Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.

Historia Original.


Edward se sentó en su oficia y se pasó las manos por su cabello por enésima vez en el día.

Usaba muy poco ese lugar, no era de estarse quieto, y sin embargo, hoy sentía que quería dormir y no despertar jamás. Su cabeza daba vueltas ante la amenaza recibida.

Sería un ciudadano si volvía a tener un descuido con Isabella. Y sólo entre ayer y hoy había estado tentado a pegarle de nuevo. Sus ojos y la ignorancia la salvaron.

Edward, no suena tan mal ser un ciudadano. Cálmate ¿Si? Además, prometo controlarme y no cometer otro error– Le dijo esta mañana con sus ojos marrones brillantes.

Ella no entendía. Simplemente no entendía.

Ser un ciudadano para alguien como Edward era retroceder en la evolución. Era de pasar a ser un investigador, un guerrero, un conquistador, a ser un muñeco, que hace lo que tiene que hacer. Lo mismo siempre, y que muere sin una meta en su vida.

No servía para eso. Siempre estaba en movimiento. Desde su nacimiento estuvo destinado a grandes cosas. No a quedarse en alguna Villa en Vulturi comiendo, durmiendo y fabricando hasta morir.

No sabía qué hacer, porque por más que intentara llevar las cosas perfectamente, como le gustaban, con Bella se le hacía imposible muchas veces hacerlo.

Cómo ahora, que ni siquiera la llamó por su nombre.

Gritó y agachó la cabeza en frustración.

– ¿Necesitas compañía? –Alice se asomaba por la puerta de la oficia– ¿Estás bien? Te ves… Pensativo.

–Debe ser porque lo estoy –Respondió Edward suspirando.

–Déjame adivinar… Bella.

Edward no habló, por lo que Alice se sentó en su regazo y tomó su cara.

–Puedes contármelo todo. ¿El accidente trajo problemas?

–Sí, una advertencia mejor dicho. Otro error con ella y soy un ciudadano.

–Edward –Dijo Alice un tanto nerviosa– Eso no es totalmente—

–Es malo para mí, y lo sabes Alice –Le dijo él, mirándola– Porque tú también lo odiarías.

Alice suspiró –Soy… Rebelde por naturaleza Edward, no soy normal, ni siquiera como técnica, ahora imagínate si me intentan lavar el cerebro y hacerme un robot.

–Yo tampoco quiero eso para mí Alice.

–Y yo tampoco quiero que te pase eso –Alice lo besó castamente– Porque yo tendría que ser una ciudadana también.

Edward sonrió ante el comentario, pero una sombra cubrió su interior. Tenía días sin pensar en Alice. Su plan para enamorarse de ella se estaba estancado.

Tenía que volver a ponerlo en marcha.

– ¿Sabes? –Le dijo mientras la abrazaba más a él– Tenemos días sin estar juntos.

– ¿Quieres ir a casa?

–Te quiero, ahora –Finalizó Edward mientras la besaba apasionadamente.


– ¡Emmett! ¿A dónde vamos? –Murmuraba Bella, aunque él no le entendiera. La llevaba agarrada de un brazo por uno de los tantos pasillos del complejo donde trabajaban.

Edward había desocupado a todos temprano, Bella no sabía por qué ya que el susodicho era la persona más trabajadora que conocía.

Y aparte de eso se había ido, dejándola sola en el cuartel de operaciones como ella solía llamarle. Cuando salió, la mano del grandulón empleado de Edward la haló haciéndola correr sin rumbo, hasta ahora.

Entraron a una habitación llena de aparatos extraños y lo que le parecía a Bella piezas sueltas de computadoras y cosas por el estilo.

Emmett caminó por la habitación, buscando algo en unos cajones. Murmuraba cosas para sí mismo. Bella sólo le quedó mirando sin decir palabra.

Se sentó en un banco que estaba cerca mientras el chico seguía en su búsqueda. Parecía muy afanado y Bella no entendía que tenía ella que ver en todo esto.

Después de una eternidad, Emmett gritó y se acercó a Bella, sonriendo de oreja a oreja y mostrándole algo en su mano. Un parche azul más pequeño que una moneda.

Bella puso la cara de interrogante más grande que pudo a ver si Emmett le entendía.

El chico vulturiano le tocó la oreja, e hizo como si pusiera el parche dentro de ella. Bella lo miró con miedo. ¿Quería que se pusiera eso en la oreja?

Emmett siguió la muda conversación poniendo el parche en la mano de Bella y haciendo señas como si el mismo se pusiera uno dentro de su oído. Algo que la chica le impactó porque recordó que estos aliens no tienen orejas, sino un orificio tapado por su cabello. Era algo perturbador de ver.

Dirigió la mirada al parche. Era gelatinoso, y parecía una malla. No entendía para qué era, pero después de ver la insistencia de Emmett, decidió ponérselo. Él había demostrado cierta empatía con ella desde que se conocieron. No creía que fuera a hacerle daño.

Sin embargo, apenas el parche tocó la parte interior de su oreja, un potente escalofrió abarcó su cabeza, haciéndola caer del banco y cerrar sus ojos mientras su manos se posaban en su cráneo. Era como si miles de descargas recorrieran su cabeza al mismo tiempo, quitándole incluso la respiración.

Sin embargo, de un momento a otro, todo paró, dejando a una impactada Bella mirando a Emmett, quien también tenía su mirada atónita en ella.

¿Es que acaso había querido matarme?

– ¡Oh! ¡No puede ser! ¡Isabella! ¿Estás bien? Te juro que esto no tenía que ser así, cuando yo me lo coloqué no me sucedió nada, no comprendo…

Bella suspiró tranquila. No, al parecer todo era un accidente –Está bien Emmett, me siento bien, ya pasaron los dolores de cabe… ¡Que carajos! ¿Te entendí, Emmett?—

El chico en cuestión soltó una carcajada enorme mientras levantaba a Bella y la tomaba por lo hombros –Y yo también puedo entenderte, ¡Esa era la idea! ¡Oh, no puedo creer que funcionó! ¡Funcionó!

Y ahí Bella armó toda la historia completa. Lo que sea que Emmett le haya puesto en el oído (Y que se puso el mismo) podía traducir lo que el otro decía.

La chica sonrió feliz. Tendría otra persona en este mundo con quien hablar, aparte de Edward. Y con la diferencia que Emmett parecía ser un buen amigo.

Hasta ahora.

– ¿Y esa cara? –Dijo Emmett soltándola– Pensé que estarías feliz con que pudieras entendernos.

–Y lo estoy pero… –Bella agachó la cabeza algo apenada– ¿Por qué lo hiciste Emmett?

El vulturiano la miró con sospecha –Alice y yo pensamos que estabas muy sola, además que tú y Edward parece no llevarse muy bien así que… decidí implantarnos este traductor. Busqué una copia de la base de datos que implantaron a Edward sobre tu idioma y lo creé. No pareces muy feliz… ¿Entendimos mal tu situación? ¿Es que no quieres tener nada que ver con nosotros?

–No es eso Emmett –Le contestó Bella sonriendo– Es que… Es muy sorpresivo. No pensé que Alice y tú se preocuparan, por mí.

–Fue muy frustrante para mí cuando te vi gritar el día del… accidente –Emmett levantó la banca caída y se sentó. Bella hizo lo mismo a su lado– No entendía nada de lo que decías, pero tu cara me expresaba todo. Edward te consolaba, pero, no sé, siento que debía hacer algo por ti también. Me sentí un inútil. A veces te miro y siento que debo protegerte o algo así.

–Emmett… ¿Qué quiere decir? ¿Es que acaso tú… –A Bella le daba pena continuar.

– ¿Qué? Vamos Isabella, dime, para eso hice el traductor, para poder hablar entre nosotros.

A Bella le daba vergüenza decirlo en voz alta. Emmett no podía estar diciendo lo que ella estaba pensando.

Después de un minuto, o un siglo, pudo hablar.

–Estás… ¿Enamorándote de mí o, algo así? –Finalizó cerrado los ojos.

Los abrió cuando escuchó la gran carcajada del alien.

– ¿Qué? ¿De qué te ríes?

– Bella, me arrepiento de haber causado esa impresión, pero no es así. Te veo, como, no sé, una linda criaturita que necesita ser protegida en un mundo en donde no tiene nada ni a nadie. Verás, yo ya estoy enamorado, Rosalie es mi pareja.

Bella se sonrojó con las mismas ganas con las que quería que la Tierra la tragara.

–Lo siento Emmett –Dijo con la voz algo chillona de la pena– Sabía lo tuyo con Rosalie, me había dado cuenta– Eran demasiado expresivos, en su opinión– Pero, simplemente tus palabras, y tus detalles, y, tu… ¡Ash! Sólo, olvida lo que dije.

– No te preocupes Bella –dijo Emmett con una sonrisa– Te entiendo. He investigado un poco sobre los humanos y sé que cambian de pareja constantemente a lo largo de su vida. No me extraña que hayas pensado eso.

– ¿Ustedes… Tienen una pareja toda la vida?

–Sí, somos totalmente monógamos. Apenas encontramos nuestra o nuestro indicado, lo sabemos. Y es para siempre.

–O sea, que Edward y Alice…

–Sí, aunque todavía no están juntos oficialmente, son pareja. Y una muy activa por cierto.

A Bella un recuerdo de su primer día en este complejo se le vino a la mente, y algo se le estrujó por dentro. Pero decidió ignorar el sentimiento por el bien de su salud mental y emocional.

–Hmmm ya –Se limitó a decir, para después cambiar de tema– Emmett, ¿Podemos decirle a alguien sobre esto?

–Edward no creo que esté muy contento –Dijo el chico haciendo memoria de la conversación que tuvo con su líder– y Rosalie tampoco, está algo recelosa contigo.

No me había dado cuenta– Pensó Bella sarcásticamente.

–Pero Alice y yo pensamos que es buena idea. Puedes hablar con nosotros mientras estés aquí. Pero sólo nosotros. Nos cuesta mentir así que tratemos de ser precavidos y que nadie más nos vea.

– Está bien, pero… ¿Alice si querrá hablar conmigo? No estoy tan segura… –Joder Bella nunca has hablado con ella ¿Por qué estás tan predispuesta?

Bella a veces odiaba lo sincera que podía ser su mente.

–Es una buena mujer, y le agradas. No habla contigo porque no sabe cómo hacerlo. Yo soy más abierto así que por eso me acerqué en un inicio.

–Hmmm. Está bien, confiaré en ti. Muchas gracias por todo Emmett.

–No sé exactamente el significado de eso… Pero estaré allí siempre que necesites.

Bella sonrió. Había interpretado el significado a la perfección.

Los dos caminaron por los pasillos, mientras Emmett guiaba a Bella hacia la oficina de Edward. Pero cuando iban a entrar, el chico no la dejó.

– ¿Pasa algo? –murmuró Bella.

–Está con Alice.

– ¿Cómo lo sabes?

–Cuando estás con tu pareja se siente en el ambiente.

Bella no quiere saber por qué precisamente.

–Está bien. Esperaré aquí afuera, total no puedo irme sin él.

–Te dejo. Rosalie debe estar buscándome –Murmuró Emmett a modo de despido mientras se alejaba.

–Adiós, y gracias.

Bella se sentó a esperar, tratando de alejar de su mente algunas cosas que se estaba imaginando. Se estaba sintiendo enferma y no sabía por qué. Eran novios, pareja o lo que sea. Que estuvieran encerrados en una habitación era algo normal. Aquí, en la Tierra, o en cualquier otro punto del Universo.

¿Por qué le molestaba tanto?

Sus cavilaciones fueron interrumpidas cuando la puerta se abrió, y de la habitación salía una Alice echando humo casi que literalmente.

–Alice, por favor ¡No es mi culpa! Deja de defenderla.

– ¡Tampoco es suya! Te creía mejor que eso Edward.

–Ni quiera sé por qué hablamos de ella. Esto era sólo de nosotros dos. ¿Qué hacía ella en medio? ¿Ves? Ella tiene la culpa de todo lo que pasa ¡Estamos peleando por su culpa!

–Eres un inmaduro. Me voy. Háblame cuando dejes de comportarte como un salvaje.

– ¡No soy un salvaje! Me saca de mis casillas, es todo.

– ¿Edward?

El alien volteó cuando escuchó la voz de la causa de sus desdichas. Suspiró cuando se dio cuenta que no había manera de que entendiera algo de la discusión con Alice. No quería pelear con nadie más.

–Vámonos Isabella –Le dijo.

Bella lo siguió, algo pensativa y triste.

Edward no lo sabía, pero había entendido cada palabra. Y sabía de quien hablaban. Trató de esconder algunas lágrimas que llegaban, antes de que el alien se diera cuenta.

¿Por qué me siento así? Esa parece ser la pregunta del día.

El lado bueno de todo, es que comprobó que el regalo de Emmett funciona a la perfección.


Cuando llegaron a la casa, Edward y Bella todavía no se hablaban. La cara de molestia del chico todavía estaba plasmada y Bella no quería provocarlo. Ya ponía esa cara muchas veces por culpa suya.

Sin embargo, no podían seguir así.

–Oye –Lo llamó Bella, tratando de no quebrarse– Si necesitas arreglar un problema con Alice, puedes ir y hablar con ella, prometo portarme bien. Es más, me quedaré acostada durmiendo hasta que llegues.

Edward no dijo nada por un rato, sino que caminó por toda la casa.

– ¿Por qué te interesa tanto que me reconcilie con Alice? –Dijo después con sospecha en sus ojos.

– Hmmm, no lo sé, creo que es una gran persona, siempre está feliz de un lado para otro. Si pelearon es porque algo grave sucedió –por culpa mía.

–Es tu culpa, si es lo que piensas.

Bella lo miró asombrada.

– ¿Cómo—

–Era muy obvio, hay veces que puedo leer a cualquiera bastante bien –Edward se sentó en su cama, Bella sólo que quedó mirándolo en la puerta– Pero volviendo al tema, si lo es.

– ¿Qué… Quiere decir eso?

–Creo que no deberíamos hablar de ello. No al menos si queremos pelear.

–Técnicamente no me hablas. Edward –Lo llamó mientras se sentaba a su lado– Durante estos duros años he aprendido que la clave de una buena convivencia es comunicarnos. Sé que no lo hemos hecho bien. Pero podemos empezar. Prometo hacer mi parte para llevarnos bien.

– ¿Prometes?

–Quiere decir que haré todo lo posible para no saltar como la última vez. Ahora, hablemos.

–Mira Isabella, creo que te has dado cuenta que Alice y yo somos pareja –Bella asintió– Alice es… extraña, no es normal para los cánones vulturianos, sin embargo, estamos juntos, y cómo dices tú, es una excelente persona… aunque algo terca y pesada.

Bella siguió sin hablar. Quería escuchar toda la historia, aparte que sentía algo extraño respecto a Alice y Edward, pero no quería ahondar en ello.

Edward continuó:

–Ese es uno de los problemas que tiene Alice. Muchas veces no entiende las cosas de manera objetiva, sino que se deja llevar por los sentimientos del momento.

– ¿Y… Pelearon por?

–Ella está molesta porque decidí no hablarte. Le conté que de verdad me molestabas y que había pensado… en golpearte varias veces.

Bella contó hasta diez para evitar romper su promesa.

–Edward, eso es—

–Imagino lo que vas a decir, pero te digo, no me importa. Es una reacción normal en mí, y en todos los vulturianos. Somos perfeccionistas. Cuando las cosas no salen como esperamos, nos desespera.

–Están desapareciendo esa imagen pacífica que alguna vez trataste de venderme –Interrumpió Bella ya exasperada y levantándose– ¿Cómo quieres que crea que ustedes de verdad no quieren acabar con la Tierra?

–Eso es un asunto que no voy a tocar otra vez. Además, prometiste no alterarte.

–Eso trato, pero es imposible con lo que acabas de decirme –La chica le dio la espalda, mirando hacia su habitación– Alice tiene razón con estar alterada, no puedes pensar siquiera en eso como algo insulso. ¡Dios! ¿Ni siquiera porque soy mujer me vas a respetar? Además, sabes que no hice nada.

– ¡Pero tengo que canalizarme en algo!

– ¿Y yo soy la mejor opción?

– ¡Si! ¡Porque desde que llegaste todo se convirtió en un martirio para mí! ¡Siempre fui el mejor en todo, pero desde que estás aquí simplemente todo, todo me sale mal!

Bella no aguantó más. Estaba cansada, de verdad cansada. Todos los días era la misma situación con él. Ella no había elegido estar aquí, ni estar con el imbécil que tenía de niñera. No había elegido quemarse la mano, no había elegido pelear con Edward todos los días y ni siquiera podía elegir su ropa.

Desde que había llegado a Vulturi había perdido la capacidad de decidir.

Y así, se derrumbó.

Las lágrimas caían a la par que Bella en el piso. No hablaba, ni sollozaba, sólo estaba ahí, mirando a la nada. Recordando desde cuando su vida se había arruinado de esa manera.

Charlie volvió a su mente, después de tantos días evitando recordando para no quebrarse. Lo extrañaba tanto que le dolía.

Escuchaba una voz que la llamaba, Edward suponía, pero no reaccionó. Sólo se quedó allí hasta que la cara del alien estuvo frente a ella y empezó a zarandearla.

– ¡Bella! ¿Qué te pasa? ¡Reacciona! ¿Te sientes mal? Llamaré a Rosalie.

–No necesito de esa perra –Dijo Bella inexpresiva.

Edward, que se estaba levantando para ir a llamarla, quedó estático.

– ¿Qué dijiste?

–Lo que escuchaste –Bella se levantó quedando frente a él– No necesito de ella, ni de ti, ni de nadie.

Las lágrimas seguían cayendo, pero todavía no estaba totalmente desbaratada. Sólo necesitaba estar sola. Alejarse de Edward.

Pasó de él y se sentó en su cama.

–Vete Edward.

–Isabella—

– ¡Vete! No quiero verte, no quiero ver a nadie. ¿Puedes concederme siquiera eso?

Edward la miró fijamente, para después suspirar y dejarla.

Cuando sintió que Edward dormía y las luces se apagaron, Bella se dejó ir, rogando que la pesadilla acabara.


¡Buenas noches!

Mil perdones por la demora. He tenido muchas cosas pendientes en mi vida personal y me había costado sentarme a escribir algo decente. Ojalá les guste el resultado :). Para el próximo espero no demorarme tanto.

Gracias por los Reviews, Alertas y Favoritos. :3

MJ