Dragon Ball Z no me pertenece, si bien el absoluto amor que siento por esta serie sí.

A partir de ahora la historia diferirá un poco, no me reten por favor :´v pero esta idea se me metió muchisisisisimo a la cabeza y la he escrito nada más, no se lo pierdan por favor les aseguro que muchos se sentirán identificados.


-SOY UN SUPER SAIYAJIN- gritaba y celebraba sumamente emocionado.

Después de 6 largos meses alejado de la Tierra pudo al fin lograr convertirse en el legendario super saiyajin y no era solo eso, tenía un poder tan elevado superando bastante a Goku.

No podía sentirse más orgullos de sí mismo, había cumplido sus objetivos, superado a Goku y reivindicado su orgullo perdido.

-Kakaroto puede ser un super saiyajin también pero yo soy EL MÁS FUERTE DE TODOS LOS SUPER SAIYAJINS- gritaba para que todo aquel pedazo de asteroide escuche.

No pudo evitar sentirse el mejor del universo, tampoco pudo evitar alabar su gran talento en la estrategia al escoger el lugar adecuado para convertirse en super saiyajin.

Pues claro, su ego estaba totalmente alto de nuevo, él era el príncipe de los saiyajins y él tenía lo que quisiera en este universo.

Era el mejor.

Todos esos pensamientos positivos estaban invadiendo en exceso su mente, estaba demasiado orgulloso de su logro.

Tenía ganas de presumírselos a todos los que le dijeron que debía tener un corazón puro para lograrlo, su corazón era en el fondo muy pero muy en el fondo habitaba una hermosa pureza pero era cubierta por una espesa capa de odio, rencor, envidia y todos los malos sentimientos que lo convertían en el que era.

Pero eso no le importaba ahora, no estaba ahí para reflexionar sobre quien era, pues eso era muy claro, era el príncipe saiyajin el orgulloso hombre que continuaba el legado de otro hombre orgulloso.

Deseó tener a su padre frente suyo para demostrarle que él se habia convertido en super saiyajin que era digno de ser descendiente suyo.

-Lo he logrado padre- dijo aprovechando la soledad de aquel lugar.

Todavía podía recordar la sensación tan calida que sentía cada vez que su padre reposaba una mano en su hombro como señal de respeto y cariño paternal.

Su familia, aquellas personas que compartieron poco con él pero lo marcaron tanto, su madre aquella destacada guerrera presumida de piel blanca, baja estatura y negros cabellos, recordaba poco de ella pues fue la primera en morir a manos de Freezer al dar como segundo hijo a un príncipe débil, su hermano Tarble un pequeño que no vio más que al primer mes de haber nacido y que fue salvado de la muerte segura por su padre, su padre lo envió a otro planeta para protegerlo, él era demasiado débil como para sobrevivir al mundo de crueldad en el que vivían ellos, y luego estaba su padre, el honorable hombre que arriesgó su vida por sus ideales y por su pueblo, su padre era un gran estratega un gran gobernante y un gran padre, solo que carecía de poder y por eso murió. El poder lo es todo, siempre lo fue, ese era el lema de supervivencia de Vegeta, lo utilizó siempre basándose en las vidas perdidas en su planeta y por las pérdidas de sus familiares quedando él un niño huérfano que tenía que tragarse las lágrimas por perder a las únicas personas que amó.

Y así fueron, las únicas personas que lograron penetrar su corazón fueron sus familiares y Bulma.

Pero ahora no deseaba pensar en ella, sus planes para con ella estarían después, al menos después de tomar una ducha.

Se sacó las botas los guantes, la armadura y el traje para luego entrar a la fría ducha que lo esperaba, agradeció internamente que esta nave incluía una ducha.

El agua goteaba por su cuerpo desnudo dejando que las gotas recorrieran cada espacio de su marcado cuerpo, su cabello para bajo cayó llegándole hasta los hombros dándole un aspecto fresco, se enjabonó y talló cada parte de su cuerpo, necesitaba sentirse limpio, merecía darse una nueva vida.

El príncipe saiyajin había regresado.

Con la toalla enrollada a la cintura recorrió la nave yendo al ala de almacenamiento para buscar un banquete digno de su celebración. Todo lo que se merecía venía a él.

Una meta cumplida, un sueño alcanzado, la motivación de toda su vida había sido alcanzar el súper saiyajin y ahora lo había logrado, demostrado que aquella esperanza de tener el poder máximo no era solo una esperanza sino el motivo por el cual se levantaba tras cada golpe, él era el amo de la sangre y las batallas, un superviviente que con honor representaba a la raza saiyajin y a la sangre de la estirpe real.

¿Qué mejor meta que superarse cada día?

Rendirse ya no estaba en su vocabulario, humillar, aplastar, ganar todos esos estaban anotados en su diccionario, eran cosas que usaba en su día a día.

Las debilidades en batalla no eran problema para él, nunca los tuvo, había aprendido a disimular tanto sus sentimientos que de una roca lo trataban e incluso Freezer se había asombrado que no había llorado ni una sola lagrima de niño, pero todo eso se le acumuló y lloró humillándose en Namekusei.

Ese era el verdadero Vegeta, un hombre que también tenía sentimientos un hombre que extrañaba a su padre y amaba a una mujer secretamente.

Pero hoy ya no sería así, él había por fin llegado al nivel más alto de su pirámide y ahora tenía que empezar a construir otra mejor.

Ni Freezer ni Bulma serían problema para el Gran Vegeta, él podría ir ahora mismo al otro mundo para patearle el trasero a Freezer y también emprender su nave para ir a la Tierra a reclamar a la mujer, le haría ver que él único que podía tenerla era él.

Con esa confianza revisó su nave y programó las coordenadas, volvería al planeta azul y la mujer azul.

La larga espera terminaría, por fin llegaría aquel planeta, destruiría a los androides, vencería a Kakaroto y se llevaría a Bulma con él. Ese era su plan, se lo recordaba cada vez antes de entrenar.

Gracias a la ultra velocidad de la nave en aproximadamente un mes pudo llegar a la Tierra, aquel planeta que algún día quiso destruir y ahora era el tercer planeta en el que más tiempo estaba habitándolo.

Pero ahora la ocasión lo ameritaba, él quería saber qué tan fuertes eran aquellas máquinas y cambiar su destino, él no deseaba ser humillado por unas chatarras y morir por ello, no lo deseaba.

Cuando la nave aterrizó la suave brisa de la madrugada lo golpeó, era el momento de regresar, este era su lugar por ahora, era uno de sus lugares favoritos, la Corporación Capsula era de igual o mayor tamaño que el Gran Castillo de Vegetasei, este lugar le hacía sentir nostalgia por su hogar.

Verde, celeste, azul, amarillo, rosa, eran colores que describían aquel planeta, verde por el color de sus prados, celeste por el color de su cielo, azul por el color de sus mares, amarillo por los rayos del sol, rosa era el color de sus atardeceres.

Música, la que los ruidosos animales intentaban transmitir cada día, cada uno cantaba una canción diferente.

Amor, ver que ella estaba acercándose, sentir que sus bellos se erizaban al verla, ella lo estaba esperando.

-Vegeta, has vuelto- le dijo ella quien estaba frente suyo.

Se veía radiante, hermosa ¡Oh cuanto había añorado ver aquellos ojos!

-Por supuesto y mejor que nunca- respondió él presumiendo de su nueva habilidad.

La confianza que tenía en si mismo era rebosante, pero eso no impedía que sus manos le temblasen por el nerviosismo de tenerla frente suyo, la idea de acobardarse y tirar todo su plan de hacerla suya estaba en su mente, pero no podía, no quería retractarse ahora cuando la tenía tan cerca.

Bulma le sonrió con complicidad, al parecer había descubierto el porqué de la actitud super soberbia de Vegeta.

-¿Ya te has convertido en super saiyajin no es verdad?- le preguntó ella.

Vegeta sonrió con petulancia si se había convertido en super saiyajin por qué no presumirlo, era su orgullo, además Bulma sería su mujer debía compartirle cosas ¿no?

Las rocas empezaron a levantarse al mismo tiempo que el piso empezaba a temblar, era totalmente aterrador, ese poder era impresionante, la limpia armadura de Vegeta, sus pasos firmes sobre el suelo, sus manos empuñadas, su sonrisa triunfal, sus fríos ojos verdes y su cabello rubio. Se había transformado en super saiyajin.

Los ojos de la peli azul miraban maravillados, nunca había visto un super saiyajin tan de cerca, tan cerca que el calor del poderoso aura de Vegeta le quemaba, se sentía orgullosa, se sentía feliz por Vegeta, por fin había logrado lo que tanto anhelaba.

En un ataque de felicidad se unió a un abrazo con el saiyajin, un abrazo que le demostraba cuan orgullosa estaba de él.

Vegeta profundizó el abrazo, necesitaba sentirla, ella la joya más preciada del universo, su piel era tan tersa y sonrosada, su cabello tan suave y perfumado, sus ojos tan atrapantes y su cuerpo tan erótico.

Cuanto había soñado que ella lo abrazaba, cuanto había deseado reconfortarse en su sonrisa, sentir que nunca más estaría solo.

Pero rápidamente la separó de él, esto no podía estar pasando, al parecer la soledad lo acompañaría para siempre y él no sería más que un esclavo de la peli azul que se había colado en su corazón y ya no quería salir de él.

Tenía ganas de enviarlo todo por la borda, matar a quien se encuentre en su camino y llorar en silencio, ella ya no podía ser suya.

Bulma notó el porqué de la separación de Vegeta, sonrió y llevó su mano a una parte de su cuerpo muy especial.

-Seré madre ¿no es hermoso? Yamcha y yo estamos esperando un hijo- confesó ella sonriente.

Un niño de no más de 4 meses estaba creciendo en su interior, Vegeta había perdido, una vez más tuvo que lamentar haber llegado tarde.


¡Woow! ¿Qué hago escribiendo a las 06 am? Jajaja pero valió la pena, por fin he llegado al punto y es "EL PUNTO" que cambiará la historia. Imagínense todo lo que puede suceder.

Espero les haya gustado.