¡Hola, hola, hola, soyNoah!
Estamos aquí, con un nuevo capítulo de Ninfomanía, el veintisiete o veintiséis si no contamos el prólogo… pero bueno, estoy muy feliz e inspirada después de haber jugado el episodio que ChiNoMiko nos ha dado.
Me esperaba otra cosa de este episodio, pero si realmente queréis saber mi opinión, dejádmelo en los reviews y lo subiré a mi Tumblr con comentarios e imágenes. Me lo curraré, lo prometo xD
En fin, ahora, después de las sorpresas del anterior capítulo os traigo a su fabulosa madre, me encanta escribir sobre ella… ¡Sin más dilación, os traigo un capítulo nuevo!
Disclaimer:
Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.
Los personajes de AnticLove, son de sus creadores tan buenos. Créditos reservados a ellos y usados con ánimo de lucro.
Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.
Madre
[Y nuestros cuerpos bailaron al son de aquella música que dictaron nuestros corazones, ahora, unidos]
Solté un grito de sorpresa al ser abrazada de ese modo y me gire tentativamente, quizás solo era una broma de mal gusto y esa no era mi madre. Probablemente hubiesen escuchado los ridículos apodos y eso les llevaba a burlarse de mí fingiendo ser mi madre, nada más y nada menos esa era una de las opciones más buenas del mundo. Pero, para mi desgracia, si era mi madre.
- Meloncita, ¿qué tal?-
Ella estaba ante mí, con un peinado jovial, teniéndolo suelto y rizado de una forma elegante y despreocupada al mismo tiempo. Portaba un maquillaje muy suave excepto en los ojos, que había recargado la raya y la línea de gato alargando su ojo y haciéndolo más llamativo de lo que era todavía, sus labios estaban pintados de rojo carmín y la base era suave y delicada. Su ropa era sexy e informal, pero no era nada reveladora, lo que agradecí inmensamente. Ella solía ser… er… muy llamativa.
- Madre…- dije, fastidiada.
- ¡Oh querido pastelito, llámame mami como siempre hacías! ¡Desde el divorcio te has vuelto muy fria!
Rodé los ojos molesta y cruce mis brazos en el pecho. Esta mujer no tenía arreglo.
Antes, a pesar de ser más tranquila, no estaba tan liberada de todo lo que la rodeaba. A veces, ahora y luego del divorcio, daba la impresión de que no tenía ni idea de lo que conllevaba tener una hija y de los cuidados que debía darle a esta para formarla como persona. Era cierto, el dinero estaba bien. Pero no era lo que necesitaba y, en el fondo de ella, sabía que me estaba haciendo daño, pero que era demasiado tarde para enmendar su error. O quizás no.
- ¿Qué haces aquí?-
- Era una sorpresa, es obvio, cielín- dice canturreando feliz.
- La abue…- me obligo a corregirme aunque ella no esté delante. -Caroline, está en mi casa.
Su mueca de disgusto me lo dice todo. No se esperaba esa respuesta.
Nunca se van a llevar bien y entiendo eso. Es un odio natural luego de la irracionalidad que tiene encima mi abuela al defender a muerte a su hijo, siendo incapaz de ver que el culpable de toda la historia fue mi padre, no solo eso, si no que siempre desprecio a mi madre por ser pobre y "aprovechada", haciéndoselas pasar muy mal en cada ocasión que encontraba, estuviese delante o no. Por ello, era normal lo mal que se llevaban, casi podía jurar que se odiaban.
- No pasa nada- sonríe de nuevo. –Lo importante es que puedo ver a mi dulce de chocolate y me puedo hospedar en el hotel más caro, don't worry-
- Hm… ¿cómo es que has venido?- pregunto.
Ella sonríe más brillantemente y observa el entorno de mi instituto.
Todos están fijándose en nosotros, padres, profesores y alumnos, y sé por qué. No solo es el hecho de que nunca la han visto, ni en el primer día, ni en las notas, ni en las reuniones ni en nada que conllevase relacionarse conmigo. Solo me veían a mí, quizás sentada al lado de Castiel –si se presenta a las reuniones de padres-. Entonces, verla hoy, hacía que su curiosidad los matará y estaban saciándola. Incluso admirándola por ser una mujer absolutamente arrebatadora.
- Quería ver qué tan feliz es mi niñita- dice, acercándose más y quitando sus manos de su cintura. -¡Te echaba tanto de menos mi buhito precioso!-
Me aprieta en un abrazo oso y yo permanezco estática, no correspondo.
Tampoco me daba vergüenza que me abrazase fuertemente o me llamase apodos estúpidos, si le decías que se callará seguía aún más porque le parecías adorable avergonzada, entonces paré de hacerle caso y ella continuo feliz y contenta con el hecho de que me había acostumbrado a gestos bonitos de su parte, o al menos eso cree ella que son.
- Sí, que bien- digo sin emoción alguna mientras sigo en mi posición.
Ella pareció conformarse con mi tono frío y me soltó exageradamente feliz y enérgica. Siempre había sido caracterizada por su buen humor, su poco desánimo y su incoherencia con el mundo. Pero después de todo, era muy inteligente. Tenía muchas cualidades y una de ellas era ser tan meticulosa y observadora.
Se dedicó a ignorarme para juzgar silenciosamente, como hacía siempre, el entorno que me rodeaba a diario, cosa que siempre le daba un análisis práctico sobre todo, casi siempre acertado. Es por eso que era una de las mejores negociadoras del mundo. Sus ojos se centraron en el ambiente y me observo a mí, sus ojos examinaban minuciosamente el instituto y sabía lo que estaba pensando, cuál era su moción y cuales iban a ser sus palabras exactas cuando nos quedásemos a solas, lejos de todos los que nos miraban casi asombrados.
Lo cierto es que nos parecíamos mucho.
- Hablaremos en el restaurante- dijo con simpleza, sonriendo. -Voy a reservar sitio para la comida, ahora.
- Madre…- aviso con mal tono.
- Chitón corazón, disfrutemos del buen tiempo juntas, que son pocos los momentos que tengo para disfrutar un rato contigo- se queja, como si ella hiciese esfuerzos por verme.
Se contoneó de forma sensual, haciendo que varios padres se fijaran en ella, como por ejemplo el padre de Violeta, el de Castiel y el de Armin.
Obviamente, las madres de mis amigos y amigas recibieron un codazo, cabreadas. Aunque, en el fondo, sabían que era inevitable. Mi madre era embriagadora con esa belleza natural que despreciaba lo normal. Cuando la veías sentías la necesidad de mirarla hasta que comprobases que era real. Supongo que era digna de envidiar.
- Buenos días, ¿es el restaurante Paul Bocuse?, quiero hacer una reserva- espero un poco a que le contestaran. –Para hoy, ahora a las dos y media. Y más le vale tener una mesa para Sophie Meller-
Esta mujer no cambiaría ni aunque le pagaran…
[…]
Razonar con esta mujer era como hacerlo con una pared. Totalmente inútil.
Camine en su busca, porque la había perdido, y solo me quedaba encontrarla y que no estuviese haciendo ningún daño por ahí, como siempre hacía. Me pare en seco y me frote la barbilla para pensar en las diversas opciones o al menos, intentar pensar como ella, ¿dónde se metería para hablar por teléfono o hacer de las suyas?
El despacho de la directora.
Probablemente se hubiese escondido ahí, estaría incluso hablando con ella de los asuntos que se había perdido, como le hecho de que querían sacarme del instituto si yo lo permitía, tras realizar un examen enorme de cada asignatura. Suspire cabreada y me moví directamente hacia el despacho de Shermasky. Pero cuando empecé mi camino, tuve que detenerlo. Enseguida fui aplacada por Amber y su sequito de tontas.
- ¿Qué?- dije cabreada. –No tengo tiempo para tus tonterías, mocosa.
- Oh, sí se rebela y todo- dice sonriente. –Vas a arrepentirte de lo que hiciste con Nathaniel.
- Estoy deseando verte intentarlo- sonreí más que ella.
La mirada de desafío que le había lanzado era más bien una amenaza silenciosa. Amber solo era una niñita que buscaba la atención de todos, quizás siempre estuvo a la sombra de su madre o quien sabe que la llevó a convertirse en eso. También podía ser que, simplemente, era una niñata y punto. Pero bueno, todo nos lleva a eso por algo, una acción, una consecuencia o una mala decisión. Y sabía eso mejor que nadie.
- Entonces vas a…
Entonces las puertas del despacho se abren, haciéndola callar, pensando que Shermasky era la que salía de allí.
Mi madre analizó, previamente, la situación y sonrió ipso-facto. Sabe que ellas no me agradan y que yo a ellas tampoco, tiene buen juicio y siempre suele acertar como he dicho antes, además, este momento de tensión y desafío no es el que tendrías con amigos de verdad. Aunque yo de eso carecía en gran mayoría.
Confiar en los demás solo era una trampa burda y absurda.
- Cariño, podemos irnos- dice vivaz e ignorándolas.
- Pero el evento escolar…- digo, contrariada al ver que ella ya está actuando por su cuenta sin tomarme la palabra o preguntarme.
- Ya, he hablado con la directora y he visto lo que habéis hecho- dice, pensativa. Seguramente buscando una palabra para definir la chaqueta. -Peculiar…-
Traducción: no le ha gustado la chaqueta de billetes que hemos hecho. Pero, conociéndola, no quiere decirlo abiertamente porque hace un montón de tiempo que no me ve y no quiere herir mis sentimientos.
Cosa bastante innecesaria, toda mi vida, prácticamente, ha hecho daño a mis sentimientos. Intentar enmendarlo ahora con estas palabras no va a hacer que todo desaparezca como si de comida se tratase. Además, ella es muy franca, me lo iba a soltar tarde o temprano. Sí o sí. En cualquier momento, era obvio que no iba a cortarse un pelo.
Reconozco que nuestro trabajo no es lo mejor que he visto en costura de inútiles, por mucho que esté Rosa, nos han dado poco tiempo y, mi fuerte y el de Karla, no es coser. También puedo asegurar que Kentin fuese fan de la costura.
- Sí, bueno, de acuerdo- digo fríamente. –Voy a recoger mis cosas.
- Te espero aquí, con tus amiguitas- que ironía tan dulce.
[…]
Cuando regreso, alzo la vista del suelo y veo a mi madre con una perturbadora sonrisa. Sus ojos se desvían a las tres y no presta atención a lo demás. Todas parecían bastante aturdidas y descolocadas. Seguro que había hecho alguna de las suyas y las había dejado patidifusas o peor, traumatizadas.
Fruncí el ceño y me acerqué lo más rápido que pude. Ni a mi peor enemigo le desearía un rato a solas con mi madre cuando tiene instinto protector.
- ¿Qué has hecho?- pregunto, bruscamente.
Ella sonríe inocente.
Mi madre no es la más santa del mundo, con el tiempo, ha madurado en el aspecto juzgador y se ha dedicado a detener los absurdos planes de los que intentan dañarla o hacerla quedar mal. Sé que es bueno para sus negocios, pero no me acostumbro a verla comportándose como yo, incluso peor.
- ¿Yo? ¿Por qué dices algo como eso, mi estrellita?
- No sé, ¿por qué nos conocemos?
Ella sonríe aún más, hasta el borde de dejar escapar una risa maliciosa que no me da buena señal.
Al menos Amber, y sus amiguitas, no han tenido tiempo de hacer alguna jugarreta y mi madre se ha puesto a la defensiva antes de que hiciesen o dijesen algo que pudieran lamentar por mi parte, pero de todas formas, aunque sea gracioso verle esas caras pálidas, me siento algo preocupada por el estado en el que las dejará luego de esto.
- No te preocupes, corazoncito, todo se ha arreglado ahora- dice con simpleza y restándole importancia al asunto. –Podemos irnos, he reservado también en una estética de las más famosas, luego del tratamiento de belleza, iremos de compras hasta la reservación en el Paul Bocuse.
Ya se ha hecho los planes solita. Cualquier cosa que diga será en vano, así que mejor rendirme.
[…]
Mi madre gana mucho dinero.
Es influente en todos los aspectos de la palabra y, por si fuera poco, es reconocida por varias personas por su trata de negocios y su estilo característico. Puedo juzgar, con solo con mirar los comportamientos tan increíbles que tiene el servicio de este local tan caro, que ella es importante para ellos. Además, casi han desalojado todo por una suma de diez mil euros que ella colocó en el mostrador sin miramientos.
- ¿De qué color quieres las uñas, bonita?- me dice la empleada con una sonrisa apacible.
- No sé, ¿negro?- digo sin una brecha de interés.
- ¿Negro?- pregunta mi madre escandalizada. -No, no, no y no. Ponle rojo pasión, resaltará su piel, gracias- dice mi madre, impidiendo que me queje.
Ruedo los ojos y me siento a su lado, en el sillón.
Otra chica ya está atendiéndola para hacerle la pedicura y ella está inmensamente feliz de este rato juntas, no entiendo porque si nunca aparece cuando debe hacerlo. Respiro con dificultad y me obligo a mi misma a encontrar un momento en el que ella haya hecho algo para aparecer en momentos importantes y, adivina que, no hay ninguno.
- Y dime, purpurina, ¿qué tal te va todo?-
¿Purpurina? ¿Es en serio?
- Bien- digo simplemente remangando mis vaqueros para que comiencen a atenderme y no me empapen la ropa.
- Estupendo, concreta más.
¿Concretar? ¿El qué?
No tengo gran cosa que decir. Nada en realidad, solo que mi vida se está desmoronando poco a poco y que Viktor se presentó ayer en mi casa con sabe quién que intenciones, que mi abuela es insoportable y mi madre aparece cuando menos lo necesito con sus apodos ridículos que deben ocurrírsele sobre la marcha porque si no debería pensar más lo que quiera llamarme.
- No sé qué quieres que te diga- contesto sinceramente.
- Entonces no te importará que haga yo las preguntas, ¿no?- sin tener tiempo a responder, ella se adelanta con su jueguecito de madre preocupada por su hija. -¿Y qué tal de chicos?-
Rodé los ojos irritada.
Esta mujer se dedicaba, simple y llanamente, a hacer y decir lo que le daba la gana. Se metía donde no la llamaban y atendía cuando no tenía que atender. Y por encima tenía que meterse en el tema de los chicos. Sabiendo ella, perfectamente bien, que la única persona a la que había amado me había roto en mil y que, desde entonces, mis sentimientos se volvieron una papilla en la que ya no había distinciones.
- No es de tu incumbencia- dije, fría, cortando cualquier comunicación y baje el rostro para mirar mis pies, donde aquella mujer limpiaba y cortaba las cutículas que sobraban.
- Oh…-
Esa reacción era típica, ella lo sabía tan bien como yo.
Siempre que venía, una vez cada año o quizás una vez cada dos, y siempre preguntaba por los chicos. Quería que le contase si alguien se había abierto paso a mi corazón, si mis sentimientos eran verdaderos o por alguien en especial con el que aún no había comenzado una relación. Quería saber si había superado a Viktor, si estaba mejor. Huyendo y eludiendo sus responsabilidades como madre, regresaba cuando el abismo me había absorbido, esperando que, con palabras de apoyo bastase para decirme que todo iría bien y me apoyaría. Tan fácil era hablar para ella, que quizás si se esforzaba un poco más le saliese una hernia.
- Entonces tú…
- Sí, estoy soltera y sin interés amoroso. Así que, deja el temita de una vez.
Ella simplemente se quedó callada y no volvió a hablar más en aquellas largas horas de tratamientos de belleza. Y supongo que, algo en el fondo de mí, deseaba que volviese a hablar e insistiese en ayudarme, pero, como me imaginaba, nada llegó por su parte.
[…]
Me mire al espejo y casi no me reconocí con tanto adornito en el pelo y en la cara.
Estaba vestida como una princesa de cuento de hadas. Ridículo. Parecía que iba a echar purpurina al caminar, o que iba a montar en unicornio de lo cursi que me sentía. El vestido era elegante, y aunque me costase admitirlo, era bonito. No llegaba a ser un vestido empleado para una celebración como una boda o un evento importante, pero sí que era despampanante y para algo como lo que íbamos a hacer hoy. Una ocasión especial, en cierto modo.
Tras bajar del coche me centre en revisar aquel lugar tan reconocido en Francia. El Paul Bocuse era uno de los restaurantes más cotizados, un lugar maravilloso y realmente caro, en el que, conseguir mesa, no era una tarea fácil. No entendía como habían cedido en darnos una mesa a tan pocas horas de la comida. Posiblemente hubiesen echado a alguien que llevaba más tiempo esperando y que no tenía tanto dinero como mi madre, aunque eses eran cosas que no podía jurar. Pero casi podía apostar y ganar…
Caminamos lentamente y me despiste entregando mi chaqueta el maître. Y cuando volví a centrarme, sin siquiera pestañear, mi madre ya había desaparecido, y eso, era simplemente genial si estuviera cerca de casa, por supuesto.
- Estupendo…- gruñí.
Rodé mis ojos. Estaba cabreada.
Recibí una mirada, lasciva, de aquel joven que simpáticamente había guardado mi chaqueta en el ropero, casi dándome indicios de que se había fijado en mí, podía jurar que, por sus formas era un chico de veinte y tantos años. Quizás podía acostarme con él… me lo pensaría en la comida mientras mi madre parloteaba. Sonreí para él, brillantemente.
Camine contoneando mis caderas para captar más su atención y la de otros jóvenes que estaban allí. Supongo que no podía evitar ser el centro de atención del género masculino. Mis pasos se esparcieron por el restaurante, intentando localizar a mi madre. Cuando por fin vi su figura en aquel conjunto sexy pero poco revelador supe que alguien la estaba reteniendo, y no en contra de su voluntad, eso desde luego.
Fruncí el ceño molesta y me encamine hacia ella.
Vislumbre la sorpresa de Kentin al verme llegar, también la de su madre y su padre, al parecer estaban comiendo con un importante personaje, que, seguramente, sería uno de los múltiples amantes de mi madre y alguien con el que querían hacer negocios.
- Oh, Sophie, ¿ella es tu hija?- me miro el hombre sonriente. -¡Sois iguales!- acercó su mano para tocarme el rostro.
Con un manotazo la retire antes de que hiciese contacto.
El hombre sonrió ampliamente, feliz. Mi gesto le había provocado risa, sin embargo yo no podía estar más seria y más cabreada por aquel acercamiento indebido por su parte, y también algo pérdida por su alegría inexplicable. Por otro lado, los padres de Kentin, y él mismo, se hallaban sorprendidos por mi acción. Mi madre, sin embargo, estaba muy tranquila con aquella sonrisa de satisfacción en su rostro que la caracterizaba generalmente.
- ¿Quién se supone que es usted?- fruncí el ceño.
- Yo soy…- dijo ese hombre, feliz de que preguntase por él.
- No, espere, déjeme adivinarlo- le interrumpí sin ganas de escuchar su discurso exhibicionista para presentarse ante mí. –Eres uno de los amantes de mi madre, ¿no?- ya no más educación para él.
Él quito la sonrisa instantáneamente de su cara y miró a mi madre, que estallo en carcajadas.
Ambos empezaron a reírse y, tanto la familia de Kentin, como Kentin y como yo no comprendimos a que venía esa felicidad luego de mi gesto tan maleducado. Si yo fuera él, probablemente estuviese bramando contra él cualquier insulto por ser tan maleducado o brusco conmigo cuando intento ser amable.
- Tenías razón cuando dijiste que era bastante insolente y dura con tus pretendientes…- dijo a mi madre, poniendo de nuevo esa irritante sonrisa en sus labios.
- Sí, te dije que se parecía a mí, ten cuidado que a veces muerde- bromeo mi madre, quitando leña al asunto.
Rodé mis ojos, por enésima o vigésima vez, en el día.
Mi madre era una estúpida cuando se trataba de hombres. Los seducía y jugaba con ellos, luego se arrepentía y les pedía que fueran serios hacia ella, que quería encontrar el amor, pero la muy estúpida no se decidía entre uno y otro porque le gustaban todos. Ninguno la entusiasmaba o le hacía sentir la chispa que buscaba y luego, me cargaba la culpa a mí.
- Si, bueno, dejad de hablar de mí como si no estuviera delante- me quejo molesta, mi ceño va a estallar si sigo frunciéndolo. –De todos modos, no te creas las patrañas que te cuenta- me cruzo de brazos.
- Cariñito, yo no cuento patrañas- dice mi madre divertida.
Claro que lo haces, hipócrita.
- Oh, sí que lo haces- le digo firmemente. -Recuerdo claramente las tonterías que Josh, Mario, Dave, Joel, Wilfred y todos los demás venían a preguntarme cuando los rechazabas. A uno le dijiste que yo dejaría de hablarte si te casabas con él.
Ella ríe divertida y entusiasma a aquel hombre, que la observa como si fuera lo más hermoso de este planeta.
Puedo jurar que este hombre está realmente enamorado de ella y no sabría decirte si mi madre siente algo por él o no, me transmite cosas que nunca me había transmitido, sobre todo con su radiante rostro, pero no puedo afirmarlo porque no tiene el brillo que tenía con papá hace años.
- Eso ya lo sabía- dice él. –Tu madre tiene multitud de pretendientes asi que, aunque intentes espantarme voy a quedarme- luego la mira y toma su mano. –Después de todo es normal que los tenga, es la más hermosa que he visto nunca.
- Voy a vomitar- dije, rodando mis ojos. –Podéis iros a un hotel a deciros cosas cursis y demostraros todo eso que tenéis acumulado, pero no lo hagáis delante de mí. No es agradable-
Ambos se ríen, seguramente acaben haciéndolo y yo tenga que regresar en autobús.
Creo que estos dos pueden ser tal para cual, sin duda que pueden serlo. La escena se desarrolla a los ojos de la familia de Kentin y él, que nos observan anonadados y sin entender un ápice de lo que está pasando. Pero ninguno de los adultos que charlan conmigo parecen interesados en explicarles la situación.
- Entonces debe de ser tan agradable como tú- me espeta sonriente.
Por alguna razón, su insolencia me hace sonreír. Tiene cojones a venir y enfrentarse a mí, eso me resulta interesante.
- Puede que me llegues a convencer, viejo- digo simplemente, cruzando mis brazos sobre mi pecho.
Sus ojos se emocionan de sobremanera, supongo que está feliz de que su atrevimiento haya servido para acercarse a mí, pero que no cante victoria, esto no ha terminado y, aunque mi madre lo quiera y a mí me la resbale con quien esté, yo soy muy vengativa y muy malvada con los hombres, así que puedo hacerle la vida imposible si actua mal.
- ¿No es divertida?- le dice a él. -¡Eres tan insolente como yo! ¿Verdad, pastelito?
- Sí, sí, ahora podemos ir a nuestra mesa y comer de una vez, quiero irme de aquí-
El hombre parece iluminarse en felicidad.
Lo sabía. Esto no era una mísera comida familiar, era una maldita presentación de otro candidato que yo debía juzgar para mi madre. Seré estúpida… ¡debí haber caído antes!
- ¿Por qué no coméis con nosotros?- pregunta el hombre. –Me encantaría seguir charlando contigo, Sucrette-
Mis ojos se abren sorpresivamente al saber que cada vez que este hombre habla, mis dudas se evaporan. La maldita madre que parió a la mía, me iba a… joder, debo relajarme si no haré una escena de Kentin y no necesito otra con él delante.
- No- Rechazo fríamente.
- ¿No?-
- No- vuelvo a decir para que se le meta en la cabeza.
Que me haya gustado no significa que me apetezca tener que hablar con mi madre enfrente de él y mis "suegrecitos", esto no es para nada agradable y mucho menos tener que hablar como si quisiera ser amable con mi madre para quedar bien delante de ellos.
- ¿Por qué no?- pregunta divertido.
- Tú estás ocupado con los padres de Kentin- hago un gesto con la cabeza en su dirección, para recordarles a todos, su presencia.
- Era una simple comida de negocios y de viejos amigos, pero si eres convincente decidiré en función de ti, ya que os conocéis- dice sonriente. –Además, a ellos seguro que no les importa.
A regañadientes, acabo accediendo con sus miradas todas clavadas sobre mí suplicando con que acepte y disfrutemos de una buena comida entre amigos.
Kentin me mira suplicando explicaciones, puedo imaginarme que busca explicaciones de todo lo que pasa ahora y pasó ayer. Y yo, no dudo en contestar con un gesto que le indique que se quede tranquilo y que hablaremos después. Sus padres parecen más aliviados cuando acepto hacer esto por ellos y miro a mi madre con cansancio.
- Bien, pero nuestra reserv…
- Sí, me encargaré de eso- dice convincente.
Y nos deja estancadas en medio del restaurante, esperando a que lo arregle todo él por su cuenta.
Mi madre no tarda en codearme, feliz y animada. Ignorando cualquier mirada que pongan a sus gestos inmaduros. Incluso aunque es consciente de que estamos siendo el centro de atención, como siempre, no se controla y gesticula un montón para darles a entender que está como una cabra o bueno, lo que intente demostrarles con esos gestos tan raros y típicos de ella.
- Un buen partido, ¿no?- me pregunta, deseando conocer mi opinión.
- Me da igual, madre- digo suspirando. –Puedes al menos comportarte como una adulta, por favor-
- Ya me comporto como una, si se te olvida lo soy- dice riendo. –Aunque me siento como una adolescente cuando…
Oh no, tengo que interrumpirla.
- Recuerda que tus anécdotas no son solo para mí, hay más gente, y ni siquiera hemos saludado o te has presentado educadamente, ¿sabes?
Ella cae en cuenta de mis palabras como si de un balde de agua fría se tratase.
Guardándose sus anécdotas sexuales, haciendo que mi cara cambie a una de alivio, comienzan las presentaciones en el tiempo que le lleva a aquel hombre regresar con los camareros que prepararon rápidamente un sitio para nosotras dos.
- Por cierto, pequeña Sucrette, soy Alfred- se presenta también al ver que mi madre lo ha hecho con sus viejos amigos.
- Hm, el placer es tuyo- digo, desinteresada, devolviéndole la pulla.
Ambos estallan en risas y casi siento al padre de Kentin ahogándose con la copa al oir mi expresión de maleducada.
Alzo una ceja hacia él y le inquiero con la mirada si se encuentra bien, él asiente mientras su mujer le da unas palmaditas en su espalda y decido comportarme al estar ellos delante. No soy tan libre si hay más gente, me hubiese gustado conocerle a solas, eso sería realmente la guerra.
- Siento mi comportamiento- digo, mirando hacia la familia de Kentin. –Simplemente me saca de quicio que mi madre se comporte como una adolescente hormonada y me haga encerronas, lamento mis futuros y pasados comentarios-
Hago una pequeña reverencia educada, disculpándome y mostrando mis impecables modales hacia ellos, que sonríen al ver que vuelvo a ser la chica que ellos conocieron en el Sweet Amoris.
- No pasa nada, bonita- dice la madre de Kentin sonriendo.
Como siempre, esa mujer es la fragilidad en persona.
Aparenta una niña pequeña por lo que es difícil verla como alguien adulto, además, es tan dulce que piensas que realmente no se merecería ningún daño posible. Decido ignorar esos pensamientos y enfocar a mi madre a socializar con los padres de Kentin, para que él se piense que intento que se conozcan y que creo en nuestra relación de cara al futuro. También porque eso aliviará la tensión con su padre por mi anterior comportamiento.
- De todos modos, seguro que usted- digo mirando hacia el padre de Kentin. –Está interesado en charlar con mi madre, pues hoy aplacó a Amber.
Mi madre me mira fijamente y alza una ceja curiosa.
Al principio se queda en silencio y luego la cara se le ilumina, seguramente no sabía de quien le estaba hablando porque en ningún momento les hable de ellas y tampoco pronuncié sus nombres en el instituto cuando nos encontró en esa situación.
- ¿Amber? ¡Oh ya sé! ¡Te refieres a la niñita rubia!- ríe. –Te he dicho que no tenías de que preocuparte.
- Simplemente me preocupa que hayas podido traumatizar a la niña, no quiero denuncias, madre-
Mi madre estalla en risas y en seguida, capta la atención del padre de Kentin, que comienza a charlar con ella sobre los comentarios que ha hecho mi madre a Amber. Solo la ha asustado, dice mi madre, pero no me creo que eso sea así…
[…]
Kentin y yo no estamos realmente poniendo la antena, además, es muy difícil mantener una conversación con él si todos ellos nos van a prestar atención, así que, simplemente no hablamos.
Lo tengo justo en frente y sé que se está aburriendo tanto como yo. Hablan sobre cosas de negocios que no estoy escuchando y mi madre, deliberadamente, ha decidido que su opinión debe tener peso sobre ambos porque es una experta en negocios. Así que, se está dedicando a pisar sus opiniones e intentando imponer las suyas al resto. Nunca va a cambiar.
No tengo nada que hacer, ya que estamos en el postre, así que simplemente empiezo a mover mis piernas por debajo de la mesa, hasta que se me ocurre una idea bastante brillante, incluso aunque no tengo esa relación, todavía, con Kentin. Puede que sea lo mejor para comenzarla.
Mi sonrisa se extiende por el largo de mi cara y lo veo extrañarse, ya que se ha pasado media comida observándome fijamente, con preocupación, anhelo y deseo, y solo me ha visto seria y perdida en el hilo de mis pensamientos, por ello, puedo leer que simplemente está curioso por mi cambio de expresión.
Descalzo mi pie derecho y me acerco hacia adelante con la silla, calculando la distancia hacía él. Coloco mi pie, guardado en aquellas medias de piel, y lo deslizo, a lo largo de su pierna, subiendo desde su rodilla a su entrepierna y frenándome en el centro. El sobresalto que pega, hace que todos observen al chico, que está rojísimo de pronto y casi tira los vasos de la mesa.
- ¿Sucede algo, hijo?- su padre, obviamente, con voz tosca lo mira fijamente.
- Err…- me mira y yo hago un gesto de silencio hacia él. –N-no, n-no, so-sol-lo me ha dad-do un calambre- dice nervioso.
A medida que habla su voz se va extinguiendo cada vez más, desciende de grave a aguda y me hace tener que aguantarme para no partirme de risa. Sí que causo un efecto en él demasiado fuerte.
Él me mira asombrado y continuó moviendo mi pie, frotando aquella zona que seguramente estaba reaccionando ante mí lentamente y poniéndose más y más contenta. Sonreí victoriosa al verle retorcerse de aquella forma tan perfecta ante mis ojos. Que reaccionase de esa forma a mi simple toque con el pie, mientras lo frotaba con lentitud y seguridad, me hacía sentir poderosa y sexy.
Los bruscos intentos por disimular, alarmaban a todos, sin embargo, nadie sospechaba de mí, que estaba "atendiendo a la conversación", con muchas ansias, visiblemente. Aunque, de vez en cuando, por el rabillo del ojo me detenía a mirar su rostro contraído de placer y de vergüenza. Era sexy.
En un momento dado, hice presión y soltó un gemido audible para toda la mesa.
- ¿Hijo?- esta vez fue su madre quien le miro, pero con preocupación.
- M-me duele el estómago, lo siento-
Yo casi me rió, pero me obligue a mirarlo tan bien con preocupación.
- ¿Sucede algo, Kentin?
El casi me fulmina con la mirada llena de indignación, por mi tono inocente y preocupado.
Pero era demasiado gracioso como para dejarlo pasar e ignorar ese rostro completamente ruborizado y placentero. Meterme con él era divertido. En mi defensa, ese gemido me había hecho sonreír y me había motivado a continuar con mi masaje en estes momentos.
- N-no- contesto a regañadientes y casi matándome con la mirada.
Mi madre nos miró intrigada, pero desvió la mirada y dijo que simplemente esperaba que se recuperara y que si le sucedía algo, avisase, que ellos volverían al tema tratado. La autoritaria forma de mi madre hizo que todos aceptasen y solo nos dejó a Kentin y a mí atendiéndonos mutuamente.
Mi pie se presionó lentamente en círculos ahora, y froto mucho más rápido de lo que había hecho antes, haciendo que él se removiese aún más. Casi podía sentirlo removerse incómodo. Pero, mi placer acabo muy rápido.
Kentin se levantó bruscamente.
Me puse el tacón con rapidez y todos llevamos nuestra atención a él, yo fingí que lo hacía al mismo tiempo que ellos y que no tenía ni idea de que estaba pasándole al castaño.
- Y-yo, e-sto, ¡lo siento! ¡voy a irme unos minutos a respirar fuera!
- ¿Estás bien, hijo?- preguntó su padre, pero Kentin ya había desaparecido por el pasillo del restaurante. Causando en mí una sonrisa de placer.
Me levante también y puse una mueca de preocupación, que fue creíble para todos menos para mi madre que, con sus inquisitivos ojos, me siguió buscando una explicación que no iba a llegar.
Sabía perfectamente que iba a abordarme cuando estuviéramos a solas, pero mi curiosidad por Kentin corriendo hacia el baño para aliviar tensiones o su rostro completamente ruborizado y avergonzado me hacía querer irme detrás de él para saciarme.
- Voy a ver si está bien- dije como una buena samaritana.
- Gracias- dijo su madre, preocupadísima por él. –Si le sucede algo, avísanos por favor-
Asentí concienzudamente y me fui detrás de él.
Camine lejos de ellos con paso lento, moviendo lentamente mis caderas y disfrutando del trayecto, imaginándome su rostro en estos momentos. La sonrisa se extendió cuando pude pensar en la probabilidad de tener sexo con él en el Paul Bocuse y supe perfectamente de cuanto iba a disfrutar de este momento en especial.
[…]
Llegue a las puertas y no vi a Kentin, estaba segura de que había ido al baño.
Sin que nadie me viese, me cole en la estancia para hombres y busque por debajo de las puertas sus zapatos del traje tan elegante que se había puesto, cuando los localice le di a la manilla y vi que estaba abierta.
- ¿Qué tal tu estomago?- bromee.
Kentin, quien estaba sujetando su palpitante miembro me observo más rojo que el cabello de Castiel y trato de taparse tras soltar un gritito de indignación, sorpresa y vergüenza. Me costó aguantar la risa pero lo conseguí y entre al cubículo con él, cerrando con llave, ahora sí.
- ¿¡Q-qué haces aquí!?- tartamudeo nervioso.
- Vengo a ayudarte con el problema que causé- bromee.
El militar me miró fijamente y sus mejillas se colorearon un poco más, si era posible que lo hicieran, porque su sonrojo llegaba ya hasta las orejas y me parecía super gracioso.
- ¿Q-qué?
- ¿No quieres… hacerlo conmigo?- pregunté, tonteando con la tristeza y la gracia que tenía en mi interior. Manipularlo iba a ser fácil.
- P-por supuesto- gruñó. –Es solo que…
No espere demasiado y me incline para cerrar la tapa del baño y me volvi a poner recta para mirarle a los ojos.
- ¿Qué?- pregunté. –Pensé que te resultaba… atractiva- dije en un suspiro triste.
- ¡Claro que eres atractiva!-
Iba a tocarme la cara, pero, automáticamente alejó sus manos.
Sabía perfectamente que había sentido repulsión de sí mismo por haberle pillado a punto de masturbarse, obviamente pensando en mí, aunque la Sucrette que le gustaba jamás lo diría en voz alta, él suponía que yo me lo imaginaría, además, probablemente, no le gustase tocarme con las manos de agarrársela con firmeza.
- Entonces solo… ¿probamos con ropa?
- ¿Eh?- preguntó sin comprender.
Le empuje suavemente, obligándole a sentarse en la tapa del inodoro.
Él permaneció inquieto y nervioso y me agache un poco para subir sus pantalones, pero él, obviamente, interpretó que yo iba a hacer algo más. A mí no me importo que él lo malinterpretase porque iba a tener que acostumbrarse, me gustaba el sexo oral y esperaba practicarlo con él, muuuuchas veces.
- ¿Q-qué haces? ¡Espera!
- Relájate, iba a subirte los boxers- dije simplemente. –Si tú quieres que sea especial o vayamos lento, podemos empezar con sexo con ropa… lo leí en un libro- dije, encogiéndome de hombros. –Además, yo causé esto, voy a arreglarle y deseo intimar más contigo.
Subí sus boxers mientras él procesaba mis palabras.
Estaba rojísimo todavía y su timidez pasaba factura, supongo que el ideal de un romántico no es tener sexo en el baño de un restaurante, dando igual lo cara que fuese o lo prestigioso que se hablase que era. Me sujete el dobladillo del vestido y subí un poco, para situarme encima de su bóxer, donde su amiguito, grande, descansaba guardado.
- ¡S-Su!- gimió.
- Con ropa, avisa cuando vayas a… bueno, ya sabes- pronuncie, fingiendo vergüenza.
Entonces, en ese momento clave, cerró mis ojos con fuerza y choque nuestros labios en un beso. Uno que era decidido y pasional, ardiente.
Quería quemarle y ansiarle más, demostrarle las ganas que tenía de que se soltase y se dejase llevar por mí, que avanzásemos, en nuestra relación, un poco más. Kentin no dudo en corresponderme el beso lleno de nervios y dudas y en ese momento, con una mano me sujete a su cuello y con la otra conduje una de las suyas a aferrar mis caderas, para que no resbalase en cualquier circunstancia que fuese a darse en los momentos siguientes.
En medio del beso, cuando él guio sus manos a mis caderas, comencé el vaivén.
Frote mis bragas delgadas y finas contra su pene duro y oculto. Mis movimientos hicieron que Kentin se separase gimiendo roncamente por la sorpresa de mis movimientos.
Me miró a los ojos, y los entrecerró, echando la cabeza hacia atrás y apretando mi vestido colocado en mis caderas. Me aferre más a él y me dedique a besar su cuello, totalmente expuesto a mí, mientras mis movimientos de delante hacia atrás continuaban.
Mis labios rozaban su cuello y Kentin se retorcía suavemente, temblando ante las nuevas sensaciones que estaba experimentando, me notaba húmeda y sabía que lo estaba disfrutando como él que seguía produciendo pequeños sonidos excitantes y se revolvía como loco por tenerme tan cerca.
Mis caderas se movían cada vez más rápido, tenía un buen ritmo, uno sensual y contoneado, que excitaba cada vez más cada glándula de mí.
Gemí al sentir casi mi éxtasis llegar.
- V-voy a…
Me separé corriendo y libere su erección, para posar mi mano y masajearlo suavemente, terminando por masturbarle rápidamente con la mano. Haciendo que Kentin gimiese fuertemente al son de mi mano. No tardo en correrse y dejar mi mano pegajosa. Sonreí, ya no quedaba nada para hacerle disfrutar.
[…]
Salimos del baño ambos, yo primero y él después.
Mande un mensaje a mi madre ipso-facto y le avise de que saldríamos a la terraza a tomar unas bebidas y hablar como amigos que éramos, ella respondió rápido y se interesó por su salud, le dije que estaba mejor y que se encargará ella de pagar nuestras bebidas caras, me afirmó que lo haría y deje mi móvil inmovilizado en la mesa.
Le sonreí quedamente y con ternura, Kentin simplemente me miró avergonzado.
- Me estoy sintiendo mal…
- ¿Por qué?- digo curiosa. –¿No te ha gustado?- digo incrédula y preocupada.
- N-no es eso- dice nervioso. –Me ha encantado- sus mejillas se colorean de un rojo y pone esa cara tan mona cuando le gusta algo y se siente avergonzado. –Es que tú…
Sonrió.
Es dulce por su parte preocuparse por mi placer, pero si me conociera realmente sabría que esto no va a quedar así y va a compensarme por cinco.
- Está bien, tenemos mucho tiempo para seguir, ¿no?
Asiente algo avergonzado y desvía la mirada, para dar un sorbo a su bebida.
Mi sonrisa ilumina mi cara y visualizo las vistas, para dejar de mirarle y darle un espacio para asimilar lo que está pasando entre nosotros y que asuma que hemos dado un paso bastante grande en nuestra relación.
Luego de un rato, Kentin se relaja y me observa fijamente, noto su mirada y creo que podemos hablar algo ahora.
- Puedo… hablar contigo- dice, más serio.
Le miro a los ojos y asiento con una enorme sonrisa.
Me gusta mucho cuando se normaliza e intenta actuar normal conmigo, como si fuésemos amigos, le cuesta y hace cosas muy monas, supongo que me gusta que sea tímido, lo hace entretenido para mí. Me recordaba a mí cuando estaba con Viktor.
En seguida, retiro a ese tío de mis pensamientos y le miro curiosa, diciéndole con la mirada que proceda. Gesto que entiende y cumple.
- ¿Qué hacías ayer con Viktor? ¿Qué te angustió tanto como para llorar? Porque si fue él, te juro que yo voy a…-
Mi sonrisa desaparece mi rostro, mágicamente el ambiente tan cómodo que había entre ambos se ha roto. No me agrada absolutamente nada como ha metido el dedo en la llaga, no quiero hablar de él. No quiero hablar de él nunca más. ¡Él solo me causa desgracias! ¡¿Por qué no puede ignorarlo?! ¡¿Por qué lo estropea ahora Kentin?!
- ¿Por qué os empeñáis todos en sacarlo?- gruñó malhumorada. –No lo entiendo, de verdad que no lo hago.
Me levanto de mi sitio y dispuesta a seguir despotricando, una mano me detiene.
- Asi que, ayer le viste- es mi madre.
Desvió los ojos hacia ella sorprendida y abro la boca un poco para protestar.
- Está bien, siento que tengamos que irnos Kentin, tus padres también están esperando por nosotros, por cierto, he invitado yo a la bebida, espero que tengamos ocasión de hablar, nuero y por el momento evita el tema de lo de ayer- dice mi madre sin siquiera saber que sucede.
Kentin intenta hablar, pero yo me giro, dolida y herida.
El dolor en mis ojos le hace daño y camina hacia mí preocupado. Mi madre quiere intervenir, pero se queda quieta, quizás para no dejar a Kentin preocupado o quizás porque yo no la mate luego.
- Lo siento, yo solo…
- Solo quieres meterte en eso, no ha pasado nada- digo fríamente. –Nunca pasará nada, solo acepta que te quiero y no intervengas con lo que ese capullo diga en frente de mí. Te hablaré de él cuando quiera, pero no hoy. Olvídalo, vale-
Y sabiendo que voy a dejarle preocupado me encamino lejos de ellos dos.
Sé que mi madre va a justificarme delante de él, va a decirle cosas como que estoy bastante cabreada con él y que nos llevamos mal ahora, no sé, pero ahora mismo no quiero saber nada, solo quiero alejarme y recomponer el golpe de que Viktor haya regresado hasta a Kentin.
[…]
- Estoy molesto, ¿sabes?-
- Hm-
Continuó tumbada en su cama mientras escondo mis llorosos ojos bajo mi brazo.
Noto como el colchón se hunde a mi lado y sé que se ha tumbado conmigo y está mirando hacia el techo, me tranquiliza que él se quede aquí y no presione con el temita que me ha hecho llorar durante dos horas. Él me entiende y sabe que conmigo insistir, no es bueno y termino enfadándome.
Él me da espacio y apoyo. Me hace bien sentir confianza, incluso aunque sea un hombre.
Después de que mi madre me llevase a casa, cogí mi ropa en las bolsas de atrás y corrí escaleras arriba, ignorando plenamente sus ganas de saltar contra mí y abordarme a preguntas. Yo no quería hablar ahora y nadie iba a obligarme.
No me dio tiempo ni de reaccionar y ya estaba en su casa.
- Me dijiste que ibas a subir a verme ayer, y has subido hoy, ya van 24 horas- dice divertido haciendo un drama.
- Eres un idiota- digo, rodando para mirarle a los ojos, destapando mis ojos rojizos por el llanto.
Se gira también, para mirarme a los ojos e, instantáneamente, acaricia mi cabello dulcemente para demostrarme mi apoyo. Cuando deja de hacerlo, sonríe burlón hacia mí.
- Entonces, ¿vas a seducirme con ese rostro humano? ¿Es tu nueva estrategia?
Me rió ahogadamente por el chistecillo, Ryo simplemente sabe hacerme reir cuando lo necesito…
Y hasta aquí el capítulo, catorce páginas preciosas que me han llevado solo un día y unas horitas gigantescas de ayer que me consumieron la noche entera JAJAJA.
Respiramos hondo y dejamos mis rollos de cuanto me ha llevado escribirlo y corregir lo que no me gustaba y esas cosas… en fin, centrémonos.
¿Qué os parece su madre? A mí me gusta mucho su carácter y que sea tan libre, que se comporte como una niña y que no tenga reparo en hablar de su sexualidad me hace más gracia todavía.
Supongo que a las fans de Kentin las vuelvo a dejar con intriga, pero os he compensado, así que… espero que os baste, porque después de esto viene lo grande con Kentin y estoy investigando que podría hacer.
¿Alguna sugerencia? Jajajaja, quizás os escuche un poco… porque ya sabéis que al final hago lo que me da la gana.
En fin, espero que os haya gustado y no olvidéis decírmelo en los comentarios y seguir petando los comentarios, ¡qué lo habéis hecho demasiado pronto! JAJAJA
Os amo mucho, Sucrettes.
DEJAD REVIEWS.
¿Cuántos reviews me merezco?
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¡Venga! ¡Nosotras podemos!
