Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.
Historia Original.
–Edward, deberíamos irnos ya.
–Silencio Isabella, estoy ocupado.
–Pero si ya todo está listo, Edw—
–Tú no sabes nada ¿Cómo puedes decir eso? –Edward por fin dejó de ver la pantalla y la miró– vete a donde sea que estabas, no tengo tiempo de lidiar contigo.
Bella suspiró frustrada, yendo hacia la habitación donde había estado todos estos días, con tal de no "molestar" a Edward, quien andaba de un humor insoportable desde que se fue su equipo.
Ella no entendía cómo se lo aguantaba.
–Eso es que te gusta. Ya no quieres estar pelear con él.
La verdad, sí lo sabía, pero se negaba a admitirlo.
Y menos si era la propia ex de Edward quien le había dicho eso.
Alice antes de irse, la tomó del brazo, la llevó a un cuarto y le dijo varias cosas que hicieron que la pobre humana se fuera de espaldas.
Primero, la revelación del plan que tenía con Emmett.
–Escucha, Emmett no quiere que te diga porque cree que se lo podrías soltar a Edward, pero sé que no lo harás.
– ¿De qué hablas? ¿Del jodido top secret que ustedes tienen?
– ¡Eso! –Alice tomó a Bella del brazo y murmuró muy bajo– Estamos buscando la manera de que vuelvas a la Tierra. Vamos a robar una nave.
– ¡¿Qué?!
Pero todo no quedó allí. Bella y su vena dramática pensaban que Alice quería deshacerse de ella de una manera muy sutil.
Pero la pequeña alien aclaró todo después de explicar el plan, sin que la humana preguntara.
–Espero que no vayas a pensar que es una manera de alejarte de Edward o algo así.
– ¿Qué… Eso no es… ¿Cómo puedes saber eso? –Cuestionó Isabella admitiendo indirectamente sus pensamientos.
–No lo sé, intuición –Dijo Alice despreocupadamente– Ya no estoy con Edward, Bella.
Está bien, eso no se lo esperaba, ya que según le había dicho Edward, ellos eran como los pingüinos: Una pareja para toda la vida o algo así.
– ¿Cómo es eso? –Pregunto una estupefacta Bella– Se supone que era tu alma gemela.
Alice rio: –Todos lo creímos, pero nos empezamos a dar cuenta que sencillamente no nos amábamos. Me gusta Edward, y yo sé que alguna vez le gusté… Pero no fue nada más profundo.
–En mi planeta no es extraño, sin embargo en sus cánones si lo es –Bella tenía el presentimiento de que se iba a arrepentir si hacía la pregunta que rondaba su mente.
–Pregunta Bella –Le dijo Alice sonriendo. La humana estaba sintiendo miedo. Ella parecía saber todo.
– ¿Por qué pasó eso? –Se aventuró.
–No tengo una respuesta exacta, pero podía ser porque, ya deberíamos tenerlo claro, yo no soy una vulturiana normal. Tal vez no está en mí enamorarme una sola vez… El caso con Edward, estoy casi totalmente segura –Alice sonrió con picardía– es que él se está enamorando de ti. Y no te hagas la sorprendida que tú también lo estás de él. Sé que se besaron.
Y de ahí, Bella se cayó al piso porque la sorpresa no la dejó estar de pie, ni siquiera la dejaba hablar y explicarse.
Alice la ayudó riéndose a carcajadas, dándole un último consejo.
–Edward es un idiota, te evita y todo eso cuando le dije que debería estar aprovechando el tiempo contigo. Ojalá seas lo suficientemente valiente para poder estar con él, antes de que vuelvas a tu planeta.
– ¿Volveré? ¿Estás segura?
–Como de que encontraré a mi verdadero amor algún día –Y dando por finalizada la charla, Alice apagó el auricular de Bella y la llevó con Edward, despidiéndose definitivamente de sus sentimientos por el que fue su pareja.
Un ruido despertó a Isabella del letargo sin sueños al que había caído. Se extrañó ya que se encontraba en el piso de uno de los cuartos de la instalación de trabajo.
No sabía qué timos eran, pero había pasado mucho tiempo. Su cuerpo le decía que hace ya mucho rato tenían que haber estado en casa.
Tomó su Tablet, que había quedado encendida en uno de los dibujos que hacía, y se levantó para llamar la atención, esta vez más fuerte, de Edward.
Tuvo que correr cuando escuchó un estruendo venir de la habitación principal. Y no esperó ver lo que vio.
Edward yacía semiconsciente en el suelo, murmurando palabras en vulturiano. Su muñequera brillaba y producía un estruendoso ruido.
A Bella no le costó deducir qué había pasado. Edward abusó de su energía.
– ¡Edward! –Se agachó delante de él– ¿Cómo te sientes? ¿Me escuchas?
–Lo hago… Dame… un… momento.
Bella suspiró más tranquila.
–Forzaste tu energía –Lo regañó– El informe de la misión está listo hace tiempo, y lo sabes. No sé por qué lo revisas tanto. Te hiciste daño.
–Cállate… No… me… hables.
A esa actitud, Bella simplemente rodó los ojos y se levantó.
–Esperaré a que puedas estar en pie, y nos iremos, así yo tenga que conducir esa cosa a casa y llevarte a rastras.
–Tú… no… me… mandas –Replicó Edward mientras se trataba de levantar.
– ¡Lo haré si quiero! Buscaré la manera de apagar todo y llevarte. Ahora tengo más fuerza que tú.
Por fin, el alien dejó de replicar mientras se sentaba. La cara de pesar que tenía le llegó hondo a Bella.
Maldijo a su corazón por sentirse así con él. Pero no podía evitarlo.
–Oye –Se acercó y se sentó a su lado– No quiero ser una imbécil, pero… supéralo ¿Si? No fuiste a dar palizas a ese planeta tal como te gusta, resígnate. No es culpa tuya, ni mía, ni de nadie… que esté vivo al menos.
Bella sonrió al escucharlo reír brevemente.
–No te hagas esto. Tú me dijiste una vez que violar el nivel mínimo de tu energía podría matarte. ¿Eso quieres? Si te mueres, ahí si no tendrás la posibilidad de ir a joder a los vecinos nunca más.
–Me parece que no estás hecha para dar consejos –Le dijo Edward, pero todavía sonriendo– No es fácil para mí, Isabella.
– ¿Quieres hablar?
–Creo que no –Edward suspiró mientras se levantaba– Vámonos.
En el camino, ninguno de los dos habló. Bella entendía cómo Edward necesitaba su espacio. Pero deseaba internamente que se abriera con ella.
Habían pasado muchas cosas entre los dos: Peleas, discusiones, problemas y más problemas. Pero hubo un momento, inclusive antes del beso, que los sentimientos empezaron a nacer.
Estaba confusa, y tenía miedo. Porque era una relación imposible.
No era sólo drama, para Bella, era la realidad. Eran especies diferentes, y más allá de eso, sus pensamientos y opiniones también eran distintos y vivían peleando por eso.
No sabía qué sentía él. Según Alice, también tenía emociones por ella, sino que se negaba a admitirlo y por eso la evitaba. Bella creía que simplemente no se sentía cómodo después de que se besaron.
Pero Alice le había dicho que fuera valiente y hablaran. Y ella no quería ser cobarde.
Un gruñido escapó de su garganta, haciendo que Edward se volteara.
– ¿Estás bien? –Preguntó.
Bella sólo asintió sonrojada hasta las orejas.
– ¿Quieres hablar? Te noto inquieta–Edward repitió la pregunta que ella misma le había hecho antes.
–No lo sé –Suspiró– Tengo la cabeza llena de cosas. Pero… También tengo miedo de hablar.
Edward no dijo nada por algunos minutos. Hasta que saltó con una idea.
–Te mostraré un lugar –Le dijo, ya casi llegaban a la casa– Tal vez te de la respuesta.
Edward se parqueó en la entrada, y Bella se extrañó ¿No que iban a otro lugar?
Lo siguió con el ceño fruncido hasta el cuarto de entrenamiento y simulación. No le gustaba estar ahí.
–Créeme cuando te digo que este es el último lugar al que vendría a pensar –Le dijo.
–Cálmate –Replicó él mientras activaba algo en su control de muñeca– Es un lugar de la casa que no conoces. Nunca te lo he mostrado.
Bella simplemente asintió, estaba algo nerviosa y no sabía por qué.
De repente, una escotilla se abrió a un rincón de la habitación. Edward avanzó y le dijo que lo siguiera.
Subieron los escalones, llegando a una especie de ático.
Bella abrió los ojos sorprendida.
La habitación era baja, pero amplia, ya que parecía abarcar toda el área del piso inferior. Estaba lleno de cosas.
Como un ático humano cualquiera.
Aparatos, balones, comida, cajas… muchas cosas amontonadas por todas partes.
Pero lo que llamó más la atención de Bella fue una parte del techo que no tenía tejas, sino una especie de vidrio en el que ahora veía en cielo rojizo oscuro de Vulturi.
Era impresionante.
– ¿Qué es esto? –Preguntó ahora mirando a Edward, quien se había sentado en el suelo debajo del techo transparente. Lo siguió y se sentó a su lado.
–Es… no lo sé. Cuando me asignaron esta casa, lo encontré. Estaba sucio y el techo empolvado. Con Emmett lo limpiamos y arreglamos, pero no quisimos tocar ni sacar nada. Mucho menos sabiendo quien vivía aquí antes.
– ¿Sabes de quien son estas cosas?
–De los padres de Alice.
Bella se removió un poco inquieta.
– ¿Por qué te da miedo?
–Cuando nacemos, somos criados todos por Cuidadoras y luego somos sometidos a entrenamiento según nuestra vocación. No volvemos a saber nada de nuestros padres. Sólo sus nombres y si llegamos a tener hermanos, para evitar el incesto. Conocer sobre los padres de alguien, más si es conocido nos inquieta. Es meternos con cosas que no deberíamos.
– ¿Nunca has… esculcado nada?
–Sabes que no tenemos ese gen de la curiosidad, así que mis ganas de ver que hay no son muy potentes.
–Entonces ¿Por qué vienes aquí?
–Yo siento… –Edward suspiró– No lo sé. ¿Una energía, tal vez? Subir acá aclara mis ideas. Había dejado de hacerlo desde que llegaste, por miedo a que lo vieras.
Bella sonrió: –Ahora estoy aquí.
–Porque yo lo decidí –Sonrió Edward de vuelta.
Quedaron un tiempo en silencio, cada uno meditando sus propios problemas, sin darse cuenta que sus inquietudes eran las mismas y tenían que ver con su compañía.
– ¿Para qué es el vidrio? –Pregunto luego Bella tratando de relajar el ambiente.
–Ya lo verás –Le respondió Edward sonriendo.
Al rato, Bella cayó en cuenta a qué se refería.
Era el famoso cambio de Luna, que estaba prohibido ver porque irradiaba tanta luz y energía que podía matarte. Todo Vulturi de abastecía con ese poder.
Era brillante, como un Sol de mediodía, pero al doble. En el cielo había dos esferas rodando una sobre la otra.
Cuando llegaron a estar en perfecta sincronía, Bella tuvo que cerrar sus ojos de lo radiante que era. Era impresionante cómo sentía el calor, como cuando iba a la playa o esos días en Forks donde por un milagro el Sol aparecía.
Lloró. Porque había olvidado cuanto tiempo había pasado sin sentir algo parecido a la luz del Sol. Ni siquiera en sus dos últimos años en la Tierra había tenido un momento así. Sin correr y huir con su padre.
Lloró, sin importarle que Edward la mirara, y le agradecía internamente haberle regalado este momento.
No aguantó más, y lo abrazó.
Edward, se mantuvo estático al sentir el cuerpo de Bella casi encima del suyo.
La había estado mirando mientras lloraba. Desde aquella vez que se quemó en el simulador no la había visto tan vulnerable. Y como en ese momento, algo se movió dentro de él, pero esta vez más fuerte.
No quería escucharla llorar más. Ni ahora, ni nunca.
–Bella –siendo consciente que la llamó por su apodo, la movió, tomando su cara– No llores.
– ¿Qué? –Se limitó a decir ella.
–No me gusta verte así. Es… Duele.
Bella sólo pudo sonreír al escuchar eso.
Alice tenía razón, y ellos sólo eran un par de idiotas.
–No te preocupes –Le dijo tomando sus manos en su cara– Estoy bien, es que… me impresionó verlo. Me acordé de muchas cosas, es todo.
Escuchó como Edward suspiraba.
–No sé qué pasa conmigo, qué me pasa contigo. Es muy extraño, ni con Alice me sucedía esto –Murmuró él todavía con miedo a admitir sus sentimientos.
–Me siento igual –Contestó ella– Es la primera vez que estoy así. Pero creo que es hora de enfrentarlo. No podemos seguir separándonos y haciéndonos daño.
–Nunca había sentido tanto miedo en mi vida, Bella –Dijo Edward juntando sus frentes– No será fácil ¿Lo sabes?
–Lo sé, también tengo miedo. Tenemos un montón de cosas que superar. Pero podremos, estoy segura de eso. Mientras estemos juntos en esto.
– ¿Prometes estar siempre conmigo? –Dijo Edward en medio de un suspiro. Sus labios casi se tocaban.
Bella recordó el plan de Alice y Emmett. Pensó si quería quedarse, o irse y rencontrarse con Charlie.
Decidió mejor disfrutar el momento. Todo lo pensaría después.
Sólo sabía que no quería estar sin él.
–Lo prometo –murmuró finalmente– ya no quiero dejarte Edward.
–Yo tampoco.
Y entonces, con sus labios unidos, sellaron su promesa.
Sus labios se movían con temor. Un recelo que los dos tenían por lo que se avecinaba.
Pero ni Edward ni Bella querían pensar, sólo anhelaban sentir. Dejar de cavilar en lo diferentes que eran y todo lo que eso conllevaba.
Bella terminó sentaba en el regazo de Edward, agarrado su cabello mientras él ponía sus manos en la cintura de ella, juntándola a él lo más que podía.
Cuando terminaron jadeando en busca de aire, Bella puso su cabeza en el hombro de Edward, sonriendo por la multitud de sensaciones que tenía dentro de ella.
Edward acariciaba su espalda, relajado, sintiendo como un peso salía dentro de él.
–Eso fue… ¡Wow! –Dijo Bella dejando un beso en su cuello.
–Si –Respondió él ido– Quisiera estar así por siempre.
Una alarma advirtió a Bella cuando iban a besarse de nuevo.
–Creo que si seguimos, no durarás para toda la vida –Dijo separándose.
Edward suspiró frustrado abrazándola. –No te vayas, sólo durmamos, así– Y la acomodó mejor encima de él, de modo que quedara con la cabeza en su pecho.
–Me gusta cómo se escucha eso –Ella se subió y le dio un beso casto que Edward disfrutó– Duerme, me quedaré aquí. Eres muy cómodo.
Edward sonrió, antes de cerrar sus ojos y caer.
¡Buenas noches!
Aquí les traigo un capítulo cortico pero bien miel porque se avecina la acción ?) Espero les guste :)
Gracias por sus Reviews, me cuesta responderlos por el tiempo, pero sepan que los leo :3, y también por los Alertas y Favoritos.
Varias me preguntaron por Jasper, pues les digo que él tiene un papel muy especial, paciencia que ya viene xD
¡Nos vemos!
MJ
