PostRevelación. Todos los alumnos se sorprendieron al ver a Marinette Dupain-Cheng llegar ese día de la mano de Adrien Agreste, pero ninguno de ellos tanto como Chloé Bourgeois. Decidida a recuperar al chico del que estaba enamorada, Chloé obliga a Nathaniel a unirse a ella para intentar separar a la nueva pareja. Y habrían tenido éxito, de no ser por esos molestos sentimientos. Spoilers de la segunda temporada.

Nota Aclaratoria:

1) Los personajes no me pertenecen, salvo por algún OC que de pronto aparezca. Créditos a Thomas Astruc y compañía

2) Contiene spoilers de la segunda temporada

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CAPÍTULO 2

Le Grand Paris

Esa tarde

Nathaniel aún no podía creer lo que estaba pasando, y maldijo mentalmente el momento en el que se acercó a intentar consolar a Chloé Bourgeois.

El pelirrojo estaba sentado a la mitad de un enorme sofá en la habitación de la hija del alcalde, en el penthouse del Grand Paris, el hotel más prestigioso de la capital de Francia. El chico parpadeó nervioso, y abrazó su mochila contra su pecho en un gesto nervioso, mientras seguía con la vista a la chica que caminaba de un lado al otro en la habitación como león enjaulado.

-Bueno, a pesar de mi idea brillante, no se me ocurre alguna manera de separar a esos dos- dijo Chloé, de pronto deteniéndose y cruzándose de brazos, balanceando su cadera hacia un lado por un momento, y luego entrecerrando los ojos mientras miraba a Nathaniel a los ojos- ¿alguna idea?-

El pelirrojo sacudió la cabeza.

-Chloé, no creo que sea buena idea meternos entre ellos- dijo Nath con paciencia, por enésima vez desde que había sido empujado al interior de la limosina y arrastrado a la habitación de Chloé contra su voluntad- podemos solamente admitir lo que pasó y superar…-

Pero todo lo que decía Nathaniel era en vano. Chloé estaba determinada a encontrar una manera de separar a Marinette de Adrien y, al mismo tiempo, de obligar a Nath a ayudarla a lograr eso.

-Sí, tienes razón no podemos hacer que no se vean tan seguido, tienen clases juntos- dijo Chloé, ignorando las quejas del pelirrojo- entonces tenemos que idear otra manera-

-No puedo quedarme más tiempo- se quejó Nath, mirando su reloj con un gesto impaciente- tengo que estar en una hora en el taller de Théo, y todavía tengo que cruzar toda la ciudad. No puedo perder mi trabajo…-

-Pero también podemos hacer que madame Mendelev los obligue a sentarse separados- continuó la chica rubia- podemos esparcir el rumor de que se besan en clase, y la profesora no va a durar en separarlos… no, porque como quiera pueden seguir viéndose fuera del colegio, así que no tiene caso…-

Nathaniel se mordió el labio mientras miraba de reojo su reloj de nuevo. Se acercaba la hora de su trabajo de medio tiempo con Théo, y esperaba que no fuera a regañarlo por llegar tarde. Aunque bueno, siempre podía decirle la verdad: que Chloé prácticamente lo había secuestrado por esa tarde.

-Por favor, Chloé, tienes que escucharme- insistió Nathaniel, perdiendo la paciencia- no quiero que te enojes conmigo por decir esto, no quiero problemas, pero…-

Chloé se detuvo de pronto, y Nath pensó que por fin lo había escuchado, pero se equivocó. La chica se volvió hacia él con una enorme sonrisa de triunfo.

-¡Lo tengo!- dijo ella- oh, Nath, ¡eres un genio! Bueno, yo soy un genio por haber decidido reclutarte para que me ayudaras… ¡Ya sé lo que podemos hacer! ¡Debemos hacer que se enojen uno con el otro!-

Nath alzó las cejas y sacudió la cabeza. No le gustaba ni un poco la situación.

-Chloé, no es bueno meterse en asuntos de amor…-

-¡Haremos que se enojen, que se pongan celosos uno del otro, y así se separarán!- dijo Chloé- oh sí, es una idea genial-

-Pero no es…-

Chloé seguía sin escuchar al chico. Con una expresión triunfante, la chica se dejó caer en el sofá junto a él, haciéndolo ponerse extremadamente incómodo y nervioso. Ella tomó la mochila de Nathaniel, y sacó el cuaderno de dibujos y su lápiz.

-Tú y yo vamos a hacer turnos para vigilarlos, y obtener información sobre ellos, para saber qué es lo que podemos usar para que sea creíble- dijo Chloé.

-No, espera, mi libreta no es para eso- dijo Nathaniel, intentando quitarle la libreta- por favor, Chloé, es algo importante-

Nathaniel era muy cuidadoso con su libreta de dibujo. Esa libreta era el último regalo que había recibido de su abuela antes de morir, y le había prometido llenar cada una de sus hojas con lo que quisiera escapar de su imaginación. No quería que Chloé la usara para su plan malvado de separar a esos dos.

El pelirrojo intentó arrebatar la libreta a la chica, y la mano de Nath se encontró con la de Chloé. Ambos se miraron por unos segundos. Ambos se miraron, ruborizados, hasta que ella parpadeó, y finalmente soltó la libreta, regresándola a Nathaniel.

-Bah, toma tu aburrida libreta, es aburrido- dijo ella, sacando su teléfono celular- te mandaré una lista de los días en los que tendrás que vigilar a Marinette, para buscar algunas maneras de hacerlos enojarse-

-Chloé, creo que no has entendido- dijo el pelirrojo, cruzándose de brazos en un tono más o menos final- no lo voy a hacer. No te voy a ayudar. Aunque aún esté enamorado de Marinette, quiero que esté feliz, aun y cuando sea con Adrien y…-

La chica entrecerró los ojos.

-Me vas a ayudar porque lo digo yo- dijo ella, cruzándose de brazos y levantando la nariz en un gesto orgulloso- o le diré a Marinette que estuviste dibujándola sin permiso de nuevo-

Nathaniel palideció al escuchar lo que dijo. No podía dejar que Marinette supiera que la había dibujado de nuevo. ¡Quizás que pensaría de él! O incluso Adrien lo confrontaría, ahora que estaba con ella. Nathaniel sacudió la cabeza, no quería problemas. A él le gustaba pasar desapercibido. No sabía como se había metido en ese lío con Chloé.

-Por favor, Chloé, esto no es un juego…-

-Exactamente, no es ningún juego- dijo Chloé con firmeza, en un tono que no admitía críticas- tú me ayudas a hacer esto, y yo no diré nada que Marinette no deba saber al respecto-

Nath suspiró finalmente con una expresión derrotada. Sabía que no estaba bien lo que la chica le estaba pidiendo, pero si todo salía como ella quería, Marinette estaría libre de nuevo, e incluso él, Nath, podría estar ahí para consolarla de su ruptura con Adrien.

Y además, ahora que Nathaniel lo pensaba, estaba el hecho de que Chloé era la hija del hombre más rico de París, quizá podía ayudarle en su carrera como artista.

-De acuerdo- dijo el pelirrojo finalmente, dejando escapar un largo suspiro resignado- no necesitas extorsionarme, ¿sabes? Está bien. te ayudaré, pero lo haré con una sola condición-

-¿Cuál?-

-Que me pagues por ayudarte- dijo el chico.

Chloé se cruzó de brazos. Eso era demasiado fácil. Al parecer, su padre tenía toda la razón, todo el mundo tenía un precio, y ahora estaba a punto de averiguar el de su compañero.

-De acuerdo, ¿cuánto dinero quieres?- dijo la chica rubia.

-No quiero dinero… no para mí exactamente- dijo Nathaniel- quiero que… tu papá le perdone la deuda a… una persona que es muy importante para mí-

Chloé meditó lo que el pelirrojo le pedía por unos segundos, y asintió.

-Bien, entonces estamos de acuerdo- dijo Chloé, volviendo a sonreír y ofreciéndole la mano, que Nath tomó voluntariamente- mi papá dejará de cobrarle a la persona que quieres, a cambio de tu ayuda para separar a Adrien de la pan… digo, de Marinette-

-De acuerdo- dijo Nathaniel, sin saber si era bueno o malo que ambos finalmente estuvieran de acuerdo- ahora, si me disculpas, tengo que irme-

Chloé borró su sonrisa.

-¿Y se puede saber a dónde vas?-

-Al taller de Théo Barbot- respondió el pelirrojo, y al ver que la rubia alzaba las cejas, continuó explicando- yo trabajo con él medio tiempo, ayudándole en su taller, a cambio de que me dé clases de pintura. Es a él a quien quiero que tu padre le perdone la deuda… para poder seguir estudiando con él-

Chloé entrecerró los ojos. No podía creer que se había reducido a aliarse con un pobretón como ese, que trabajaba para un artista fracasado que tenía que tener dos o tres trabajos para sostenerse.

-¿Porqué vas con ese artista de cuarta?- dijo la chica con un gesto de disgusto- es evidente que su "arte" no es nada lucrativa. Ni siquiera le sirve para vivir, y…-

Nath apretó los puños.

-Yo… la verdad es que… el arte es mi pasión, y no quiero dejarlo. No espero que lo entiendas, Chloé, pero mientras que cumplas tu parte del trato… haré lo que me pidas para separar Adrien y a Marinette- la interrumpió Nathaniel, ruborizándose mientras que se ponía de pie y se pasaba la mochila por el hombro- eh… esperaré tu mensaje, Chloé-

Ella asintió levemente, pero de pronto se levantó también y lo tomó de la mano, impidiendo que saliera.

-Espera- dijo ella, y se acercó a la mesa de comida que su mayordomo Jean había puesto en su habitación. Tomó un par de croissants rellenos de jamón y queso, los envolvió en una servilleta de tela y se los dio- toma, no has comido nada hoy-

Nath miró sorprendido a Chloé. ¿Qué era eso?

-No creas que son como los padres de la pan… digo, los de Marinette- dijo la chica mientras los ponía en las manos de Nath- pero los hizo mi chef personal, así que… supongo que no deben estar tan mal- continuó ella, haciendo sonreír al pelirrojo.

-Muchas gracias, Chloé- dijo él, ladeando la cabeza con una sonrisa- eres… muy amable-

La chica se cruzó de brazos y miró en dirección contraria a él, fingiendo indiferencia, y haciendo sonreír al pelirrojo. Tras despedirse nuevamente, Nath salió de la habitación de Chloé y comenzó a caminar hacia la salida del hotel.

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Panadería de los Dupain-Cheng

Poco después

Si bien Nino y Alya habían estado más que felices porque por fin sus dos amigos habían aceptado sus sentimientos y ya eran pareja, no se podía comparar con la alegría de los Dupain-Cheng.

Cuando Adrien y Marinette salieron de la escuela se dirigieron directamente a la panadería a dar las noticias a los padres de la chica. Al escuchar que ambos ya estaban juntos, Sabine gritó de alegría y Tom los abrazó al mismo tiempo, y casi les rompió los huesos en el proceso. Pero no les importó, estaban muy contentos.

-¡Ah, son hermosas noticias!- dijo Sabine, y se volvió a Tom- creo que me debes algo…-

El padre de Marinette borró su sonrisa por un momento, y pasó un billete a su esposa.

Papa!- dijo la chica, ruborizándose al darse cuenta de lo que había pasado- ¿estuvieron apostando sobre nosotros?-

-Eh… tal vez- respondió Tom Dupain, haciendo gruñir a Marinette y reír a Adrien.

-No te enojes con tus papás, princesa- dijo Adrien, besándola en la mejilla y rodeándola con su brazo- estoy seguro de que tenían buenas intenciones-

Marinette infló las mejillas, enfurruñada, pero finalmente sonrió, apoyando la cabeza en el hombro de Adrien. Monsieur Dupain entró rápidamente al cuarto trasero de la panadería, y regresó con una enorme charola llena de pan recién horneado.

-Y llegan justo a tiempo- dijo Tom, sonriendo- eres bienvenido si te quieres quedar a cenar con nosotros, Adrien-

Adrien sonrió, apenado, e iba a murmurar una disculpa, cuando Sabine lo tomó de la mano y tiró de él.

-Vamos, no aceptaremos un no como respuesta- dijo la madre de Marinette, y le puso las manos en las mejillas- uy, estás muy delgado, necesitas alimentarte. Vamos-

El chico se volvió a Marinette, quien se encogió de hombros y sonrió apenada, y finalmente Adrien asintió, sintiendo una linda calidez en su estómago, tan extraña para él. ¿Era así como se sentía tener una familia cariñosa?

-De acuerdo, está bien- dijo finalmente Adrien- muchas gracias, señores Dupain-Cheng-

Adrien y Marinette siguieron a la pareja mayor hacia el apartamento, y se sentaron a la mesa con ellos. Sabine le sirvió un plato de arroz y un guiso con pollo, y Tom puso los panes recién horneados en una canasta. Había también verduras hervidas al vapor y otras cosas que se veían deliciosas. No eran las cosas sofisticadas que su chef hacía habitualmente, pero lo que más le gustaba era el agradable ambiente familiar que tenían.

-¿Quieres servirte más, Adrien?- dijo Sabine.

-Gracias, todo está delicioso, madame- dijo Adrien, sonriendo- gracias por invitarme-

-Es un placer que estés con nosotros, Adrien- dijo Tom, sin dejar de sonreír- hemos esperado este momento desde la primera vez que vimos tu foto en las paredes de la habitación de Marinette-

Papa!-

-O en el fondo de pantalla de su computadora-

Maman!- dijo Marinette, mortificada.

-O cuando la vimos tartamudear cuando…- continuó Tom.

Marinette se puso roja y poco faltó para que se escondiera debajo de la mesa. Adrien, sorprendido al principio, parpadeó un par de veces un poco ruborizado. Pasada la sorpresa, Adrien miró la expresión enrojecida y mortificada de su chica, y no hizo más que echarse a reír. Se inclinó hacia ella y la besó en la mejilla.

-La verdad es que yo también tenía fotos de ella en mi habitación- admitió Adrien, apenado. Lo que dijo era verdad, tenía un par de fotografías e incluso una figura de acción de Ladybug, pero no tenía que dar detalles a los padres de Marinette.

-Awww- dijeron Tom y Sabine al mismo tiempo.

Marinette sonrió. Los cuatro pasaron una maravillosa tarde. Adrien se llevaba muy bien con los padres de Marinette, incluso se reía de los chistes tontos de Tom, y ayudó a Sabine a lavar los platos cuando terminaron de cenar.

Al final de la velada, Adrien se despidió de Marinette tomando su mano y besando sus nudillos con un gesto cariñoso. Los dos se sonrieron antes de separarse. Todo estaba bien, y no parecía haber nada que pudiera arruinar su felicidad.

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Taller de Théo Barbot

Esa noche

-Has estado inusualmente callado esta tarde, Nath- observó Théo cuando ambos habían terminado el trabajo de ese día, y el pelirrojo estaba limpiando- ¿pasó algo malo?-

-No… nada malo- dijo Nathaniel mientras que sacudía las herramientas de escultura de Théo y las guardaba en su sitio- no te preocupes, Théo, estoy bien-

El escultor sonrió levemente mientras habría una nueva paleta y se la metía a la boca. Conocía muy bien a Nath desde hacía varios años, cuando el tímido chico había reunido el coraje de acercarse a él, y le había pedido ser su aprendiz. Théo había dudado, sobre todo porque no sabía si tendría mucho tiempo para enseñarle. El escultor tenía otros tres trabajos a parte de su taller: era maestro de arte en el colegio Françoise Dupont, a veces trabajaba como técnico de sonido para una empresa y como guía turístico. Finalmente, y por la insistencia de Nathaniel, lo había aceptado a cambio de que le ayudara con la limpieza del taller varias veces a la semana.

-Claro…- dijo Théo, con una sonrisa llena de incredulidad.

Nathaniel captó la mirada de su maestro, pero no comentó nada más. Terminó de limpiar la pintura derramada, se lavó las manos y pasó sus manos a su espalda para retirarse el delantal que se había puesto para no ensuciar su ropa.

-Esto no tiene que ver con que Marinette está saliendo con ese chico Agreste, ¿verdad?- preguntó casualmente Théo.

-Por supuesto que no- dijo Nathaniel, colgando el delantal en el perchero- ya dije que no me pasa nada, Théo-

El escultor sonrió levemente.

-Bueno, si insistes- dijo Théo mientras veía a Nath volverse a poner el saco sobre su camisa anaranjada, y soltándose los cabellos que se había atado en una coleta para poder trabajar sin problemas.

-Gracias por todo, Théo- dijo el pelirrojo, esforzándose por sonreír- nos vemos mañana-

-Sí, hasta mañana, Nath- dijo el escultor- salúdame a tus padres-

Nathaniel asintió, y tras tomar su mochila se apresuró a salir del taller. El escultor lo miró alejarse, cruzándose de brazos y sonriendo levemente. Sí, estaba al tanto de que el pelirrojo estaba enamorado de Marinette, así que era lógico que su aprendiz estuviera triste ese día.

Théo se aclaró la garganta y apagó las luces del taller.

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Aula de mademoiselle Bustier

Al día siguiente

Nath llegó temprano al colegio ese día. No quería preguntas incómodas sobre el hecho de que había faltado a la escuela el día anterior. Se apresuró a cruzar el aula vacía y se sentó en su sitio en la última fila. Suspiró y sacó su cuaderno de dibujo. Pasó las páginas rápidamente, hasta que llegó a la primera hoja en blanco.

El pelirrojo puso el lápiz sobre la página en blanco, y suspiró. Levantó los ojos. Juleka y Rose habían llegado ya, y lo saludaron amablemente, ninguna de las dos preguntó sobre su ausencia del día anterior, confirmando sus sospechas de que había pasado inadvertido. Vio a Marinette entrar al aula, seguida de Adrien, y ambos tomaron asiento juntos. Poco después vio a Chloé cruzar la puerta, y los dos chicos la saludaron amablemente y le preguntaron cómo se sentía, ya que el día anterior Puso los ojos en blanco. Oh, si tan solo supieran lo que Chloé estaba planeando para ellos.

Para completa sorpresa no solo de Nathaniel, sino también de todos los presentes, Chloé ignoró a Sabrina y se fue a sentar directamente en la última fila, junto al pelirrojo. Éste palideció al ver que se sentaba a su lado.

-¿Uh?- dijo el pelirrojo- ¿qué estás…?-

-Apártate, Kurtzberg- le dijo Chloé cuando se sentaba junto al sorprendido chico.

-Chloé, ¿qué pretendes?- dijo Nathaniel.

-No creas que vengo a sentarme contigo, cabeza de tomate- dijo ella, sacando una hoja de papel doblada de su bolso y poniéndola sobre el escritorio- venía a darte esto-

El pelirrojo parpadeó repetidamente, mientras que miraba a la chica levantarse y regresar a su asiento habitual. Una vez que Chloé llegó a su asiento, se volvió a él y le guiñó un ojo, señalándole con la vista el papel que le había dado. Nathaniel suspiró, pero hizo lo que Chloé esperaba: lo desdobló y leyó su contenido.

Cabeza de tomate:

He decidido dividir la vigilancia entre los dos, aunque creo que tú tendrás más éxito, ya que ninguno de los dos va a desconfiar de ti. Esta tarde te toca a ti vigilarlos. Si llegas a notar algo que nos pueda servir, vas a decir me "mira, Chloé, dibujé una lata de sopa de tomate", y buscaré una manera de verte a solas para que me cuentes lo sucedido.

No olvides el trato que tenemos.

Chloé B.

Nathaniel volvió a doblar el papel y se lo guardó en el bolsillo, intentando contener una risita, pero fallando en esconder su sonrisa. Lo de la lata de sopa de tomate le causó mucha gracia, pero sabía que quien escuchara eso no se imaginarían nada. Chloé podía llegar a ser muy inteligente cuando se lo proponía. Ahí Nathaniel se preguntaba porqué la chica no usaba su inteligencia para cosas buenas en vez de usarla para hacer trampas.

La concentración del pelirrojo se rompió cuando Ivan se dejó caer pesadamente en el asiento frente a él. Parpadeó, y volvió su atención a la hoja blanca de su cuaderno, y comenzó a dibujar una lata de sopa de tomate con una sonrisa. La verdad estaba muy divertido con las ocurrencias de Chloé, incluso si no lograban hacer nada y…

-¿Hola?¡Nathaniel!- de pronto el chico levantó la mirada, y se dio cuenta de que mademoiselle Bustier estaba llamándolo, y llevaba varios intentos en los que Nath no le había hecho caso. Parpadeó, sorprendido, y se ruborizó levemente.

-¿Sí, profesora?-

-Bueno, ya que estas de regreso con nosotros- dijo mademoiselle Bustier- vamos a continuar con los trabajos de Franz Kafka. ¿Quién me puede decir el significado de la transformación de Gregory Samsa en… ?-

Pero la profesora se interrumpió al escuchar la alarma que señalaba la aparición de un nuevo akuma. Antes de que pudieran seguir con la lección, monsieur Damocles se asomó por la puerta del aula.

-Alumnos, por su propia seguridad regresen a sus casas, hay un akuma rondando muy cerca del colegio- dijo el director.

Nathaniel suspiró, frustrado porque perdería el segundo día de clase consecutivo, pero se resignó y guardó su cuaderno de dibujo en su mochila. Levantó los ojos, buscando con la mirada a Marinette o a Adrien, y haciendo una mueca al darse cuenta de que ya era demasiado tarde, y ambos habían salido del aula. El chico miró de reojo a Chloé, quien le indicó con la mirada que se apurara. Nathaniel asintió y rápidamente salió del aula, buscando a la pareja.

Cuando el pelirrojo salió del colegio, miró hacia ambos lados, y se dio cuenta de que los había perdido por ese día. Solo pudo ver a Ladybug y Chat Noir peleando contra el akuma en la orilla contraria del río Sena.

El chico se mordió el labio. Primer día, y ya había fallado. Chloé estaría furiosa.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Pues finalmente Chloé y Nath llegaron a un acuerdo, aunque no parecen estar muy contentos de estar trabajando juntos. Veremos como va evolucionando todo. Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos los que la están siguiendo. Nos leemos pronto.

Abby L.