¡Hola, hola, hola, soyNoah!

Estamos aquí, con un nuevo capítulo de Ninfomanía.

He traído un capítulo con salseo, lo es, lo juro, después de todo es hora de meterse de lleno, solo quedan dos chicos que no han tenido sexo y, bueno, creo que es mejor que vaya apresurándome para entrar un poco en el rollo de introducirme con los chicos y que veáis un poco como es su relación y vayáis intuyendo con quien se queda.

Después de todas estas palabras rollo, disfrutad.


Disclaimer:

Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.

Los personajes de AnticLove, son de sus creadores tan buenos. Créditos reservados a ellos y usados con ánimo de lucro.

Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.


Viktor

[Me pidió un instante, y acepté, solo quería quedarme con él]

- Ryo…- gruñí, intentando retirarme sus brazos de encima con brusquedad. -¡Ryo!- gruñí de nuevo, bajo su peso.

Me estaba aplastando.

La mitad de su cuerpo estaba pegadísimo al mío, sus brazos abrazaban mi cintura y, si era poco para mí tenerlo con abrazo oso de brazos y manos, sus piernas también estaban envolviéndome como si soltarme fuera horrible para él.

- ¡Ryo!- grite, zarandeándome lo más lejos posible de él.

- Cinco minutos más-

- ¡Que me sueltes! ¡Nos hemos quedado dormidos!- gruñí.

- Hm… si nos hemos dormido, un poco más no se nota, cinco minutos-

Estaba completamente adormilado y me estaba sobando demasiado.

Fruncí el ceño y me incline para ver el reloj. Eran las doce de la mañana, cierto era que ya nos habíamos perdido la mayor parte de la jornada de clases y que cinco minutos más no importaban. Ayer había acudido a él porque me transmitía seguridad y porque él me entendería cuando yo le hablase de lo que me preocupaba o dolía, él había escuchado cada palabra y me había abrazado cuando lo necesitaba, dejándome espacio si era necesario y no presionándome. No me juzgó y me consoló como nadie lo había hecho.

Me había dicho lo que necesitaba oir hace demasiado tiempo.

- Vale- renuncie y volví a acomodarme en la cama.

- Hm, buenas noches.

- ¡Eran cinco minutos!

- Buenas noches, dije- y volvió a acostarse y hundirme bajo su brazo.

Era simplemente idiota.

[…]

Removí el cereal e introduje una cucharada en mi boca.

Casi había estado veinte minutos intentando quitármelo de encima, ¡lo juro! Él simplemente había estado roncando en mi oído mientras me apretaba más y, cuanto más me zarandeaba para alejarle, más se cernía a invadir mi espacio corporal.

- Buenos días- dijo bostezando y rascando su estómago.

- Dijiste cinco minutos- reproché.

- ¿Y fueron cinco, no?- dijo como si nada, dejándose caer a mi lado en otra silla.

Miro fijamente mis cereales y yo los alejé de él.

Sabía que iba a intentar zampárselos o al menos darles una probada, fruncí el ceño y comí otra cucharada como si todo fuera mío. Él debería prepararse su cuenco sin intentar comer del mío como lo había hecho en la cena con su madre por pereza de levantarse hasta la cocina para volver a servirse.

- Esos son mis cereales- me recuerda.

- Ahora son míos- digo, introduciendo otra cucharada en mi boca.

Él sonríe y se inclina hacia mí, para intentar robármelos, pero los alejo cada vez más de él.

Me siento cómoda en este lugar. Ryo hace que este espacio desconocido se vuelva un ambiente seguro. Me siento relajada y me hace sentir mejor saber que alguien realmente me quiere, aunque sea una auténtica zorra, él me acepta y me acoge en su ambiente para hacérmelo más llevadero.

- Quiero comer algo- dice. Más bien se queja.

- Come, es tu casa- ruedo los ojos.

Él se ríe y se levanta rápidamente para prepararse un cuenco de cereales también.

Cuando los prepara, en silencio cómodo rodeándonos, respiró hondo y meto otra cucharada en mi boca, disfrutando cada mordisco que hago para triturarlos bien, mis ojos van hacia al techo y me quedo pensando en todo lo que me está pasando estos días. No es mi mejor momento…

- Ayer… Skylar me llamó.

Nos miramos a los ojos y no sabemos que decirnos ahora.

Sin embargo nada de eso es un problema, entiendo que se tome su espacio para asimilarlo y que me lo deje a mí para que calme mis dudas y preguntas, miró hacia todos lados y resoplo suavemente mientras intento descubrir que es lo que debo decir en esta situación. Devuelvo mi vista al cuenco y preguntó con calma y sin insistencia.

- ¿Y qué pasó?

Se toma unos segundos y se sienta en frente de mí, con su cuenco de cereales y su cuchara. Mastica suavemente y termina el bocado para darme una respuesta.

- Nada, solo me hablo de su relación con Viktor y me pidió que nos viésemos.

Indagar en eso es demasiado hasta para mí y mi curiosidad. Aunque debo admitir que me muero por conocer los detalles, sé que él hubiese dicho algo más con respecto a eso si quisiese hacerlo.

Ryo era como yo. Yo era como Ryo. Nos guardábamos todo hasta que nos explotaba en la cara y, cuándo eso pasaba, terminábamos por derretirnos en la ansiedad de la desesperación.

- Nunca me contaste porque rompisteis- digo, cambiando el contexto y cediendo a mi curiosidad.

Él sonríe y toma una cucharada de los cereales, otra vez.

Mastica con calma y me deja con las dudas de saber qué demonios ha pasado entre ellos. La impaciencia corre por mis venas y me sobresalto en mi interior, queriendo saber que pasó entre ellos dos desesperadamente, que es tan terrible para que hubiese cedido a mi ira y mis caprichos.

- ¡Contéstame!- digo indignada.

- Yo me iba, ella se iba, no queríamos alejarnos pero debíamos. Tomamos nuestros propios caminos y nos disgustamos- dijo encogiéndose de hombros. –No podía ser en ese entonces.

- ¿Te gusta?- preguntó, llena de curiosidad podrida.

- Meh…

[…]

La conversación sobre Skylar no iba a ningún lado.

Él simplemente se negaba contestar todas mis preguntas, no hablaba sobre nada y tampoco me daba a entender que sus sentimientos seguían o no, siendo verdaderos o simplemente cenizas que jamás se encenderían.

En mí, en el fondo de mi interior, sabía y respetaba sus decisiones, pero como siempre, no podía aceptar estar llena de dudas molestas que querían ser resueltas cuanto antes fuese posible.

- No entiendo porque esquivas mis preguntas- digo. –Yo respondí las tuyas.

- No las estoy esquivando- dice, simplemente, para cambiar de canal aburrido.

- Respondes con evasivas- reprendo, arrebatándole el mando.

- Bien- rueda los ojos para mí. -Porque no hay nada que decir-

Frunzo el ceño y mis mejillas se hinchan de ira.

Ryo es misterioso, no me esperaba eso de él, incluso aunque fuésemos iguales, supongo que tenía la imagen de chico que se iba de duro y era popular en su universidad, como lo era yo en el fondo, pero nunca me hubiese esperado que fuese alguien tan inaccesible con sus temas privados y sensibles, yo siempre terminaba soltando lo que me hundía en la más absoluta y profunda mierda.

Era humana después de todo.

- Estás linda así- dice, obviamente, burlándose de mí e intentando arrebatarme el mando.

- Ryo, de verdad que no te entiendo- gruñó tirando el mando lejos de él.

El sonido del mando impactando contra el suelo no nos sobresalta, es obvio que ha hecho un ruido fuerte en aquel silencio que nos rodeaba nada más tocar el suelo y desperdigar las pilas y la tapa.

- ¡Mira qué suerte! Yo tampoco te entiendo a ti- dijo riéndose.

Yo pestañeo rápidamente, confusa por esa confesión tan burlesca que él me ha dado.

No me considero difícil de entender cuando estoy con él, soy bastante directa y le he dicho siempre lo que pasa con mi cabeza. Puedo asegurar que se ha vuelto uno de mis amigos con este tiempo y un confidente que no quiero perder. Alguien por el que pelearía si alguien me lo quisiese quitar.

- Si respondo a tus preguntas para que logres entenderme, me contestarás lo que yo quiero saber-

Negoció. No muy hábil. Creo que él sabe todo lo que tiene que saber sobre mí, es más, sabemos ambos que sin este juego yo le contaría todo si me lo preguntase, estaba dispuesta a abrirme ante él.

- Hm, depende-

- ¿De qué putas depende?- preguntó molesta.

Él ríe más fuerte que antes y pasa su brazo por encima de mis hombros, acomodándose en el sofá muy bien y más cerca de mí.

A veces creo que él simplemente está jugando conmigo, y no me gusta la sensación que produce en mí este estúpido juego, me hace sentir vulnerable, una adolescente estúpida que se preocupa por las imbecilidades más grandes del mundo. Es inútil que yo me sienta así, no sirve de nada, solo sirve para preocuparme y meterme en una espiral que me arrastra lejos de él.

- ¿Estás dispuesta a llegar hasta lo más oscuro de ti misma para conocerme?- preguntó.

Esta vez su sonrisa ya no adornaba su rostro.

¿Estaba realmente dispuesta? ¿Incluso si indagaba en lo más profundo de mí? No creía que eso pudiese suceder, aunque había muchas probabilidades, todas ellas se agrupaban y me dejaban una respuesta negativa, que me decía rencorosamente que no confiará en nadie, y otra positiva que me decía que podía confiar en la gente, que había gente buena en el mundo. Que había gente buena para mí.

A pesar de que las voces negativas eran más fuertes, cedí dudosamente.

- Hm, sí.

- Eres demasiado curiosa- parece pensárselo con aquella sonrisita bailando entre sus labios. –Bien, entonces comienza.

Supongo que la emoción me embarga.

Saber cosas sobre él puede ayudarme a conocerle más y saber cosas siempre me ha gustado, por lo que no me importa tener que abrirme a alguien que ya debe de estar harto de saber mis peores cosas sobre mí. Abrirme a alguien que siempre me ha abierto sus puertas.

- ¿Quieres a Skylar de vuelta?- pregunte.

Reflexiona suavemente y, aun abrazándome, permanece pensativo, mirando hacia una de las esquinas de la habitación. Mis ojos se reflejan en curiosidad y me niego si quiera a decir algo que pueda interrumpir su sincera respuesta. Sé que va a responderme sinceramente.

- Depende de la situación y el contexto- dice. –Sé que puedo arrastrarme a ella otra vez, pero quiero superarlo y, sinceramente, estoy deseando cerrar esta puerta-

El silencio nos embarga.

Sé que no debo decir nada, eso podría interrumpir su historia y su discurso, no quiero que cierre las puertas y se calle, quiero que se abra completamente, que confíe en mí como yo estoy haciendo con él. Si yo, que he odiado al mundo y no he confiado al cien por cien en nadie lo estaba intentando, quería que me pagasen con la misma moneda.

- Yo solo quiero olvidarlo.- Dijo, sorprendiendo a mi corazón en un latido interminablemente lento. -¿Quién es el culpable en tu historia, Sucrette?

Creo que jamás me había planteado eso.

No puedo encontrar una respuesta a ello. En ese momento, yo había perdido el juego y no podía preguntarle a él. Porque en el fondo sabía que no iba a gustarme la respuesta que tenía que darle. Sin embargo, me dispuse a pensar y a contestar lo que realmente creía.

- El culpable es…-

Y sé lo confesé.

Por primera vez en mi vida hable con alguien sobre mis miedos e inseguridades, le conté la verdad. La única verdad inamovible.

[…]

+33600210000

Necesitamos hablar…

¿Podemos vernos en el hotel de la ciudad a las cinco y media?

-Viktor.

Incluso aunque algo dentro de mí me gritaba que no fuese allí, sentía la imperiosa necesidad de correr hacia él y abrazarle hasta que mis brazos se cayesen por apretarle contra mí. Que se entumeciesen del esfuerzo por mantenerlo conmigo.

Camine hacia casa y nada más llegar, pude observar como todo estaba impoluto y, en el recibidor, en el cuenco donde acostumbraba a dejar las llaves, había una nota, de mi abuela, donde relataba que había decidido irse y que sentía haberme alterado, pero que debía superarlo y que ella me tendería la mano si algo sucedía. Rodé los ojos molesta y avance hacia mi habitación, para pensar que hacer, para ver si encaraba a Viktor o simplemente seguía huyendo. Claramente debía hacer algo, algo que ni yo entendía que debería hacer.

Mi cama se sentía mullida y caliente, aquellas sábanas aterciopeladas eran increíblemente suaves y me recordé que quizás debía ordenar mientras pasaba el tiempo hasta encontrarme con Viktor, si es que iba. Estaba tan confusa y ya ni sabía que quería hacer con mi vida. Conmigo. Con los chicos.

Extendí la mano para alcanzar mi teléfono, Leia sería la que mejor me podría aconsejar, ya que Ryo y yo habíamos tenido suficiente charla por hoy y yo no necesitaba seguir charlando sobre el pasado con él, aunque quizás se lo contaría en otro momento.

Los toques sonaron extremadamente lentos y separados, estaba un poco cansada, sin embargo me limite a ser paciente y poder decir algo más que esto. Al cuarto toque, respondió.

- Hola-

Esa no era Leia, era una voz masculina y ronca, sonaba como agitada. Mis pensamientos fueron directamente a lo evidente: estaba teniendo sexo y alguien respondió por ella.

- ¿Quién eres?-

- ¿Quién eres tú?- replica. Irritándome crecientemente. -Tú me has llamado.

- He llamado a Leia- espetó. -Y créeme, tengo bien el número de mi mejor amiga y tú no eres Leia.

Se oye un silencio profundo que acalla hasta mis pensamientos, expectante y esperando ansiosamente que me diga quien es o al menos que cuelgue para que esto se acabe ya. Aunque sinceramente espero que me pase a Leia, eso estaría bien, mejor que bien.

- ¿Sucrette?

- Sí, ¿y tú eres? ¡Oh, ya se, un maleducado que responde teléfonos que no le corresponden!

Escuche una ronca risa y casi soy capaz a distinguirla entre el eco que producía que se duplicase, me suena demasiado, pero creo que no puedo encajarla en ningún lado exacto. No me suena demasiado, aunque creo que la he oído alguna vez en mi vida.

Debo haberla oído…

- Soy Haru-

- Oh- digo, más calmada ahora. -Hola. ¿Puedes pasarle el teléf…? ¿tú no te habías ido a no sé dónde?

Vuelve a reir.

Parece que está de muy buen humor, aunque no entiendo que hacen juntos, Haru estaba en el extranjero. Si fuese otra persona haría un escándalo si la llamada fuese al extranjero por ser demasiado caro, pero bueno, estaba totalmente de acuerdo con esto ya que no hacía falta decir que nos sobraba el dinero.

- He venido a verla- dice. –Pero se le ha quedado el teléfono en mi casa.

- Oh, entonces bien. Dile que la llame, adiós.

- Espera.

Me retiene.

No recuerdo haber hablado tanto con él como para que le apetezca seguir hablando conmigo. Estoy malditamente confundida, pero decido quedarme a escuchar hasta el final, después de todo, él es un encanto con Leia y puedo decir que no tengo pegas hacia su persona.

- ¿Qué quieres?- pregunto más tosca de lo necesario.

- ¿Todo bien?-

Resoplo firmemente y miro hacia la nada.

¿Estoy realmente bien? Debería ser sincera ¿o no? Mi mundo se está desmoronando lentamente y no sé cómo ha sido posible que todo esté sucediendo tan rápido y ya no sepa en qué punto me encuentro de todo el desorden que hay a mi alrededor.

- No demasiado, pero bueno, no sucede nada que no supiera que iba a suceder a largo plazo.

- No te sobre esfuerces- me dice, suavemente.

Su voz es tranquilizadora y sé porque Leia está tan apegada a él, ambos se miran con ojos de enamorados y, aunque ella se esfuerza en no hacerme notar sus sentimientos o engañarse a sí misma porque no quería aceptarlo por el orgullo, era obvio.

- Sí, y dile a Leia que salga contigo de una vez-

- ¿Qué?

Y colgué.

Sin dar oportunidad a un reproche o a preguntas que no me correspondía responder. No podía hacerlo, estaba totalmente ida y una conversación ayudando a alguien en sus temas amorosos no era lo mejor para mí en estos momentos.

[…]

- Laeti.

- ¡Oh, hola! ¿Tienes noticias sobre Eric?

- No. Pero le diré a Ezarel que hable contigo- digo, suspirando.

Se me había olvidado si quiera contactarme con Ezarel, sobre todo desde que les dije que no quería saber nada más de ellos hasta que mi abuela se largase, ahora podría comunicarme con ellos sin ningún tipo de problema y eso no escandalizaría a mi abuela. Sobre todo por la edad de estos.

- ¿Está por ahí Leia?-

Oigo risas y me altero un poco.

Parece que está en una de esas fiestas de pijama que siempre hace, se dedican a hablar de chicos y ponerles nota, hablaban de sus folladas con diversos jóvenes y comentaban experiencias con algunos de los chicos. Cuando yo estaba en esas reuniones me acosaban con Viktor y nuestra seriedad de relación, lo recordaba a la perfección y también mi bochorno, inocente, en aquel entonces.

- No, lo siento, estoy con Cindy y Claire-

- Oh… bueno, entonces da igual.

- ¿Pasa algo? ¿Puedo ayudarte yo?- pregunta.

Luego de escuchar una voz por detrás, que era claramente Cindy, quien había dicho no sé qué de: "¿qué os parece Enzo? Buen culo, ¿no?".

- No, deja, necesitaba decirle algo, pero si no, paso.

- ¿Segura? Puedo ayudarte si quieres.

- No te preocupes, gracias, pásalo bien- digo, carraspeando. –Y diles hola.

- Igual tú- me dice sonriente. –Se lo diré.

Esa afirmación, me hace pensar que ni siquiera se hace una idea de lo que está pasando en mi vida.

Todo se ha desmoronado en el momento que mi abuela regresó y Karla me hizo tomar medidas drásticas. Mi vida ha dado un giro inesperado y yo ni siquiera me lo pensaba hace unos meses. Maldita la hora que decidí tirarlo todo por la borda, maldita hora en la que colapse.

Pero necesitaba hablar con alguien, necesitaba abrirme ahora… Decidí probar con Ryo.

Una vez la llamada se cortó, sin recibí respuesta, me apoyé contra la cama pensativa. Leia no podía comunicarse conmigo y me negaba a llamar al fijo de su casa, sería acribillada a preguntas por parte de su madre y, probablemente, me darían las uvas. Solo tenía de opción de probar varias veces a llamar a Ryo si quería ayuda de los más allegados, pero me rendí. Había probado catorce veces. No podía llamar a nadie más… bueno… había alguien, alguien más que, con su objetividad y su calma, podría ayudarme.

Marque el número y espere.

- ¿Sí? ¿Todo bien?- dijo suavemente.

- Necesito un consejo. No sé a quién acudir, así que, sé objetivo- dije más seria que nunca-

- De acuerdo, pero… ¿estás bien? Estoy preocupado.

Su voz estaba bastante atropellada, sonaba rápidamente mientras esperaba mi respuesta. Afirme su pregunta y me quede en silencio, tras pedirle un poco de tiempo para explicar la situación sin levantar sospechas sobre mi situación.

Pero estaba desesperada, el aire pesaba en mis pulmones y mis manos temblaban cuando decidí marcar el teléfono de una de las formas más tortuosas del mundo. Me sentía vulnerable y ese es uno de los sentimientos que más he odiado en mi vida y odio a día de hoy. Siempre he intentado ser fuerte, ser mucho más fuerte que todos y no dejarme caer en las sombras, incluso aunque yo había estado viviendo entre ellas, seguía buscando una luz. Una luz suave que me salvase de entre tanta oscuridad. Pero nunca llego porque el pasado me había atrapado con un montón de hilos que tiraban hacia atrás… era increíblemente imposible para mí escapar. No veía esa luz y, en un momento dado, había perdido mi esperanza.

- La cosa es que, estoy atravesando un momento bastante malo, turbio, podemos decir, creo- resople suavemente. –Tengo la opción de destruir aquello que me hace daño, incluso aunque esa cosa que me ha hecho daño es una persona, tengo la opción de hacerle daño o… de superarlo y seguir caminando para olvidarlo. Y lo que pasa es que estoy aterrada, aterrada porque no puedo hacerle frente incluso aunque mis intenciones hacia esa persona son malas. Aterrada porque soy consciente de que, quien me ha hecho daño, no lo ha hecho a posta, adrede, ha sido impuesto desde hace mucho y yo lo sabía. Pero renunciar a ello, me costaba. Atravesé tantos momentos malos que ni siquiera recuerdo como he podido pasarlos, no quiero que preguntes, no lo hagas. Pero cuando esa persona estaba, se aliviaba demasiado todo aquello que me había hecho daño, pero me dejo y no pude evitar sentirme traicionada. Dolida. No sé qué hacer, esa persona ha vuelto y quiere hablar conmigo. ¿Qué hago ahora? No quiero ir, pero algo me impulsa a correr hacia esa persona.

Oí el silencio, pero su respiración sonaba.

Los nervios me consumían, necesitaba que dejase de lado todo lo que sentía, necesitaba que me mirase como una persona que acudía a él simplemente por ayuda, como si se tratase de un psicólogo. Necesitaba que me mirase como a alguien sin importancia… quería la respuesta más clara y concisa del mundo, sin sentimientos y lastima. Solo necesitaba eso.

- Háblame de ello cuando lo necesites- dice. –Cuando me pasó lo de mis padres, pensé en no volver a enfrentarme a mi padre, no quería hacerlo, no quería por el simple hecho de que tenía miedo de volver a sufrir, porque estaba resentido una vez que me abriste los ojos. No podía creerme que él, que se supone que me quiere, me hubiese hecho tales cosas. Entiendo tu situación, por ello pienso que deberías enfrentarlo y perdonar, seguir adelante. Inténtalo, intenta no caer de nuevo, sé fuerte, eres demasiado fuerte y si, lo eres aunque lo dudes, puedes hacerlo.

- Nath…

- Hazlo y muéstrale tu fuerza.

[…]

Respirar había comenzado a dificultarse, cada paso que daba hacía el interior del edificio más me costaba respirar. En recepción, me indicaron donde estaba la cafetería. Y cada vez me costaba más respirar.

El hotel era de los más caros de la ciudad, cinco estrellas y con hermosas decoraciones, una fuente en medio de aquel lugar tan exótico y tan perfecto, los empleados eran agradables pero bastante estirados y, combinados con sus lujosos trajes de uniforme, los hacía ver más formales y cultos. Era un ambiente bastante carismático y parecía demasiado lujoso a mi lado, y eso que yo de lujos entendía.

Camine hacia aquella lujosa cafetería y pude ver como los sofás se hacían pasar por las sillas, elegantes y retro. Casi haciéndolo más elegante. Y entonces pude verlo, su cabello negro resaltaba en todos los lugares y el periódico que sostenía en sus manos, probablemente en otra lengua, lo hacía encajar más en este aire que a mí.

- Hola- dije, acercándome suavemente, dudosa.

- ¡Has venido!- casi se atropella con sus propias palabras.

Se levantó de golpe pero, al ver mi rostro, se sentó rápidamente intentando no presionarme o acercarse demasiado a mi espacio vital, conocía mis reacciones y mis temores, estaba actuando como un caballero o como un psiquiatra, no sé muy bien porque me decantaría esta vez.

Me senté frente a él y fue un poco raro al principio, sobre todo porque me miraba con casi adoración y un tinte de asombro en su mirada. La impaciencia se notaba en sus facciones y yo no tenía ni idea de cómo proceder en esta situación. No con él. Con él nada de la manipulación me salía. Me decidí a seguir el consejo y adopte una pose de mujer de negocios que lo hizo estremecerse durante unos minutos largos.

- Y-yo…- intentó hablar.

- No- respondí. –Tú vas a escucharme- gruñí.

Me miro asintiendo.

Mis sentimientos se galopaban rápidamente, tenía un montón de contradicciones viviendo en mi garganta, formando aquel nudo que se explotaba en forma de pequeños espasmos interiores que golpeaban mi cuerpo por dentro. Mi corazón latía fuertemente y me sentía putamente mal, náuseas volaban y se me retorcían los intestinos pensando que debería plantarle cara.

- Me destruiste. Me hiciste sentirme sola, abandonada y triste.

- Sucrette, no había opción y te ofrecí….

- Todo- conteste, irrumpiendo su frase. –Lo sé. Intentaste todo- fruncí el ceño molesta conmigo mismo por reconocérselo a él y reconocérmelo a mí. –Pero ese todo no es lo que yo quería. Estaba emocionalmente inestable y la estabilidad me la proporcionabas tú, en Paris-

La seguridad que sentía a su lado era como una llama de luz que me iluminaba rápidamente y espantaba mis demonios, al mismo tiempo era un montón de oscuridad que extinguía el fuego que iluminaba mí camino. No lo quería por que supiese bailar con mis ángeles, no, lo amaba por saber calmar y desvanecer a mis demonios. No lo odiaba por bailar con mis ángeles, lo odiaba por no seguir calmando a mis demonios. Era mi caballero, el cliché de los clichés. Era mi destrucción, el pentobarbital que me mataba. Y lo amaba con todas mis ansias. Y lo odiaba con toda mi alma.

- Te quiero- pronunció. –No he dejado de hacerlo.

- No puedes hacerme esto, Viktor.- Gemí lastimosamente. -Skylar es tu novia y yo tengo demasiado en juego como para tirarlo por la borda para sufrir de nuevo-

Pensé en los chicos, en mi vida sexual y en ellos como novios. Pensé en cómo había estado luego de haber sido dejada y en mis lágrimas. Pensé en todo y todo no era suficiente.

Nunca engañaría a Viktor, nunca podría hacerlo aunque quisiera destruirlo, no podría hacerlo porque, por encima de todo, me haría daño de todas las formas posibles verlo sufrir por el engaño… Ni siquiera sé cuál era mi plan, mi determinación tiritaba cuando estaba frente a él y me tambaleaba de nuevo, volviendo a caer frente a él. Y lo odiaba y amaba al mismo tiempo.

- Skylar y yo estamos juntos por los medios. Si tu vuelves a mí, te prometo que acabaré con esto en seguida, quiero estar contigo, desde que me fui he querido estar contigo a cada instante.

- Nunca me dijiste eso- hecho en cara.

- ¿A caso me dejabas?- responde con una mueca. –Siempre que intentaba hablar contigo, evadías mi llamada, intente ir en vacaciones y te lo dije, decidiste simplemente ignorarme… lo intente todo, ¿sabes?

Frunzo el ceño, dolida, y sé que no está mintiendo.

Recuerdo las indefinidas veces que había intentado hacer contacto y como yo acabe obligándole a dejarme en paz, que se acabó y que iba a tomar medidas como llamar a mi abuela y cancelar el trato que unía ambas corporativas.. Por culpa de su posición como jefe, terminó haciendo lo imposible para que no se cancelase y yo… yo me hundí en la miseria al haberle echado cuando no quería que se fuese de mi vida. Había sido idiota y era consciente. Recordaba como lo había rechazado y recordaba como lo había añorado.

- Mi mundo se desmoronó cuando rompimos-

- El mío lo hizo también- tomó mi mano suavemente. –Te quiero tanto que, aun me duele.

- Es tarde. Muy tarde- eres una maldita mentirosa, Sucrette.

Solté nuestras manos y me levante bruscamente.

No estaba lista para esto y hui a cualquier lugar que fuese lejos de él. Viktor no me siguió, no lo hizo porque sabía que necesitaba silencio total. Mis ojos, escocían y termine corriendo a sus brazos. Como últimamente hacía.

[…]

La taza humeante llena de café me hizo sentir calor en mis mejillas.

Mis ojos se desviaron hacia él y recibí un suave beso en mi sien. Se colocó detrás de mí y masajeo mis hombros con suavidad. Me deje hacer mientras tomaba café, tenía los ojos algo rojos y me sentía vulnerable. Ni siquiera sé porque había acudido a él.

- ¿Está bien?- preguntó, refiriéndose al café.

- Sí- murmuré, aguantando un pequeño gemido al sentir las manos de él calmar mis hombros.

- Me alegro-

Beso mi cuello y sentí el calor de sus mejillas contra el mismo.

Era delicado y dulce, agradable y al mismo tiempo molesto, sabía que tenía una contractura y sin embargo, me gustaba la presión que me lastimaba en el hombro derecho. Me agradaba la sensación de sus dedos masajeando mis zonas, intentando calmarme y hacerme sentir bien.

- He huido- respondo, intentando decepcionarle. –No quiero hacer esto.

Nathaniel acarició mi mejilla y me acercó más a su pecho, dejando de masajearme, enrollando sus brazos alrededor de mi cuerpo, en un abrazo.

Nuestros cuerpos estaban demasiado cerca y sentía su corazón latir muy fuerte bajo su piel, me sentí reconfortada al instante, al menos un poco, y fruncí el ceño al darme cuenta de que estaba prácticamente ablandándome y que no debería sentirme a gusto con alguien que se separaría de mí cuando supiese como era.

- No tienes porqué forzarte. Date el tiempo que necesites-

Gire mi cara y le miré con los ojos algo abiertos, para posar mis labios en los suyos. Me sentía ida, quería dejar de sentirme como una miserable chica con el corazón roto. Quería dejar de sufrir como una estúpida y centrarme en lo que realmente debería importarme.

Nuestros labios siguieron conectándose mientras mi cabeza pensaba en ciertos datos que no quería pensar.

[…]

- ¿Sí?- murmuró adormilado.

No sé en qué momento, Nathaniel y yo habíamos acabado durmiéndonos y sabía perfectamente que el sonido era el de mi móvil, pero no tenía ni ganas de molestarme en saber quién era, quizás me hacía un favor.

- ¿Ah? ¿Quién eres?- miró el móvil y yo me incorporé en la cama para mirarlo. –Oh, es tu móvil, Sucrette, lo siento.

- No pasa nada- dije y recogí el móvil.

En seguida me di cuenta de que podía haber sido Castiel, Kentin, Armin o Lysandro. Abrí muchísimo los ojos, y sobresaltada me lleve el móvil a la oreja sin comprobar quien me llamaba.

No podía ser que se jodiese todo por mi despiste de dejar mi móvil al lado del delegado, suspire suavemente y me deje ir con las manos temblando, era simplemente imposible que todo se acabase así, aunque Nathaniel no estaba para nada alterado, así que quizás no era tan malo. Pero… ¿cuál era el desastre para mí realmente…?

- ¿Sí?- conteste con la voz algo asustada.

- Soy yo- replicó. –Viktor.

Era Viktor, simplemente silencie mis palabras y respirar con la mayor calma posible. Debería dejar de alterarme al menos unos segundos, no podía comportarme como una auténtica idiota. Me deje ir en la cama de nuevo y supe que Nathaniel me observaba curioso.

- He pensado en dejarte tu espacio…- dijo suavemente. –Sé que necesitas tu espacio pero que te gusta que te llamen cuando entras en acción de comerte la cabeza-

Asentí sabiendo que él estaba preocupado por mí.

Después de todo, me conocía mejor que yo misma, sabía que, si él me decía ven yo iría corriendo hacia él. Sabía que si él me ofrecía lo imposible, iría y me lo creería como una estúpida. Confiaría en la posibilidad remota de que todo regresase a lo anterior.

- Sí- respondí.

- Solo eres tú quien busca pegas, Sucrette- resoplo firmemente. –Nunca voy a dejar de quererte, ahora tienes que decidir tú.

- ¿Decidir?- mi voz tembló un poco.

Nathaniel me observó fijamente.

Y vio como mi cara iba pasando por varias fases, nervios, felicidad, tristeza, confusión y mucha rabia interna acumulada. Resople suavemente y me encogí en la cama, dándole la espalda. No soportaba su rostro observándome fijamente.

- Todo está en tus manos. Todo. Nosotros.

[…]

Mis ojos miraron a todos lados y vi como Nathaniel cocinaba tranquilamente en silencio.

- ¿Seguro que no quieres que te ayude?

- No, no hace falta- me dijo. –Relájate ahí.

No dije nada simplemente me quedé callada y suspiré suavemente mientras removía el café que Nathaniel me había ofrecido. Saque un libro y me puse a leerlo, Nathaniel me había dejado acceso a su biblioteca y era una manera estupenda de pasar el rato mientras él estaba totalmente concentrado.

- ¿Esa persona que te llamó…?- calló un momento, quizás esperando mi aprobación.

Nathaniel no era tan curioso como yo, no metía la nariz en los asuntos íntimos de los demás. Eso me gustaba, no era tan metiche como yo, podía convivir con él porque se moderaba en estas cosas que yo no hacía.

Era bastante opuesto a mí, muy comprensivo y muy dulce.

- Dilo sin rodeos, creo que tienes derecho, después de todo yo me metí en tu vida privada sin moderarme.

Él sonreía, supongo que le gustó que yo estuviera intentando hablar con él del dolor de mi pasado, abriéndome a él, un mínimo, porque iba, claramente, escuetamente. Porque yo sinceramente no estaba preparada para hablar seriamente de esto, con alguien que ni se hacía una idea de quien yo era.

Suspiré hondo y espere ansiosa por conocer su realidad.

- ¿Esa persona que te llamó te hizo daño en el pasado?

Asentí. Estaba totalmente dispuesta a simplificar esto y convertirlo en una anécdota que era pasada, aunque para mí seguía presente con todo el dolor del mundo, debía mostrarme lo más indiferente posible, bien sea para no preocuparle o para no estar como una idiota aquí y mostrarme tan débil como una idiota.

- ¿Y… qué quería?- preguntó un poco más alerta.

Sabía que eso era porque no quería que me sintiese mal o presionada, por ello decidí no poner la cara de fastidio que probablemente saldría de mí. A veces, los recuerdos, dolían demasiado y hablar de ellos, en vez de callar, no aliviaba una mierda y era mejor enterrarlo.

Así, ya no dolía nada.

- Me ha dicho que decida- digo, tranquilamente suavemente.

- ¿Qué decidas?-

Como yo, al principio, no entendió sus palabras.

Pero no me moleste en explicarle la profundidad de estas, para mí eso era como meterle demasiado bajo mi piel, descubriéndole todas las cicatrices aún abiertas y mis heridas de guerra. No quería que entrase en mi cuerpo una vez más y descubriese cosas que no quería que lo hiciese.

- Sí- respondí.

Corte la conversación y volví mi vista a la novela y removí el café continuando con mis antiguos movimientos. Nathaniel me observo en silencio y volvió la vista a la cocina, supongo que pillo que no estaba tampoco tan cómoda respondiendo a estas preguntas tan personales.

Él al menos respetaba mis decisiones…

[…]

Nos besamos varias veces, deslizando nuestras manos por lo largo de nuestro cuerpo, toques inocentes y suaves, más que unos toques indecentes eran toques tímidos. Me sentía reconfortada y al mismo tiempo paralizada por el dolor de que, cuando fuese tarde, tendría que separarme del confort que me ofrecía Nath.

- Hmm…- me separó de él.

- ¿Qué?- murmura contra mi boca, suave y tímido.

- No quiero que dejes de besarme.

Nathaniel se ruboriza y me acerca más a él.

Sus ojos me miran y yo lo miró a él. Sus manos recorren suavemente mi rostro y cada vez estamos más pegados y eso me parece prácticamente imposible, ya estamos al borde de la fusión. Estábamos a punto de besarnos cuando, el teléfono sonó interrumpiendo nuestro momento.

Me aparte un poco irritada y lo vi suspirar también un poco irritado.

- ¿Sí?

Le observe suavemente, y puse mi dedo en su barbilla, detallándola suavemente, Nathaniel me miró un poco rojo y continuó con la charla telefónica.

- Melody… te he dicho que…

Rodé los ojos ante la pesadez de la delegada y me reí suavemente.

Sin embargo yo no tenía nada que temer, Nathaniel solo tenía ojos para mí y, aunque me molestase lo suficiente que estuviese perdiendo tiempo con él, me esperé como él se esperó con Viktor. Seguramente algo celoso por él.

- Lo siento, estoy ocupado y ya te he dicho que mis sentimientos no son correspondidos- replicó. –Y sabes que preferiría hablar de esto en persona…

Oí como ella respondía algo incomprendido a mis oídos, pues no era capaz a escuchar del todo.

Mi dedo siguió delineando sus facciones, Nathaniel simplemente siguió atento a mi dedo y un poco a la conversación. Mis ojos siguieron atentos a ellos, estaban discutiendo sobre algo que yo no logre a entender.

- Melody…- tan irritado.

Sin pensarlo mucho, me situé encima de él y le besé, sin saber que hacer Nathaniel terminó correspondiendo mis besos pasionales.

Nuestras lenguas colisionaron y nuestros labios se movieron dulcemente, su corazón golpeaba suavemente contra su pecho e iba acelerándose con cada roce indecente que proporcionábamos. Pasó su mano libre por mis caderas y seguimos besándonos. Con mi mano suavemente retire el teléfono y colgué la cháchara.

Pasemos a cosas más importantes.

[…]

Salí de la casa de Nathaniel, nuestra sesión de besos había terminado en pequeños roces indecentes que Nathaniel paró con las mejillas ruborizadas, argumentando que no teníamos protección.

Mis pasos se dirigieron hacia mi casa, sin embargo, frene al comprobar que mi madre estaba con un hombre que conocía a la perfección, el doctor Wilson… mi antiguo psiquiatra.


Uh.

No tengo nada que decir, creo. Solo preguntar que os ha parecido el capítulo.

Ya está, no tengo demasiado que decir, solo que me agreguéis a mi cuenta principal de corazón de melón: Adriuchis y en tumblr adrypineapple. tumblr. com


¿Cuántos reviews me merezco?

370 ESTARÍAN BIEN, ¿NO?

¡Venga! ¡Nosotras podemos!