14 de febrero, una fecha que muchas parejas usan para declararse amor, para tener citas o pasar el tiempo juntas, ese día el quinteto se encontraba mirando por una ventana la sala de interrogatorios, en su interior había un oficial de policía sentado frente a Stotch, este último se mantenía esposado a una barra metálica anclada a la mesa, de esa forma se aseguraban que no ocultara nada entre sus manos y sus movimientos fueran limitados, junto al uniformado, y por petición de los chicos estaba el ex profesor de Wendy, que había aceptado escuchar al menor para aclarar sus dudas en persona, después de todo, un caso de TID no era nada común, aún más, si se trataba de un asesino serial.
- Leopold Stotch, soy el oficial Williams y este hombre a mi lado es el doctor Joshua Smith, por petición de tus amigos se le concedió el permiso de presenciar el interrogatorio y así realizar una evaluación de tu estado de salud.
El hombre mencionado, de pelo ya canoso saludo con voz amable al muchacho y del interior de su bolso extrajo una grabadora, la encendió y dejó sobre la mesa.
- Espero no te moleste, es para consultar dudas en caso que haga falta.
- No hay problema Doctor.
Leopold miró sus manos y jugueteó con los dedos, aún estaba con el dolor palpitante de la herida de bala en su hombro, y estar con las manos esposadas sobre la mesa no resultaba cómodo, además de ello estaba cansado pues había dormido fatal y estaban esas lagunas mentales, su ultimo recuerdo tenía que ver con Kenny, con su rostro furioso y el golpe que le dio, luego no había nada más hasta que despertó en el hospital y se encontró custodiado por dos oficiales, no podía tener visitas por lo que no sabía nada del resto ni de lo que ocurría hasta que un fiscal le puso al tanto de las acusaciones.
- Muy bien, vamos a comenzar – dijo el oficial revisando su expediente, uno completamente en blanco, luego revisó una segunda carpeta, con todo el historial de las víctimas, las circunstancias de su muerte, fotos de cada uno y los objetos que portaban en aquel momento, incluidas las tarjetas. – ¿Realmente un chico como tú, que jamás ha roto la ley puede cometer estos actos tan repudiables? – el semblante del hombre se endureció y le acomodó todas las fotografías sobre la mesa – ¿Cuáles fueron tus motivos para acabar con estas personas?
- Yo no hice nada de eso señor oficial, están confundidos, si les pregunta a mis amigos ellos… – sus palabras se vieron interrumpidas por el hombre que golpeó la mesa con la palma.
- Ellos fueron los que te entregaron como el autor de los crímenes, ¡no es necesario que finjas no saber nada Stotch! – el hombre alzó la voz y Leopold cerró los ojos con fuerza, comenzaba a sentir miedo. Ninguno de los muchachos había intentado contactarse con él, ni siquiera Kenny, eso le dolía.
- Mira esas fotografías, mira sus rostros, ¿qué te hicieron para que acabaras con sus vidas tan jóvenes? Vamos, confiesa, Eric Cartman ya declaró, dijo que tú fuiste quien mató al chico en el callejón, no tienes escapatoria.
El hombre acercó una copia de la declaración del castaño a Stotch, este ojeó la hoja y distinguió la firma al final. El oficial iba a retirar el trozo de papel, pero la mano esposada retuvo la hoja cerca.
- ¿Eric ya despertó? Oh, estoy tan aliviada, no sabe lo preocupada que estaba por él, por un momento pensé que ese idiota le quitaría la vida, ¿sabe lo difícil que fue ponerlo a salvo?, realmente lo odia – dijo en tono suave y esbozando una sonrisa.
El oficial miró confundido al psiquiatra a su lado y este le indicó que continuara con la charla mientras él tomaba apuntes.
Del otro lado del espejo en la sala contigua a la de interrogatorios los presentes escuchaban cada cosa que charlaban y al ver el cambio de actitud del chico se miraron confundidos.
- ¿Qué mierda? – Cartman alzó una ceja y clavó la mirada en Kenneth, este se mantenía de brazos cruzados sin apartar la vista del rubio.
- Acaba de referirse a sí mismo como una mujer – comentó Stan a Kyle y Wendy, estos solo asintieron y le indicaron al tiempo que guardara silencio.
- Marjorine – comentó en un susurro, podía reconocer ese tono de voz y esa sonrisa seductora en el rostro.
El doctor habló algunas cosas con el oficial en voz baja y este asintió, entonces el hombre dejó su cuaderno y lapicero sobre la mesa para apoyar sus brazos sobre esta.
- ¿Podrías decirme tu nombre? – habló con tono amable y sonriendo cordial, había notado el cambio en el tono de voz, y por supuesto el auto referirse como alguien del sexo opuesto no pasó desapercibido. – Yo soy el doctor Smith.
- Oh, es un gusto señor doctor, yo soy Marjorine, es un verdadero placer hablar con usted – miró sus manos e hizo un pequeño puchero – ¿es posible que me suelten? el hombro me duele mucho y es incómodo.
- Lo siento, pero no es posible – negó el oficial y esta solo soltó un suspiro de resignación.
- Marjorine, ¿podrías hablarme de ti? ¿Cómo fue que te hiciste presente en Leopold?, también, ¿sabes si hay más como tú ahí dentro? – preguntó con verdadera curiosidad el hombre canoso.
Del otro lado del espejo McCormick apretó los puños y dejó escapar un: "son tres" que no pasó desapercibido para ninguno de los presentes, sin embargo, decidieron no hacer comentarios.
- Doctor, si le hablo de mí en este lugar se haría eterno y de verdad esto es incómodo, ¿le parece si lo dejamos para un momento privado? – comentó y guiñó un ojo al hombre – claro que hay más de nosotros, somos tres, están el pequeño y adorable Butters y ese sujeto que intentó matar a mi Eric, no conozco su nombre, aunque nacimos casi a la vez él suele ser muy misterioso respecto a sus cosas, no nos agradamos y no hablamos más que para discutir. – Dejó escapar un suspiro sonoro. – El día en que me hice presente en realidad no es muy agradable ¿sabe? Fue durante el campamento de verano, Butters era abusado constantemente por su padre, pero él se acostumbró a ello, quería una figura paterna, entonces conoció al instructor Carter, se apegó a él con el sentimiento de un hijo a un padre que lo cuidaba y aconsejaba, lo que añoraba desde hace tiempo, sin embargo, ese mal hombre le hizo lo mismo que Stephen hacía en casa. Butters comenzó a forzarse a que lo mejor era desearlo, pero fue demasiado para él, así que decidí tomar su lugar – se removió en el asiento e hizo una mueca de dolor cuando su hombro palpitó – ese hombre apestaba a alcohol, pero fuera de eso no estuvo tan mal, aunque si hubiera sido más delicado creo que sería un buen recuerdo, quien sabe.
El hombre desvió la mirada al espejo de la sala, en silencio, del otro lado Stan y Kyle intentaban detener a Kenny, este había recordado el momento que Marjorine le habló de sus sentimientos por Cartman y de como este se había aprovechado. No era exactamente eso lo que le había sacado de sus casillas precisamente, más bien fueron los comentarios degradantes que soltaba el castaño respecto al rubio y la gota que derramó el vaso fue cuando lo trató de "puta", simplemente no podía tolerarlo. Por suerte para Eric, Kyle y Stan lograron calmarlo, Wendy se aseguró que Cartman quedara el extremo derecho de la sala junto a ella y Kenneth al costado izquierdo a un lado de la puerta de salida, en caso que comenzara otra pelea.
- ¿Puedes hablarme de Butters? ¿Y de cómo estás al tanto de lo que hacen los demás? – Marjorine se quedó en silencio unos segundos pensativa y luego asintió.
- Butters es un chico tímido, pero si es amable con él puede hablar cuando se presente. Suele escribir en un diario, de esa forma me enteré de lo que le ocurrió. A veces, contesto sus cosas cuando está demasiado preocupado. Respecto al otro, ese amargado, a él le saco dinero de su cuenta bancaria para ir de compras, es divertido cuando se molesta al consultar el estado de cuenta. Es así, con Butters interactuó a través del diario, y con ese otro sujeto solo son peleas.
El psiquiatra estaba dispuesto a continuar con su charla, pero Williams se puso en pie y tomó a Leopold del cuello de la ropa para alzarlo. El jalón hizo que un dolor agudo se extendiera por su cuerpo, a causa de sus brazos esposados y su hombro aun delicado, provocando un grito de dolor alertando al doctor.
- ¡Oficial, no puede hacer eso con el muchacho! – se levantó e intento que lo soltara sin éxito.
- ¡Ya basta de tonterías! Confiesa de una vez por todas que estás fingiendo solo para disminuir tu castigo, ¡acéptalo! – gruñó con furia.
Stotch comenzó a hiperventilar y su cuerpo temblaba con fuerza, su mirada estaba fija en el rostro enfurecido del uniformado incapaz de articular palabra, el doctor insistió en que le soltara, pero le resultaba difícil hasta que McCormick entró de golpe a la sala para separarlos.
- Tú no puedes estar aquí, ¡¿quién te dejó entrar?!
- Hijo de puta, esto no es un interrogatorio, no te atrevas a ponerle una mano encima de nuevo – Kenneth afiló la mirada contra el hombre y habló en un gruñido.
- Me portaré bien, me portaré bien, n-no me castigues papá, seré un buen chico, ha-haré lo que me pidas – el muchacho se encogió en la silla y comenzó a murmurar aquellas palabras una y otra vez – lo siento, lo siento, s-seré un buen chico.
Kenny lo observó, esa figura derrumbándose frente a él, a la que se había prometido proteger sollozaba, estaba aterrada y no podía detener su dolor, se sentía impotente, deseaba sacarlo de allí y llevarlo a algún otro sitio, quizás Hawaii, como habían hecho de niños, cuando aún todo era solo inocencia infantil, cuando se dio cuenta que ese chico realmente sentía agrado hacia su persona "y yo me negaba a ser su amigo" se recriminó. Pero no podía, aun con toda la desesperación que cargaba dentro abandonó la sala cuando otro policía se lo pidió, volvió a la habitación contigua con sus compañeros y solo recibió muestras de apoyó sobre su espada que en ese momento no servían de nada, pero de todas formas agradeció con una sonrisa débil.
Joshua consiguió que el oficial soltara las esposas de la mesa, de esta forma el rubio logró beber el vaso con agua que le habían llevado. Se dieron unos cuantos minutos para que este se tranquilizara antes de tomar asiento y volver a la plática.
- ¿Butters es tu nombre? – habló Smith con tacto, Marjorine ya le había advertido de la personalidad retraída de este y con lo sucedido debía ser cuidadoso en el tono y palabras que usaba – dime, ¿Qué edad tienes?
- Así m-me llaman todos en la escuela y e-en casa, tengo 15 años – el rubio dejó el vaso sobre la mesa y comenzó a jugar con sus nudillos de manera nerviosa – s-señor, ¿p-por qué estoy aquí?
- Dime Butters, ¿Cómo te va en la escuela? – habló nuevamente, desviando así la pregunta del menor. – ¿Eres aplicado? – el chico asintió y sonrió tímido.
- Siempre estudio m-mucho para que mi mamá se sienta orgullosa de mi, a-aunque ahora ella a no está aquí.
- ¿Qué pasó con ella? – el oficial dejó escapar esa pregunta sin darse cuenta.
- Ella murió hace tiempo – Stotch bajó las manos para esconderlas entre sus piernas.
- ¿Y tú papá? Stephen creo que se llamaba ¿no? – Williams volvió a preguntar, pudo sentir la mirada de enfado del mayor sobre él.
- No quiero hablar de eso – negó con rapidez y desvió la mirada a la puerta de salida – m-me quiero ir a casa.
- No te irás hasta que respondas – murmuró con fastidió, Butters volvió a negar y se puso en pie para intentar ir a la puerta, sin embargo, el oficial fue más rápido y lo empujó contra la silla – no vas a ningún sitio mocoso.
- No vuelvas a llamarme así – se levantó nuevamente, esta vez su voz sonaba más grave, su pie derecho se posicionó entre las piernas de Williams y sus manos empujaron su cuerpo para que este cayera al suelo – y no te atrevas a ponerle nuevamente una mano encima a Leo o a Butters, ¿entendido?
McCormick abrió los ojos con sorpresa y se apoyó en el vidrio, ¿había escuchado bien? La persona al otro lado no era Leo, tampoco Butters o Marjorine.
- Ahora lo entiendo, fue un pequeño truco que Marjorine utilizó para engañarnos – comentó Wendy, los amigos la miraron intentando comprender sus palabras, pero solo Kyle puso continuar con estas.
- Lo que intenta decir es que desde un comienzo las tres personalidades a las que se refería no incluían a Leopold, esto puede ser porque ella desconoce su existencia o porque encubría a esta personalidad.
- Entonces, eso quiere decir que son cuatro, ¿no? – comentó Stan tomándose el puente de la nariz.
- El hijo de puta es astuto – Cartman dejó salir una carcajada, apoyó su espalda contra el muro mientras mantenía los brazos cruzados.
Stotch caminó hacia el espejo y sonrió, tenía perfectamente claro que del otro lado estaba siendo observado, seguramente por sus viejos compañeros de escuela, aunque no le importaba si había alguien ahí a quien deseaba ver.
- Hey McCormick, ¿por qué no vienes a escuchar lo que tengo que decir? Seguro te resultará interesante saber porque hice lo que hice, ¿Eric está ahí? También es bienvenido – dio media vuelta y volvió a su asiento esta vez apoyando las piernas sobre la mesa.
El oficial de policía se paró frente a él para recriminarle lo que había hecho, pero solo consiguió que el menor soltara una carcajada, luego con total desdén le dijo comentarios como: "ni siquiera haces un buen trabajo" "¿estás nervioso o ansioso?" "estoy seguro que es la primera vez que te enfrentas a un asesino, ¿tienes miedo?". Aquellas palabras lograron que el hombre apretara los puños con fuerza y abandonara la sala unos minutos, los mismos que permitieron a Kenny entrar al lugar, luego Williams regresó y se sentó frente a este.
- No quiero que mantengan contacto, con esa condición puedes permanecer aquí Kenneth, ¿entendido? – este no emitió palabra y solo asintió. – Bien, hace un momento admitiste que fuiste tú el autor de los asesinatos – el rubio tan solo amplio la sonrisa – cuéntanos, como sucedió, como mataste a cada uno de ellos.
- De acuerdo, será largo, así que debería pedir café, no vaya a ser que se duerma señor oficial – murmuró y sus ojos se desviaron al rostro de Kenny, sus miradas se cruzaron y la sonrisa en su rostro pareció tornarse más dulce, entonces desvió el rostro a otro lugar – muy bien, preste mucha atención a partir de ahora:
Ian, a ese chiquillo lo encontré en una fiesta, nos pusimos a charlar de unas cuantas cosas, me hablaba de lo maravilloso que era tener su propio vehículo y yo solo finí estar interesado en lo que parloteaba, el alcohol ya se le había subido a la cabeza así que cuando le pedí que me enseñara que tipo de automóvil tenía no se negó. Fuimos hasta donde lo había estacionado, era de madrugada y con la tormenta de nieve todo estaba desierto, así que nadie se percató de nuestra presencia y aunque hubiera sido así no tenían como saber quiénes éramos, le regalé dinero para unos cuantos tragos y lo metí a su bolsillo junto a la tarjeta, supongo que se le cayó cuando sacó el dinero. Le comenté de un lugar en dirección a Aspen donde se celebraría una fiesta y él se interesó por ir, solo le dije que ruta seguir y el clima y su estado hicieron el resto, fue pan comido.
Con Jack fue simple, me enteré que la culpa lo tenía desesperado, así que solo hizo falta comentarle que un amigo policía lo vería en el callejón ese día para prestarle ayuda, le dije que él lo aconsejaría y le diría que hacer. Esa noche nos reunimos, pero el idiota abrió la boca, ya que Cartman estaba en ese lugar también intentando convencerle de mantenerse callado, me vi obligado a dispararle a ambos, pero la tonta de Marjorine desvió la puntería, ahí me di cuenta que no podría deshacerme de él. Dejé la tarjeta sobre el cuerpo de Jack y le hablé a Eric antes de retirarme, ¿Cómo fue? Ah, sí. "Tú debes aguantar hasta el final, me serás de mucha ayuda."
Rebbecca, la querida Red, ella estaba tan interesada en Carter, que cuando lo vio salir tras los chicos y luego observó que también Butters abandonó esa cabaña no dudó en comenzar a atormentarlo por sus celos, Wendy me dijo que la convenció de aclarar sus dudas con los chicos, entonces Gabriel en vez de decirle la verdad acrecentó su ira diciendo que ellos tenían una especie de relación retorcida. Cuando regresé al pueblo la contacté, fingí que el culpable había sido yo y que esa noche Christopher Carter había fantaseado con ella, por supuesto eso la alentó a seguir hablando conmigo, entonces le prometí entregarle su dirección y número para que lo contactara, pero solo la drogue con somníferos y la empujé de un bote al lago, en su estado fue sencillo que se ahogara sin poder siquiera intentar salir. Me aseguré que la tarjeta no se dañara poniéndola en una bolsa hermética antes de meterla a su bolsillo.
Wendy cubrió su boca y tuvo que sentarse en una silla para no caer cuando sintió sus piernas temblar.
Rogers, ese pobre tipo, ya estaba destruido cuando lo encontré. Fue una coincidencia afortunada, Marjorine lo conoció en uno de esos estúpidos bares allá en Denver, al parecer le dio regalos e invito algunos tragos, tuvo que ser bien fácil de manejar para que ella guardara el contacto en su teléfono. Como no nos llevamos bien ella esconde su propio móvil, un día lo olvido sobre la mesa y vi las fotos, reconocí enseguida su nombre, por lo que luego de rastrearlo por las redes sociales lo contacté con un teléfono robado, del que me deshice más adelante. Jacob se reunió conmigo pensando que era ella y me contó todo lo que le ocurría, sus problemas y su miedo con los asesinatos, me dijo que quería olvidar todo eso, que no podía dejar de pensar en lo que habían hecho. Le prometí que me aseguraría que nada le ocurriera si me daba información del resto. Le dije quién era, él se asustó al principio, pero lo disuadí en que si me ayudaba yo perdonaría su vida, una vez obtuve la información que quería le metí en la cabeza que el único modo de escapar de mi era firmando una carta, solo bastó que la leyera y encontrara la tarjeta para que entendiera a que me refería, la firmó y se marchó, pobre sujeto, ya saben cómo acabó todo con el pobre Rogers, las drogas hicieron el trabajo de llevarlo a la desesperación y tomar la decisión de colgarse.
Las chicas, oh las chicas, ellas soltaron veneno contra Butters desde que Red les habló de lo sucedido, a Marjorine le hacían la vida imposible y a Leo se encargaban de instar a chicos mayores para que lo acosaran, toda la escuela hablaba de él por su culpa, por eso murieron de la misma forma, llenas de veneno. La botella de vino que les serví aquella noche estaba alterada, en unas cuantas horas hizo lo suyo, Wendy en un comienzo también estaría incluida, pero como la chica mostró estar realmente arrepentida y en realidad nunca hizo nada contra Leo más que callarse la descarté. Las tarjetas de ellas estaban bajo sus copas, así que no las vieron hasta que bebieron del vino, creo que las pobres se asustaron tanto que se marcharon a casa creyendo que estarían a salvo, es una lástima que no dijeran nada de las tarjetas, quizá me habrían atrapado entonces, aunque para ellas ya era tarde.
Testaburger cubrió su rostro y comenzó a llorar, revivir aquel episodio era tremendamente doloroso, aun mas cuando escuchaba a Stotch decirlo con tal calma en la voz, incluso llegó a comprender el deseo de venganza que tenía Cartman en su contra, miró de reojo al castaño entre sollozos y este se mordía los labios realmente enfurecido.
Gabriel era tan ambicioso como Cartman, solía extorsionarme en la escuela para no seguir esparciendo rumores, fue por él hablando con Tyler que me enteré de todo, del trato que tenían con Carter por mantener silencio y la forma en que sacaban provecho de eso. Como ya sabía dónde vivía me hice pasar por un cliente para su "negocio" y fui a visitarlo, él muy idiota no me reconoció, fue por su café diario y yo aproveché el momento para alterar la fuente de poder de una de sus computadoras, dejé la tarjeta y me marché, solo bastó que ocupara el aparato para que provocara la explosión y se quemara todo, maldito enfermo, seguro él y Stephen se habrían llevado de maravilla.
Con Tyler fue algo complicado, el maldito era una rata astuta, se escondía constantemente, por lo que haberlo encontrado por mi cuenta habría sido imposible, para mi suerte los muchachos lo encontraron, así que debía aprovechar esa oportunidad, ingresé al correo de Stan para obtener su email y le envié un mensaje. Stan, si me estás escuchando, deberías ser más cuidadoso con tus contraseñas. Como decía, lo convencí de que si hacía lo que le pedía obtendría una buena suma la que, por supuesto aceptó, en su condición todo le era de ayuda, le entregué el arma que usó ese día y le dije a quién tomara de rehén, le indiqué que lo llevara a la azotea y recibiría su pago. No esperaba que el idiota me reconociera en ese lugar, se puso tan nervioso que cuando los demás llegaron te disparó Kenneth, ese idiota solo debía huir, pretendía deshacerme de él después, pero con lo sucedido allí perdí el control y termine empujándole al vacía. Debería estar agradecido, no salió como esperaba, pero quede libre de sospechas.
Finalmente llegamos al queridísimo instructor Christopher Carter, un hombre ya mayor, casado y con un bebé, si su esposa supiera la clase de enfermo que tenía por marido. La muerte de ese sujeto en realidad no fue planeada, pero soy bueno improvisando, cuando Leopold se dirigía a Utah, McCormick le dijo donde vivía, en ese instante estaba a una hora de distancia, así que vi la oportunidad perfecta, me dirigí a su residencia y esperé a que saliera, no tardó mucho, lo dejé inconsciente y subí al vehículo, si lo revisan quizás encuentren algo, con todo lo que pasó después no tuve tiempo a limpiarlo. Encontré la casa abandonada mientras buscaba un buen lugar, lo arrastré ahí y me desquité con él, no daré detalles porque las fotografías hablan por sí mismas, solo diré que nunca había oído a alguien suplicar tanto antes, oh, sí, alguien debió suplicar tanto como él, Butters, ¡estoy seguro que él suplico y suplico!
El rubio golpeó la mesa con furia, la sala estaba en silencio, el oficial de policía tragó en seco y tomó el café que llevaron durante la declaración, dio un gran sorbo y depositó la taza sobre la mesa. El Psiquiatra detuvo la grabadora un momento y se refregó los ojos con cansancio. Kenny se acercó al muchacho y colocó una mano sobre su hombro, no entendía la razón de por qué lo hacía, pero conocía esa cara de frustración en su rostro y necesitaba que se calmara. El oficial quiso separarlo, pero Smith no se lo permitió.
- En este momento está alterado, si hace algo solo va a empeorar su estado – el hombre mayor miró a Kenny y este agradeció con un gesto.
- Oye Leo, um, no sé cómo llamarte – soltó un suspiro, estaba tan confundido aún con todo que su mente no le dejaba pensar con claridad – en las estrofas que enviabas hablabas de trece caballos, tú estabas incluido, pero la primera víctima, Jones, tenía una tarjeta que decía "second horse"
- Eso es cierto, no nos habíamos percatado de ello – dijo Kyle mirando a Stan, este acompañaba a la azabache para que se mantuviera tranquila, entonces el pelirrojo se quedó en silencio y regresó la vista a su amigo del otro lado.
- El primer caballo fue Stephen, como todos los años yo me encargué de la decoración navideña, pero ese día fue diferente, me percaté que ese imbécil pretendía seguir con sus sucias fantasías cuando encontré algunas cosas en su habitación así que alteré una de las luces, ya en la tienda le pedí que las encendiera, estas provocaron un corte por el daño en los cables y el incendio se expandió rápido.
- Marjorine dijo que no tenías nombre, ¿es cierto? – Joshua Smith preguntó cuando vio que el oficial se acercaba para seguramente llevarlo a la celda.
- No tengo, pero Kenny conoce uno que seguramente me queda perfecto, después de todo, soy el villano de la historia. – Le dirigió una última mirada al más alto que al escucharle abrió los ojos con sorpresa.
- Caos – su cuerpo tembló y debió apoyarse de la mesa. Un pequeño roce en su mano le hizo alzar la mirada y sintió como se posaron unos labios sobre la comisura de los propios.
- Adiós, amor.
Williams desapareció tras la puerta con el acusado, se reunió con otro policía y lo llevaron al calabozo a la espera de su traslado a la prisión. McCormick se sentó en la silla y se tomó la cabeza con ambas manos, la acción de Stotch le había traído recuerdos de su último año de escuela, específicamente, el día en que Leopold se marchó del pueblo. "En ese entonces era él, siempre fue él"
