El filo de las cartas
« De: Todoroki Shoto.
A casi dos semanas de mi estancia en Yuei, los hechos que han acontecido frente a mí, no son más que la clara preocupación del individuo señalado en la Carta Anónima, no hacía su persona, sino al dragón.
Es cuidadoso. Nadie más parece percatarse, ni mucho menos enterado de las sospechas que el Anónimo plasmó en la carta. Ni siquiera su madre, pues he observado en ella una genuina preocupación.
No logro entender el verdadero motivo de éste radical cambio en el ortodoxo método que los dragones siempre han usado. El individuo señalado no reveló ninguna evidencia corporal, ni facial, más que lo mencionado anteriormente.
Tampoco parece enterado de la verdadera relación existente con los Stella; no sospecha de mi llegada, pero tampoco confía en mí.
Decidí impedir el sacrificio semanal. Y la respuesta del pueblo no fue grata; no porque fuera una falta de respeto hacía el Dragón Protector, sino por el terror que les causa, así que concluyo que el Período de Soledad sigue con ellos.
Desde el día de mi llegada, hasta hoy, nadie se ha acercado a hablar directamente a mí del dragón. Es como si nadie supiera de la Carta Anónima.
Las pistas siguen siendo muy pobres. Concuerdo con ustedes de que no llamen a mi padre aún, por ende, he decidido tomar una acción diferente.
Voy a hablar con el Dragón Protector. Si no vuelve a recibir un informe mío dentro de una semana, entonces, llegará el momento en que a mi padre le concierna esto. »
All Might suspiró con pesadez, mientras repasaba una y otra vez el último párrafo que Todoroki escribió en su segundo informe. Solo porque no podía ir y viajar hasta Yuei en éste momento, porque si lo hacía, la sospecha de que algo malo sucedía en el País del Sur, no solo alertaría a los habitantes, sino a los demás países y a los Stella.
Sus hombros cada vez pesaban más y más, preso de la tensión y preocupación. Rogaba a las estrellas que a Shoto no le sucediera nada, no solo porque Endeavor enloquecería si su querido hijo moría en manos de un dragón, sino por su falla de responsabilidad que tenía en cuidar a todos.
Era lo único que no le gustaba de ser rey. Que por la mera constitución escrita desde hace tanto tiempo, lo obligaban a él, como líder de una nación, quedarse en su palacio, pendiente de que nada se saliera de control, mientras que sus caballeros luchaban por él. Definitivamente no era justo, no era algo de lo que Toshinori pudiera sentirse orgulloso.
Llevó su diestra a la frente, suspirando sonoramente, con su mirada baja y sin ser capaz de ignorar ese informe.
—Con esa cara, no serás capaz de mentirle a Endeavor —argumentó Aizawa, sentado frente al rey. Era el único que lo trataba como una persona normal, que ignoraba el hecho de que era un rey.
Bueno, el padre de Todoroki también lo hacía, sin embargo, lo que lo motivaba a él era más bien los celos, en vez del profundo cariño que habitaba el pecho del pelinegro.
—Ya no sé si la mejor elección sea seguirle mintiendo a Endeavor —admitió un apesadumbrado rey, doblando la carta, para esconderla muy bien.
—Si te permites la duda de tu criterio, permítete entonces el recuerdo del devastador modo que tiene Endeavor de ejecutar la ley —Aizawa quería mucho a Toshinori, sin embargo, su voz fue dura. No estaba dispuesto a dejar que su amigo cayera en la desesperación y preocupación.
—… —Yagi frunció el ceño y sonrió con tristeza.
—La primera vez que sucedió algo como esto, todo un pueblo desapareció y ningún habitante quedó vivo —miraba fijamente al rubio, tan directo como siempre. Dirigió su mirada hacía la ventana de esa oficina— y los Stella casi nos condenan. Y si Endeavor vuelve a hacerse cargo de algo como esto, con más razón lo harán ahora.
Toshinori alzó sus ojos turquesa, encontrándose con los negros del otro.
—Me inquieta que no sé realmente si nos condenaran aunque Endeavor no participe y les baste solo con saber lo que sucede. Lo que su dragón ha hecho —la preocupación teñía su ceño, incluso la punta de sus dedos estaban fríos, por lo que entrelazó sus propias manos sobre el escritorio.
—El Período de Soledad no fue nuestra responsabilidad y ellos lo saben.
—No quiero que la historia se repita, Aizawa.
—No lo hará, idiota, deja de preocuparte de más.
Inesperadamente, y en silencio, la zurda del pelinegro se posicionó sobre las del rey, en un gesto cálido, pero lo suficientemente fuerte, para regresarle la seguridad a Toshinori.
— ¡¿QUÉ MIERDA HACES TÚ AQUÍ, HIJO DE PUTA?! —si Bakugo no se transformó o se lanzó encima para matar a aquel entrometido caballero, fue porque Himiko lanzó un veloz hechizo de contención, impidiéndole moverse— ¡Puta sirena de pacotilla! ¡¿De qué maldito lado estás, perra?! ¡SUÉLTAME! —demandó, rugiendo, golpeando los tímpanos de los otros dos.
Toga apretó los labios, viendo con intensidad al rubio cenizo.
—Bien sabes que no puedes hacer daño a los humanos del Pueblo Elegido, ni a los que trabajan para el rey —qué suerte que Shoto era muy bueno controlando sus emociones, sino, el dragón hubiese sido capaz de notar la adrenalina del miedo, ante su reacción sumamente violenta.
— ¡CIERRA LA PUTA BOCA! ¡No estés tan seguro de eso, maldito cabrón! —siseó, completamente alterado. Deseaba que sus manos fueran capaces de soltar fuego, así seguramente podría incendiarlo, pese a su inmovilidad— ¡Lárgate de aquí!
— ¡Katsuki! —Toga intervino, tomando por sorpresa al rubio cenizo, que volteó a verla con una ira homicida, incapaz de hablar ahora— Cállate, cállate… Nunca estamos solos —agregó, con sus comisuras labiales hacía abajo.
—Deberías tener la inteligencia y cuidado que tu compañera sirena —los orbes bicolores se posaron en la rubia, durante más tiempo del que se esperaría. Al parecer, cierta admiración creció por parte de Todoroki, observando la inusual belleza de una sirena.
Toga entrecerró los ojos.
—No estoy aquí para tomar el té, sé que lo sabes, dragón —la atención del caballero regresó al muchacho rubio hechizado.
Katsuki lo fulminó con su mirada. No era capaz de hablar, pero aun así, Shoto sentía los puñales de las palabras masacrarle. Se logró mantener sin ninguna alteración, no acercándose de más.
—Sería una ayuda inmensa que me hicieras entender, ¿por qué no cambias el sacrificio? —soltó finalmente— En toda mi vida, y en las experiencias recolectadas, sé que hay humanos con emociones tan puras, tan infinitas, que son otorgados más tiempo a un Dragón Protector. Y, también sé, que no lo hacen cada semana, sino que ese sacrificio continúa con un dragón hasta agotarse; es entonces, que se regresa a la rutina.
La mirada rojiza de Bakugo se afiló, apretando sus dientes, como si fuera el cuello de Todoroki el que mordía, tensando su mandíbula, que parte de sus venas se marcaban en el cuello.
—Pero tú, Dragón Protector de Yuei, no te has alimentado desde hace cuatro años. No por completo, no como debería de hacerlo un dragón. Y hace tres meses que no has cambiado de "alimento", lo que me hace pensar, que no es alimento lo que tienes y quieres con el muchacho de Yuei —olvidándose del miedo, adquiriendo un completo profesionalismo como el caballero que era, Todoroki observó directamente a los ojos al dragón, con la perspicacia en todas sus pupilas—. Sigo siendo un ignorante, entonces, deberías aclararme que sucede.
La ira, el deseo asesino de Bakugo continuaba en todo su cuerpo. No disminuyó en nada, a pesar de las tranquilas palabras que Shoto utilizó, no era capaz de calmarse, y en su mente un tornado rojizo descontrolaba sus pensamientos. Sabía bien que no debía atacar al trabajador del rey, lo sabía, pero todas sus emociones estaban por hacerlo explotar.
Y, en el fondo de su ser, esperaba que Himiko no rompiera el hechizo que lo mantenía inmóvil.
—Él no hablará —respondió la sirena, convirtiendo sus manos en puños, aumentando la presión del hechizo—. Y tú, aún con toda la humanidad que puedas tener, no lo entenderías. No mientras tú y el rey sigan como perros a los Stella.
Todoroki la miró fijamente.
—No estoy aquí para dictar un juicio —negó—. No es eso lo que le preocupa al rey. Los… Los Stella aún no… —su semblante se vio cambiado al abrir sorpresivamente sus ojos, al ser su boca callada repentinamente.
Toga negó, con una sonrisa traviesa. Es alguien muy poderosa, pensó él.
—Nunca estamos solos, príncipe, shhh…
Segundos después, los labios del caballero se liberaron. Sin cambiar su gesto de impresión, se tocó los labios y parte del rostro, dando un paso atrás, buscando la serenidad en su cerebro.
—Espero que entiendas, apuesto príncipe, que tu llegada no es la más esperada para Katsu —comentó Himiko lastimosamente—. Has impedido que su dulce sacrificio llegue a él, es obvio que quiera destruirte. No eres bienvenido —su sonrisa se volvió afilada.
El de ojos bicolores se estremeció ante el contraste de esa sonrisa, con el blanco tétrico de la sirena, sin embargo, no le impidió retomar su calmada expresión.
—Tienes razón, no entiendo nada de lo que sucede entre tú, dragón, y el humano —regresó su vista al rubio—. He de suponer que estás consciente de que las cartas del juego ya no son manejadas por ti, y no porque yo vaya a hacer algo —aclaró—, más bien, por lo que me hizo venir —se dio la vuelta, dispuesto a irse. Antes de desaparecer entre los árboles y la noche, se detuvo para agregar: —Los caballeros del rey nunca venimos sin que nos llamen.
Y Bakugo comprendió, que, en efecto, había alguien más que estaba dentro del juego que creía el estaría controlando, pero no era así, justo como en el póker.
Una dulce y ligera penumbra rodeaba ese lugar, tan libre de humanos, tan libre de todo aquello de lo que un Dios no es digno. Ese lugar que Nix creó sin ninguna dificultad, antes de desaparecer con el resto de los Dioses, dejando a sus hijos a cargo de ese místico mundo para sacarle el mejor provecho.
El clima era neutro, casi nunca había frío, mucho menos calor. Lo máximo que podían experimentar quiénes vivían ahí, era el viento y las auras boreales, que bañaban todas las montañas rocosas y las cubiertas de árboles, pero que pese a su brillo, no eran capaces de iluminar los abismos que estaban a los pies de cada montaña.
Solo delgados caminos y lagunas, eran los pocos lugares por donde se movían los seres que no podían volar.
Tintes luminosos iniciaron su aparición desde lo alto del oscuro firmamento; primero un par de estrellas, luego diez, y así sucesivamente hasta que todo el cielo se llenó de miles de esos astros pequeños, pero potentemente luminosos.
Empero, solo eran tres que tenían vida. Solo eran tres que tenían la dicha de dejar esa forma inmóvil y transportarse hasta la tierra de Anima.
Las siluetas humanas, parecían casi traslúcidas ante todo el brillo que se ceñía a ellas, y que impedía dejar al descubierto la verdadera tonalidad de sus pieles; solo un blanco inmaculado y una transparencia poderosa, era lo que les caracterizaba.
Ninguno era como tal un Dios, por eso eran capaces de tomar forma humana a tal grado, que se diferenciaban a dos hombres apuestos y una hermosa mujer. No eran Dioses como Zeus o Hades, pero sí sumamente poderosos, casi al mismo nivel, no por nada estaban a cargo de lo que la Diosa de la noche dejó.
La mujer esbelta, que no perdía su brillo, incluso si se acercaba al borde de los abismos; era una luz suave, como la existente en el cielo iluminado por el sol, que en también era capaz de cegar. Levitó y avanzó. Su cabellera larga y celeste, caía como una cascada en su espalda, debajo de su cadera; solo se movía por las acciones de ella, pues el viento estaba ausente.
Ella y los dos hombres, eran los únicos capaces de adentrarse a los abismos; si otra de las criaturas ahí, caía a esa oscuridad, moría.
Descendió, seguido de sus dos compañeros a uno de los abismos. El tiempo era algo de lo que ellos carecían, no le tomaban importancia, a menos que tuvieran que comunicarse con la Tierra, sincronizándose con las acciones humanas.
El tiempo no pasaba para ellos.
Pudieron pasar horas en esa caída suave, hasta que finalmente llegaron al fondo de esa penumbra que erizaría los bellos de cualquiera. Que provocaría un shock con solo chocar la mirada dentro de esa oscuridad, que sería capaz de consumir cualquier pobre alma; era una oscuridad poderosa, pesada, prisionera.
—Aún no mejora —musitó la mujer luz, mirando una bola de carne que yacía dentro de una roca transparente, como un cofre del tesoro. Dicho órgano brillaba tenuemente—. Ya no sirve.
— ¿Tan rápido será reemplazado? —cuestionó uno de sus acompañantes, que brillaba igual que ella, y debido al color rubio de su cabello, la luz que lo rodeaba hacía un contraste cegador para algún humano que lo viera. Provocaría la misma reacción que mirar directamente al Sol.
—No va a morir. Pero tal parece que los sacrificios ya no le sirven —frunció ligeramente el ceño—. ¿Qué es lo que tanto hace ese dragón?
—No hemos recibido ningún aviso, pero esto es inusual. De todas las veces que venimos a revisar los abismos, éste es el único que nunca cambia, a diferencia de los demás, que siempre están brillando.
Uno de ellos, que no había hablado todavía, tenía un gesto suavemente melancólico, o quizá, eso dejaba a la vista, por sus comisuras uniformes en sus labios y sus cejas fácilmente de curvear. La luz que lo envolvía era firme, no deslumbraba como la del otro, ni de la mujer, pues su cabello negro azabache daba un contraste mucho más sólido. El efecto de su luz, era como ver directamente a la luna; no lastimaba, ni cegaba, aunque sí impresionaba.
—Tampoco está sufriendo —dijo.
—Eso no puedes saberlo.
—Sí se puede. Su color flameante no ha cambiado, pese a que no tiene gran luz, pero su color no se ha deteriorado.
Los tres se quedaron mirando ese misterioso corazón, hasta que un estallido resonó en algún lugar de Anima.
— ¿Qué rayos…?
—Eso solo significa una cosa —el pelinegro acentuó más ese tinte negativo de su rostro, como si estuviera triste—. Nos están llamando, algo ha ocurrido en la Tierra.
El control se había perdido, todas sus esperanzas y cuidados que Toshinori deseó interiormente, ahora estaban rotas. Ahora no podían aspirar a tener otra salida, otro camino donde la destrucción y el castigo se pudieran evitar.
¿Cómo sucedió? ¿Cómo el juego se le fue de las manos? ¿Qué sucedió para que esto se tornara así?
Aizawa estaba a su lado, leal y firme, como su pilar.
— ¡¿CÓMO SE TE HA OCURRIDO OCULTARME ESO?! —la indomable y ruda voz de Endeavor sonaba como una bomba, furiosa— ¡Y ENCIMA MANDAR A SHOTO SOLO CONTRA UN MALDITO DRAGÓN!
—Por favor, cálmate, Enji —rara vez, el rey usaba el verdadero nombre de ese pelirrojo, pero esta situación lo requería.
— ¡VETE AL CARAJO, JODER! —señaló, retándolo y fulminándolo con la mirada, estando tan cerca del rostro del rubio, controlándose para no lanzarle un golpe que terminara con su consciencia— ¡¿CÓMO SE TE HA OCURRIDO OCULTAR ESE PROBLEMA DE MÍ?! ¡¿Acaso quieres una jodida maldición por parte de los Stella?! ¡¿A QUÉ ESTÁS JUGANDO?!
—Te recuerdo, Endeavor, que estás hablando con el Rey del País del Sur, no cualquier ciudadano, así que controla tus palabras —Aizawa frunció el ceño, dando firmeza a su mirada, borrando momentáneamente de sus facciones, esa holgazanería que siempre cargaba.
— ¡Me importa una mierda! ¡¿Qué clase de rey eres, Toshinori, para darle más tiempo al aviso de que un Dragón se salió de control?! —pese a su reproche, Enji moderó su tono— ¡¿Quieres que algo peor que el Período de Soledad suceda?!
— ¡No es así como debemos actuar! Te digo que no hay pruebas contundentes, Enji —insistió All Might—. El joven Todoroki solo fue a investigar, no le pedí que enfrentara nada.
—Esa carta dice mucho, ¡¿qué no lo ves?! Si ha llegado a tus manos, si ha logrado en tu cara esa patética preocupación y compasión tuya, es que es algo grave.
—Enji, no quiero que otro pueblo desaparezca.
El mutismo reinó durante casi un minuto, en donde los tres hombres en esa sala, se enfrentaban con la mirada. Fue una suerte que, lo que sea que hizo a Endeavor enterarse o sospechar, sucediera después de la reunión del Consejo, así el enfrentamiento era más individual, y los demás miembros no estaban enterados… aún.
—Eres patético, All Might —finalizó Endeavor y le dio la espalda. Su entrecejo estaba incluso más fruncido que antes, en desacuerdo—. Pero ya no hay nada que puedas hacer.
A Yagi se le heló la sangre, perdiendo la capacidad de moverse, y un estremecimiento le recorrió cada célula, como una avalancha de nieve al entender esa última oración.
—No…
En definitiva, Endeavor había alertado a los Stella.
—No estoy dispuesto a que la vida de Shoto penda de un hilo por tu tonta preocupación por esos malditos dragones.
— ¡¿Es que no entiendes la magnitud de lo que puede suceder si los Stella vienen?! —nuevamente, Aizawa se metió en esa tensa discusión.
—No pienso escuchar a un simple perro de Toshinori —Endeavor vio de reojo al rey—. Los preparativos para el recibimiento estarán listos al anochecer.
Lo único bueno, es que en el castillo del rey, solo personas seleccionadas eran quiénes sabían del procedimiento para la llegada de esos seres estrella, personas que tenían el don de la magia y que mantenían oculto.
Cuando Enji salió de la sala, el interior de Yagi se derrumbó.
¿Cuánto más tenía que esperar? ¿Cuánto más, joder? ¡¿Cuánto más?! Necesitaba ver a Midoriya, necesitaba tenerlo cerca, necesitaba volver a respirar ese dulce perfume que emanaba de su piel, tocarlo, sentir como su alma se llenaba de amor con cada jodido beso que compartían.
Se sentía tan fatigado, cansado, como si la vitalidad de la que siempre se caracterizó, estuviera desapareciendo. Eso le hizo sentirse patético; su fortaleza no dependía de nadie, no, Katsuki era lo suficientemente independiente, de no ser así, no hubiese sido capaz de idear el plan para mantener a Midoriya a salvo después de todo se saliera de control.
Empero, ya se estaba haciendo a la idea lo mucho que le dolería decirle adiós.
— ¿Cuánto más, Toga? —gruñó, reclinado en unos de los árboles que rodeaban el lado que habitaba la rubia— ¡¿Por qué ese maldito nerd no es capaz de escaparse del puto mitad-mitad y viene a verme?!
Himiko soltó un siseo bajo, con una mezcla de frustración y diversión.
—Porque, mi querido Katsu, quién tiene el control en Yuei no es el apuesto príncipe —ella movía sus manos frente al agua, intentando ver algo, sin embargo, era imposible—. Y el dulce Izuku sabe que no puede arriesgarse así… Quiere protegerte.
— ¡Ah, joder! ¡Ya cállate! —se incorporó de golpe y su ropa desapareció, mientras que la transformación cambiaba rápidamente su cuerpo— Estoy harto de esperar.
—Sabes que no puedes, Katsu, los Stella…
— ¡Me vale una mierda! Si me voy a ir al infierno de todos modos, no estoy dispuesto a seguir esperando —en sus ojos refulgía la determinación—, así que no intentes detenerme.
—Katsuki… —Himiko enserió.
— ¿Estás conmigo o no, sirena de pacotilla?
Ella solo sonrió, con ese tinte psicótico que era su marca personal.
—Iré por Deku.
Y así, Bakugo decidió sellar su destino.
N/A:
¡Holaaaaa! xD Asdljdasljdsklas, bien, me dije a mí misma que tenía que actualizar antes de que el año terminara, así que esto es lo que tienen el día de hoy, asdljaslajksl.
¡Más cosas se han revelado y yo me muero de la emoción! No sé si ustedes se sienten igual, o yo soy la única loca, asdljdasls, quizá por qué sé lo que sucederá después. (?)
He creado un mundo nuevo en mi cabeza (ay, como amo la fantasía, joder), que traté de representar con la aparición de esos nuevos personajes, que creo, ustedes sabrán entender quiénes son xD.
Estoy super inspiradísima con la mitología griega, jaja.
Bueno, finalmente a Katsuki le ganó sus impulsos y otra cosa. Hay un gran misterio que lo rodea, eh, atentos con las cosillas nuevas.
¿Qué creen que estará haciendo Midoriya? Seguramente lo han de tener bien sentenciado en el pueblo… O quizá es por otro motivo(?).
En fin, ya no me extiendo más, jajaja. ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS USTEDES! Que se la pasen genial cenando, con su familia, eh, disfrútenlo. ¡Les mando muchos abrazos, los adoro!
Y muchas gracias por todo su apoyo con ésta historia, me hacen muy feliz ;w;
Nos vemos pronto :3
