Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.
Historia Original y Registrada.
Edward había vuelto a su casa. Sin embargo, por órdenes de sus superiores le habían negado salir hasta que se tomara una decisión. Así que tenía que adelantar sus investigaciones encerrado en sus cuatro paredes.
Moría por saber de su equipo. Sabía que no les había pasado nada pero necesitaba conocer su estado, y si habían comenzado a trabajar con sus deberes. Tenían que reportar todo en menos de cincuenta Lunas.
Sin embargo, apenas Edward revisó que todos sus artefactos de trabajo estuvieran, se fue a su cama y se durmió. Descanso que duró tres Lunas, las mismas que había durado sin dormir.
Otra vez amordazada, ya se le estaba haciendo costumbre.
Bella no entendía por qué siempre tenía que estar amarrada como si fuera un animal, con vendas en sus ojos, sus manos y en su boca. Estaba en un planeta desconocido, sin armas y sin nada para defenderse, era ilógico lo que hacían.
Unos pasos se posaron cerca de ella, y la hicieron caminar todavía amarrada. Su paso era lento, temía caerse.
Pronto sintió como la tumbaban en una silla de manera brusca.
¡Auch! Eso dolió cretinos.
La venda de los ojos fue quitada, haciendo que la luz que iluminaba el lugar donde se encontraba cegara sus ojos.
Trató de focalizar al frente, encontrándose con tres caras que la espantaron.
A unos metros de distancia y una larga mesa como barrera, tres seres la miraban. Eran el alien de pelo largo, junto con otro que recordaba vagamente y a su lado el que estuvo a punto de matarla de no ser por el canto de Edward.
Edward… ¿Dónde andará ese imbécil que me salvó la vida?
Bella se sentía un poco desagradecida con él. A pesar de que por su culpa esté aquí y para colmo en problemas, la defendió de una muerte que ella vio inminente en los ojos de su potencial verdugo.
Ojos que todavía la miraban con ganas de matarla.
Bella se encogió y miró a su regazo. Esos tres la intimidaban.
– ¿EP? –Dijo en inglés el Peli-Largo con una risa, asustándola, pero no levantó la cabeza– Definitivamente ese error es una vergüenza. Ni si nacieras de nuevo serías como ella.
Una voz que no reconocía habló: –Es que, tan joven y tan… torpe. EP sentiría asco por ella.
Ok, insultemos a la pobre y simplona humana, debe ser divertido. –Pensó Bella con sarcasmo.
–Levanta la cabeza niña –Dijo una voz gruesa, que le dio escalofrío de la cabeza a los pies– Míranos a los ojos, ¿Qué no aprendiste la lección? A nosotros nos respetas y obedeces, criatura insolente.
Bella levantó la cabeza, con temor a que se la cortara si no lo hacía, pero no dijo nada. Su lengua la podría meter en problemas.
–Eso está bien ¿Ves? Es fácil obedecer. Parte de su fracaso, humanos, es esa incapacidad de hacer las cosas bien. Aman la trampa, la indisciplina, la traición…
Contrólate Bella, ignora a esa voz estúpida y mira a sus caras.
No sabía cuánto aguantaría mirando a los aliens. Para ser sincera, Bella admitía que parecían más humanos que los otros que había visto: Medianamente altos y con pupilas en sus ojos, largos cabellos lisos y orejas. Su piel traslúcida era lo extraño, juraba que brillaba.
–No te atrevas a bajar la vista– Dijo el que Bella reconocía poco. Ella obedeció como si estuviera en un concurso de pestañear y tuviera que ganar o le cortarían la cabeza.
Que tan pintoresco sonaba eso.
–Eso es chica… –Habló ahora el de cabello blanco y largo, parecía ser el líder– verás, esto será breve: No volverás a la Tierra.
Bella contuvo las ganas de gritar, pero no pudo impedir que lágrimas salieran de sus ojos y que su labio temblara.
–En cambio –Dijo el que no era su verdugo– Te quedarás aquí, y te usaremos para unas cuantas pruebas.
Gracias por la sinceridad… me ha hecho sentir mejor.
–La primera prueba empezará ahora… –Dijo el líder, quien se acercó a su espalda sin que ella no notara, asustándola en el proceso– Vamos a seguir durmiendo, pequeña humana.
Y esta vez, sin armas, y con un solo toque de los huesudos dedos del alien, Bella se desmayó por enésima vez.
Edward escuchó la alarma sonar incesantemente. Se levantó un tanto aturdido revisando su contador de sueño. 9 de 10 partes de su cuerpo ya estaban recuperadas, pero ese 1 de 10 que faltaba se sentía demasiado.
Apagó la alarma, leyendo en seguida un mensaje por parte del Consejo:
"Estate despierto, pronto llevaremos noticias"
Él sabía lo que daba a conocer esas palabras: Iban a molestar su existencia para decirle que habían hecho con la pequeña humana. Y eso le daba mucha ira: Interrumpir su sueño para recibir noticias de alguien que no le interesaba era chocante.
Se vistió con un uniforme negro, como si fuera a una misión, no recibiría a los miembros de la corte con el andrajoso gris cotidiano. Se tomó dos pastillas de proteína y mientras esperaba, revisó toda la documentación que había recuperado después del incidente. La Corte se las había decomisado.
Sabía que su misión era de suma importancia y urgencia, se lo habían dicho cuando fue asignado, así que pronto le pedirían resultados. Tendría que ponerse a trabajar ya.
Primero tendría que enviar un mensaje a su tropa. No había sabido de ella desde que despegaron.
Fue a su cuarto de trabajo, y abrió su consola de comunicación. Una pantalla holográfica apareció. Habló mientras la máquina escribía:
"Junta mañana, 6 timos después del último paso lunar"
Así, breve y conciso, como todos ellos. Lo entenderían y estarían obedientemente mañana.
Pero sabía que siempre había una excepción.
"Llama Alice" Salió en la pantalla.
Suspiró mientras aceptaba la llamada.
La cara de Alice apareció. A veces se preguntaba por qué no podía atraerle como él y todo el mundo esperaba. Ella era hermosa, con sus cabellos suaves y puntiagudos, sus grandes ojos y una sonrisa siempre en la cara. Tenía ideas muy buenas y un gran espíritu. Su único problema era su incapacidad de obedecer y su curiosidad, defectos de nacimiento.
Y eso la hacía más única y adorable.
Cuando ella manifestó que lo quería dándole su primer beso, Edward esperó sentir lo mismo. Sin embargo, un vacío lo llenó, asustándolos a los dos.
Su raza era totalmente monógama, y la atracción siempre era recíproca.
No quiso engañarla, pero acordó no decirle nada a nadie más, y hacer el intento de enamorarse de ella. Y el primer paso fue hacer pública su pseudo-relación.
Hasta ahora no había podido enamorarse, pero Alice se esperanzaba sin presionar, y estaba bien con ello.
–Dime que no te ejecutarán en un futuro cercano por favor –Alice habló asustada. Edward rio por la exageración.
–No, salí limpio, como era de esperarse.
Alice suspiró aliviada.
–Tenías que haberme hecho caso cuando te dije que no era EP –Le dijo la fémina a manera de regaño.
– ¿Cómo iba a desconfiar de mi mente? Su cara estaba ahí, los errores no son comunes en nuestro mundo Alice.
–Lo sé, pero-
–Basta, agradece que no te he castigado. Lo mereces por colarte en lugares donde no tienes que estar –Le dijo Edward autoritario.
–Está bien –Respondió Alice un poco dócil– Pero sé que nunca me castigarás –Dijo sonriente.
– ¿Por qué estás tan segura? –Preguntó Edward intrigado.
–Porque en el fondo me amas y no quieres hacerme daño –Finalizó Alice moviéndose a medida que hablaba. De verdad era muy hiperactiva.
Edward suspiró, no le gustaba tratar este tema con Alice. Todavía no se sentía cómodo.
–Tal vez me replanteé castigarte –Dijo Edward bromeando.
–Mmm… si obtendré un beso por eso, tal vez lo acepte.
El alien quedó mudo, pero sonrió, Alice y sus ocurrencias.
Una llamada a su puerta lo alertó. Habían llegado.
–Me tengo que ir Alice, encárgate de que toda la tropa esté lista. Quedas asignada –Dijo Edward seriamente.
–Entendido –Contestó Alice, ahora en modo subordinada, cortando la comunicación.
Edward caminó hasta su puerta rápidamente, quería poder acabar con todo este lío ya.
Sorpresa cuando abrió la puerta y encontró al Jefe Supremo sonriente, con dos jefes clase 2 y un contenedor de más o menos su altura.
Cuando vio lo que había en el contenedor, supo que sus problemas apenas empezaban.
–Son pocas veces que puedo ver a alguien sorprendido, y debo decir que me gusta el espectáculo –Dijo Aro mostrando sus dientes en una gran sonrisa.
Edward no dijo nada, ni si se lo permitían hubiera podido. La escena lo tenía mudo.
Los dos jefes clase 2 colocaron el contenedor en el medio de su habitación. Mientras Aro manipulaba una tableta.
–Puedes hablar Edward –Lo autorizó el Jefe.
– ¿Qué… Qué está pasando? –Tartamudeó el susodicho con terror. Su mente inteligente maquinaba muchas posibilidades de lo que estaba pasando, y ninguna le gustaba.
–Es algo obvio, pero al parecer la estupefacción te nubla la mente… Recuérdenme estudiar sobre esto muchachos –Les dijo a los otros sujetos de la habitación. Luego volvió a mirar a Edward– Queremos que te encargues de ella. La vamos a estudiar, pero no podemos andar de cuidanderos de esta niña, y no es justo para nuestras Madres que ellas asuman esa responsabilidad, así que, te toca a ti. ¿Tienes algo que decir? Hazlo.
– ¿Por qué yo? –Se quejó Edward– Pensé que había quedado eximido de todo. Esto no es culpa mía. No es justo para mí.
–Eres el único ser involucrado vivo. Ya que tú sólo cumpliste con tu deber, no tenía sentido matarte. Sin embargo, eres el único que puede hacerse responsable.
Edward no dijo nada más. Aro no lo autorizó a hacerlo, por lo que estaba dando por terminado el tema.
Tenía la mandíbula apretada y sus nudillos se presionaban en sus palmas. Estaba enojado, frustrado, y muchas otras emociones lo llenaban. Trató de tranquilizarse o si no se imaginaba explotando.
–Las instrucciones te han sido mandadas. Estuvimos experimentando con ella y por el momento no despertará. Estadísticamente lo hará después de tres lunas, sin embargo, estate muy pendiente de ella. Podrás seguir con tus deberes con respecto a tu anterior misión, en la cual tienes cincuenta lunas para entregar los resultados –Finalizó Aro. Luego miró a los dos jefes que habían venido con él mientras salía. Ellos salieron tras él para luego Edward cerrar la puerta, mientras pegaba un puño en la pared.
Esto no podía estar pasando, tenía muchas cosas en mente, muchos planes a futuro y ninguno de ellos involucraba cuidar a una insípida humana.
Se dio la vuelta, mirando la razón de sus desdichas.
La cápsula estaba completamente sellada por una pared transparente de un material desconocido para Edward. La humana flotaba dentro de ella en un líquido azul, vestida con un traje expandible y una máscara de oxígeno. Sus ojos estaban cerrados, dando a entender que dormía.
La miraba fijamente, imaginando que se desarrollaba un Don dentro de él que permitía matar a alguien con sólo pensarlo.
Imposible, pero se valía imaginar.
Ahora de verdad se arrepentía haberse dejado embelesar por ella. Sus ojos fueron su completa perdición. Si Cayo la hubiese matado, no estaría encadenado a ella. Su vida seguiría como siempre ha sido.
Esa niña tenía un Poder, ya no podía negar aquello
Edward se debatía si reportar su hipótesis a sus superiores, ¿Le creerían? ¿Lo tomarían como un cobarde? ¿O lo tomarían a él como parte del experimento?
Conocía muy bien a los Vulturis clase 1. Dotados de grandes poderes, y de ansias de investigación. Cualquier cosa desconocida los frustraba por lo que siempre estaban investigando.
Decidió que mejor no. Además, merecían ignorar el poder de la humana por ahora. Por tenerlo en una misión completamente injusta.
Nunca pensó que maldeciría a sus líderes, pero ganas no le estaba faltando.
Dejó de mirarla. Caminó hasta la cápsula, encontrado a uno de los costados una pantalla. Pasó su mano encima de ella, encendiéndose automáticamente. Instrucciones sobre la humana empezaron a aparecer.
Va a ser cómo cuidar a un niño, o cómo armar una máquina –pensó.
Leyó detenidamente todas y cada una, parando las que consideraba más importantes:
"Son sensibles a los cambios, por lo que andará inquieta. Ten el control y házselo saber"
Esta me gusta –Edward pensó sonriendo.
"Puede alimentarse con nuestras proteínas y vitaminas. No darle en dosis líquidas, la adormecen demasiado y puede provocar fallas en su organismo, preferible pastillas"
Darle líquidos, está bien –No quería mantenerla sana, y no lo negaría.
"Cuando esté despierta nunca dejarla sola. Puede escapar de la cápsula o hacer el intento. O suicidarse"
Edward alzó una ceja contrariado. Se estaban preocupando mucho por mantenerla viva.
Leyó la última condición, paralizándolo:
"Ni se te ocurra matarla. Fue tu idea mantenerla viva y lo hemos considerado como una buena sugerencia. No te arrepientas de lo que dijiste en El Tribunal, de lo contrario pagarás con muerte"
Pegó un puño en el duro material de la cápsula.
–Maldita sea. Todos, todos ¡todos! En especial tú, chiquilla humana insignificante. Te odio ¡Te odio!
Luego se apartó, corriendo hacia su sala de operaciones. Necesitaba distraerse. Se dedicaría a su verdadera misión lo que quedaba de tiempo antes de que la humana despertase a oficialmente dañar su vida.
Unos ruidos lo despertaron de su sueño. Venían de su cuarto principal, más precisamente de la cápsula que se encontraba allí.
Que no haya despertado por favor. Esto no puede ponerse peor.
Edward revisó su contador. Su cuerpo sólo estaba recuperado un poco más de la mitad, y todavía faltaban unos cuantos timos para que las Lunas pasaran. Trató de ignorar el incesante tap tap tap que venía del contenedor. Pero en vez de aplacarse sentía que se hacía más fuerte.
Basta, basta, ¡basta!
Se paró de su cama y caminó en medio de la oscuridad, meditando qué hacer…
Su mente no pensó mucho, pasó delante de la cápsula, mirando a su habitante y comprobando efectivamente que ella estaba despierta, lista para fastidiarle la existencia como nadie.
Sonrió al ver que se callaba. No vio si se dio cuenta quien era, ni si iba a decirle algo, caminó hasta su cuartel de operaciones y cerró la puerta de la única habitación aislada del recinto.
Se acomodó encima de una de sus mesas cerrando los ojos mientras activaba su contador. Total no era la primera vez que dormía en una superficie dura. En su especie mientras son crías lo hacen para forjarles el carácter.
Si la irritante humana seguía haciendo ruido no lo supo. Se durmió inmediatamente, cayendo rendido.
Jodido respirador, ¡Quiero gritar!
Bella le pegaba al vidrio con todas sus fuerzas esperando que se rompiera. Se sentía como esas ranas de los laboratorios de biología, toda encapsulada en un líquido extraño.
Había esperado despertar en cualquier sitio, bajo tierra inclusive, no en un frasco tamaño natural completamente hermético. Por lo menos se consolaba en que le habían puesto un respirador, y que estaba vestida.
Dejó de pegarle a las paredes de la cápsula cuando sus manos no dieron para más. Estaba pensando en una manera de llamar la atención. Había visto a alguien pasar delante de ella, ignorándola completamente mientras desaparecía en otra habitación el o la muy imbécil.
Estaba casi segura de que era un él. Alto y fornido. Pudo sentir como en donde estaba su cara el susodicho sonreía, pero antes de ver más, se largó. Y ahora Bella pensaba una manera de llamar su atención.
Empezó a dar vueltas en su cápsula mientras trataba de sentarse, pero no pudo. El líquido en el que estaba era como gelatina y cuando trataba de hundirse, la llevaba hacia arriba. Entonces empezó a ver si había una perilla, un botón, o algo con qué abrir la cápsula, pero no encontró. Bella se estaba preguntando cómo la habían metido allí.
Tanto por lo que he pasado como para morir de aburrimiento. Qué digno de mí.
Bella no supo qué hacer sino pensar. Ya no lloraría, no por ahora. Algo en su corazón le decía que Charlie estaba bien, y se agarraba a eso. Quería recobrar la cordura otra vez. Tenía que irse, escapar, y no podía hacerlo si se volvía loca.
Lo primero que haría sería ver con quienes estaba, quienes eran sus carceleros. Tenía que encontrar un aliado, alguien que estuviera dispuesto a torcerse por ella.
Luego, tendría que encontrar una nave y huir.
Bella se echó a reír de lo fácil que sonaba, sabía que no podía ser así de sencillo. Estos seres le parecían demasiado cuadrados, aparte no conocía su idioma, y no era que contara con mucha gracia para tratar de seducir a alguien.
¡Para Bella! ¿Qué mierdas estás pensando? –Pensó riéndose como desquiciada por el respirador.
Se vale soñar…
Y eso hizo hasta que escuchó ruidos cerca… Y empezó a pegarle al vidrio, cabe decir que lo hizo como si de verdad fuera una desquiciada.
Edward no había abierto la puerta cuando escuchó cómo la humana volvía a desquitarse con las paredes de su cápsula. Se tocó la cabeza con impaciencia. Sentía que le iba a explotar.
Aunque estaba completamente recuperado, que ya empezaba a cansarse con sólo escuchar sus golpes.
Cuando salió, la vio de perfil. No se había volteado sino que daba de frente, cómo si no supiera ubicar en dónde estaba. Prendió el sistema de iluminación con su control de muñeca, sabía que eso la ubicaría. Quería que lo viera, que viera lo enojado que estaba con ella.
Y efectivamente lo hizo. Pero su reacción lo sorprendió.
Estaba sonriendo.
Edward se confundió, ella no podía estar sonriendo, y menos por él.
Y se enredó aún más cuando ella dejó de pegarle al vidrio y empezó a mover sus manos hacia donde él estaba, mientras le hacía señas que no entendía.
Edward se acercó, tratando de no mirar sus ojos. Ahora que sabía su poder lo evitaría. La humana no quitaba la sonrisa de su cara, mientras seguía haciendo gestos y veía cómo movía su boca por el respirador.
Duró, pero captó lo que la humana pensaba. Y empezó a reír.
Ella sencillamente NO podía pensar que la había salvado o algo así. Pero todo apuntaba a eso. Lo veía con alivio, cómo si él fuera la conclusión de un final feliz.
No sabía cómo se equivocaba.
Edward dejó de reír, dándole una mirada llena de odio y rencor, asustándola.
–Eso, no pienses cosas que no son, estúpida. Yo no soy tu héroe, ni tu salvador. Soy tu verdugo y voy a hacer tu vida imposible. –Edward habló en inglés, dejándole claro quien mandaba.
Después se fue a arreglarse, dejándola sola mientras volvía a golpear la pared de su cárcel.
Cuando estaba listo, salió echándole un vistazo a la cápsula. La chica se había callado, y eso le había parecido muy raro. Se dijo que sólo miraría, y luego se iría al cuartel. A pesar de que le habían dicho que no podía dejarla sola, no podía descuidar todo el informe y material que tenía por hacer. Había rescatado muchas cosas de la Tierra, tenía que ponerse en marcha.
Cuando la miró, volvió a sentirse confundido. Su prisionera estaba aparentemente tranquila, pero la mano en su respirador temblaba. Miró esa mano tratando de averiguar qué hacía allí.
Decidió que tenía que mirar sus ojos cafés. Había descubierto que aparte de su poder, ellos expresaban muchas cosas que pasaban por su cabeza, como si fueran las puertas de su mente. Y efectivamente se dio cuenta lo que pretendía hacer.
– ¡No! –Gritó en su idioma materno, acercándose a la cápsula y pegándole. Pero ya era tarde.
Se había quitado su respirador. Y se estaba ahogando.
Recordó la premisa: Tenía que estar siempre pendiente de ella, porque podía intentar suicidarse.
Corrió cómo un bólido a su cuarto de armas. No sabía de qué estaba hecho esa caja transparente pero sabía que tenía un arma que era lo suficientemente destructiva. Sólo tenía que activarla antes que la chica muriera.
Podía hacerlo. Era de los mejores.
Demoró más de lo que pensó, pero todavía escuchaba la respiración entrecortada de la humana indicando que aún estaba viva.
Ni siquiera salió de la habitación. Sólo tiró un disparó largo. Un haz de luz amarilla atravesó su ala central hasta la cápsula, partiéndola en pedazos.
Vio como la humana salía disparada hacia delante, todavía respirando entrecortadamente.
A Edward no le importó que ella apenas se recuperara, ni que estuviera toda sucia de líquido azul, ni golpeada por la caída. Llegó agarrándola por sus hombros y levantándola. Sus ojos furiosos fijos en los rojos y llorosos de ella.
– ¿Quieres morir? ¿Eh? Pues mala suerte. ¡No puedes ahora! –Le gritó– escucha, criatura insolente, YO soy Tú Jefe, me harás caso en todo lo que diga, sino, te torturarán, y no seré yo. Hay alguien que se moriría por hacerlo.
Edward vio reconocimiento en su cara. La estaba engañando, pero no le importaba. Sabía que pensaba en Cayo.
–Me alegra que recuerdes al Supremo, así que, pórtate bien, y no habrá problemas –Sin más la soltó, haciendo que cayera de nuevo al piso, con cara de dolor.
–Entra al cuarto de la derecha, es una habitación de desinfección.
– ¿Qué tengo que—
– ¡Sólo entra humana! Yo configuro todo –Zanjó Edward mientras iba a la pantalla que estaba a una esquina del cuarto y se abría una puerta.
Algo se movió dentro de Bella, había aguantado muchas humillaciones por hoy. No lo entendía, no entendía su rabia.
–Isabella –Dijo mientras se levantaba no sin un poco de esfuerzo – ¡Mi nombre es Isabella!, no humana, ni creatura, ni ningún adjetivo ofensivo que tengas en la lengua.
Pudo ver la cara de asombro de Edward. Bella sonrió, que sepa que no tiene todo el control. Había aguantado mucho como para que viniera cualquiera a pordebajearla. Así la haya salvado una vez.
Caminó lo más rápido que pudo, y entró en la puerta del baño (Porque así los llamaría) y luego tocó la pared como había visto hacer a Edward, haciendo que cerrara.
Adentro se deslizó por una de las paredes, mientras salían lágrimas. Había sido muy estúpida.
Cuando vio la cara de Edward, su mente se iluminó. Una cara conocida, y de la persona que la mantuvo viva le daba esperanzas de salir. Pero nunca esperó que el muy desgraciado le diera una mirada de rabia, cómo si hubiera matado a su familia o algo así.
¿Qué mierda le pasada? –Pensó en esos momentos.
Lo admitió, lo de quitarse el respirador fue un riesgo demasiado grande. Podía haber muerto, pero en su interior sabía que sí aún estaba viva, era porque no la matarían ni dejarían que lo hiciera. Y no se equivocó.
No supo cómo ni cuándo salió, pero de un momento a otro estuvo en el suelo. Había caído de frente, impulsada por el líquido del contenedor, golpeándose la cara, su lado derecho y uno de sus pechos. Tendría que revisarse.
Y eso empezó a hacer mientras dejaba de llorar. El traje le picaba, era pegado a su cuerpo, que había dejado de ser el flacucho que había tenido en la tierra y ahora tenía cierta figura. Jodidos alimentos alienígenas. Eran casi que benditos, aunque la dejaran tan soñolienta como si se hubiera drogado.
Logró encontrar un botón en la parte de atrás de su espalda y empezó a quitárselo, dándose cuenta que no tenía ropa interior.
Ni pienses en eso Bella. –Se dijo.
Los moretones estaban del lado derecho de su brazo, aparte le dolía. No sabría si se había fracturado algo y eso no la tranquilizaba.
Su lado derecho también le dolía, desde las piernas, y parte de su cara. Mataría por un espejo.
Se tocó los hombros, esos por donde Edward la había tomado gritándole como un lunático. Pudo ver cómo su piel se ponía morada consecuencia de su acto: La insultó, la amenazó, la humilló, la lastimó… De verdad se preguntó si no estaba loco. Tenía que preguntarle cuál era su problema. Sino entonces ¿Por qué la había salvado? ¿Por qué estaba con él?
De pronto vio como agua caía de su cabeza, como la lluvia. Sonrió, mucho tiempo sin tener esa sensación. Se levantó quedando completamente desnuda dejando que su cuerpo se mojara. Se sentía asquerosa, no sólo por el líquido azul, también porque tenía rato sin sentirse limpia.
Sabía que mientras la desmayaron, la habían bañado, pero no sabía ni cómo ni con qué. Además, que la habían tocado seres extraños. Se Estremeció.
¡Pensamientos Fuera!
Dejó de dar vueltas en su cabeza. Efectivamente le dolía el cuerpo, pero el agua la relajaba.
Se quedó un tiempo ahí hasta que el agua dejó de caer y unas pastillas bajaron a sus manos. Miró al techo con el ceño fruncido, preguntándose cómo funcionaban las cosas allí, ¿Todo cae y ya? Miró las patillas fijamente y se dijo que era como el jabón.
Apenas las puso en su piel, ellas actuaron solas, cubriéndola con una capa cremosa de la cabeza a los pies. Sintió como empezaba a desaparecer cualquier rastro de la cosa azul en su piel a medida que se sentía más limpia.
Luego volvió a caer agua otra vez. Y entendió que se estaba enjuagando. Rogaba por algo para el cabello, pero al parecer no Edward incluiría nada de eso en su baño de hoy.
La lluvia paró en el momento junto en que el último rastro de mugre y jabón salió. Y una ropa apareció por una pared. Un conjunto de camisa, bóxer y pantalón gris.
Debe ser ropa de Edward –Pensó mientras se acercó y olió la camisa, y después se arrepintió. Olían como su carcelero, y empezó a imaginar cosas que no tenía, como por ejemplo el hecho de que esta especie también usaba bóxeres.
Basta, basta, basta. –Se dijo con las mejillas de un rojo intenso.
Trató de no pensar en eso mientras de colocaba la ropa, pero le fue casi imposible.
Sin embargo, se distrajo al fin cuando llegó al pantalón. Edward era grande y ancho, y su camisa le quedaba como un vestido a ella. Se debatió en salir así, pero decidió que no. A estas alturas se esperaba cualquier cosa del alien de allá afuera.
No podía simplemente ponérselo, no le quedaría ni en un millón de años, y dentro de él parecería un saco.
Tuvo una idea: Miró la tela con detenimiento. Todo era más andrajoso de lo que normalmente veía en Edward y su ropa negra. Se preguntó si de verdad las ropas eran de él o se había confundido pero lo dejó pasar. La tela se veía débil así que trató de romper el pantalón por los muslos con éxito, creándose una bermuda hasta un poco arriba de sus rodillas. Con tela sobrante, sacó una tira, haciéndose un cinturón.
Espero que no te duela esta ropa… ¡Arg! Al diablo, me la diste, haré con ella lo que quiera.
Cuando terminó, tocó la pared donde se acordaba estaba la puerta. Ésta se abrió sacándole una sonrisa a Bella. Estaba entendiendo el sistema.
Cuando salió vio a Edward metido en el cuarto dónde él durmió, y escuchó su cantarina voz junto con otra igual, pero más gruesa.
El desastre que había estado en lo que deducía era la sala, había desaparecido, con cápsula y todo.
Bella sólo se quedó ahí, sin dar un paso más. No quería pelear, a pesar de haber hecho lo de la ropa, ahora no quería que le diera importancia. Quería que la ignorara. Le estaba teniendo miedo, se dio cuenta. Las amenazas ya estaban torturando su cabeza, junto con los golpes en sus hombros.
Edward se volteó y salió, mirándola fijamente. Se dio cuenta que estaba detallando la ropa.
–Esto… No me quedaban tus pantalones, tuve que hacerlo, por favor no—
–Aja, está bien –Dijo en voz monocorde, dejando de mirarla mientras caminaba hacia el frente– Sígueme, estoy muy atrasado, no tengo tiempo para pelear en tonterías.
Una puerta se abrió, dejando ver un exterior. Bella dedujo que era la puerta de entrada de su casa. Lo siguió, temiendo que la dejara encerrada.
– ¿A dónde vamos? –Dijo mientras caminaban entre un conjunto de casas iguales. No había gente caminando, sólo ellos.
Edward no contestó. Pero al rato dijo volteándose a mirarla:
–Tú sólo sígueme, lo que haga no te importa. Si te separas de mí, alguien te matará.
Luego se volteó y siguió caminando como si nada. Como si no la hubiera amenazado, lo que más ha hecho desde que ella lo vio otra vez.
¡Buenas noches!
Espero que les guste el capítulo.
En el próximo aparecerán más personajes, y ahondaremos un poco en ellos. Aparte de muuuchos problemas por parte de Bella y un Edward un tanto más enojado xD.
De pronto piensen que la cosa va lenta y quieren una relación E/B más intensa desde ya... será más complicado que eso pero la recompensa será muy buena :)
Gracias por sus Reviews a the princess of the winds, .san, , y Cullen-21-gladys
Y también por las alertas y favoritos. Me alegro que se animen a comentar :)
¡Nos vemos!
MJ
