Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.
Historia Original y Registrada.
Un gruñido despertó a Bella del sueño en el que había sumergido hace unas horas. Se percató que era su estómago.
¡Oh! ¿Cómo pude olvidarme de algo así?
No había comido nada desde esa noche cuando logró llevarse la dotación de comida de tres días de una vieja tienda de víveres. Y había sido solo una barra de chocolate.
No sabía qué horas eran, pero había pasado mucho tiempo.
¿Me van a dejar morir de hambre? ¿Es que acaso "ellos" comen?
Bella se hacía un millón de preguntas. Y se iba a volver loca si no comía algo.
Esperó a ver si se acercaba algún alienígena, pero el tiempo pasó y nadie entró. Su estómago se quejaba con más fuerza haciendo que le dolieran las tripas.
En ese momento se fijó en el cilindro, acordándose de su presencia y de la de su extraño botón azul. Tal vez tenía la razón para hablar con los aliens. Presionaría ese botón, sea lo que sea que haga tendría que llamar la atención de alguien.
Era simple, si ellos no venían, tenía que hacer que vinieran. Y después… no sabía si le harían caso o le harían daño, o si simplemente ignorarían que algo pasaba y la dejarían que se muriera sola con el ataque del pequeño objeto, pero ya no sólo era su barriga la que se quejaba, sino que su cuerpo entero estaba sintiendo la debilidad propia del hambre.
Tenía que correr el riesgo.
Se sentó en posición fetal, tomando el cilindro con los dedos. Ahora que se fijaba, estaba frío y su superficie era suave como la seda, pero firme como un metal, de un color verde pasto. Otra rareza para la lista.
Detalló el botón, azul, poligonal, y chillando sobre la superficie verde. Sus manos temblaban por querer tocarlo, pero a su vez el miedo la carcomía.
Su estómago gruñó otra vez, dándole la orden de hundirlo. Y lo hizo, con ojos cerrados y manos temblorosas.
Un calor empezó a emanar del cilindro, haciendo un sonido como agua.
Después de veinte segundos fuera de peligro, abrió los ojos, llevándose una sorpresa.
El cilindro ya no estaba sellado. La parte superior había desaparecido, dejándolo ver como un tubo hueco, relleno de un líquido amarillento.
¿Comida? Pensó esperanzada.
Bella empezó a detallar con sus sentidos el contenido del cilindro. El color era muy extraño, sin embargo nada que ella no hubiese visto. Su olor era como de hierbas, tal como olería una aromática, y concordaba con el color. No sentía rastros de veneno ni nada por el estilo.
Metió su índice derecho, con temor a quemarse, pero nada pasó. A pesar del vapor que emanaba su temperatura era la del ambiente, y no se le había fundido el dedo como temía.
Sólo le quedaba probarlo… Así que metió despacio el dedo en su boca. No sabía si era por el hambre o si era así, pero sabía delicioso. Era como probar una antigua sopa de abuela.
No lo pensó más. Si se envenenaba, era mejor que morirse de hambre, así que se empinó el contenido del cilindro con ansias.
A pesar de no ser mucho lo que tenía el cilindro, se sintió llena, pero empezó a darle sueño. Se recostó a la pared asustada y revisó sus manos. No tenía nada. Ni en sus pies, ni sintió nada raro cuando se tocó su cara. Excepto las manos que se deslizaban hasta quedar en el piso.
Estaba paralizada.
Oh no, ¿De verdad me envenenaron?... Por lo menos no me duele nada. Parece que esta muerte será pacífica.
Adiós papá, Jacob, espero verlos en otra vida.
Y pensando en ellos, cerró los ojos.
Un movimiento en el vidrio despertó a Bella. Del susto se dio la espalda contra el cristal, a medida que hacía una mueca ante el dolor muscular que sentía. Había dormido mal.
Dormido… Es decir, no he muerto…
Abrió los ojos enfocándose, sintiéndose algo estúpida. Se dio cuenta que todavía estaba en la claustrofóbica cápsula. Pero no vio el cilindro que había tenido lo que sea que se tomó y que la sumergió en el sueño.
Luego miró al frente, un alien estaba observándola fuera de la cápsula. Tal como la anterior que la había visitado, parecía no tener pupilas, pero sus ojos no eran verdes, sino púrpuras.
Aterradoras.
Él, a diferencia de la otra chica, sólo la miró, colocó un cilindro en el suelo tal como la otra alien había hecho, y se dio vuelta sin darle otra mirada.
Pero Bella no quería dejarlo ir.
– ¡Hey! –Lo llamó mientras le pegaba al cristal que la tenía atrapada llamando su atención.
El extraterrestre se volteó, con una mirada temerosa.
– ¡No te vayas! Necesito hablar con alguien, ¿Puedes entenderme?
Pero el susodicho no dijo nada. Solo dio media vuelta nuevamente y desapareció por una abertura de la pared, que Bella nunca vio abrirse.
Ok, al parecer ellos no son bilingües. Tengo que comunicarme con alguien. Sea como sea, o sino mi vejiga va a reventar.
Mientras pensaba, Bella se dio cuenta que el cilindro se había transportado dentro de su cápsula. Lo abrió como el anterior, pero esta vez el líquido era negro. Lo olió, no sintiendo nada extraño, aparte del horroroso color. Lo probó, y tenía un sabor dulzón.
¿Vainilla?, ¿Qué carajos es esto?
Lo dejó, todavía no sentía tanta hambre como para tomarlo. Y antes, necesitaba un baño.
Después del alienígena de ojos morados, siguió una de ojos amarillos, otro ojiazul y otro con ojos verdes parecidos al de la primera. Ninguno le dirigió la palabra, y algunos, (La ojiamarillo y el ojiverde, como los había bautizado) habían mostrado signos de miedo en su cara.
Todos llevaban cilindros con la extraña bebida, pero al darse cuenta que Bella no se había tomado la esencia negra, a falta de un mejor nombre, habían salido sin decir nada.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero su barriga le dolía.
Trató de pensar, y olvidarse de los agudos espasmos de su barriga. Recordó su bizarro primer encuentro con Jacob. Eso siempre la relajaba.
–Papá, me voy –Dijo Bella en la puerta de la casa abandonada donde se estaban quedando, ese sería su hogar por unos días.
–Bella, no es necesario-
–Claro que lo es papá, hay cerca un Walmart, tenemos que aprovechar. También vi una droguería cerca, necesitamos tus medicinas de la presión.
–Pero Bella, ese sitio estará lleno de gente también, y tú estás sola.
–Son las diez de la noche. No habrá nadie afuera.
–Sabes que hay muchos monstruos afuera, y no me refiero solo a los extraterrestres.
Bella asintió, recordando cómo hace un mes casi es violada delante de su padre. De no ser por su cuchillo y que su padre aún no ha perdido la práctica con la pistola, otra cosa hubiese pasado.
–Pero ahora es diferente –Respondió ella mientras hacía alarde de su pistola. No sabía nada de ella, solo que producía mucho daño.
Su padre la miró suspirando. Sabía que su hija nunca cambiaría lo terca.
–Prometo volver –Dijo ella abrazando a su padre –Pero promete no preocuparte, este señor –dijo mientras tocaba el pecho de su padre a la altura de su corazón –Quiere vivir, así que no se lo hagas difícil.
Charlie rió, mientras besaba la frente de Bella –Te amo Bella, vuelve.
El recorrido no fue muy largo, y gracias a Dios no se topó con ningún atacante, ni humano ni alien. Entró por el agujero donde antes habría alguna puerta de vidrio, que daba la bienvenida al Walmart.
Todo estaba oscuro, y silencioso. Torció los dedos sobre su linterna, esperanzada en que todavía el almacén no lo hubiesen vaciado.
Y menos mal que no. Apenas llegó al pasillo de comidas no perecederas vio como quedaban algunas cajas y latas. Empezó a meter cosas en su mochila sin distinguir ni qué eran, ni su marca. A estas horas del partido daba igual si comían maíz o caviar.
Empezó a ver más arriba en los estantes. Por experiencia sabía que mucha gente escondía cosas allí, sobre todo aseo y medicinas, para luego recogerlas. Su corazón daba un vuelco cuando se llevaba esos productos que habían escondido, pero ahora vivían en un mundo donde sobrevive el más decidido y el saquear ya no era un pecado.
A diferencia de otros almacenes, estos estantes eran demasiado altos. Y ella, con sus 1.60 de estatura no alcanzaba ni a mirar.
Empezó a subir los pies en los bordes de los estantes semivacíos, pero no era suficiente así que alzó los pies hacia el otro borde.
¡Bingo!
Arriba habían escondido medicinas, pastillas para el dolor, antibióticas, antidiarreico, toallas higiénicas y otros productos de aseo.
No lo pensó dos veces, y trató de subir hasta la cima de los estantes, pero un disparo la asustó.
– ¡Hey! ¿Qué haces allí? ¡Bájate!
La voz era masculina y autoritaria, y junto con el disparo la hicieron temblar, haciendo que se cayera, tropezándose en el proceso con un borde del estante.
Cayó boca abajo, sintiendo la sangre corriendo por su sien.
No veía nada. Había perdido su linterna, y se había lastimado la pierna con la pistola que cargaba, pero apreció como unos brazos la tomaron colocándola boca arriba.
–Hey chica, ¿Estás bien?
Bella fue cegada por la luz de una linterna. No pudo responder.
Sintió como llegaban pasos, mientras las manos del chico pasaban por su cara. Cuando tocaron su herida ella gritó y pegó un brinco en sus brazos.
–Oh, lo siento, parece una herida muy fea, ¿Te duele en otro lado?
Bella solo atinó a tocarse su pierna derecha. Seguro tendría un moretón mañana.
Otros chicos llegaron y, junto con su captor la curaron en su frente. Todo en medio de un silencio tenso. Bella pensaba que era porque la agarraron tomando su motín. ¿Qué pensaban hacer con ella? ¿Dejarla ir? Ella no se movía ni decía nada.
Su linterna, pistola y cuchillo estaban a su lado en el piso, ellos simplemente se los habían quitado, los miraron y los dejaron allí indiferente.
Cuando terminaron, los demás chicos se fueron, dejando sólo al primer chico y a Bella, junto a dos linternas. El muchacho suspiró mientras se sentaba al frente de ella.
–Escucha, creo que sabes porque la tensión en el aire.
Bella asintió con la cabeza. –Son los "dueños" de lo que estaba escondido arriba de los estantes.
–Chica lista –Respondió el chico, Bella no pudo identificar si había sarcasmo– Nosotros no somos cualquier grupo. Más de mil personas pertenecen a él. Somos un equipo demasiado grande. Así que cualquier saqueo, por mínimo que sea, nos afecta bastante, ¿Entiendes?
Ella asintió, sonrojándose de la vergüenza.
–No era mi intención, yo… lo necesito-
–Todos necesitamos todo. Esta crisis nos supera. –La interrumpió el chico– Escucha, tengamos un trato: Dejaré que te lleves alguna de las cosas, más lo que tomaste propiamente de los estantes. Pero tienes que convencerme.
– ¿Convencerte?
–De qué te puedes llevar, y por qué. Empecemos, soy Jacob Black –Extendió su mano con una mirada seria– ¿Tu nombre?
Bella tartamudeó nerviosa mientras tomaba su mano, Jacob la intimidaba –Isa… bella S… Swan.
–Isabella… ¿Cómo llegaste y dónde te estás refugiando?
–En… las casas abandonadas, un poco hacia el sur.
– ¿Un condominio?
–Algo así, creo. Llegamos apenas hoy por la tarde.
– ¿Llegamos? ¿Quiénes? –Jacob frunció el ceño.
Bella suspiró, sabía que tenía que decir la verdad. No sabía mentir.
–Mi padre y yo. Solo nosotros dos. Escucha, Jacob –se adelantó Bella antes de que siguieran el juego de preguntas– No te miento ¿Vale? En resumidas cuentas, sólo somos mi padre y yo, ya hemos atravesado medio país, y nos hemos quedado sin comida ni aseo. Los necesito con urgencia, no quiero hacer daño a nadie, solo tomar algunas cosas e irme.
Jacob la miró pensativo. –Mmm… Pero tienes una pistola policial y un cuchillo ¿Eso no está hecho para hacer daño? Además, ¿cómo tienes en tu poder una pistola así?
–Mi padre era policía, es suya, y siempre voy prevenida. Hace un mes estuve a punto de ser violada.
El chico no se sorprendió, siguió con la mirada seria.
– ¿Y por qué estás sola? Si es policía, ¿No sería mejor que él fuera quien te buscara comida y no al revés?
–Mi padre es hipertenso. Hace como quince días que no he podido conseguir su medicina para regular la tensión. Así que evito de cualquier manera que se ponga nervioso. También procuro que duerma mucho.
–Así que eres la encargada de conseguir cosas ahora.
Bella asintió, agregando –Jacob, por favor, déjame llevar algunas cosas ¿sí? Lo suficiente por una semana, yo… después me las arreglaré, no será mucho, lo suficiente para comer una vez al día. Prometo no volver a meterme en este Walmart.
Jacob no dijo nada como por un minuto, que Bella sintió eterno.
–No te llevarás nada de aquí –Sentenció Jacob, mirándola fijamente a los ojos en medio de la luz de las linternas.
Bella suspiró, estaba a punto de llorar. Rogaría si es necesario, pero necesitaba esa comida.
–Por favor, te lo—
–Porque te irás con nosotros al Pentágono –Sonrió Jacob por primera vez en la noche– De ahora en adelante tu padre y tú vivirán allí. Así que, vamos a buscarlo. No acepto un no por respuesta.
Fue lo más bizarro de su vida. Después de allí, fueron a buscar a Charlie, que se sorprendió al ver a su chica con un extraño. Pero al enterarse que el enorme refugio era el edificio del Pentágono, no había manera de negarse.
Los meses allí fueron tranquilos, y Charlie nunca tuvo problemas graves con su corazón.
Pero Bella empezó a preocuparse mientras sus ojos se aguaban.
Charlie, no sabe dónde estoy… ¿Estará preocupado? ¿Tensionado? Podrá controlarse, podrá…
No, no ¡no! Charlie estará bien. Jacob no dejará que nada le pase. Lo tranquilizará diciendo que vendrá a buscarme.
¿Por cuánto tiempo podrá mantener una mentira?
Ahora Bella lloraba como si su vida dependiera de ello. Lágrimas brotaban de sus ojos y sentía que se le iba el aire. La jaula cilíndrica y su dolor de estómago no ayudaban a tranquilizarla.
Se sentía morir.
–Ahora que te veo, me pregunto cuanto líquido puedes almacenar en tu cuerpo para que te salga tanto.
Bella alzó los ojos, asustada de la voz.
Siempre le pasaba cuando lo escuchaba.
Edward se acercó a la jaula, con mirada suspicaz. Había recibido mensajes de sus subordinados sobre que la humana les había hablado, negándose a comer. Ellos no sabían qué les decía y mucho menos distinguían tonos de voces debido a su poco desarrollo mental. Por lo que se sentían amenazados, y eso los mantenía nerviosos y desconcentrados. Algo que a él no le gustaba, y por eso había venido a arreglar el problema de raíz.
Pero no esperó encontrarse a una chica expulsando fluidos por toda su cara. Su mente lo asoció a una palabra: Llorar. Los humanos lo hacían en muchos momentos de su vida, tanto buenos como malos. Era una de las máximas expresiones de emociones que tenían.
No supo por qué, pero algo se movió dentro de sí al verla tirada dentro de la cápsula en ese estado. La presencia de ella irradiaba un dolor, que Edward no pudo identificar de dónde venía. Físicamente se veía bien. Le diría a Rosalie que la evaluara.
Dejó su análisis a un lado, al ver que ella dejaba de llorar y se sentaba en posición fetal, entonces le habló en su idioma terrestre:
– ¿Ya no vas a llorar hasta secarte?
–Eso no te importa –Contestó ella con antipatía.
–Verás que sí, no podría hablar contigo si lloras como si te hubiese amputado una pierna.
– ¿Qué quieres hablar conmigo de todos modos? –La chica le dijo tajante, con la mirada gacha.
– Sólo quiero que me respondas dos cosas: ¿Qué has tratado de decirle a los miembros de mi equipo que han venido a alimentarte? ¿Por qué no has comido desde la primera vez, pretendes morir de hambre?
La humana levantó la mirada, pero no dijo anda. Edward se agachó hasta la posición de ella.
–Escúchame, pequeña humana –Le dijo, con los ojos amarillos dilatados de impaciencia– Estás en una situación de desventaja. Puedo matarte si quiero, pero no lo hago porque la orden es que llegues viva, pero si me desespero, créeme que no me importará. Así que no quiero que hagas nada que pueda alterar el ritmo de las cosas aquí. Todavía falta un largo viaje y tengo trabajo que hacer antes de llegar a Vulturi. Así que, confórmate con alimentarte con lo que mi equipo te traiga, y no trates de hablarles, no entienden nada de lo que les dicen y mucho menos saben leer gestos…
– ¿Por qué tú sí? –inquirió ella, interrumpiéndolo y desconcertándolo a él. Nadie más bajo que él lo interrumpe. Nadie, y menos una insignificante humana.
–Yo soy superior a ellos, tengo ese privilegio –le respondió cortante– Pero eso no importa ahora. No. Les. Hables. ¿Entendido?
Ella asintió. Edward notó que estaba intimidada. Sonrió, le gustaba esto.
Se levantó para irse, pero escuchó que lo llamaba.
– ¡Hey! –Le gritó, volviéndolo a desconcertar ¿No le había quedado claro su rango aquí?– Perdona que te… moleste... pero… escucha, no era mi intención molestar a tu ejército, o lo que sea. Sólo, hay algo que necesito.
Edward se volteó, mirándola. Sus ojos marrones le mandaban un mensaje de súplica. No supo la razón, pero cayó.
– ¿Qué necesitas? –Preguntó.
La humana no dijo nada, sino que su cara se puso de un color rojo claro. A Edward le llamó la atención ese cambio. Su cerebro lo asoció a que estaba nerviosa.
Sin embargo, eso no respondía lo que le había preguntado. Y, como nunca antes lo había hecho, inconscientemente le volvió a preguntar, sorprendiéndose a sí mismo.
La chica, con esta segunda vez, tomó una respiración y contestó.
–Necesito ir a un baño, sino, voy a explotar.
Edward hizo una mueca. ¿Baño? Su mente le trajo imágenes: Los humanos necesitaban evacuar residuos. Algo muy arcaico en su mundo.
Llamó a Alice, necesitaría su retorcida mente para esto.
¡Buenas tardes, casi noches!
Tercer cap, y la historia va progresando. Conocimos un poco del pasado de Bella y vimos un poquito más de B/E :)
Espero les guste. ^^
Gracias por las alertas :)
¡Nos vemos!
MJ
