Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.

Historia Original y Registrada.


–Vigilen que esté dormida, tomen turnos de a dos, yo ya no puedo más.

Edward dejó el cuerpo adormilado de Bella sobre una de las mesas que había en la nave, mientras él se sentaba en el piso. Los orificios de balas en su cuerpo y cabeza lo tenían con una sensación de fastidio impresionante. Así no iba a poder pensar.

Alice y Emmett se acercaron a él y lo levantaron, transportándolo hacia una de las cabinas, donde lo acostaron en uno de los colchones.

Al poco tiempo llegó Rosalie con una maleta de medicina, y empezó a pasar haces de luz por el cuerpo de Edward, buscando otros desperfectos además de los que dejaron los disparos. Alice y Emmett solo miraban, esperando el momento en que su jefe hablara para poder saber qué había pasado.

Habían recibido el llamado de emergencia cuando ya se dirigían al Pentágono, por lo que no los tomó mucho tiempo rescatarlo. Lo que más los impactó fue ver a un Edward baleado y con una humana al hombro.

No se presagiaba nada bueno.

Por fin, después de un tiempo, Edward habló:

– ¿Cómo les fue en la Casa Blanca?

Emmett respondió la pregunta sin rechistar.

–Muy bien. La zona estaba casi que despejada de humanos, no nos topamos con ninguno. Logramos obtener algunos archivos importantes, no solo de América, sino de países aliados.

–Está bien. Analizaremos todo después –Fue la escueta respuesta de Edward.

– ¿Y a ti cómo te fue Edward, qué pasó? –Se atrevió a preguntar Alice.

Edward la miró con desdén. No se supone que ella pregunte sin su permiso, pero ya él sabía cómo era, así que se limitó a contarles lo sucedido mientras Rosalie lo sanaba.

A medida que hablaba, Rosalie operaba los orificios balísticos, dejando unas rojizas cicatrices que desaparecerían. Emmett y Alice escuchaban atentamente.

–…Cuando ya estaba listo para dar el aviso de finalización, se aparecen tres humanos. En resumen, me dispararon dejándome inmovilizado y uno de ellos me llevaba al hombro mientras la hembra y el otro llevaban los comprensores y mis armas. Por lo que pude entender, me querían tirar por un ducto de residuos.

»Rogaba internamente en que mi cuerpo rechazara rápido las balas, sobre todo la de la cabeza y del pecho. La humana por curiosa levantó mi cara, y el susto hizo que me tiraran al suelo, lo que aceleró el proceso de salida de las balas«

»Ataqué al primer chico, el que tenía mis armas y lo dejé inconsciente. No quería estar con rodeos. Luego tomé a la chica, pero cuando la tenía me di cuenta de algo… Esa joven humana… Es EP«

– ¡¿EP?! –Preguntó Alice

– ¡Alice! –Le gritó Rosalie con miedo– No seas tan insolente.

A pesar de que Edward no era tan autoritario como otros Vulturianos clase 1 o clase 2, Rosalie no veía eso para aprovecharse y tratarlo como Alice lo hacía.

–No te preocupes Rosalie –Dijo Edward algo despreocupado, ignorando la actitud de Alice– EP es una persona que se nos ha asignado para buscarla en la Tierra. En cualquier misión, si dábamos con ella teníamos que transportarla inmediatamente a Vulturi.

– ¿Y… estás… seguro que es ella? –Tartamudeó nuevamente Alice.

–Un cien por ciento –Respondió su líder– cuando esté lo suficientemente recuperado se los demostraré con el chip de Memoria.

– ¿Es… Legal mostrarnos eso? –Preguntó Emmett algo temeroso, refiriéndose a los chips implantados a sus líderes de misión, el cual les indicaba todo lo que se asignaba.

Edward solo se encogió de hombros.

–Ya la vieron físicamente, no creo que sea un problema.

Un silencio se instaló luego de eso. Rosalie terminaba de curarlo y Emmett esperaba que su jefe diera la orden de salida. Alice solo le miraba.

Apenas finalizó Rosalie, efectivamente Edward mandó que se fueran a descansar. Sin embargo, cuando Alice se levantó de su sitio, Edward la agarró de su brazo dándole una mirada de advertencia.

Alice sólo volvió a sentarse, sin mirarlo como correspondía.

Edward no dijo nada sobre eso. Estaba acostumbrado a las incorrectas actitudes de la fémina.

–Mírame –Comenzó a hablar Edward de manera amenazante, a lo que Alice obedeció– ¿Qué sabes de EP y por qué lo sabes?

Alice se debatía entre decirle o no.

–No creo que ella sea EP –Respondió al final.

– ¿De qué estás hablando?

–Necesito confesarte algo… –Empezó Alice con un suspiro– Sabes que siempre me ha interesado saber cómo hacen las asignaciones.

–Y sabes claramente que eso es confidencial. Ni siquiera yo entro a las convenciones.

– ¿Me matarías si te digo que me colé en la última convención? –Dijo ella tanteando terreno.

–Posiblemente no, pero, si no estuviera tan mal, te inmovilizaría y despediría.

–Entonces, mejor me voy –Se despidió Alice dejando a un Edward descolocado.

– ¡Alice! ¡Sabes que no podrás huir! –Le gritó, pero ella ya se había ido.

Edward suspiró. Odiaba esa parte de Alice. Siempre que terminaban una misión ella salía con que había hecho algo incorrecto. Se preguntaba cómo era que las Excelencias no habían acabado con ella o por qué no las expulsaban de las misiones, dejándola solo como una ciudadana.

Decidió tomar su descanso, que estaba acumulado de hace dos días terrestres. Después lidiaría como la pequeña fémina.


Un grito demasiado agudo lo despertó de su letargo.

Las alarmas empezaron a sonar, indicando que había una emergencia, se levantó rápidamente y corrió hasta dónde provenía la emergencia. Desde antes de llegar sabía que había un problema con la humana.

Cuando llegó a la puerta, vio a 3 de sus subordinados clase 4, Tanya, Benjamin e Irina. Estaban sentados en el piso tapándose los oídos.

No podía hablar con ellos, su poca resistencia a los sonidos fuertes los estaba volviendo locos. Pasó de largo y cuando abrió la puerta estaban Alice, Emmett y Rosalie detrás de una máquina, agachados y también con sus manos en las orejas. Y EP estaba en un rincón, gritando palabras en un extraño inglés como si no hubiera mañana.

Corrió lo más rápido que pudo y le tapó la boca. La mujer abrió los ojos con terror.

–Cállate –Le dijo Edward en inglés– Tienes a la mitad de mi equipo al borde del colapso, y me tendrás a mí enojado si no cierras la boca.

Sin embargo, la chica no hacía caso, y se zarandeaba en los brazos de Edward. Éste rodó los ojos recordando cómo había hecho lo mismo en la alcantarilla.

La tomó con más fuerza, colocándose ahora de espaldas a ella, con una mano en su estómago y otra en su cuello, apretando un poco mientras le murmuraba.

–Creo que debí potencializar más el rayo con el que te desmayé hace unas horas. ¿Todavía recuerdas lo que se siente? Si no te tranquilizas y dejas de gritar y de moverte, seré mucho más severo ¿Entendido?

Esta vez sí se tranquilizó, y se relajó en los brazos de Edward, a pesar de que temblaba de miedo.

Éste se rio, la tenía a su merced ahora.

–Emmett, llama a Kate y Garret, activen algunas de las cápsulas, la encerraremos allí.

El susodicho, que apenas, como el resto del equipo, estaba saliendo de la conmoción, asintió y se puso en marcha.

–Rosalie –Dijo Edward hablándole ahora a su sanadora– Revisa que no hayan quedado secuelas en nadie del equipo. Yo me encargaré de EP.

Dicho esto, empujó a la frágil humana, haciendo que ésta cayera al suelo.

–Muévete –Le dijo en su idioma madre mientras la levantaba– Ahora recibirás tu castigo.

Sabía que la chica no iba a entender, pero la cara que puso lo hizo reír. Ella era inteligente y sabía que no le esperaba nada bueno.


Bella tenía miedo.

Jamás pensó que llegara a ser abducida por extraterrestres, ni siquiera cuando la invasión comenzó.

Ella solo pensaba que ellos se dedicarían a exterminar a su mundo, a su planeta, para luego tomarlo. No sabía por qué querrían llevarse a los humanos, y mucho menos a ella, una chica normal, que hasta sus 19 años no había tenido una vida sorprendente, y que su único mérito ha sido transportar a su padre por todo el país durante la invasión sin matarse en el proceso mientras aprendía por su cuenta a usar armas. Pero eso era algo que todo el mundo hacía ahora.

Su única teoría era que la querían de mascota. Se estremeció ante el pensamiento.

Ahora estaba encerrada en una especie de cápsula transparente, que estaba en un cuarto lleno de chécheres blancos y máquinas extrañas.

El compartimento era muy pequeño, de pie quedaba perfectamente ajustada, y solo cabía sentada y acostada siempre y cuando estuviera en posición fetal, como estaba ahora.

Su peor miedo era volverse loca.

Tenía que pensar en una manera de salir. Algo que se imaginaba casi imposible. Ya se había hecho a la idea que se encontraba en una nave alienígena: Paredes abriéndose, cuartos inmaculados, nada humano a metros.

¿Cerca de la Tierra? No tenía ni idea, y no tenía manera de comprobarlo.

No se atrevía a desafiar nuevamente a sus captores, mucho menos al de ojos leoninos y cabello cobrizo. Le había dejado claro que era capaz de hacerle daño.

Todavía siente corrientazos cuando recuerda cómo se sintió cuando le disparó.

Cuando empezó a temblar de miedo otra vez, movió la cabeza fuertemente.

"Tengo que despejarme" Pensó "Cómo decía Charlie: Piensa en cosas bonitas cuando sientas que estás a punto de explotar. La vida puede ser cruel, pero controlar tu mente será la única manera de acabar con el miedo"

Bella empezó a hacer eso: Sus recuerdos ya no se remontaban a su infancia, como cuando la invasión comenzó y ella sólo huía con su padre, sino los momentos vividos desde hacía más o menos seis meses, cuando Jacob los llevó a ella y a Charlie al Pentágono, y se había convertido en su nuevo hogar.

Empezó a recordar esos primeros días, donde Jacob trataba de ganarse su confianza jugándole bromas y haciéndole preguntas. De verdad que era un chico muy intenso.

Recordaba cómo le gustaba molestarla por su torpeza y estatura, mientras que ella lo picaba diciéndole que era un niñato encerrado en un gran cuerpo. Siempre les tocaba las guardias juntos, y, cuando no podían verse se dejaban notas en las puertas de sus cuartos.

Jacob estaba solo. Su padre Billy, inválido, fue dejado por él tiempo atrás cuando la reserva donde vivían fue incendiada sin piedad. La casa donde estaban se derrumbó, y Jacob no pudo sacarlo. Su vida fue miserable hasta que la conoció a ella.

Bella recordó el momento en que él le contó su historia, era un día diferente, y ella lo notó.

– ¡Jacob! –llamó Bella en la puerta de su habitación. Siempre llamaba antes de entrar. Una vez lo encontró solo en ropa interior haciendo que ella se sonrojara mientras él la molestó hasta el cansancio.

Sin embargo, Jacob no contestó. Sabía que tenía que estar allí. Eran las 8 de la mañana y ni el hecho de que estuvieran en el fin del mundo hacía que Jacob se levantara antes de esa hora.

Bella tocó una vez más, sin recibir respuesta. Así que giró la perilla de la puerta.

– ¡Vete! –escuchó el rabioso gruñido de Jacob.

Pero Bella se asustó e hizo todo lo contrario, entrando al pequeño cuarto que posiblemente antes fue un closet del aseo. Jacob estaba tirado en su colchón, dándole la espalda a ella, mirando la pared contraria.

Bella se agachó a su lado.

–Jacob…

–Vete Bella, quiero estar solo.

– ¿Qué tienes Jacob?, tú…

– ¡Simplemente quiero estar solo! –Le interrumpió este volteándose hacia ella con ojos llorosos.

Bella no se contuvo y lo abrazó, dejando que su hombro se mojara con las lágrimas de Jacob a medida que le contaba cómo tuvo que dejar a su padre.

–…De eso, hoy exactamente ha pasado un año, un año sin mi padre Bella entendió por qué sus llantos precisamente esa mañana, nunca había hablado de ese momento de su vidaMe dolió demasiado, me volví una piedra después de eso. No quería hablar con nadie y mucho menos ver a nadie. Nunca estuve más de dos o tres días en ningún lugar, hasta que mi mente se aclaró y decidí quedarme aquí. Tenía que seguir luchando, por él. Era muy exigente, no quería que donde sea que estuviera pensara que era un cobarde.

Bella no decía nada, sólo tenía la manos en su cabello, acariciándolo y relajándolo.

En algún momento estaban apoyados en la pared y él tenía la cabeza en su hombro y la abrazaba de manera posesiva.

Se hizo el silencio unos minutos hasta que Jacob siguió hablando.

Éramos los dos contra este mundo. Me recuerda un poco a Charlie y a ti ¿sabes?

Bella asintió con una pequeña sonrisa.

–Creo que soy el peor hijo del mundo al haberlo dejado ahí.

Bella suspiró.

Eres valiente Jacob, yo… no hubiera podido soportarlo… el solo pensar en dejar a Charlie… –Finalizó ella sollozando.

Jacob levantó la cara, mirándola fijamente.

–No pienses en eso ¿Está bien? Mientras yo esté vivo, nada les pasará, ni a Charlie ni a ti. Son mi familia ahora –A medida que hablaba, Jacob acariciaba la mejilla de Bella, ésta temblando por la sensación.

–Eres la mejor persona que he conocido en este desastre –Le dijo acercándose más a ella– No tengas miedo ¿Está bien? Yo estaré contigo siempre… Te quiero mucho, Bella.

–Jacob… sabes lo que pienso…

–Lo sé Bella –Le dijo casi rozándole los labios– sólo… dame una oportunidad… un beso… y no insistiré más, lo prometo.

Bella asintió brevemente, dejando que Jacob tomara sus labios en los propios, mientras la abrazaba diciéndole todo lo que sentía, sellando una promesa con ese beso.

"Estaré contigo siempre"

Después de eso, Jacob cumplió con lo prometido, y nunca insistió en una relación con Bella.

Ahora ella se entristecía por no darle, ni darse esa oportunidad. Tal vez ahora nunca la tendría. Se la estaban llevando lejos de su planeta, de todo lo que conocía y de todo lo que quería.

Ella no amaba a Jacob de una manera romántica, pero si lo hubieran intentado, posiblemente lo hubiera hecho.

En ese momento Bella tuvo una epifanía:Ese era su miedo, el de enamorarse de él. No era el que el momento no lo ameritaba, como decía de dientes para afuera, ni que su prioridad era la de cuidar de Charlie. Se negaba a tener algo con Jacob porque sabía que si lo hacía, se enamoraría y no sabría dejarlo ir cuando llegara el momento.

Aunque ahora era ella la que se iba, sin saber lo que se hubiese sentido ser amada por él. Y extrañando ese beso que fue el primero en muchos años.

Unos pasos la sacaron de sus pensamientos. Se levantó del piso donde había quedado acostada de lado mientras recordaba, quedando de pie.

Un alien con apariencia de mujer se acercaba a ella, no sabía de donde había venido y se asustó. Era hermosa, de cabello rubio y ojos verdes en su totalidad, que miraban hacia ella fijamente. Traía algo en sus dedos enguantados.

Se acercó a la cápsula donde estaba Bella, y colocó lo que tenía en las manos a un lado. Era algo cilíndrico por lo que pudo ver.

De un momento a otro, un brillo salió en el interior de la cápsula, haciendo que Bella brincara y se pegara contra el cristal. La alien rio, seguramente por su torpeza, y dio media vuelta, yéndose tan rápido como llegó, tocando la pared, haciendo que esta abriera un orificio del mismo ancho y alto que ella.

Bella suspiró, todo era muy extraño.

Después que sintió que no volvería, ella miró al piso, y vio el pequeño cilindro que había visto en las manos de la mujer.

¿Teletransportación?… Imposible. Pensó Bella, aunque poco convencida. Los extraterrestres eran imposibles hasta hace dos años.

Tomó en sus manos el cilindro, cuidadosamente como si de una bomba se tratase. De unos 30 centímetros de alto y unos diez de diámetro. En él, había un extraño botón.

¿Y ahora qué? ¿Explota?, ¿Expulsa un gas que me ahogará?, ¿una alarma o una cámara?

Decidió dejar la cosa extraña en el piso por un rato. No sabía qué era, y por lo menos todavía quedaba algo de su cordura que le decía que no jugara con cosas que no conocía. Tal vez el alien leonino no la quería muerta, pero la mujer sí. Tal vez funcionaba como la mafia, con traiciones y lo demás.

Oh sí, todo un drama de telenovela… creo que ya perdí un tornillo.


¡Buenas Noches!

Aquí les traigo el segundo cap. Espero les guste ^^

Traté de publicar en la semana, pero comencé parciales y aparte de estudiar uno se sumerge en una depresión bloqueadora de mentes xD

Voy a ver si publico mañana. Gracias por los Reviews y Alertas, me alegra que les gustara el primer cap ^^

¡Saludos!

MJ