Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.

Historia Original y Registrada.


Bella se sentó en lo que parecía un taburete. Edward estaba manipulando algunas cosas al fondo de la habitación, en lo que parecía ser una cocina.

– Edward, la verdad no quiero ser quisquillosa, pero si con lo que me piensas alimentar es la bebida que me daban en la nave, creo que paso. No es que me queje pero creo que…

– ¿Alguna vez te callas? –Le dijo Edward sin voltearse.

Bella se calló e hizo un puchero. Trataba con todas sus fuerzas ser una persona civilizada, a pesar de todo lo que Edward le había hecho. ¡Estuvo a punto de pegarle por todo lo Santo! ¿Habría alguna ley que la cobijara o algo así aquí?

Se imaginó que no. Él estaba muy confiado cuando le levantó la mano.

–Ten –Escuchó que le decía ahora sentado frente a ella. En sus manos tenía dos pastillas –Tienes que tomarte las dos. Según los exámenes que recibí sobre ti, son suficientes para que recibas los nutrientes que necesitas.

– ¿Ah?

Edward la miró con fastidio, pero es que Bella no entendía. Podía pegarle, sin embargo tenía que alimentarla bien. Mundo tan extraño.

–No, nada. Ya entendí –Le quitó las pastillas de la mano– Así que… ¿ya no más líquidos raros? ¿Sólo pastillas?

–Al menos que quieras engordar como una esfera, entonces sólo pastillas. Por mí te seguía dando agua concentrada, así te la pasarías durmiendo y no irritándome.

–Gracias por la sinceridad –Dijo Bella sarcástica mientras se tomaba una de las pastillas. No sabían a absolutamente nada. Punto para las pastillas extraterrestres.

–En este mundo la honestidad prima ante todo. No es costumbre nuestra mentir. Cómo si lo es propia de ustedes los humanos.

–Si claro, señores perfectos, ¿Me vas a decir que nunca mienten? –Le preguntó Bella tomándose la segunda pastilla con el ceño fruncido. Le estaba colmando la paciencia otra vez.

Se civilizada, se civilizada.

–Muy pocas veces. Y no son mentiras propiamente. Es omisión de información.

Bella soltó una carcajada ante la atenta mirada de Edward. Era el comentario más absurdo que había soltado desde que lo conoció.

– ¿De qué te ríes? –Preguntó Edward enojado– Es difícil para nosotros mentir, primero por nuestra crianza y segundo porque nuestro Supremo Líder puede leer la mente.

La risa de Bella terminó y se lo quedó mirando con asombro.

– ¿En serio?

–Te acabo de decir que no mentimos ¿Y me preguntas eso? Probablemente ya haya esculcado tu mente mientras te estudiaban.

–Cállate, eso no puede ser cierto. Es muy fantasioso… Y tenebroso.

–Hace muy poco tiempo los humanos tampoco creían que existían seres de otros planetas. Y tú de por sí estás en otro planeta.

–Si pero… ¡arg! No quiero hablar de eso –Bella se levantó como si la mesa quemara– ¿Hay algo qué hacer? Estoy aburrida.

–Pues sí, vamos a dormir –Edward se levantó de su silla caminando hacia su cuarto– No me he recuperado totalmente desde que llegaste. Necesito tiempo de descanso.

– ¿Y yo que hago mientras tanto? –Preguntó Bella siguiéndolo.

–Dormir también. Escucha –Atajó Edward antes de que siquiera Bella abriera la boca– No tengo tiempo de lidiar contigo, necesito dormir y mañana tenemos que estar listos temprano. Perdí mucho tiempo contigo hoy. Eres una carga que nunca pensé tener.

Bella no dijo nada, pero se quedó quieta en su lugar. No quería enfrentarlo, había demostrado que sería capaz de golpearla, pero no quería simplemente acatar sus órdenes. Le fastidiaba su tono mandón y hostil, ella no tenía la culpa de todo lo que pasa. No tenía la culpa de haber sido un error.

– ¿Me golpearás si no te hago caso? –tanteó Bella.

Edward la miró pensativo: –Sólo si es necesario. Al parecer te gusta que te manejen de esa manera. El masoquismo corre por las venas de los humanos.

Bella lo vio, ahora sí enojada.

–Al parecer eres un mal observador. Lo que no me gusta es que me MA-NE-JEN. Y menos tú. No entiendo cómo puedes ser capaz de golpearme. En la Tierra por lo menos se respetan a las mujeres.

–El respeto tiene que merecerse—

– ¡Cállate! ¡Eres un cretino! Tú sólo me odias por el simple hecho de ser humana. ¡No he hecho nada para merecer la manera en que me tratas!

A esta altura, los dos respiraban rápidamente, y estaban tan cerca que Bella tuvo que alzar su cabeza para mirar a los gatunos ojos de Edward. Ira, ira, ira. Tenían que calmarse o algo malo iba a pasar.

Bella decidió dar el paso, antes que él lo hiciera. Sabía que cualquier decisión que él tomara no le iba a gustar.

–Escucha –Dijo a medida que se tranquilizaba y meditaba sus palabras– Los dos estamos molestos ¿Bien? Tú me odias, tendrás tus razones, yo… bueno… me caes mal, y es lógico, me has tratado como una basura, Pero… ¡Hey! –Bella alzó las manos en son de paz cuando vio en las facciones de Edward aparecer más enojo– Creo que si seguimos así no llegaremos a ningún lado. ¿Podemos tratar de llevarnos bien? O de tolerarnos, por lo menos… ¿Sabes? Hagamos un trato: Yo prometo no fastidiarte y obedecerte en todo lo que me digas y tú prometes no ofenderme ni amenazarme ¿Te parece?

Bella sintió que no respiró mientras habló. Miró a Edward: Sus facciones eran pensativas. ¿Le habría entendido o habló muy rápido?

–Está bien –Dijo Edward después de una eternidad mientras lanzaba un suspiro. Algo que hace mucho– Pensó Bella– Tienes razón. Además, necesito acabar con mi misión y no podré concentrarme si tengo que andar detrás de ti. Pero… –Edward se pasaba su mano por la cabeza, Bella no pudo evitar seguir su mano. ¡Concéntrate!– ¿Cómo estaré seguro que cumplirás? Aquí tenemos suficiente con la palabra, pero tú eres una… –Bella lazó dardos de advertencia, esperando que captara– diferente. Necesito una garantía.

–Bueno… Nosotros tenemos diferentes formas de hacer tratos. Cuando niños entrelazamos los meñiques o escupimos en las manos y nos las damos…

–Aparte de que es antihigiénico eso último que me dices, no eres una niña. O eso creo –Edward la miró de una forma que a Bella la intimidó. Joder, al fin y al cabo es hombre – Así que sigo escuchando.

–Lo más común es un contrato, y al final nos damos las manos, también se hacen pactos de sangre, parecidos a lo de la saliva…

–Basta, basta, me quedo con el contrato. Escribiremos uno, si lo infringes, es decir, si me desobedeces y me provocas, serás castigada. Creo que te haces a la idea de qué puede ser.

– ¿Y si tú lo infringes?

Edward soltó una pequeña carcajada: –Eso nunca va a pasar.

–Eso no lo sé yo, tengo que curarme en salud.

– ¿Y eso qué quiere decir?

Bella rodó los ojos.

–Ya se –Dijo, ocurriéndose una macabra idea– Serás mi esclavo.

– ¿Qué es un esclavo? –Preguntó Edward diciendo esclavo de una manera tan graciosa que Bella se echó a reír– Me estás fastidiando Isabella…

– ¡Oye cálmate! El contrato no ha entrado en vigencia aún… Además admítelo, fue gracioso –Bella se echó a reír otra vez.

–No me pareció gracioso –Dijo Edward con demasiada seriedad. Bella rodó los ojos, mientras se tranquilizaba. No podía joder todo por una palabra.

–Está bien, está bien –Replicó más tranquila– No voy a ahondar mucho en el tema, sólo diré que eso significa que harás todo lo que yo te diga.

–No me parece, no tengo por qué obedecerte.

–Si tendrás por qué: el contrato que haremos. Además, dijiste que nunca lo romperías. ¿Dudas de tu capacidad de cumplir?

–De lo que dudo es de mi paciencia, pero acepto –Edward se encaminó a su cama y se acostó, colocándose un control en su muñeca que a Bella le llamó la atención– Mañana haremos el contrato, y, de verdad Isabella, estoy muy cansado y necesito dormir. No puedes hacer nada ahora porque necesito estar pendiente de ti y voy a estar incapacitado para eso. Limítate a obedecerme y quedarte en tu cama.

Bella sonrió al escucharlo hablar tan civilizadamente, ese avance no se lo esperaba.

–Está bien, prometo quedarme ahí, así me aburra hasta la muerte –Finalizó rodando los ojos mientras se dirigía a la división del gran cuarto que se había convertido en su nuevo espacio. Para Bella, el cuarto era una cosa muy simple: Una cama, una mesa y un clóset. Ni los pequeños cuartos donde dormía en el pentágono eran tan insípidos.

Tal vez revisaré la ropa y haré cosas con ella…

Se volteó a la entrada de la habitación para despedirse de Edward, pero éste yacía dormido, con la misma ropa que llevaba puesta todo el día.

Negro hasta los calzones…

Bella no pudo evitar mirarlo. De verdad era hermoso. Ahora que tenía sus amenazadores ojos cerrados, no parecía más que un chico de veintitantos, agotado de trabajar o estudiar, hasta tal vez borracho, que de cosa había llegado a su cama.

Un chico muy apuesto. –Bella se sonrojó por el pensamiento, pero no pudo evitarlo. No valía negarlo, y nunca lo había hecho. Su cuerpo alto y fornido, sin exagerar, podía dejar en vergüenza cualquier actor terrestre. El cabello rojizo, o cobre, Bella no sabía distinguir bien, le llegaba largo y le ocultaba la falta de orejas, pero que así despeinado y junto con la ropa negra le daban la apariencia de chico malo.

Dejémonos de jodas, Edward está muy bueno. –Bella se rio al sonar como una adolescente con las hormonas revueltas– Lástima que me odie, sea arrogante, mandón y agresivo… y tenga una linda extraterrestre con quien revolcarse.

Bella sacudió la cabeza. Decidió que ya estaba desvariando demasiado y hora de dormir. Sus días en este planeta apenas empezaban.


¡Buenas noches!

Nuevo capítulo y avanzando :). Este es alguito de relleno, pero la buena noticia es que el siguiente está listo. Arreglo unos detalles y arriba también :D

Gracias a the princess of the winds y a vanecullenciprianogrey por sus reviews. Me alegro que les guste la historia. Y también gracias a las que se suman con sus alertas y favoritos :3

¡Nos vemos pronto!

MJ