Hace miles de años, tantísimos, como para que la humanidad tuviera registros certeros de ese origen, lo que habitaba en el firmamento era la nada de un neutro gris, que se llenaba de explosiones inexplicables, contorsionando a la realidad en densos remolinos de locura y desorden; sin día, ni noche, no existiendo ninguna capacidad para medir el tiempo, mucho menos para otorgar alguna masa habitable para algún ser.

Caos era quién gobernaba todas esas masas amotinadas en cualquier esquina del universo, que caían en la incertidumbre al no soportar la magnitud de la herida en el cosmos, causada cada que Caos decidía mover sus hilos, engendrando algo más, divirtiéndose. Porque el mundo no era interesante, si solo él existía como ente racional y poderosa

Sin ningún aviso, como una plaga indestructible y poderosa, un manto cambió de color y le dio forma al firmamento, dándole un sentido nuevo a todas las masas envueltas en la nada. Otorgando una visión nocturna y fría.

Nix se alzó, poderosa e imponente, junto a su hermano, Érebo, creando la noche con oscuridad, insertando el cambio justo para no perecer, dándole sentido al tiempo, que necesitaba ser medido; consciente de sí mismo. Y un merecido descanso a Caos, quien decidió dormir lo suficiente para que todo prosperara, ocultando la herida, que iba de un extremo a otro, en medio del universo.

Y como para todo equilibrio, se necesitan dos caras de la misma moneda, Nix y Érebo decidieron unirse y concebir a la luz y al día; siendo Éter y Hémera los más esperados, los más deseados, los que hicieron que la balanza del universo se mantuviera a raya. Los que crearon la luz y oscuridad, el bien y el mal, el yin y el yang. A la dualidad.

Fue así, como poco a poco, todo el Olimpo se fue creando, con existencias que convertirían el mundo en habitable y saludable, dándole así a los primeros, un merecido descanso en reposo eterno, para que sus almas nunca dejaran de existir, volviéndose uno con sus creaciones.

Pero como buena fémina, Nix sabía que algo faltaba en su reinado, algo que dejara marca e hiciera única a su noche; porque Hémera tenía al sol que Éter le compartía. Y la luna que a veces aparecía, no era de Nix, sino un préstamo de algunos días de su hijo.

Tal vez celosa, pero muy deseosa, Nix alzó su poder e hizo explosiones entre aquellos astros sirvientes de su hijo, dentro de su manto nocturno, bañando lo que resultaba de ello, en su magia, bendiciéndolos hasta darles toda la forma y poder que requerían.

Hasta volverlos seres de luz, que terminarían formándose en los millones de estrellas que la humanidad contemplaría tiempo después, dándole elegancia a ese reinado nocturno.

Hasta crear a los Stella, que una vez su madre entrara al eterno descanso, de su alma se alimentarían para siempre, con la única misión, de cuidar las creaciones de los Dioses, que no tardarían en aparecer después.


¿Por qué justamente eso aparecía en su mente en éste momento? ¿Tanto tiempo que ni siquiera sabía qué diablos contenían esas memorias pérdidas para él, y ahora finalmente su mente se le estaba aclarando, recordando todo y cómo fue creado? Bakugo no lo sabía a ciencia cierta, pero era seguro que no era por nada bueno.

Sentía la presencia de un Stella, ese mismo que lo atrapó en Yuei y fue capaz de inmovilizarlo, de transportarlo a donde sea que estaba ahora. Lugar donde igualmente sentía la presencia de dos Stella más, al parecer, Anima quedó sin su cuidado momentáneamente y parecía que era debido a él.

Qué tontería. ¿Se supone que tendría que arrepentirse? No le importaba si terminaba muerto, el único objetivo que tenía era ver a Midoriya, comprobar qué estaba bien, ¿cómo no iba a desatarse en furia contra ese jodido pueblo que no era capaz de cuidarlo? ¡¿Cómo?! ¡¿Qué querían que hiciera?! ¡Por supuesto que no iba a perdonarlos! ¡Por supuesto que no se iba a quedar tranquilo!

Y ahora en su pecho palpitaba un dolor agonizante, uno que ni siquiera se asemejaba a su ausencia de corazón —su memoria estaba siendo restaurada, así que ya sabía ese dato—, uno que lo hundía en la penumbra. Una penumbra mucho más oscura y pesada que los abismos que existían en Anima.

¡Joder! ¡Si tan solo ese maldito Stella no hubiese aparecido, hubiese sido capaz de encontrar a Midoriya! ¡De verlo otra vez! Era lo único que quería si su ya no le quedaba otro camino que la muerte. Necesitaba comprobar que él de verdad estaba bien. ¡No podía irse simplemente así! Con la dolora duda, con la dolorosa impotencia de no saber qué había sucedido con ese humano que tanto amaba.

Lo único que sentía de todo su ser, era su mente, porque el cuerpo no le respondía. Y aun estando en su lecho de muerte, no podía sentir paz; solo podía otorgársela Izuku.

Su Izuku.

—Eso es… —la voz masculina de un Stella interrumpió la iniciación de aquel rito, que pondría finalización a todo el problema, y no porque no quisiera empezarlo, sino que lo que estaba contemplando, lo dejó impresionado— ¿El dragón está llorando?

Acto seguido, los otros dos fijaron su mirada a ese imponente animal. Y, curiosa, la Stella de cabello azul cielo, levitó hasta él, acercándose hasta su rostro, comprobando efectivamente, que de sus ojos caían pequeñas y discretas cascadas transparentes, salinas.

—Es la primera vez que veo algo como esto —afirmó ella, con una suave expresión de sorpresa en su luminoso rostro—. ¿Por qué crees que sea, Mirio?

—Por su castigo no es.

—Los Dragones Protectores no tienen la capacidad para llorar por todo el peso del deber y la ausencia de corazón que los rige —fue el Stella pelinegro quién habló—. Pero él no es el primer dragón que lo hace.

— ¿Cómo sabes eso, Tamaki? —Mirio, ese encantador Stella de cabello rubio, lo miró, interesado, curioso.

—Uno de nuestros antecesores dijo que el Primero lo hizo.

—Pero no tiene explicación —Nejire rodeó el rostro del dragón, admirando como más lágrimas caían de sus ojos cerrados—. Y parece que él no es consciente.

Los Stella podrían ser temidos, eran muy poderosos, auténticos, y sabían liderar muy bien a Anima y al método que la protegía en el mundo humano. Muchos les temían por su abrumadora presencia, que provocaba lo mismo que estar frente a un león o aun abismal peligro, causaba un disparo de adrenalina en el cuerpo que no se podía evitar, aun cuando sabías que los Stella no te harían daño a menos que les hicieras enojar.

Sin embargo, había una característica que le hacía recordar a Toshinori, por qué los Stella realmente no eran malos ni deseaban dañar a los humanos, o al menos, con ese trío podía terminar de comprobar la existencia de una curiosidad infinita dentro de sus almas.

Ah, sin tan solo los Stella que acudieron a la Tierra, cuando el primer Dragón Protector se salió de control, hubiesen sido como el trío que tenía frente a él, probablemente, todo el caos no iba a ser tan grande.


—Ese maldito brujo… Como se atreve a sacar de quicio a Katsu —siseó la molesta voz femenina, que se encargaba de mantener a raya su locura, para no interrumpir el paso a la magia que se acumulaba en sus palmas—. La única que tiene ese derecho soy yo, ¡mh!

Los labios de Toga se volvieron una fina línea, su continuo humor, mezcla de infantilismo y psicosis, ahora estaba limitado, guardado, dejando ver en su rostro una expresión seria, grave. Una que le quedaba tan bien a sus muchos años de experiencia como sirena.

No estaba para juegos, ni para diversiones, no cuando era consciente que Bakugo había sido inmovilizado y confiscado. ¡Maldita la hora en que se le ocurrió nacer sin pies! No podía abandonar el lago, porque eso también provocaría otro desorden, otra llamada de alerta que los Stella no ignorarían.

De no ser porque tanto ella, como Katsuki, contaban con un aliado más, es que tenía a Izuku recostado en la orilla del lago y justo a tiempo.

—Tienes que ir por Katsu, no debes permitir que lo castiguen, él no ha hecho nada malo —Himiko alzó brevemente sus ojos, haciendo contacto con el pelirrojo que tenía frente a ella.

Kirishima suspiró, lamentable, molesto.

—Lo sabes, Eijiro.

—Pero no es como si él no hubiese sabido a lo que se enfrentaba —frunció su ceño, triste, impotente—. Y yo no sé hasta dónde me permitan llegar ellos.

— ¡No puedes simplemente acobardarte! —alegó, mostrando los dientes, con esos ligeros colmillos brillando. Sus manos estaban pegadas al torso de Midoriya, de dónde provenía una luz celeste traslúcida, generando pequeñas chispas eléctricas.

— ¡No me estoy acobardando, mujer! —terció— Tan pronto puse un pie en el País del Sur, supe que estaban aquí, no solo uno, ni dos, sino los tres, Toga. Y bien sabes, que cuando los tres se reúnen, es porque ya no hay vuelta atrás, ya no escuchan a nadie.

—Hay que hacer que escuchen, entonces. No abogaste antes, aboga a ahora.

La expresión del pelirrojo se llenó de melancolía ante ese pasado, tanto, que casi Himiko baja sus defensas, pero logró mantenerse firme.

—Intenté defenderlo y por eso, es que te estoy diciendo que ellos no escuchan cuando no quieren —suspiró—. Quiero ayudar a Bakugo, eso no lo dudes. Sin embargo, con la experiencia que ya tuve, es que te estoy diciendo que es demasiado complicado.

El mutismo reinó por unos minutos, tras las últimas palabras de Kirishima. Él tenía deseos de ayudar, por supuesto, ¿cómo no querer ayudar a su gran amigo? Ya lo había hecho al mentirle a uno de los Stella sobre su informe hace algunos años, podía seguir dando la cara por él, pero también era consciente de todo lo que acusaba y señalaba a Katsuki al haber dañado, y matado a varios humanos luego del caos que formó en Yuei.

Y Eijiro, como el Dragón Protector que también era, sabía la carga que conllevaba tener un Pueblo Elegido y la enorme falta que era dañarlo. Los dragones siempre habían sido extremadamente leales con eso que le asignaban por proteger, no existía ninguna excusa cuando arremetían contra ese algo.

Aquella vez, en que Katsuki se salió de control, creando el Período de Soledad, fue perdonado, porque el verdadero culpable fue un humano. Ese que deseaba tener el poder de un dragón y conquistar Anima. Debido a eso, es que se optó por darle a cada Dragón Protector, un compañero, en éste caso, Toga, para que así cuidara del juicio de la bestia, ya que carecía de un corazón y eso, lo hacía vulnerable.

Por supuesto, todo se solucionaría si se le entregara los corazones a los dragones, sin embargo, así no podría existir el método ortodoxo de los Dragones Protectores y la fe de los Pueblos Elegidos. Mismo orden que existía para un único fin, no por simple deseo de mantener a los humanos o dragones sometidos, no.

Si Toga no volvió a decir nada, es porque necesitaba su máxima concentración si quería regresar a la consciencia a Izuku; debía estar muy pendiente por si los residuos de la magia de Tomura querían inmiscuirse en ella y boicotearla. Alguien que había adquirido la magia por mero aprendizaje, no tenía el mismo poder que alguien que la traía desde Anima, pero la sirena no iba a correr riesgos.

Le arrancó la ropa al de cabello verde, dejándolo completamente desnudo y lo jaló al agua, sumergiéndolo por completo; Toga posicionó sus manos justo sobre el lago, y lo congeló, a excepción del agua que rondaba cerca de Izuku; ahí, éste mismo liquido se adecuó contra él, como una especia de burbuja, que se volvía un remolino de navajas que cortaban su piel.

Lejos de estarlo dañando, estaban purificándolo. El poder y concentración que requería Himiko era tal, que sus escamas se notaron en su cuello, abriéndose, igualmente en sus antebrazos y sus pómulos; su ceño se frunció y tensó la mandíbula. ¿Qué humano sería tan capaz de atacar con semejante poder? Cualquiera que la hiciese centrarse a éste nivel tras un hechizo, era para que ya no estuviera vivo.

Tienes que resistir, Katsu, pensó ella. De nada servirá si Izuku vive y tú ya no.

A su vez, con la sirena dando todo de sí, para purificar el cuerpo del de cabello verde, el pelirrojo se mantuvo en sus pensamientos; no debatiéndose en sí ayudar o no a Katsuki; porque definitivamente tenía qué ayudarlo, el problema radicaba, ¿cómo?

Y, cuando Nix finalmente se ocultó, dándole paso a Hémera, Kirishima se incorporó hasta acercarse a la orilla del lago. El agua regresó a su estado líquido, con un vapor cálido e Izuku flotó, despertándose de golpe y nadando como pudo, para evitar ahogarse, mientras empezaba a entender qué rayos estaba sucediendo.

— ¿Ya te decidiste en qué hacer, rollo de canela? —Toga sonrió, dulce, sonrojándose con emoción. Probablemente, pensando lo mismo que el pelirrojo al ver a Izuku, que buscaba al dragón con su mirada al darse cuenta que estaba en medio del bosque.

—Solo hay que hacer que quieran escucharnos —contestó.

—Ah, ¿y cómo haremos eso?

Midoriya estaba tan ajeno a las palabras que el pelirrojo y la rubia compartían, jadeando, pataleando dentro del agua y moviendo sus brazos hasta llegar a la orilla, no precisamente para salir del agua y no seguir mojándose, sino para poder buscar a ese rubio cenizo de ojos rojos. La presencia de Toga no le alteró, ya bien sabía quién era y qué papel jugaba en la vida del dragón; una amiga, así que no temía estar cerca de ella.

Sobre todo porque, aunque no estaba consciente, era capaz de escuchar lo que sucedía a su alrededor. Razón por la cual, sabía que Katsuki llegó a buscarlo y no fue paz lo que se suscitó.

— ¡¿Kacchan?! ¡¿Dónde está Kacchan?! —expresó su inmensa preocupación a palabras, una vez dejó los jadeos y la tos.

—Hombre, primero deberías cubrirte —Kirishima le iba a cubrir la espalda con una prenda que anteriormente Izuku usaba.

—No, no le des eso, está infectado —Himiko tronó los dedos y la capa que Katsuki solía usar, cayó sobre el humano—. Ahí tienes, pequeño Izuzu.

—Toga… Kacchan, él llegó a Yuei, él… —los esmeralda de Midoriya se cristalizaron, apretando con fuerza e impotencia esa tela que le cubría y que olía al dragón. El nudo en su garganta acrecentó y las palabras le fallaron— ¿Qué ha pasado?

El estado emocional de Midoriya era tal, que la presencia de Kirishima, seguía pasando desapercibida para él, su cerebro solo repetía «Kacchan» sin tregua alguna, era obvio que, momentáneamente, no estuviera fijándose en nada más.

Todo el tiempo escuchó el caos que sucedía en Yuei, deseando ser capaz de levantarse, de salir y decirle a Bakugo que él estaba bien, que no tenía que dañar a la gente de su pueblo así, porque ellos no le hicieron nada. ¡Quería que lo escuchara! Pero no era capaz de mover un solo dedo, ni siquiera sus labios, nada. Estaba como una roca.

—Oh, Izuzu... —suspiró la sirena, con un tinte trágico, regresando su mirada a Eijiro.

Y fue, cuando el de cabello verde fue consciente de ese pelirrojo, que como un viajero, se presentó hace cuatro años atrás con él.

— ¡Tú! —sus ojos se abrieron, impactados y se cubrió por completo su cuerpo con esa capa— ¡¿Por qué tú…?!

El aludido se rascó una sien, apenado, y le brindó la sonrisa que en aquel entonces le mostró.

—Bueno, lamento no haberme presentado esa vez —sinceró—. Soy Kirishima Eijiro, amigo de Bakugo.

Por un leve momento, el pecoso se olvidó del abismo que tenía en el pecho, contemplando a ese ser que tenía el sol en su sonrisa. Y es que esa vez que apareció frente a él, comprando pan, le generó muchísimas dudas; no obstante, jamás llegó a pensar que él y Katsuki estuviesen relacionados.

— ¡¿También eres un dragón?!

—Digamos que sí.

El de cabello verde estaba dispuesto a decir algo más, pese a la abismal sorpresa que sentía, que le daba un contraste doloroso a su expresión, pues la preocupación por su dragón seguía muy visible.

—Verás, dulce Izuzu, antes de que sepas que ha sucedido con Katsu —habló Himiko, adivinando que muy probablemente, Izuku preguntaría por el rubio cenizo otra vez—, primero hay varias cosas que debes conocer.

La promesa que le hizo a Bakugo pendía de un hilo, no porque quisiera traicionarlo, sin embargo, ella no quería simplemente borrar todo de Midoriya para que su amigo pereciera sin justa razón. Tenía que intentar salvarlo, tanto por ella, como por Midoriya e incluso Kirishima.

Y, si de verdad todo salía muy mal, tendría que hacer a un lado a Izuku, tal y cómo era el plan para mantenerlo a salvo.

—Permíteme mostrártelo, dulzura —dijo nuevamente, con un toque malicioso, llamando con un gesto a Midoriya.

— ¿Estás segura de rebelarle todo? —Eijiro se estremeció. Sabía bien que estaba rotundamente prohibido contarlo a algún humano la verdad— Podrías ponerlo en peligro.

—Es la única forma en que tendremos su atención —contestó, poniendo sus manos en cada sien del joven de pecas en las mejillas. Le sonrió.

—Yo… No entiendo que está sucediendo, no entiendo nada —masculló Izuku, con una determinación en sus esmeralda al añadir: —Tampoco sé lo que le está sucediendo a Kacchan, pero algo me dice que en verdad él me necesita. Y soy consciente que para ayudarlo, yo necesito saber todo.

—El conocimiento siempre tiene un precio —Kirishima le miró, serio.

—Estoy dispuesto a pagar lo que sea.

Poco a poco, el gesto del pelirrojo se hizo más suave y le sonrió brevemente; posó una mano sobre el hombro impropio y asintió.

—Entonces que así sea. No dejaremos a mi hermano.

Y tras un hechizo que Himiko lanzó, por la mente del de cabello verde, una historia, que sería surreal para cualquiera, inició.


Con la existencia de cada Dios, que poco a se fue suscitando una vez Caos y sus principales hijos se fundieron en un sueño eterno, el mundo no solo se pobló de seres humanos. Fue solo cuestión de tiempo, para que diversas criaturas místicas y mágicas hicieran su aparición, siendo también veneradas y respetadas al lado de cada Dios.

Empero, fue cuando a Zeus le tocó ser el principal líder de todo aquello, que el apogeo con los dragones, sirenas, basiliscos, hadas, arpías, y demás seres mitológicos, empezó. La gloria lo llenó a él y al Olimpo completo, y cómo no, teniendo a ciervos tan leales como los humanos.

Tal vez el único error que cometieron los Dioses, fue usar de diversión el bajar del Olimpo y copular con las humanas, robándoles las esposas a los hombres, dejando hijos que nacían con la capacidad de utilizar magia —los que lograban sobrevivir—, así como aberraciones al no saber elegir sus parejas humanas.

El desorden se desató sin siquiera imaginarlo, para ellos era algo sin demasiado valor, sin importancia, pero para los hombres no fue así.

Y fue cuando la rebelión empezó.

La caza de las creaciones de los Dioses fue su primer ataque.

Los hombres lograron idear un método para capturar a las diversas criaturas mágicas, fueran agresivas o no, dañaran o no a las personas, simplemente eran asesinadas sin compasión, hiriendo el orgullo de Zeus, pues era bien sabido que lo que él más amaba, eran sus creaciones.

Despertaron la ira, no solo del principal del Olimpo, sino de los demás. Sobre todo cuando, conscientes de la magia, los humanos empezaron a domar a dichas criaturas para enviarlos a luchar contra los Dioses. ¡Inaudito!

Zeus no podía soportar el dolor de esas criaturas, que siendo sus creaciones, eran sus hijos. Sentía sus lamentos, sentía su dolor, su agonía al ser utilizados y violentados así por los humanos.

Y la aniquilación de la magia comenzó, mientras que con la ayuda de Eros —uno de los hijos de Nix y Érobo—, abrieron el portal hacía Anima, ese mundo que Nix creó, donde sus seres estrella se hacían y mostraban su reflejo hacía la Tierra. Fue ahí, donde cada criatura mágica fue escondida, protegida de la venganza humana, de esa que deseaba continuar rebelándose contra los Dioses.

Anima iba a ser sellada nuevamente, pero se olvidaron que entre los Dioses, existía alguien que no los apoyaba.

Hades.

Y un pacto con él fue suficiente para que los seres humanos adquirieran el poder necesario para dar la lucha sin tregua, sin importar los sacrificios, sin importar el sufrimiento, el dolor, todo con tal de liberarse de esos que se decían Dioses.

No fue hasta que, decididos, todos los Dioses del Olimpo finalizaron todo, sacrificándose en el proceso, deteniendo así la guerra, a Hades y a la gran mayoría de los humanos, en un sello para el Rey del Inframundo y la aniquilación hacía todo aquel individuo que tuviera deseos de venganza y odio contra los Dioses.

Al hacer eso, Anima no pudo ser sellada por completo y se corría el riesgo de que fuera descubierta y volvieran a aprovecharse de esas divinas criaturas. Entonces, como leales hijos de Nix, los Stella hicieron su aparición para mantener la protección de Anima y bajo control alguna rebelión humana.

Y, para eso, debían tener la confianza de las personas donde el Dragón Protector se instalaría, por lo que cada uno de esto dragones, tendrían la capacidad de convertirse en "humanos", en apariencia, para poder empatizar.

Debido al rencor que muchas criaturas místicas tenían por lo que los mundanos le había hecho, decidieron borrarle la memoria, por lo menos, a los Dragones Protectores, para que ese rencor pasado, no interviniera en su única misión de proteger a sus Pueblos Elegidos, mismos que estaban construidos en puntos específicos, que al unirse mediante un hechizo, abriría la puerta hacía Anima.

Cada memoria fue eliminada y cada corazón de Dragón Protector fue resguardado, para que tuviera siempre presente su misión de proteger a Anima y su pueblo. No obstante, la carencia de órgano que trabaja en conjunto con el cerebro, les hacía vulnerables, por eso los sacrificios; necesitan alimentarse de las emociones humanas de las personas más puras del sexo femenino, conservando así su vitalidad y un vínculo emocional hacía su Pueblo Elegido.

Por supuesto, con Katsuki Bakugo hubo un cambio tras el Período de Soledad.

Empero, él no fue el primer Dragón Protector que atacó a su Pueblo Elegido.


Y en ese preciso momento, en que la mente de Izuku continuaba reproduciendo la historia oculta de su mundo, la memoria de Katsuki continuó aclarándose.

Entonces comprendió, que su origen y el rencor hacia los humanos por el daño que les hicieron a sus hermanos, no fue lo único que los Stella habían borrado. Porque, inesperadamente, el recuerdo de un amigo suyo apareció en su mente, ese amigo a quién juzgó por vulnerable y débil por atacar su Pueblo Elegido por una humana, siendo que ahora Bakugo era quién estaba repitiendo la historia.

La imagen de Kaminari llegó y, por fin, Bakugo logró comprenderlo.

Porque solo existía algo tan fuerte, capaz de hacer que un Dragón Protector se olvidara de su misión, algo que los enloquecía; su propio instinto entregado y leal los hacía ser así cuando amaban.

Katsuki con Izuku.

Y Kaminari… Kaminari con aquella princesa pérdida.


Ella no sabía, irónicamente, que el dolor que quebraba su alma, a su corazón, sería domado por aquellos místicos ojos dorados. Los ojos que pertenecían a una bestia.

—Tú ya estás muerta en vida, no merece que gaste mis energías en ti, no sería divertido —dijo, la clara voz de ese dragón, que no concordaba completamente con su figura enorme.

— ¡¿Qué te garantiza que no iré al pueblo y revelaré tu existencia para que te den cacería?!

El dragón la contempló con aparente indiferencia.

—Los dragones tenemos cosas más importantes que hacer, como para participar en un suicidio —resopló, dejando salir su aliento caliente, vaporoso—. Si quieres morir, hazlo sola.

Y así, fue qué comenzó todo.


N/A:

¡Yoh!

¡Y ahí está lo que muchos estaban esperando! La verdad sobre los Stella, el porqué de los Dragones Protectores, e incluso los magos(?). Como premio de hacerlos esperar mucho, hoy éste capítulo vino recargado xD.

Pero, ojo, eso no significa que sepan todo y no quedan más plot's que serán descubiertos.

No podía aguantarme las ganas de actualizar, jaja, así que ya no quise seguir esperando hasta mañana o el 1, tómenlo como un regalito de mí, para ustedes uvur.

Estoy sufriendo, porque la historia entrará en un área sensible para mí(?). Pues, si se dieron cuenta, la historia del Dragón y la Princesa ya no está en cursivas, ni en comillas, está en el texto normal de una historia. Y eso dice mucho.

Así como saben quién es Kaminari, el papel que está jugando, estoy segura pueden darse una idea de quién es la princesa xD. SorryNotSorry, pero la parejita que hacen esas dos personas, es una de mis favoritas, jaja.

¿Qué les pareció el capítulo, eh? ¿Se esperaban semejante historia detrás? Y, como creo que algunos (o la mayoría, quizá) no saben tanto sobre la mitología griega, ¿les parece si les hago un glosario sobre todos los Dioses que mencione y sus derivados?

Bien, ¡muchas gracias por todos sus comentarios y favs/follows, sweeties! No duden en hacer saber sus opiniones :3

Y, nuevamente, ¡FELIZ AÑO NUEVO! xD Y, como un regalito más, les dejo el nombre del próximo capítulo:

Capítulo 10: Ignis Heart.

Cariñitos para ustedes.