Desde que pisó la Orden la chica jamas había mostrado su lado debil ante nadie, a excepción de Kanda, y a este no se le hacía nada de gracia ver por segunda vez a su compañera en ese estado.
- Volverá.. - articulaba entre espasmos. Susurrandolo solo audible para la chica quien la abrazaba. - él volverá por mi.. Yo s-solo logre retrasarlo. - seguía sollozando la pelirroja.
Al escuchar aquello la rabia de un azabache la pagó el techo del tren, ocasionando un hoyo con su Katana envainada.
Caminaron hasta la estacion cuidando de los sobrevivientes, guiandolos al frente iba Celty, a ambos lados asegurándose que estaban bien iban Lavi junto con Allen, y detras de todos siguiendo a paso lento iban Kanda y Hanna.
Caminaban en un silencio perturbado por la tensión que emanaba el pelinegro y la incomodidad de la chica, al observarla por el rabillo del ojo relajó el semblante de inmediato al notar que cabizbaja caían aun lagrimas por sus mejillas, detuvo su andar y la llamó suavemente.
- Hanna. - la voz ronca del muchacho la sobresalto un poco e igualmente detuvo su andar. - Oi - limpió sus lagrimas con dulzura luego de posicionarse frente a ella. - me dejarías ver? - pregunto en un susurro, ella levantó la mirada y se encontró con esos ojos azules metalicos llenos de preocupacion.
Desvio la mirada y apretando los parpados descubrio un poco su pecho, dejando revelar la cicatriz que profanaba su porcelana piel, el azabache asomó la mirada y se encontró con la marca maldita, una ira indescriptible golpeó su corazon al instante de ver las lagrimas caer por el rostro de la chica.
- Tengo miedo... Yuu. - susurró la chica entre sollozos, sentia un nudo en la garganta tan grande que sentia que se romperían sus cuerdas bucales, dolía!
Al escuchar a la chica llamarlo por su nombre, un escalofrio recorrió su cuerpo, ella hablaba en serio, jamas la había visto temblar así, no después de lo ocurrido con sus alas. De inmediato la acunó en sus brazos, demostrandole así, que la protegería en todo momento.
- Todo estará bien, no te dejare sola. - susurró a sus oídos para posteriormente oír los sollozos por parte de la pelirroja.
- Hoy he llorado mas de lo que lloré en toda mi vida, soy patetica. - rió un poco luego de calmarse.
- Baka.. - le revolvió los cabellos el pelinegro, regalandole una sonrisa casi invisible.
Llegar nuevamente a la estación de tren, recibir la ya esperada noticia que tardarían mas días en reponer los transportes con destino a la ciudad, un retraso de tres días, "genial" pensaron los exorcistas, se quedaron en un hospedaje luego de avisar a la Orden.
- Tyki! Tyki! - llamaba una voz infantil - como te fue? - preguntaba la pelimorada con entusiasmo. - veo que no muy bien, ya que vienes solo . - se burló un poco.
- Me pidió tiempo, le dije que la buscaría en un mes, y que mataría todo aquel que se interpusiera en mi camino. - sonrió de manera sádica al imaginarse el masacre de exorcistas en caso de que alguno de ellos impida que se la traiga consigo.
El pelinegro fue directo a su cuarto a tomar una ducha.
- Me preocupa Hanna-chan, y tambien Yuu. - expresaba una peligrana.
- Hanna esta horrorizada, jamas vi tanto miedo y preocupacion en su mirada. - suspiraba un ojiverde observando a la pareja caminar solos a unos metros mas atrás..
- Aunque sabemos que BaKanda no es el unico que dará su vida por ella, es el unico que puede hacerla sentir protegida. - expresaba igualmente el albino.
Los exorcistas igualmente temían por su compañera y amiga, en el poco tiempo de estar unidos, ella los llenaba con un sentimiento tan tibio, tan familiar, que reconfortaba sus corazones heridos con el tiempo, anestesiaba sus cicatrices incurables. No dejarían que nada ni nadie la aleje de sus lados.
