Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.
Historia Original.
Una llamada sacó a Edward de su descanso.
Bella seguía encima de él. Sonrió, ya más recuperado, la apartó delicadamente bajó para contestar. Después vendría por ella.
–Edward al reporte –Respondió en la sala de control.
Lo sorprendió al encontrarse la cara del mismo Cayo en su llamada. Miedo creció dentro de él.
– ¿Estás con la humana? –Preguntó el general.
–Si –Respondió Edward escuetamente. Algo no andaba bien.
–Un equipo irá inmediatamente para vigilarla. Te necesitamos aquí ahora. Hubo problemas con tu equipo. De tipo traición.
Edward abrió los ojos asustado. Como nunca en su vida le había pasado la curiosidad lo carcomía.
¿Problemas de traición? ¿Quiénes? ¿Y a qué?
Pensó que Cayo lo interrogaría, pero el general cerró la llamada inmediatamente.
Bella venía bajando las escaleras con una sonrisa. Edward se la respondió pero inmediatamente se puso serio y cerró la escotilla apenas ella estuvo abajo. La chica se dio cuenta que algo andaba mal.
– ¿Pasa algo? –Le preguntó.
–Vendrán a vigilarte un rato –Le dijo Edward suspirando– Problemas con el equipo, hay acusados de traición. Tengo que ir a la Base Judicial.
– ¿Traición? ¿Quién? ¿Por qué? –Bella habló con voz entrecortada.
–No sé nada más. Pero deber ser muy grave. ¡Arg! ¿Por qué hacen estas cosas? –Gritó el alien frustrado.
– ¿Qué pasa cuando hay… traición? –Inquirió temerosa.
–Los matarán –Respondió Edward escuetamente– Los vulturianos que traicionan lo pueden volver a hacer. No hay réplica ni excepción.
Bella asintió con miedo. Intuía qué era lo que había salido mal. No preguntó más, no quería que Edward se diera cuenta.
– ¿Estás bien? Te noto extraña –Edward la tomó por sus mejillas. Al parecer no lo había ocultado muy bien.
–Sí, es sólo… –Trató de mentir lo mejor que pudo– Sea quien sea es alguien de tu equipo. No le deseo ese final a ninguno.
–Yo tampoco… Ni siquiera quiero pensar quienes fueron y qué hicieron. –Edward pegó su frente a la de ella– Pero no estés nerviosa ¿Si? Vendrán a vigilarte y eso puede causarte problemas. Tú tranquila. ¿Puedes estar como siempre lo haces, pintando y escribiendo por ahí?
–Lo haré –Bella sonrió buscando otro tema– Gracias por lo de anoche. Fue increíble.
–Lo es, y pensar que perdimos tiempo peleando como unos idiotas –Dijo Edward mientras le daba un corto beso tras otro– Nunca me cansaré de esto.
–Yo tampoco –Esta vez ella fue más intrépida y lo besó largo y apasionado. A lo que Edward respondió sonriendo.
Siguieron besándose metidos en su burbuja hasta que Edward sintió movimientos en su entrada y se separó inmediatamente de ella, pero sin soltarle la mano.
–Ya lo sabes, tranquila. Volveré –Le animó.
–Lo sé –Susurró Bella mientras apretaba su agarre para luego soltarlo.
Edward estaba en una sala de audiencia como la que hace poco fue juzgado junto a Bella. Sólo que esta vez no había más nadie sino él y los tres superiores, quienes lo miraban.
–La traición es el peor error que puede cometer un habitante de Vulturi –Empezó Aro– Indica cero sentido de pertenencia con su raza, con su especie, con su planeta.
–Su único castigo debe ser la muerte, sin ninguna excepción –Expresó Cayo. Edward tembló, todo eso lo sabía. Todos los vulturianos lo sabían. Quería que fueran al grano.
–Pero –Continuó Marco– En este caso pasa algo curioso. Queremos analizar muy bien las causas de por qué, estos ingratos cometieron tal acto. ¿Sabías algo Edward?
–No sé nada, no se tampoco de quienes de mi equipo me hablan –Contestó con seguridad.
–Acércate.
Edward tembló, pero por una causa distinta.
Se fue aproximando mientras trataba de bloquear sus más recientes pensamientos sobre su relación con Bella.
Cuando empezó a salir con Alice y sus sentimientos no prosperaban, siempre trató de ocultar tal situación porque no era normal. Inventó una técnica para tratar de reprimir esos pensamientos que no quería revelar.
Lo logró. Aro esculcó dos veces su mente y nunca se dio cuenta.
Pero sus sentimientos ahora por Isabella eran demasiado intensos, y no sabía si lograría bloquearlos.
Lo intentaría. Ellos no podían enterarse de lo que pasaba.
Se arrodilló en frente de Aro, quien tomó su cabeza mientras empezó a mirar en ella. Y mientras trataba de bloquear su mente algo pasó.
Escuchó al Supremo. O mejor, a su mente.
–Al parecer, no sabía nada, pero… ¿Cómo hicieron Alice y Emmett para hablar con la humana? Él tenía que saberlo, Alice fue su pareja. Aprovecharé y averiguaré eso de que ya no están juntos.
Edward inmediatamente se tensó. Y trató de bloquear cuando terminó con Alice, porque Bella estaba involucrada en la ecuación.
–No encuentro nada– El chico notó como su superior apretaba sus manos en su cabeza– Es demasiado… Extraño. Alice tampoco mostró nada. Algo está pasando aquí… No podemos matarlos todavía.
–Levántate, Edward –Escuchó la voz de Aro, ahora fuera de su cabeza.
Él volvió a su lugar, con muchas confusiones.
Emmett y Alice eran los traidores.
Lo que hicieron tuvo que ver con Bella.
Aro sabía que su relación con Alice había acabado.
Pudo leer la mente del Supremo.
A pesar de que su mente era un enredo, pudo mantenerse escueto. Aunque temblara por dentro.
Los tres Supremos hablaron entre sí por un tiempo mientras él se quedaba de pie esperando y analizando la situación.
Estaba algo calmado, porque al parecer no matarían a sus subordinados de inmediato. A Aro había algo que lo inquietaba con respecto a lo que hicieron.
Su mayor turbación ahora era saber cómo pudo leer la mente de Aro. A pesar de que eso lo salvó cuando trató de averiguar sobre Alice, no estaba del todo bien ¿Estaría relacionado con algo dentro de él? ¿Sería un don en desarrollo? ¿Un don mental? ¿Como el del Supremo?
Lo intentó, está vez se enfocó en los vulturianos, y lo que ocurrió, hizo que casi perdiera la compostura.
Pudo leerlos a los tres. Eran como voces en un cuarto aislado, con un tinte diferente al tono del habla pero que era claramente identificable de dónde venía.
Aro se moría por investigar. Teorías rondaba por su mente haciendo que a Edward le doliera la cabeza. Bella aparecía como variable en todas.
Cayo quería matar. Los consideraba una amenaza. No concebía para qué alguien querría robar una nave.
Espera, una nave ¡¿Están locos?! –Pensó Edward de sus chicos. Tratando de entender para qué ellos robarían algo así.
Marco, intercediendo, quería un juicio. Con todos los Clase A. Su mente estaba casi vacía. Sólo quería acabar con este lío.
Cuando dejaron de voltear y lo miraron otra vez. Edward bajó su cabeza, ahogando las voces que lo rodeaban. Tenía miedo por su poder recién descubierto.
–Irás a verlos, Edward. –Comentó Marco– Aún no hemos tomado una decisión, ya que hay un factor muy interesante que revisar.
–Creo que la humana influyó sobre ellos, Emmett y Alice –Dijo ahora concretamente Aro– Por eso vamos a investigar, y queremos que seas parte de ello.
Edward frunció el ceño, un gesto que se le pegó de Bella, mientras los miraba interrogante.
–Tú estuviste más con la fémina que ellos, así que seguramente también has sido manipulado de alguna forma –Aunque no he podido encontrar en tu mente algo concreto.
El gen científico de Aro no paraba de funcionar. Y estaba hartando a Edward, quien ahora no podía callar la voz de ninguno.
Los Supremos dejaron la habitación mientras el joven vulturiano era conducido a las celdas, donde pensaba tener una charla muy seria con Emmett y Alice.
El camino se le hizo largo, y lo puso a pensar.
Edward no quería hacerlo, porque llegó a terribles conclusiones.
Bella quería irse. Volver a su planeta. Manipuló a Alice y Emmett para que la ayudaran a conseguir una nave. Todo entre ellos fue un vil engaño para mantenerlo distraído.
Esa era la conclusión más lógica y en la que él no quería creer.
Pero mientras recordaba esos primeros días en la nave, cuando sentía una extraña atracción inevitable hacia ella, supo que podía tener razón.
Isabella tenía un poder, y los tres habían caído.
Gritó de frustración. No quería creerlo. Y por eso necesitaba hablar con sus chicos.
Cuando llegó al estrecho pasillo rodeado de puertas, los guardias vulturianos le hicieron la señal a una que estaba a su costado.
Edward entró, solo, encontrándose con dos cápsulas transparentes donde podía ver a dos de sus mejores subordinados. Que fueron más que eso: Una fue su novia, y otro su mano derecha y confidente.
Rabia hirvió dentro de él recordando por qué estaban aquí. Sus ganas de escucharlos desaparecieron.
– ¡Edward! –Escuchó la voz de Emmett– Viniste, pensé que era hora de—
– ¡Eres un idiota! ¡¿En qué estabas pensando?! ¿Eh? –Edward arremetió hacia la cápsula de Emmett haciéndola temblar– Robar una nave ¿Estás loco? ¿Por qué? –Volvió a golpearla con su puño.
– ¡Cálmate! –Gritó Alice al lado– Necesitamos hablar Edward.
– ¡No quiero hablar! ¡No quiero escuchar sus absurdas justificaciones! Son un par de… ¡Arg! –Gruñó Edward estampando su puño esta vez en una de las paredes.
–Edward, mírame por favor– Se tensó al escuchar la voz de Alice en su mente– Sé que puedes oírme.
– ¿Alice? –Preguntó reincorporándose y mirándola sorprendido.
–Si no quieres escucharnos, no me importa. Sólo ve dentro de nuestras mentes –Replicó la fémina en su mente.
– ¿Qué… Cómo sabes eso?
– ¿Ves Emmett? –Alice volteó a ver a su compañero– Te lo dije.
– ¡Me vas a decir cómo sabes… ni yo sé qué es! –La furia de Edward volvió a surgir y esta vez se colocó frente a Alice.
–Yo también tengo uno desde hace algún tiempo… Veo el futuro –Respondió yendo al grano– Y vi cuando se desarrolló el tuyo.
Edward soltó una carcajada: –Eso es imposible. Tú eres clase C. No puedes adquirir un—
–Lo tengo –Lo interrumpió rápidamente– Emmett pudo verlo en acción, por favor, no lo menciones en voz alta. Nadie lo sabe ni debe saberlo todavía.
A pesar de que estaba furioso con ellos, sabía que podían estarlos escuchando. Y si Alice hablaba en serio crecerían los problemas.
Uno a la vez–Concluyó Edward.
–Entonces, ¿Cómo es que estás aquí? ¿Acaso esto no lo viste venir? –Inquirió Edward.
– ¿Cómo puedes desconfiar de esa manera de Alice? –Le increpó Emmett mentalmente algo enojado con la actitud de su superior.
–Tú cállate –Respondió este con sorna– ¿Me hablas de confianza? Mira donde están ¡Encerrados por traición!
–Mi poder no está desarrollado del todo –Le interrumpió Alice antes de que empezara a despotricar– Y no todo lo que veo es seguro. Un error, un cambio de decisión, da vuelta a todo el futuro inmediatamente.
Edward volvió a soltar una risa desesperada. Creía que se iba a volver loco.
–Es cómo tu don Edward ¿Nos has escuchado ahora? –Le habló Emmett.
–Sí—
–Pero, ¿aparte de lo que hablamos?
–Sólo lo que me dicen –Susurró ahora más precavido y cediendo un poco a sus colegas.
–Si te concentras, podrás ver dentro de nosotros, Alice dice que tu poder puede ser hasta más poderoso que del mismo Aro –Le dijo Emmett.
–Hazlo –Animó Alice– Así sabrás toda la verdad. No podemos ocultarte nada.
–Le ocultaste cosas a Aro –Dijo Edward
–Porque sé cómo funciona su mente, su don. Tú también lo haces –Le recordó Alice– Pero contigo, no sé cómo lo haces, ni siquiera nos tocas. Así que por ahora, estoy indefensa. Además que quiero mostrarte todo. En serio. Cree en mí como siempre lo has hecho.
–No creo que pueda… –Respondió indeciso.
–Sólo hazlo.
Edward los miró en señal de aprobación.
Se concentró en ellos. Mirando primero al chico. Emmett y Alice también lo miraban, con sus ojos abiertos como si por ellos Edward pudiera entrar a sus mentes.
De alguna manera pudo hacerlo. Y era como tener una secuencia frente a sus ojos corriendo a alta velocidad.
Vio muchas cosas: Su entrenamiento, sus asignaciones, su relación con Rose. Cosas que no quería saber, hasta que llegó al punto de ver a Bella. Ahí se enfocó.
Emmett tenía una historia con Isabella.
Le había construido las tabletas, algo que Edward ya sabía. Pero no supo cómo reaccionar al saber que Emmett le había hecho un traductor. Y cómo, por medio de ese aparato, pasaron timos conversando a sus espaldas.
Pasó a Alice, ya que Emmett no estaba ayudando mucho a su cordura y cólera.
Era casi la misma situación, pero peor. Pudo ver conversaciones entre ellas. Cómo Bella decía que extrañaba a su planeta y a su padre, el tal Charlie. Edward recordó cuando lloraba soñando con él.
Edward se sintió dolido. Isabella nunca se abrió con él de esa manera.
Lo más impactante fue como vio a Alice hablando sobre él mismo con Bella. Y no quiso seguir esculcando más.
Bella no lo quería. Lo odiaba.
Cerró los ojos y movió su cabeza frenéticamente. Eso le dolía más que todo.
Le habían enseñado que los humanos mienten muy bien, y ella no era la excepción.
Más con el poder de sus ojos marrones.
–Edward ¿Viste todo? –Escuchó a Alice hablarle en su mente.
–Vi todo lo que tenía que ver –Susurró sólo para ella.
– ¿Pero… por qué estás así?
Edward rio con sorna.
– ¿Lopreguntas en serio? Ella me odia Alice, ¡Y lo sabían! ¡Secretearon con ella! ¡Traidores!
Emmett lo miró asustado, mientras Alice no entendía.
–Edward, Bella—
– ¡Es Isabella, o humana! Y no se atrevan a hablarme –Gritó mientras trataba de salir– Se merecen estar ahí ¡Merecen su suerte!
– ¡Para Edward! –Alice era el vivo reflejo de la angustia– Mira un poco más ¡No viste todo!
–No tengo nada más que mirar –Finalizó él– He acabado con ustedes. ¿Un traductor, Emmett? ¿En serio? ¿Y tú, que hacías hablando con ella de mí? ¿Es que tienes mucho de qué hablar? ¿Soy un imbécil? ¿Es venganza por que no te quise?
–Te arrepentirás –Le aseguró Alice con amargura– De muchas cosas Edward. Piensa bien lo que estás haciendo.
–No tengo nada qué pensar –Atajó dándose la vuelta y saliendo de la celda.
Cuando llegó a donde los Superiores, todavía su pecho ardía.
Aro le dio la oportunidad de defender a sus ex compañeros. Pero sólo dijo:
–No hay nada que decir. Que reciban lo que se merecen.
Cayo mencionó ciertas hipótesis sobre aquella traición. Edward no escuchó, podía verlo todo desde la propia mente del líder.
–Sólo te pediremos una última cosa, Edward –Le dijo Aro a lo último– Todo apunta a que la humana está involucrada en esto. No salgas, mantenla cautiva y trata de obtener toda la información que puedas. Sé que no te será difícil. Puedo ver cuánto la aborreces en este momento– Finalizó el Supremo con una risa.
Edward no definiría su sentimiento como aborrecimiento, sino como profunda decepción y dolor.
Y eso lo quebró por dentro.
Cuando salió del Centro, su mente y alma se habían oscurecido, y Edward se habían transformado.
Bella no dejaba de comerse las pocas uñas que quedaban, evitando el contacto visual con los dos vulturianos que la custodiaban, los cuales no dejaban de mirarla fijamente.
Estaba angustiada y muy inquieta. Algo había salido mal y Emmett y Alice habían sido atrapados.
Tenía miedo por la suerte de sus amigos, pero confiaba en que Edward lograra sacarlos del lío. Aunque no sabía cómo tomaría el hecho de que todo esto lo hacían por ella.
Confiaba en que pensara con cabeza fría. El entendería. Emmett y Alice son de sus más fieles subordinados. No creería que de verdad lo habían traicionado.
Y mucho menos que ella lo había hecho.
Había pasado la noche y parte de esa mañana demostrándole su confianza, y ofreciéndole su corazón. Él lo había recibido y le había dado el suyo.
Edward entenderá, lo hará. Lo quiero, y él lo sabe. –Se repitió mil veces en su mente.
Una vez sintió pasos fuera, no pudo evitar pegar un salto. Y cuando lo vio en la entrada estaba a punto de írsele encima de no ser porque tenían público.
Apenas Edward cerró la puerta, se volteó.
Pero Bella lo atrapó en un abrazo escondiendo la cara en su cuello.
–Estaba muy preocupada –Empezó– El tiempo pasaba y no volvías, no sabía si había pasado algo, ¿Pudiste verlos? ¿Están bien? ¿Regresarán…?
Bella se quedó callada al alzar la mirada y ver los ojos llenos de ira de Edward.
–Edward ¿Qué…?
No terminó la pregunta cuando sintió un golpe detrás de su cabeza. Edward la había empujado contra la pared.
Lo miró sorprendida y algo desenfocado. Su cabeza dolía y sus ojos estaban fallándole.
Pero eso no fue impedimento para detectar el odio en los ojos y la voz de Edward, quien se alzaba imponente frente a ella.
–Nunca me vuelvas a tocar –Le dijo con los dientes apretados tomando su brazo con rudeza. Bella recordó asustada el primer día en esa casa– Por tu culpa perdí a mis mejores chicos.
– ¿Qué qu-quieres de-decir? ¿A-aa-lice y Eeee-mett están…?
–Aún no, pero pasará. ¡Todo por culpa tuya! –Respondió soltándola haciendo que se golpeara de nuevo.
– ¡Edward! ¿Qué pasó? Podemos hablarlo.
– ¿Hablar qué, Isabella? ¡¿Qué?! Engañaste a mi escuadrón, ¡Se vendieron por ti! ¡Ahora morirán! ¿Creíste que te saldrías con la tuya? ¡No somos tan idiotas como ustedes humanos! En este momento te odio tanto…
Bella no sabía qué decir, hoy más que nunca Edward parecía un león enjaulado.
– ¿Pero sabes qué? Tal vez si somos algo idiotas. ¡Me engañaste! Fingiste, ¡Dijiste que me querías! ¿También me convertirías en tu esclavo como Emmett y Alice? Para luego largarte a tu planeta. Y dejarme aquí, habiendo traicionado a mi gente. ¡Oh! ¡Lo hice! ¡Me metí contigo! ¡Y para ti simplemente esa mentira fue diversión!
– ¡No es mentira Edward! Yo te—
– ¡No lo digas! –Se acercó a ella, sus narices casi rozándose– No seas tan degenerada de seguir mintiéndome. No lo soportaré. Te lo advierto.
–Te amo, Edward –Murmuró Bella en voz baja.
Pero fue suficiente para que Edward explotara.
Bella sitió como su cara palpitaba y sus manos ardían por haberlas apoyado mientras caía. Sus ojos llorosos reflejaban esos dos tipos de dolor que iban a consumir su alma: El físico, y el emocional.
– ¡Te aborrezco humana! –Gritó Edward volviéndola a levantar, esta vez por los cabellos– Son la peor especie del Universo. ¿Cómo pueden decir algo que no sienten? ¿Eh? ¿Dime?
–Pe-pe-pero yo te—Murmuró Bella con la poca voz que le quedaba.
– ¿Me amas? ¡Ja! –Edward rio macabramente soltándola– Ibas a dejarme. Querías volver a tu planeta. ¿Querías que fuera contigo?, Ni me lo creo, ¡Todo estaba en secreto! ¡Yo nunca estuve en tus planes!
–E-eso fue a-a-antes ¿Si? –Admitió ella– Ahora yo só-so-solo pensaba en ti. Lo-lo-lo de la nave no-no-no fue idea mía.
–Cállate –La interrumpió mientras se iba a su cama, dándole la espalda– No quiero ver tu cara. No podré salir porque tengo que vigilarte. No me hables, no me mires…
Bella no terminó de escuchar. Bajó la palanca para subir al ático, y mientras subía, escuchó nuevamente esa risa macabra que no era del Edward de la mañana.
–Espero que disfrutes estar allá arriba –Escuchó cómo se burlaba– Serán tus últimos momentos en vida.
A estas alturas lo que quedaba del corazón de Bella se partió en mil pedazos.
No dijo nada. Sólo cerró la entrada.
Ella tampoco quería ver al psicópata en que se había convertido el alien que amaba.
¡Buenas noches!
Volví después de un gran tiempo en hiatus con la historia. Aparte del bloqueo literario que tuve, mi vida personal estuvo llena de muchas cosas. Casi todas buenas, pero que tomaron mi tiempo.
Ahora mismo estoy trabajando, estudiando y haciendo tesis, pero trataré de publicar una o dos veces al mes, ya que la historia está fluyendo.
Disculpen la tardanza, y espero les guste :)
Nos estamos leyendo.
MJ
