¡Hola, hola, hola, soy Noah!
Siento la tardanza, el rollo y todo en el anterior capítulo. Sé que es corto, pero no estoy realmente muy libre ahora mismo y tengo varias actualizaciones que hacer, ahora mismo. Así que, lo siento por ser corto.
Espero que os guste.
Disclaimer.
Los personajes de Corazón de Melón y Eldarya pertenecen a ChiNoMiiko y Beemov.
Los OC's son de mi propiedad, si queréis usarlos deberéis notificármelo y pedir permiso.
La historia es solo mía, cero plagio y no adaptaciones sin permiso.
Inútil
[Sólo porque alguien no te amé como tú quieres, no significa que no te amé con todo su ser.]
Sus brazos fuertes, su aliento cálido, su mirada está bastante decepcionada.
¿Por qué me miras así? ¿Por qué haces eso? ¿Por qué me miras como si todo fuese mi culpa? ¿Por qué me culpas? ¿Por qué siempre todo termina mal para mí? Todo siempre termina mal. Todos me miran con esos ojos cada vez que no puedo más. Todos me miran y todos me abandonan, todos me dejan y todos se avergüenzan.
- Suéltame.
No responde, sigue tirando de mí a un lugar alejado.
Todo ha pasado tan rápido que no puedo hacer más que quedarme allí y ser arrastrada lentamente por él, mis ojos están cada vez más vacíos y más oscuros. Suéltame, solo suéltame. Que me deje, que me suelte, que deje de tener esa mirada.
- ¡Suéltame te he dicho, inútil!
Se detiene y me mira, aguanta mi cara entre sus manos.
- No.
- ¿Es que estás putamente sordo, Ryo? Te he dicho que me sueltes, ¡no me toques! ¡No te atrevas a tocarme!
Ryo solo se inclina, besando mis labios lentamente, no puedo moverme en ese momento, pero simplemente me quedo allí, recibiendo un beso que ni me entusiasma ni me desanima. Solo lo dejo ir. Lo dejo hacer lo que quiera.
Ya no me importa nada.
[…]
- ¿Cómo te encuentras?- pregunta, extendiendo una de esas asquerosas tilas.
- No la quiero- replico.
Él no dice nada, solo la acerca a mí y me abraza suavemente por detrás.
No me hace nada, no me calma, ahora mismo solo necesito borrarlo todo, no quiero existir en un mundo como este, no quiero estar constantemente frenada por todos los demás y no quiero explicarle a nadie que me pasa. Mi corazón cada día se rompe más. No puedo.
No puedo.
No lo hago.
- No sé qué demonios tengo que decir a lo que le has hecho…
- Solo tienes que callarte.
Estoy cabreada. Ryo resopla y me deja en su sala de estar, no quiere discutir conmigo.
[…]
- Sucrette.
- Todo el mundo va a dejarme atrás.
Él sonrió y se levantó, acarició mi cabello y me asentó entre sus brazos.
- No importa qué, puedes utilizarme todo lo que quieras, voy a recibirlo todo, ¿está bien?
- Eres un inútil, ¿vas a permitir que te lleve a la oscuridad?
- Estaría bien visitar otros lugares.
Sonreí irónicamente, pero acepté su abrazo. Solo tengo que atarle a mí, para que nadie me abandone…
[…]
La noche llegó increíblemente pronto, no habíamos dicho gran cosa, me había dedicado a leer alguno de los libros en aquella estantería repleta, me pareció casi irónico el hecho de que una estantería estuviese más llena que yo. Tan patético que los libros tuviesen más que contar que yo.
Sin embargo, me calme, incluso aunque escuchase a Ryo hablando por teléfono con la zorra de Skylar, al parecer se encontraba "bien", dijo que no tenía importancia y que tenía buen gancho, que quizás preferiría quedar otra vez conmigo, con él y Viktor delante, que seguía queriendo decirme algo.
Esa ilusa se atrevía a esperar algo de mí.
Me enfurecía.
- Oye.
- Un segundo- continuó hablando al teléfono, así que supuse que me lo decía a mí.
- Ignora a esa persona- gruñí.
- Skylar, me das un momento- despegó el teléfono de la oreja y supuse que puso el silencio. –Estoy preocupado por ella, y tu deberías, ¿no sé? ¿Arrepentirte un poco?
- No, gracias. Se lo merecía, ella habló…- me callé.
Ryo se acercó a mí y esperó durante unos largos minutos a que comentase lo que iba a decir.
Pero no pensaba decírselo, no pensaba contarle todo lo que estaba diciendo y parloteando, esa mujer no era buena, no era buena, no lo era. Estaba hablando como si me conociera, como si lo entendiese, como si ella supiese todo sobre mí. Hablando con esa… cara tan hermosa y tan llena de sentimientos positivos.
Se lo merecía.
Lo merecía completamente.
- Me voy a casa.
- Es mejor que te quedes. Al menos hoy, mañana no vayas a clase.
Mis ojos volvieron a la ventana.
No debería resistirse a mí si antes había aceptado quedarse y ser arrastrado por mí a la oscuridad que era mi mundo, debía simplemente callarse y aceptar todo lo que yo estaba diciendo, debía colgar, ella no me gustaba, ella se lo había llevado todo y yo no quería que se llevase todo lo que deseaba o ansiaba.
- Entonces, acompáñame a un lugar, y cuelga de una maldita vez, esa mujer me enferma.
[…]
La mañana siguiente, Ryo me acompaño al lugar, allí estaba yo, frente al conservatorio de música, ahí había estado yo varios años y me ayudarían en lo que hiciera falta, así que, le pedí que me acompañase a ensayar.
Quería la opinión de alguien que no tenía ni idea de música, como los que estarían en la gala benéfica de Viktor y su familia. Todos fingían amarme y alababan mi música, sin tener ni idea y ocultaban su estupidez bajo una enorme máscara de incoherencia.
- Escucha y juzga con tus oídos que no entienden de música.
- Oye, eso es ofensivo para mí.
Le miré con cansancio y él entendió que mejor callarse. Me dejó tocar en completo silencio.
Mis manos circularon desde el inicio al final del teclado, toque, desgarradoramente una canción llena de odio y rencor, tristeza, había decidido crear una obra nueva, no es que fuera increíblemente buena componiendo, pero estaba segura de que yo era mejor cada vez que me enfadaba, mi imaginación recorría todo mi cuerpo y se cernían mis más bajos deseos mundanos.
El piano sonaba atronadoramente, con fuerza y con notas altas y fuertes, de vez en cuando cambiaba la intensidad, al ritmo correcto y conectándose lentamente. La canción estaba llena de odio, pero al mismo tiempo combinaba un dolor más profundo de lo que nadie se imaginaba.
Incluso así, la canción era hermosa.
Cuando acabe de tocar, me gire para verle el rostro, totalmente sorprendido. Aplaudió.
- Es increíble.
Asentí, eso era lo que pretendía.
Miré mi móvil tranquilamente mientras que esperaba a que Ryo dejase de alabar la canción y hablar de ella como si la comprendiera, debería ver a alguno de los chicos, a Nathaniel en concreto para que me diese los apuntes de las clases de hoy, para situarme, no iba a usarlos realmente. No me hacía falta.
[…]
Ryo fue a su universidad a aparentar que iba a hacer algo, solo iba a dos horas, porque eran las que le quedaban durante este día, yo aproveche para volver a casa y cambiarme, también quería llamar a mi abuela para informarle que quería tocar una canción propia llamada "Shadows".
Tras terminar, me dirigí a la cocina, debería hacerme algo de comer, de hecho tenía bastante hambre. Aunque me había hecho un tazón enorme de cereales, ya eran las dos y media y me apetecía comer algo consistente, así que quise hacerme una buena hamburguesa.
Una vez comí, decidí llamar a Nathaniel para informarle de que pasaría por su apartamento para recogerlos, accedió inmediatamente e hice tiempo, mirando por la ventana sin hacer gran cosa. Cuando iba a salir fui interrumpida por el sonido de unas llaves en mi puerta.
Levante la cabeza aturdida y vi como mi madre entraba tranquilamente.
- Hola, bomboncito de crema.
- Madre.
Rodé los ojos un poco molesta, mis ojos la examinaron, como siempre vestía un conjunto llamativo y casi me sorprendí al verla aquí porque normalmente avisaba o algo.
- ¿Tienes tiempo para tu preciosa madre?
- Estaba a punto de salir.
- Oh, eso puede esperar, me gustaría que fuésemos en terapia juntas.
Si había decidido, de una vez por todas, seguir adelante, entonces debía mantener mi apariencia sumisa y perfecta, incluso aunque mi madre conociese un poco mi cara oculta y molesta con el mundo, no la conocía del todo. Si me negaba seguramente ella no estaría contenta y armaría un escándalo mundial.
- Solo un rato. Aunque sabes que no lo necesito.
Ella sonrió con unos ojos bastante perspicaces.
Ella no parecía completamente divertida ante mi negación, eso significaba que su astucia y contactos le habían revelado algo, hice bien en no negarme, sostuve mi móvil entre las manos, planeando mandarle un mensaje a Nathaniel retrasándolo un poco, al menos solo un poco.
- Según Skylar, no lo creo, pero solo vamos, ¿de acuerdo?
No mencione nada, solo la seguí tranquilamente hasta su coche, un Audi de los nuevos, mi madre era extravagante, pero desde siempre había preferido un Audi a un Lamborghini o un Ferrari, no sabía porque, si ella quería todo a lo grande.
El camino se hizo extenso mientras mi madre trataba de buscar un tema de conversación, sin embargo yo no estaba demasiado por la labor, prefería callarme ya que no tenía nada que decir.
Una vez llegamos a nuestro destino, fuimos tratadas como reinas y como privilegiadas, el doctor había simplemente barrido las citas, así que, era todo el rato para nosotras, básicamente el dinero lo da todo.
- Buenas tardes.-
- Buenas tardes, señoritas, tomen asiento, por favor.
Obedecimos y yo apoye mi cabeza en mi mano, mientras esperaba por algun sermón o algo, pero nadie dijo nada, seguramente estaban esperando a que me expresara.
- No tengo nada que decir- aclaré.
- Entonces… ¿está bien si yo pregunto?- dijo él, mirándome seriamente.
- Haga lo que quiera.
Mi madre acarició mi cabello y yo solo suspiré, cansada.
- ¿Qué opinas de Skylar?
- No me gusta. Ella se cree tan… no la soporto, ojalá desapareciera.
El doctor apunto en su libreta, molestándome un poco, pero decidí ignorar el hecho de que me estaba evaluando como si lo entendiera. Como si pudiera llegar a comprenderlo, como si supiera lo que siento o pudiese comprenderlo.
Me enfermaba.
Él solo quería dinero.
Te odio. Os odio. Ojalá desaparecierais todos. Todos. Todos. Ojalá desaparecierais todos.
[…]
Me tambalee un poco cansada hasta el telefonillo de mi piso.
- ¿Sí?
- Soy yo, Nathaniel, he venido a traerte apuntes.
- Sube.
Nathaniel aceptó y abrí la puerta para él, volví al salón, dejando la puerta de la entrada abierta, esperando tranquilamente a que llegara arriba, una vez entro reviso todo tras cerrar la puerta, tranquilamente le mire y le invite con la mano a sentarse a mi lado en el sofá.
- Hola.
- Hola, ¿estás bien?- preguntó tranquilamente.
- Sí, he tenido que hacer un chequeo, nada serio- sonreí, como si todo estuviese maravillosamente bien.
Y él se lo creyó.
Nunca podría dudar de mí. Estaba tan cegado por mí que no podía mirar más allá de lo que yo decía, siempre y cuando saliese de mis labios él estaría de acuerdo porque estaba enamorado. El amor era una perdición horriblemente oscura.
- ¿Qué tal las clases?
- Bien, te echaba de menos.
Sonreí dulcemente y me incline para besarle, no se opuso, de hecho, pareció tan feliz que, al devolverme el beso pareció tan potente que casi podría quedarme sin aire. Besaba bien, mejoraba por momentos, con cada beso, con cada toque.
No me importaba nada que no fuera tomar de él todo su amor y abandonarle.
Al separarnos, sonrió avergonzado, con las mejillas totalmente rojas, me pareció tiernamente desesperante, ojala pudiese sentirme tan feliz como él. Ojala no doliese tanto. Se parecían tanto a mí, que me irritaban.
- Nath yo quiero que me toques…
- ¿Eh…eh…?
Una vez que él se quedó esperando mi respuesta y mi explicación, sonreí divertida, acercándome más a él, dejó caer sus apuntes al suelo en el momento que le toque con mis frías manos. Me acerque tan peligrosamente que le sentía el corazón latiendo demasiado.
- ¡Ya estoy aquí mi dulce fruta del bosque! ¡TE HE TRAIDO HELA…!
Me quedé estática al sentir el golpe de la puerta contra la pared, y a mi madre cerrándolo de golpe mientras gritaba alegremente que estaba en mi casa. Mis ojos se abrieron ante la sorpresa y permanecí en mi posición mientras mi madre nos miraba.
Nathaniel tembló de emoción y mis ojos se entrecerraron.
- ¿Madre?
- Hola bebita, ¿en vez de helado debí traer condones?
Nathaniel tosió bruscamente, estremeciéndose un poco al descubrir a mi madre mirándonos, fue como si se atragantase con su propia saliva.
Me incorporé en mi posición y rodé los ojos hastiada.
- ¿Qué haces aquí?- gruñí molesta. –Nos vimos esta tarde-
- ¿Una madre no puede venir a ver a su hija sin que se la juzgue?
- Ugh, gracias, madre.
- ¿Y quién es el apuesto joven? Tan liiiiiindo.
Nathaniel se incorporó bruscamente y miró a mi madre.
Casi me rió por lo patético que había sido, estaba tan tenso que era divertido, no podía esperar otra cosa de él, estresado por siempre por cualquier detalle absurdo. Él siempre había sido así, tan intranquilo y serio que era divertido.
- Yo soy Nathaniel Leblanc, un placer conocerla señora.
- ¿Uh? ¿Tú eres hermano de esa arpi… niñita tan presumida?
Nathaniel e avergonzó durante unos segundos y asintió, supongo que decepcionado porque Amber influyese en mi madre.
- No te preocupes, cariño, ¿quieres quedarte a ver una película con esta madre tan aburrida y esta hija tan seca?
- ¡Madre!-
- ¿Qué?
Nathaniel negó con la cabeza.
- No, mejor os dejó solas para que disfrutéis de vuestros momentos juntas-
[…]
Mi madre puso una película aburrida.
- Viktor va a venir aquí, ¿sabes?
Abrí mis ojos molesta, y me levanté del sofá. Dispuesta a replicar, a punto de decir algo seriamente pero antes de que pudiera mi madre me fulminó con la mirada.
- Solo sé obediente.
Hasta aquí hemos llegado.
Sí, muy corto, lo siento, no tengo tiempo. Pronto Nathaniel, pronto caerás.
¿400 reviews?
Solo son... 8.
Venga, podemos.
Son gratis. 400 y seguimos.
