Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.

Historia Original y Registrada.


Las cosas se habían puesto muy raras en la nave espacial donde la transportaban. La ida al baño fue una experiencia traumatizante.

El Alien León (Bella lo había bautizado así a falta de nombre) llamó a una chica de su especie, que le había sonreído a Bella, algo que le pareció muy raro, pero no dijo nada.

Lo vergonzoso del asunto fue que su captor le preguntaba qué era exactamente lo que tenía que hacer, lo dijo como si nada, pero Bella se sonrojó como un semáforo. Aparte, estaba algo asustada ¿Estos seres, no tenían necesidad de…?

De solo pensarlo le daba vergüenza. Siempre fue fácil para apenarse.

En medio de un tartamudeo logró explicarle a León. Le repetía dos y tres veces ya que el hacía gestos de no entender.

Luego, él se vinculó en una conversación con la otra alien. Para Bella, fue muy entretenido escucharlos. Era como si cantaran.

El tono y acento de León era totalmente diferente que cuando hablaba con ella. Notó ciertos matices parecidos, pero nada se comparaba a escucharlo en su idioma, sumando al hecho que no la estaba regañando. Lo mismo ocurría con la chica. Su voz era delicada y muy hermosa.

Ella una especie de mini-chica. Podía alcanzar a duras penas el metro cincuenta. Su cabello era negro, que disparaba en todas las direcciones, y ojos negros, con un pequeño astibo de pupilas, nada parecidos a los ojos de gato de León

Eran los ojos más normales que había visto por estos lados.

Ella, aunque no hablaba, consiguió un sitio vacío donde Bella podía ir. León iba a su lado, prevenido como si esperaba ella que saliera corriendo en algún momento.

Como si Isabella Patosa Swan lo pensara hacer.

–Esto es un cuarto de desinfección. Lo utilizamos para asearnos cuando la situación lo amerite –Le dijo Edward mirándola– Puedes hacer lo que tengas que hacer allí, cuando salgas Alice moverá una aplicación que desaparecerá todo por un proceso de evaporación.

Bella asintió todavía roja.

Después, él le dio otras indicaciones a la alien Peli-negra y se fue sin mirar a Bella, dejándola a la merced de la chica.

Lo bueno vino después, cuando Bella no sabía cómo decirle a Peli-negra que quería estar sola. Le tocó empujarla y sacarla. Pensó que se molestaría pero ésta solo sonrió.

Después ella la llevó a la jaula. León no volvió a aparecer y ella trató de dormir.

Y se quedó en simples intentos, porque la imaginaria voz de su padre llamándola desesperado la acosó toda esa noche.

Los días siguientes fueron completamente aburridos. Peli-negra se había vuelto en su mesera personal, y suponía que gracias a las extrañas comidas que le daban, no había tenido que pedir más favores vergonzosos.

Bella perdió la noción del tiempo, pero sabía que podía llevar más o menos una semana allí.

Uno de esos días, raspando el pseudo-vidrio de su jaula con una uña mordida –A Bella le estresaban las uñas largas- se dio cuenta que podía hacer pequeñas marcas. Como un lápiz.

Encontró un entretenimiento.

Bella no era una excelente dibujante. Era más bien una amateur, pero le gustaba, y tal vez, si el mundo no estuviese en pleno apocalipsis alien, hubiera mejorados sus técnicas.

Cuando no dormía, se ponía a raspar el material de la jaula, y dibujaba pequeñas figuras, caras, paisajes, que después de un tiempo, se borraban. Bella suponía que por el extraño material que ella pensaba era vidrio o cristal.

Cualquier cosa hacía con tal de no desmoronarse.

La Peli-negra la vio varias veces, y se quedaba algunas observando qué pintaba. Logró ver un atisbo de frustración en su cara, pero no dijo nada, al fin y al cabo no la entendería.

Tiempo después (días, semanas, no sabría decir) cuando ya se resignó a vivir en esa jaula eternamente, apareció León. Bella no sabía por qué, pero ahora lo encontraba algo atractivo. Tal vez sería porque no tenía esa mirada amargada y amenazante. Estaba más bien a la expectativa.

–Aterrizamos en poco tiempo –Dijo rápidamente. Bella se molestó, al parecer el hábito de saludar era algo que esta especie no tenía.

Ella no sabía si tenía que decir algo, así que sólo movió la cabeza asintiendo. Pero León le repitió.

–Te dije que aterrizamos pronto, ¿No escuchaste? –Esta vez lo dijo más alto, acrecentando su rabia.

–Ya lo escuché –Le dijo Bella– Nosotros decimos "Si" con la cabeza, no es mi culpa que no entiendas tú.

– ¿Qué clase de respuesta es mover la cabeza? Por eso tienen tantos problemas. Esas no son respuestas claras.

–Basta ¿Quieres? –Le contestó estresada. Y después se arrepintió al ver la cara de furia de León. Ahora el nombre le quedaba de maravilla.

–Te he perdonado muchas insolencias –Le dijo acercándose más, asustándola– Si no fueras la EP, tal vez estuvieras rogando por tu vida hace tiempo.

Ah, en ese caso si me preguntan, soy EP desde que nací, así no sepa qué jodidos significa eso.

–E-e-está bien, cálmate ¿Si? –Empezó a decir Bella cuando se dio cuenta que él la estaba sacando de la cápsula.

Él la empujó, haciendo que se cayera.

– ¡Hey!

León no dijo nada, se limitó a levantarla sin mirarla.

–Tenemos que llevarte a la pista, allí, Rosalie te hará una revisión física antes de aterrizar. Luego lo más probable es que te esposen y te lleven con nuestros mandatarios, así que contrólate si no quieres acabar achicharrada. Cero gritos, cero pataletas.

Ella asintió, pero después recordó el anterior incidente y murmuró un Si, asustada por todo lo que acababa de escuchar.

El la soltó.

–Camina –Y se adelantó sin mirarla.

Todo por no decir Sí –Pensó Bella indignada mientras lo seguía.


Edward sentía los pasos de la humana detrás de él. Eran disparejos e inconstantes. A veces se volteaba para encontrarse con que se quedaba mirando fijamente por los ventanales y desaceleraba.

Estaba impaciente. Faltaban más o menos 500 metros para llegar a La Pista, y si ella seguía así demorarían demasiado. Tenía que hacer la revisión, orden expresa de su comandante mayor cuando por fin pudieron entrar en la galaxia y comunicarse con él.

Revisen minuciosamente que no esté contaminada, los seres humanos son expertos en llevar organismos invasores en sus cuerpos. –Le dijo Marcus, con su tono aburrido y demandante.

– ¿Cuánto falta? –Escuchó que la chica preguntaba. Él se tensionó, todavía no se acostumbraba a oírla demandarle respuestas.

–Poco –contestó él con poco ánimo– Si caminaras más rápido, llegaríamos más rápido donde Rosalie.

–Ok –Dijo ella. Edward no entendió que quiso decir con eso, pero ella pegó un brinco y se colocó a su lado, asustándolo. Edward suspiró, los humanos eran extraños.

– ¿Rosalie? ¿No es muy… humano ese nombre? –Preguntó ella.

–Eh… si, pero no es su verdadero nombre. Digamos que es su equivalente a los dialectos terrícolas. En nuestro idioma su nombre te sonará muy extraño.

– ¿Cómo es?

Edward se lo dijo, un conjunto de cinco sílabas, cada una con dos vocablos. Era de los nombres más largos de su planeta.

Cuando vio que la humana se quedó callada se volteó a mirarla. Se había quedado unos pasos atrás.

– ¿Qué te pasa? –Le preguntó.

–Ehhh… Nada, nada. Sigamos –Dijo ella, corriendo delante de él.

Edward la detuvo.

–No corras, el potencial del aire aquí es muy bajo. Si corres te puedes ahogar.

Ella movió la cabeza como había hecho en la cápsula. Sí, era el significado. Cosas humanas que no le habían inculcado en su memoria.

Siguieron caminando en silencio. Sólo faltaban menos de 150 metros cuando la chica humana volvió a hablar.

–Es… interesante, digo… su idioma –ella se atravesaba con sus palabras– Es como si… cantaran.

¿Cantar? Esa palabra le llevó a Edward un montón de imágenes. Humanos que en su idioma terrestre emitían melodías, altas, bajas, agudas, graves. Se parecían en algo a su forma de hablar.

–Podía ser una manera de llamarlo –Respondió él escuetamente mientras se acercaba a una puerta y la abría con sólo su tocar la superficie. Él pasó y espero a la humana, que caminó con los ojos abiertos. Sorprendida, le dijo su cerebro.

Rio, los humanos se impresionan con cualquier cosa.

–Vamos, todavía falta parte del recorrido –Le dijo avanzando hacia la derecha.

Ella lo siguió, a la vez que le preguntaba.

– ¿Puedo saber tu nombre, en mi idioma, quiero decir?

Edward paró, ahora siendo él el sorprendido. Su nombre, como el de todos los vulturianos clase 2 sólo era conocido por sus superiores, y los subordinados a lo que a él deseara decirles.

Y esta vez no era ni lo uno ni lo otro.

– ¿Para qué quieres saberlo? –Le atacó.

Ella hizo un raro movimiento con los hombros y contestó: –No lo sé, tal vez sería bueno llamarte por un nombre y no alien, extraterreste, león…

– ¿Me llamas León? –Preguntó él, mirándola a los ojos.

Ella se quedó callada por unos segundos y dijo:

–Eso no importa, ¿Me lo dirás?

No supo por qué, tal vez esos ojos humanos, marrones, brillantes y dicientes, o sus mejillas, que tomaron un color rojo extraño, pero fascinante. Tal vez era poseedora de un gran poder, por alguna razón era que Sus Eminencias la querían. Tal vez era un arma…

Y de nuevo como hace unos días, tuvo esa sensación extraña, de que a esta pobre criatura no podía negarle nada.

–Edward –Respondió, cerrando los ojos. Luego caminó, sin saber si ella lo seguía, pensando seriamente en lo que acababa de pasar.


Había muchas cosas que le molestaban a Bella, las revisiones médicas se llevaban la mayoría de los puntos.

Y ésta la odiaba más. Una chica que aparentaba solo uno o dos años más que ella, la cual no mencionaba una sola palabra, pero que tenía tal cara de puño y tal fuerza, que con solo halarla la tenía acostada en una mesa que hacía las veces de camilla.

Rosalie, como le había dicho Edward que se llamaba, era una eminencia rubia, de ojos violetas al más puro estilo Elizabeth Taylor, pero más brillantes. Piel blanca y cuerpo de modelo. Si no fuera por su evidente molestia (Y sus manos de seis dedos), sería muy hermosa.

La alien rubia se dedicó a revisarla minuciosamente con un aparato extraño, que Bella cayó en cuenta después era un escáner. Decidió cerrar los ojos, mientras la manoseaban para no sentirse tan cohibida. Rosalie parecía ser capaz de hacerle daño si no se quedaba ahí.

La pista, que ahora pensaba, fue una errónea traducción, era como un cuarto largo con un montón de mesas. No sabía que nombre ponerle pero pista no era el ideal.

Edward, la había dejado allí apenas había entrado y se había ido sin despedirse ni siquiera de la doctora.

Como siempre le pasaba, se puso a recordar. Esta vez fue el recorrido hasta esta extraña sala. Al principio, Edward había sido igual de apático de siempre, pero luego, cuando ella quiso conversar con él alguna de sus dudas, las había resuelto sin más.

Y oírlo cantar, o más bien, hablar en su idioma, la volvió a dejar estupefacta, a pesar de haberlo oído antes.

Tal vez nunca que canse de oírlo.

Un estremecimiento la recorrió. Recordó ciertas palabras que él le había dicho. Sería entregada a sus reyes o lo que fuese. Tal vez no lo volvería a ver.

Soltó una risa. ¿Qué carajos Bella?, ese imbécil no ha hecho más que fastidiarte la existencia. Mejor si no lo ves nunca más.

Pero su lado irracional le jugó una mala pasada trayéndole imágenes de cuando le pidió que le dijera su nombre. Ella quería saberlo, tener siempre presente el nombre de su verdugo.

Sin embargo, todo se volteó cuando la miró. Esos ojos felinos la atravesaron dándole extrañas sensaciones. Y cuando mencionó su nombre, como si fuera un secreto de Estado, la hizo sentir diferente.

¡Para Bella! ¿Qué clase de estupideces estás pensando?

Abrió los ojos sorprendiendo a Rosalie, que la miró con desdén. Esta tenía una pequeña vara en la mano, la cual pasaba por el borde de su estómago. Se dio cuenta que no la había mandado a quitarse la ropa. No es que quisiera.

Cuando terminó su inspección por su torso, se volteó mientras en varias pantallas salían imágenes estilo radiografías pero con mucha más resolución.

Algo impresionante, era como si se hubieran metido en su cuerpo en menos en diez minutos.

Bella se sentó, y se quedó así ya que Rosalie ni la determinó. Después vio como Edward entraba por una pared asustándola, como siempre pasaba cuando hacía eso.

Él la ignoró, hablando con Rosalie. Bella se quedó contemplando el espectáculo, escuchando como la rubia era más amable con él, y hasta vio rastros de sumisión en su voz.

Luego él se volteó, por fin viéndola a ella.

–Parece que eres una humana sana –Le dijo él con tono precavido– a excepción de algunos rapones y un hueso que había estado roto, de todas maneras no tienes nada relevante que sea peligroso.

Bella sólo movió la cabeza. Y cuando se acordó de decir Si ya Edward hablaba de nuevo:

–Nos vamos, necesitas cambiarte la ropa andrajosa que traes. Y recuerda: serenidad. ¿Entendido?

–Si –Fue todo lo que ella pudo decir. Esos ojos tenían poder sobre ella.


Edward la dejó encerrada en un cuarto parecido a donde había estado prisionera, con unas ropas idénticas a las que usaba todo el mundo allí: Camisa de mangas ajustada, unos pantalones de tela gruesa, zapatos planos y guantes. En su caso eran todos blancos.

Edward vestía de negro todo el tiempo, y a algunos de los aliens que había visto usaban colores claros, como rosas, azules y un opaco amarillo. Ninguno blanco.

Mientras se cambiaba se preguntó si eso era importante, pero lo dejó pasar.

Esperó lo que sintió fueron cinco minutos después que se cambió. Agarró su vieja ropa ya doblada haciéndola un rollito debajo de su brazo.

La pared se abrió, el alien entró escrutándola con la mirada. Bella se sonrojó sin poder evitarlo.

– ¿Qué llevas allí? –Le preguntó Edward señalando el bulto que cargaba.

–Es mi ropa –Le respondió Bella, y cuando vio que él iba a reclamar acotó– Ni creas que la voy a dejar. Es Mía, y es lo único que no pudiste quitarme cuando me raptaste.

Edward la miró sorprendido. Pero no le dijo nada. Ella se estremeció, aunque se tranquilizó. Había notado que era fiel a sus superiores, y la querían a ella viva.

Él no la tocaría, no mientras sus reyes la quisieran.

Cuando vino a darse cuenta, Edward la estaba llevando del brazo fuera de la habitación. No le había quitado su ropa, no la miró ni le dijo nada más.

Llegaron a lo que parecía una cabina. Allí había 10 personas. 10 aliens para ser más exactos, la mitad la miraba a ella, sintiéndose intimidada. La otra mitad estaban en puestos de control. Estaban pilotando la nave, concluyó Bella.

Edward cantó,asustándola. No, no cantaba, hablaba, pero nadie respondía, sin embargo, todos reaccionaban a su voz. Estaba dando órdenes.

Un tiempo después, cuando ya estaba cansada de estar de pie allí sin hacer nada, Edward le susurró en inglés.

–Ya llegamos, en poco tiempo conocerás a Vulturi.


¡Buenas noches!

Primero, disculparme por la demora, estuve sin pc estas semanas, y cuando prestaba era para adelantar trabajos de la universidad. Pero ya tengo y trataré de no perder el ritmo :)

Espero les guste el cap. Se acabaron los días de viaje y están ocurriendo cosas interesantes :D

Gracias por sus alertas y favs. Me gustaría que dejaran también sus rr para saber que tal les parece el fic :)

¡Nos vemos!

MJ