Hola mis queridas lectoras, aquí les traigo la continuación de esta historia en tiempo y forma (: Gracias a las que pusieron este fic en alertas y favoritos, realmente lo hago con mucho cariño n.n
Disclaimer: InuYasha y compañía no me pertenecen, son de la fantabulosa Rumkio Takahashi. De lo contrario, Kikyo nunca hubiera sido revivida.
Advertencias: AU, bastante Ooc, zombies y gore. Posiblemente se desarrolle un poco más lento que los fics comunes. Si sos sensible... bueno, leelo bajo tu responsabilidad.
Aclaraciones de autora: Bueno, aquellas que vean a InuYasha un poco afeminado por estar en stock y con los ojos llorosos en los capítulos anteriores, solo piensen un momento, cual seria su reacción si todas las personas a tu alrededor se desvanecieran en un minuto.
Para este capitulo tuve que meter un Oc, pero solo por unas lineas.
Guarda que empieza!
Cerca del mediodía Akira tuvo que levantarse con muchísimo cuidado del sillón ya desvencijado de la sala principal para atender el llamado de la naturaleza. El esfuerzo de erguirse le pareció increíble por que le estaban afectando graves episodios de lipotimia(*) por la mala alimentación que estaba sufriendo en los últimos días. El sabia que en la cocina cada vez mas gente se reunía a comer una efímera ración de alimentos, pero el se encontraba en un estado tan depresivo, que por mas que sentía hambre, no quería comer.
Se encamino hacia los baños lentamente, sosteniéndose con las paredes. Cuando se arrimo al umbral de la puerta cerro los ojos y arrugó la nariz. Casi se le escapa una arcada. Con cuatro días y 9 hombres usando un cuarto de baño en deplorables condiciones de higiene, el olor repugnante de heces y orina rancios, viejos y estancados era vomitivo y hasta dulzón por la putrefacción. Ya no importaba si usaban los inodoros, con un rincón oscuro de la habitación bastaba para descargar las necesidades. No entendía como él podía seguir usando esa asquerosidad como baño. Tomando una bocanada de aire y reteniendo la respiración entro como una exhalación al cuarto y se dirigió a un mingitorio, que tenia arriba una ventana que daba al exterior. Al empezar a orinar levanto la vista y se atragantó con el aire retenido y su propia saliva. Fuera, bajo la luz mortecina, una mujer caminaba lentísimamente un poco ladeada, alejándose del estacionamiento del Centro Comunitario.
olvidándose de el punzante dolor de su vejiga llena y el repugnante olor en el baño, se precipito hacia la cocina, en donde estaban la mayoría, lo mas rápido que pudo y que la sorpresa le permitió. Abrió la puerta de un portazo y se arrimo hacia dentro sosteniéndose de los marcos.
-Hay.. hay movimiento..- Respiro rápidamente -Hay movimiento afuera- Su voz fallo mas de lo que le hubiera gustado.
InuYasha junto a Kagome y seguidos por Miroku se levantaron de la mesa en donde estaban tomando la sopa de almejas y se acercaron a Akira.
- Que dices?- Pregunto el ojidorado un poco alterado. Difícilmente controlaba sus impulsos.
-Cálmate, InuYasha.- Dijo kagome mirándolo cansadamente. Luego miro a Akira y recargo una mano sobre el hombro del muchacho. -Dinos que viste-
Akira, que por cierto llevaba el pelo negro corto engrasado hasta los hombros y los ojos grises cansados, con oscuras ojeras asintió levemente con la cabeza, giro sobre sus pies y se dirigió hacia la puerta principal, donde había una pequeña ventanilla. Señaló el rectángulo de vidrio. InuYasha se asomo, observo y se sorprendió. La mujer tambaleante poco había avanzado desde que Akira la había visto en el baño. Sango, que los había seguido desde la cocina en silencio, corrió a InuYasha y miro al exterior junto con Miroku abriendo los ojos impresionada. Kagome, impaciente, le pregunto Akira que era lo que había afuera y este le contesto:
-Es una mujer que se aleja del estacionamiento caminando como si estuviera borracha- Kagome alzo las finas cejas y parpadeo. -Solo pude verle la espalda, pero diría que es joven y que jamas en estos cuatro días la vi aquí dentro-
Ese ultimo comentario termino de causar revuelo en murmullos apagados, y la incertidumbre entre los supervivientes. Kagome solo atino a virar hacia la ventanilla con intenciones de espiar hacia el exterior, cuando Miroku con ayuda de Sango abrían la chirriante puerta de madera, que se había hinchado con la lluvia de la noche anterior. Los murmullos de fondo se tornaron en exclamaciones de terror y desaprobación. Pero antes de que nadie pudiera reaccionar, InuYasha estaba saliendo del recinto como si el aire de adentro lo estuviera ahogando. Se detuvo a cinco pasos fuera del marco de la puerta y se le antojo de lo mas extraño encontrarse en el exterior de nuevo, con el frío sol de oto o sobre su piel tostada.
Kagome se precipitó hacia afuera siguiendo a InuYasha, pero se tropezó y se aferro a el brazo masculino y musculoso. Frente a todo pronóstico, se sonrojó. Lo soltó inmediatamente y se paró a su lado. En los cuatro días que pasaron juntos rodeados por el desastre y la calamidad en la que se había convertido el Centro Comunitario, Kagome pensó en InuYasha más de lo que le hubiera gustado. No creía que fuera el momento indicado para enamorarse.. o tal vez encontraba en el, el apoyo que necesitaba, por que el fue el primero en hablarle.. o por que compartían pequeñas charlas en la cocina en donde no se respetaban los espacios personales, con tal de darse calor, en las frías noches de noviembre.
Saliendo de su lapsus de reflexión, ella levanto la vista y con sus ojos chocolate enfocó instantáneamente a la mujer que caminaba con pasos cortos, como asegurándose el equilibrio, y tambaleándose de un lado a otro, a unos dieciocho metros de donde estaban. InuYasha miro a Kagome de costado, con unos ojos dorados que no pudo explicarse como, le robaron el aliento. Se abofeteó mentalmente y observo como el chico caminaba lentamente hacia la mujer.
-Hey! Tu!- Grito él. La joven hizo caso omiso a el llamado. -Hey! No me oyes?- Ahora se encontraba prácticamente detrás de la mujer que acababa se salir del Centro Comunitario - Te encuentras bien? Te vi pasar por aquí y...- Alargo el brazo y la agarro por el hombro. En cuanto ejerció un mínimo de presión, la mujer detuvo su andar inmediatamente. Se quedo de pie, inmóvil meciéndose levemente por el viento y en silencio, ignorante totalmente de que InuYasha estaba detrás de ella.
-Dejala, InuYasha. Vuelve adentro.- Grito Sango asomando la cabeza por la puerta.
Pero InuYasha no la escuchaba. Estaba metidísimo en su tarea de voltear lentamente a la mujer.
-Mierda- fue todo lo que dijo y pasó por su mente cuando termino de voltear a la persona y se encontró con los ojos blancuzcos, fríos y desenfocados de un cadáver. La piel grisácea y estirada sobre los pómulos estaba seca. No había duda, la mujer frente a el estaba muerta. Superaba toda lógica y carencia de explicaciones, pero la joven de pie frente a él estaba tan muerta como todos sus alumnos en el aula de la escuela que abandono hacia cuatro días. La mujer miraba hacia el cielo con los ojos abiertos, con las cejas levemente juntas y la mirada perdida. Los restos de sangre seca manchaban la barbilla, y el cuello de la camisa, que alguna vez fue blanca. InuYasha, en shock y asqueado, soltó el hombro frío y tenso del cadáver, se alejo trastabillante y finalmente cayó dolorosamente sobre su trasero. La mujer viro solo un poquito y siguió avanzando tambaleante, atravesando la calle.
-InuYasha, vuelve inmediatamente! Vamos a cerrar la puerta!- Akira era ahora el que se asomaba y gritaba, acompañado de otros dos sobrevivientes, que empujaban a Sango hacia adentro y tiroteaban del brazo de Kagome para meterla en la sala principal del recinto. La pelinegra se sacudió de encima la mano que se cerraba en su brazo y corrió hacia InuYasha, para ayudarlo a levantarse. El ojidorado sintió como Kagome tiraba de el hacia arriba, pero el aun tenia la mirada perdida en la mujer-cadaver, que seguía caminando y alejándose. Kagome se arrodillo junto a el y se armo de valor para tomar su rostro entre sus manos y obligarlo a mirarla. InuYasha clavo sus pupilas en los orbes marrones de kagome y ella se olvido de la vergüenza y se sumergió en el oro liquido de los ojos masculinos. Maldición se dijo InuYasha, y se levanto, tendiéndole la mano a Kagome, para que pudiera erguirse. Cuando ella estuvo de pie, InuYasha pasó por encima de los delicados hombros su brazo musculoso. Las mejillas de la pelinegra se encendieron al rojo vivo.
-Apurense!- Fue lo que pudo decir Sango antes de que la empujaran dentro y comenzaran a cerrar la puerta. Cuando empezaron a caminar, Kagome se arrepintió cuando se le ocurrió mirar sobre su hombro y emitió un chillido. Mas o menos uno de cada tres cadáveres estaban alzándose sobre sus pies, y empezaban a vagar por la calle. El cuerpo mas cercano a ella, un hombre vestido con traje, empezó a moverse. Comenzando desde la punta de los dedos hasta los pies, tembló con una convulsión y empezó a tratar de levantarse. Cayendo hacia atrás y los costados en varias ocasiones, incapaz de soportar su propio peso. Cuando logro erguirse inestablemente sobre sus torpes pies, empezó a caminar trastabillantemente pasando por atrás de InuYasha y Kagome. Ellos cubrieron los dieciocho metros que los separaban de la entrada en un santiamén y llegaron justo antes de que cerraran la puerta. Luego de un momento, cuando todos se hubieran calmado, la noticia que repartió InuYasha se extendió con velocidad en todo el recinto. Las exclamaciones de sorpresa y espanto llenaron el lugar.
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Hacia la noche del extenso y agotador día, ninguno de los supervivientes se atrevió a moverse, o ni siquiera mirarse. Pareciera que los aquellos pocos que habían podido salir del shock inicial desde que todo paso hacia cuatro días, se hubieran vuelto a sumergir en un estado catatónico, en soledad, en donde se hacían miles de cuestionamientos sin respuesta. ¿Será que aquellos afuera nunca murieron? ¿O que simplemente habían estado en una especie de coma extraño?. Akira, el que descubrió que los cadáveres empezaban a caminar afuera, era el que tenia mas problemas para aceptar lo que sucedía. Se encontraba en la cocina, junto a una mujer mayor, que decía ser dueña de una pastelería, pidiéndoles a InuYasha, Kagome, Miroku y Sango, que no volvieran a salir al exterior y menos, a abrir las puertas. Kagome discrepo.
-Pero tenemos que salir! tenemos que saber que esta pasando en el exterior!- Dijo la pelinegra. -Ademas no tenemos mas suministros. Anoche dejamos de tener agua.. - Hizo énfasis en sus palabras señalando hacia el techo con una mano, donde se encontraba el tanque de agua del edificio.
Akira junto a la mujer que resulto llamarse Nara, se negó rotundamente a escuchar lo que Kagome decía, haciendo gestos bruscos con las manos, alzando cada vez más la voz.
-No me importa una mierda- Corto Akira. - No veo la razón por la cual tenga que salir ahí afuera y arriesgarme a..- No termino la frase por que InuYasha lo interrumpió.
-Maldicion, ¿Arriesgarte a que?- Cuestiono el peliplata, gesticulando con las manos con el seño fruncido y tratando por todos los medios de calmarse. - ¿Alguien te esta pidiendo que salgas? No.- Clavo sus orbes doradas en los ojos de Akira con una intensidad tremenda.
-Me parece que abrir la puerta ya es un riesgo. Mierda.- Todos se sorprendieron con las palabras de la anciana, pero ninguno lo reflejo en sus rostros.
-Exacto. No deberíamos exponernos a esas cosas. Si ustedes salen, quédense afuera.- Expuso Akira, pasando la mirada gris sobre cada uno de nuestros protagonistas severamente.
-¿"Cosas"?- Kagome bufo -Esas "cosas" podrían ser tu familia o amigos.- Los ojos grises del hombre que ahora se creía "jefe" se clavaron en ella.
-Esos malditos llevan DÍAS muertos!- Grito con la cara pegada a la de Kagome. Es mas, hasta finísimos hilos de saliva salieron de su boca cuando habló.
Fue la gota que rebalsó el vaso para InuYahsa y su ira se desato. Le asestó un golpe en la mandíbula tan potente, que descargó en él toda la frustración e impotencia que venía sintiendo desde que la desgracia arrasó. Akira cayó al suelo hecho un desparramo, como una bolsa de papas.
-Necesito salir ahí afuera para ver que esta ocurriendo y comprobar si esos cuerpos andantes significan una verdadera amenaza para nosotros.- Dijo InuYasha, mirándolo desde arriba.
- ¿Y como sabrás que estamos o no en peligro?- Inquirio la mujer mayor. El peliplata la miro, y luego miro a la pelinegra.
-Kagome estudiaba medicina.- La miro con sus ojos dorados - ¿Verdad?-.
-Si.. pero no se de cuanta ayuda podré ser.- Kagome miró a InuYasha, parpadeó y fijó su vista en el suelo. -Pero lo intentaré de todos modos.- y por último, los miro a todos y cada uno.
-Yo saldré con ellos.- Opinó Miroku, que hasta ahora había permanecido callado. -Me parece que quedarse aquí es peligroso y arriesgado.-
-Yo concuerdo.- Apoyo Sango con la voz baja, mirando con sus ojos castaños a Kagome.
InuYasha vio que Akira se reincorporaba con ánimos de querer seguir argumentando su punto de vista. Convencido de que la discusión se tornaría en un debate inútil sobre si salir o no, el ojidorado dejó clara su opinión.
-Voy a salir.- Dijo. -Quédense aquí escondidos y encerrados, si eso prefieren. Pero yo voy a salir, y voy a hacerlo ahora.- Se encamino hacia la puerta principal, seguido por Kagome, Sango y detrás Miroku.
Nara, la anciana, le suplicaba con lágrimas en los ojos que no saliera y que recapacitara. La sala principal era una revolución de murmullos y comentarios. No escucho nada. El se detuvo frente a la puerta que lo separaba del exterior para recobrar la compostura. Respiro hondo con los ojos cerrados. Después miro hacia atrás y le sonrió consoladoramente a kagome. Luego miro a Miroku y el joven abogado le contesto la mirada con un asentimiento.
-¿Listos?- Pregunto InuYasha. Todos asintieron mirándolo seriamente. Tiró del picaporte bruscamente y salió de nuevo, al exterior. El sol de otoño bañó de su luz dorada la piel de kagome, y todo el grupo. Avanzaron juntos, pero dispersos, como el patrón de los patos cuando vuelan. Se alejaron caminando lentamente de su refugio ruinoso, atravesando el estacionamiento del edificio. InuYasha hizo un ademán con el brazo deteniendo el avance del grupo cuando se topó con el primer cuerpo andante.
-¿Que pasa?- pregunto kagome asomándose por encima del hombro del peliplata.
-Nada.- Contesto con la voz grave por el tono bajo y el nerviosismo. siguió caminando y el grupo lo siguió. Miroku se puso a su lado y avanzaron por mas seguridad. De repente se encontraron los cuatro espalda con espalda en el medio de la calle, mientras los cuerpos caminaban entre ellos. Sango tenia la vista fija en los supervivientes que se aglomeraban en la puerta del Centro Comunitario, mirándolos como si fueran marcianos.
-¿Que les parece esa mujer?- Pregunto InuYasha, señalándola. Desde el principio la intención de salir afuera era para ver que pasaba con esos cuerpos andantes y ver si podían hacer algo. El resto del grupo se miró entre si y asintió. Entonces InuYasha tomó a la mujer de los hombros, y esta no se opuso, ni siguió caminando. Simplemente se detuvo en seco. El ojidorado empujó a el cadáver hacia el centro del grupo que formaban kagome, Miroku y Sango. El cerró el círculo.
Miroku, desde que todo había pasado, se permitió admirar a la mujer muerta frente a el en detalle. Tenia la piel gris y grasosa, con un brillo blancuzco, casi de un verde muy pálido, demasiado estirada sobre el cráneo, los ojos muy abiertos, secos y desorbitados, totalmente cubiertos por una especie de cataratas(*'). Tenía los parpados hinchados y un horrible tajo en la sien. Seguramente se golpeó contra algo cuando cayó al suelo al morir. La sangre que había mandado libremente de la herida se había secado, quedando de un color borgoña oscuro, manchando el rostro y la bonita camisa que en un momento fue verde limón. Kagome trató de tomarle el pulso haciendo caso omiso de las arcadas que la atacaron cuando tuvo que tomar la muñeca fría y gelatinosa, aunque todos estaban convencidos de que esa mujer estaba muertisima. Como era de esperarse, no encontró ningún rastro de vida en el cuerpo que tenia enfrente, y que todos miraron con una mezcla de asco y de morbosa fascinación. Agradecieron la decisión que tomaron de abandonar el recinto. Imaginaron como seria cuando los cuerpos comenzasen a descomponerse. El aire se llenaría de gérmenes, y de un hedor insoportable.. si no es que el olor a muerte empezaba a hacerse presente. Llegaron a la conclusión de que huir al campo seria la mejor opción viable en esos momentos. Lejos de la concentración de cuerpos, y menos expuestos a las enfermedades. Eligieron volver al Centro Comunitario y recoger sus cosas.
Se irían esa misma noche.
Bueno, y así termina este capitulo :D
Quería aclarar que estos zombies son mi tipo favorito. Primero son simplemente muertos andantes. Pero luego, a medida que pasa el tiempo, van recobrando los sentidos, así como el hambre jejeje.
Le puse a las advertencias que el fic tenia gore, pero es por la lujosa descripción de la putrefacción o estado en el que se encuentran los cadáveres.
(*) Lipotimia: Debido a diversas causas, como una mala alimentación, el riego sanguíneo que lleva oxígeno al cerebro no es suficiente para mantenerlo consciente y alerta. Se produce entonces una pérdida de conciencia que puede ser completa o parcial, pero que se vuelve a recuperar rápidamente. Es lo que pasa cuando uno se levanta de la cama rápidamente y se nos va la vista por unos segundos. Eso es un episodio de lipotimia muy leve.
(*') Cataratas: Una catarata es una opacidad del lente (cristalino) del ojo, el cual normalmente es claro y transparente. Puede compararse a una ventana que se escarcha con hielo o se "empaña" con vapor. Podés verla en los ojos de las personas mayores, o de los perros ancianos.
Espero que les haya gustado, nos leemos! (:
Muchos besos desde Argentina!
¿Me dejás un Rw?
