Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.
Historia Original.
– Así que… No volveré a los laboratorios.
–No por ahora.
Bella sonrió mientras brincaba – ¡Yay! Por fin descanso de esos idiotas.
–Voy a hacer de cuenta que no escuché eso –Le contestó Edward sin mirarla.
–No estoy hablando contigo. No tienes que andar escuchándome.
–Isabella…
Edward no alcanzó a recriminarla porque se metió en su habitación. Como había hecho todas las lunas desde su última pelea.
Bella cerró la cortina improvisada que había hecho con sus ropas, y se acostó en su cama tomando sus tabletas. Estaba pensando si pintaba, dibujaba o escribía.
Estaba sin inspiración por lo que decidió pintar, así que tomó la tableta roja, llena de dibujos terminados pero sin sombras o color. Andaba animada así que busco uno que pudiera llenar de mucho colorido.
Era la Luna número 30. Hoy había tenido otra cita con los bizarros doctores de Vulturi, pero sólo la habían mantenido en una sala mientras hablaban con Edward. Él sólo le explicó cuando llegaron a casa, que ya tenían todo lo que necesitaban de ella por el momento.
Un problema menos del que preocuparse.
–Isabella –Escuchó que Edward la llamaba desde la entrada. Bella rodó los ojos.
– ¿Qué quieres?
–Saldré donde Alice, espero te quedes en tu cuarto. No quiero problemas.
–Ajam.
– ¿Qué dijiste?
–Ya escuchaste. Ve donde Alice y déjame. No iré a ninguna parte. No sé por qué te tomas tu tiempo en repetirme siempre lo mismo como un lorito.
–Porque parece que tu cerebro es tan lento que siempre necesita que te recuerden las cosas.
–Serás cretino –Gruñó Bella brincando de su cama para decirle unas cuantas cosas a su dizque cuidador, pero cuando llegó a la sala ya se había ido.
Bella suspiró frustrada. Las últimas Lunas habían sido un completo desastre en lo que tiene que ver con su relación con Edward. No se hablaban sólo para lo necesario, pero siempre terminaban en groserías.
En el complejo, Edward la dejaba sola mientras él trabajaba. A veces ella se iba a caminar por ahí porque ya ni soportaba estar en la misma habitación que él.
Ocasionalmente se encontraba con Emmett y Alice, y hablaba con ellos. Agradecía con locura el obsequio del grandote. Sin él, y Edward aplicándole a ley del hielo, se hubiera vuelto loca por no hablar con nadie.
Con Emmett la relación era más cercana. Ahora que podían comunicarse pudo ver la verdadera personalidad burlona e imprudente del subordinado de Edward. Para ella, él se convirtió en un hermano en medio de este mundo desconocido.
Con Alice, la relación era… extraña. No le caía mal, pero no podía dejar de ser reservada con ella. Se decía que eso pasaba porque de todas maneras ella era la novia de Edward. Sin embargo, la misma Alice a veces se mostraba en contra de su pareja apoyándola a ella.
Un lugar recóndito en su mente le decía que su rabia por Alice se debía a otra cosa, pero se negaba a admitirlo.
Y como no quiso ahondar más en sus pensamientos, volvió a su cama y sus tabletas, sus compañeras cuando estaba en casa.
Bella sonreía mientras corría con afán, regañándose por haber sido tan estúpida y no haber aprovechado la oportunidad antes.
Había estado sola la mayoría de las últimas noches. Siempre se había quedado en la casa porque no tenía nada mejor que hacer. No era como si pudiera salir y hacer de las suyas.
Pero, mientras dibujaba el paisaje de Vulturi desde el techo de la casa de Edward, se dio cuenta que era la mejor oportunidad para poder cumplir su otra misión personal.
La primera había terminado en un fiasco. Reconciliarse con Edward era una posibilidad que estaba a años luz de distancia. Recuperar su ropa era más probable por poco, pero seguía siendo posible. Y con Edward fuera, tenía más chance de encontrar sus pertenencias y salir de los laboratorios.
Llevaba tiempo analizando la naturaleza Vulturi y sus comportamientos. Cosas como candados, vigilantes, celadores, alarmas, eran raras en este mundo, ya sea porque estaba lleno de santos o porque los castigos eran tan severos que todo el mundo prefería hacer lo que se le estaba permitido antes de terminar torturado o muerto. Bella no sabía a ciencia cierta cuál era la razón y tampoco le importaba.
El cielo que cubría el planeta estaba brillante, ya no era el típico rosa, sino que era más oscuro, como un rojo incandescente. Cielo que había presenciado muy poco y que, a pesar de su belleza y extravagancia, no se quedó mirando. Ahora para Bella el tiempo la apremiaba.
No había nadie por las calles, así que no llamaba la atención. Le tomaría algunas horas llegar a Vulturi a pie, pero tenía que intentarlo.
Alice se había quedado dormida en brazos de Edward después de unos pocos besos. Estaba cansada, había dicho, para luego recostarse en su pecho.
Edward suspiró frustrado. A excepción de los proyectos sobre su misión, todo estaba saliendo al revés. Él e Isabella se odiaban, Vulturi tenía la mirada puesta en él ya que se enteraron de su funesta empatía con la humana, y como cereza del pastel su relación con Alice no tenía progreso.
No supo cuando pasó, pero ahora, mientras Alice se acomodaba y le daba la espalda, se daba cuenta que ella simplemente se estaba rindiendo. Ya no era tan cariñosa ni melosa como antes, simplemente se limitaba a estar con él de vez en cuando. A veces ni siquiera se aparecía para besarlo durante el día.
Edward había olvidado la última vez que habían tenido sexo.
Suspiró nuevamente. No entendía qué estaba pasando. Se suponía que después de todo, él era el resistente de la relación, el que debía progresar. No era Alice la que debía retroceder.
Decidió que tenía que volver a su casa. Tenía que pensar, y a la luna siguiente hablar con Alice al respecto.
Gracias a su buena memoria, Bella pudo llegar a los laboratorios en menos tiempo del que pensó y sin penderse. Cuando vio la imponente estructura frente a ella, no pudo evitar hacer un pequeño salto de la victoria.
Se escondió frente a unos árboles artificiales. El cielo estaba totalmente oscuro ya, pero sólo quedaba poco tiempo antes de que llegara el cambio de Luna, y entonces tenía que estar en la casa.
No sabía exactamente qué era eso, Edward le había explicado muy técnicamente y no lo entendió, por lo que cuando volvió a preguntar el solo dijo que era peligroso estar fuera cuando pasaba y que no molestara más.
Bufó ante el recuerdo. A Edward todo le molestaba.
Caminó rodeando la estancia pegada a los gruesos e imponentes árboles. Sabía que no podía entrar por el frente. Podían los aliens no usar seguridad pero sería muy problemático si ella aparece como si nada.
Tenía que haber una puerta lateral en alguna parte. Estaba segura de eso. Así tuviera que rodear el inmenso laboratorio tenía que encontrarla.
No tuvo que avanzar mucho cuando vio algo similar a lo que buscaba.
Era una reja, que se extendía varios kilómetros más y que separa el jardín de un patio interno.
Bella rio, esto sería más fácil de lo que imaginaba.
Empezó a escalar la verja. Era extraña, de tubos largos pero muy separados, dando la impresión que sólo estaban para dividir los laboratorios el área exterior. Sus delgadas piernas se entrelazaron mientras se halaba para subir.
Cuando estuvo arriba, se tiró hacia el otro lado, pero no cayó bien y su pie derecho se dobló. Ahogando un grito se levantó doblando los ojos. Todavía quedaban rastros de su torpeza de antaño.
Observó el panorama y no había nadie en los alrededores, como esperaba.
Empezó a correr como pudo con su pie doblado buscando una puerta en las paredes del laboratorio, todavía aferrada a los tubos de la reja por si tenía que huir.
No tuvo que buscar mucho cuando vio la casi invisible marca en la pared.
Bella no podía creer su buena suerte.
Desde donde estaba hasta su objetivo había sus buenos cien metros. Se cercioró que verdaderamente estuviera sola, y movió su pie para evaluar cuánto podía correr.
Cuando se sintió preparada, contó.
Uno.
Dos.
Tres.
Y se lanzó a correr.
Pero no avanzó mucho porque unos brazos la atraparon por la cintura.
– ¡¿Qué mierda?!
–Cállate –Murmuró una voz conocida– ¿Quieres morir y que me maten a mí de paso?
– Edward ¿Qué—
–Te dije que te callaras –Le atajó volteándola agarrándola– ¿Estás loca? Te dejo sola un momento y mira todo lo que haces ¿Ves que si necesito repetirte las cosas? ¡Arg! Menos mal logré adivinar donde estabas. ¿Imaginas dónde estuvieras ahora de no ser por mí?
–Edward me estás—
– ¡Que te calles!
Después de eso los dos callaron. Un ruido externo venía hacia ellos. Voces, pisadas.
–Edward, ¿Qué—
–Shhh –La interrumpió el susodicho por enésima vez en la noche– Son vigías. Vámonos, no pueden vernos aquí. Sube.
– ¿Qué-qué hace aquí? ¿No se supone que ahora no hay-hay nadie? –A medida que Bella hablaba, subía por los tubos.
–Son vigías de las Lunas. Se encargan de que durante el cambio de Luna nada ni nadie esté afuera. Además de adecuar las plantas de energía.
Cuando Edward terminó de hablar, ya estaba del otro lado. Bella nuevamente volvió a caer mal y su tobillo de dolió más.
Edward la levantó bruscamente haciendo que llorara del dolor.
– ¿Qué tienes? –Le preguntó algo preocupado.
–Mi pie… me lo doblé, creo.
Edward suspiró, y se colocó alerta al sentir los pasos más cerca.
–Vamos Bella, ¡necesitamos irnos ya!
Bella asintió, corriendo con dificultad, pero no llegaron muy lejos porque otra patrulla venía de las calles.
Las caras de Edward y Bella eran la viva imagen del miedo. Tenían que pensar rápido, y eso fue lo que hizo el alien.
Se devolvió sobre sus pasos agarrando a Bella por el brazo y colocándose muy juntos tras los árboles.
Pero, para su mala suerte, seguían avanzando, tanto por dentro de los laboratorios como en el exterior. Estaban rodeados.
–Edward…
–Shhh –volvió a suspirar nervioso.
Bella también suspiró mientras murmuraba.
–Debería tragarnos la tierra, sabía que no todo podía ser tan bonito.
Edward la miró con los ojos abiertos. Tenía una idea.
–Lo tengo.
– ¿Qué cosa?
Edward no dijo más nada, sino que los tiró a los dos al suelo. Él encima de ella.
–No hagas ruido ¿Estás bien? Quedémonos así, no creo que miren hacia abajo de los arbustos.
Bella no dijo nada. Pero no porque Edward se lo haya ordenado. Estaba muda de la impresión. De sentir el fornido cuerpo del alien contra el suyo la iba a hacer hiperventilar.
Trató de controlarse, pero eso se estaba haciendo imposible. Edward, se apoyaba en sus codos para no pisarla, pero estaba muy cerca, tan cerca que Bella pudo detallar su rostro, esos ojos gatunos que al principio la asustaban, pero que ahora la llamaban. El cabello cobrizo que caía largo sobre su frente rozándola, pero sobre todo, esos labios que la estaban tentando.
Quería besarlo.
El mismo Edward dejó de mirarla unos segundos, a lo que ella frunció el ceño.
–Ya se fueron. Podemos salir –Dijo indiferente– ¿Isabella?
Ella no dijo nada, sólo subió las manos por el cuello de Edward impidiendo que se levantara.
No sabía cuándo iba a estar así con él. Estaba segura que él también lo sentía, esa energía invisible que los atraía hacia el otro.
Sabía que, apenas se levantaran, volverían a su mundo de peleas e insultos. Y nunca más iba a sentirlo de esta manera.
Por lo que se dejó llevar, tocando los labios de Edward con los suyos.
Fue suave, más de lo que esperaba, pero lo acabó demasiado rápido. No quería ser más atrevida de lo que ya fue.
Sin embargo, no tuvo tiempo de pensar si era un error, porque ahora era Edward quien tomaba sus labios, más apasionados y hambrientos que antes.
Bella se sorprendió, pero no faltó mucho para seguirle el movimiento cerrando sus ojos y agarrando el cabello de Edward con sus manos, a la vez que sentía como él tomaba delicadamente sus mejillas.
Duraron varios minutos en su burbuja, ninguno dispuesto a romper el hechizo.
Pero una alarma en la muñeca de Edward los alertó.
Se separaron abruptamente, pero sin dejar de mirarse. La confusión y la impresión nublaba sus mentes a partes iguales.
–Debemos regresar –Dijo Edward al fin– Pronto será el Cambio de Luna.
Bella solo asintió, sintiéndose algo vacía cuando Edward se levantó.
– ¿Puedes caminar? –Le preguntó el alien.
Bella volvió a asentir. Se había olvidado completamente de su pie doblado.
–Vamos, sígueme, dejé mi auto allá –Finalizó Edward sin mirarla.
La chica lo siguió algo atontada. Ya superado el éxtasis del momento se preguntaba asustada que seguía después de lo que acababa de pasar.
No quería saber la respuesta.
Cuando llegaron a la casa, Bella salió volando del auto. No aguantaba la incomodidad.
Ni Edward ni ella habían dicho algo con respecto a lo que había pasado, y el silencio sepulcral simplemente se había vuelto insoportable.
Sabía que estando en casa, los dos, tenían que hablar tarde o temprano
–Isabella –La llamó Edward sin bajarse del auto– Me voy. Te lo pido, no salgas.
– ¿A-a dónde vas? –Dijo Bella algo nerviosa.
–Donde Alice.
Y eso bastó para que parte de Bella se rompiera.
–Hmmm Está bien ¿Te quedarás allá?
– Si, me voy ya y ya sabes—
– ¡Basta ya! No saldré, me quedaré aquí ¿Bien? Estoy cansada.
Bella sintió la mirada de Edward tras su espalda mientras entraba, pero no se volteó a cerrarla hasta que sintió que el auto se fue.
Ni siquiera se cambió, sólo se acostó reprimiendo un suspiro en la almohada. Estaba cansada, pero no podría dormir. No cuando cada vez que cerraba los ojos, recordaba lo placentero que se sintió que Edward la besara. Una sensación que, ahora le había quedado claro, no se volvería a repetir.
¡Buenas noches!
Si, algo raro yo por acá tan pronto, pero la musa volvió y hay que aprovecharla :3
Espero les guste el capítulo. Alguito intenso :D
Voy a tratar de actualizar este fin de semana otra vez, ya que en mi ciudad (Barranquilla) hay carnavales por lo que anda de parranda, así que no hay trabajo, ni estudio, ni nada hasta el Miércoles de Ceniza. Eso puede ser bueno mientras no me saquen de mi casa xD.
Gracias por sus reviews, alertas y favoritos, y espero sus comentarios a ver que les pareció :)
¡Nos vemos!
MJ
