Epilogo, sniff.

Disclaimer: Personajes propiedad de Masashi Kishimoto.


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"En medio de este atolladero de angustia encontré la fuerza para luchar y salir adelante. Algo me hizo arrancar y aferrarme a la vida y al amor." -Williard Koh

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El sol matutino pintaba el cielo de colores y daba vida a la cuidad, anunciando el amanecer. De no haber sido por que era un domingo muy temprano, habría pasado horas atascada en el ruidoso y usual tráfico. Las luces se iban apagando y el sol despuntaba en el horizonte cubriendo los edificios de un color dorado.

El clima otoñal movía las ramas de los árboles y tumbaba poco a poco sus hojas, tiñendo de una paleta de colores marrones, dorados y naranjas la acera.

Condujo por las avenidas principales y se desvió bostezando un poco en el trayecto, le había tocado guardia esa noche y no tuvo escapatoria. Las noches en el hospital no eran tan malas, incluso había podido descansar, pero no dormir, un par de horas.

Se detuvo frente a una vivienda de dos plantas, idéntica a las demás casas de la calle. Presiono el botón que le abría el garaje y guardo el carro.

Entro silenciosamente, dejando su bolso y demás en la entrada. Debido a las cortinas cerradas la casa estaba en penumbras y bastante callada, pero ya estaba acostumbrada a ser recibida así.

Pronto sintió que algo se restregó en su pierna, "Bigotes". Un gato gris con algunas manchas negras y blancas en el lomo, que quería que lo alimentara aunque después cuando tratara de acariciarlo le siseara. El gato la siguió hasta la cocina donde recibió su alimento.

Dejo la cocina, subió las escaleras hasta el cuarto principal y se metió al cuarto haciendo el mínimo ruido, Itachi dormía profundamente en la cama y ella no planeaba despertarlo en su día libre.

Itachi apenas ocupaba una orilla de la cama debido a que otro pequeño ser se adueñaba de gran parte de esta.

Se acerco a la cama y sonrió ante la imagen que tenía enfrente, ya era bastante usual que durmieran juntos cuando ella tenía que trabajar. Y ya se conocía la historia de memoria; ella invadía su cuarto a mitad de la noche con la excusa de pesadillas y él le permitía quedarse a dormir en su cama, bastaban algunas palabras y caras tristes para que Itachi cumpliera sus caprichos, igual a veces lo hacía mientras ella estaba en casa.

Tapo con la sabana el pequeño cuerpecito cuidando no despertarla. Recogió algunas cosas y se metió al baño para darse una ducha tibia con las intenciones de despejar su mente.

Abrió el grifo y se metió bajo el chorro de agua, no funcionaba, el agua en su cabeza no lograba enfriarle los pensamientos como ella quería.

¿Y si esta vez algo salía mal?

Pronto la ansiedad que le oprimía el pecho se fue desvaneciendo hasta convertirse en temor.

Sus cinco sentidos habían estado embotados hasta ese momento, negando las noticias que había recibido esa mañana, confirmándole sus sospechas.

El miedo amenazaba con devorarla viva ahora que era consciente de sí misma.

Los recuerdos no dejaban de clavarse y meterse en sus entrañas como dagas. Haciéndole vivir nuevamente la última vez que paso por la misma situación. Otra vez se repetía el inicio del ciclo y aunque la última vez toda resulto perfecto, no podía evitar sentirse de la manera que lo hacía.

Seis años atrás.

Trabajaba en emergencias ese día cuando solicitaron que viera a un paciente en una de las camillas. Ya llevaba dos años y medio trabajando en aquel gran hospital, prácticamente casi el mismo tiempo desde que se había mudado.

-Haber dígame, joven…- busco en la planilla el nombre - Hayato, dice que tiene dolor, podría señalarme donde-

-Aquí- mascullo el hombre sobre la camilla, señalando un punto en el abdomen bajo. El joven hombre transpiraba y tenía los ojos rojos, en aquel momento lo atribuyo al dolor que sentía.

Ella hizo una ligera presión en el lugar señalado sacándole un gruñido al hombre –Me gustaría hacerle algunos análisis- garabateo rápido en la planilla, instantes después tuvo que dejar al joven cuando una de las enfermeras se asomo y le pidió que la acompañara urgentemente.

Salió rápidamente cerrando la cortina y fue a la camilla donde le dijeron, encontrándose con una pequeña niña con dificultades para respirar. Le examino, suministro algunos medicamentos y puso una mascarilla de oxigeno para ayudarla a respirar. Dejo a la pequeña con una de las enfermeras dándole algunas indicaciones y fue a ver a su otro paciente.

Prácticamente así se la pasaba todo el día, corriendo de un lado a otro, al ser médica encargada de urgencias.

Abrió la cortina y se encontró con el hombre de pie, vaciando desesperadamente las gavetas de medicamentos, después se entero que el tipo había ido en busca de drogas –Oiga, no puede hacer eso- le dijo acercándose, entonces el hombre la empujo, quitándola de su camino y haciéndola caer, se golpeo la espalda con uno de los aparatos que había en la sala.

El hombre salió corriendo sin embargo el ruido alerto a los presentes, y los de seguridad lo detuvieron antes de que huyera, otra de las enfermeras la ayudo a levantarse, le pregunto si se encontraba lastimada, ella solo negó arreglándose la bata. Ciertamente le dolía el codo y espalda, pero no era nada que no pudiese soportar, y después de un rato solo tenía molestias por lo que se aguanto sin quejarse hasta que su turno termino.

Por la tarde cuando llego a su casa, lo primero que hizo fue tirarse en la cama sin siquiera cambiarse. Itachi trabajaba todavía, y faltaban algunas horas para su llegada.

Se quedo dormida con la esperanza de sentirse mejor al despertar pero el intenso dolor la despertó súbitamente horas después. Era un dolor que se concentraba en la espalda baja, como si se tratase de cólicos menstruales solo que más fuertes. Como si estuviese siendo apuñalada constantemente.

Se tambaleo hasta el baño con la vista desenfocada y vacio el contenido de su estomago debido al dolor, bajo la palanca y se quedo ahí; abrazada al retrete.

No paso mucho tiempo cuando escucho pasos.

-¿Sakura?- la voz de Itachi amortiguada por la puerta del baño le hizo reaccionar.

-Aquí- se sentó sobre el azulejo encorvando la espalda, pronto escucho la puerta abrirse.

-¿Qué sucede?- le pregunto al verla en aquella posición.

-No me siento bien- mascullo sin dirigirle la mirada, de un momento a otro, tuvo a Itachi a su lado quien toco su frente y después su mano.

-Estas fría, ¿Te duele algo?-

Asintió –El vientre- encorvo su espalda aun mas haciendo presión a su vientre con sus brazos. Itachi nunca la había visto sufrir así, ella siempre había gozado de buena salud.

-Vamos al hospital - le dijo con prisas, después sintió como la tomaba por los hombros ayudándola a levantarse.

En el camino ella le hablo a Itachi de la caída y golpe que se había dado mientras se doblaba de dolor en el asiento, le pareció oír que Itachi le cuestionaba por no haber ido a checarse mientras aun trabajaba sin obtener respuesta.

Apenas cruzo las puertas del hospital el médico de guardia se acerco a ella al reconocerla, y le brindaron atención médica inmediata.

El dolor se había ido ya, cuando el médico hablo con ella.

Se puso más pálida y abrió los ojos desmesuradamente cuando le informaron que había estado teniendo amenazas de un aborto. Se olvido de respirar un momento, aquello llevaba a un mismo punto sin retorno; estaba embarazada.

Y ella ni siquiera lo había visto venir.

Le había tomado de sorpresa, desprevenida e indefensa.

No estaba preparada.

Incluso tenia bien planteada la idea de que no quería tener hijos, solo que aun no había encontrado el tiempo correcto para comunicárselo a Itachi.

Ya era tarde.

No sería capaz se interrumpir el embarazo. Nunca haría algo así.

Estaba encinta y tenía mucho miedo. Después de que el médico se fue y la dejo a solas con Itachi, dejo salir todas las lágrimas que había retenido, lo último que recordaba de aquella noche era al pelinegro arrullándola hasta quedarse dormida, repitiéndole que todo saldría bien, mientras ella se aferraba a su ropa y lloraba silenciosamente.

Se sintió mal, no solo por ella o el bebe, también por Itachi. Se supone que noticias como aquellas deberían ser recibidas con alegría y entusiasmo, pero ¿cómo podría cuando ya se ha perdido a un hijo? Sabía que sus dolencias y angustias solo traían preocupaciones a Itachi, pronto se sintió peor que en un principio.

Itachi no merecía eso.

Ella no era más que una mujer rota y con traumas.

Paso una semana desde su visita al hospital en la que ella se la paso acostada en la cama, guardando reposo por su delicado embarazo. Dormía mucho y cuando despertaba se sentía deprimida.

Y a sus ojos, ella no era nada más que una carga.

Tan culpable y miserable se sentía que una noche pidió a Itachi que se marchara con lagrimas en los ojos, el pelinegro no comprendió al principio pero cuando ella le dijo "No te mereces esto, sabemos que este bebe no sobrevivirá, soy incapaz de lograrlo" la atrajo a él y beso con urgencia.

Ella todavía lloraba cuando Itachi hablo "Nunca, nunca me iré"

Después de aquella noche, en la que pudo liberar un poco las penas que le atormentaban y hablar abiertamente con Itachi se sintió mejor, pero algunos síntomas como las nauseas y vómitos se hacían presentes por la mañana y por la noche se despertaba en medio del llanto y gritos debido a sus horribles pesadillas, por suerte siempre estaban los brazos del pelinegro para consolarla y calmarla.

Quería volver a trabajar pero sabía que no podría, tan solo bajar escaleras, o estar de pie mucho tiempo le hacían sentir pequeños dolores que la hacían llamar a su médico, quien le indicaba reposo absoluto.

Para el tercer mes cuando su estomago aun estaba plano Itachi le propuso matrimonio. Puso una docena de "peros" a la propuesta y después de que Itachi le refutara cada uno de ellos, acepto. Con la promesa de casarse después de que ella diera a luz. En aquel momento pensó que tal vez nunca habría boda, no si la misma historia se repetía.

No podía mirar adelante sin mirar atrás. Todavía sufría la pérdida de su hijo, y sabía que nada ni nadie podrían remplazarlo nunca.

No aviso a ningún familiar o amigo de su embarazo, ya le había dado ilusiones a sus padres una vez de un nieto y no quería hacerlo de nuevo.

Había ido a consultas, todas con resultados positivos y eran en aquellos minutos, cuando podía escuchar los latidos del pequeño corazón, que sus miedos dejaban su cuerpo un momento y se permitía ser feliz un momento.

Le bastaba con eso, saber que estaba vivo.

Así pasaron los meses, y a medida que ganaba tamaño su vientre también lo hacia su ansiedad, pues la fecha de parto se acercaba.

Se preocupaba y mucho, los sentimientos que le pasaba al bebe no eran nada sanos. Tenía miedo de que pudieran dañarlo.

Para el quinto mes cuando sintió pataditas y movimientos de parte del bebe, una gran sonrisa adorno su rostro y una calidez se extendió por todo su pecho. Llamo a Itachi, quien alterado, llego inmediatamente estrellando la puerta al oír su grito.

Ella lo invito a tomar asiento cerca de ella, palmeando el colchón, él lo hizo y tomo su mano llevándola hasta su estomago. Se quedaron en silencio, los movimientos tenían poco que se habían detenido pero no paso mucho antes de que volviera a darle una patadita "¿Sentiste?" le pregunto con una amplia sonrisa y lagrimas en los ojos.

El asintió sin despegar la vista de su vientre, por primera vez pudo sentir como Itachi olvidaba todas las circunstancias que vivían al mismo tiempo que ella también lo hacía. Después el la estrecho en sus brazos suavemente y entonces supo que todo saldría bien, no estaba sola.

Lo que resto del embarazo fue más fácil, sus temores eran aplacados por los movimientos que el bebe hacia en su vientre, reafirmándole que se encontraba con vida.

Viva.

Ya sabían que se trataba de una niña que nacería en primavera. Y por cuestiones médicas no tuvieron otra opción que programar su nacimiento con una cesárea.

Para cuando se acercaba la fecha, ella se encontraba cada vez más hinchada e incómoda. En ese entonces su madre ya sabía de su embarazo, y tenía aproximadamente los últimos meses viviendo con ellos, no habían tenido otra alternativa, ella necesitaba ayuda mientras Itachi trabajaba.

El tiempo paso rápidamente ante sus ojos, los días se filtraron y escaparon de entre sus dedos como si de agua se tratase.

La noche antes del nacimiento no pudo dormir nada, por la mañana se sentía cansada y bajo sus ojos había rastros de una mala noche. La mañana se paso fugazmente mientras Itachi empacaba algunas cosas que necesitaría, pronto estuvo en el hospital recostada en una camilla con los nervios a flor de piel.

Temió salir del hospital con las manos vacías.

Su pulso se acelero cuando lo que pasaba le pareció un deja vu, un recuento de sucesos.

La prepararon para la cesárea y lo que aconteció después estaba muy borroso y distorsionado, el tiempo pasaba rápido y lento a la vez, lo único que podía sentir era la mano de Itachi estrechando la suya y su corazón latir arrítmicamente casi dolorosamente. Escuchaba voces, pero muy lejanas, que repetían que todo estaba bien, era el pitido de la maquina marcando su ritmo cardiaco lo que la ensordecía y desesperaba.

Cerró los ojos respirando profundamente.

No supo cuanto tiempo paso hasta que finalmente abrió los ojos cuando escucho el llanto de un bebe.

Su bebe.

Envuelta en una pequeña manta se la acercaron al rostro. Tenía muy bien grabada en sus memorias la primera vez que la vio; rosada, un poco sucia, haciendo pucheros con los ojos fuertemente cerradas y una pequeña mancha de cabello negro en su cabecita. En aquel momento lágrimas de felicidad mojaron su rostro.

Esa misma tarde, mientras sostenía un pequeño bulto entre sus brazos, se dio cuenta de algo.

-¿Cómo se llamara?- pregunto a Itachi. En todo el embarazo, nunca había pensado en posibles nombres.

El pelinegro la miro a ella, después a la bebe que dormía tranquilamente – ¿Qué te parece "Megumi"?-

Bajo el rostro y sonrió –Es perfecto-

Esa primavera todo salió perfecto. Abandono el hospital con una pequeña bebe en brazos que se convirtió en su mundo.

Salió de la ducha y se envolvió en una bata, secando su cabello con una toalla.

A medida que la veía crecer, sentía que la amaba con cada respiración un poco más. Su pecho se lleno de alegría y orgullo cuando la vio dar sus primeros pasos, recordaba que cuando dijo su primera palabra: "papá" había sentido cierta frustración y envidia, y es que a pesar de que ella le repetía en todo momento la palabra "mamá" le hizo mención después.

Megumi era más apegada a Itachi que a ella, pero estaba bien. Le enternecía ver a padre e hija jugar juntos, y que ella lo llamara "príncipe".

Se puso algo de ropa y se metió en la cama moviendo con sumo cuidado el pequeño brazo de la niña para acostarse. Su cabello era negro, idéntico al de Itachi, al igual que sus ojos. Toda ella parecía una versión femenina y miniatura del moreno, aunque su tez era más pálida, parecida a la de ella, y de no ser porque la cargo en el vientre casi nueve meses dudaría que tuvieran un parentesco.

Llevo su vista desde el perfil de la pequeña hasta el rostro de su marido al sentirse observada.

-¿Te hiciste el análisis?- pregunto el pelinegro suavemente.

-Si- suspiro pesadamente.

-¿Y qué resulto?-

-Es positivo- cerro los ojos y susurro –Tengo miedo Itachi-

-Todo va a salir bien- él entrelazo sus manos sobre sus cabezas, brindándole apoyo.

-¿Mami?- la voz adormilada de Megumi, los hizo dirigir sus miradas a la pequeña que levantaba su cabecita.

-Aquí estoy- hablo y la pequeña pelinegra se movió hasta quedar acurrucada en su pecho.

-Te quiero mucho- formulo durmiéndose nuevamente.

Sintió los ojos escocer, la abrazo y dándole un beso en la frente le dijo –Yo también-

Itachi se acerco a ellas, dejando a Megumi en el medio. Solo entonces comprendió que estaba bien tener miedo, siempre que hubiera alguien a su lado. Pego su frente a la de él cerrando los ojos, el suave tacto del pelinegro y la pequeña respiración haciéndole cosquillas en el pecho le hacían sentir completa.

Que idiota había sido al querer suicidarse alguna vez.

La vida le había brindado dos seres maravillosos que llenaban su vida de alegría y gozo.

Y otro más venia en camino.

Y aunque se muriera de miedo al saber que nuevamente estaba embarazada, sabía que esta vez sería más fácil. Ahora no solo tenía a Itachi, también tenía a Megumi, quien estaba segura no la dejaría temer ninguna vez. Debía ser fuerte y valiente por su pequeña hija, merecía un hermano con el que podría jugar y pelear de vez en cuando.

La vida le había dado muchas cosas y arrebatado otras.

Tenía muy en claro los motivos que la mantenían despertando cada mañana, respirando y viviendo cada segundo.

Al principio fue uno, poco después se añadió otro y ahora nuevamente agregaba un tercero.

Tres razones para vivir.

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Fin.


Lo prometido es deuda, aquí el epilogo. Es algo tan usual en mi, hacerle mención al título en los finales xD, digo por algo se llama así ¿no? De verdad que me sorprendió la recepción que tuvo esta historia y me entristece tener que concluirla, de verdad espero que les haya gustado lo que sucedió con la pareja.

Quería platicarles que mañana es mi primer día en la Universidad y estoy sumamente nerviosa, ¿algún consejo? :( ¡Oh!, también, esperen un nuevo proyecto de mi parte, pronto, (aunque será un SS) la idea esta mas solida, ya solo me falta redactarla.

Menciones especiales para umi y Risa-chan, a quienes no puedo responderles por privado, ¡gracias por sus comentarios! Y ¡Muchas gracias a todas las personas que leyeron esta historia y me dieron una oportunidad!

Esto no es un adiós, es un hasta luego.

Nuevamente, gracias.

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-Yada

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24/08/14 05:55 p.m.