La lista

¿Qué pasaría si el fuego y el agua se peleasen? ¿Quién ganaría? El fuego evaporaría el agua, mientras el agua apagaría el fuego. Una carrera de tiempo en donde el perdedor no se conoce y el ganador nunca lo lograra

Parecía un juego, ella estaba condenada por siempre a que su vida fuese un completo desastre. ¿Es que acaso los dioses no tenían tolerancia con ella?

Por un momento sintió que hasta el mismo destino se mofaba de ella, seguramente se estaba riendo en ese instante. Que mala suerte cargaba encima, seguramente procedía de familiar, algo constantemente hereditario.

Había llegado tarde a su casa por culpa de la charla de Tenten y aunque le hacía falta socializar con alguien que hilase dos palabras de una manera coherente. Pero como si no fuera el colmo llegar a su casa a las doce en punto de la noche, la secadora no quiso funcionar y toda su ropa quedo mojada, lo único que consiguió fue un top negro, una falda rosada pastel. ¿Cómo podría presentarse así su primer día? Parecía una prostituta o por la manera en que ella se arreglaba normalmente, faldas a la rodilla, sus camisas cerradas y sus chaquetas que tapaban todo vestigio de piel. Ella era una persona muy meticulosa en la parte de presentación y se sentía realmente agobiada tener que aparecer en la oficina de sus jefes, con ese tipo de fachas. Pero para colmo, el reloj no había sonado y tuvo que salir corriendo de su casa, sin siquiera desayunar.

Se sentía disminuida, allí parada al lado del asiento de su jefe. Vacía la oficina, y ella una estatua más de la colección, silenciosa poso los papeles que le dio Shikamaru en el asiento de Naruto, arreglo algunas cosas, ordeno papeles, despolvo una foto y suspiro.

Estaba allí entre las dos personas más reconocidas de Japón, Minato Namikase y Kushina Uzumaki y un pequeño sonriente, las marcas aun estaban adheridas a sus mejillas y se cruzo por su mente ¿Cómo se las había hecho?.Ojos claros y esperanzados, una sonrisa sin par. Miro más allá de la foto, el era una persona feliz, o fue una persona feliz.

Siempre se preguntaba ¿Qué se sentiría ser millonario? Obviamente ella no se respondería su misma pregunta, pero a veces sentía la necesidad de saberlo. Lo había vivido con Sasuke, pero nunca fue algo que durara. Efímero había sido el comienzo, tanto como el final. Él al igual que Naruto, estaban destinados a esta vida.

Miró a su alrededor, vivir el presente, pensar en el futuro y dejar el pasado. ¿Pero ella se podría desprender de su pasado? ¿De los maltratos de su padre? ¿De la locura sumida en su madre? ¿De las desgracias de su hermana? ¿La pobreza en donde vivió? ¿El trauma de las violaciones? El tener hambre y no encontrar comida, el querer aprender pero no tener dinero para ello, el querer ser alguien pero no eres nada.

Ella no podía dejar atrás eso, si fingía no haber tenido ese pasado. Pero eso había dejado una marca presente en su corazón, ella pertenecía a ese mundo. Las sombras de la calle, las personas que viven el día temiendo morir, ganarse la vida con lo que venga.

Ella era una persona que había logrado superarse. Y no se iba a dejar vencer a estas alturas, como había enfrentado el hambre cerrando la boca y tomando agua, como había dejado a un lado los prejuicios, cuando se tragaba su orgullo y dejaba que los demás se burlasen, sentirse herida por personas que sacian placeres en su cuerpo. Nadie entendía estar en su piel, cargar con el nombre de su familia.

Hyuuga, apellido sucumbido en las sombras. El imperio que se fue a quiebra, una mala jugada, mucho alcohol y se había convertido en nada, ella no era nadie para la sociedad.

Las puertas se abrieron, un murmullo se esparció en la habitación. Naruto estaba vestido con una chaqueta negra hasta las rodillas, unos guantos cerrados de cuero y unos blue jeans, pero cuando se deshizo de la chaqueta, dejo pasar un cuerpo escultural esculpido en una camisa de cuello de tortuga color beige.

Tantas ideas pasaron por la cabeza de Hinata, y sintió que sus mejillas se arrebolaron cuando cayo en cuenta de que todos esos deseos iban referidos a su jefe, así que trato de mirar a todos lados menos a la figura esculpida de él.

Naruto caminó viendo unos papeles que cerraría el contrato de "Hana on Suna", uno de las novelas más exitosas de la editorial Namikase, que pronto se reproduciría a la pantalla grande por el directo Tsukasa Nagabeo. Se sentó en su silla de cuero y firmo rápidamente, sin darse cuenta de la presencia.

Naruto siempre había sido una persona que se tomaba ciertas cosas a juego, pero cuando se trataba de la compañía de la familia, era algo que se le metía entre ceja y ceja, una persona responsable después de todo. No iba a caer tan bajo, aunque tampoco se debía tachar como un pan de dios, ya que inmiscuía a sus trabajadores en su propia vida. Pero con mujeres tan bellas a tu alrededor insinuándote, es algo realmente tentador.

Arregló los papeles y se los dio a la mano a Shikamaru, mientras veía que las cosas de su mesa estaban algo movidas.

- Cualquier inconveniente me lo avisas inmediatamente –comentó sin siquiera mirarlo. Shikamaru asintió y salio de la oficina rápidamente.

- Buenos días –Hinata tomo todo el valor que quedaba en su garganta para decirlo con claridad, no sabia por que pero la gente con la imponencia de Naruto la hacía cohibirse, no del todo por que tenía aun el valor de pensar con coherencia. Pero si se sentía intimidada.

Naruto levantó la mirada al oír la voz y se sorprendió en ver a Hinata parada al lado de la ventana, la luz de la mañana caía como un manto en su cara, dejando ciertas partes de sus facciones en sombra, sus ojos ocultos bajo una persiana oscura que producían sus largas pestañas, sus cejas perfectamente delineadas encima de sus ovalados ojos, su piel alba como un claro de luna, el lugar redondo que se alojaba en la parte baja de su quijada. Y su presencia diminuta, sensual y contornada que la acompañaba un extraño olor que había ignorado cuando entro. Parecía algo así como frambuesa.

Pero lo que le sorprendió fue la forma de vestir de ella, sus hombros eran anchos y dejaban pasar un largo cuello y unas hermosas clavículas, con su cabellos negro azulado, que brillaba, amarrado la hizo ver aun más elegante, mientras el top dejaba el inicio de su pecho en donde dormitaba un pequeño lunar en el inicio de sus senos, sus grandes curvas, su abdomen plano y esas largas piernas blancas. Iba a enloquecer, eso era más de lo que él podía.

Por primera vez tuvo que darse dos cachetadas mentales o si no agarraría a esa mujer y la haría suya ahí mismo, suspiro cansado mientras retiraba la mirada. El punto del juego era hacer que ella cayera en sus redes, no que fuese a la inversa.

- Ha llegado temprano Hyuuga Hinata –susurró él de manera firme.

- Usted me comentó que le agradaba la puntualidad –ella camino dos pasos acercándose a él.

- No fue lo único que dije –miro a su alrededor al darse cuenta de que nada de lo que pidió estaba allí- Café, los manuscritos revisados con sus comentarios, el tabaco… -la miro- No me esta siendo eficiente.

- Cuanto lo siento –ella hizo una pequeña reverencia- No he tenido un buen día hoy.

- Eso no es de mi incumbencia –y siguió firmando los papeles. Hinata se quedo allí como una estatua, sabia que Naruto era él hijo de su jefe, pero en el carácter se asemejaba más a su madre. Una mujer estricta en la parte laboral, pero nunca pensó que fuese mal educado.- ¿Qué esperas? –dijo mirándola cuando ella no se movía.

- Lo siento, ya vengo –Hinata corrió hasta la salida, con pasos largos. Él la miro por largo rato hasta que la puerta se cerro Pero que niña más torpe suspiró Por lo menos me la pude quitar de encima, me estaba distrayendo y siguió firmando sus papeles con el ceño fruncido. Por primera vez Naruto se sintió desviado del trabajo, como si la tentación de ella fuese más importante que el dinero.

Hinata corrió hacia el cafetín taconeando en el ascensor, pidió un capuchino pero se lo entregaron frío, sin perder tiempo subió por las escaleras. Cosa que no fue buena idea ya que se le fue botando el café en el transcurso. Cuando llegó a la oficina el café estaba helado y solo había la mitad de lo que habían servido antes.

Naruto cuando lo tomo no pudo ni siquiera pasar el trago, pero lo hizo con toda la fuerza de si mismo. Estaba helado, no tenía azúcar y era amargo.

- No tiene azúcar –dijo poniéndolo en la mesa.

- Cuanto lo siento… yo –cuando Hinata lo iba a agarra Hinata se lo atajo de las manos.

- No pienso tomar café frío –la miro y luego suspiro. Ella sin duda no servía para ser secretaria, era torpe, lenta y demasiado penosa. Se enredaba en cualquier cosa y no sabía que decir con claridad.

Al pasar la tarde cada quien saco sus conclusiones.

Naruto, o Hinata venía de un convento o era un ángel bajado del cielo para jugarle una tregua que lo llevaría al infierno, una de las dos. Una joven tan hermosa como ella, de miradas profundas, ojos encantadores, pasos largos y voz suave era sin duda esas jóvenes que les sacan provecho a sus propias cualidades. Ella era un caso aislado, torpe se golpeaba con todo lo que encontraba obstaculizándole el camino, varias veces se había cortado con los papeles de los documentos, se le cayeron algunas carpetas importantes cuando iba a hacer transmites con Kiba. Cuando hablaba con él se quedaba trabada las palabras en su garganta, y por cualquier cosa se sonrojaba.

Resopló, esto se estaba volviendo realmente insoportable. Ella era demasiado ingenua para hacerle daño.

Hinata por su parte, había estado todo el día estudiando a su jefe. No hablaba mucho, era serio y frío. Solo daba órdenes y esperaba que todos las cumplieran, lo único que hacía era firmas cosas o hablar con sus empleados con un deje de grandeza. Sin duda insoportable el era la más viva imagen de la desigualdad social, la prepotencia con nombre y apellido. Naruto era la persona más desagradable que ella había conocido, después de Sasuke.

Casi al tornarse las seis y media de la tarde, se sentó muy cerca de él, se sentía como una idiota, todo lo que el le pedía lo hacía muy mal y cuando se lo pedía nuevamente, lo hacía mucho peor. Entonces... ¿Dónde quedaba la Hinata con confianza en si misma?

Todo se había ido al caño, tal cual como una estupidez suprema. Pero sus tontas reclamaciones fueron dispersadas cuando la puerta se abrió y entro Gaara, el socio de la compañías Namikase. Ella se levantó inmediatamente dando una rápida inclinación de respeto. Gaara solo ladeo la cabeza, y se sentó en la silla cercana a Naruto.

- Hoy en Kanako, a la nueve en punto –dijo sonriente- Cerraríamos el trato con Sada Miriko, y su Izumi Ikoro.

- Tendrás que ir solo... –dijo mirando a la pantalla- Tengo una cena con Kendo Tsukasa a las siete.

- ¿Y después? ¡Tenemos que cerrar ese contrato! –dijo Gaara dando un amistoso golpe a la mesa. Naruto miró a Hinata, que se sintió descolocada por un instante hasta que entendió todo, salió corriendo hasta su escritorio y agarro torpemente la agenda, algunos papeles se cayeron al suelo, y tuvo torpemente que recogerlos mientras abría la libreta con un enredo tanto en las manos como en la cabeza.

Naruto se acarició las sienes, tenia que tener paciencia, por un instante se tuvo que recrimina a si mismo de contratarla, pero era tan torpe e ineficiente que hasta le había costado pensar en otra cosa que no fuese "Lo idiota que es" porque hasta los pensamientos lujuriosos se espumaron cuando se dio cuenta de su torpeza

Finalmente Hinata pudo conseguir la pagina y algo apenada la leyó con voz temblorosa.

- A las nueve tiene una reunión familiar, en el Magestic –aclaró mientras cerraba la libreta.

Naruto arqueó sus cejas minuciosamente, casi como si no se hubiese movido. Suspiró y le hizo una seña a Gaara.

- Esta bien, Hinata –dijo mirándola- Cancela la cena familiar.

Hinata le miró sorprendida, prefería estar en el trabajo que tener un momento con la familia. Todo él, era un cubo de hielo.

Al finalizar la hora, Hinata le siguió casi renca hasta el estacionamiento, no sabía a quien llamar, la verdad es que nunca conoció a ninguno de los aparcadores. Y Naruto tuvo que esperar unos quince minutos hasta que su carro estuvo aguardando a la entrada.

Él por su parte se sentía realmente ofendido, por el mal trabajo de ella, esperaba no una persona inteligentísima, pero por lo menos alguien que usase las neuronas para coordinarse la vida. Y Hinata no hacía eso, ni nada.

Finalmente ella pudo abrir la boca, esas palabras estuvieron amedrentándola internamente, y si se lo guardaba la castigaría por toda la noche y parte del día de mañana.

- ¿No le gusta estar con su familia? Señor Namikase –preguntó ella viéndolo.

El la miró por un instante como algo descolocado por la pregunta de ella, pero con un gesto de desagrado le respondió:

- No, son solo un estorbo.

- La familia nunca es un estorbo, es parte de tu crecimiento como persona –concordó Hinata.

- ¿Ahora es Psicóloga señorita Hyuuga? –interrogó el amargamente.

- No, pero eso siempre me han dicho ellos –dijo esta repitiendo- "Sin la familia, no estarías así, guardarle rencor a alguien no tiene significado. Por que siempre ese alguien tuvo algo que ver en tu vida"

Naruto resopló mientras Chouji le abría la puerta de su jaguar.

- Señorita Hyuuga, si no esta familiarizada con este tipo de trabajos –dijo mirando a Hinata- por favor, mañana tómese la molestia de no venir.

Hinata se quedó estancada en ese mismo suelo, Genial Hinata, no le agradas para nada al jefe... Y dándose media vuelta se dirigió a la salida cuando una idea cruzo por su mente.

Naruto se quedo pensando varios minutos en lo que le dijo ella "La familia nunca es un estorbo" ¿acaso ella sabía de su familia?

Suspiró, tal vez sus padres solo querían un momento de que todos estuviesen juntos. Pensó, ahora el no era el niño que veía a su padre siempre ocupado y a su madre siempre atendiendo las llamadas, ahora el se había convertido en eso.

Naruto marcó un número en su celular mientras daba vuelta en una curva.

- Lo siento Gaara, no puedo ir. Tengo cosas que hacer después de Tsukasa –dijo rápidamente.