad de frotar, y mini-Armin estaba tan feliz que hasta dolía. Mis saltos se hacían constantes, la forma en la que nuestros cuerpos encajaban, como la fricción quemaba y me hacía tocar el cielo.
Un montón de color, de calidez, de nuestros cuerpos sudando y nuestros labios encontrándose en la vorágine de ardiente pasión.
Pero entonces me di cuenta.
- ¿Y el condón?
- Uh… en mi cartera-
Se movió para chocar contra mí de nuevo. Pero me aleje.
- Póntelo.
- De acuerdo- susurró con prisa.
Y no tardo ni dos segundos, ya lo tenía encima, pero esta vez me levantó y me estampo contra la pared.
Cada vez que recordaba mi primera vez en esta postura, mi cuerpo reaccionaba, necesitaba ver a este nuevo Armin tan salvaje.
Me enrolle en él, en sus firmes brazos y deje que me penetrase, hasta el fondo.
Dolió la intensidad y me contagió el calor a todo el cuerpo, haciendo que mis cuerdas vocales se moviesen en un gritito placentero y totalmente genial.
Cada estocada, cada vez que nuestros cuerpos se enlazaban en el fondo de las fibras de mi piel, como me revolvía y como me lo hacía pasar, era un mar embravecido de palabras que se expresaban.
Su cariño reflejándose, su deseo.
Me deseaba. Me amaba. Me miraba, solo era yo. La única que deseaba.
Chocaba contra la pared, duro, tan duro que no sentía nada más que la excitación del momento, quería incluso más de él, mucho, tanto que podría haber hecho todo lo posible para que esto no se acabase nunca más. Quería que me demostrase todo.
Con cada empujón me centraba más en enrollarme más fuerte. El vaivén constante y como vibraba todo mi cuerpo. Carnal, tan carnal y tan increíblemente fuerte que nadie, nadie, me hacía sentir ardiendo.
No podía esperar por más.
Y cuando el orgasmo, como la guinda de un pastel, llegó, me derretí contra él, en la última estocada que brindó.
[…]
- Uf, ha sido genial- digo entre suspiros.
- Sí, wow… no ha sido demasiado… wow.
- El morbo de que te pillen quizás.
Armin sonrió y se giró, para enfocar su vista en mí. Aun seguíamos tirados en el piso, con nuestras ropas desperdigadas y las puertas del vestuario cerradas.
- Estás corrompiéndome.
- ¿Yo?- me hice la ofendida. –Tú eres el que viene y me pone esa carita de pena y me hace querer arroparte en amor.
Sonrió y se acercó a mí, simplemente cerrando sus labios sobre los míos. Me sentí bien, rápidamente me incorporé sobre él y sonreí, cuando íbamos a besarnos, nuestros labios conectaron en un sencillo roce, cuando íbamos a prolongarlo… nos interrumpió la puerta.
- ¿Sucrette? ¿Armin? ¿Ambos? Los talleres han comenzado, ¿hay alguien?
Nos quedamos en silencio durante unos segundos. Le hice un gesto para que no hablase, su respiración se volvió profunda para inspirar una bocanada de aire que le diese para un rato. Sin embargo yo me levante del suelo y comencé a vestirme.
- Estamos jugando a la consola, vamos a salir.
- ¿Por qué esto está bloqueado?
- Tranquila Peggy, salimos ahora.
Peggy se quedó en silencio.
Obviamente amedrentada por mi seriedad en el tono de voz, iba a hacer lo que yo dijese, después de todo, no le convenía para nada jugar con el fuego que yo había creado especialmente para él.
[…]
Nos dirigimos al taller en completo silencio, Peggy acompañó a Armin hasta su taller pues prácticamente estaban al lado, sótano y biblioteca.
Maldecí eternamente por la suerte de la periodista al estar con Nathaniel. ¿Cómo vigilaría a Melody? Hm, menos mal que Peggy estaba por ahí… ¿no?
Entre en clase recibiendo las miradas de todos, sobre todo la de Kentin, que penetraba en lo más profundo de mi alma, entre sus sentimientos de amor y unos de tristeza. Disimule lo máximo que pude y me senté en un pupitre a su lado, ya que Rosalya estaba ausente por el momento y Karla no era la mejor opción.
- Hola- susurre acercándome un poco.
- Hola-
Que seco.
Nunca me había hablado así, creo que, en toda mi vida había recibido dulces palabras de Kentin. Jamás malas caras o poco entusiasmo cuando le hablaba, técnicamente que me contestase de ese modo era imposible. Tenía que serlo.
- ¿Qué te pasa?
- Nada, absolutamente nada- protesto.
Me separe con semblante triste de él y lo vi alertarse. Mi cara experimento varias fases, tristeza, dolor, confusión y mucha desilusión, casi como si mi corazón estuviese partiéndose.
Lástima que no hubiese sido actriz.
- ¿Qué sucede? ¿Te has… te has cansado de mí?
Kentin negó con la cabeza de manera eufórica y desesperada.
Casi se le despega de su sitio por los movimientos tan rápidos y bruscos que había realizado. Los nervios me comían por el interior, deseosa de saber qué demonios haría a continuación el soldadito.
- Dios, lo siento, lo siento, es solo que… no se siente como si algo entre nosotros hubiese cambiado, ¿no? Yo…
- ¿Tú qué?
Dios podría ponerme a llorar si quisiera.
- Yo me siento… abandonado.
Así que, otro más, quizás debería dejar de descuidarlos un poco menos a todos, es que el problema era que Nathaniel ocupaba un tiempo de mí que necesitaba, pues él era uno de los más difíciles de follar, y necesitaba sentirlo en mí.
- No deberías… eres el único frente a mis ojos- Y Castiel, Armin, Lysandro, Dajan, Jade, Dimitry, Dake, Nevra, Ezarel, Valkyon, Nathaniel…
Karla me miro bastante abatida, pero siguió estática y con aquel rostro perturbado por mi nueva cara descubierta. Supongo que había sido, incluso para ella, un golpe bajo el descubrir que era de lo peor, pues en el fondo, ella sabía que la Sucrette que yo le había enseñado era demasiado buena. Y eso le jodía, pero ahora le jodía aún más que nadie me hubiese captado las malas vibraciones.
Kentin sonrió y tomo mi mano por debajo de la mesa, sin siquiera mediar palabra, esperamos en silencio y disfrutando de la compañía del otro. Sencillamente los hombres eran más fáciles de entender que un puzle para un niño de dos años.
[…]
Después de una hora pensando y peleándonos porque sería lo mejor para nosotros y nuestro proyecto decidimos escoger la avaricia, obviamente Kentin vino detrás y Karla también, la única que se rehusaba era Rosalya, quien pedía una y otra vez que hiciésemos algo de la temática lujuria, sin embargo, la mayoría había hablado y chica de cabellos plata tenía que resignarse.
Como siempre, empezamos a pensar ideas, hasta que un profesor vino a pedirme ayuda para que buscase las bobinas con el hilo y las telas.
Me encamine sola, buscando las dichosas bobinas, luego de dar cincuenta vueltas, me resigne y me senté en uno de los escalones de las escaleras del segundo pasillo y me quede pensando donde, los desastrosos profesores del Sweet Amoris, habían colocado el puto hilo y las telas.
Fruncí el ceño.
- Mgh.
Enterré la cabeza entre mis piernas, cansada de estos espectáculos.
- ¿Sucrette?-
Alce la vista, era Nathaniel, Peggy y Melody. El club de fotografía al completo mirándome con ojos bastante curiosos, a excepción de Melody.
- Hola- musite.
- ¿Qué haces aquí?-
Nathaniel se arrodilló enfrente de mí, con semblante preocupado, tocando mis piernas como si estuviese a punto de morirme enfrente de sus ojos. Suspire una segunda vez y recibí un suave beso con los ojos de su parte, se notaba el cariño y desbordaban por él los sentimientos.
- Las bobinas, los tejidos… eso estoy haciendo.
- No estás haciendo nada- gruñó Melody.
Nathaniel la fulminó con la mirada y la delegada se terminó callando, como avergonzada de que el chico hubiese visto su cara mala.
- No las encuentro, he mirado por todos lados…- musité con voz ahogada.
- Te ayudaremos- dijo el delegado.
- ¿Qué?- preguntó Melody.
Miré a Nathaniel y le sonreí con una suavidad, como diciéndole gracias en un modo que nadie más podría captar, pero para mí desgracia, Melody lo captó.
Realmente lo que pensase esa me la resbalaba demasiado, ella tenía que empezar a ver que, no todo giraría a su alrededor. Que el delegado no la quería y que yo era lo que importaba aquí. Solo yo.
- Vosotros podéis seguir- Dice la pelinegra. –Yo la ayudo.
Eso me hizo mirar con interés a la periodista, ella había intervenido. A mi favor. Ya no tendría a la mosquita muerta detrás.
- Gracias Peggy, ¿sabes dónde están?- preguntó con dulzura.
- Sí. Sígueme.
Sonrió hacia ella, pero sabe que no es real.
- Nos vemos luego, chicos…- digo.
Subimos escaleras arriba y sonrió suavemente hacia Nathaniel que me la devuelve encantado, los hombres son demasiado sencillos de entender.
- He mirado en la segunda planta, ¿estás segura de que están aquí las bobi…?
Ella se frena de golpe, cortando mis palabras, la miro sin comprender y ella me mira a mí. Sus ojos son fieros y sus mejillas están rojas, creo que de ira, o de nervios.
- ¿Peggy?
- ¡No te hagas la lista conmigo!
- ¿Perdón?
Y me siento de maravilla.
Se pone aún más roja y piensa que alucino, pero es gracioso verla con ese rostro de ansiedad y queriendo saber qué demonios pasó el otro día cuando la agredí.
- ¡Tú sabes a lo que me refiero!
- Oh… te refieres a lo que te dije el otro día. Vaya, ¿por qué tan afectada?
- ¿Estás de broma?
Me rió y cambio mi semblante al instante.
Tan sencillo, tan fácil que casi me asusta la forma en la que actuó tan fríamente. Hace tanto que soy así, que creo que mi cuerpo pide ansiosamente estos momentos para soltar toda la ponzoña que llevo dentro.
- Sí. Realmente lo estoy. Qué patética la periodista que ha sido atrapada en su juego de ratón y gato.
Ella se queda estática y me acercó amenazante.
Se aleja de mí, sabe que no le conviene lo que va a pasar, que la única que saldrá mal parada es ella. Si hace algo como lo de Debrah, saldrá mal parada porque me aman con demasiada energía. Esto acabaría explotándole en la cara y dolería.
- Es triste no, ahora estás mal parada y contra la pared, es imposible que ganes, pero prometo ser buena… solo si tú.
- Si yo ¿qué?-
- Si tú obedeces, muñequita.
[…]
Mi cuerpo libera tensiones en el momento que toco mi cama, pero claro, mi abuela no se ha ido aún y tiene que impedirme aliviarlas. Me retuerzo lentamente y miro hacia otro lado, intentando no demostrar interés en su figura y en el modo que ha entrado en mi habitación.
- ¡Tengo una buena noticia!
- ¿Te vas?
Me mira con desaprobación.
Aunque claramente sabe que no voy de broma, parece que no le ha gustado mucho el modo en el que me he expresado, ruedo los ojos de forma cansada y suspiro, esperando a que hable de una buena vez y me espete lo que pasará en unos segundos.
- No- me espeta con tono superior. –Las clases de baile.
- ¿Qué pasa con eso?
Sonríe para mí, ahora la que parece que está de broma es ella y no yo. Por supuesto que eso no me agrada, ni un ápice. No me gusta la forma en la que está manejando esto, es como que… se ríe de mí.
- Tú sabes, te he apuntado y empiezas mañana.
Mis ojos se abren de par en par, la sorpresa se refleja en mis facciones, casi como si se tratase de una alucinación, una alucinación que persiste en todo mi corazón, palpitando fuertemente y chocando contra mí de una forma casi violenta.
Eso solo me hace recordar que la fiesta se acerca y tengo que comportarme aún más como una dama. Y eso… no me agrada, en absoluto.
- Lo que pasa es que necesitarías una pareja de baile. Busca una, masculina, por favor.
- ¿Y si llevo a mi pareja en la fiesta?
- ¿Qué? ¿Pareja? ¿Qué pareja?
Sonrió.
- Es de mala educación inmiscuirse en los asuntos románticos de la gente, abuelita, avisa a la escuela de que no se preocupen por eso-
Me levanto de la cama y la agarro con suavidad por los hombros, comenzando a caminar con ella fuera de mi refugio secreto, obviamente, camina a mí son y nos detenemos fuera de mi cuarto, en medio del pasillo y mirándonos fijamente.
- Ahora, si me disculpas, necesito estar sola. Au revoir-
[…]
Por octava vez en la tarde, llamó al timbre de la casa del albino, estoy un poco ansiosa por hablar con él otra vez.
Me ajusto la falda plisada y vuelvo a esperar pacientemente para que él me abra, pero parece que o no está, o está tan concentrado en alguna melodía que no oye lo suficientemente alto el timbre de su propia casa.
- ¡Lysandro!
No hay respuesta alguna.
Quizás simplemente será mejor que me vaya. Giro sobre mi misma y camino fuera de su patio. La casa de Lysandro es humilde, es como una casita de muñecas en aspecto y tiene un toque victoriano como suponíais. Es elegante y aunque es pequeñita, no es de las más pequeñas que he visto.
Leigh debe de tener bastante dinero, así, a lo irónico, porque no creo que sus padres puedan proporcionarles tanto dinero como para mantener un negocio y una casa tan… buena para lo que la necesitan ellos.
Cuando salgo del portalillo, vuelvo a arrimarlo como estaba y camino un poco hasta la parada del bus, hasta que siento una mano tirar de mí con una suavidad tan dulce que me hizo estremecer en el sitio.
- Oh… ¿Lysandro?
- Buenas tardes- me dice con una pequeña sonrisa. -¿Qué haces por estos lares?
- ¿Por qué hablas a la antigua?- me rió suavemente y su sonrisa se hace más grande y más enternecida. –He venido a verte-
Sus mejillas se colorean suavemente y se acerca a mí.
Los brazos más dulces y acogedores me envuelven con ternura y la calidez que desprende podría matar a cualquier serpiente como lo era yo. Me sentía un poco extraña pero me gustaba la sensación de amor que me trasmitía el chico, intentando plasmar en mí las notas de su amor.
- Entonces… ¿quieres una taza de té?
Asentí de mala gana, pero le seguí sin decir nada, tomando su mano y deleitándome por la suavidad de sus manos tibias, tan calurosas que arrasarían cualquier cubito de hielo. Podría incluso decir que derretirían mis capas, pero eso… eso era imposible.
Entramos de nuevo en su pequeño jardín delantero y cruzamos hasta la puertecita de su recibidor, allí, sacó las llaves de una maceta y casi me rió.
Era demasiado obvio, las dejaba allí porque si no fijo que las extraviaba y nadie podría encontrarlas. Sonreí suavemente y solté una diminuta risa, imperceptible a los oídos de mi acompañante.
Pasamos al interior, un recibidor con un pasillo largo y unas escaleras que daban arriba y a su lado a un salón bastante ordenado y… moderno.
Lysandro se situó detrás y me hizo amago de quitarme la cazadora que llevaba, acepte gustosa y deje que me la quitase, con delicadeza y casi sin ejercer presión. Parecía un total caballero, no pude evitar imaginármelo poseyéndome contra la mesa de ese comedor o quizás… contra la pared. Mordí mi labio y lo seguí a donde iba. Fijándome en cómo, sin su típico abrigo negro y verde, su camisa reflejaba su espalda ancha y musculosa… Mm…
- ¿De qué quieres el té?
- No me gustan mucho los tés- dije suavemente. –Prefiero un café, pero si no, no pasa nada un té está bien.
- No, claro que no, tomarás un café si así lo prefieres.
Me pidió, como un buen anfitrión que tomase asiento y que le dejase a él encargarse de todo. No podía dejar de mirarlo, cada vez que sus manos cogían un bote o alcanzaban diversos objetos, sus músculos se contraían y mis ojos se hipnotizaban observando cada movimiento del chico.
Era como una danza, una hermosa danza que me hacía querer ser yo la que pudiese estamparlo pero… en estos momentos no era una buena opción.
- ¿Cómo estás?-
Llevábamos un rato callados y, a pesar de sentirme muy cómoda con él, no podía perder mi imagen creada, tenía que hablarle y preocuparme por él, aunque en el fondo no podía importarme menos.
Lysandro debió estar tan sumido en sus pensamientos que, el oir mi voz, le hizo chocar contra la pared del mundo real y tirar todo. Me levante rápidamente, obviamente aparte de sobresaltada, asustada por si se había hecho daño.
- ¡Lysandro!
Los nervios del chico se manifestaron, crispando y chocando contra mi piel, se notaba tanto que me estaba poniendo nerviosa hasta a mí. Movía sus manos intentando limpiar el desastre que había hecho derramando mi café, listo y a punto de ser servido.
- ¡Lysandro, tranquilo!- dije.
- Tengo que limpiarlo, tengo que…
- Tranquilizarte-
Tome su cara entre mis manos y le obligue a mirarme con ferocidad.
- Ya basta- le dije de la forma más ruda y suave posible, siendo esa una de las mezclas más imposibles de realizar. –Todo está bien, solo tienes que limpiarlo y yo voy a ayudarte…
- Sí…- dijo recomponiéndose de nuevo. –Lo siento, no era mi intención hacer este escándalo, discúlpame.
- Estás disculpado- me reí suavemente. –Todo está bien, ¿sí? Todo saldrá bien.
Aunque no podía prometerle eso, necesitaba calmarlo y, en caso de que el padre de Lysandro muriese, el debería comprender la triste realidad. Mejor descansando para siempre que sufriendo, pero en ese momento yo tendría un discurso bueno preparado.
Le sonreí con todo el amor que tenía dentro, más falso que un billete de tres euros, y lo arrope entre el cariño que necesitaba en estos momentos. Él pareció emocionarse pues, sus modales de caballero le impidieron comportarse y termino arrastrándome al suelo de la fuerza con la que había correspondido a mi gesto.
Aun en el suelo, pude comprobar como el albino seguía abrazándome con fuerza, casi sintiendo su alma turbia moverse suplicando que alguien la tranquilizase y, por algún casual sabía que esa era yo, que debía relajarle. Sin embargo la única forma que tenía de hacerlo era… calmarle con sexo y, probablemente fuese pronto para actuar así y no podía, incluso aunque me moría de ganas, hacerle eso en estos momentos si él no lo pedía.
Se separó para mirarme a los ojos y me besó, suave y con agradecimiento por todo el beso, sus labios sabían a tristeza y su alma se movía peligrosamente envuelta en dolor, casi haciendo que la mía reaccionase recordando las cicatrices de mi pasado.
- Lo siento tanto…- susurró.
- No tienes que sentir nada- dije, aun sujetándolo en un abrazo fuerte.
- Debes pensar que soy patético…- intentó separarse, pero se lo impedí.
- No pienso eso, todos tenemos derecho a perder la compostura, somos humanos, Lysandro, humanos.
Él me miro con tristeza y yo le acaricie el cabello, acercándome y depositando un suave beso de esquimal, con mis labios curvando una dulce y conciliadora sonrisa que era lo único que podía hacer por él en estos momentos.
Porque sí, sabía que era una bruja, pero no era una bruja que podría devolverle a su padre la salud, bajo ninguna de las circunstancias podría hacer eso…
- Te quiero tanto…- susurro y se quedó encima de mí, demostrándome que eso era cierto, sin propasarse y demostrándome cuanto le dolía.
Si algo tenía claro ahora era que Lysandro sufría más de lo que me había mostrado y que, esta cara tan triste me pertenecía, igual que todas sus emociones y todo su dolor, quería que fuera para mí. E iba a hacerlo.
- Y yo te quiero a ti-
Sellé mi promesa en forma de mentiras vacías y lo bese en el cuello, mientras mis manos seguían acariciándolo. Por la espalda, por su pelo, por sus brazos y él me correspondió instintivamente con un beso más fogoso que los anteriores, pero aún de una forma caballerosa y poco salvaje.
Mis manos circularon a través de él y sus labios pasaron a través de mí.
Miles de recuerdos, miles de caricias y mis poros sintiendo el suelo frío congelando nuestras penas y calentando nuestras mentes. Nuestros ojos se encontraron y chocaron, pidiendo más y más de aquellas sensaciones nuevas para él y tan conocidas para mí.
- Sucrette…
- Lysandro…
Nos besamos de nuevo y ambos supimos que nos aceptábamos, que ambos lo deseábamos, la necesidad de tenernos y consolarnos era tal que casi desbordaba a lo largo de aquellas miles de palabras rotas.
El cabello recibió el café, pero no pudo importarme menos, al igual que a Lysandro, quien estaba demasiado concentrado en mí y en seguir besándome hasta llegar a lo más hondo de nuestras emociones descontroladas y mezcladas.
Mis manos se movieron por su pecho y mis ojos permanecieron cerrados disfrutando el contacto doble. Lysandro besaba increíblemente bien y sus tonificados pectorales y abdominales se marcaban al igual que sentía, entre mis piernas, aquel bulto que tanto amaba.
No dude ni un segundo en retirar aquella prenda, tuve unos cuantos problemas con los botones, que tuve que cortar el beso, Lysandro me observo atento y mis torpes manos, a las que hice temblar cuando él me miró y miró su pecho para hacerlo más creído, como si estuviese nerviosa y fuese la primera vez que hacía algo así.
Se impulsó como un resorte y me impulsó a mí, me enseñó con suavidad como quitaba su camisa y yo, me embobé, esperando como una idiota, que él, acabase y me enseñase su cuerpo escultural. Una vez la prenda se abrió, mis manos se movieron a retirarla de él, mientras la tiraba lo más lejos posible.
Era una abominación esconder tal hermosura bajo aquel hermoso blanco que privaba de una vista todavía más hermosa. Lysandro hizo lo mismo y quito mi camiseta, dejándome en sujetador, aun sentados, volvimos a besarnos, con nuestras lenguas encontrarnos. El ambiente subiendo la temperatura y el suelo ardiendo otra vez. El suelo estaba siendo protagonista de mis encuentros muy seguidos.
Ambos continuamos nuestra lucha mientras que mi sujetador también volaba lejos, Lysandro debía haber hecho esto de arrancar sujetadores muchas veces y no sabía si alegrarme o enfadarme, pero creo que eso lo decidiría después.
Estaba libre de todas las prendas y solo quedaban las de abajo, se apartó un poco y peleo contra mi falda negra y mis medias, mis zapatos fueron lo último que se le ocurrió hasta que chocó contra ellos. Me miró fijamente, con ojos deseosos y ansiosos, asentí y me retiro todo, menos mis bragas, me incline hacia él y retire su cinturón con facilidad, destapando su virilidad y mostrando su ropa interior. Cuando estaba a punto de empezar con las botas, algo hizo clic y Lysandro se separó.
- ¿Qué estamos haciendo?
Le mire sin comprender lo que estaba diciéndome. No podía dejarlo aquí, ¿no?
- Yo…
- ¿Qué pasa Lys?-
- No puedo tener nuestra primera vez en la cocina.
Lo miro aliviada y lo abrazó suavemente.
- Da igual donde tenerla… si es contigo… yo…
- Quiero que sea especial.
- Tú estás aquí, es especial.
Su sonrisa me hizo temblar y me beso pero esta vez más dulce y me dejó continuar desvistiéndolo, botas, calcetines, pantalones, todo fuera, incluso esos boxers verdes que sujetaban la fiera que yo quería probar. Me hizo partícipe del espectáculo más excitante del mundo. Grande y ancho. Un montón de sensaciones se apoderaron de mí.
Lysandro se estiro hacia mí y me alzo en sus brazos, levantándome y cogiéndome lo más alto posible, ahora que estaba entre sus brazos y nuestros labios se encontraban fusionados no fui consciente de hacia dónde nos movíamos. Mi corazón se estremecía y mi cuerpo temblaba cada vez que su erección chocaba contra mi trasero y cuando lo rozaba.
Sé que abrió dos puertas y sé que entramos a una, cuando frenamos, pensé que íbamos a tirarnos en la cama, pero no, Lysandro se inclinó hacia allí y abrió el cajón de una mesita mientras yo lo observaba.
- ¿Qué haces?- pregunté.
- Voy a pedir prestado un preservativo a Rosa y a Leigh-
Sonreí y bese la punta de su nariz mientras él sonreí y sostenía el plástico entre sus manos aun cerrado.
Nos dirigimos a lo que supongo que sería su habitación y, en vez de dejarme cotillear me arrojo a su cama, mientras retiraba con dientes y labios mi última prenda, cosa que me sorprendió, una vez estuvieron fuera, pude ver que Lysandro, tenía ideas buenas del sexo y quizás lo hubiese practicado antes, sin embargo, ahora todos sabían lo que hacer, y, en su grupo probablemente hablasen de esto y él supiese cosas aunque no le gustase escucharlas, supongo.
Mi cuerpo se retorció y se situó encima de mí, besándome y sujetándose para no aplastarme, una de sus manos se dirigió a mi coño e introdujo un dedo, yo lo seguí, sin embargo sujete su palpitante erección y la masajee, empezando con el vaivén de arriba abajo. Ambos nos masturbamos unos minutos, hasta que decidió ponerse el condón.
Había sido más rápido de lo que me había imaginado con él, pero me estaba gustando. Y bueno, teniendo en cuenta el calor y las condiciones, no me parecía absolutamente malo.
Una vez la protección estuvo puesta, me embistió lo más suave que había sentido. Y ahí, ahí lo supe, nunca nadie me trataría con tal gentileza… nadie.
Lysandro empujaba y penetraba con suavidad, como si fuera a destruirme un poco de fuerza, me gustaba y me retorcía de aquellas sensaciones, casi haciendo que me sintiese una idiota. Nos movíamos al mismo son y nuestros cuerpos hacían música, las notas de esfuerzo, el sudor circulando por su espalda y manchando sus hermosas alas, aquellos sonidos excitantes y los gruñidos de placer.
Ambos lo estábamos disfrutando y yo, no podía sentirme más excitada porque era imposible.
Nuestros cuerpos jugaban y encajaban, se mecían y se atrapaban, se encontraban y se deseaban, como imanes de polos opuestos, las sensaciones se propagaban y se atraían, como la luz y la sombra se complementaban y una lluvia de estrellas se hacía visible a cada estocada que recibía.
Lento y frágil, culminamos en una torrente de sensaciones, casi retorciendo los dedos de mis pies y gimiendo su nombre al cielo, que lo escuchaba con claridad mientras nuestros cuerpos se convulsionaban amablemente y con gracilidad del placer.
Lysandro era un amante brillante.
[...]
Llegue a casa extasiada y con varios nudos en el pelo, que se encontraba atado en un moño para disimular lo desarreglada y sucia que estaba.
Tenía el pelo lleno de café, olía a sudor, a sexo y a café, totalmente desarreglada y bastante cansada, nunca había tenido sexo tan lento y me había puesto tan caliente en mi vida, no había sido solo una vez, si no otra vez más, donde Lysandro volvió a la carga con rondas de besos exigentes y candentes que subirían la intensidad de un hombre hetero en dos y le haría plantearse su sexualidad otra vez.
Cuando llegue a mi piso, levante mi vista para mirar a la persona que se encontraba ahí, sentada, esperándome. Kentin. Esta costumbre suya tenía que acabarse de una vez.
- Hola Sucrette.
- Hola guapo- sonreí. -¿Qué tal llevas lo de tus padres en la presentación de mañana?
Me dirigí al portal, tras besarlo y saque mis llaves para abrir el portal de mi edificio. Obviamente deje que él me siguiese, esperando la respuesta a su pregunta.
- Pues no muy bien, mi padre va a molestarse cuando me vea con esa chaqueta tan fea, es horrible me queda fatal.
- ¿Qué dices? ¡A mí me parece que te favorece mucho!- una chaqueta estúpida para otro estúpido, perfecto.
Sonrió enternecido y ruborizado, feliz de que hubiese halagado como le sentaba una prenda horrible y que otra vez, volviese a animarle y ponerle interés, como cuando hablamos de que valía para modelo. No lo decía de broma, lo decía enserio, valía para desfilar con ropa y estaría estupendo. Tenía un buen tipo.
Y yo ya sabía que a mí, sencillamente me sentaba estupendamente la ropa y que valdría para modelo.
- Tú eres la que debería ser modelo- repitió, rodeando mi cintura y subiendo a mi par, mientras que yo sonreía suavemente hacia la nada, fingiendo que estaba feliz de su compañía.
- Deja de halagarme, no es cierto y no vamos a discutir esto- que modestia tan falsa.
Ambos seguimos discutiendo hasta que cedí yo, aceptando sus cumplidos y sonriendo para él con la mejor de mis sonrisas, haciendo que nos tuviésemos que frenar para recibir un suave beso de su parte, era un chico romántico y dulzón, y él otro de los dos con los que me quedaba acostarme. Tendría que pensar una estrategia.
Tras llegar a mi planta, introduje las llaves en la cerradura y le deje entrar tras de mí.
- Me alegro de que hayas venido a verme- digo.
- No hay problema, me moría de ganas de verte-
- Lo malo es que yo tengo que ducharme, hice una torpeza de las mías y acabe ensuciándome el cabello de café-
Kentin sonríe y suelta mi cabello para luego, encararme suavemente y besarme otra vez.
- Incluso con café en el cabello y con todas tus torpezas no dejas de encantarme-
Me deje besar otra vez, esta vez, casi pegándome a su cintura y abrazándome como si fuera a irme a algun lado, como si me hubiese extrañado más que nadie en este mundo. Su corazón latía a la velocidad del rayo y podía detectar sus nervios escapar dentro de su pecho, casi automáticamente y haciendo que nadie más pudiese hacer algo para parar nuestros roces.
- ¡Sucrette Darcy! ¡¿Se puede saber que estás haciendo?!
Ambos nos separamos rápidamente, para mirar a la figura que había gritado, bajando los mini escalones de mi apartamento.
- ¡¿Quién es este joven y qué hace besándote como si fuera a violarte en medio del salón?!
- ¡Abuela por dios!- chillo.
- ¡Qué se vaya ahora, qué se vaya ahora! ¡Menudos modales! ¡Qué sucias son las mentes masculinas de tu generación!
Kentin permanecía estático y totalmente ruborizado, pero perturbado y preocupado por lo que podía decirle.
- Señora yo…
- ¿¡No me ha oído joven militar!? ¡VAYASE!
Kentin obedeció perturbado y me miró, asentí con tristeza y él simplemente se retiró del salón y abrió la puerta para salir.
- Lo siento por la intrusión- dijo suavemente. –Hablamos mañana Sucrette-
- Lo siento Kentin…- susurré en su dirección, él lo vio y le restó importancia con la cabeza, aún preocupado por la reacción de mi abuela.
- ¡Váyase!
Cuando oímos los pasos resonar lejos y el sonido de la puerta cerrada, me encaré con mi abuela.
- ¿En serio? ¿¡De verdad!?
- Modales y educación, ¿acaso este payaso va a ser tu pareja?
- ¡No! ¡Y no es un payaso! ¡Ahora voy a ducharme!-
Caminó escalones arriba y paso a su lado propinándole un suave y molesto empujón para ella, sé que frunce el ceño pero aquí la única cabreada soy yo, única y exclusivamente yo.
- ¡Ah! Caroline, está es mi casa, no tienes derecho a echar a nadie ni a invitar a nadie.
Doy un portazo y cierro la puerta, haciendo retumbar todo.
[-]
Dos voces suenan en el interior del salón, acabo de salir de la ducha y ya estoy cambiada, puedo sentir que mi abuela ha traído invitados y por eso, necesito vestirme antes de reclamarle a solas el hecho de que utilice mi casa como un lugar de encuentros con clientes o personas que conoce. No me agrada en lo más mínimo.
Tras vestirme, camino directamente al salón.
- Caroline puedo hablar contigo…- me precipito con la mejor de mis sonrisas, pero, al ver las visitas que se encuentran aquí, mi cuerpo se paraliza en el miedo.
- Sucrette, te esperábamos- dijo mi abuela querida.
Mi mundo comenzó a moverse y los cristales de todas las ventanas hubiesen roto si yo hubiese tenido algun poder, que ojala, sería mucho más fácil echarlos de casa asustándolos que usando palabras. Necesitaba sacarlos de aquí. Ahora.
- Hola Sucrette, sabía que eras hermosa, pero no hasta este punto- Su sonrisa era como un montón de perlas blancas y brillantes que iluminaban como un faro. Que repulsión.
Ahora que ella había dicho eso, solo podía esperar para intentar clavarle ese cuchillo en el cuello o tirarle una silla para estropear su hermoso y delicado rostro. Ella no podía estar aquí, ella no podía.
Y hasta aquí el capítulo.
Espero que os haya gustado, me ha costado escribirlo pues estaba entre desanimada, ocupada con el verano, con el carne y todo eso, además de sin ideas. Y una tormenta jodió mi internet durante cinco días, el mío y el de todo el mundo. Así quedé yo loca en desesperación.
No es solo eso, ni siquiera estaba convencida de subirlo, no estaba inspirada y no me ha gustado el capítulo. Para nada, lo veo feo. No sé...
Por ello, lo siento.
¿Cuántos reviews me merezco?
Que tal si ponemos un cupo alto, como 330 o como mínimo 327 comentarios.
Sé que podemos.
Demostradme que lo he hecho bien.
Un besazo, os amo.
¡327 eh! o ¡330!
Necesito motivación y esto, quizás, me motive.
Bueno, seguro que lo hace.
