¡Hola, hola, hola, soy Noah!

Al fin traigo aquí el capítulo.

El día que escribí esto me sentía un poco molesta, como triste, por ello he puesto varios sentimientos reales pero exagerados hasta el punto de alguien que ya no puede más. Me parece que me siento identificada con esta chica que he creado sin menciones de parecerse a mí. Ella es todo lo contrario, esta Sucrette, esta marcada desde hace demasiado, lleva en su alma un peso enorme, melancolía, culpa, rabia y rencor. No sabe perdonar, no sabe lo que quiere y está confundida. Es cierto que hay muchas veces que podemos sentirnos así, pero ella lo lleva al extremo... un alma herida tiene esa capacidad, ¿no?

Por eso estoy tan entusiasmada con esta historia que he creado.

Espero que os guste este nuevo capítulo.


Disclaimer:

Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré, acompañados de los personajes de Eldarya pertenecen a Beemov y a su fantástica creadora, ChiNoMiko.

Los personajes de AnticLove, son de sus creadores tan buenos. Créditos reservados a ellos y usados con ánimo de lucro.

Y bueno, los demás, son OC's que pertenecen a mi mente e imaginación, si necesitáis usarlos, o cualquier cosa, tenéis que avisarme por mensaje. También la trama, la historia y todo me pertenece, NADA de robo.


Explosive

[Sólo porque alguien no te amé como tú quieres, no significa que no te amé con todo su ser.]

Estorba. A veces lo hace.

Respirar se hace pesado y comienzas a temblar, las paredes caen, te sientes en medio, un montón de restos rotos, piezas que no encajan, las paredes se rompen del todo mientras gritas y lloras, solo quedan restos de lo que fueron y te dejas ir… Nada queda más de lo que una vez fue. Ocultas tu mirada y no buscas la realidad.

Impensable.

Incorrecto.

Rota.

Y estorba, estorba mucho cuando abres tus ojos y ves que no queda nada, nada queda, nada hay, nada parece encajar, nada te parece real… solo quedas tú, siendo aplastada por la triste y estúpida realidad. No importa como lo pintes o intentes verlo. Te estorban esos sentimientos de desesperación, cualquiera puede intentar reconstruirlo de nuevo, pero no todos lo lograrán… no hay nada más que una niña que colapsaba, solo quedaba yo. Yo en un mundo lleno de puntos, espirales que se destruyen las unas a las otras… que estorban. Todo estorba.

Tomas el camino fácil porque es lo único que se ve factible, real, algo real… no es posible que lo sea. Yo no quería hacer lo correcto, para eso ya no tenía tiempo…

[…]

- Buenos días-

Las puertas se cerraron tras de mí, mis ojos estaban fijos en aquella mujer fría y rosa. Con su rostro envejecido, llena de curiosidad hacia mí, me observó atenta, esperando cualquier respuesta. Me sentía lejos de ella, así que avance unos pasos.

- Buenos días, señorita Darcy, ¿qué se le ofrece?- preguntó Shermasky.

- Venía a hablar de la propuesta que me ofrecieron, y que seguramente mi madre no contestó.

- No lo hizo, no.

Me senté en aquellas acolchadas sillas y cerré los ojos tomando aire en una cantidad desmesurada, necesitaba relajarme, apreté aquel bolso con las manos. Estaba dispuesta a darlo todo para vencer.

Dicen que solo son etapas, me restan credibilidad, aparecen para confundirme, se creen más listos que yo y vienen a juzgar. Odiaba a la gente, odiaba el mundo, mi vida. Lo odiaba todo. Me sentía constantemente cayendo por un precipicio infinito, nunca había caída, pero siempre miedo, y cuando empezabas a pensar que eso ya no acabaría, te acostumbras. Pero la costumbre se rompe cuando crees ver el final, ya es hora, suspiras aliviada, pero temes. No quieres que acabe al final, pero yo creo que siempre he querido que acabe.

Quiero dejar de estar triste, quiero dejar de estar rota. No quiero ser defectuosa.

- Me gustaría terminar este trimestre y luego, estaré dispuesta a estudiar por mi cuenta y presentarme a los exámenes de acceso a la universidad- contesté.

Nada tenía sentido ahora.

No necesitaba el instituto para aprobar, no necesitaba a nadie. Me necesitaba a mí, así nunca me abandonarían, nadie podría, yo no puedo abandonarme a mí misma y eso me mantendría a salvo. No puedo hacerlo, no importa como lo miré. Es imposible que eso ocurra. Yo sobreviviría.

- Eso son buenas noticias, nos dará tiempo a informar al comité y explicar su caso. Preparar papeles y exámenes… requisitos básicos para llevarlo a cabo- explicó, como si fuese tonta.

- Sí… respecto a los exámenes, si me hacéis uno final, bastará.

- Tomaremos en cuenta su sugerencia.

Por supuesto que lo harían.

Mis ojos se fijaron fríamente sobre la mesa, estaba por estallar, quería estallar. Mi mente se encontraba dividida entre todo lo que había sucedido en estos últimos meses, ojalá hubiese detenido mis pensamientos de ligármelos a ellos, quizás, y solo quizás, nada hubiese sucedido. Seguiría en mi zona de confort. Segura. A salvo. En calma. En paz. Ciega.

Me levanté del asiento y camine hacia la puerta. Era suficiente. Suficiente.

- ¿Qué la ha llevado a tomar esta decisión, si puede saberse?

- No es asunto suyo, señora- la fulminé con la mirada y la vi tragar saliva. –Odio a los metiches como usted, seguro que mi madre ha metido un buen fajo de billetes en su faja, y si no, lo haré yo. Ocúpese de mantenerme contenta o me parece que este instituto que tanto le costó fundar será destruido.

Tan harta. HARTA. COMPLETAMENTE HARTA. HARTA. HARTA. HARTA.

[…]

Me senté en el aula de audio, mirando por la ventana, saltándome clases en el recinto, daba igual si me pillaban, Shermasky había estado asustada al conocerme a mí, estaba completamente segura de que era consciente de los ingresos que mi familia hacía para mejorar las instalaciones para mí. Era obvio que ella no se permitiría ponerme un dedo encima. Los profesores podrían asustarse de mí, incluso la de ciencias, si me lo proponía.

Pero ya nada importaba.

Nada lo hacía, realmente, solo estaba viviendo una obligación constante. Daba igual que fuese por cosa de mis padres, el destino o yo misma. Siempre estaba ahí, la presión, las cadenas, las ganas de impactarme contra el suelo y enterrarme allí.

Estaba realmente perdida, perjudicada.

Los paisajes del instituto eran mediocres, pero el viento meciendo las hojas de los árboles me parecía realmente adorable. Casi calmaba todas esas emociones que me embargaban, era como cuando era pequeña y salía al parque a mirar el movimiento de las hojas bailando con el viento. Como a su compás se movían y seguían las notas… como aquellas cosas me hacía pensar.

Sin embargo, el nudo en mi garganta crecía, en mis entrañas el rencor se movía, la tristeza me envolvía. Desvíe la mirada hacia la puerta y, por el cristal vi pasar a aquel chico.

Me levanté y cuando se acercó al aula en la que estaba, abrí la puerta, y tiré de su manga. Se sobresaltó aún más, esperando algún tipo de palabra de mi parte, lo único que hice fue tirar más fuerte hacia dentro del aula.

Me di la vuelta, me sentía vacía. Vacía y harta. Harta. Vacía.

- Sucrette…- susurró.

- Quiero que vengas hoy a casa. Te esperaré, ven puntual. Lo antes posible.

[…]

Eran las dos y media.

Permanecí sentada mirando el teclado, coloqué mis dedos y comencé a practicar. Nuvole Bianche. Nubes blancas, así se titulaba la canción que tantas veces había tocado para mi familia.

Mis manos comenzaron a recorrer suave y lento el piano, cada nota, cada vez que movía los dedos para cambiar, tenía un dolor encima que se palpaba como si fuese real. Sentía la tristeza del alma de esta canción. Sentía como mi cuerpo reaccionaba a ella, se apagaba.

Toqué y toqué, sin dejar de sentirla.

Se parecía mucho a como cuando eres pequeño y lloras, como cuando la inocencia te inunda y ves algo muy triste y piensas que es lo peor que te podía pasar, como si fuese la muerte para ti y para tu corazón. Sin saber que eso no es nada. Que eso no duele. Que eso solo es el principio. Era como cuando las cosas malas te hunden y te aprietan hacia abajo.

El pesar de cada nota, como si les costase unirse y formar la melodía más triste y melancólica. Avancé el ritmo, la canción comenzaba a agilizarse y cada vez se notaba más el peso que tenían mis dedos al tocarla, poco a poco ya no veía el piano, ya no oía a la gente mirándome y hablando de cómo tocaba la canción. Estaba inmersa en mi mundo, en mis llantos, en el daño, en terminar de tocar la canción, no dejarla a medias.

Hacia siglos que no tocaba, hacia tanto que no terminaba una canción. Ahora tenía que darle un final, un final para tranquilizar y calmar su alma. Quería terminar lo que hace mucho no termine, como las nubes blancas que surcaban el cielo y se deshacían en su recorrido, necesitaba hacerlo.

Mi pie presionaba el pedal del piano y mis dedos se movían, poco a poco la melodía se terminaba. Como un suspiro de vida, como si se tratase de su vida, siempre pendientes de la música, se apagaba al terminar… Era real. Como yo y como el mundo.

Pulse la última nota, despacio y con intensidad. Y los aplausos se cernieron sobre mí, el público me vitoreaba pero yo solo podía ser consciente de una cosa. ¿Cuándo había comenzado a llorar?

[…]

Salí de la tienda/bar, tras agradecerle al dueño del establecimiento de música clásica dejarme practicar. Él, con una sonrisa agradable y su rostro arrugado, sonrió y me pidió que regresase de nuevo a tocar, pero con una canción más alegre, que sintiese la energía correr con la melodía y así, al terminar, pudiese sonreír.

Quise decirle que se metiese en sus asuntos, pero tal adorable y tierna cara me frenó. Yo había vendido varias veces por ahí y no quería dejar de hacerlo.

Cuando comencé mi nueva vida en Amoris quise tocar para relajarme, pero había dejado la melodía a medias, estaba demasiado afectada por ello. Mi tía insistió que si quería tocar, que traerían mi piano, que hablaría con mi padre, pero me negué. Esa cosa solo me hacía revivir los recuerdos amargos de mi pasado. No quería tener el piano en casa. Ya no. No necesitaba nada que me hiciese abrir las heridas... Yo destruiría todo lo que me recordase a mi antiguo yo…

- ¡Espera! ¡Espera, por favor!

Seguí caminando, que ruidosa, ¿a quién estaría llamando tan insistentemente? Era molesto.

- La chica que acaba de tocar en Classic Style, por favor, ¡espera!

Me detuve y gire la cabeza para ver a la persona que me llamaba, cabello castaño, ondulado y a media melena, ojos violetas y rostro lindo estaba corriendo hacia mí.

- ¿Qué?- pregunté, introduciendo las manos en mis bolsillos.

- Eso ha sido… wow.

- Gracias, ¿algo más?- pregunté, tosca.

Ella me miró un poco turbada, pero mantuvo su frente en alto. Interesante.

A pesar de que se veía como un cachorrito frente a un tigre, estaba siendo firme, estaba dispuesta a continuar nuestra charla aunque le costase un zarpazo de mi parte. Me gustaba su determinación… una pena que me molestasen los humanos en general. Tendría que dejarla K.O.

- Me gustaría volver a escucharte tocar el piano, te oí la primera vez que tocaste allí, pero jamás apareciste, dos años esperando…yo… admiró tu forma de tocar… por favor, podrías…- buscó en sus bolsillos y me extendió la tarjeta de presentación. –Llamarme cuando vayas a volver a tocar, por favor.

- Yo he dejado el piano. Y no voy a coger eso, cómetelo. Y desaparece.- mi mirada se ensombreció. -Si tienes suerte de pillarme la próxima semana un día, escucharás, pero nunca más volveré a tocar.

Ella se asustó, retrocedió, pero continuó mirándome.

Pobrecita, iba a ser devorada por el tigre si continuaba mirando y tratando de amistarse con él, en esta vida o pisas o te pisan, tan obvio como eso, tan sencillo como eso.

- Per…- la interrumpí.

- Métete en tus asuntos- miré la tarjeta que me extendía. –Erika.

Y me alejé de ella, maldita insolente.

[…]

Me pesaba el cuerpo, me dejé caer en el sofá y me abracé al cojín.

Mi estómago se encontraba cerrado, no quería cocinar y tampoco comer, era como ser una cáscara vacía, últimamente tampoco dormía muy bien, me sentía presionada por algo invisible y al mismo tiempo quería gritar de felicidad por haber encontrado salida a mis problemas… ¿esa era la salida verdad?

Cerré los ojos, consciente de que no me iba a dormir, no podía hacerlo, me costaba hasta respirar como para dormirme. Todo costaba cuando se trataba hacer algo conmigo misma, me costaba tanto que no sé cómo logre levantarle con el sonido de timbre.

Ni siquiera sé cuánto tiempo había estado tirada allí en el sofá, se sentía eterno, como el dolor que me oprimía.

Era Kentin. Kentin…

Me puse firme y abrí la puerta de casa también, espere a que subiese desde el portal a mi ático dúplex y me senté en el sofá, mirando la tele apagada. Él entró y caminó hacia mí, sentándose a mi lado, mirando también el punto que yo estaba mirando, o intentándolo, porque ni siquiera estaba consciente, yo misma, de a dónde estaba mirando.

- Hola- dijo. –Siento mucho lo del otro día.

- No es tu culpa, lo siento yo- dije yo. –He sido muy dura, tú no tienes la culpa.

Pero iba a echártela, daba igual que hubieses o no participado en mis heridas, daba igual como lo hicieses, tú eras un enemigo si intentabas cambiar lo incambiable…

Le besé, mis labios se unieron a los de él.

Sentía una presión en mi garganta y nuestros besos fueron excediéndose a pasionales, cada vez que nos rozábamos, cada vez que nuestra conexión se excedía… mi cuerpo se sobrecalentaba a niveles altos, parecía que mi cuerpo reaccionaba, temblaban mis hormonas y mi cuerpo, reaccionaba muriéndome con cada roce de sus manos en mi pelo.

Se sentía bien.

Procedí a besarlo, más intensamente, más poderosamente, me sentía bien, realmente bien. Le miré a los ojos, rozando mi nariz con la suya, volví a besarle y situarme encima de sus rodillas. Nuestras lenguas se enlazaron rápidamente y mis manos conectaron con las suyas, llevándolas lentamente a mis caderas, me sentía bien. Le besé una vez más, pero más intenso.

Ahora pasábamos a cosas más serias.

Poco a poco la temperatura subía, notaba una presión en mi parte baja, ejercida claramente por él. Su cuerpo se sentía rígido.

- Todo está bien, estoy lista.

Retiré mi camiseta ante él, mi sujetador se mostró y suspiró de placer, casi sonrió egocéntricamente, si solo eso le encendía, entonces podía sentirme realmente hermosa, aunque en el fondo ya lo sabía. Me sentía hermosa todo el tiempo y ellos solo lo incrementaban tratándome como si fuera su reina, única y exclusivamente solo para mí.

Sus manos temblaron lentamente colocándose en mis caderas, era realmente satisfactorio ver su duda, su miedo a romperme.

- Eres preciosa…

- Tú lo eres más…- susurré. –Tócame…

Nuestros besos continuaron, Kentin estaba un poco estresado, sin embargo, sus manos recorrieron mi espalda mientras yo continuaba besando cada centímetro de su rostro, para regresar de nuevo a sus labios e invadir su boca una y otra vez, recorriendo su boca con mi lengua.

Con cada beso, con cada caricia, la temperatura subía.

Sus manos retiraron, a duras penas, mi sujetador y yo retire su camisa y su camiseta de tirantes negra, me gustó ver ahora su torneado cuerpo, su cuerpo ejercitado… quise deleitarme con él, pero mi propuesta no fue otra que ir a la cama.

Me llevó en brazos, con sus manos sujetándome, con nuestros labios conectándose, una y otra vez me tumbó en la cama mientras, con pasión me dejaba millones de besos por todas partes, intentando conseguir una estabilidad y una calma.

- Quiero tomar el ritmo yo… está vez.

Sonreí, tapando mi boca y mirándolo con perversión inocente fingida.

Pude ver su sonrojo, como la presión le crecía dentro y así, continuamos nuestra entrega amorosamente, sus manos recorriendo mi cuerpo, su desbordante amor y aquello que me hacía sentir importante hasta la muerte. Retiro mis pantalones y mi ropa interior y yo quise hacer lo mismo, pero lo hizo por mí.

Enredados entre las mantas, Kentin subió para mirarme, el misionero…

- Abrázame…- susurró él.

Y no dudé en pasar mis brazos alrededor de su cuello y sentir la estocada más suave en mucho tiempo, era increíblemente suave, sus caricias, sus besos, todo era tan dulce que sentía que iba a derretirme o morirme de una sobredosis de azúcar.

Envolví mis piernas alrededor de su cuerpo, mientras tanto él continuaba dándome placer, siendo ayudada del vaivén de mis caderas. Estaba realmente tranquila, cada vez más, mucho más. Me sentía relajada y aun así… aun así… quería destruir…

[…]

Kentin se había ido, yo también, había sido casi agradable juguetear en la cama luego de ello, había sido agradable destruirle ahora que le he quitado lo que quería darme. Ya no tenía marcha atrás, ya no había forma de que lo recuperase porque tampoco podía dárselo.

La gente pasaba por todos lados, la gente sonreía y charlaba, la gente caminaba sin preocupaciones al lado de la preocupación personificada, del dolor y la soledad, sin percatarse, porque eso es lo que era yo, y a nadie le importa realmente.

A mí dejó de importarme hace tiempo.

Las personas decepcionan a las demás personas. No importa como lo hagas, esas personas te dejan y te traicionan, te dejan tirada cuando más los necesitas y apenas les importa, no te miran realmente, te dejan calmadamente y sin que te enteres…

- Estoy tan harta.

Caminó hacia donde sus pasos la llevaron, estaba claramente aburrida de este mundo y esta forma en la que evolucionaba. La falsedad de la gente… ellos ni siquiera te miraban a la cara y te veían como eras, solo tomaban lo que querían de ti, utilizándote y luego dejándote.

- ¿Sucrette?

Se giró firmemente para ver quien la llamaba.

Una mujer totalmente cubierta, unas gafas de sol muy llamativas, capucha que cubría su cabello, sin embargo, aunque su ropa era demasiado cantosa y ancha, parecía realmente hermosa aun así. Estaba completamente linda... Esa voz…

- Hola. Estaba segura de que eras tú… ¿te hace… tomar un café conmigo?

Si puedo estrangularte, sí.

[…]

¿Y esa superioridad?

¿Por qué me miras con esos ojos? ¿Por qué luces tan decepcionada y tan superior a mí? ¿Por qué todos os alejáis cuando más os necesito? ¿Crees que puedes juzgarme? ¿Tú?

Todas las personas son estorbos si me dificultan el camino o se creen mejor que yo, no puedo soportarlo. Sus palabras, aquella mirada que me intenta decir que yo no soy suficiente, ¿quién se cree? Intenté controlar la ira, intente hacerlo, pero… cuando se puso a hablar en aquella cafetería, tan asquerosa…

Me levanté bruscamente de la silla. Mi cuerpo tembló de ira y, cuando mi puño impactó sobre su cara, golpeándola una y otra vez, la gente comenzó a gritar y varios se acercaron a separarnos.

Sus gafas, su cara…

- Te odio, te odio, te odio, te odio, te odio tanto. Tanto. Tanto. Tanto. ¡Te juro que te mato! ¡Te voy a matar!

Lanzándome hacia esa estúpida, volví a ser detenida, por unos brazos fuertes que me levantaron en el aire, sacándome de ahí.

¿Quién se cree que es? ¿Quién se cree que es? ¿Quién se cree? ¿QUIÉN?


Y hasta aquí llegamos.

Poco a poco se acerca el final, uno ya ha caído, solo queda Nathaniel.

Respecto a Nuvole Bianche, es una canción real, si queréis escucharla, os la recomiendo.


¿Cuántos reviews me merezco?

390 ESTARÍAN BIEN, ¿NO?

Pronto nos acercamos a los 400 y nada me haría más ilusión, gracias por acompañarme tanto tiempo y apoyarme.

Os quiero.