Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.

Historia Original y Registrada.


Despertar encerrada se le estaba volviendo una costumbre.

Esta vez, Bella estaba se encontraba en una cápsula transparente, tirada cual costal. Cuando abrió sus ojos, se dio cuenta que estaba en el aire.

Asustada, se sentó, y empezó a tocar la cápsula. Ésta estaba flotando, unos cuantos centímetros, pero lo suficiente como para asustarla.

Asombrándose más, vio que afuera había un gran salón, como los que mostraban en las películas de época. De piso ajedrezado y rodeado de imponentes columnas.

¿En qué momento había pasado de habitaciones futuristas a palacios del medioevo?

Empezó a detallar más, pero sin levantarse. Sus piernas eran como gelatina. Al parecer tanto choque electromagnético estaba comenzado a afectarla.

Vio personas, o mejor dicho, aliens. Un grupo como de diez a quince. Estaban parados en línea recta justo en frente de ella, y miraban al frente. Eran como estatuas.

Bella se empezó a preguntar si no lo eran.

Un movimiento a su lado izquierdo le llamó la atención.

Una cápsula como en la que ella estaba apareció, y dentro de ella, estaba quien menos ella esperaba.

– ¿Edward? –Se preguntó asombrada, preguntándose porqué parecía un rehén, tal como ella.

Una voz sonó en el lugar, captando la atención de Bella. No sabía quién era pero uno de los aliens había hablado. Decidió mirar al frente y prestar más atención. El tono de voz la intimidó hasta los huesos.

Pronto se dio cuenta quien era. Un hombre de cabello largo y blanco ubicado en el centro de la formación.

Los demás miembros empezaron a hablar a la par del otro.

No sabía que comentaban, pero estaba claro que todo era sobre ella, por cómo la miraban. Y seguramente sobre Edward, el cual se encontraba de pie en su cápsula. Con mirada al frente y la misma pose de estatua que los de afuera.

¿Qué mierda pasa?


Edward estaba molesto.

Todo empezó cuando se dio cuenta que iba a ir a un juicio, algo que no ocurría quien sabe cuántas Eras, cuando cometer errores era parte del diario vivir.

Él no había cometido un error, no merecía un juicio.

Luego, cuando llegó al palacio, vio a los 12 miembros de la Corte Mundial. Edward los conocía, aspiraba a ser parte de ellos algún día. Pero ahora eso parecía un sueño truncado. El hecho de que estuvieran reunidos todos en un mismo lugar, daba mucho que decir sobre la gravedad de la situación, la cual él no veía.

Aunque el haya traído una humana a Vulturi, no entendía el riesgo. Matarla era la solución y punto. No es como que ella pueda volver a su planeta de todos modos.

Por último, que esa irritante humana estuviera aquí, en la misma altura y posición que él, lo hacía querer romper una pared. Era la peor humillación que había recibido.

Sin embargo, no podía hacer nada, sino obedecer. Creía ciegamente en la justicia de la Corte.

Aro empezó hablando sobre lo que había encontrado en la mente de Edward, nada que él no supiera ya. Luego, escuchó como Cayo, el Supremo Militar ordenó la ejecución de todas las personas que habían tenido que ver con el diseño e implementación de su Chip de memoria.

Se lo merecían –Pensó Edward.

Marco, el Supremo Juez, comentó cómo había ordenado investigar la información que se disponía para las misiones terrícolas. Cualquier error que encontraran tendría consecuencias.

Edward rió pensando sombríamente –Rodarán muchas cabezas.

Luego siguieron los subordinados de los Supremos, hablando sobre los alcances de lo que se había hecho por este caso. 9 voces más, hablando sobre tecnicismos.

Por la cabeza de Edward todavía rondaba la inquietud de porqué se molestaron tanto. Si, fue un error, algo que no se veía hace tiempo, pero había sido por una insignificante humana sin ningún poder. Ni siquiera le preguntaron si cumplió con los demás deberes de su misión.

Mientras hablaban, miró a la jaula de la humana. Ella estaba incómodamente sentada en el piso, su cara demacrada y ojos aguados.

Edward recordó cuando la encontró llorando. Al parecer lo había hecho otra vez. Pero no quiso seguir fijándose en ella. Era una molestia hacerlo, así que se dispuso a seguir escuchando.

Cuando terminaron, Edward sabía lo que venía: El veredicto.

Aro se acercó muy solemnemente a su jaula. Edward todavía conservaba la compostura recta que el Jefe se merecía, mirándolo fijamente a los ojos y boca en una línea.

–Tenemos el veredicto, Edward.

El siguió mirando sin decir nada. Pero en un momento rápido, Aro se colocó al frente de la humana, asustándola en el proceso haciendo que pegara un gritito.

Edward sonrió: –Humana estúpida.

– Tenemos el veredicto. –Aro dijo en idioma terrestre, sonriendo al ver la cara de la humana.

Edward pudo captar cómo la humana murmuraba un Quiero Volver, que supo Aro ignoró. El no escucha a nadie a menos que le ordene que hable.

Ojalá hubiera tenido esa facultad cuando la parlanchina e insolente humana estuvo en su poder.

Aro dio unos pasos más al centro. Con voz solemne y sin rodeos, dijo, en idioma humano.

–No habrá ejecución, ambas creaturas son inocentes.

Dos suspiros se escucharon en la estancia a medida que repetía en idioma vulturiano.

–Sin embargo, habrán condiciones –Habló otra vez en inglés– Te las haré llegar a una luna Edward.

Éste sólo lo miró, dando su aprobación.

–Mientras tanto, tu –Dijo acercándose a la humana– permanecerás encerrada, hasta que decidamos qué hacer contigo.

Aro volvía a su formación cuando un grito retumbó.

– ¡Háganme volver! ¡Pueden hacerlo ¿Cierto?! Prometo no decir nada, esto nunca existió para mí, lo juro, sólo...

Los Supremos la miraron. Sus ojos mostraban sorpresa e indignación. La chica se había atrevido a hablarles, y peor, a gritarles y darles exigencias.

Todos se quedaron quietos y silenciosos, excepto Cayo, y sus pasos retumbando por todo el recinto. Se estaba acercando a la fémina, con su arma, una pistola ponzoñosa y una de las pocas armas totalmente mortales a contacto de Vulturi, dispuesto a acabar con la insolencia.

Sabían claramente que él no hablaba, sólo actuaba. Y estaba dispuesto a matar.

Edward vio con la humana se encogía en su jaula. Percibía el miedo al menos.

Sin embargo, él también se asustó cuando ella lo miró con ojos suplicantes.

Algo recorrió a Edward ante el reconocimiento de lo le que iba a pasar, y nuevamente como hace días atrás, embelesado por esas orbes marrones, hizo algo que nunca había hecho.

– ¡Cayo!

El susodicho se detuvo, mirando ahora a Edward con furia contenida.

–Quiero decir… Supremo Militar –Continuó– Creo que cometerá un grave error. La humana… ella no conoce nada de nuestra forma de ser, actúa sin pesar y…

– ¿Y qué? ¿Quieres morir en lugar de ella? Porque por este acto tuyo pareces dispuesto.

Edward rio internamente. Qué estúpido era eso.

–No, pero… No debe matarla, ella, es una ignorante, creo que deben dejarla viva, pueden estudiarla, conocer más sobre el planeta… tal vez con base a ella puedan destruir la totalidad de los errores.

Los demás miembros de la Corte parecían interesados ahora. Aro, se acercó a su colega y habló sabiamente.

–Al parecer, el joven tiene razón. Dijimos que íbamos a estudiar qué hacer con ella. Acabarla con un impulso puede no ser saludable.

Cayo manifestó su acuerdo alejándose y colocándose en formación otra vez.

Edward se quedó callado. No quería tentar a la suerte esta vez.

Aro lo miró.

–Pediré que te liberen. Después te comunicaré qué va a pasar con la terrícola.

Edward no lo creía necesario. No quería tener nada que ver con ella. Simplemente quería ser reasignado en una nueva misión, estar con su escuadrón, pero recuperar todo el dormir que ha perdido primero.

Sin embargo, siguió mirando a Aro. Que hicieran lo que quisieran y luego le avisaran. A él no podía importarle menos.

Pero una voz en su conciencia lo traicionó mientras era liberado y salía por la puerta de la sala de junta.

Si no te importa, ¿Por qué no dejaste que Cayo la matara?

Edward no sabía la respuesta y eso le frustraba. Esa mujer tenía un Don, esos ojos lo hacían hacer cosas que no querían. Iban dos veces que le pasaba eso.

Esperaba no volvérsela a encontrar nunca más, prendarse por tercera vez de sus pupilas sería humillante. Y no sabía si se contendría de hacer algo más estúpido que lo de hoy.

¿Cómo morir por ella? ¡Ja!


Espero que el cap sea de su agrado, seguimos avanzando.

Gracias a the princess of the winds por sus review caps pasados :).

Nos vemos

MJ