Prosac


La forma más eficiente para sanar heridas es la compañía, la soledad solo agrandas las lágrimas y el desprecio la sensación de culpa


Él pasó la mano por su cabello suavemente, en una caricia que se prolongo hasta el inicio de la espalda. Hinata suspiró devastada, mientras miraba la estancia sin mucho interés, aún estaba cavilando.

La mano de Naruto se fue a su cuello, uno de sus dedos paso lentamente delineándolo y luego la mano se hundió en sus cabellos, tratando de reconfortarla. Nunca pensó que él, Naruto Namikaze, terminaría dándole consuelos a una secretaria.

Pero, a fin de cuentas, era Hinata. Y la pobre estaba temblando de pánico.

Hacía dos días que se la pasaba tirada en el sofá de su casa, sin comer, sin ganas de vivir. Y eso le preocupaba a Naruto, sin aunar a Ino que estaba como loca y le gritaba, una Suiki que lloraba como magdalena por toda la casa. El único que la reconfortaba y no se lamentaba de su estado era él. Naruto era fuerte y Hinata le agradecía eternamente que su compañía fuese así de silenciosa, sin reproches o palabras de consuelo, solo su mano acariciando la cabeza y sus hombros, tratando de decirle que estaba allí.

Ino no podía dormir, estaba segura de que Hinata estaba en el borde de un ataque de depresión. Sugirió que se mudase con ella y Sai —su nuevo novio—, pero eso solo estropearía su relación.

Suiki había decidido con todas las ansias de su persona y la terquedad de su apellido que viviría con Hinata hasta nuevo aviso, o una posible mejoría. Cosa que no le agradaba a nadie, por la corta edad que tenia la pequeña y la inmadurez de sus actos.

La única propuesta que Hinata aceptó fue la de Naruto. No solo porque sonaba más reconfortadle, el apartamento de Naruto tenía unos 300 metros cuadrados, podría vivir en ese lugar sin toparse, además a fin y al cabo el Namikaze era medico, su palabra era como la Biblia. Nadie replicó la decisión de Hinata, más bien Ino estuvo encantada y ni hablar de Suiki que casi brinca de la felicidad.

Pero Hinata seguía así, como una muerte viviente.

Naruto suspiró y se levantó lentamente del sofá.

- No es tu culpa Hinata, no te eches el mundo a tus espaldas –murmuró él mientras acariciaba uno de los pies desnudos de ella- Es inútil, las cosas pasan así. El destino lo decidió así.

- Si la hubiese visitado antes, ella no se hubiese suicidado –replicó la joven compungida.

- Nadie sabe, lo que pudo pasar... porque no paso –negó.

- Lo sé –Hinata se incorporó y arregló sus cabellos negros tras sus orejas- Ella era la única de mi familia que debía vivir, ¿Sabes? Ella si quería vivir, es una lástima. ¡Por que todos los que no servimos vivimos! ¡Ah! –Hinata cerró los puños de la impotencia- Hanabi no hace nada, Papá no hizo nada en su vida ¡Yo tampoco!

Naruto posó su mano en los labios de ella y la miró molesto.

- Nunca... escúchame ¡Nunca! –Le gritó- desees estar muerte ¡Me entiendes! Eres especial y si no lo ves estas ciega, como una persona como tú que nunca se ha dejado derrumbar, que es valiente, que es fuerte. Puede ahora echarse a morir cuando la situación es la más difícil, debes luchar Hinata ¡No echarte a morir!

Hinata tapó sus ojos con las manos y comenzó a sollozar. Así había sido toda la semana, a Naruto le preocupaba tanto Hinata que no había podido tocar pie en la oficina desde el día de la noticia, no quería correr el peligro de dejarla sola.

- Tienes que superarlo, querida –le dijo con la voz más suave que pudo. Hinata se tragó las lágrimas, la manera en que lo había dicho Naruto la dejo descolocada, la voz sonaba como un anhelo, como si de verdad él lo desease y con tal cariño que sintió que las palabras la acariciaron.

- Lo se... –se limpió las lagrimas que quedaron grabadas en sus mejillas y se dedicó a respirar profundamente, para tranquilizarse.

- ¿Quieres algo de comer? –preguntó levantándose.

- No tengo hambre –se excusó ella mientras abrazaba sus piernas.

- No empecemos con esto, Hinata –le imploró el rubio. Le dolía tanto verla así de destruida, como si la Hinata que había conocido ya no existiera, como si las ganas de vivir y su fuerte carácter perteneciesen a un espejismo, estaba flaca, demacrada. Se parecía a su madre, ante el pensamiento Naruto sintió una fobia inexplicable, no la quería ver a ella igual que a su madre. No la quería ver muerta, loca, sin ganas de vivir, sin un propósito. Se agachó a su altura- Mírame...

Hinata no alzó la vista, no lo quería ver. ¿Por qué no se moría y ya? Y no causaba más estorbo en esa vida, ya no interesaba. No tenía a nadie en esta vida.

Naruto tomó sus manos con cariño pero fuerza.

- ¡Mírame por dios, Hinata! –le gritó con el seño fruncido. Está aterrorizada ante la voz demandante de él subió la mirada, con ese color pálido en las mejillas y las ojeras moradas bajo los ojos. ¡Oh, dios! A Naruto se le destrozaría el alma con esa visión, parecía una pequeña solitaria, débil y a punto de agonizar- No puedes seguir así, tú... tu quieres ver a tu hermana sufrir ¿Eh? ¿Quieres morir también?

- De que vale –le respondió con la voz acuosa- ¿Dime? Mi hermana es una puta, mi padre un ebrio, mis sobrinos unos vándalos, mi cuñado un maltratador, ¿Y yo? ¿Qué soy? Una estúpida con sueños de grandeza, delirios.

- Hinata... –Naruto suspiró ante a respuesta de ella- ¿Y qué hay de Ino?

- Lo superara... –respondió agriamente.

- ¿Lo superara? –La voz de Naruto sonó molesta- ¡Lo superara y ya!

- Si, eso hará –afirmó sórdida.

- Y mi hermana ¿Eh? –Naruto le apretó la mano- ¿Qué hay de ella? Ella no lo superara, ella te quiere mucho Hinata. Te quiere como una hermana, ¿Qué harás, la dejaras sufriendo también?

- También lo superara –murmuró.

- ¿Y yo? –le miró molestó- me imagino que quieres que me quede sentado y te vea como te consumes a ti misma, ¡Te has vuelto loca!

- Lo superaras, Naruto –susurró.

A Naruto se le rompió el alma, ¿Lo superaría? Se estaba volviendo loca, superarlo y ya. Ver como ella, una joven que tenía una vida por delante dejaba que el viento se la llevase solo porque no pudo seguir su camino.

- ¿Por qué no lo superas tu? –le encaró él.

- Porque ya no puedo más... –susurró ella.

- Eres fuerte, pero te dejas vencer fácilmente –negó- Aunque no quieras, vas a tener que vivir Hinata. Porque no voy a presenciar otra muerte, ¿bien?

- Haz lo que quieras –le respondió ella mientras retiraba su mirada de él.

- Sabes que Hinamori me dijo eso el último día que la vi... –Naruto bajó la mirada- Si te vences hoy, me sentiré culpable. Porque me harás recordar lo que paso la ultima vez...

Hinata le miró, ¿Qué? ¿Ahora él también se pondría como ella? ¿Se quitaría la vida porque ella...? dejo el pensamiento abierto. Estaba hablando de Hinamori.

- ¿Hinamori? –su voz sonó seca.

- Suiki no te dijo que ella... –Naruto le costó decirlo- está muerta ¿No?

La pálida cara de Hinata estuvo a punto de convertirse en papel ante el descubrimiento.

- Ella... no... –Hinata miró al suelo- ¿Cómo paso?

- Hizo lo mismo que tu –le reprochó mientras se incorporaba violentamente- Se quito la vida porque no soportaba luchar más, ¿De qué vale vivir con miedo? No es mejor luchar ¿Eh, Hinata? Ganarse las cosas por su propio merito, no luches viviendo, vive para luchar. Ese es el punto de las cosas, no hagas lo mismo que ella. No te dejes llevar por la facilidad, es más fácil morir y ya. Todos los problemas se resuelven, pero de que vale. ¿Dime, de qué vale?

Hinata miró a Naruto por largo rato, mientras este le sostenía la mirada. Tal vez tenía razón ella siempre había vivido para luchar ¿Por qué ahora no lo hacía? ¿Por qué cuando él la estaba ayudando ella se daba por vencida? ¿Por qué cuando al fin le interesaba a varias personas, ella se daba por muerta? ¡Era injusto! Cuando ya estaba por vivir tranquila, todo se desmoronaba. Mamá... ¿Por qué me hiciste esto? No pudiste..., se reprochó el ser egoísta, su madre había sufrido más que nadie y ahora estaba en paz. Eso era lo que importaba.

- Creo que... una croquetas no vendrían mal ¿No? –exclamó ella tratando de parecer contenta. Naruto suspiró aliviado, por lo menos lo estaba intentando.

La tarde estaba calurosa, Naruto se desabrochó los dos primeros botones de la camisa. Sin duda, complacer a Hinata era como tener que caminar en lava, teniendo un hermoso BMW rojo, un Mustang negro último modelo y un precioso Audi recién comprado en el estacionamiento de su casa. Y ella se le antojaba ir en metro. Y si que hacía calor en ese lugar.

- ¿Cómo puedes transportarte en esta cosa? –murmuró él, agotado por el calor.

- Estoy acostumbrada –respondió ella mientras le sonreía. Y le ayudaba a abrocharse los botones que acababa de liberar- No es bueno desnudarse, hay varias fans por allá atrás que ya pegaron grititos cuando te vieron hacer eso.

- Pues que te puedo decir –fanfarroneó él- Soy una belleza.

Hinata alzó una ceja y con la malicia más grande que encontró, se desabrochó los tres botones elementales de su vestido, haciendo ver el inicio de sus pechos. Todos los hombres cercanos no pudieron disimular cierto interés por aquellas montañas blancas.

- Hace calor ¿No? –dijo ella agitando su mano en forma de abanico. Naruto alzó una ceja.

- Deja de hacer eso, pareces una cualquiera –le respondió molesto.

- ¡Ay, dios! Pero no debería molestarte. ¿Tú no salías con muchas de esas? –enconó ella.

- Eso era antes, ahora soy un hombre... –buscó la palabra adecuada- que está experimentando... –siguió pensando- el extraño mundo del celibato.

Hinata carcajeó. Bueno ya unas semanas desde que ella estaba en casa de Naruto, él no había intentado absolutamente nada y ninguna mujer había cruzado esa puerta. Parecía algo desesperado, rió de nuevo.

- Pues... –Hinata se levantó cuando el metro estuvo detenido en la parada- Espero que eso no le sofoque mucho, parece estar sufriendo una terrible pesadilla.

- Pues, como tú estás todo el tiempo enfrente de mí, lo es –afirmó. Hinata abrió la boca para protestar- Tu sabes que es ver todo los días tus turgentes pechos en el camisón que te regalo Ino, no es nada agradable en mi posición ¿Vale?

Hinata alzo una ceja pero se infló de orgullo.

- Ese es tu problema –se encogió de hombros- Yo ando muy cómoda.

- Se te nota –Naruto se imaginó a Hinata con aquel camisón de dormir semi transparente- Tus senos también ¿No?

- ¡Naruto! –Hinata le pegó en el brazo. –Estúpido.

El silencio se prolongó en toda la caminata hacia el consultorio de Shino, aunque Hinata fruncía el ceño cada vez que una joven bonita le sonreía a Naruto y este de descarado le picaba el ojo. ¡Porque en Tokio habían mujeres tan bellas! Y ella... No entendía porque Naruto se había acostado con ella dos veces, no era muy atractiva que digamos, tampoco tenía "muchos" senos, ni mucho trasero, un abdomen normal, tal vez algo fofo, un cutis bastante descuidado, caderas demasiado anchas, piernas demasiado gruesas, ojos de un color bastante feo –según ella- el cabello opaco que necesitaba un corte urgente y ni hablemos de las cejas: diminutas, sin gracia...

Cortó el pensamiento, eso no era lo peor...

- Se lo que estas pensando Hinata –descubrió Naruto ante las señas que hacia ella de sus pensamientos, el redondeo descarado de sus pechos lo había hecho desde hacía una semana, se quejaba de que todas eran más hermosa que ella, de que sus caderas eran muy anchas, muy gorda, muy flaca, demasiado blanda, demasiado pálida, bla, bla, bla- Quédate tranquila. Si fuese tan fea como dices, lo hombres no babearían al verte.

Y es que para Naruto ella no era nada de lo que pensaba. Tenía unos senos del tamaño esencial: ni entrando en lo grotesco, ni el poco atractivo nada de senos. Tenía un trasero firme de talla moderada, cosa que hacía que cualquier hombre enloqueciera, un abdomen plano que le daba una ganas terribles de pasar su lengua, la piel más suave que había tocado –y sin aunar que la mayoría de las mujeres con las que se acostaba, iban a menudo a Spas- una curvas de muerte, piernas torneadas, grandes ojos expresivos de un apasionado color gris y un cabello sedoso y largo con sensuales curvas que robaban suspiros ¿Por qué se criticaba tanto? Era bastante fastidioso oírla decir que era horrenda, cuando la mayoría del tiempo él tenía que reprimir sus propios deseos de lanzársele encima y besarle el cuerpo.

- ¿Qué hombres van a estar mirándome? –contestó ella visiblemente molesta y es que Hinata ya había superado su etapa depresiva, o por lo que se veía estaba a punto de olvidarla, ahora el problema era "La autoestima" que parecía cada vez más débil y quebradiza, una cosa podía llevar a la otra – Hay tantas mujeres hermosas, como Shion con su cabello rubio, o Sakura con su cutis perfecto y esos grandes ojos verdes y no hay que hablar de Matsuri con su cuerpo bien tonificado por los ejercicios. ¿Pero yo? ¿Qué tengo yo? Unos senos de medio tamaño y... ¿qué más? Inteligencia, a los hombres ni le interesa eso.

- Por lo menos puedo hilar dos palabras más contigo que con ellas, Hinata –le reprochó Naruto algo herido, porque ella pensase que el fuese superficial, o por lo menos mucho más de lo que era- Y eso vale mucho, si no sabes, no te sientes tan incomodo.

- ¡Por dios! El ego de los hombres siempre trata de superar todo; que una mujer les gane en algo es como un suicido, una castración –explicó Hinata mientras abría la puerta de vidrio del centro médico- No es aceptable, dejan de ser hombres.

- Yo me sigo sintiendo hombre y acepto que eres una mujer llena de conocimientos –concretó Naruto, cosa que hizo que Hinata se sorprendiera ¿De verdad él pensaba eso de ella? ¿Qué era inteligente? ¿No solo un par de buenos pechos?

- ¿Tu de verdad piensas eso? –preguntó con voz temblorosa mientras seguía los pasos confiados de él.

- Por supuesto, aunque aun así acepto que eres muy torpe y que si haces algo bien sin arruinarlo es un preludio de la Apocalipsis –murmuró Naruto seguro, mientras veía como Hinata lo seguía al elevador, esta que no estaba muy contenta con lo que decía reprimiendo sus ganas de golpearlo - Aunque debo admitir... que para lo único que eres sensacional, es en la cama –confirmó él tratando de fastidiarla

Naruto y su bocota Es un imbecil, esta sí que no se la dejo pasar pensó Hinata ya con una venita bien marcada en la frente, era el colmo, no podía hilar dos comentarios buenos porque siempre lo arruinaba con algo referido al sexo.

Shino esperaba el ascensor en el tercer piso del centro médico de Fuguka. Poco a poco el número del elevador llegó al destino, pero cuando las puertas se abrieron solo atinó a abrir los ojos al encontrarse a su amiga Hinata con un tacón de aguja en la mano y la corbata de su compañero en la otra, mientras lo amenazaba visiblemente con el arma filosa que traía: los zapatos de Dolce & Gabanna. Su sorpresa aumentó al ver que el joven enfundado en un traje de Versace azul naval, era nada más y nada menos que un compañero de la facultad de medicina, el viejo amigo que había olvidado: Naruto Namikaze, el joven frió que estudiaba Neurología.

- ¡Pero qué! –Shino dejó la exclamación cuando Hinata le miró sorprendida y Naruto algo apenado - ¿Hinata?

- Shino-san –Hinata trató de guardar el tacón tras sí misma, pero fue demasiado evidente- ¿Cómo estás? –preguntó con normalidad.

- Yo bien –contestó Shino con el ceño fruncido- ¿Quieres venir a mi consultorio? Ya iba de camino a casa, pero creo que tu cita es mucho más importante.

Hinata abrió los labios para protestar, su amigo la estaba llamando… ¿Loca?

- Si, Hinata, yo pienso lo mismo que Aburame –contestó Naruto viéndola fijamente. Hinata frunció a un más el ceño ¿Naruto conocía a su amigo... a Shino? ¡Que pequeño era el mundo! Algo aturdida salió del elevador, ante las miradas curiosas de varios clientes y los labios sorprendidos de Tenten.

- ¿Y tu zapato, Hinata? –preguntó Shino, después de una breve conversación en susurro entre él y Naruto, en donde Hinata que aun pensaba en la posible relación entre los dos médicos fuese producto de la Universidad Central de Tokio. Todos los presentes se fijaron en el pie descalzo y el otro con un tacón bastante puntiagudo y empezaron a susurrar. Tenten se reprimió una carcajada.

Hinata estaba apenada, pero sobre todas las cosas molesta, ni siquiera pudo terminar su posible amenaza. Lo tenía en el punto, con el tacón rozándole la mejilla. Se colocó el otro zapato con extrema torpeza, mientras le pedía ayuda a Tenten con la mirada. Sabía que Naruto estaba gozando del momento a lo grande, cómo no, él siempre reía a su costilla.

Apenas Shino y Naruto reanudaron la conversación, Hinata escapó hasta el escritorio de la novia de su primo, en donde esta mordía el lapicero interesada en el compañero de Hinata.

- ¿Eh? ¿Novio? ¿Amante? ¿Amigo? ¿Esposo? ¿Amigo con derecho? –preguntó rápidamente la castaña casi riendo.

- No da risa, Tenten –contestó Hinata con el seño fruncido- ¿Hice el ridículo? ¿No?

- Que va –Tenten anotó unas cosas en una libreta- Unos pensaron que estaban liándose en medio ascensor y otras te envidiaron con tremendo papacito ¿Dime, de dónde lo sacaste? ¿De una pastelería, es un muñequito de torta?

- ¡Tenten! –Le reprochó Hinata sutilmente molesta- No es un juego... es solo mi jefe.

- ¿Y tu jefe te viene a acompañar a una cita médica? –Tenten dio un sorbo a su café de manera agria- No lo creo.

- ¡Tenten! –volvió a chillar Hinata.

- ¡Oh, dios! –Tenten miró al joven rubio- ¡Es el jefe del jefe, del jefe que hablamos la otra vez, sobre tu jefe pervertido! –alzó la voz Tenten emocionada, cosa que hizo que todos los de la estancia oyeran, incluyendo "al jefe". Naruto por su parte frunció el ceño disgustado aunque algo divertido.

- No grites –le tapó la boca- Pues sí, si es él.

- Pues, no es nada viejo –contestó Tenten mientras miraba descaradamente el trasero de Naruto- Uhm, esas nalgas no están nada viejas, seguramente brillan con la luz.

- ¡Pero qué cosas dices! –Hinata la pellizcó molesta- Es mi jefe, no te lo imagines en una cama ¡Además, tú tienes a Neji!

- ¡UHF! Pero Neji no tiene esas nalgas tan perfectas, provoca pellizcarlas –afirmó Tenten riendo.

- ¡Oh, vamos! –Hinata se quedó pensativa- Aunque yo creo que si reflejan la luz –comentó un poco abstraída, luego de su pensamiento en voz alta se sonrojo notablemente- ¡Digo, es que...!

- ¡Oh, dios! –Tenten chilló como niña y se le acercó interesada- ¿Te has acostado con él?

- ¿Por qué eres tan directa? –Hinata hizó un puchero. Exclamó al cielo victoria cuando Shino la llamó.

- Hinata, ya puedes pasar –comentó bastante inexpresivo. Hinata antes de declararle algo más a Tenten, corrió cuanto sus tacones se lo permitieron y antes de que pudiese estaba instalada en el diván, con una sonrisa de alivio. Naruto por su parte se sentó en una silla alejada mientras ojeaba una que otra revista de una mesa cercana.

Hubo un largo silencio en donde Shino sacó su libreta, lapicero y la miró por largo rato.

- Siento mucho lo de tu madre, Tenten me contó –empezó diciendo-, te ves serena, me imagino que debe dolerte mucho.

- Creo que he aprendido a superarlo –Hinata le lanzó una miradita a Naruto, este ni la captó porque pasaba las páginas de la revista rápidamente, pero ella sabía que esa superación tan rápida, había sido gracias a él, la había apoyado más que nadie.

- Lo que realmente me preocupa es tu autoestima –dijo Shino- ¿Cómo te sientes hoy?

- Bien, normal –contestó Hinata con algo de apatía.

- ¿Normal? –Shino la miró- ¿Qué ha sido lo más emocionante que te ha pasado en todo el día? Puede ser feliz, triste, rabioso, excitante, la emoción que desees.

A Hinata se le pasaron varias imágenes por la cabeza, como casi ve a Naruto desnudo en la mañana si no fuese por la rapidez con que se tapó con el paño, juraría que habría visto algo, de ahora en adelante entraría a su cuarto tocando primero la puerta y escuchando cualquier regadera. Y ni hablar en el ascensor, lo que le había dicho, que era un comentario normal en cualquier día, la había alterado, tal vez, no alterado en sí, pero por lo menos le habría provocado tener el valor de golpearlo, aunque ahora todo lo que había alrededor de ellos era terriblemente excitante, se sintió extasiada verse tan cerca del rubio, con el tacón demarcando su mejilla tostada.

- Nada, hoy ha sido un día muy normal –mintió esta, cosa que hizo que Naruto subiese la mirada un segundo intrigado y luego la bajase casi riendo.

- Bien... creo que ya estarás cansada de este ejercicio pero... –Shino cerró la libreta- ¿Cómo te ves?

- ¡Uff! Esto te viene largo Shino ¿Eh? –Exclamó divertida Hinata- Pues… he pensado seriamente en la liposucción, sabes, algunos rollitos que son un fastidio de eliminar. Sabes he visto que a las mujeres que le operan la nariz pareciese que su rostro fuese más flaco, y pues pintarme las cejas, o hacerme un corte en el cabello, rizarme o hacerle la permanente, la verdad es que... no tengo dinero para eso, entonces me conformo con mi cuerpo... y esto –indicó el inició de lo que podría ser un mini-rollito.

- Bien Hinata, fue una descripción bastante detallada –concretó Shino algo cansado- Pero siento decirte que no son cirujano ni nada por el estilo, pero puedo darte estas pastillitas –posó un pote de Prosac- Te tomas una diaria, y sentirás que eres feliz ¿Bien? La próxima cita la tendremos la semana que viene, no quiero falta ¿Si?

Hinata suspiró, hace cuanto no había superado el "prosac", una diminuta pastilla amarillenta que la hacía sentir ansiosa, por que no entendía eso como felicidad. Y ahora estaba de nuevo en el mundo de las pastillas que no funcionan, pero que más podía hacer, seguramente Naruto la obligaría a tomárselas y es que ella sabía que él estaba preocupado por ella, no es que se lo hubiese dicho, Naruto era un hombre de pocas palabras, más bien esas preguntas remitentes que hacía y como la miraba, se interesaba en su estado, era bastante notoria, hasta ella se había dado cuenta.

Ni Hinata, ni Naruto cruzaron más palabras después de salir del consultorio de Shino. Tenía tantas preguntas, ¿Cómo conocía a Shino? ¿La obligaría a tomar el Prosac? ¿No sentía que ella estaba mejorando? ¿De verdad estaba mejorando? ¿No es medio loco que los hayan encontrado en el ascensor?

Mientras que Naruto se ahorro cualquier comentario, ya que todos eran bastantes irritantes y no quería andar caminando por la calle con un tacón incrustado en el cráneo.

Llegaron a la casa y cada quien se dedicó a lo suyo. Además el rubio estaba bastante atareado todas las semanas que había faltado y ahora se había acumulado mucho trabajo. Hinata veía como este corría por toda la casa, papeles, llamadas, algunos documentos extraviados.

- ¿Quieres que te ayude? –preguntó Hinata mientras vertía un poco de té en la segunda taza.

- ¿Eh? –Naruto paró un momento de leer una carta- No, gracias de todas maneras, Hinata.

- ¿Seguro? –preguntó esta mientras posaba la taza de té frente a Naruto- Pareces bastante atareado.

- Todo está bien –comentó este mientras tiraba una de las cartas al sofá y tomaba un documento rápidamente, como si fuese un robot.

- No parece, la verdad yo te veo estresado –Hinata se rascó incomoda la ceja- Soy tu secretaria y estas no pueden ver a su jefe corriendo por todos lados sin ellas hacer nada.

- De verdad Hinata, estas de permiso –contestó el mecánicamente sin siquiera verla, le dio un sorbo grande al té pero al estar tan caliente se dejo entrever el desagrado.

- Esta caliente –comentó ella apenada- Pero me parece injusto, Shino solo dijo que tenía problemas de autoestima, no es tan grave, tienes que dejarme que te ayude.

- Ya te dije que no, Hinata –murmuró él mientras leía.

- ¡¿Pero por qué no?! –chilló ella molesta.

- Por qué no, ¿Bien? –selló una carpeta y siguió con la otra-Mañana te quedaras con Ino, ya la llame ¿Bien? No puedo seguir retrasando el trabajo.

- ¿Con Ino? –Hinata palideció- ¡Me vas a poner una chaperona! Naruto ¿Te has vuelto loco? Yo tengo trabajo que hacer ¿Sabes? No eres el único, y me niego yo iré mañana contigo.

- ¿Quién soy yo, Hinata? –le dijo él mirándola finalmente.

- Naruto –contestó ella algo bastante descolocada.

- ¿Y que es Naruto tuyo? –interrogó nuevamente.

- Mi... ¿Jefe? –dudó ella.

- ¿Qué hacen los jefes, con sus empleados? –indagó bastante mal talante.

- Darles ordenes –contestó ella de mala gana, sabia por donde venia.

- Bien, yo te digo que estas de permiso ¡Hasta nuevo aviso! ¿Bien? –Naruto siguió con su trabajo.

- ¡Pues bien! –Hinata se entrecruzó de brazos. Pero la molestia se le fue yendo al darse cuenta que después de todo, Naruto no lo hacía porque le diese la perra gana, él estaba bastante preocupado por ella, aunque la ataba de una manera bastante molesta, era algo que nadie había hecho por ella. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de ella, casi molesta se levantó- Cuando iba al colegio mi madre me hacía galletas para que las comiera mientras hacía trabajos –se rió- Tal vez eso te ayude a que no te amargues –caminó a la cocina- Yo vi harina por aquí –y empezó a buscar.

Naruto se quedó un momento perdido en ver como Hinata sacaba la harina y los huevos, seguido de la batidora. Quisiera quedarse a sí mismo, mirándola hacer comida, porque era algo tan intimido, tan familiar, que por primera vez en su vida sintió esa sensación cálida en el pecho que a todos nos hace suspirar, el sentimiento de hogar y protección, la confianza y el cariño.


Dejo este capitulo corriendo, como rayó veloz, me retrase unos días, pero estoy de vuelta. Publicare el jueves sin falta y respondere a sus rewiens, los quiero mucho un saludo gigante a: Tsuki, Meme-chan y Stella T. Witheney. (Un abrazote chichas, siento no poder responderles pero estoy estudiando para los examenes y no tengo mucho tiempo, espero que el capitulo al menos supla mi presencia).

Un abrazo a todos y me dejan rewiens, el jueves les respondo. BESINES.