Leopold coloco sus cosas sobre la cama y abrió el equipaje para sacar su ropa y llevarla al ropero. Comenzaron a ordenar la habitación en silencio al principio, pero mientras acomodaban Stotch empezó a hacer preguntas de lo que habían sido esos años para cada uno, Kenny le puso al tanto de la vida de sus amigos y el resto de la gente que habitaba el pueblo, muchas de las anécdotas que el rubio contaba sacaban más de una carcajada en ambos, pues a pesar del tiempo transcurrido parecía que el pueblo siempre conservaría esa esencia que lo hacía tan peculiar.

- Fue mientras reían que Leopold tomó una de las maletas para guardarla y un pequeño sobre se deslizó de uno de los bolsillos cayendo al suelo, Kenny lo tomó entre sus manos y con curiosidad observó el papel, estaba en blanco, sin remitente.

- Leo, se te cayó algo – llamó su atención, el nombrado se volteó para verlo y en su rostro se reflejó la sorpresa al reconocer lo que su amigo tenía en la mano.

- ¿La carta de Bradley? ¿p-pero como llegó aquí? – habló inconscientemente mientras se acercaba al dueño del lugar y tomaba el sobre en sus manos, no estaba sellada, aunque tampoco recordaba si en primer lugar su ex novio le había entregado el sobre cerrado. Se sentó junto a su amigo sin apartar la vista del blanco papel.

- ¿Y? ¿Quién es ese tal Bradley? – preguntó dejando su curiosidad a flote.

- Fue mi novio en la universidad, terminamos la relación justo antes de graduarme, aunque nunca entendí sus motivos, solo me entregó esta carta. Pero, por alguna razón no la he leído, siempre que iba a hacerlo no la encontraba, después me olvidé completamente de ella.

- Wow, así que un novio, vaya, que maduro te has vuelto – Kenneth habló esbozando una sonrisa, aunque sintió que no era tan amplia como pensaba – ¿y?, ahora que la tienes en tus manos, ¿no crees que sea buen momento para que la leas?

- Si, lo haré – dicho esto Stotch sacó el contenido de su interior, desplegó la única hoja que tenía y comenzó a leer en silencio.

Kenny observaba al rubio sin emitir palabra, miró de reojo el contenido y aunque no sabía que decía notó que no era particularmente larga, así que no tardaría demasiado en acabarla, entonces, como supuso, Leopold a los pocos segundos terminó de leer, soltó un suspiro antes de apretar los labios y ponerse en pie, estaba silencioso, su mano libre cubría su boca y la otra dejaba caer el sobre junto a la hoja de papel.

Ante esta acción McCormick siguió los movimientos de su amigo con la mirada y pudo notar en su rostro una expresión llena de tristeza, sus ojos estaban cada vez más aguados y su cuerpo parecía temblar un poco, seguramente estaba conteniendo las ganas de llorar.

- K-Kenny, disculpa, yo necesito usar el baño un momento – dijo al fin en tono suave rozando el susurro.

- Claro, está al lado – respondió dejando ver la preocupación que sentía en su voz.

Stotch apenas articuló un "gracias" antes de abandonar el cuarto dejándolo completamente solo, sea lo que sea que haya pasado tenía que ver con el contenido de la carta, entonces Kenneth sin dudarlo un momento tomó la hoja y la comenzó a leer.

Leopold:

No sé cómo describir en palabras el gran amor que sentí por ti, sin embargo, poco a poco este se fue extinguiendo gracias a tus constantes cambios de ánimo y lagunas mentales. Estás mal. Te lo dije muchas veces, deberías ver un especialista.

Es por esta razón que decidí alejarme aún más cuando terminaste de esa forma tan ruda conmigo. El decirme "cada vez que me tocas se me hace desagradable, no puedo tolerarlo, intenté aguantarlo, pero no puedo, me da asco", palabras que recuerdo a la perfección, no ayudó tampoco a salvar nuestra relación.

Con esto, termino oficialmente todo contigo.

No quiero ser tu amigo, no quiero que me hables, no quiero que me busques.

Adiós.

McCormick dejó la hoja sobre la cama, salió de la habitación y guio sus pasos hacia el baño dispuesto a entrar, pero los sollozos al otro lado de la puerta le detuvieron en seco. ¿Qué haría? ¿De qué forma podría aconsejar a su amigo? No lo pensó más, tomó la manilla y entró, la imagen de este sentado en el suelo aferrado a sus rodillas y escondiendo el rostro entre ellas le provocó un nudo en la garganta, siempre había mantenido una imagen del chico animado y amable que era, la imagen de aquel compañero preocupado por el resto y la de ese que en ocasiones estaba de mal humor, pero aquella donde parecía que se desplomaría en cualquier momento no la conocía y no le agradaba. Se sentó a su lado en silencio y soltó un suspiro.

- Amigo, tranquilo, está bien que llores, es bueno que te desahogues – habló con tono suave para intentar calmarlo.

- Todo es tan confuso, siento que fui la persona más cruel del mundo con Bradley, pero no puedo recordar nada de ello, esas palabras, ni siquiera sé cuándo las dije. Ya no puedo con esto, no sé qué hacer.

- Quizá hablar de ello con un amigo te ayude – le miró con atención, Leopold al fin había alzado el rostro para limpiar sus ojos – quizás no resuelva nada, pero te hará sentir más aliviado – comento esbozando una sonrisa para darle confianza.

- A Bradley… – comenzó a hablar clavando la mirada a la punta de sus zapatillas – lo conocí en uno de los campamentos de verano a los que íbamos de niños, congeniamos muy bien y nos hicimos amigos casi de inmediato, compartíamos muchas cosas y pasábamos todo el tiempo posible juntos – esbozó una tenue sonrisa – un día mientras charlábamos nos tomamos las manos, lo besé y él correspondió, luego de aquello decidimos ser novios, estaba enamorado de él.

- Entonces, ese chico fue tu primer amor – comentó y buscó la respuesta en el rostro de Stotch.

- Así es. Se suponía que oficialmente seriamos novios cuando nos viéramos de nuevo en el siguiente campamento, pero él nunca llegó, sus padres se habían enterado de su gusto por los chicos y le enviaron a un campamento religioso.

- ¿De esos que te lavan el cerebro? – preguntó alzando una ceja – ¿y cómo se enteraron ellos de su orientación sexual?

- Exactamente esa clase de campamento – suspiró – el mismo les contó, pensó que sus padres le apoyarían, pero resultó lo contrario. No nos volvimos a ver hasta que nos reencontramos en la universidad, en ese lugar comenzamos una relación desde cero y fue maravilloso, sin embargo, las cosas cambiaron cuando alquilamos un departamento juntos, discutíamos por muchas cosas, entre ellas Bradley decía que tenía cambios de humor repentinos, que no siempre le dejaba tocarme y que constantemente olvidaba charlas o situaciones – apretó sus rodillas más contra su cuerpo – lo consulté con la consejera de la universidad y ella me señaló que seguramente se debía al estrés del último año, me habló de que esto pasaría una vez me graduara, así que no le di más peso a ello – guardó silencio unos segundos y apretó los labios – Bradley tuvo que aguantar todo eso, yo debí darme cuenta, debí consultar un especialista como sugirió y no lo hice, por eso se marchó, por eso dejó esa carta hablándome de palabras tan crueles que le dije – dejó que las lágrimas volvieran a caer por sus mejillas.

- No te culpes, tú no podías imaginar que tan grave eran las cosas – Kenny habló girando su cuerpo hacia el muchacho y apoyó su mano sobre su hombro para que este le mirara, en cuanto lo hizo fijó su mirada en los ojos contrarios.

No volvieron a intercambiar palabras después de ello, Stotch lavó su cara y se fue a descansar a la habitación, McCormick le hizo compañía hasta que este se quedó dormido y le observó unos momentos, por su cabeza pasaban algunos recuerdos de su vida en la escuela, de aquel muchacho rubio, tan diferente al de ahora, sus ojos hace mucho reflejaban soledad y tristeza, algo que a medida que se hacían más cercanos fue notando aún más y que no fue capaz de ignorar como el resto, por ese motivo se había dado una oportunidad de conocerlo más a fondo y hacerse su amigo, porque a pesar de ser tan diferentes compartían aquel sentimiento tan asfixiante y vaya que había acertado, a diferencia de los demás Leopold era siempre amable cuando le charlaba de sus problemas, lo apoyaba y aconsejaba de la mejor forma posible, y estaba seguro que pensaba lo mismo de él, sin embargo, ahora, que volvían a reencontrarse sentía que habían muchas cosas que desconocía, cosas tan importantes que le habían transformado en la persona indecisa y errática que era.

"Quiero que confíes en mi Leo", pensó antes de soltar un suspiro y al fin abandonar la habitación, salió al balcón y encendió un cigarrillo. La noche ya había caído completamente, ahora todo el pueblo estaba iluminado por las luces de las calles y casas, casi nadie caminaba por la acera, a esa hora todos cenaban, menos él, no tenía apetito. "Creo que me iré temprano a la cama hoy" volvió a pensar y otro suspiro escapó de sus labios, apagó el cigarrillo y tiró la colilla, entonces se fue al dormitorio de su hermana.

Leopold abrió los ojos cuando la luz matutina comenzó a molestarle en el rostro, se levantó y notó que llevaba el pijama puesto, por un momento se preguntó si su amigo se lo había colocado, aunque con todo lo de la noche anterior ni siquiera recordaba haber entrado en la cama, seguramente a esas alturas ya estaba demasiado cansado. Abrió la puerta para salir a la sala y tonó de inmediato dos figuras sentadas en la mesa de la cocina, una por supuesto era Kenny, y la otra era una jovencita, esta última al notar su presencia le saludó con una sonrisa, entonces la reconoció.

- ¿Karen? Que gusto verte de nuevo – saludó el rubio a la hermana menor de Kenneth, ahora la chica lucia como toda una mujer. – Por un momento no te reconocí.

- Bueno, es natural, la última vez que nos vimos aun estábamos en la escuela, ahora comenzaré con la universidad – dijo la chica mientras bebía un chocolate caliente.

- Así que la universidad, el tiempo sí que pasa rápido – le dedicó una sonrisa y luego llevó la mirada a su hermano – buenos días Kenneth.

- Buenos días Leo, te vez mucho mejor que ayer, eso me alegra, ¿vas a desayunar? Te serviré ahora.

- Si, muchas gracias – respondió y entró al baño, luego de un rato se sentó con los hermanos y tomaron el desayuno, charlaron de unas cuantas cosas hasta que acabaron.

Se ofreció a recoger la mesa, pero Karen se negó diciendo que era un invitado y no había necesidad de hacer eso, sin embargo, Leopold insistió hasta que esta cedió. Después de aquello se cambió de ropa, sacó la computadora y se acomodó en el sofá a revisar su correo, antes de viajar a South Park había postulado a unos cuantos empleos, y con todo lo ocurrido ni siquiera revisó si tenía respuesta.

- Leo, iremos a comprar algunos víveres, ¿vienes con nosotros? – preguntó la muchacha cerca de la entrada, estaba terminando de abotonar su abrigo.

- Gracias, pero no, necesito revisar algunas cosas y si no lo hago ahora lo olvidaré de nuevo – dijo esbozando una sonrisa.

- ¿Estarás bien aquí solo? – le preguntó alzando una ceja Kenny, que esperaba a su hermana con la mano en el pomo de la puerta, Stotch tan solo asintió dándole a entender que ya estaba más tranquilo, entonces este en cuanto vio que Karen había acabado, abrió.

- Por cierto, cuando llegué esta mañana encontré una cajita con tu nombre, está en la mesa de la cocina – comentó la chica, Leo y Kenny de inmediato se miraron extrañados, se suponía que nadie sabía aún que él estaba alojando ahí.

- Oh, gracias por decirme Karen – respondió y la joven se despidió con la mano antes de cerrar la puerta.

En cuanto quedó solo se puso en pie dejando la computadora en la mesa de café y fue a buscar el paquete a la cocina. Efectivamente la pequeña caja tenía su nombre en ella y una silueta de lo que parecía ser un caballo, entonces sin dudarlo la abrió y en su interior encontró una tarjeta de memoria, la llevó a su computadora y la insertó en la ranura, al leerla se abrió la carpeta que tan solo contenía un archivo de audio, le dio doble clic y comenzó a escuchar.

"Mi querido Leopold, espero estés disfrutando tus vacaciones, me enteré que al fin leíste esa vieja carta, debiste olvidarte de ella, ahora seguro estas sufriendo por alguien que ni siquiera valía la pena. Hay cosas más importantes que una pena de amor, como por ejemplo tu amiguito del hospital, si, un imbécil con suerte.

Escucha bien Stotch, más te vale comportarte a la altura de las circunstancias, porque aún queda mucho camino por delante, que te diviertas."

El rubio de ojos grisáceos miró la pantalla de su computadora en silencio, incapaz de reaccionar, la voz estaba alterada, pero había algo en ella que le causaba escalofríos, le apretaba el estómago y le provocaba temblores en las manos y rodillas, estaba seguro que la persona del mensaje era la misma que había dejado aquella nota del hotel dentro de su abrigo cuando llegó a South Park la primera vez. De ser así, sabía quién era, tenía conocimiento de sus movimientos por alguna razón y eso le aterraba.

Se alejó de la sala cuando sus piernas respondieron y salió a la pequeña terraza, necesitaba aire fresco, necesitaba pensar. Se apoyó en la baranda mirando la calle, desde el quinto piso todo parecía más pequeño, incluso la muerte lucia menos aterradora que aquella sensación de persecución que comenzaba a crecer en su pecho. Sus manos temblaron con más fuerza y el aire hacía falta, su mente pareció quedar en blanco, solo podía sentir la brisa invernal en su piel, pronto sus piernas cruzaron por sobre el metal frío y de pintura descascarándose, ahora todo su cuerpo podía sentir el viento suave, como si al soltarse pudiera volar como las aves. Si, se marcharía lejos, donde olvidaría al fin todos sus pesares.