Y aquí estoy otra vez con ustedes :3.
Asdljdaslkl, joder, me da emoción de ver que ésta historia está siendo bien recibida por todos ustedes x'D. Y qué suerte que aún no he empezado con el servicio, así me da tiempo de terminar uno que otro capítulo, jajaja.
Como el título lo dice, creo que ya viene una parte que muchas y muchos deseaban(?), así que me permito hacer una advertencia.
l capítulo contiene escenas sexuales explícitas con lenguaje vulgar.
Para quiénes ya me han leído, saben que me gusta narrar el sexo bien; es decir, con lo que yo considero que debe ser un buen sexo(?), con palabras y acciones intensas, ya verán a lo que me refiero cuando lean, aunque tampoco lo hice en demasía por ahora. Obviamente, no aplica para todos, pues hay personajes que he manejado que sé no serían tan liberales y explícitos, jaja.
En fin, les dejo el capítulo. ¡Disfrútenlo!
Aun con todos los años que habían pasado desde el segundo encuentro que tuvieron Midoriya y Katsuki, el primero todavía no podía creer que en verdad le importara tan poco tener al pueblo con las mentiras de que él era una víctima sacrificada para el dragón, mientras que lejos de en verdad sufrir, disfrutaba tanto de ser la "comida" del dragón.
Sí, admitía que al tratarse de su madre, le preocupaba el hecho de que estuviera con el dragón salvaje de la montaña, sin embargo, con estos meses que Izuku llevaba siendo "el sacrificio", Inko no parecía tener el mismo ataque de pánico que la primera vez en que el dragón ordenó su hijo fuera el pago por proteger al pueblo.
Era extraño, pero a veces el chico de las pecas creía que su mamá estaba de su lado. Algo que era imposible, vamos, conociendo lo sobreprotectora que podía llegar a ser Inko, difícilmente se quedaría tranquila sabiendo que Deku tenía un amorío con el dragón.
Quizá Modoriya llegaba a tener esa sensación para no sentir culpa por mantener a todos engañados.
Pero era algo por lo que no gastaría su tiempo en pensar, no ahora que Katsuki había hecho acto de presencia, porque simplemente su mente no podía pensar nada más cuando se encontraba con aquel muchacho de ojos rubíes.
Se habían estado deseando tanto, joder.
Las manos de Bakugo extrañaban la exquisita suavidad que esa piel emanaba y sus uñas necesitaban clavarse en cada parte blanda de Midoriya.
Ese maldito chico de cabello verde desataba la bestia que Bakugo de verdad podía llegar a ser. Él convertía sus pasiones en un insano instinto de posesión.
Izuku volvía loco a aquel que era reconocido como el dragón protector de Yuei.
La piel de ambos quemaba como si fuera el mismísimo fuego que emanaba de la leña, los jadeos estaban presentes en ese absorbente y voraz beso eterno, uno que no deseaban romper sin importar se quedaran sin oxígeno.
Dejaban que sus almas se consumieran cuando sus alientos se mezclaban.
Bakugo se separó del muchacho cuando un gemido se escapó en medio del ósculo.
—Aahh… Kacchan, desátame, por favor —jadeó, plenamente sonrojado, con las pupilas brillantes por la excitación, mirando al susodicho.
El dragón soltó una risita maliciosa y burlona que luego se convirtió en un gruñido de deseo. Se inclinó al otro para succionarle un lóbulo con violencia.
—Tú no me das órdenes, Deku de mierda —sin esperar, le rompió la playera de tela blanca que tapaba aquel torso tan sensual—. Te han dejado muy dispuesto ante mí, no voy a desaprovechar esto, así que no se te ocurra replicar.
—Pero no puedo moverse así —se quejó, estremeciéndose por el aliento ajeno en su piel; esas palabras tan agresivas como le hacían hervir la sangre, le hacían sumergirse en una excitación masoquista.
—Deja de hablar, mierda —Katsuki le metió tres dedos de golpe en la boca, los movió sin consideración, admirando la expresión que, si bien estaba avergonzada, poco a poco iba volviéndose lasciva—. Qué rostro tan cachondo tienes, Deku.
El de cabello verde negó, cerrando los ojos, con su corazón palpitando como loco.
— ¡Mírame, carajo! —la exigencia de Bakugo vino acompañada de una salvaje mordida que desató pequeño hilos de sangre en el hombro del chico.
— ¡Aaah, Kacchan…! ¡No hagas eso! —si bien frunció un poco el ceño, mostrando seriedad, y se sacó los dedos de la boca, el tono de su voz dejó ver que dicha agresión también estaba acrecentando su deseo.
— ¡Te dije que tú no me mandas, inútil! —siseó, pegando su pelvis a la contraria, frotándose con un cinismo inigualable, lo que conllevó varios gemidos por parte de ambos— Jo, te quejas y quejas… Pero te estás volviendo una puta ahora —su sonrisa de victoria hizo refunfuñar al de ojos verdes, pero su sonrojo y expresión confirmaban lo que Katsuki dijo.
Sin más innecesaria palabrería, el de cabello rubio cenizo se inclinó a dejar varios caminos de besos y succiones en el pecho de Izuki, dando varias mordidas lo suficientemente fuerte hasta que sus dientes quedaban marcados. Sus manos se metieron en el pantalón del chico hasta romperlo y así poder jugar con la virilidad que estaba despertándose si pausas.
Midoriya ahogaba lo gemidos. Joder, ¿cómo estaba tan ansioso por que Katsuki lo poseyera? Tal vez era que ya no podía seguir conformándose con verlo cada viernes; su cuerpo le exigía tenerlo noche y día encima, devorándolo, quemándole con sus caricias.
No era la primera vez que hacían esto, por eso poco a poco la timidez que antes presentaba en éste acto ya estaba más controlada.
—Déjame escuchar tu voz, Deku, quiero saber cuánto me necesitas —ordenó con una gutural voz y se dispuso a succionar esos sonrosados pezones erectos.
— ¡Ngh…! Kacchan… —no pudo seguir callando los sonidos eróticos de su boca cuando esa zona tan sensible para él comenzó a ser estimulada.
Se estremeció con fuerza, de pies a cabeza y su erección terminó de formarse.
Los provocativos y sexuales sonidos salían de las bocas de ambos; Bakugo se encargó de llenar de saliva las cerezas que Izuku tenía por pezones. Rompió las ataduras de sus pies y le arrancó toda la ropa por fin.
Impaciente, abrió las piernas del de ojos esmeraldas y las posicionó sobre sus hombros, levantándolo y dejando justo frente a su rostro la sonrosada entrada al paraíso de Izuku. Hizo una sonrisa lobuna y le contempló.
—E-Espera…, Kacchan, no… ¡NNGH! —se retorció y se arqueó un poco cuando sintió el inicio del beso en esa zona erógena.
La lengua del chico de ojos rubíes se abría el paso en la suave carne que tenía enfrente, deleitándose e ingresando cuando la saliva invadió dicha ubicación y Midoriya finalmente se relajó.
Bakugo ya lo estaba devorando y su propia erección palpitada, queriendo romperle los pantalones desgastados.
Izuku estaba completamente acelerado, jadeando, soltando gemidos y sus muñecas enrojecidas por la fuerza que ponía al intentar liberarse. Pero no por desobediencia o quisiera escapar, no, sino por simple inercia del placer.
—Kacchan… Q-quiero tocarte, déjame tocarte… —esa angelical voz hizo estremecer al susodicho en una ola de excitación. Joder que era tan apetitoso cuando esa inocente voz se teñía en lujuria.
Porque sí, Midoriya era tan adorablemente lascivo.
Tenía a Katsuki en sus manos y ni siquiera lo sabía por completo, aunque no es como si Izuku no estuviera cautivado enteramente por el dragón.
—Maldita sea, maldito Deku… —una sensual seriedad cubrió el rostro del rubio cenizo. Quería seguir domándolo, controlándolo, sin embargo con esos gestos, esos gemidos que soltaba Midoriya, era imposible que no terminara cumpliéndole sus deseos.
—Anngh, Kacchan, yo…
—Si quieres que te suelte, deja de intentar cubrirte el puto rostro, joder.
Y es que el joven Izuku tenía su rostro inclinado hacía uno de sus brazos, buscando esconder su rostro. Más que avergonzarse de las acciones ajenas, se avergonzaba por la urgencia que él mismo sentía hacía Bakugo, por los pensamientos vulgares que tenía, por el deseo de tenerlo adentro de una vez por todas.
Obviamente, no lo diría, sería demasiado para él.
Volvió a sujetarle el rostro a Midoriya para besarlo, penetrándole la boca con la lengua, imponente. Tanto, que su aliento quemaba para el menor y la saliva poco a poco se escurrió de entre sus bocas.
La diestra de Katsuki no perdió el tiempo y se bajó las prendas inferiores para liberar su erección y hacerla entrar en contacto con las finas, voluptuosas y suaves nalgas del chico de verdes cabellos.
Esa acción provocó un remolino de lujuria insana en los dos; la conciencia de Izuku se estaba perdiendo, dejando que la excitación sacara sus más oscuros deseos.
Se separó un poco del ósculo para atrapar la lengua de Bakugo entre su boca, muriéndose de la vergüenza —que lo hacía verse más adorable, por la misma mierda—, la succionó con obscenidad, como si aquello fuera el falo del rubio.
Oh, joder.
El minúsculo autocontrol que el dragón tenía, se fue al demonio.
—Tú te lo buscaste, mierda…
Inició besándole otra vez, ahora con mayor ferocidad, con salvajismo, devorándoselo y mordiéndole los labios como la más deliciosa comida. Sus rasposas manos masajearon esos glúteos y le dio una nalgada a uno de ellos; los abrió y no esperó para frotar la carne dura y caliente que sería el trono del humano de ojos esmeralda.
Mantuvo aún las piernas de Izuku sobre sus hombros y tras jugar un par de minutos con sus dedos ahí dentro de ese cálido y candente camino, lo penetró.
Los gemidos fueron arrancados de las gargantas de los dos. Izuku continuaba amarrado del tronco del árbol, teniendo como manto la mirada excitada de Katsuki, quien no tardó demasiado en hacer las profundas embestidas.
— ¡Aaahh, annghh…! ¡K-Kacchan…! —Deku sentía que el aire le faltaba; si había dolor, no lo sentía, pues el rubio tenía una extraña magia para hacer que solo se concentrara en él y nada más que él.
La penetración había sido brusca y directa, pero mierda, su cuerpo temblaba en medio del placer y sus ojos no tardaron en cristalizarse.
Va a partirme… Ahh.
La expresión de Izuku era tan… tan malditamente buena para los ojos del dragón. Era como ver a un ángel beber del pecado.
Pronto lo desató, para acomodarlo de espaldas a él, dejando que se agarrara al mismo tronco.
Volvió a penetrarlo, ahora con un frenesí que hacía rebotar los glúteos de Izuku, provocando que ambas pieles resonaran; Katsuki usó una mano para sujetarle del cabello y poder marcarle el cuello todas las veces que quisiera, porque era su dueño.
Y metió los dedos de su otra mano en la boca ajena, sin detenerse a pensar si quiera en lo brusco que estaba siendo. Menos aún con oír los sonoros gemidos que Midoriya no dejaba de soltar.
—Eso es, Deku…, traga bien éste pedazo, joder… —jadeó Bakugo. Le volteó un poco el rostro para volver a besarlo con hambruna.
Al de cabello verde le temblaban las piernas cada vez más, a la vez que esas embestidas eran más fuertes y veloces, llevándose finalmente su raciocinio y provocando que su entrada succionara casi con demencia.
Como disfrutaba ser el "sacrificio" que el dragón pedía comer siempre, como le fascinaba que Katsuki lo poseyera de esa manera… Estaba a su merced y eso le encantaba. Lo volvía loco, su cuerpo sabía que a él le pertenecía.
No se arrepentía de nada, de nada. No importaba que el pueblo de Yuei creyera que se la estaba pasando mal.
Era un secreto que nadie podía saber, era un secreto que hacía pecar a Izuku, pero del cual no se sentía culpable.
Katsuki Bakugo era su exquisito y amado pecado, el centro de su mundo. Era el demonio correcto por el que no le interesaba arder en el infierno.
— ¡N-no te… detengas…, Kacchan…! —gimió en la pausa del beso, mirándolo con una súplica que hizo sonreír con arrogancia al mencionado chico.
Removió su órgano sexual externo en aquella cueva de calor con agresión y circularmente unos momentos.
—Convénceme, maldito nerd… ¡Convénceme, joder! —dio una estocada y los gimoteos de Izuku resonaron en la silenciosa noche tan malditamente sensual.
No podía estar más que colorado, sin embargo con la razón pérdida, era más fácil para él obedecer.
—Kacchan… Por favor…, yo solo… Solo te quiero a ti, solo a ti… —su corazón daba estragos y su cadera comenzó a moverse sensualmente— Kacchan…
Ni como el dragón pudiera escapar de la magia en que Izuku lo metía. Ni como, ya no tenía escapatoria.
— ¡Te voy a dejar sin caminar… agh, puto Deku…!
Cambió ahora teniendo al de cabello verde contra el suelo y él encima, otra vez con las piernas ajenas sobre sus hombros para alcanzar mayor profundidad. Y aunque la lujuria quemaba y los envolvía, nuevamente juntó ambas bocas en un ósculo.
Ah, sí, no solo se tronaba ese provocativo cuerpo de Midoriya, no. Sino que también lo amaba.
Lo amaba con una inmensa locura y era suyo, el cuerpo del menor lo dejaba bien en claro, recibiéndolo como si quisiera tragarle por completo.
Izuku Midoriya era su perdición, su debilidad…, pero también su fortaleza.
Era su ángel y en su interior encontraba el maldito cielo.
El agudo sonido del metal al chocar retumbaba en el patio que estaba vestido con un pasto verde, fresco y excelentemente cortado. El cielo azul matutino era el paraíso que embellecía la visión bicolor del caballero que no dejaba de blandir su espada con su compañero de entrenamiento.
Los rayos del sol eran una ayuda con la vitamina que proporcionaba y mantenía el ambiente de compañerismo entre los soldados que entrenaban sin ninguna objeción.
Finalmente, una de las dos espadas cayó para enterrarse en la tierra.
—Ganaste otra vez, Todoroki —su voz sonó sincera, con una motivación creciendo por sus deseos de superar a su compañero—, felicidades.
Se quitó el casco metálico para sentir la brisa mañanera y así se refrescara de tan acalorado ejercicio. Se quitó los lentes y se limpió el rostro con uno de los pañuelos que otro de los empleados se acercó a darles.
—Tú también hiciste un buen trabajo, Iida —fue la sosegada respuesta, mirando al susodicho.
Los dos hombres solían emparejarse continuamente para entrenar, ambos se acoplaban bastante bien en sus técnicas y eran de los mejores soldados del país. Muy reconocidos, muy admirados y excelentes líderes.
—Gracias, pero ten por seguro que pronto tu espada será la que estará enterrada en la tierra —fue su amable reto.
Todoroki elevó un poco las comisuras de sus labios y sin que pudiera decir algo, otro empleado se acercó a él.
—El Comandante General solicita su presencia, Todoroki-san.
—Iré en seguida —asintió sin problema alguno y dirigió una breve mirada a su amigo y compañero de lucha—. Te veré después, Iida.
—Mh, suerte —sonrió.
Mientras Todoroki avanzaba siguiendo al empleado, se percató del cuchicheo que algunas de las señoritas empleadas de la enorme residencia tenían. Decidió ignorarlas, y es que era de esperarse que con ese traje blanco y tallado que remarcaba el trabajado —aunque delgado— cuerpo del chico heterocromático levantara miradas tanto del sexo femenino, como del masculino.
Todoroki era un chico apuesto y aunque tuviera ese porte sereno, lograba arrancar muchos suspiros con su mirada y amabilidad.
Sin embargo él no estaba interesado en establecer relaciones románticas o cosas por el estilo. Le gustaba su trabajo y encantado se entregaba por completo a éste.
No le llevó mucho más tiempo llegar a la oficina principal de esa residencia que tenía la imponente forma de un castillo, donde el Comandante General se encontraba esperándolo y a su lado, estaba el rey del país.
—Estoy aquí —Todoroki hizo una reverencia ante la presencia de los dos hombres ahí presentes.
—No necesitas tanta formalidad, joven Todoroki —le respondió el rey con una amplia sonrisa que cargaría de valor a cualquiera que la viera.
La enorme habitación donde ahora se encontraban estaba pintada de una blanco inmaculado que irradiaba paz y permitía expandir mucho mejor las luces de los elegantes focos colgantes, así como la luminosidad que irradiaba el rey tan bien conocido como All Might.
En las paredes estaban pegados cuadros de estilo renacentista, así como cuadros de vistosos e imponentes dragones de diferentes colores. En la parte inferior de dichas paredes había pintura gris metálica que decoraba esa zona en formas curveas.
—Es necesaria, All Might —musitó el chico con su semblante tranquilo.
—El motivo por el que te hemos llamado —habló de repente el Comandante, de un característico semblante holgazán; tenía inicios de barba, sus ojos caídos como si quisiera dormir eternamente e incluso al hablar arrastraba un poco las palabras. Sin embargo, su largo cabello azabache estaba recogido en una coleta alta que le daba algo de vida a su cara— es porque recibimos una solicitud de ayuda por parte del pueblo de Yuei.
— ¿Yuei? —pareció extrañado— Es uno de los pueblos elegidos, me parece ilógico que estén solicitando ayuda del rey.
—Justamente ese es el problema.
—Mi padre es quién se encarga cuando eso sucede —fue la constatación que dio Todoroki, que lucía un poco confundido; sus misiones no consistían en eso.
—Así es, joven Todoroki, pero éste caso es sumamente extraño, necesito que primero investigues que sucede antes de que Endeavor lo sepa y no escuche razones.
Los rayos del sol se entrelazaban con fervor como los amantes que dormían abrazados en el cobijo de una discreta cueva entre el follaje de los árboles y la imperiosidad de las montañas.
Midoriya fue el primero en despertar de su pacífico sueño. Por supuesto, estaba desnudo y con la cabeza del muchacho rubio en su pecho, mismo que dormía y soltaba ligeros ronquidos.
Bendita la capa que Bakugo solía usar, pues ésta les servía de cama en el duro y frío suelo. La tela era bastante gruesa y calientita, así que no posaban frío y de todos modos, el cuerpo de los dos generaba mucho calor.
El de las pecas en las mejillas no quiso moverse para no despertar al dragón, no porque éste iba a empezar a gritonear, sino porque le gustaba sentir cómo dormía. Le gustaba entrelazar sus falanges en los cabellos frondosos de Katsuki, le gustaba admirarlo.
Izuku no sabía cómo es que terminaron de manera romántica, si inicialmente él solamente tenía curiosidad de conocer a su salvador de hace seis años. Y estaba tan seguro de que había sido ese heroico dragón que resguardaba a su pueblo; claro que el adjetivo calificativo cambió un poco cuando conoció más la historia del pueblo.
Pero no su curiosidad que conforme los años aumentó hasta el punto en que un día, decidió explorar por su cuenta.
—Deja de jalar mi cabello, idiota —gruñó el rubio, soltando un bostezo segundos después. Se reacomodó al lado del chico, acostándose en su costado derecho para no quitarle la mirada de encima.
— ¿Tienes hambre, Kacchan? —preguntó, sintiendo como sus mejillas se ruborizaban levemente ante esa intensa mirada. Al menos ya no se ponía a tartamudear aunque se sintiera avergonzado.
Y es que no importaba lo déspota de las expresiones y palabras de Katsuki, sus ojos revelaban sus verdaderos sentimientos cuando se quedaba mirando de forma tan devota al chico de cabello verde.
—No nos hemos visto en una jodida semana, ¿y quieres comer? —frunció su ceño en una sombra de malhumor.
—Mh, bueno… Teniendo en cuenta que no dormimos bien por… por… —a Midoriya le costaba un poco expresar aquello que hacían cada que venía. Sacudió la cabeza un poco— Por lo que hicimos, no pudimos cenar y más que nada, es que tengo deseos de cocinarte.
—Tsk, haz lo que quieras, Deku —sin embargo, Bakugo se acercó como todo un depredador al mencionado y se encimó a él, aprisionándole las muñecas antes de que intentara escapar—, pero será después de esto.
Y volvió a besarlo.
Kacchan no tiene llenadera :v.
Jajajaja, creo que la mayoría coincidimos que Katsuki es una persona que gusta del sexo rudo y bruto. Obviamente yo creo firmemente eso, sobre todo porque leí un artículo que dice que las personas agresivas son más activos sexualmente y lo he comprobado(?) xD.
En cuanto a nuestro adorable Deku, no lo imagino siempre de tímido sin ser capaz en el sexo, más aquí, donde hice alusión que no es la primera vez que lo hace con Bakugo, por lo tanto, ya va agarrando ritmo. Eso.
Nuevos nenes hicieron entrada hoy en la historia, así que ya veremos cómo afectará a su desarrollo :3.
No vemos, ¡gracias por leer! ¡No duden en dejarme sus comentarios! Recuerden que los lectores son motivación importante para nosotros los fanfickers uwu
