¡Hola, hola, hola, soy Noah!

Al fin traigo aquí el capítulo.

Estaba un poco ansiosa porque no llegábamos a la cifra, y con el evento de San Valentín que promete demasiado ya estoy como algo eufórica. Además tengo varios capítulos pendientes por subir y unos planes que me han mantenido realmente emocionada durante estos últimos días.

Paracaidismo con mis amigas, amigos y novio que no veáis la emoción que tengo encima. Un capítulo de Ella para el miércoles, el nuevo sustituto de V de Virgen y el próximo capítulo de Adolescence.

Y bueno, hablando del capítulo que es lo que interesa: aquí se terminará de romper y toma una decisión.


Disclaimer:

Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.

Los personajes de AnticLove, son de sus creadores tan buenos. Créditos reservados a ellos y usados con ánimo de lucro.

Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.


Quiebra

[La tristeza del alma puede matarte más rápido que una bacteria]

Abrí mis ojos lo máximo que pude, era un modo estúpido de intentar comprobar si, lo que estoy viendo, era real o no lo era, mi rostro fue oscureciéndose y carraspee a la defensiva.

Mi madre avanzó hacia mí, su rostro y su actitud habían cambiado radicalmente, estaba casi asombrada de que ella estuviese haciendo una expresión tan seria. La encaré con ojos desafiantes y en seguida baje mi vista al suelo, intentando no saltar a su cuello a ahorcarla.

- He dicho que no necesito un psiquiatra, estoy bien.

Mi madre no dijo nada, solo se quedó allí, mirándome, lo sabía incluso aunque no la estaba mirando. Mi madre podía ser una persona de picos enérgicos desordenados, pero en el fondo, seguía teniendo esa facilidad para ser predicha.

Decidí encararla con los ojos más oscuros que pude, la única cosa que había pedido en mi vida era dejar de ir a terapia. Mi madre me lo prometió, ¿por qué, entonces, Wilson, estaba aquí?

- No ha venido aquí para darte terapia, cariño. Solo es para comprobar tus avances, hablar una horita, solo.

Refunfuñe por lo bajo y asentí.

Supongo que era justo, solo una hora para que se quedase tranquila, quizás así todo esto se acabaría y nunca me podrían seguir intentando ayudar.

- Suba- dije, lo más hostil pero educada que pude.

[…]

- Buenas tardes, señorita Darcy.

Su voz sonaba igual que hace unos años, no había gran diferencia en él tampoco, seguía siendo el mismo hombre mayor interesado en el dinero más que en los problemas de sus pacientes.

La demencia era negocio.

- Hola- dije, secamente.

Me cruce de brazos, luego de extender el té que le había preparado, sentada en el sofá de plaza única, asegurándome de que las ventanas estuviesen abiertas. Odiaba el olor que transmitía esa bebida de hierbas tan horrible.

Su mirada comenzó a observarme, era como si estuviese deseando que hablase o contase que mi vida estaba prácticamente rompiéndose en trozos para que él comenzase a interrogarme y hacer tiempo para seguir sacándonos el dinero. Así era él. Así fueron todos.

- ¿Cómo te has sentido en los últimos cinco años?

- Fenomenal.

Me miró suspicaz, como diciéndome con las cejas alzadas y los ojos afilados "tú no estás bien, sé infeliz, sé horriblemente infeliz, vuélvete loca". Incluso si volverme más loca fuese imposible.

Rodé los ojos y crucé también mis piernas.

- ¿Qué está usted esperando de mí?- pregunté y, sin esperar respuesta, continué. -Yo también puedo darle dinero, si eso es lo que quiere, podemos hacer, cada uno nuestras vidas en esta hora y en seguida se irá, dirá que estoy curada y muy cuerda, entonces usted no volverá nunca y vivirá con una buena suma de billetes y yo viviré tranquila y lejos de los hospitales con loqueros. ¿No es un buen trato?

- Sobornarme no hará que no busquen otro profesional para ayudarla, señorita Darcy- alzo una ceja y apuntó en su libreta.

Fruncí el ceño, un poco molesta y estuve tentada a levantarme y arrebatarle la libreta, pero me contuve y permanecí en mi sitio, como una niña buena, sí, como una buena niña.

- ¿Qué ha escrito?

- Nada que deba alterarla- permaneció en silencio. –Y dígame, su madre comentó que tuvo un pequeño altercado con Viktor…

- ¿Y? ¿Usted ve algo mal en mí?

Él alzo la ceja un poco más que antes, para volver a escribir en la condenada libreta.

Por dios, que alguien se la quite o algo, me está poniendo muy nerviosa ese gesto de "¿en serio?" que hace cada vez que hablo. Creo que voy a matarlo o algo. ¿El cajón de los cuchillos a cuantos segundos estará del sofá? ¿Podré matarlo sin muchos gritos?

- ¿Qué coño escribe sobre mí? ¡Me está poniendo realmente nerviosa!

- No se preocupe tanto, solo son anotaciones de temas que serían importantes de tratar si usted quiere, al final.

- No. No quiero.

Me negaba a tener que contarle a él mi vida, no confiaba en él, no podía manipularle porque él lo hacía antes, no sabía nada de él que me tocase hondo. No podía hacer nada más que quedarme ahí y negarme a ser "ayudada".

- ¿De verdad se cree opaca?- preguntó, tampoco esperó mi respuesta. -Yo la veo más bien cristalina, quizá porque llevamos muchos años conociéndonos, pero creo que usted lo sabe, señorita, es predecible y transparente como un cristal.

[…]

Insufrible. Esa hora lo había sido.

No solo me había psicoanalizado a la perfección, si no que estaba completamente viendo a través de mí. No me gustaba que la gente pudiese saber lo que pensaba solo con echarme un ojo y, mucho menos, me gustaba que entrasen en mi cabeza, sin mi permiso y sin dejar que me diese cuenta de lo que sucedía en mi mente, mientras él se colaba y miraba atentamente los hilos enredados en mi cabeza, eso no era agradable. Era jodidamente un infierno.

- No sabía que ibas a venir- Castiel se hizo a un lado y yo entre sin decir una sola palabra.

No tenía ganas de volver con Nathaniel luego de haberle dicho que me iba, que ya nos veríamos otro día. Además, si volvía a oir tanta educación hablando con Lysandro me moriría, y no me apetecía jugar a un videojuego y menos ver a Kentin luego de la declaración en la cena.

- Yo tampoco- dije, dejándome caer en el sofá, a su lado, con una mueca completamente llena de odio.

- ¿Ya me echabas de menos?

- Mucho- dije, acurrucándome contra él. -¿Qué has estado haciendo?- pregunté, con los ojos muy atentos a él.

Castiel no dijo nada, solo apagó la televisión y me acercó, aún más si era posible, a su cuerpo, lleno de músculos, arrastrándome con voracidad a tocarnos más y más.

- No demasiado, ya casi echaba de menos que te aparecieses por aquí.

- Lo siento, entre mi abuela y mi madre pues…

- Ya, la vi en la jornada de puertas abiertas. Está buena.

Contuve una pequeña carcajada, que salía sin ganas, que solo quería escapar de mi garganta para disimular, más por hacerme notar como la misma de siempre que por la gracia irónica de ese comentario tan desagradable en estos momentos para mí.

- Suelen decírmelo- murmuró, más para mí misma que para él.

Castiel no dijo nada, solo me abrazó más contra él y besó mi cabello.

Estaba un poco aliviada porque no estaba presionándome para que contase que era lo que me tenía tan muerta. Nuestros labios no tardaron en encontrarse cuando alce la cabeza para mirarlo. Sé que puedo quejarme con él, que entendería mi desagrado hacia mis padres y que me cubriría con sus brazos, ocultándome en un cariño que no quería recibir porque tendría que destruirlo y quebrarlo.

Tendría que quebrarlos tanto como lo estaba yo.

Estaba rota. Completa e irrefutablemente rota.

- Castiel… no puedo más con todo esto-

Y sin comerlo ni beberlo. Volví a llorar. Derrumbarme y romperme en trozos, a veces cuando más deseas algo, cuanto más quieres escapar, más se cierran las paredes y más te encarcelan. Las sogas que antes estaban flojas ahora se apretaban brutalmente contra mí.

Y sabía que nadie podía ayudarme.

Solo tenía que decidir.

[…]

Me desperté en una habitación de paredes oscuras, la de Castiel, estaba a su lado, entrelazada por sus brazos me calme, estaba durmiendo, probablemente nos durmiésemos con mis llantos y sus preocupadas caricias y preguntas.

Mi corazón se estremeció al darme cuenta de que no me sentía consolada, pero, una milésima solo, más libre.

- Lo siento- murmuré, sabiendo que probablemente estaría despierto.

Acaricie su rostro y me dedique a pensar en sus facciones y en todo lo que había vivido a su lado, supongo que mi decisión de joderles la vida no había sido muy buena, me arriesgaba a todo, tendría que dejarlos y no habría una explicación, mis excusas ya no valdrían para nada más que para darles pistas de que mis sentimientos no eran reales.

- No hay problema- murmuró. -¿Qué te pasó?

- Nada, solo estoy harta, todo me está superando, lo siento.

- No pasa nada, ven aquí.

Me deje llevar hasta sus brazos, abrazándonos con toda la suavidad posible.

Puede que Castiel fuese un bruto hablando, más difícil de comprender e incluso rudo, pero en el fondo, tenía aquella bondad escondida y su figura firme y musculosa, siempre siendo dulce conmigo, incluso con su faceta salvaje, era atrevidamente sensual y genial, por ello, me abrazaba con delicadeza y protegiéndome entre sus brazos.

Incline la cabeza hacia arriba, queriendo besarle, él no tardo en captarlo y me devolvió el beso. Intenso, pero suave, cariñoso pero dulce, sus labios me enloquecieron cuando nuestras lenguas conectaron. Su boca húmeda, caliente, se apoderaba de la mía, rozando mis labios con insistencia y acercándose a mí, cada vez más. Mucho, mucho, más.

Sabrosamente, coló sus manos en mi espalda. Tenía las manos frías, y mi cuerpo que estaba calentándose, se estremeció, deseoso, de sentir más y más de él. Hacía mucho que no dormía con Castiel, dejándonos llevar por la pasión intensa que teníamos dentro.

El placer se estremeció por mi cuerpo, cuando dio justo en una zona sensible de mi cuello. Mis manos se situaron en su espalda.

- Incomodo- murmuré.

Era consciente de que nuestra posición, de forma lateral, me dejaba a mí en mala posición y a él también porque no teníamos tanta opción de movimiento.

- Sí…-

Me dejó debajo de él y sonreí.

Estábamos mirándonos a los ojos, mientras que sus manos seguían corriendo por el cuerpo del otro, en caso de Castiel solo uno, porque tenía que sostenerse para no aplastarme del todo con su peso, incluso aunque no estuviese gordo, obviamente pesaba más que yo, con eses músculos y... joder.

- ¿Y si quiero estar arriba?

- Siempre mandas tú, hoy vas a dejarte llevar por mí.

- Uy… creo que puedo llorar y todo.

Sonrió suavemente, ladeadamente, esa sonrisa tan coqueta característica de él.

Nuestro momento candente subió más, más y más.

Me obligo a arquearme, para que pudiese quitarme la camiseta que llevaba puesta y, una vez retirada, quitó mi sujetador con muchísima rapidez, estaba muy feliz porque por fin iba a tener un polvo en condiciones, que ya hacía tiempo que no lo tenía.

Sus labios fueron bajando, desde el cuello hasta mis pechos, masajes calientes y juguetones en mis pezones, como surcaba mis pechos, como sus manos empezaban a calentarse con el calor corporal, pero yo quería su pecho también desnudo, estaba deseando retirar su camiseta y, en seguida, me dejé llevar hasta que le aparte con mis manos para tirar de su camiseta hacia arriba.

Su pecho quedó al descubierto y sonreí feliz.

- Hm…- gemí cuando note como sus labios bajaron hacia mi zona baja, en las caderas.

Estaba a punto de retirarme los pantalones y lo hizo más rápido de lo que pude pensar, se me olvidaba casi que él era un experto en el sexo, bueno, normal, estuvo con Debrah, es imposible que no hubiesen hecho algo, quizás le preguntaría a ella.

Procedió también a quitarse todo, calcetines, pantalones y boxers y ambos nos quedamos desnudos, su pene palpitante comenzó a frotarse contra mi entrada mientras sus labios volvían a conectarse con los míos, joder.

Él me besó intensamente varias veces y bajó, suavemente.

Sus labios recorrieron de nuevo hacia abajo y enterró la cabeza entre mis piernas, abiertas y flexionadas. Su lengua, su boca, comenzó a presionar en mi interior, frotando con uno de sus dedos su clítoris. Temblé de impresión por su caliente gesto, dejándome con un gemido contenido.

El sexo oral continuó, mucho tiempo, mientras temblaba, sentía como su boca se movía, como en un beso, me dolía la garganta de los gemidos tan profundos que me estaba sacando.

No había palabras, la vorágine de placer me provocaba un temblor tan profundo que no era capaz a controlarme. Paró en el momento, profundo, que mis paredes se contrajeron.

- Aún no.

Y en seguida sentí como su polla se introducía en mi interior, una estocada, dos, tres, cada cual más dura, más profunda y placentera. Dios.

Mi cuerpo tembló y le apreté con mis piernas mientras rasguñaba su espalda, tan duro fueron sus estocadas, que mi cabeza golpeaba contra el cabecero, una y otra y otra vez, estaba deseando que el clímax se manifestará de una vez y me corriese.

Mis manos temblaban, mi cabeza no dolía. Mi concentración iba en su cuerpo y en mover las caderas para hacerlo aún más profunda, la conexión estaba realmente muriéndome de placer. Castiel también, gemía guturalmente en mi oreja y su respiración chocaba, en un cosquilleo, contra mi cuello, caliente y húmedo.

- Joder- gemí. -¡Castiel!

Más, cada vez más.

Mi cuerpo estaba temblando, sus estocadas chocaban en lo más profundo, apretada. Estaba realmente muriéndome de muchísimo placer, jodida mierda. Morí en la cumbre del cielo, un orgasmo y luego otro muy seguido en un intervalo corto. Profundamente Castiel también se dejó ir.

Sudados, cansados nos separamos, mirándonos, retiró el condón y lo tiró a la papelera, dejándose caer en la cama. Respiraciones conectadas, agitadas, calientes y húmedas. Era agotador y sellado por otro beso, intenso pero dulce.

Supongo que, gracias a esto, mi decisión estaba tomada.

[…]

El instituto estaba bastante calmado.

Al parecer el premio se lo llevo, con diferencia, el que eligió pintura, todos estaban charlando animadamente, inclusive se había anunciado que Patrick iba a quedarse como profesor de arte y hoy teníamos nuestra primera clase con él.

- ¡Hemos perdido!- farfulló Rosalya situándose a mi lado.

- Hola a ti también- dije.

- ¡Es injusto! ¡Si hubiésemos tenido más tiempo todo estaría bien pero no, claro que no!

- Sí, bueno, Violeta tenía una pintura bonita con Iris y Castiel de colaboradores.

- Oh, ¿¡los defiendes!?

Negué con la cabeza y avancé hacia el pasillo final, para subir al aula de arte. Mi decisión estaba permanentemente escrita en mi mente, Nathaniel tenía que caer.

Mi corazón no iba a romperse más por estar más o menos unida a ellos, solo eran simples chicos caídos, ellos iban a sucumbir a mí, Kentin también tenía que acabar teniendo, intensamente, sexo conmigo. Estaba ya cansada de arrepentirme de mis decisiones al ver a Viktor, ¡mi plan era hacerle sufrir! Y para ello voy a aprovecharme de cualquiera que esté a mi alcance.

Ryo, tú no vas a ser una excepción.

- Oye, ¿me estás ignorando?- preguntó, frunciendo el ceño.

Me giré hacia ella y negué con la cabeza, no tenía humor para soportar a Rosalya con sus tonterías y enfados de niña pequeña. Solo era un concurso estúpido del instituto, esto no era un concurso internacional para ser costurera o modista.

Era una falta de respeto por los que trabajaron duro, no aceptar la derrota, una derrota tan simple como un trofeo tan simple como esto.

- No. Solo no tengo ganas de hablar, así que, lo siento- camine más rápido, dejándola atrás.

[…]

El baile comenzó tranquilamente, nuestros cuerpos bailaban al son de la música, y estábamos casi dominando al máximo el baile.

Ryo, abrazando mi cintura, continuó guiándome y moviéndome al son de las notas, aquella música era elegante y delicada, tan delicada como el evento al que asistiríamos en apenas una semana y media. El profesor nos marcaba el ritmo de los cambios con las palmas.

Nuestras caderas, nuestros pasos, eran agiles y fáciles de guiar. Estábamos coordinados y pensando cada uno, en concentración extrema, en seguir el baile para deslumbrar.

La música fue terminando y nosotros acabamos el paso, con un giro suave, dejándome inclinada en sus brazos e incorporándome suavemente hacia arriba.

- Estupendo. ¡Habéis mejorado mucho desde que llegasteis aquí! ¡Esto está perfecto!- Nos aplaudió. –Os doy un descanso, aprovechadlo, regreso ahora rápido.

Asentimos y nos soltamos, para recobrar el aliento que habíamos perdido, que había sido poco, porque eran bailes lentos, sin embargo, llevábamos una hora y media ensayando esta cosa que tomaban por bailes elegantes, clasificando la música como si no pudiesen bailar cualquier otra cosa que no fueran bailes de salón.

- Te veo muy callada-

Sonreí hacia Ryo con tranquilidad y me puse la máscara.

La máscara que hace unos meses me había quitado delante de él, ahora estaba puesta de nuevo. Nada sospechoso, nada nuevo. Él conocía mi sensibilidad, no haría falta que él pensase en la posibilidad de que yo me había vuelto la peor, otra vez, con él, porque ahora confiaba en mí. Inconscientemente me lo había ganado con mi verdadero ser.

Casi imposible.

Imposible.

Nadie en su sano juicio se habría encariñado con un desastre con patas, nadie se quedaba a mi lado cuando me descubrían si no hubiese algo que los anclase a mí, como la pena de Leia y Laeti, incluso mis padres me habían abandonado. Ryo no iba a ser diferente.

Nadie lo era.

¿Quién eran los falsos? ¿Yo? ¿Ellos? Estaba claro que el mundo se regía de máscaras, no existe un solo ser humano que no haya puesto una máscara en su rostro para hacerse valer más, para ser más querido. La sinceridad explotaba y se volvían las mentiras.

Vivimos en un mundo en el que se prometen para siempres, cuando no existen los siempres. Ya no había marcha atrás una vez lo jurabas. Todos mentían. Y yo me quedaría sola.

Viktor mintió, sí, él no se esforzó. Eso era lo que necesito tener presente siempre, no caer, no morir de arrepentimiento, morir de pie, no de rodillas. No importaba qué, iba a destruir a todos antes de que ellos lo hiciesen conmigo.

- Solo estaba pensando en que haré con mi vida.

- Hm, ¿ya has tomado una decisión?- preguntó, sentándose a mi lado, cogiendo la botella de agua y dando un trago.

Me quede mirando su botella y la arrebate de sus manos.

Si iba a ser mi acompañante, un traje de buena calidad debería comprarle, no podía permitirme una mala imagen o una falta, era impensable, tenía que entrenarle e instruirle. Nadie va a juzgarme.

- Sí, necesito que vengas a comprar un traje, con todo incluido, no podemos permitirnos un traje barato.

- No tengo tanto dinero.

- Yo pago. Y más vale que no repliques, me juego mucho, así que, relájate y hazme caso.

Nadie iba a pisarme, incluso si yo tenía que sacrificarme por el camino.

[…]

- Esto es excesivamente caro.

Dijo, caminando hacia mí en aquel traje negro suave, de una seda increíblemente cara y con aquella camisa negra.

Yo iba a llevar un vestido rojo pasión, por lo que recogí una pajarita roja, que simbolizaba, en conjunto con el color que éramos pareja. Sí, en efecto, si llevas una corbata significa que estás soltero, si llevas una pajarita, del color del vestido de la chica, significará que tienes pareja y que vais en conjunto. Reglas estúpidas que puedes saltarte pero que son visibles para todos y que nos darían credibilidad.

- ¿Cuánto cuesta?- pregunté.

Debía de ser muy caro para que tuviera esa cara disconforme, asustado y horrorizado. Sin embargo, el traje era de buena calidad, era normal que fuese caro, además estábamos en una tienda realmente buena y casi que estaba al tanto de que, siendo una de las mejores de Paris, fuese caro. Pero para asustarse de ese modo… ¿sería tan pero tan caro?

- Tres mil.

¿En serio? ¿Excesivamente caro? Eso cubría menos de un mes de mi paga mensual.

- Oh, ¿solo?- pregunté, tranquilamente.

- ¡¿Solo?!- exclamó, recibiendo varias miradas de las dependientas.

Rodé los ojos y me levante, colocando la pajarita en su cuello, haciéndolo lucir más elegante que antes, dejo que yo se la colocase y le ajustase todo.

- Señorita, ¿puede buscar unos zapatos importados de Italia que combinen con este traje?- pregunté, imponente.

En estas tiendas tienes que ser dura, imponer un respeto para que no te tomen por idiota o a saber que se les cruzaría por la cabeza, había que prevenir que se pensaran que era una cría como otra cualquiera y no me tomaran en serio.

- Por supuesto, señorita, en seguida se los traemos, ¿qué número?

- ¿Ryo?- pregunté, altiva y superior a los demás.

- Eh… cuarenta y uno.

Parecía cortado, pero yo estaba completamente segura de lo que teníamos que hacer, si él no se ponía como un rico desconsiderado, no podría vengarme con todo lo que tenía. Debía hacer algo y lo primero era llenarlo de cosas lujosas y luego instruirle para que se comportase como un hombre de alta sociedad.

No iba a perder, iban a pagar todos, por mentirosos y falsos.

- En seguida se los traigo.

- Estupendo, apresúrese.

Ryo me fulminó con la mirada, reprochando mi comportamiento pero lo ignore firmemente, eso era el poder, el poder del dinero.

- Ya estás, ¿lindo, no?

- Bueno, esto es increíblemente caro. ¿Y zapatos importados de Italia?

- Considéralo un regalo de cumpleaños.

Me miró y continuó revisándose segundos después.

Mi mirada se ensombreció y completé mi misión, vestirlo elegantemente, pronto sería el día…

[…]

El teléfono sonó, llamándome a la tierra, pues estaba tan inmersa en mis pensamientos que ni siquiera estaba atenta a la llamada insistencia. Mi cuerpo se movió estáticamente y respondí la llamada con tranquilidad.

- ¿Sí?- contesté.

- ¡Tú!- ya conocía esa voz.

- Yo- dije con calma, casi burlesca.

- ¿Cómo que salir con Haru? ¿De qué vas, tía?

Me reí y rodé los ojos.

Estaba, seguramente, roja hasta las orejas, ella estaba colada por él y era obvio, pero desde que yo fui rota en pedazos, como que se solarizo conmigo, diciendo no a los chicos y a las relaciones serias, pero yo no quería que ella se pusiese así de mi parte, solo porque me quería. Apreciaba eso y ya era suficiente.

- Solo déjate de tonterías y sal con él. Te gusta, os gustáis.

- Pero…

- Calla, en serio, ya me contarás, ahora mismo estoy ocupada, te dejo, disfrútalo.

- Bueno, ¿segura?

- Completamente. Sigue.

Y colgué sin despedirme, estaba cansada ya de hablar, no era mi día.

Abrace un cojín y me quede estática en mi lugar, cada vez más fuerte, mucho más fuerte, mis ojos escocían y estaba completamente muriéndome por dentro, era el momento de tomar todo de ellos, destruirlos, cansada profundamente de todo lo que me estaba pasando.

Viktor volvía, Ryo se volvía mi confidente, me abría un poco a Nathaniel, reaccionaba mal con Kentin, Lysandro estaba rarísimo, más de lo normal con ese misterio, Armin estaba profundamente celoso y Castiel había visto como me hartaba.

Todo estaba saliéndose de control.

Todo. Todo.

Me incline hacia la cómoda, donde estaban aquellas pastillas de alprazolam, necesitaba calmar la ansiedad, la tomé con calma y cerré mis ojos, disolviéndola bajo la lengua, me notaba demasiado estresada y con opresiones en el pecho, no quería temblores, no quería ataques de ansiedad.

- Todo saldrá bien. Voy a hacer que paguen…


Se que es corto, pero estoy liada con los comienzos de exámenes.

Por eso no quiero quejas, por favor, también tengo ocupaciones, espero que os agrade.


¿Cuántos reviews me merezco?

380 ESTARÍAN BIEN, ¿NO?

Solo son nueve, la próxima haré un maratón si queréis y triunfamos en reviews.

Ya sabéis, subo si llegamos a los reviews, así que dadle a los comentarios.

¡Venga! ¡Nosotras podemos!