¡Hola, hola, hola, soy Noah!
Estamos aquí, con un nuevo capítulo de Ninfomanía, sospechando que pronto saldrá el episodio 32 de corazón de melón (si no es hoy, día 11, será día 12 o, como mucho, el día 13) Impaciente por jugarlo y conocer los secretos que esperan y mueren por salir de allí.
¡IMACIENTE NOAH PASANDO DEL TEMA PARA HABLAR DEL CAPÍTULO!
Voy a daros un capítulo especial, en el que varios secretos se han desvelado por fin, ¿quién es el malo realmente en esta historia? ¿Quién miente? ¿Quién malinterpreta? ¿Quién ha actuado como un bebé y huyó? Supongo que eso lo dejaré a vuestro criterio, pero nada es lo que parece incluso en las historias más claras...
En fin, espero ansiosamente que os guste mi capítulo y que lo disfrutéis, que me dejéis vuestra opinión, como ya sabéis los reviews largos me encantan, y también me digáis que os ha parecido el episodio 32 en vuestras respectivas rutas, si habéis llorado, emocionado o divertido, si os ha gustado el momento con vuestro chico o si no. Yo los leeré cuando juegue al menos, la ruta de Castiel y la de Lysandro.
Como siempre deciros que, os amo y que, ¡ahí va!
Disfrutad muchísimo, chicas.
Disclaimer:
Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.
Los personajes de AnticLove, son de sus creadores tan buenos. Créditos reservados a ellos y usados con ánimo de lucro.
Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.
Oscuro
[Y sonaba bien cuando salía de sus labios]
Era espectacular.
Digna de alabar.
Ahora que la veía en persona podía creer con certeza lo que los rumores decían. Era una flor exótica, con la piel más tersa de todas, resaltaba y brillaba como si fuera la piel de un bebe. Sus dientes, como bien había dicho antes, eran como las perlas más hermosas y brillantes que iluminaban en la noche a los barcos como un faro, pero en este caso ella iluminaba y cegaba a hombres y mujeres. Su cabello de uno de los tonos más hermosos posibles destacaba en el firmamento con aquellas llamas rojizas y hechizantes y aquellos ojos, oh dios, esos ojos tan horriblemente hermosos y verdes podrían pudrirse.
Y no hablaremos de su figura de diosa griega porque si no, iba a darme algo.
- ¿Qué hacéis aquí?- escupo.
- Ellos han venido a confirmar la asistencia y los nombres de los invitados- mi abuela sonríe con felicidad.
- Nunca has hecho eso- lo encaro, firmemente.
Mis ojos van directos a los de Viktor, quien parece bastante incómodo con la situación.
Mi rabia crece y las ganas de llorar aumentan a cada paso. Los segundos se hacen eternos y yo no puedo evitar pensar que esto es una enorme pesadilla, que estoy soñando y que pronto despertaré, porque si no… mataré a alguien.
- Bueno… Sky pensó que…
- Estaría bien venir a ver a la patética ex en comparación a la de ahora, ¿no?- interrumpo al chico.
- ¡Sucrette!- chilló mi abuela agobiada por mis comentarios.
A penas podía sostener mi ira entre mis pensamientos. Cada vez que mis ojos se enfocaban en él y en ella, juntos, tomados de las manos, se me nublaba la vista y tenía ganas de aporrear todo lo que había a los alrededores y si era la preciosa cara de la putísima modelo, mejor.
- No sé porque demonios no podéis confirmar eso por teléfono- gruñí. –Como todos los putos años.
- ¡Sucrette! ¡Oh por dios, disculpadla!- mi abuela tan alterada y yo tan crispada.
Mis nervios cada vez se revolvían más y el volumen de mi voz aumentaba a cada paso que daba hacia ellos, amenazante y seria, casi al borde de la locura y con ganas de destrozar todo lo que hubiese a mi paso. Era prácticamente imposible controlar esta ansia destructora y su presencia aquí, estática y calmada me alteraba más.
- ¡Que os vayáis de mi casa, joder! ¡IROS!
- Sucrette… tienes que….- Viktor intercede, levantándose del sofá y se intenta acercar a mí.
- ¿Calmarme?- chillo fuera de mí misma. –¡Me calmaré cuando desaparezcas de mi vista! ¡Eres un… un idiota! ¿Me oyes? ¡Un idiota!
Los nervios se apoderaban de mí, cada vez más y cada vez más, mi corazón palpitaba con demasiada fuerza y sabía que, en cualquier momento se quebraría mi férrea voluntad y terminaría aplastándome el poco positivismo que me rodeaba.
Ni siquiera pude moverme cuando Viktor se acercó otros dos pasos más cerca, solo apretar más mis puños y ponerme a la defensiva y encararle con todo el odio y el rencor que llevaba dentro. Si fuera legal, estaría asesinándolo ahora.
- Vik, cariño…- intento hablar Skylar.
- ¡Oh por dios, que alguien le ponga un bozal a esa mujer!
- ¡SUCRETTE DARCY HONDA! ¡DETENTE AHORA MISMO!
- ¡PUDRIROS!
Y aunque parezca mentira, salí huyendo de casa con la mayor rapidez posible, alejándome de todos los que me miraban con caras de pena y esas cosas que detestaba desde el fondo de mi corazón. Fruncí el ceño y me encamine lo más rápido posible, hasta que me detuvieron.
- ¿Sucrette? ¿Qué pasa?
- ¡¿Que qué pasa?! ¡Te diré que pasa! ¡La escuálida y perfecta de tu ex novia ha venido con el idiota perfecto de mi ex novio a mi casa!
- ¿Skylar?
Parecía casi tan sorprendido como yo cuando la vi allí, probablemente hasta se alegrase de su presencia en la ciudad.
La ira corría por mis venas, no me hacía muy feliz el hecho de que él fuese feliz por su presencia. No iba a permitir que me abandonase, jamás en la vida lo permitiría, y menos si era por esa flacucha de tres al cuarto. No quería, no permitiría eso y si lo permitía, que jamás volviese a mí, porque me encargaría de destruirlo.
- Sí. ¡Vete tú también atrás de ella! ¡Vete y elige…!
Sus labios chocaron contra los míos.
El beso en sí, me sorprendió. Más cuando, constantemente Ryo me rechazaba en todos los aspectos, jamás tuve la intención de que él pasase a más conmigo a parte de una relación física sin celos donde me perteneciese solo a mí. Única y exclusivamente a mí. Solo mío.
- ¿Qué?
- No te callabas y estabas sacando conclusiones precipitadas. Solo estoy sorprendido de que ella esté aquí. Nada más…
Abrazó mi cara con sus manos y me acaricio con dulzura.
- Sucrette…-
La voz de Viktor se fue apagando en el momento que me vislumbro en brazos de Ryo.
Me moví rápidamente al sentir su voz inundar mis tímpanos, casi podía sentir la ira corriendo por mis venas, probablemente me había seguido porque había sido infantil y quería regañarme, estaba tan apagada entre todos los sentidos de aquel horrible mundo que se empeñaba en tirar de mi hacia el centro de la tierra. Quemándome en la lava de las horrendas realidades a las que me enfrentaba constantemente.
- ¿Tú quién eres?- inquirió saber Ryo.
- Viktor- dijo suavemente y dudoso. -¿Tú?-
- No es de la incumbencia de un niñito rico, sin embargo, deberías preguntarle a Skylar.
Su rostro se quedó bastante sereno al decirle esto, aunque podía verle algo irritado por la respuesta.
Conocía a Viktor, amaba desde el fondo de él la educación, no solo eso, incluso en sus mentiras, vivía protegiéndome de todos los chicos que se me acercaban. Siempre había sido así, me protegía de todos y curaba mis heridas cuando la gente me demostraba que no podía confiar en nadie. Después de todo, siempre que alguna persona rica se me acercaba era para difamarme o quizás favorecerse de mi riqueza.
Todo patrañas infames.
- Eres un poco maleducado para que Skylar te conozca, ¿no?-
Respiré hondo y cruce mis brazos, poniendo la mirada más mordaz que mis ojos habían creado para el mundo que intentaba tumbarme en esta mierda de vida.
- No sé a qué has venido- digo sinceramente y con voz de perra. –Pero puedes irte-
- Solo quería hablar, y Sky… ella quería…
- Como si quería pintarse las uñas en un spa- lo interrumpo. –Me da igual lo que tu estúpida novia quiera.
Se acerca a mí, lentamente, cauteloso, sabe perfectamente cómo actuar cuando estoy enfurecida, y a pesar de que he cambiado de aires y de enfados, ahora mismo soy consciente de que podría incluso tranquilizarme en sus brazos como hacía antes.
Seguía siendo débil a él… casi podría jurar que, si él me lo pedía dejaría todo para seguir a su lado como antes.
Ryo se puso enfrente de mí para protegerme de lo inminente, aunque el fondo sabía que no podía evitar el enfrentamiento contra él. Al menos si quería pasar de este patético intento de paces.
- Déjalo, gracias… Ryo- lo tranquilizó, aunque sinceramente no me apetece quedarme a solas con él. –Te veo luego en tu casa.
Ryo me mira a los ojos y suspira.
- Cualquier cosa me llamas-
[…]
Las nubes son claras y vuelan sin preocupaciones, a mí me gustaría muchísimo ser una de ellas, impregnarme de aire y crearme como ellas se crean, sin sentimientos, sin dolor, sin nada más que volar y alejarse, deshacerse y hacerse de nuevo para volar.
- ¿Quieres tomar algo?
- Solo ve al grano- digo, suavemente.
Me mira nervioso y desvía la atención a la camarera que viene a atendernos.
Ella repara en él y se fija de un modo bastante personal, le ha gustado mucho, en eso puedo darme cuenta a la perfección, casi se le cae la baba. Es normal, Viktor es atractivo, mucho, tiene un cuerpo impresionante y unos ojos que se llevan los corazones de todas, sus almas. Tenía un encanto natural que hipnotizaba. Y yo, por desgracia, era consciente de ella.
- ¿Qué quieres tomar, guapo?
- Intimidad- digo.
La chica me fulmina, si las miradas matasen, estaría muerta y sepultada.
Pero me daba igual, esa pequeña mujer no tenía ni idea de quien era yo y como podía hundirle a la vida si me lo proponía. Enfrentarse a mí, no era cosa de risa, y eso lo sabían todos los que habían sufrido mis enfados y mi ira, podemos decir ira, porque sí. Lo era.
- Lo siento, un café solo con un poco de nata y un capuchino-
Lo observo bastante sorprendida, recuerda que me gusta la nata con el café y eso casi me hace sentir mi corazón recomponerse, al menos un poco, de todos los pedazos que él ha causado en mí. Cuando nos trajeron el café, otra chica diferente, pues la otra seguro que se había cansado de atendernos.
La desconfianza aparente hacia los hombres avanzaba con el tiempo y notaba un frenazo en mí, pero sin embargo, seguía queriendo estrangularle de todas las formas más dolorosas posibles.
- Gracias- Viktor sonríe a la camarera, que se derrite también.
- Si en vez de coquetear fueses al puto caso- gruño desde mi sitio.
Y la señora sonríe dulcemente acariciándome la mejilla.
Sus confianzas no me gustan, pero dejo que me acaricie como si estuviese apiadándose de mí. Es una mujer de unos treinta años menuda, supongo que será la jefa, que sí que quiere a sus empleados, una de esas que tocan como la lotería. Al menos, esa es la impresión que transmite.
- Así que, la chica insoportable eres tú- dice dulcemente. –Bueno, espero que sea porque tienes uno muy bueno aquí.
Mis mejillas se recalientan.
- ¿Disculpe usted?
- Es tu novio, ¿no es así? Cindy es muy coqueta. No se lo tengas en cuenta. Disfrutad de vuestras bebidas, cielos.
Viktor me mira divertido, me he quedado tan a cuadros que casi no puedo hablar.
Por primera vez, en mucho tiempo, me he dado cuenta de que alguien puede dejarme casi sin palabras, aunque claro, que me haya callado con ella delante no significa que vaya hacerlo una vez desaparezca entre las mesas.
- Supongo que te preguntas que hago aquí.
- Deje de preguntarme eso desde que me dejaste.
Viktor resopla cabreado.
Siempre es paciente y escucha lo que tengo que decir, nunca se molesta, pero parece irritado. No escucha lo que quiero decirle, las quejas que quiero expresar, me molesta. Nos molestamos.
- Sabes que no te deje.
- Lo hiciste, elegiste Austria en vez de elegirme a mí. ¡Te necesitaba!
- ¡Te ofrecí venir conmigo! ¡Jamás quise terminar!
- ¡Te fuiste porque no querías verme más!
Respira hondo y bebe un sorbo de su capuchino, parece que no está muy contento en cómo estamos llevando esto ambos, alterándonos en una cafetería del centro. Cruzo mis brazos cabreada y me dejo caer contra el asiento.
- Mi padre enfermo, lo sabes. Tuve que hacerme cargo de todo, tenía negocios en Austria durante un año por culpa de los socios de mi padre- respiró hondo y bebió un sorbo de su capuchino.
- Eso no es una excusa- digo. –Te fuiste y me dejaste cuando más te necesitaba. En el año que ellos me dejaron del todo, en el que esa Ellie apareció.
Suspiró hondo.
- Te ofrecí venir conmigo- me miró con esos ojos que derretían icebergs enteros. –Tus padres habían aceptado, tu abuela estaba encantada. Te ofrecí una relación a distancia, pude darte todo lo que necesitabas, pero te negaste- hablo. –Pude darte lo que hubieses querido, te querría incluso a millones de galaxias si me lo hubieses pedido. Pero te ataste a Paris, pensando que todo cambiaría allí, pero en el fondo solo quería sentirte segura en una zona que no lo era. Te quedaste en vez de moverte y despejarte, para volver y derrotarles una vez estuvieses cicatrizada.
No.
Eso no era cierto. No lo era. Él solo había huido de mí porque estaba cansado, no había dado nada por permanecer conmigo al menos un mes más mientras lo superaba. Ni siquiera había pensado en otra posibilidad, como espera.
- No pensaste en mí.
- No era opcional.
- ¡Tú siempre has querido alejarte de mí!
Las lágrimas fluían por mis ojos, no sabía ni en qué momento había sucedido, pero no podía intentar contenerlas, no podía parar porque había tocado tan hondo en mí que, aunque sus palabras parecían demasiado piadosas, eran totalmente falsas.
Sí, él había dicho que me fuese con él, sí, él había ofrecido la posibilidad de una relación a distancia. Pero yo, no podía separarme de él en los momentos críticos, como había sido aquel que tanto me había afectado.
Cubrí mi cara con ambas manos y sentí la voluntad de discutir de Viktor tambalearse lentamente.
- Sucrette…
- ¡¿Qué le has hecho, infeliz?!
No pude levantar la vista hacia él.
Tanto tiempo que las lágrimas no caían enfrente de alguien que tenía tirria, que odiaba, tanto tiempo que no mostraba la vulnerabilidad a alguien que no soportaba y no quería que me viese en los peores momentos. Se suponía que tenía que ser fuerte, pero no era capaz. No podía.
Soy tan débil.
- No he hecho nada- protestó él. -¿Por qué no te metes en asuntos que te conciernan, Ken?
- ¡Mi nombre es Kentin! ¡Tú…!
- Déjalo… ya está- hipee mientras hablaba.
No sabía a quién se lo decía, si a Viktor o a Kentin, pero mis manos temblaban y se balanceaban. Entre el llanto y la tristeza que desde tanto tiempo había contenido. Y dolía el ver que salía a borbotones como si de sangre, de una herida, se tratase.
Me levanto de allí.
Y salgo pitando.
- Dejadme en paz, los dos, necesito estar sola-
Y sé que esto va a cambiarlo todo.
[…]
El parque parecía uno de los mejores lugares para no esconderse, así que, solo me quedó acudir al paraíso de cualquier persona que amase los libros. La biblioteca.
Aquellas paredes me sostenían los pilares y me di cuenta de que, hiciese lo que hiciese, conseguiría salvarme de ellos aquí, Viktor sabía que necesitaba tranquilidad y a Kentin, simplemente, no se lo ocurriría buscarme aquí. Porque nadie me conocía realmente. Nadie lo hacía.
Creo que, incluso poniendo la mano en el fuego sin quemarme, diría que ni Viktor y Leia lo hacían de verdad. Solo conocían lo que yo había dejado a la vista, mis traumas y mi pasado, quizás algo de mi presente, pero ninguno entraba en el caos inminente que era mi profunda y desordenada mente.
Me oculte en la sección más lejana, la de historia y me deje caer en una de las sillas, triste e infeliz de que lo hubiese cagado tanto, poniéndome a llorar frente a él y alejando a mi futuro objetivo lo más lejos posible de mí.
- ¿Sucrette?
La sorpresa invadió mis tímpanos.
Quizás debí haberlo pensado mejor en vez de acudir aquí, voluntariamente, Nathaniel tenía una tercera casa y esta, no era otra que la biblioteca.
Levante mis ojos rojizos del llanto hacia él y pude verlo correr y ahogarse en la frustración de no llegar tan pronto como deseaba a mí. Se sentó a mi lado y tomó mi mano, susurrando caricias de aura blanca que calmaron la mía negra.
- Hola- musite, rota. Vulnerable.
- ¿Qué ha sucedido?
Simplemente no sabía que decir que había sucedido.
Un huracán había destinado todo su aire a mí, me había atrapado en una espiral de corrientes fuertes que no me dejaban salir, que me hacían sentir dolor y que me recordaban lo que me había esforzado tanto en eliminar de mí. Al amor de mis días y de mi futuro, el único hombre que podría hacer que todo lo que había hecho se desvaneciese si me amaba, una vez más, de verdad.
No lo había olvidado.
Eso era algo que yo sabía y que me había negado en dejarlo salir, porque si lo hacía, habría dictado mi sentencia al dolor y al sufrimiento por saber que lo había perdido y él había escogido a otra.
Me abrace a él, sin permitirme a mí misma responder a su pregunta, planteándome si esto que estaba haciendo era, solo, una tonta carrera para escapar de la meta y la aceptación. Del dolor y la prisión que había creado, hundiéndome en las sombras y en la cárcel de mi propia mentira.
Nathaniel me devolvió el abrazo, la calidez me transmitía paz y serenidad. Quizás, y solo quizás, si me aferraba a él, pudiese salvarme de todo el caos que se había esforzado en desmoronarme.
Si Nathaniel me agarraba, yo solo tenía que sujetarme y tirar, hasta que ambos cayésemos en la desesperación de amores que no eran recíprocos. Y así, la soledad no sería tanta.
Solo debía destruirnos y hundirnos a ambos, así, quizás, mi corazón sanaría un poco.
[…]
Sus labios son dulces y compasivos, besan mi frente y mis labios, mis lágrimas resecas por las mejillas, mi corazón que está fuera, esperando a que sea de nuevo introducido en el pecho. Moviéndose y llorando hasta que nadie pueda verlo llorar.
Sus brazos son protectores y fuertes, me cubren y no me hieren, son como un manto poderoso, incapaz de ser traspasado. Y sus manos proporcionan caricias dulces que, aunque quisiera olvidar, se clavaban como un alambre de espinas a mi cuerpo.
Como siempre, él no ejerce presión en mis heridas, mantiene un silencio cómodo que me deja morirme entre las penumbras a las que no llega el sol.
- Todo saldrá bien.
Y sabía que creerle sería una estupidez, pero sonaba tan convincente que, incluso aunque lo desease no podría hacer nada para no creerle en estos momentos que necesitaba la mentira más dulce del mundo.
- Todo se pondrá mejor.
Y entre sus brazos, llore hasta que mis ojos se secaron.
- Solo dime que puedo quedarme aquí- murmure llorosa.
- Por supuesto, siempre que lo necesites-
[…]
Mis pies se arrastraron por el suelo en aquellos gordos y lanosos calcetines. Sentía como si estuviese caminando sobre una nube, un pensamiento infantil, pero que me hacía sentir un poco mejor.
Frote mi nariz con un pañuelo y continúe arrastrándome por el apartamento del rubio. Su camiseta me quedaba enorme y, impulsivamente, me había abrazado a su vieja camiseta de la corbata, buscando la comodidad de algo pasado que me había gustado. Mi cabello estaba enrollado en un turbante de toalla, pues me había duchado con muchas ansias para secarse.
Camine hasta la cocina sintiendo el calorcillo de la calefacción de Nathaniel, que reposaba en la mesa, con el ordenador y trabajando con mucha fijación en, probablemente un trabajo que tendríamos que entregar meses después.
Levanto la vista hacia mí y se ruborizó.
- Estás linda- dijo.
Negué con la cabeza suavemente y caminé a su lado, prácticamente atontada, como si fuera una niña pequeña que necesitase amor constante. Él, desde aquella silla alta, me rodeo firmemente con sus brazos, acercándome más a él.
Me abrazó, apartando el portátil, rodeándome con piernas y brazos. Descanse mi cabeza en la curva de su cuello y deje que me mimase todo lo que desease, que me hiciese lo que quisiera con tal de que no se separase de mí, beso mi cuello, solo para darme un apoyo clave y me apegó, más de lo posible, tan cerca que casi podía sentir el latido constante de su corazón, que corría nervioso por mi cercanía.
- ¿Huirías de mí si yo te mostrase incluso lo más oscuro de mí?
Nathaniel no respondió a mi pregunta modosa y aturdida por el dolor que me producía la sensación.
Mis ojos, permanecieron en un punto clave de la habitación, no había nada, no era algo interesante, solo un pomo de un armario que, mirándolo como yo lo hacía, era sumamente hipnótico y atraía toda mi atención.
- No, nunca lo haría. Eso es algo que puedo prometerte con total seguridad.
Y en ese momento, decidí creerlo. Sin pensar en que, cuando la caja de Pandora se abriera, el rompería su promesa sin perder ni un segundo. Que me abandonaría, cuando todo explotase.
Él no era distinto a Viktor.
[…]
No me costó nada dormirme.
Los brazos de Nathaniel eran conciliadores y me calmaban con cada caricia que daba a mi cabello mojado.
- Buenos días.
- Buenos días…- murmuré, somnolienta, aun entre los brazos del rubio.
Él me sonrió y se inclinó para besarme lenta y dulcemente.
- ¿Qué tal has dormido?- preguntó.
- Bien- conteste, cerrando los ojos de nuevo. -¿Y tú?
- Bien.
Su voz sonaba cansada.
Casi podría ahorrarme decir que era mentira, había estado despierto desde las tantas hasta ahora solo para atenderme en mis necesidades.
- Duerme ahora, no voy a necesitar nada- dije, acurrucándome. –Duerme, ahora-
Él sonrió, podía sentirlo a través de mis ojos cerrados.
- Bien, si necesitas algo, solo…
- Duérmete ya, tonto-
Y deje que me mostrase todo lo que quería mostrarme el mundo de los sueños.
[…]
Me desperté con el incesante sonido de la alarma.
Las seis.
Casi maldigo a Nathaniel y su puntualidad, solo que me di cuenta de que eso me favorecía a mí, podía pasar por casa, coger mis cosas, cambiarme y resoplar hondo.
- Buenos días- dijo a mi lado. –Puedes dormir más si quieres yo puedo…
- Tengo que ir a cambiarme, esto me viene bien- digo.
Nos levantamos al mismo tiempo y lo veo fijamente.
Por las mañanas sigue siendo igual de impresionante que por el día, o cuando ya está en el instituto, si que hacen bien en llamarle el señor perfecto. Lo es. Sin duda lo es. Yo, sin embargo, por las mañanas parezco el monstruo del Lago Ness.
Bostezo mucho y tapo mi boca cuando ya es tarde, cosa que hace reir al rubio, lo miro con una ceja alzada y él ríe más, no entiendo que le causa tanta gracia así que, llevo mis manos a mis caderas esperando una respuesta coherente de su parte.
- ¿Qué?
- Solo estaba pensando en lo bonita que estás por las mañanas y en la suerte que tengo de que me hayas elegido a mí.
- Sí bueno, pues deja de decir mentiras sobre mí por las mañanas, soy consciente del asco que doy cuando me levanto-
Nathaniel bufa y se precipita hasta a mí.
Caminando por la deshecha cama y colocándose de rodillas frente a mí, casi somos de la misma altura, incluso así. Nos miramos a los ojos y siento sus manos atraerme hacia él, por la cintura. Termino dejándome caer de rodillas, también, a su par y enfrente de él, fijamente agarrados y sabiendo que terminaremos en un beso aún más dulce y sabroso que cualquiera que nos hubiésemos dado en otros momentos.
- Eres una mentirosa, estás preciosa.
Y aunque quisiera replicar, porque no es verdad, sinceramente, no me deja.
Sus labios acallan los míos, un roce dulce y con sus ojos ámbares cerrados, me dejo caer al borde de su amor. Consciente de que, solo estoy escapando, de nuevo, en vez de afrontar lo que me había dispuesto a crear, un harem en el que nadie me abandone y nadie sepa de mí.
Ya no sé qué quiero hacer…
[…]
El instituto está abierto y lleno de personas moviéndose con bolsas y todo.
La reunión ha comenzado y, a pesar de todo, los padres de todos, a excepción de los de Lysandro y los míos se han mostrado. Por el rabillo del ojo veo a Amber y a Nathaniel con su madre. Llego tarde. Bastante tarde, pero estaba intentando salir sin que mi abuela se percatase de mi presencia. ¡La quería fuera, ahora mismo! Pero, eso, era algo de lo que tendría que ocuparme en otro momento y no ahora.
Veo de reojo a Karla haciendo señas en dirección del club de jardinería, donde no hay nadie. Miro a mi alrededor y sé que solo se refiere a mí, no hay nadie más a quien pueda hacérselas. Se lleva mal con todos menos con Amber.
Avanzo hacia ella, disimuladamente, por si alguien me ve. Y desganada total me introduzco en el mundo que he creado solo para mí, uno en el que nadie puede herirme y que, aparece y desaparece, sin poder controlarlo, me aferra.
- Amber está planeando algo en tu contra.
- ¿Y qué es?
Mis ganas de tratar con alguno de ellos hoy no están en mi mejor momento.
- Supongo que hacer que la cagues frente a tus padres- dice. –No ha querido darme detalles- a regañadientes continua hablando.
- Eso es imposible-
Esta vez, Amber si ha sido estúpida.
¿Humillarme delante de mis padres? Por favor, ellos nunca asisten, jamás lo hacen. Sería increíblemente estúpido que hiciesen algo así. Si mi madre viene, mi padre no lo hace. Y si mi padre viene, mi madre no. Tan sencillo como eso.
Desde que papá había encontrado a Ellie, todo había cambiado, ya no era su princesita y tampoco estaba en sus planes venir a verme si eso significaba perder un día de trabajo o de sexo intensivo con Ellie. Y mi madre simplemente vivía en un mundo de irresponsabilidad en el que una hija no tenía lugar.
- Sabes que para ella no es imposible- se queja. –Y ojala lo haga.
Pasar por alto el hecho de que me odia es sencillo, porque me da igual.
Karla solo es una mosquita muerta que ladra mucho pero no muerde, sus patéticos intentos de hacerse notar para Amber nunca llegan, solo es palabrería insana que no tiene nada más que ridiculez en ella. Haga lo que haga no podía ni llegar a herirme o hacerme quedar mal.
Nada llamaría la atención de Amber, aunque lo intentase.
- Sí lo es, y aunque hiciese algo, todos me ayudarían- digo. –Y mis padres no van a venir. Ellos nunca lo hacen.
Respiró con suma tranquilidad y me giro para irme.
- Si eso es todo, entonces me voy.
- Pero sí tus padres han confirmado su asistencia, bueno, tu madre, eso ha dicho la directora en el pasillo cuando estaba con ella y ahí fue donde ella creó su plan mentalmente.
Y si no llega a ser porque la gravedad me sujetaba, habría salido volando de la impresión.
No podía ser cierto, ella jamás había asistido a cosas escolares que hubiesen tenido que ver conmigo. Pestañeo fuertemente y frunzo el ceño.
- Se ha debido de equivocar, Shermasky, digo- mi voz suena temblorosa. –Ella está muy ocupada y no le interesan los eventos escolares si tiene que trabajar.
- Pero la directora dijo que había llamado dos veces para confirmar y todas las respuestas habían sido afirmativas porque estaba por la ciudad en trabajo.
Mi boca se abre monumentalmente.
- Te equivocas, Karla- digo.
Ella pone los ojos en blanco.
Y niega con la cabeza, cabreada, pero más cabreada estoy yo por la estupidez que se está inventando para captar mi atención o quien sabe, traicionarme. Aunque no creo que sea tan estúpida como para mentirme cuando todo puede peligrar para ella y para sus padres.
- No digas que no te he avisado- frunce el ceño. –Ahora me voy, no quiero que me vean contigo, víbora.
Y desaparece del club de jardinería, dejándome casi estática y pensativa.
De todos modos es mentira, es imposible que sea verdad, bueno, es casi una patraña que esto esté sucediendo y si es verdad, juro que mato a alguien. Quizás patear al árbol sea ideal y deba aprender del pelirrojo que descansa bajo la sombra de aquel gran castaño con su mejor amigo, posiblemente esperando a los padres del malhumorado pelirrojo.
Camino hacia al patio.
Veo el rostro de Kim iluminarse y decido caminar hacia ella. Esta chica no necesita de manipulación pues se cegaría por mí y me protegería de cualquiera si me ve triste, por ello, pienso que no necesito meterla en el saco como a los demás que atentan en mi contra o pueden ser peligrosos en el futuro.
Kentin intenta venir hacia mí, pero cuando iba a llegar a las demás y a él, algo me retiene.
- ¡Mi meloncito!-
Y al parecer ella ya estaba aquí, mientras me atrapaba en un abrazo asfixiante y agobiante que solo me daba a entender que mis pesadillas eran reales.
Mi madre había vuelto y no estaba segura de querer quedarme a ver su aparición en escena en el Sweet Amoris.
Sé que es corto, pero no he tenido tiempo. Tengo muchos exámenes y muchas migrañas últimamente. He puesto toda mi carne para crear este capítulo acorde algo que pudiese compensar el hecho de solo tener 11 páginas en Word, con letra 9 y Arial. Lo juro.
Aunque probablemente se queden en nueve si le quito estes textos…
¿Qué os ha parecido? ¿Y la aparición de Viktor? ¿Y de la madre de Sucrette? Vais a ver la genial cara y personalidad OoC que le he dado y el toque humorístico y abstracto que representa. Supongo que en el siguiente capítulo habrá subidas y bajadas, intensidad y un montón de problemas. Pero eso, lo veremos en el episodio siguiente y cuando lo escriba XD.
Espero que os gustase, que me dejéis reviews y que me contéis que os ha parecido el episodio 32 de corazón de melón. Yo dejaré, cuando juegue todas las cuentas, mi opinión en Tumblr y, si triunfo, mis teorías para el episodio 33 si lo dejan aun, al pobre, como está.
Os amo mucho, Sucrettes.
DEJAD REVIEWS.
¿Cuántos reviews me merezco?
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