¡Hola, hola, swetties!
¿Qué creen? ¡Ya tengo internet y finalmente vacaciones! '3. Soy tan feliz, joder xD.
Antes de iniciar con el salseo de ésta historia(?), primero que nada, ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS USTEDES POR SU APOYO! ;w; Me hacen tan feliz con todos sus favoritos, lecturas y comentarios, son tan geniales y saben cómo motivarme, jajaja.
Well, hacemos pausa de los sentimentalismos, eh, que no quiero entretenerlos mucho y así pasen a leer sin tardanza xD.
¡Disfruten la lectura!
El arrebol que el deslumbrante sol ocasionaba, mientras empezaba a ocultarse, dispuesto a "descansar", tenía a Toshinori hipnotizado con la belleza que sus ojos celestes observaban, mismos que adquirían un reflejo muy místico.
El peso que conllevaba ser el rey del país disminuía cada que salía al balcón de su lujosa y enorme habitación, a observar ese espectáculo de las nubes. Prefería dedicarse a ver el cielo, en vez a salir y descuidar momentáneamente sus responsabilidades como rey; pensarlo ya resultaba inapropiado.
Y no es que no tuviera derecho, porque claro que lo tenía. Incluso Aizawa se lo dejaba en claro muchas veces. Que entre él y Endeavor podían encargarse del país por una semana que el rey se tomara de descanso.
Pero ahí radicaba el problema. Yagi no quería dejar la confianza y bondad de sus habitantes en manos de alguien como Endeavor, no porque no lo creyera capaz, sino porque sabía muy bien lo inflexible que éste llegaba a ser. Y tampoco deseaba ocasionarle dolores de cabeza a su fiel amigo pelinegro, ya bastante tenía con soportarlo a él.
Las vacaciones era algo que jamás probaría. Y menos ahora, luego de haber recibido esa inquietante carta anónima del pueblo de Yuei.
Misma carta que se encontraba en sus manos y que era apretada con fuerza, como deseando borrar todos esos incidentes que la originaron. Era obvio que una carta de tal magnitud no llegaba por meros chismes o sospechas no comprobadas; lo que daba entender ahí, significaba que debía ser verdad.
Empero, el reconocido y venerado rey del País del Sur, All Might —sobrenombre que se ganó por su reconocido trabajo en gobernar— se negaba a aceptar que algo que pudiera alterar a los Stella, existiera. No era como que su vida estuviera en riesgo, pero sí la paz dentro de su país y que podía afectar los lazos de tregua con los restantes tres países.
— ¿Qué harían ustedes si continuaran existiendo? —murmuró cuando las estrellas empezaron a aparecer, formando esas divinas constelaciones. Suspiró y negó— Más bien, es por ustedes que esto continúa.
Sus pensamientos y teorías se vieron interrumpidos con dos toques a su puerta. Solo existía una persona que tenía un acceso sin límites a su intimidad, así que no fue necesario voltearse para que Toshinori supiese quién era.
—Adelante, Aizawa.
Y la voz del susodicho se escuchó, una vez la puerta se cerró al dejarlo entrar.
—Ha llegado el primer informe de Todoroki —avisó. Y aún con la seriedad del asunto, ese tinte de pereza no se borraba de su tono. Esa era una marca personal que, en secreto, hacía sonreír a Toshinori.
Ser un soldado reconocido en todo el país no le quitaba el cansancio e incomodidad a su cuerpo, luego de haber viajado tres días a caballo para llegar al pueblo de Yuei. Lógicamente, como el educado, leal y formidable caballero que era, no se quejaría en ningún momento. Después de todo, ya estaba acostumbrado.
Mucho menos cuando recibió tan buen trato de los pueblerinos, que parecían encantados con la visita de alguien tan cercano al rey. O más bien, aliviados, como si todos sus problemas fuesen a acabarse con la llegada de Shoto. Era así como éste lo sentía y gracias a su perspicacia que lo hacía todo un erudito, fue que una duda llegó a su mente. ¿Es que el dragón no ejercía bien su trabajo como para tener a los habitantes de Yuei casi desesperados por ayuda?
Eso era lo que menos le inquietaba, aun sabiendo que las palabras de esa carta anónima no parecían ser falsas.
El problema fue cuando sus ojos bicolores se encontraron con la figura de ese muchacho que recién llegaba al pueblo. Ese chico de cabellos verdes alborotados, como si fueran la copa de un árbol con sus hojas moviéndose por ráfagas de viento, que tenía esmeraldas en sus ojos y unas pecas en las mejillas que le otorgaban una apariencia inocente.
— ¿Cómo te llamas? —cuestionó, caminando lentamente hasta acercarse a él, evitando el intimidarlo.
Midoriya se quedó mudo unos segundos, observándolo y sin poder evitar notar la evidente belleza de ese muchacho, poseedor de un cabello bicolor; de un lado blanco y otro rojo intenso, con ojos igual de diferentes; en uno era un iris azul hielo y en el otro, gris cenizo.
Era imposible ignorar a semejante hombre tan atrayente físicamente, pese a su rostro sereno. Lejos de sentirse intimidado por tratarse de un caballero de las primeras filas del rey, se sintió tranquilo, ingenuo del verdadero motivo de esa visita.
—Midoriya Izuku —asintió. Sin importar el gran impacto que Todoroki causó en él, hubo algo en su interior, que le alertó a no sentirse verdaderamente tranquilo. Le sonrió ligeramente.
— ¡Es el juguete del dragón! —alguien, lo suficientemente cobarde como para no mostrarse a la vista, fue quién exclamó.
Así que ya no era un sacrificio, ahora había pasado a ser un juguete. Izuku sabía que no existía verdad en esas palabras, sin embargo, sintió un pinchazo de dolor en el pecho.
—Por favor, he de pedirles que se abstengan de comentarios, sobre todo, cuando no los he pedido —enfatizó, enviando una mirada a toda la gente que los rodeaba.
Lo expresivo que podía llegar a ser el chico de cabello verde era lo que le dificultaba mentir, fue por esa misma razón que ese sentimiento fugaz no pasó desapercibido.
—Mucho gusto, Midoriya. Mi nombre es Todoroki Shoto —se presentó formalmente, sin ningún otro gesto, debido a que Inko no soltaba la mano de su hijo—. Mi visita aquí, es porque el rey solicita una entrevista con cada habitante del pueblo.
Nadie, nadie en todo el País del Sur sabía la relación que existía entre All Might y los dragones de los Pueblos Elegidos, nadie. Saberlo solo conllevaría a la intranquilidad de los habitantes, por eso existía la obligación de cada general, hacerles creer a todos que ellos solo no atacaban a los dragones, porque eran peligrosos.
Midoriya no tenía ese conocimiento —ni siquiera Katsuki—, pero fue capaz de sentir un estremecimiento de alerta al escuchar las palabras del caballero heterocromático. Tal vez solo era una idea paranoide. Tal vez. Y esa misma idea era la que no le borró el temor durante toda la semana.
Shoto había aclarado que las entrevistas eran para evaluar el trabajo del rey con cada pueblo y ciudades; si los recursos que él brindaba eran suficientes y bien administrados. Debido a la ignorancia de los pueblerinos, creyeron en eso, pero no disminuyó los señalamientos de muchos hacía Izuku, como gritándole indirectamente a Todoroki que hicieran algo con el dragón.
Todoroki entendió por qué All Might decidió mantener oculto su lazo con los dragones. Si así se ponían que no lo sabían, ahora sería si en verdad lo supieran.
A excepción de un solo habitante, desconocido hasta para Shoto, era quién sí sabía del verdadero motivo de la visita del chico de cabello bicolor.
Las ráfagas del viento, no solo causadas por la otoñal estación, sino por los aleteos cercanos del dragón, creaban diminutas olas en el gran lago que Himiko habitaba. El reflejo de la luna igualmente acompañaba a la transparente agua, dándole una visión del hermoso paisaje en el cielo, uno que parecía embriagar con solo observarlo. Cualquiera podría perderse, cualquier podría soñar mientras admiraba el fantástico firmamento lleno de estrellas.
Era una noche muy iluminada, teniendo en cuenta de que el ambiente en Yuei no encendería ni siquiera una luz de veladora.
Toga lo sabía. Con su habilidad, ella conocía lo que sucedía entre los habitantes cada que la luz continuaba en el cielo. Estaba segura que Bakugo también sentía que el ritmo en su canto de dominio, se pausaba con lo que fuera que sucedía dentro del pueblo, pero se abstenía a preguntar; hacerlo, significaba que creía que había alguien capaz de hacerle frente a él, un poderoso dragón, así que simplemente lo ignoraba.
—No puedes tapar el sol con un dedo, lindo Katsu, jejeh… —siseó en una risa infantil, pero tétrica. Era de esas veces que Himiko no tenía el control de sí misma.
Ella era capaz de usar magia, gracias a la energía del lago, sin embargo, su habilidad no era tan poderosa a menos que la luna estuviese presente; dependía de las fases lunares el nivel que adquirían sus habilidades. Por eso, cuando el reflejo del lago se volvió un reflejo de lo que en Yuei sucedía, la expresión de Toga se volvió acorde a la edad que aparentaba, solo por un par de segundos.
—Parece que el príncipe juega muy bien sus cartas —frunció el ceño, no por lo que Todoroki iba entrelazando en su modo de hacer la entrevista a los pueblerinos, sino por la sombra de alguien más, con un objetivo más directo—, pero no lo suficiente. ¿Dónde está tu inteligencia, caballero?
Tanto ella, como Bakugo conocían que un precio debía existir de continuar con el mismo sacrificio tanto tiempo. Y, no solo eso, sino que el Período de Soledad continuaban creando desconfianza y temor entre los habitantes, así que solo era cuestión de tiempo para que algo como esto apareciera, sin necesidad de que el dragón hubiese cambiado el método de los sacrificios.
Sino eran los humanos, serían los Stella. Sí, Bakugo lo sabía muy bien. Lo entendía, aun estando volando, fingiendo no prestarle atención a los cuchicheos que tenía la sirena con ella misma. Estaba preparado, siempre supo que podía correr un riesgo y también sabía cómo proteger al chico que amaba; tenía sus ventajas que, pese a que Toga lo sacara de quicio, podía confiar en ella.
Sí, dragón y sirena sabían muy bien qué podía venir, y la única opción que podrían hacer. Lo sabían bien.
Pero Midoriya no.
—Pareces preocupado —Uraraka terminó de servirle el chocolate caliente a su amigo, que estaba de visita, en esa entrañable amistad sin final.
— ¿En serio lo crees? —Midoriya se rascó la sien, con su visión clavada en el humo del chocolate— Bueno, no he podido dormir bien, ya sabes… —ser el sacrificio del dragón tiene secuelas, añadió en su fuero interno; estuvo a punto de decirlo, pero se frenó, recordando que su amiga era especialmente sensible con ese tema.
Aun así, Ochaco entendió muy bien. Frunció sus labios, bajando la mirada unos segundos, se sentó frente a Izuku y sostuvo su taza de café.
—Yo sé lo difícil que es… Yo…
—No es necesario que digas algo, no quiero alterarte con esos recuerdos —interrumpió Midoriya, poniendo dulcemente su mano sobre la ajena, en un acto de empatía. Sonrió como solo él podía hacerlo, como un analgésico para el alma.
—Sé que tú no mereces eso. Te sacrificas por todos nosotros, ¡y aun así no son capaces de comportarse como tal! —estalló, frunciendo con mayor fuerza sus labios, de la misma manera que el ceño, con sus ojos traicioneros, soltando ligeras cascadas de sal sobre sus mejillas, que no tardó en limpiarse.
La sonrisa de Izuku se tornó más comprensiva, sintiendo miles de pinchazos de culpa en su pecho. Si tan solo pudiera decirte que yo no estoy sufriendo, pensó, sintiendo una picazón en su garganta.
—No importa que ellos no cambien su actitud hacía mí. Yo no acepté ser el sacrificio esperando que me aceptaran —aseguró, con un brillo determinado en sus pupilas—, sino para que nadie más sufriera. Sobre todo tú, Uraraka-san.
La castaña sintió una furia descontrolada durante unos momentos, ¿cómo no sentirla? ¡Si Izuku realmente era un héroe para todos y nadie era capaz de agradecérselo! Su pueblo podría tener muchas cosas buenas que los turistas admiraran, pero como personas, la mayoría eran un asco. ¡Cuánta frustración e impotencia sentía Ochaco! Deseaba con todo su corazón que valoraran las acciones y sacrificio que su amigo hacía.
Resopló, negando. Y Midoriya endulzó su sonrisa; él supo lo que su mejor amiga pensó.
"Yuei no se lo merece".
La culpa volvió a teñirse a su espalda, como una garrapata. Él no era un héroe, o al menos, ya no lo era según él. O quizá nunca lo fue.
Que el fuera elegido por la misma petición del dragón, solo complació ese intenso deseo de querer volver a ver a su salvador y comprobar que, efectivamente, era el dragón. Esa bestia que todos le temían.
No podía negar que al principio sintió miedo, hasta terror. Sin embargo, y poco a poco, todo cambió a tal punto, que ahora no era un sacrificio para el dragón, sino era su amante. Algo que era incapaz de no disfrutar, porque lo hacía, y en demasía.
Una parte de él, deseaba decírselo a Uraraka, para calmar su preocupación hacía él y enojo contra los pueblerinos —de la misma manera que deseaba hacerlo con su madre—, pero simplemente no podía. No entendía muchas cosas y aun así sabía que hacerlo, o siquiera insinuarlo, sería el fin de todo lo que había logrado —y costado conseguir— con Bakugo.
Ya llevaba alrededor de casi cuatro años mintiendo a su pueblo, a su mejor amiga, a su madre. La culpa ya era más soportable y no importaba lo mucho que en el fondo le doliera, estaba dispuesto a seguir por el rubio cenizo.
—Tranquila, sabes que me es suficiente con que tú y mi madre lo reconozcan.
—Eres tan noble, Izuku —suspiró, liberándose poco a poco. Se limpió sus ojos, recuperando lentamente su habitual expresión—. Bueno, ¿qué esperas para tomar tu chocolate? Se va a enfriar —animó.
—Oh, es verdad, lo siento —se apresuró a sujetar su taza con ambas manos y dio un trago, sin prisas, para evitar quemarse—. ¡Está delicioso! Eres una excelente cocinera.
— ¿Tú crees? Me esforcé bastante, sobre todo porque Todoroki-san estuvo aquí.
Y la sonrisa en el rostro de Izuku, se heló en su rostro. Fue solo por unos segundos, pero los suficientes para alertarle a la muchacha que algo no estaba bien.
—Ah, sí, las entrevistas. ¿Son muy rigurosas?
— ¿No te ha entrevistado? —Izuku negó, bebiendo nuevamente de su chocolate, prefiriendo quemarse la lengua literalmente, a hacer alguna otra cosa que lo evidenciara— Mm, no, solo pregunta de las cosas que hacemos aquí y que si los proyectos de construcciones llegan.
—Ya veo.
—Pero no te preocupes, él no hace caso a los comentarios sobre ti. Es un buen tipo, muy ético.
Midoriya suspiró internamente, aliviado. No porque Todoroki hiciera oídos sordos a los comentarios prejuiciosos de varios pueblerinos, sino porque su anterior expresión no fue entendida con el certero significado.
Finalmente, el turno de Midoriya llegó.
A pesar de que Todoroki se presentó a su casa, decidió atender primero a su madre, haciendo la entrevista frente a él, probablemente para ayudar a los nervios del de cabello verde y notara que en verdad no era para nada malo su visita.
El muchacho de cabellera albina y roja no vestía el típico atuendo que un caballero usaría. Por lo mismo que no deseaba imponer temor a los pueblerinos —menos a Izuku por obvias razones—, es que optó por vestir un pantalón negro, una camisa blanca, y sobre de ésta, un chaleco de tela azul marino. Su calzado eran dos botas negras, mientras que en su cintura llevaba una porta espadas. Y el aura que destilaba era tan elegante, que todos eran incapaces de negarle las respuestas que él quería.
—De acuerdo, empecemos —asintió, sentándose en la mesa del comedor, con Inko frente a él—. Su nombre es Midoriya Inko, ¿no? —él revisó una lista, recibiendo el asentimiento de la mujer.
Las siguientes palabras de Shoto no fueron escuchadas por Izuku. Tal vez debería estar más alerta, sin embargo, no podía, ya que hoy era viernes. Y, como cada viernes, él sería llevado ante el dragón, continuando con ese ciclo sin fin; más que sentirse impaciente por volver a ver a Bakugo, se sentía preocupado.
No le gustaba la idea de tener que encontrarse con el dragón, con un caballero del rey en su pueblo. Sabía que no debía preocuparse, Katsuki nunca bajaba la guardia aunque estuviera con él, pero la inquietud de su pecho lo tenía ensimismado. Suspiró.
—Muy bien, Midoriya-san, eso ha sido todo —Shoto se dirigió a la mujer, educado y agradecido.
— ¿Era justo lo que deseaba, Todoroki-san? —Inko miró la lista que el muchacho sostenía, con una corta sonrisa. Luego, miró el reloj que estaba ubicado enfrente, justo cuando un par de toscos golpes contra la puerta interrumpieron.
Izuku se sobresaltó de su asiento. No supo cuánto tiempo se quedó perdido en su mente, pero era imposible para él no reaccionar ante la alarma de que era momento de ser servido ante el dragón. Recuerda que no deben saber que lo disfrutas, se dijo internamente, frunciendo los labios.
Tenía sus ventajas que se sintiera preocupado; podía desahogar esa sensación actuando para los demás; podía usar el miedo, que no entendía por qué tenía, hacía la idea de volver a ir con el dragón.
Inko se incorporó, con un sombra de impotencia en sus ojos, que a Todoroki no le pasó desapercibida, mucho menos a Izuku.
—Me temo que su entrevista deberá continuar después.
El caballero no dijo nada, solo se levantó caminando detrás de la mujer de cabello verde, y al abrir ésta la puerta, se encontró con el presidente y el sheriff. Detrás de ellos se encontraban la gran mayoría de los habitantes, unos pares traían cuerdas y pañuelos, otros algunas armas puntiagudas y antorchas.
En efecto, ya era el momento del sacrificio.
—Debería dejar que sea su hijo quién abra, no tiene por qué seguir enfrentándose a esto, Inko —sugirió, tan frío y distante, el presidente.
Izuku se estremeció y bajó la mirada. La culpa otra vez lo atacó, apesadumbrado. Caminó con intenciones de atravesar su puerta, esperando que todos dejaran de ver a su madre con ese tinte malicioso y lleno de crítica, que lejos de hacerlos ver como vecinos preocupados, hacía justo lo contrario.
—En absoluto. Él es mi hijo —la delicada y dulce voz de Inko sonó firme, segura, enfrentando a todos con sus ojos brillantes, siendo el escudo perfecto de las prejuicios de cada habitante.
Nadie dijo nada más, esperando en silencio que Midoriya saliera, pese a que sabían que siempre se tardaba. Era normal, por muy curioso que antes se hubiese mostrado, —casi— todos creían que con solo ser parte del ritual de sacrificio del dragón, uno caería presa del horror. Así que era lógico ya no ver emoción o curiosidad en el rostro ensombrecido del muchacho.
Volvió a suspirar.
—Entre más tardes, será peor para ti, lo sabes —dijo el sheriff, con una voz áspera e impaciente.
Si supieran el favor que me hacen, pensó Midoriya, tratando de no levantar la mirada, o su actuación se vería en peligro. Apretó sus manos en puños, si ustedes supieran que en verdad el dragón no es la bestia infernal que imaginan es… Si ustedes entendieran que él… Que Kacchan…
Una mano posándose en el hombro del chico interrumpió el discurso en su pensamiento, robándoles el aliento al resto de habitantes que esperaban, con malas caras, la salida de éste. Todos los pares de ojos se estancaron en Shoto, quien permaneció tranquilo, como si lo que acabara de hacer no fuera la gran cosa.
—Creo que hoy el dragón se quedará sin comida —dijo.
Estragos en su corazón llegaron a Izuku, no por sentirse defendido por el caballero. No, eso era lo de menos. ¡Él no podía dejar de ver a Katsuki! Abrió sus ojos desmesuradamente, no porque creyera que el dragón fuese a atacar su pueblo por incumplir el trato —sabía bien que no lo haría—, sino porque quería verlo. De verdad quería verlo. Anhelaba respirar el perfume de ese rubio cenizo, ese que le hacía sentir que todo estaría bien, que nunca se separarían.
Ese aroma que le hacía olvidar la culpa por engañar a su madre y mejor amiga, a los del pueblo. Ese que lo descontrolaba.
El resto de los habitantes que observaban, dieron un respingo, con el terror pintado en cada poro de su rostro. Algunos soltaron las cosas que traían, otros las apretaron con mayor fuerza. ¡Era impensable que el dragón se quedara sin el sacrificio! Y no porque lo respetaran mucho, ¡¿qué le esperaría al pueblo si el dragón no recibía lo que quería?! ¡No, no debían dejarlo sin su comida, o juguete, o lo que fuera Midoriya! No querían volver a sentir el Período de Soledad en Yuei.
Las hostiles miradas que recibió Todoroki le dejaron en claro la posición del pueblo, pero no se inmutó, para nada. No por nada era una de los principales caballeros que el rey reconocía. Se había ganado su puesto.
El presidente alzó una mano, calmando los sentimientos impasibles de los habitantes. Y el sheriff volteó a verlos.
—Es imposible que acatemos algo como eso, Todoroki-san —los ojos negros del gobernante de Yuei se posaron en el muchacho, firmes, pero que tenían un ligero brillo de preocupación—. No puedo permitir que mi pueblo peligre por el dragón.
—El dragón protege a su pueblo, ¿por qué los atacaría? —elevó mínimamente una ceja, que no cambió en casi nada su expresión neutra. Se mantenía muy perceptivo ante el ambiente.
Izuku miró fijamente al caballero heterocromático, mientras que Inko lo abrazó. Para ella, esta era una oportunidad de salvar a su hijo de ser el sacrificio del dragón.
— ¡Porque es una maldita bestia! ¡Es el demonio! —gritaron con acusación desde el fondo de la multitud.
— ¡Silencio! —ordenó el sheriff— Saben lo que sucederá si hablan imprudentemente.
El silencio reinó nuevamente. Sí, todos sabían —creían— que el dragón vendría a mostrarles de lo que verdaderamente era capaz de hacer. Vendría a matarlos. Sin embargo, muchos tenían un miedo tan irracional al dragón, que necesitaban gritar, pidiendo ayuda de quién ahora era su esperanza.
La alarma en los esmeralda de Midoriya captó la atención de Todoroki por unos segundos. Lo que esos ojos destilaban no era alivio ni terror, de eso fue fácil darse cuenta; a uno no le brillan las pupilas cuando se va a encontrar con una amenaza. Mucho menos se preocupan por ésta.
—Como ve, no es un protector lo que tenemos aquí —señaló el presidente.
Todoroki negó, empujando sutilmente al chico de cabello verde dentro de la casa, recibiendo un gesto de incertidumbre por éste.
—Lamento interrumpir su rutina —no gustaba de imponerse ante nadie, pero aquí debía hacerlo. En sus ojos desató todo el poder autoritario que tenía permitido por ser un caballero de las primeras filas del rey, mirando a todos, con sus ojos bicolores abrumadores—. Pero hoy no habrá sacrificio.
El miedo se expandió como una neblina tóxica, adhiriéndose en cada individuo presente, haciéndoles imaginar lo peor. Debido a esto, Shoto se vio obligado a añadir en su orden:
—Y tampoco quedarán desprotegidos, no mientras un caballero esté aquí.
No importó que era un simple humano, la fortaleza y valentía de Todoroki fue tan percibida por todos, como si acabaran de encontrar a un ángel caído, dispuestos a protegerlos. No importaba si era una fantasía lejana el que un humano le ganara a un dragón, pero con solo ver la mirada tan firme de Shoto, se sintieron capaces de confiar, aunque sea por hoy.
Sin embargo, el presidente no se encontró muy convencido.
Y, debido a la conmoción que entre la mayoría hubo, nadie fue capaz de percibir una siniestra y divertida sonrisa fugaz entre una de las personas ahí amontonadas.
La furia de su cuerpo era tan poderosa, tan jodidamente abrumadora, que parecía que un mar completo se evaporaba, pues Katsuki estaba que echaba humo. ¿Y cómo no estar con deseo de incendiar todo a su puto paso? ¿Cómo no tener el deseo de mandarlos al infierno a todos? Es más, ¿por qué carajo no iba de una vez a prenderles fuego?
Y es que podía tolerar un ausentismo de sus órdenes. Pero dos, simplemente no.
Rugidos feroces eran los que adornaban la noche ése sábado. No había nada en el cielo, más que las nubes grises, nublando y oscureciendo todo a su paso como ahora mismo el dragón deseaba hacerlo con el pueblo de Yuei.
Bakugo podía tolerar que ya no le veneraran y que le temieran —de hecho, eso era hasta mejor—, pero no era capaz de hacerlo tratándose de Midoriya. ¡¿Qué demonios había sucedido como para que no le trajeran a su amado e inútil humano desde hace dos semanas?! Sus garras se apretaban contra el suelo rocoso de ese acantilado, acompañando el coro de su ira.
Todos en Yuei escuchaban esos amenazantes rugidos y aun así, Izuku no había sido entregado a sus aposentos.
La semana pasada casi se descontrola y estaba a casi nada de salir volando para lanzarles su estrepitoso aliento de fuego. Sin embargo, solo hubo alguien capaz de hacerlo entrar en razón y que en éste momento lo contenía, sino, estaba seguro que ahora mismo estaría quemando a todos los jodidos humanos en Yuei.
No podía quedarse tranquilo, paciente, sin hacer nada, porque Midoriya no había aparecido ante él.
Bakugo sabía de la mala visión que todos los pueblerinos tenían del muchacho con esmeraldas en sus ojos, estaba muy bien enterado. Todas las veces que regresó a los sacrificios, vio en ellos a Izuku; qué pensaban de éste, y el desarrollo que el chico había tenido todos estos años. Fue así como poco a poco reconoció su interés en el humano, hasta que hace tres años, envió una señal, sin todavía pedirlo de sacrificio.
Sabía del maldito riesgo que conllevaba su interés, sin embargo, su voluntad había valido mierda en todo un año que estuvo recibiendo y regresando los sacrificios. Ese tiempo fue suficiente, junto con los recuerdos que los demás tenían de Midoriya, para hacerlo entender lo que en verdad quería. Y, por supuesto, antes de pedirlo a él como sacrificio, primero tenía que saber lo que verdaderamente el muchacho sentía, conocerlo y, lo más importante, si él valía que se arriesgara de ésta forma.
Si Izuku le tenía miedo o no.
Fue por eso que hasta hace tres meses es que lo exigió cómo sacrificio, conformándose con las migajas de los demás para poder regresarlos con vida. No supo cómo, pero decidió hacerlo durante todo éste tiempo hasta pedir a Izuku.
Toga se había burlado tanto de él, justo como lo estaba haciendo hoy.
— ¡No tientes tu puta suerte, maldita arpía! —gruñó, sin evitar escupirle fuego al lago, donde la sirena se hundió para no quemarse.
—Tú sabías que esto pasaría en algún momento, no quieras tirarme a mí tu furia —Toga hizo un puchero, mientras se tocaba los labios con su índice, con esa mirada infantil de siempre.
— ¡Con mayor razón deberías quitarme tu maldito hechizo, joder! ¡Ese puto pueblo sabrá de lo que soy capaz! ¡AGH! —la explosión de ira volvió a salir por el hocico del dragón. Aleteó violentamente, bajando hasta el lago, mientras su transformación llegaba y se mostraba como humano.
Himiko soltó una risita al contemplar el cuerpo desnudo del muchacho, que no tardó en enfundarse su pantalón, que estaba tirado en el césped, casi rompiéndolo por la fuerza de su agarre.
—No puedes y lo sabes. Traerás más rápido a ellos, sin poder cuidar a Izuku como planeas.
— ¡Entonces dime la maldita manera en que puedo mandarlos al demonio y hacerlos sufrir sin matarlos! —no supo cómo se movió tan rápido, que Toga no pudo escapar de su agarre, y ahora se encontraba siendo ahorcada— ¡Dime cómo, maldita sea! ¡No pueden negarme a Izuku tan rápido!
Era una de las pocas veces que Bakugo usaba el nombre del chico, usualmente de insultos típicos y "Deku", no pasaba. Claro, cuando esas veces ocurrían, no eran con Midoriya presente.
Y es que esa furia desmedida solo escondía una horrenda preocupación que expandía ese jodido vacío en su pecho, que siempre había tenido y solo era capaz de controlar con su "comida", mismo que solo Midoriya podía llegar ahora, sin necesidad de usar algún ritual para matarlo. No obstante, ese no era el motivo por que el Katsuki estaba tan descontrolado.
Era porque lo amaba, que su feroz instinto quería ir y arrebatárselo al pueblo.
Toga simplemente se reía, sin importarle la asfixia. El joven dragón bramó, y la liberó, azotándola contra el agua. ¡MIERDA!, dio un puñetazo tremendo contra el suelo, que sus dedos se lastimaron.
—Kirishima —murmuró Himiko, tallándose la garganta y tosiendo, que su voz más bien fue tan ligera como un hilo.
—Tsk… —Bakugo apretó los labios, sin mirarla. Sinceramente, no deseaba inmiscuir a su mejor amigo en algo como esto, porque lo pondría en peligro; ya suficiente hizo con mentir para protegerlo.
—Es tú única opción, aunque no te guste.
—Las cosas empeoraran si el viene, idiota —siseó, viéndola de refilón.
—No necesita venir, con un mensaje basta. Yo soy tu intermedia —otra vez, esa inusual aura madura de Toga, apareció.
Ah, sí tan solo no estuviera loca, a Bakugo se le haría todo más fácil.
—Joder, joder… ¡Maldita sea! —se alborotó su cabello con ambas manos, en tremenda frustración.
Himiko estaba por iniciar, sin embargo, se detuvo cuando se dio cuenta que ellos dos no eran los únicos ahí presentes. Eso no era lo inquietante, sino, ¿por qué no fueron capaces de escucharlo?
Bakugo gruñó, adquiriendo una posición defensiva, con un brillo asesino.
—Lamento no ser la persona que tanto quieres ver, Dragón Protector —un brillo bicolor se encontró con los rojizos anaranjados del dragón—. Hace tiempo que no te veo.
Jé.
Estoy tan segura que ustedes saben quién es la persona que ha aparecido frente a Bakugo y Toga xD. Y aunque no lo sepan, en el próximo capítulo lo sabrán(?).
Por alguna causalidad del destino, terminé formando un dúo muy interesante entre Kacchan y Toga, lol, al inicio de la historia ni me los había planteado, pero ahora me doy cuenta del importante papel que está empezando a jugar (y que jugará) Toga; y no sé, siento que sus personalidades van muy bien XD.
Ah, tantos plots que se han formado. No desesperen, swetties, al final sabrán todo, todititito.
Aprovechó ésta parte de las notas para dejarles una línea del tiempo para ésta historia, y así se enteren bien de los tiempos en que la relación de Kacchan y Deku se suscitó, porque soy consciente que hay algunas cosas que puede confundirlos, espero logren aclararse algunas cosas, sino, son libres de preguntarme xD.
► LÍNEA DE TIEMPO ◄
. Izuku tenía 5 años cuando fue ayudado por Katsuki.
. Izuku tenía 12 años cuando se encontró con Kirishima y Uraraka fue elegida como sacrificio, siendo observados todos sus recuerdos por Katsuki en esa ocasión, al haber sido llevada al bosque.
En ese mismo año, es que Katsuki observa, como un adicto, todos los recuerdos e imágenes que las personas —sacrificios— tienen de Izuku. Es así como va interesándose en él y va conociéndolo. Es por eso que no "se alimenta" de ellos, porque los recuerdos de Midoriya se perderían en el ritual, y, aunque se alimentara con parte de ellos, no sería lo mismo a verlo.
Por eso interrumpía sus rituales de alimentación, prefiriendo perderse en la imagen de Izuku, que a nutrirse él mismo.
. Izuku tenía 13 años cuando le llegó el primer mensaje del dragón, por medio de una de las personas que regresaron de ser sacrificios. Obviamente, fue bajo un hechizo de nuestra querida Toga, para evitar que ese individuo fuera consciente dé.
Los primeros encuentros que tenían Katsuki e Izuku eran a la distancia; Katsuki si veía a Izuku, pero éste último no podía verlo. Sus conversaciones eran lentas, pero quién más hablaba era Izuku.
. Cuando Izuku cumplió 15 años, su regalo por parte de Katsuki, fue finalmente dejarse ver. Fue el inicio del tinte romántico entre ambos, claro, sin dejar de lado los insultos y actitud tsundere del dragón.
En ese mismo año, Katsuki le contó la verdad sobre los sacrificios, que ya hice insinuación (imagino es fácil de deducir), pero que aclararé debidamente más adelante.
. Y, al poco tiempo de los 16 años de Izuku, finalmente fue exigido como sacrificio por el dragón. Lo tomó por sorpresa, porque Katsuki nunca le dijo nada, hasta que se vieron en persona y le explicó que esa sería la mejor manera de verse. Nunca le dijo, que también era porque estaba enterado de los prejuicios que todos tenían contra Izuku, ante los rumores que alguien esparció, y no quería que le dañasen.
A su vez, en esa primera noche de sacrificio, es que Katsuki e Izuku tuvieron sexo.
. Actualmente, llevan tres meses jugando a que Izuku es el sacrificio y Katsuki el dragón que lo utiliza, como se menciona en el primer capítulo.
. La edad actual de Izuku es de 16 años, mientras que la de Katsuki es desconocida (ya saben, es un dragón), pero aparenta la edad de 17 años.
. Como aclaración final, los sacrificios antes eran cada mes, excepto cuando el sacrificio estaba cargado con más energía de la esperada en un humano; ahí sí, demoraba en haber otro sacrificio. Pero debido al Período de Soledad, es que Katsuki empieza a exigir que sea cada semana, tanto como "castigo" y por la devoción pérdida de los pueblerinos.
Por hoy, eso ha sido todos, swetties. ¡Y no duden en dejarme sus comentarios, eh! Los estaré esperando.
Cuídense mucho :3
