Dragon Ball Z no me pertenece, si bien el absoluto amor que siento por esta serie sí.


Había perdido y había perdido no solo una apuesta, sino su orgullo de hombre al mostrarse tan débil frente a una mujer entregándole por completo sus sentimientos cuando ya no era posible tenerla, también perdió su determinación al no matarla cuando tuvo la oportunidad y perdió la reputación que estuvo cuidando en toda su vida.

Toda su vida fue un guerrero sanguinario que no dudaba en matar, no se arrepentía en sus actos y no amaba a nadie, eso era lo que quería aparentar. Pero cuando ella cambió su mundo desde el primer momento él no la detuvo, porque le gustaba sentir aquello tan calido en su corazón cada vez que pensaba en ella.

Pero ahora, no solo era la mujer de otro sino tenía una cría con otro, en la cultura saiyajin una mujer con el hijo de otro pertenecía simplemente a ese ya.

A menos que él matase al dueño de la mujer, pero ¿a costa de qué? ¿de que ella lo odiase para siempre?

Prefería estar sin ella que tener su odio.

¿Cuándo se había vuelto tan débil al caer a los pies de esa bruja?

Una y otra vez reflexionaba sobre eso mientras se sentaba mirando las estrellas, pero ya no había vuelta atrás.

Si volvía a pensar y pensar sobre lo ocurrido volvería una vez más al punto en el cual se culparía de idiota al haber caído en un sentimiento tan bajo.

Él era un super saiyajin, el ser más poderoso en la Tierra en este instante, ya debía olvidar a la mujer de cabello azul y centrarse en lo que verdaderamente importaba. La futura batalla.

Y para eso sus propósitos egoístas debían volver al igual que su amor propio y su autoestima, y para que este volviese al cien por cien debía olvidarse de la reina de su corazón. La única que pudo atravesarlo.

Voló hacía la habitación que pertenecía a la pareja y observó desde la ventana, en ella descansaban Yamcha, el bebé y Bulma.

-Adiós Bulma, supongo que tomaré tu consejo- dijo en voz baja antes de irse mientras observaba nostálgico a la familia que nunca le pertenecería.

Mientras volaba por lo alto de la Capital del Oeste se convenció de que Bulma solo había sido un deseo pasajero por la necesidad de una mujer. (Aunque sabía muy bien que era más profundo que eso)

Cumpliría con su parte de la apuesta y olvidaría a Bulma para siempre, era esa su manera de matar dos pájaros de un tiro.

Aterrizó en el balcón de una casa de playa, rápidamente una silueta se acercó y lo reconoció.

-Vegeta- dijo la rubia sorprendida.

Pero más sorprendida estuvo al sentir que la tomaba del rostro para darle un profundo beso, un beso que significaba bastante un beso en el cual estaba buscando sacarse todo lo que sentía por Bulma, quería olvidarla y entregar todo a esta mujer que estaba recibiéndolo con los brazos abiertos.

En movimientos desesperados y sin que ambos separasen sus labios entraron a la casa y cayeron sobre un sofá.

Ella tocaba el rostro del hombre aun sin creer lo que sucedía, todo parecía una romántica novela de algunos libros que leyó, ahora sabía cómo se sentían los personajes. Pero para Vegeta todo era distinto, cada vez que cerraba los ojos al besar a la mujer se imaginaba a Bulma, no podía evitarlo.

Pero su determinación era olvidarla.

Bajó sus labios por el blanco cuello de la rubia y empezó a besarlos convirtiendo aquello en pasión pura.

Hoy dejaría sus debilidades atrás, Bulma ya no sería un pilar importante para él.

Los brazos de la mujer lo abrazaban fuertemente mientras se entregaban el uno al otro, solo la brisa nocturna que se colaba por la ventana fue testigo de la entrega de amor por parte de ella y el sacrificio por amor por parte de él, solo que no era justamente ella la amada.

Abrió los ojos y se miró desnudo, miró a la mujer que descansaba también desnuda sobre él y recordó todo.

El saliente sol iluminaba parte de la habitación dándole la señal de que estaba amaneciendo, siguiendo a aquella despertadora luz, se movió despacio para no despertar a la mujer y salió desnudo al balcón.

Todavía tenía cosas que pensar.

Mirando el horizonte recordó cada momento de aquella noche, la mujer gimiendo bajo él y diciéndole palabras bonitas mientras lo abrazaba. En verdad había sido reconfortante, era lo que él se merecía una mujer que lo ame pero no podía permitirse amar.

Solo cometería ese error con Bulma, pero ella ya no debía existir más en su vida.

-¿Podré olvidarla?- se preguntó en silencio con el rostro confundido.

Era demasiado difícil lidiar con sentimientos que nunca antes había sentido.

Cuando sintió unos brazos rodear su torso.

-Debo irme- le comentó a su amante.

-Quédate más tiempo por favor- le rogó ella.

Vegeta sonrió ante aquella escena, era eso lo que él necesitaba una mujer sumisa que lo tratase como el príncipe que era, aunque deseaba desde el fondo de su corazón que esa mujer fuese Bulma, ahora solo debía acostumbrarse a la rubia hermana de Bulma.

Sin decirle nada entró a la casa se vistió y se sentó en la mesa esperando su desayuno. Se quedaría junto a ella y olvidaría a Bulma de una vez por todas.

-Supongo que puedo quedarme un tiempo- le dijo mientras desayunaban.

Pero el tiempo se extendió, y a casi tres meses ya se había prácticamente instalado en aquella casa de playa.

Thights y Vegeta ya eran prácticamente como una pareja, ella era una buena mujer, muy madura, no lo molestaba mientras entrenaba y siempre estaba dispuesta a todo lo que él decía.

Él había adquirido un cierto aprecio hacia la rubia de ojos negros pero nunca sería igual al sentimiento que sintió hacia Bulma y aún permanecía escondido dentro de él pero en cierta manera le gustaba la tranquilidad de su actual vida.

-Supongo que está bien- suspiró mientras observaba a la mujer que descansaba a su lado, una vez más despertaba al lado de ella.

Poco sabía que Bulma lo echaba de menos en cierta manera.

La familia Briefs estaba reunida y una vez más la silla que pertenecía a Vegeta estaba vacía, y Bulma lo notaba.

-¿En dónde se habrá metido Vegeta?- preguntó en voz alta mientras sujetaba a su hijo.

Yamcha cambió su expresión molesto pues cada día escuchaba el molesto nombre de Vegeta en los labios de Bulma.

-Bulma dime ¿Acaso eso importa? Deberíamos estar aliviados que ese hombre se haya desaparecido- respondió molesto.

-POR SUPUESTO QUE IMPORTA. Vegeta es mi amigo y me preocupo por él- respondió molesta con Yamcha no entendía los estúpidos celos de Yamcha.

-Claro, ese saiyajin es tu amigo. Bulma compréndelo de una vez ese saiyajin no tiene amigos, y dudo que quiera alguien- expresó Yamcha intentando convencer a Bulma de ello.

Cuando la señor Briefs interrumpió.

-Yo creo que te equivocas yerno, Vegeta parecía un hombre muy rudo pero en sus ojos había soledad y una tristeza difícil de descubrir porqué pero estoy segura que las personas como él aman intensamente y son los más leales, no debes juzgar a las personas por lo que parecen. A mí por ejemplo me suelen juzgar de tonta jijiji- comentó la señora Briefs defendiendo a Vegeta –Pero la verdad es que extraño bastante al joven Vegeta- dijo un poco triste.

El señor Briefs también fue uno de los intervinientes en la conversación referente a Vegeta, pero él poseía la información más relevante.

-No quería decirlo porque era un secreto pero hace más de dos meses Vegeta vino aquí y me pidió llevar varias capsulas de gravedad, no sé el motivo pero también me pidió sus cosas, así que claramente deduje que Vegeta se mudaría. Se lo pregunté y me dijo que ya estuvo bastante tiempo en este lugar que ya había cumplido su objetivo y no había motivo para quedarse- aclaró el señor Briefs.

Todos guardaron silencio ante aquella confesión hasta que inoportunamente Yamcha lo rompió.

-Que Bueno nos liberamos de él- exclamó bastante alegre sin darse cuenta de las miradas de parte de toda la familia.

Los señores Briefs habían considerado a Vegeta como el hijo varón que siempre desearon tener mientras Bulma sentía un cariño especial hacia él.

-Mamá, sujeta a mi hijo. Necesito ir al baño- dijo Bulma a su madre con la voz un poco trastornada.

Sin saber el motivo subió rápidamente a su habitación encerrándose en el baño a llorar, sentía que le dolía oír aquello, Vegeta era… alguien especial para ella, en eso se había convertido. Era más que su mejor amigo, en él encontraba un extraño sentimiento que no podía descifrar.

–Ni siquiera se despidió de mí- decía entre llantos.

Poco sabían ambos cuanto cambiaba el destino, cada uno hacia su vida junto a personas que creían querer cuando en realidad ambos sentían lo mismo sin llegar a aceptarlo.


Espero les haya gustado. Gracias por leer.