Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.

Historia Original.


La mano de Isabella había dejado de doler por la mañana, pero su cuerpo se sentía como si tuviera resaca, y para agregar más leña al fuego no recordaba nada después del accidente, sólo flashes de Edward cargándola y una doctora rubia tocando su mano en llamas mientras le metía un líquido por la boca.

Hubiera sido bueno que no recordara eso. –Pensó.

Edward le había dicho cuando despertó que todo estaba bien, que su mano sanaría en unas Lunas y que tenía que tener el mejor semblante para ir a los laboratorios hoy. Misión casi que imposible, pero que estaba tratando de lograr después de ver el estado del alien.

No era la persona más habladora, pero algo que caracterizaba a Edward era casi su innata voz de mando. Esa mañana Bella se había esperado un sermón enorme por haber estampado su mano en el campo invisible; ya hasta planeaba mentalmente mientras se bañaba su discurso en respuesta. Pero él simplemente le dio sus pastillas en silencio, le preguntó si estaba lista y dijo que la esperaba afuera. Todas las palabras acompañadas de un rostro pensativo.

Bella se preguntaba si no le estaba escondiendo algo, o si simplemente quería aplicarle la ley de hielo de manera muy decente.

Cuando estaban en el auto volador, Bella no aguantó más y sabía que para hacerlo hablar, lo primero era una disculpa por lo de ayer. Se miró su mano, forrada con una venda negra que Edward le había prohibido quitarse y respiró profundo, buscando las palabras.

– ¿Edward? –Lo llamó, pero no respondió. Bella frunció el ceño– ¡Oye! ¿No me hablas?

– ¿Si? ¿He dado signos de no hacerlo? –Fue la escueta respuesta que recibió.

–Pues… si, o… no, ¡Ash! –Bella suspiró– No sé qué te pasa, estás actuando extraño. Mira, si es por lo de ayer, me disculpo, no fue mi intención dañar tu entrenamiento, pero… los dos estábamos tan ofuscados, y yo fui tan torpe—

–Para Isabella ¿Te disculpas?, ¿Qué quiere decir eso? –Le preguntó Edward con confusión.

Bella rio, siempre pasaba cuando usaba cosas muy "humanas" como saludar, rogar con por favor y ahora, pedir disculpas.

–Eso quiere decir… que estoy arrepentida con lo que hice, como te dije no quise ha—

–Tranquila –volvió a interrumpir Edward– No hay problema con eso.

Los ojos de Bella se abrieron con sorpresa. Y eso que a estas alturas muy pocas cosas la sorprendían.

– ¿De-de verdad? ¿No-no estás molesto?

–No.

– Pero… ¿Por qué estás así?

– ¿Así cómo? –Bella vio de reojo a Edward mirándola seriamente.

– Ehhh… no lo sé, sólo que no eres tú.

–Eso no tiene sentido –respondió él– Soy yo, ¿No me ves? No ha salido nada de mí ni nada ha entrado ¿Por qué no sería yo? ¿Acaso querías que te regañara por lo de ayer? ¿Ese es el Edward que quieres ver?

–No pero—

–Entonces, deja de decir estupideces, y dedícate relajarte tal cual como lo pidieron los investigadores. Es la primera vez que te van a estudiar despierta, así que compórtate bien.

–E-está bien –Respondió Bella.

Volvió el Edward que conocía, sin embargo no duró mucho tiempo antes de que el taciturno apareciera otra vez.

Ella, a pesar de su orden, no pudo obedecerle. Y todo nuevamente por culpa de él.

¿Cómo se le ocurre decir "Estudiar Despierta" como si yo fuera una rata de laboratorio? Eso no es consuelo querido amigo.


– ¿Qué ocurrió en su mano? –

–Mire, lo que pasó fue—

–Habla Edward.

Bella miró con el ceño fruncido al odioso "líder" de Vulturi. Estaban en una sala totalmente blanca, ella y Edward sentados frente a Aro, quien sólo miraba a su compañero, ignorándola por completo. Le molestó que ni siquiera tuviera en cuenta sus palabras.

–Estábamos en el programa de simulación, cuando ella sufrió un accidente. Isabella tocó la barrera que dividía la zona segura –Edward hablaba con convicción, sin embargo Bella notó un deje de miedo en él.

Aro se levantó, se acercó a Edward y colocó una mano en su cabeza. El joven vulturiano estaba quieto cómo una roca, mirando al frente.

Bella se dio cuenta que posiblemente estaba leyendo su mente. Miró asombrada cómo los ojos de Aro se movían pensativos sin mirar a ningún lugar, como si leyera una interesante revista.

En esos momentos la chica no pudo evitar preguntarse si ese accidente los metería en problemas. ¿Era grave el hecho que se hubiera lastimado? ¿La castigarían? ¿Castigarían a Edward?

Miles de posibilidades llenaban su mente. Relajarse estaba fuera de sus planes en este momento.

Después de una eternidad, el odioso soltó a Edward y le dijo que se fuera. Él se levantó sin decir una palabra más. Y Bella se puso más nerviosa y triste. Esperaba algo de apoyo de parte del alien que la cuidaba.

Mejor malo por conocido que malo por conocer.

–Muy bien, entonces, empecemos con tus pruebas.

– ¿Qué tengo que… –Bella no terminó de preguntar cuando el vulturiano se dio la vuelta y salió de la habitación– ¡Arg! Claro, ignóreme, excelencia –Murmuró mientras iba tras él.


– ¿Nos escucha humana?

Bella rodó los ojos con impaciencia a la monocorde voz que venía quien sabe dónde. Se preguntaba si aparte de Aro, todos los investigadores serían como robots: –Si, no soy sorda. Estoy sola en esta habitación llena de micrófonos y parlantes invisibles, ¡Claro que los escucho!

–Maneje el tono de voz. Nosotros la escuchamos perfectamente. Y quédese quieta en un solo sitio. Su nerviosismo no colaborará con la experimentación.

– ¿Así que también me ven? Perfecto. Y ahora qué hago ¿Me dan de comer? ¿Hago volteretas? Díganme, soy su rata de laboratorio por un día.

A pesar del tono de voz, Bella estaba nerviosa. Pero más que eso, estaba enojada. No era mentira cuando dijo que se sentía una infeliz ratita de laboratorio.

–Vamos a ejecutar diferentes pruebas de movimiento –Dijo otra voz robotizada. Si las hoscas palabras de Bella hicieron mella en los locos que la escuchaban, ella no podía decirlo– queremos evaluar rapidez y coordinación. Colóquese en el centro del área, junto en la luz roja que aparecerá ahora.

Bella caminó hacia donde estaba el círculo rojo.

–Les aviso que han escogido a la peor humana para esto. Tengo muy mala coordinación y por si no se habían dado cuenta, muy mala suerte. Si me toman a mí como punto de referencia no les aseguro fidelidad al promedio de mi especie. Pueden confiarse…

–Guarde silencio –La cayó la voz, y Bella rio emocionada. Si los había irritado– Va a empezar a ejecutarse la prueba.

La prueba consistía en, efectivamente hacerla correr, huyendo de todo tipo de cosas como balones, cuchillas, y hasta pequeños seres que parecían unos gatos.

Cuando acabaron, Bella estaba muy cansada y con pequeñas heridas en todo su cuerpo.

Pero para su desgracia, no todo acabó allí.

Lo siguientes fue un simulador, parecido al que tiene Edward en su casa. Allí la obligaron a luchar con una decena de seres ficticios. Aliens, humanos, y cosas que no supo si de verdad existían le ganaron una y otra vez.

Y así siguieron otras pruebas físicas. Correr, saltar, disparar armas, flechas, ver en la oscuridad y otras más. En todas le iba bien en un inicio, pero siempre fracasaba patéticamente cuando subían el nivel.

Los vulturianos se estaban divirtiendo con ella, sí señor.

Cuando pensó que todo había terminado, la encerraron en el primer cuarto donde estuvo, blanco e insípido.

–Así que –Empezó Bella sentándose soltando un suspiro por lo agotada que se sentía– ¿Acabaron las pruebas de hoy? Disfrutaron con mi torpeza supongo.

No recibió respuesta, así que se siguió hablando. Estaba aburrida así que tenía ganas de fastidiar.

–Como les dije al principio, hay humanos mil veces mejores que yo, sólo soy una chica corriente de diecinueve años que hace unos años se caía tanto que por poco tenía un romance con el piso. Usain Bolt corre 100 metros es 9 segundos, ¡Lo ven! Michael Phelps también nada muy rápido. Debieran verse los Juegos Olímpicos y allí conocerán la capacidad de los humanos, en vez de mirarme a mí. ¡Hasta mi papá es muchas veces mejor que yo!

Una lágrima nostálgica brotó cuando recordó al oficial Swan.

– ¡Ash! Odio esto. ¿Ya me puedo ir?

La habitación seguía silenciosa.

–Hey, ¿Están allí? ¿Hola?

Espero unos minutos, pero nadie entraba o le hablaba. Estaba desesperada por salir. Además, su mano quemada le dolía y a pesar de que cada vez que acababa una prueba sanaban las heridas que se hacía allí, estaba tan cansada que por primera vez en este planeta, sólo quería llegar a dormir.

Como su primera vez en casa de Edward, sabía que tenía que arriesgarse para llamar la atención. Así que empezó a buscar la puerta.

Había aprendido cómo activarlas tan bien que a Edward ya ni siquiera le importaba hacerlo por ella cuando estaban en la casa o en su lugar de trabajo.

Podía no ser muy buena con las actividades físicas, pero era muy inteligente y sonrió cuando con solo mirar encontró la puerta invisible sobre la pared, activándola con el toque adecuado de sus dedos.

Salió corriendo, no por miedo, sabía que no podía huir, pero quería divertirse un poco con ellos y no dejárselas fácil.

Pasó por muchos pasillos, trotando a pesar del agotamiento y con una sonrisa. Esperaba que cuando la encontraran no se pusieran pesados y la dejaran ir por fin.

Bella pensaba en qué excusa diría cuando la encontraran cuando se detuvo.

No porque la atraparan, ni la estuvieran sedando. Sino porque por una ventana de vidrio le permitió ver algo que dio por perdido mucho tiempo.

Unos negros y raídos tenis que le habían pertenecido estaban encima de una mesa, llena de materiales, herramientas y máquinas desconocidas para ella.

Apenas Bella puso un pie dentro de la habitación, unas manos la atajaron, halándola tan fuerte que apenas se sostenía por ella misma.

Prácticamente la llevaron cargada hasta la entrada de los laboratorios mientras le reclamaba haber salido de la sala. No opuso resistencia ni reclamó, ella sólo pensaba en su par de tenis. Para ella habían desaparecido cuando apenas haber llegado a este planeta la amarraron cual criminal.

¿Estaría su ropa también aquí? ¿Qué carajos hacían con sus cosas?

Sea lo que sea que hacían con sus prendas, su único pensamiento ahora era recuperar lo único que había llegado con ella desde la Tierra. Cosas que su padre, en medio del caos, le había conseguido.

Las quería de vuelta, e iba a averiguar cómo.


Edward había estado muy callado de regreso a casa.

Cuando por fin le habían dado su pase de salida, Bella se puso a su lado saludándolo, explicándole y quejádonse por lo que había hecho hoy con ella. Se detuvo cuando se dio cuenta que Edward no la miraba ni le decía palabra. Su mandíbula estaba apretada y no dijo nada tampoco mientras se subían al auto.

A Bella si le sonó la ley del hielo esta vez. Pero ahora no sabía por qué.

Apenas pusieron un pie en casa de Edward. Bella soltó la pregunta del millón.

– ¿Estás enojado?

Edward la miró profundamente, dándole esa mirada furiosa con la que había cargado en todo el camino. La respuesta era muy obvia para Bella.

– ¿Qué si estoy enojado? ¿En serio lo preguntas? Mira mi cara y dime si no lo estoy –Contestó él casi gritándole.

–Bueno, creo que lo dejaste muy claro –Dijo Bella con delicadeza– Creo que la pregunta es más bien ¿Por qué? ¿Qué pasó Edward? Sea lo que sea podemos solucionarlo…

–No, no ¡No! No tiene solución, tu no entiendes nada, ¡Arg! Todo es un desastre –A medida que Edward hablaba, caminaba por la estancia en círculos como león enjaulado. Bella se hubiera reído de no ser por lo desesperada que estaba por entender.

–Pero dime, te apoyaré, así sea culpa mía, sea lo que sea que pase, asumiré la responsabilidad, dime qué pasa, Edw—

– ¡Cállate! ¡Me tienes harto! –En este momento Edward se colocó frente a Bella asustándola y haciéndola retroceder– ¡Tú vas arruinando toda mi vida! ¡Todo sale mal! ¡Todo!

– ¿Qué… qué pasó? Dime porque… –Dijo Bella con la poca voz que le quedaba. La actitud del alien la estaba poniendo nerviosa.

Edward al parecer fue tocado con su agobio y con la cabeza gacha entre sus manos habló muy quedadamente –Perdí mi permiso para el simulador.

Bella se turbó un poco. No creía que sólo por eso fue su arrebato de ira.

– ¿Hay algo más? –Preguntó con precaución mientras se acercaba un poco más.

–Estoy sentenciado –Fueron las únicas palabras de Edward. Bella no dijo nada esperando que dijera más.

Efectivamente, habló.

–Tu accidente fue considerado negligencia mía, eso se ve como falta a mi deber –A esta altura Edward estaba sentado en el suelo, su cabeza entre las manos– Aro vio en mi cabeza la estúpida pelea que tuvimos, y me calificó como incapaz de razonar debidamente.

–Y… ¿A qué te sentenciaron? –Preguntó Bella despacio mientras se agachaba a su nivel.

–A ser un ciudadano.

Bella lo miró sin entender. ¿Ciudadano? ¿Qué quería decir con eso?

–No estoy segura de entender Edward, tú sabes que—

–Déjame solo –La interrumpió– Toma tus pastillas y vete a dormir. No quiero hablar más ahora.

–Pero—

– ¡Vete! –Le gritó levantando su cabeza– Vete Isabella, antes de que haga una estupidez. Déjame.

Bella se levantó. Un poco insegura de dejarlo allí. Pero no quería tentar su suerte. Sea lo que sea que implica ser un ciudadano, a Edward le disgustaba.

Después de tomarse una pastilla se acostó en su cama, con su pijama puesta. Pero no pudo dormir, a pesar del cansancio que sentía.

Tenía dos cosas en la cabeza: Recuperar su ropa y reivindicarse con Edward. Pero en su interior batallaba el dilema de que las dos decisiones eran evidentemente contrarias.

Gimió de frustración. Todo se iba volviendo más difícil.


¡Buenas noches!

Primero, mil perdones por la demora. Este capítulo se puso pesado y aparte yo andaba de vacaciones subiendo Sierras Nevadas sin energía eléctrica y pasando frío... Aunque me prometí no dejar pasar el mes, y aquí estoy :P

Espero les guste el resultado, nos vemos en el siguiente que ya está ideado y espero tenerlo pronto :)

¡Muchas gracias por sus reviews, alertas y favoritos! :3

MJ