Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.
Historia Original.
Luna 36.
Bella lo anotó en la tableta donde escribía, mientras sacaba cuentas en días terrestres a que fecha más o menos estaría, recordando preguntarle a Emmett o a Alice cuantos días había pasado viajado por las estrellas.
Sin embargo, no había podido hacer nada, porque cada vez que lo intentaba una contorsión retorcía su vientre.
Malditos cólicos– Resopló frustrada.
–Insisto en que eso no puede ser normal –Observó Alice preocupada.
–Oh, es muy normal, sobretodo en mujeres con tal mala suerte como yo. ¡Dios! Tenía meses que no me bajaba de esta manera, y se le da por aparecer en este jodido planeta.
–Debe ser por la buena alimentación que has recibido, es más, estás más gorda que cuando llegaste.
Bella resopló algo enojada.
–Alice, no puedes decirle a una mujer que está gorda, y menos cuando tiene las hormonas sensibles –Replicó.
–Ups, no quería ofenderte.
–No te preocupes –Tranquilizó Bella rodando los ojos– Lo tomaré en que ya no parezco un esqueleto andante.
–Está bien –Dijo la alien más animada– De todas maneras, no eres la única que sufre. A Edward todavía le duelen sus…
–Basta, lo entiendo –Cortó Bella sonrojada– ¡Arg! Debe tener ganas de matarme.
Alice soltó una carcajada mientras ella recordaba la mayor vergüenza de su vida.
.
Bella siempre solía soñar, con su padre, Jacob, o su niñez y adolescencia en la Tierra. Sin embargo, desde esa noche de la Luna 30 alguien más se colaba en uno que otro sueño.
Y ella no lo quería, lo evitaba lo más posible, lo podía jurar.
Pero el subconsciente suele ser un completo traidor.
Soñaba que Edward la besaba como aquella vez, que la apretaba en sus brazos para sentirla cada vez más cerca. Que habían dejado la hostilidad que alguna vez había aparecido entre ellos y en cambio, todo eso se convertía en pasión.
¡Y vaya qué pasión!
A medida que pasaban las noches, ya no solo eran besos lo que idealizaba, sino toques, caricias, palabras.
Que Edward la llevara evitando desde esa noche era una ventaja, porque ella tampoco quería mirarlo a la cara y recordar esas fantasías.
Esa noche en particular había soñado con que estaban en un prado, Bella creía que era hermoso, pero no pesaba mucho en eso ya que su atención la tenían los besos de Edward y sus manos, una en su cabello y otra colándose por su camiseta, llevándola cada vez más arriba.
–Isabella –lo escuchaba gemir con ese tono autoritario que ahora le estaba gustando– Me estás volviendo loco.
–Edward –Ella respondió con la voz entrecortada– Te deseo, Edward—
Pudo divisar su hermosa sonrisa torcida. Moriría viéndolo sonreír.
– ¿Qué quieres que haga hermosa? –Le dijo mientras tomaba con su mano uno de sus pechos, haciendo que Bella gimiera.
–Eso, quiero sentirte Edward.
– ¿Así? –Le preguntó jugando con sus pechos mientras la otra mano bajaba por sus caderas.
Bella las levantó, indicando que quería más con un gemido.
–Así –Contestó halando a Edward a su cuello– Y más.
Escuchó como el alien suspiraba en su nuca y dejaba pequeños besos, mientras su mano seguía bajando. Bella gemía en anticipación.
–Isabella, Isabella, Isabella –Bella frunció el ceño al escuchar a Edward repetir tanto su nombre.
– ¿Qué pasa? –Preguntó algo exasperada, y se dio cuenta que su voz estaba diferente.
–Abre los ojos, estás—
Y apenas Bella cumplió la orden. Se encontró la cara de Edward muy cerca de ella. Bajó la mirada, dándose cuenta también que los brazos del alien estaban en sus muslos.
Durante sus últimos años en la Tierra, hubo momentos en los que hombres enfermos querían aprovecharse de niñas y jóvenes. Ella estuvo en la lista una vez, y de ahí, cada vez que un desconocido se acercaba con pervertidas intenciones, le pegaba tan fuerte en su entrepierna como podía. Su padre le había enseñado cómo hacerlo.
Bella no pensó, ella simplemente reaccionó asustada, como si se hubiera activado un impulso automático, pegándole a un Edward que gritó tan fuerte mientras decía palabras que ella no entendía.
Sólo bastaron dos segundos para despejar su mente.
– ¡Edward! –Se levantó corriendo mirándolo sin saber qué hacer– ¡Lo siento! ¡Mierda! ¿Qué carajos hacías encima de mí?
–Olía… y… miré… sangre ¿Cómo…-
Bella no entendió nada, pero la palabra "Sangre" la alertó.
Miró sus sábanas, se miró ella, y si, efectivamente alguien le estaba haciendo la visita.
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–No es gracioso Alice –Contestó Bella volviendo a la realidad.
–Tienes razón –Concordó la alien, a lo que Bella alzó una ceja– Gracioso fue Rosalie y sus quejas para contigo.
Bella rodó los ojos– Ella me odia. No tengo la culpa de que el cuerpo humano sea así. Ustedes son benditas de que solo menstrúan cuando desean tener hijos. ¡Y ni eso! Es mientras quedan encinta.
–Ventajas de la tecnología por estos lados –Alice seguía sonriendo.
La castaña a veces no entendía como Alice podía ser aparentemente tan alegre. Es decir, se enteró que su novio estuvo encima de ella y que le pateó las pelotas… Y sin embargo lo ve como la cosa más graciosa del mundo.
Si Bella fuera Alice, estuviera planeando mil maneras de matarla.
Pensándolo bien, agradecía la actitud descomplicada de Alice.
–Alice –Escuchó la voz de Emmett entrando a la habitación– ¡Mira! ¡Si tenemos a la patada de oro!
– ¿Qué acaso todo el mundo sabe eso? Se supone que los vulturianos no son curiosos ¿No pueden tener su boca cerrada?
–Lo que pasa querida Isabella –Dijo Emmett mientras se sentaba a su lado– Es que Rosalie es mi pareja, y ella me cuenta todo. Y Alice me imagino que Edward le contó.
–Edward me llamó diciendo que llegarían tarde –Respondió la pequeña alien escondiendo la risa– Cuando me contó no podía creerlo. Los hombres vulturianos tienen esa parte muy sensible.
–Igual que los hombres humanos –Respondió Bella– Por eso fue que lo hice, sentí invadido mi espacio personal.
–Te apoyo, Edward y sus actitudes impulsivas ¿No podía llamarte primero acaso?
Isabella miró a Alice de manera extraña. Algo no estaba normal aquí…
Una alarma captó la atención de todos. Bella frunció el ceño, ya que nunca la había escuchado.
– ¡Oh sí! Hay misión –Gritó Emmett parándose de su asiento.
– ¿Misión?
– ¡Si! –Le contestó Alice a Bella, y luego miró a su otro colega– ¿A dónde crees que sea, Emmett?
–No lo sé. Tal vez no muy lejos. ¡Alice! ¿Sabes lo que implica esto?
– ¡Sí! Nuestro… –Abruptamente Alice paró y volteó a ver a Bella– Apagaremos tu audífono, no puedes escuchar esto todavía.
–Ni siquiera entiendo nada de lo que hablan. ¿Qué misión? ¿Y nuestro qué? ¿No que no mienten?
–No podemos mentirte, pero si podemos negar decírtelo. –Y apenas dijo esto, Emmett pulsó su pulgar en el oído de Isabella y apagó su traductor.
Un puchero de frustración se posó en la boca de Bella mientras caminaba. Sus, dizque, amigos iba adelante gritando en vulturiano muy excitados.
A medida que se acercaban al cuartel, se iban sumando todos los miembros del equipo de Edward, con la misma emoción.
Tal parece que estaban necesitados de un poco de acción. –Pensó Bella, imaginándose de que iba todo esto.
Edward había terminado de dar las indicaciones de la nueva misión, y había pedido a todos que se fueran. Ni siquiera había aceptado la compañía de Alice o Emmett.
Estaba totalmente lleno de frustración.
El próximo trabajo eran refuerzos para combatir fuerzas rebeldes en Nix, uno de los tantos planetas en manos de Vulturi.
Edward amó la vez que fue a ese planeta. Sus habitantes son pequeños seres ágiles y astutos, buenos peleadores que dieron bastantes problemas para ser sometidos.
Después de varias eras, volvían a dar guerra.
Y él no estaría allí para combatirlos.
La orden fue que tenía que quedarse, vigilando a su irritante humana, mientras que a su equipo le era asignado un nuevo líder para las contiendas.
Quería culpar a alguien. A Bella para ser exactos.
Pero Alice le había abierto los ojos esa noche en que, después de haber tomado y besado a Isabella en un impulso irracional, había ido donde Alice con la intención de olvidarse de todo.
Eso era lo que creía necesitar. Una noche con su pareja, llena de besos y caricias, donde podía, como había estado tratando todos estos días, enamorarse totalmente de ella.
Pero eso no sirvió.
Y no funcionó, porque sencillamente no podía sacarse a la humana de la cabeza, rememorando cada tanto ese bendito beso que lo estaba volviendo loco.
Y lo peor: Alice se dio cuenta.
Esperó de todo esa mañana en la que ella se apartó de él en su cama: que lo retara, peleara con él, lo tratara de traidor, que no había correspondido su amor, de enfermo…
Cualquier cosa, menos el consejo que le dio.
–Edward –Le decía ella mirándolo con decisión– te conozco desde hace mucho tiempo, y lo hago muy bien. Cuéntame.
–Alice, nada ha pasado, no se–
–No lo niegues –Respondió Alice mientras se levantaba y se vestía– Es duro para mí admitir esto, pero es la realidad. Tenemos que terminar esta farsa Edward.
– ¿De qué farsa hablas? –Edward también se vestía mientras hablaba, desesperado por entender lo que su pareja quería decir.
–Esto –Alice se señaló y después a él– No estamos enamorados, tú no estás enamorado de mí. ¡Ni siquiera sé por qué lo intentas!
–Eso no es cierto –Contestó él mientras se acercaba y tomaba su cara. Alice agarró sus muñecas.
–No se te ocurra Edward.
– ¿Qué?—
–Ni se te ocurra besarme cuando estás pensando en otra persona –Edward iba a hablar pero Alice lo interrumpió antes de que dijera algo– Lo haces. Piensas en Bella, no puedes negarlo.
Edward la soltó asustado de sus palabras.
– ¿Ves? Lo sabía. Se besaron, ¿Cierto?
Él simplemente se quedó callado y dio la vuelta. No quería decirlo.
–No quería hacerlo Alice –Al fin habló admitiendo su error indirectamente– Fue… No lo sé, simplemente pasó.
Ahí fue donde llegó su cara de póquer. En ese exacto momento, en el que esperaba rabia y violencia de parte de Alice, lo único que recibió de ella fueron risas.
–Eso es… no puedo creerlo… pero si… Edward, tú y Bella.
–Alice, ¿Qué pasa contigo? –Dijo Edward interrumpiendo su diatriba tomándola por los hombros.
–No te preocupes por mí –Tranquilizó ella– Estoy bien. No voy a molestarme por eso.
Edward no entendía la indiferencia de Alice y eso terminó por molestarlo.
– ¡¿Pero qué dices?! ¡Eres mi pareja Alice! Deberías molestarte. Deberías querer matar a Isabella por lo que pasó, ¡Querer matarme a mí! ¡Tú me amas Alice!
– ¡No lo hago! ¡Suéltame Edward!
Edward obedeció asombrado, no podía articular palabra.
Alice fue la que, finalmente quiso aclarar las cosas.
–No me malentiendas Edward, sí, te quiero, pero… no lo sé. Al principio, pensaba que te amaba. Es decir, existía esa atracción loca entre los dos. Cuando me contaste que no te sentías emocionalmente muy ligado a mí, lo atribuí a mi condición de extraña, porque yo sí sentía cosas por ti. Así que decidí esperar, a que quisieras decirme esas palabras.
–Juró que traté –Confesó el chico– Quería enamorarme de ti.
–Lo sé. Eres una gran pareja Edward. Me lo demostraste de mil maneras: Tus besos, caricias. Cuando empezamos a acostarnos fue de las cosas más maravillosas de nuestra relación. Eras tan bueno conmigo que de verdad creí que lo estábamos logrando.
– ¿Cuándo…? –A Edward se le hizo un nudo de culpa en la voz.
– ¿Cuándo me di cuenta que no íbamos a avanzar? –Él sólo susurró un leve "si" – Fecha exacta, no lo sé. Pero, después de la llegada de Bella. Empecé a darme cuenta que todo en ti se centraba en ella.
–Eso no es cierto –Refutó Edward– Yo la odiaba. Puedo decir que todavía me molesta.
–Lo sé –Alice rio– Pero sentías cosas por ella. Y lo peor… no entendía por qué no me molestaba.
– ¿Dejaste de amarme?
Alice suspiró –No lo sé, era extraño. Bella me cae bien. Es sólo una víctima en todo esto. Aun así, me dije que tú eras mi pareja, y que tendría que estar celosa porque consume tu tiempo. Querer matarla como dijiste, pero no pude.
››Después, vino tu advertencia de convertirte en ciudadano y una brecha crecer entre ustedes dos. Volviste a mí, y lo vi como una oportunidad. Pero, me sentí mal por ella. La estabas tratando mal, ella no se merecía eso.
–Lo recuerdo. Esa pelea –Dijo Edward rememorando la primera y única vez que peleó con su pareja.
–Decidí rendirme –Finalizó Alice ya sentada en la cama, sin mirarlo– No te diré qué pasó conmigo, sólo que algo en mí me reveló que te estás enamorando de Bella.
–Alice… –Edward se agachó frente a ella y la miró fijamente– Eso no es cierto ¿Sí? Lo de Bella fue un error. Escúchame a mí ahora –Le dijo antes que lo interrumpiera– No lo negaré, siento una atracción hacia ella, algo extraño. Pero, así me enamore de ella, una relación sería imposible, somos especies diferentes, planetas diferentes, pensamientos diferentes. En cambio a ti… Tal vez no te amé como debería haberlo hecho, pero te quiero mucho Alice, te aprecio. ¿No sería suficiente, por ahora? No nos rindamos ¿Si?
Alice no contestó, lo que fue un claro No en la cabeza de Edward. Éste suspiró frustrado, habían tocado fondo y no había manera de subir.
–Sólo te daré un consejo, ¿Podrías recibirlo?
–No me queda de otra, creo –Edward se levantó evitando la mirada de Alice, pero ella tomó su rostro haciendo que la mirara.
–No reprimas lo que sientes por Bella –Le dijo muy seria– Ella se irá, o se la llevarán, o quién sabe qué cosa. Dirás que estás feliz con eso, pero sé que no será así. Piensa que ella también siente cosas por ti. No desaproveches el tiempo que puedan tener los dos.
–Se te olvida que nos odiamos mutuamente –Le dijo quitando suavemente las manos de su cara– Que es una relación casi que imposible, y que si Aro se llega a enterar, me matará.
–Por eso te digo, aprovecha todo el tiempo que tengas, antes de que todo se vuelva caos.
– ¿Por qué estás tan segura que un desastre se aproxima? Lo has dicho varias veces –Preguntó Edward algo inquieto.
–Como con lo del beso, no diré más. Simplemente que lo sé.
Edward, contrario a la propuesta de Alice, había evitado a Isabella a toda costa. Hasta hoy, cuando vio la mancha roja en sus sábanas, sufriendo un susto de muerte.
Aunque no pasó nada, se dio cuenta de lo que había estado evitando.
Empezaba a tener fuertes sentimientos por la humana. Y no sabía qué hacer con ellos.
¡Buenas noches!
Aparezco después de mucho tiempo, pero tengo mis razones: Me mudé a estudiar a otro país (Perú) con una amiga. Pasé de ir a la Universidad, estudiar y vagar a tener que también cocinar, lavar, comprar, y otras cosas D: así que mi tiempo libre se redujo a casi nada (Y cuando tenía me iba a turistear, no me culpen xD).
Prometo no dejar el fic, eso seguro. Pero no daré fechas para actualizar porque no estoy segura cómo andaré. Sólo tenganme paciencia :3
Otra cosita: Ando con unos One-Shots en la cabeza, así que, si no aparezco por acá, de pronto lo haré con algunas historias que se me están haciendo fáciles de escribir :3
Gracias por sus Reviews, Alertas y Favs.
¡Nos vemos! :)
MJ
