Capítulo 2-Oscuridad.
(Honey POV)
Recuerdo perfectamente cada detalle después de ese momento; cuando cayó la noche y ambos ubicábamos constelaciones en el cielo estrellado, recordé de repente que debía regresar a mi casa, imaginando a mi madre gritándome por haber llegado tarde, así que me levante rápidamente, recogiendo mis pertenencias a toda velocidad. El me preguntaba que ocurría, mientras le explicaba lo más breve posible la situación. Pedí disculpas por tener que irme tan pronto, dispuesta a salir corriendo, pero él se puso de pie y me detuvo en el acto con su mano agarrando mi hombro.
Cierro los ojos y puedo ver ese instante con tanta claridad que es como si fuera una película en el cine.
"-¿Podría acompañarte?-le pregunto el chico, esperanzado de pasar más tiempo con ella.
-Me encantaría, pero tengo mucha prisa-
-Al menos quiero volver a verte-insistió.
-Podemos encontrarnos mañana en la mañana, en este lugar-le sugirió la chica, agarrando sus tacones regados en el suelo.
-Cuídate mucho, ¿sí?-
La chica se volvió a verlo por unos segundos, soltó su bolso y le dio un abrazo. Creo que su amigo no se lo esperaba, porque dudo un poco antes de rodearla con sus brazos y devolverle el abrazo.
-Lo hare. Te veo mañana-le susurro, dándole un rápido beso en la mejilla.
Finalmente, se alejo corriendo, mientras el chico tocaba su mejilla con su mano y una sonrisa en su rostro.
…Ella no sabía que acababa de despedirse de su mejor amigo.
Tal vez, si hubiera accedido a su petición, ambos hubieran conversado en el camino, hubieran llegado al destino y al día siguiente se hubieran encontrado en el parque, tal como habían acordado. Hubieran comido mucho helado y puede que hubieran dado un paseo en canoa por el lago. Se hubieran vuelto a encontrar al otro día hasta volverlo algo diario. Tal vez, después de muchos años llenos de paseos y risas, en algún soleado día de picnic el chico le hubiera propuesto matrimonio a la chica, ella hubiera aceptado encantada y terminarían en un beso. El chico y la chica; ¿hubieran sido felices para siempre? ¿O alguno de ellos dos hubiera muerto de todas formas?"
Vuelvo a abrir los ojos, y me encuentro en la clase de química, donde comenzó esta historia. Todo sigue exactamente igual, nada ha cambiado; excepto yo. La maestra me grita que salga del aula, no conteste lo que me acaba de preguntar; yo solo oigo estática. Me levanto sin mencionar palabra y obedezco su orden. El mundo se ha tornado diferente, como si estuviera en cámara lenta. No veo personas, veo siluetas; no veo colores, veo gris, no veo amor, veo una falsa ilusión que te destruye por dentro. Ya no hablo, ya no duermo, ya no vivo. Quiero salir de este laberinto, quiero volver a sonreír. Pero me es imposible después de aquel día.
Me levante muy temprano para prepararme e ir al parque. Olvide mis tareas de la escuela y los quehaceres domésticos, solo me interesaba regresar a aquel lugar. Me dio igual que estuviera castigada, a mi madre probablemente ya se le haya olvidado. Recuerdo cuando llegue 15 minutos antes de las dos al pequeño monte, nuestro punto de encuentro. Seguía siendo temprano, y no me sorprendió ver que el lugar estaba vacío. Así que me senté debajo del árbol y espere. No hice otra cosa más que esperar. Recuerdo que cada minuto se me hacía eterno, algunos niños estaban jugando en los columpios. Pasaron 20 minutos, nada. Unos perros con manchas se perseguían unos a otros. Pasaron otros 45 minutos, nada. Trataba de tranquilizarme, llame a su teléfono varias veces, sin respuesta. Aun no perdía la esperanza. Poco a poco empecé a cabecear, trataba de seguir alerta, me quede mirando a un par de flores blancas que crecían en medio del césped antes de caer dormida.
Desperté cuando el sol se empezaba a ocultar, revise mi reloj y descubrí que me quede ahí casi 4 horas. Toque mis mejillas con una de mis manos, y una lágrima broto de mis ojos. Que estúpida había sido al creer que le importaba. Que estúpida. Arranco las flores que había colocado cerca del árbol el día anterior y las arrojo lo más lejos posible de ella con ira. Otra lágrima que les siguió a las demás. Y otros 11 minutos desperdiciados en aquel parque, llorando. Después de un largo rato, me arme de valor para volver a enfrentar el mundo, sola. Fui caminando a mi casa con la mirada al suelo, hasta que me tope con mi amiga, Gogo Tomago.
-Hola Gogo-salude con una sonrisa triste.
-Hola, Honey-repitió ella, algo abatida hasta notar mi expresión-¿Estabas llorando?
-No, solo tengo una basura en el ojo-
-Descuida, es normal sentirse así después de lo acontecido. Yo también estoy destrozada-continuo Gogo, tratando de animarme.
-¿De qué hablas?-pregunte con cierta confusión.
-Hablo de lo que ocurrió esta madrugada-contesto, como si fuera algo obvio.
-Sigo sin comprender-
Entonces la expresión de Gogo cambio de exasperación a de preocupación.
-En realidad no sabes de lo que hablo, ¿verdad?-pregunto, negué con la cabeza-Ay, Honey, creí que estabas enterada.
-Estas asustándome-le dije.
Me sorprende lo inocente que era, lo tonto que fue aferrarme a la esperanza de que solo era una confusión, que era un problema menor que podría arreglarse, pero esto no se arregla, nunca se olvida, y por dentro sabía lo que pasaba, pero me negaba a aceptarlo, me negaba a aceptar lo que más temía, sin embargo, la cruda realidad se presento frente a mí, de la manera más descarada en las siguientes palabras:
-Honey… Tadashi falleció hoy en la madrugada por homicidio-
Sentí el cubetazo de agua fría al instante. No hay reacción alguna de mi parte, mi cuerpo se ha desconectado de mi mente, tratando de procesar esas palabras que decían una verdad aunque yo lo tomara como mentira, la gran mentira de que Tadashi, mi mejor amigo, está muerto. Que jamás volveré a escuchar su risa, que jamás volverá a pronunciar mi nombre, que su último suspiro fue arrebatado por la muerte. Que ya no hay esperanza porque ya no hay vida. Finalmente, la realidad me obligo a aceptarlo, al ver una lapida con su nombre, en el cementerio. Aceptar que ya no está aquí. Conmigo. Y en algún momento dado, me doy cuenta de otra cosa mucho peor.
Hiro.
