Hola:
he aquí otro capítulo, sin mucho interés, pues quería reafirmar mi idea que tengo del mundo para poder ver como meter la trama en los siguientes capítulos.
Me había olvidado de FF y por eso tardé tanto en actualizar, pero no creo que lo vuelva a hacer.
Aclaro, que en esta parte de la historia dice que hay 23 hoyos en un juego de golf (sé que no son el número que tiene en nuestro mundo) esto es porque cada hoyo tiene como mínimo un obstáculo y como máximo 7, en el cual tienen que usar 7 aparatos colocados estrategicamente antes de golpear la pelota y llegue al hoyo, van aumentando el número de aparatos a utilizar conforme el número de hoyo.
Espero haberme dado a entender, aunque es complejo el juego.
Gracias,
SCynthia.
Fifí subió al helicóptero de Roberto y aseguró los cinturones a su cuerpo. Volaron siguiendo la ruta marcada para ellos y, como ya lo había hecho antes, miró las luces que se extendían a sus pies, como un espectáculo que a cualquiera dejaría sin aliento. Pero no a Roberto que lo veía como un simple mecanismo de luces que se debían pagar para generar una economía fuerte y saludable del país. En cambio a Fifí desde que lo conoció le producía un sentimiento entremezclado en su pecho que le hacía sonreír irremediablemente.
Descendieron en el techo de un edificio en el que fueron recibidos por un pequeño Épsilon-menos que inmediatamente ayudó a bajar a Roberto y Fifí. Indicándoles dónde se encontraba el ascensor. Instintivamente Fifí se alejó del feo enano que le tendía la mano para ayudarla a pasar y le sonreía calidamente sin dejar de observarla. Tras una orden que dio Roberto al Epsilon, este desapareció y tomando de la cintura a Fifí caminó a través de las puertas y subieron al ascensor. En cuanto se cerraron las puertas, Roberto besó posesivamente a Fifí en los labios, y como estaba automatizada para eso, lo aceptó y correspondió tal como había aprendido de pequeña en el centro de acondicionamiento. Al abrirse las puertas en el décimo piso y no en el octavo ambos se separaron. Y con una mirada Roberto indicó a su compañera que bajara en ese piso.
-¿Por qué bajamos aquí?- preguntó intrigada a su compañero.
-Creí que te gustaría ver una película sensible antes de jugar al golf, ¿estás de acuerdo?- preguntó cortesmente.
-Claro, es mejor empezar una velada con algo tranquilo.- Respondió a su vez Fifí.
Se dirigieron a la taquilla y mientras ella esperaba pacientemente, él compró dos boletos para la función más próxima y entraron a la sala indicada en los pedazos de papel.
Comenzaron a ver en la pantalla los anuncios de nuevos perfumes, mejorados con sustancias que hacían, literalmente, que las otras personas las vieran más bonitas, las ventajas de la nueva comida deshidratada, de la calidad de las raquetas, de soma, y por ultimo el lema mundial. Comenzó la película con un suave vaivén de música, que te hacía sentir somnoliento y si se viviera en otra época, muchos dirían que se sentían hechizados. Colocaron los dedos en el lugar indicado y sintieron inmediatamente como empezaban a flotar por los aires mientras en la pantalla la visión era claramente de elevarse al cielo azul. Después de un rato de observar y sentir que el suelo se encontraba más y más abajo. Se amplió la toma y dejó ver a un chico muy apuesto que pronto empezó a moverse y acercarse a una chica que bien podría haber pasado por un ángel, a la cual besó muy suavemente y en el momento en el que eso sucedía, los 500 espectadores suspiraron al sentir el beso en sus labios. Después comenzó el descenso y la toma final en la que el chico tomaba al casi ángel de la mano.
Después bajaron al octavo piso y tal como sucedió en el cine, se compraron dos boletos para entrar al golf de obstáculos, a diferencia se compraron más cosas como los 7 mecanismos indispensables para jugar y los zapatos especiales de césped. Jugaron toda la noche hasta llegar al hoyo 23 ,que marcaba el final del juego y la obsolescencia de los aparatos comprados. Terminaron con una clara diferencia en los marcadores, 25 a 37, a favor de Roberto.
Al terminar, Roberto ofreció media tableta de soma a su acompañante quien la aceptó y la tomó inmediatamente con un poco de agua, para después juntarse y y darse un beso. Roberto, como es usual, la invitó a pasar la noche con ella en su apartamento. Aunque la invitación era solo por cortesía porque eso iba a suceder, simplemente porque era lo usual. Y tomando rumbo a su helicoptero se despidieron de aquellos que los habían atendido, pues no conocían a nadie más.
