He aquí un nuevo capítulo de Innocent Lovers; los amantes de Inocencia.

He estado pensando en darle una segunda temporada, no sé. Me está quedando muy largo el Fanfic y aún no llego a la parte importante. puede que obvie algunos aspectos. para así adelantarlo... o que piensan ustedes?

Quisiera sugerencias respecto al tema. ¿Podrían ayudarme?

Bien sin más retrasos he aquí el capitulo Ju shichi (17)

ADVERTENCIA: este capítulo es bastante largo en comparación con los anteriores.

Aclaraciones:

- Conversación normal

- C' al teléfono

- Desde el otro lado de la línea

(Traducción de palabras del japonés)

~ Pensamientos ~


Prometo volver por ti

Luego de esa noche, Kanda se volvió a cerrar ante Hanna, diciéndose a sí mismo que no llegaría a concentrarse si seguía con esos incontrolables impulsos, ella al notar que el muchacho evitaba cualquier contacto con ella, solo lo dejó de lado, poniendo como excusa, que debía estar muy ocupado y no quería distracciones.

Una mañana eso fue diferente…

- Moshi moshi? (Diga?)

- Hanna?

- Ella habla

- Soy John, llegaste a la orden ya?

- Ie*, sucede algo John-san? Están bien? (No)

- Hai hai Hanna-san. Bueno… no todos.. – decía el muchacho con un tono preocupado.

- No te atrevas.. se escuchaba al otro lado de la línea.

- ¿Kanda? ¿Qué le sucede? – la chica comenzó a preocuparse.

- La verdad es que…

- Si haces que ella venga hasta aquí ¡te despedazaré!

- Oh iré aunque no lo desee.. – decía seria la pelirroja. – dime que rayos sucede, estoy comenzando a molestarme..

- Gomen Kanda-san, le temo mas a la señorita que a usted. se escuchó un bufido por parte del pelinegro.al parecer apareció un Noah esta mañana y lo hirió, aunque puede hablar, no puede moverse y tiene fiebre, ha perdido mucha sangre, no se de donde saca las fuerzas para oponerse a que venga señorita Hanna.

- Iré de inmediato, átalo si es necesario.

- Hai.

- Adiós.

La chica colgó el teléfono y fue lo antes posible a la Orden, activó su inocencia y fue volando hasta la oficina de Komui, entregó los documentos y avisó su salida de nuevo.

UN DIA ANTES...

- Hanna-chan, necesito que vayas a intercambiar nueva información con el grupo que envié hace dos días al pueblo de Gerrards Cross en Londres.. – ordenó un pelimorado de anteojos a una pelirroja de ojos ambar.

- Hai, Komui-san. – respondió tomando el sobre beige de las manos del director.

Ring! Ring! *desde una cabaña a las afueras del pueblo*

- ¡Yo contesto! – anunciaba un muchacho que aparentaba unos 28 años aproximadamente,cabellos negros y ojos grandes.

- *Contesta*

- Moshi moshi?

- Hai! John?

- Si él habla..

- Soy Hanna, acabo de llegar a Gerrards Cross, donde podemos encontrarnos, para el intercambio? decía dulcemente la chica, sin dejar de lado su seriedad.

- Hai, Hanna-san! Donde se encuentra? – hablaba el muchacho ante la atenta mirada de un joven azabache. – hai.. hai.. ahí nos veremos en 20 minutos. Adiós.

*Cuelga*

- Uh.. – dio un suspiro. – ha llegado, debemos ir a hacer el intercambio, vendrá conmigo? – pregunto amablemente el pelinegro.

- Ie, pienso que es mejor no ir. – una voz seria, fría y ronca respondió con indiferencia.

- Está anocheciendo y sería peligroso que ella vuelva sola, asi que quizá la traiga conmigo. – lo dijo un poco nervioso

- Haz lo que te plazca. – respondió el oji-azul restandole importancia. Para luego subir las escaleras rumbo al cuarto.

Luego de unos minutos buscando a la chica.

- Hanna-san. – llamó con respeto.

- John-san, disculpa si fue aquí, tenía un poco de hambre. – decía un poco apenada.

- No hay problemas.. – tranquilizó el muchacho, mientras la chica bebía un sorbo de su chocolate.

- Bien, aquí está el sobre. – dijo el muchacho sacando un paquete del bolsillo.

- Hm – ella asintió tomando el sobre y le entregó otro en su lugar. – este es el otro. – informó seriamente. – veo que tu compañero decidió..

- Quedarse a descansar.. – excusó el pelinegro antes de dejarla terminar la frase.

- Es Kanda… ¿no es cierto? – preguntó preocupada.

- ¿Cómo..?

- Me ha estado evitando desde hace tres semanas, no se que he hecho pero quizá sea mejor asi.

- Que es lo que sucedió? Pensé que eran..

- El asunto de los "amantes" es solo una tontería, cuando mas nos acercamos la lejanía es mas aguda. – culminó seria pero a la vez con un tono triste. – bien, será mejor que regrese. Se hace tarde y ya cumplí mi recado.

- Por que no pasas la noche aquí? – le propuso John.

- No creo que sea correcto.. – informó algo nerviosa la pelirroja.

- No dejes que te afecte, anda Hanna, en cuanto salga el sol puedes tomar el primer tren y marcharte. – insistió suplicante el muchacho.

- Esta bien. – se rindió, estaba algo cansada después de todo.

Llegaron a la casa, el le ofreció una habitación arriba, pero ella dijo que se quedaría en la de abajo, ya que sería mas fácil levantarse e irse sin molestar a nadie, aunque insista, no iba a ceder. Se acomodó en la recamara no sin antes darle las gracias al azabache.

En la mañana fue la primera en levantarse al alba, preparó el desayuno, comió un poco y se marcho dejando una nota de agradecimiento.

Los varones bajaron y se encontraron con el desayuno hecho y se veía delicioso, Kanda encontró la nota y no pudo evitar soltar una sonrisa, la cual borro de inmediato.

"Les preparé el desayuno, disfrútenlo con ganas!

Pd: dile al iceberg humano que si no se lo come lo sabré.

Un abrazo

Hanna"

- Que decía la nota?

- Nada importante. – contesto el ojiazul antes de comenzar a probar.

Actualmente...

Al llegar la chica notó que la casa estaba algo dañada en el techo y donde debería estar la cocina estaba hecho escombros, había varios arboles destrozados.

- John-san? – la chica se acercó a la puerta, la cual estaba abierta.. – Kanda?

- ¡Estamos aquí Hanna-san! – se escuchó desde una de las habitaciones de arriba.

- ¿Como se les ocurre quedarse arriba? ¡Esta cabaña esta por venirse abajo! – dijo para si misma.

Subió con cuidado las escaleras, al parecer la puerta estaba atascada entre varios escombros.

Comenzó a quitar uno por uno los pedazos de techo y de pared que obstaculizaban la entrada.

- Tenga cuidado señorita, no se lastime. – dijo el hombre alarmado.

- Estaré bien. – contestó ella riendo.

En cuanto pudo abrir la puerta, pasó con cuidado y observó a un Kanda manchado de sangre por todas partes, acostado en la cama con un vendaje improvisado en el abdomen y hombro, estaba pálido, sudoroso y con la respiración agitada.

- Demonios. – maldijo la chica preocupada.

- H-Ha-nna.. –exclamó el pelinegro - John maldito imbécil, q-que pasa s-si regresa.. – decía entrecortadamente.

- Ya déjate de estupideces y cállate… si regresa? De verdad crees que un dragón del tamaño de un edificio le dejará acercarse siquiera un poco? Vine aquí a sanarte y a luchar hasta contigo si es necesario. No he intentado sanarte de esa manera pero Hev dijo que funcionaría. – decía la chica entre seria, molesta y preocupada.

- G-gomen, Hanna-chan – dijo el casi inaudible. Lo que hizo que ella abriera los ojos y se le salieran pequeñas lagrimas, jamás la había llamado de esa manera.

- Baka.. – susurró ella quebrada. Tomando a Mugen y colocándolo en su pecho.

Activó su inocencia, y de inmediato mugen comenzó a brillar.

- ¿Que ocurre? – se alarmó John.

- Tranquilo, estará bien. – lo calmó la chica.

Ella se acercó mas al muchacho, sentándose junto a él en la cama. Las plumas blancas se hacían polvo, eran absorbidas por las heridas del pelinegro, el cual parecía estar retornando a su color habitual, las heridas se cerraron rápidamente, y la sangre solo quedó como mancha de nada.

- No debiste regresar.. – dijo Kanda luego de que las inocencias se desactivaran.

- ¿Como dices? – preguntó ella confundida. – no iba a dejar que..

- ¿Que sucedería si ellos regresaban? ¿que pasaría si en este momento Sheena estuviera malherida alla y tu aquí preocupándote por nada y gastando tu energía en algo que no vale preocuparse?

- Vine aquí sabiendo todas y cada una de las consecuencias, incluyendo tu mal temperamento Kanda Yu, asi que no me interesa lo que tengas que reclamar, vas a ir a lavarte y me quedaré lo suficiente como para confirmar con mis propios ojos que ambos están seguros. ¿Me diras donde están los otros miembros del grupo? – decía notoriamente molesta la chica.

- … - ambos desviaron la mirada.

- ¡Contéstenme! – insistió irritada.

- Ellos.. ya no están… - comenzó a decir John. – murieron todos.

- Pues bien. Si una sola palabra sale de nuevo de tu boca, espero que sea para pedir comida, agua o ayuda.. ¿escuchaste? – se dirigió hacia el moreno.

Su semblante era mas aterrador que el de Kanda cuando estaba realmente molesto. Y eso es solo por lo preocupada que estaba por el muchacho, el solo resopló rindiéndose ante la pelirroja. Solo cuando entro al sanitario y oyó la ducha abrirse ella relajó el semblante.

- Realmente es testarudo, las únicas personas que han logrado doblegarlo son Lena-chan y usted. Seño.. – no continuó porque al voltear a verla la encontró de rodillas al piso llorando amargamente. – señorita Hanna!

- No.. no quiero volver a verlo así.. – lloraba la chica..

Podía ser dura, podía aparentar ira para hacer que el sujeto mas terco y frívolo de la tierra le obedeciera, podía parecer calmada, pero ver al hombre a quien ama en esas condiciones, y llegar a pensar que nunca mas vera sus ojos brillar y su voz dirigirse a ella, simplemente le carcomía por dentro.

- Tranquila.. el estará bien, no se ponga así. No moriría tan fácilmente, es Kanda. – el joven trataba de calmarla. La sentó en la cama y le acarició la cabeza mientras ella cada vez lloraba menos en su pecho.

- Arigato, John – le sonrio dulcemente.

- Debes reponerte, no dejes que te vea de ese modo, se mataría a sí mismo.

- H-hai…

En cuanto Kanda salió del baño no la encontró en el cuarto.

- Donde esta? – preguntó serio a su compañero.

- De verdad es necesario que la alejes cuando ella te ama? – dijo en forma de reproche el pelinegro mayor.

- Que estás diciendo? – Kanda estaba molesto.

- Crees que solo su bondad la trajo hasta aquí? Vino lo más rápido posible a sanarte, no solo porque sabía que ella te sanaría con su inocencia, sino porque teme perderte. Y es lo que sus lágrimas me revelaron en cuanto entraste a la ducha. No puedes ni imaginarte solo un tercio de lo que ella te ama. Es inimaginable. ¿Crees que estas mejor sin ella? ¿Crees que ella estaría mejor sin ti cerca? No me toques las pelotas, lloró a mares solo por pensar que esas heridas te matarían, y tú sabes que no eran nada.

El espadachín no contestó, se limitó a ignorar las palabras del buscador, aunque en el fondo, estaba consciente de que eran verdad.

Horas después, Hanna los había obligado a quedarse en un nuevo hospedaje, la chica sentía que todo estaba en orden, así que decidió que se marcharía en la noche. Por supuesto ambos hombres no estaban de acuerdo.

- Estaré bien, ya basta parecen mis hermanos por Dios! – decía la chica fastidiada.

- … - seguían sin aprobar su decisión.

- Par de niños, la he protegido por bastante tiempo, no le ocurrirá nada. – exclamó el dragón albino.

Caminaron por las calles de Gerrard Cross, dejó a los muchachos en un nuevo hospedaje y se dispuso a marcharse.

- Bullet. – llamó un pelinegro con voz ronca.

- ¿Podrías tomar una decisión sencilla y decirme solo Hanna, Kanda? – sugirió la pelirroja mirándolo con una sonrisa.

- Ten cuidado, el Noah que nos atacó, estaba acompañado de Mikk. – informó el ojiazul, provocando una expresión de sorpresa en la pelirroja.


APROXIMADAMENTE UN MES MÁS TARDE...

Hanna iba caminando por los pasillos de la Orden rumbo a su examen de sincronización, acompañada de su silencioso compañero Yu Kanda, cada semana se sometían a un entrenamiento para sincronizar y sensibilizar sus inocencias para captarse mutuamente, así es. Habían admitido su situación, pero solo a nivel profesional, es decir solo por el bien de su inocencia.

Pero no mentiría si dijera que han ocurrido mas seguido acontecimientos que acelere su pulso…

UNA SEMANA ANTES...

Corriendo por los pasillos tomados de la mano se encontraban dos pelirrojos riendo divertidos.

- ¡Vamos Hanna-chan que no te alcance! – decía un ojiverde estirando a la chica quien ahogada entre risas y el cansancio de correr no podía seguir el ritmo de uno sus mejores amigos.

- ¡Lav-Lav voy a tropezar! – decía entre risas la chica mientras pequeñas lagrimas amenazaban con salir de sus orbes ambarinos.

Estaban siendo perseguidos por uno de los Komurin de Komui, éste al parecer se había vuelto loco pensando que todos eran una amenaza para la pequeña Lenalee, incluyendo a las chicas, y a la misma Lenalee Lee.

Antes de decir algo mas, el pelirrojo había tropezado con algo y cayó llevándose consigo a la ojiámbar, quien cayó encima de él.

- Hanna-chan, no creí que me desearas tanto. – bromeó divertido al percatarse de la posición comprometedora que se encontraban, la chica rió con las mejillas ruborizadas.

- ¡No seas menso! – le dio un golpe en la cabeza divertida.

Mientras ellos reían se percataron de un aura asesina a sus espaldas. Lo cual le dio escalofríos a ambos.

- ¡Y-Yuu! – se asustó el pelirrojo, se incorporó de inmediato apartando rapidamente a la chica de encima, para ayudarla a ponerse de pie. – ¡No es lo que crees! – movía sus manos enérgicamente de manera nerviosa.

- Tch! – se acercó peligrosamente al pelirrojo quien cerro los ojos encogiéndose, esperando el golpe, pero no ocurrió, al abrir los ojos vio como la chica era arrastrada por el pelinegro.

- Eh?! Kanda? ¿Que te ocurre? ¡Oye solo fue un accidente! Por qué actuas de esa manera tu.. – sintió la pared pegarse bruscamente a su espalda. – ah! – gimió un poco ante la sorpresa.

- Tch. – se quejó cabizbajo.

- Kanda... No estes molesto, si? – intento calmar dulcemente la chica. El levanto la vista encontrándose con esos orbes ambarinos que lo observaban con ternura, respondió con una mirada mas penetrante, llena de sentimientos que la chica no lograba leer. – fue un accid…

De nuevo, la había sorprendido fundiendo sus tibios y finos labios con los de ella, esos labios que eran un vicio un tanto prohibido, con aquellos labios, solo él podía arrebatar suspiros de los suyos con solo un roce de aquellos labios contra su piel.

Movia sus labios otorgándole un beso posesivo, se tardó un poco en corresponder aquel frenético y desesperado acto, ya que el chico prácticamente estaba robándole el aliento, le costaba un poco seguirle el ritmo. Le mordió ligeramente el labio inferior, provocando escapar un suspiro por parte de la chica.

Kanda la tenía sujeta de ambas muñecas contra la fría pared, en un pasillo casi desolado de la Orden, ella intentaba zafarse suavemente, ya que sentía la necesidad de rodear el cuello de su profanador, pero este no cedía. Un suspiro mas fue ahogado por la boca del muchacho, al sentir ella su tibia lengua introducirse sin previo aviso, estaba sintiéndose perdida, su corazón latía tan rápido que comenzaba a marearla, solo él conseguía hacerla sentir de esa manera.

Luego de a duras penas separarse por falta de oxígeno, aun sin abrir los ojos y a centímetros de sus labios, con la respiración agitada él le dijo.

- No quiero que estés cerca de otro, y menos si es ese maldito Usagi pervertido. – confesó sorprendiéndola de sobremanera.

- *sonríe* Lavi es mi mejor amigo, además. – se acercó a su oído rodeándolo e un cálido abrazo. – solo puedo pensar en hacer esta clase de cosas contigo, Yuu. – susurró en su oído de manera seductora, provocando un tremendo rubor en su acompañante, al oír su nombre ser pronunciado de esa manera por su pelirroja.

La abrazó escondiendo su rostro en su pequeño hombro, mientras ella no paraba de acariciar su largo y oscuro cabello.

El pelinegro iba unos pasos detrás de la ojiambar, aprovechando para memorizar cada rasgo de ella en ese perfil, cada gesto que hacía al caminar, la observó ladear el rostro observando las puertas de las habitaciones con curiosidad, y sonrió de lado al descubrir una pequeña marca en su cuello, recordando el dia anterior quien y como se la hizo.

FlashBack

Hanna se encontraba en el cuarto del pelinegro esperando a que termine de ducharse, habían quedado en meditar luego del entrenamiento, y pues allí estaba ella, esperando a su compañero.

Suspiró y se recostó boca arriba en la cama, de inmediato la esencia del pelinegro inundó sus fosas nasales, cerró los ojos concentrándose en el aroma, en su mente solo una imagen aparecía, él.

Estaba a punto de quedarse dormida, cuando escuchó una voz en su oído.

- Bullet, ¿que haces? – eso la sobresaltó, provocando como reflejo que se levante golpeando a su compañero en la cabeza. – pero !¿que rayos?!

- ¡Lo siento! – se disculpó avergonzada. – ¿te duele? – pregunto a su compañero que yacía en el suelo sentado, al intentar acercarse, tropezó con el pie de este y cayó justo encima de él, increíblemente, encima de sus labios, ambos ruborizados abrieron los ojos sorprendidos, de inmediato ella rompió aquel sello asustada a como pueda reaccionar su compañero. – lo lamento yo..

- Tch, de que es lo que te disculpas, mocosa? – la observó con el ceño fruncido sujetándola al darse cuenta que iba a incorporarse.

Fue entonces que la chica se percató de la apariencia del muchacho, el estaba con el torso desnudo, el cabello húmedo y una que otra gota de agua atrevida adornaba su piel, dando a relucir su tatuaje en el pecho, la chica de inmediato intentó zafarse nuevamente.

- ¿Crees que te dejaré ir sin que termines lo que comenzaste? – acaso ¿había escuchado bien? Yuu Kanda estaba... ¿seduciéndola? Este chico no deja de sorprenderla.

Lo miró a los ojos, y allí estaba, ese nuevo brillo en sus ojos que veía cada que la besaba, aquella pequeña luz en sus ojos era como el universo para ella, hipnotizante y atrapante, en un abrir y cerrar de ojos él ya estaba volviendo a besarla.

Sentía lentamente como ella correspondía el beso, aprovecho para rodear con un brazo su cintura y la mano libre en su nuca, volteó sin soltarla quedando encima de ella, eso la asusto un poco, ya que puso presión con sus pequeñas manos en su pecho, le acarició dulcemente la mejilla separándose lentamente de sus labios, la observó aun con los ojos cerrados y las mejillas ruborizadas, sujetó su nuca y levantándola ligeramente se dispuso a atacar su cuello. Un ligero roce, la chica tembló debajo de él al sentir su lengua delinear parte de su cuello, un suspiro escapó de sus labios.

Pensó en cuan divertido sería marcarla en ese momento, ver su reacción luego al percatarse de lo que le había hecho a su piel, entre besos y suspiros, bajó un poco mas, cerca de la nuca, aun en su cuello, succionó suavemente la piel de la chica.

- Y-Yuu! – gimió la pelirroja alarmada, se percató de la ocurrencia de su compañero e intento apartarlo, en vano. – vas a dejar marca. – decía en susurros.

Riendo liberó su cuello y se dirigió a su oído. – La idea es esa. – dijo con una voz ronca para luego morder suavemente el lóbulo de su oreja, provocando que arqueara ligeramente la espalda soltando un leve gemido, eso la volvió loca.

Bingo. Sonrió para sus adentros, encontró su punto débil, y sacaría provecho de este. Cuando se dirigió nuevamente a sus labios un ruido los sobresaltó. Estaban llamando a la puerta.

- Tch, maldición. – se quejaron al unísono. Se observaron divertidos, ella soltó una leve risilla.

Se incorporó sintiendo un dolor en la entrepierna, demonios, mataría a cualquiera que se atreva a interrumpir tal momento, debía solucionar este problema, observó a Hanna sentada en el suelo, tenía una mirada tan inocente, con sumo placer se lanzaría encima de ella de nuevo. Pero fue a abrir la puerta.

- Kanda, ¿Hanna esta contigo? No la encuentro por ningún lado. – era Lenalee buscando a la pelirroja.

- ¿que te hace creer que está conmigo? – dijo aun sin abrir la puerta.

- Kanda, abre la puerta ella me ayudara a esconder esto. – dijo autoritaria y algo molesta señalando la marca que él había dejado. El estaba algo divertido pero no lo demostró, bufó y abrió la puerta dejando pasar a la azabache.

- Hanna-chan tu… Kanda le hiciste eso!? – se ruborizó de sobremanera la chica para luego de sus labios surcar una sonrisa pícara. – veo que no pierden el tiempo, pero ¿sabes cómo se pondrá Allen si la ve con eso en el cuello?

- Lena no ayudas. – suspiró la pelirroja.

Aún maldecía a la pelinegra por osar interrumpirlos, ya que no era la primera vez que ocurría eso, el cuerpo de la pelirroja se convirtió en su vicio en cuanto se lo entregó, y ser interrumpido en pleno acto era un horrible dolor sin solución ahí abajo.

Se adelantó un poco mas quedando a su lado, ella aun distraída no se había percatado de su cercanía hasta que se sobresaltó al sentir unos suaves dedos en su cuello.

- Me asustaste – suspiró llevando una mano a su pecho. – ¿Que ocurre?

- No la ocultaste. – exclamó serio observando la marca sin pizca de maquillaje.

- Eh? Ah! Lo olvide. – rió nerviosa colocando su mano para cubrir la marca – me duche y lo olvide, solo espero Hev no diga nada *suspiro*

El la observaba serio y con el ceño fruncido, habían parado su caminar hace unos momentos, ella soltó una leve risilla y sujetó la mano de su acompañante entrelazando sus dedos, sonriente, acto que sorprendio al muchacho provocándole un leve rubor en las mejillas.

- Vamos que se hace tarde. – estiró su mano y siguió caminando.

Observó sus dedos entrelazados, sonrió para sus adentros y envolvió mas la pequeña mano de la chica, su corazón nuevamente estaba acelerado, solo ella lograba sacarlo de su zona de confort y su típico carácter, solo con ella actuaba de manera diferente, solo ella.

Se dispuso a caminar a su lado sin soltar el agarre, estaba tranquilo, se sentía relajado, cuando de repente sintió una punzada en el pecho, lo cual hizo que parara su caminar de inmediato.

- Kanda que suced…. – ella estaba en shock, su mirada demostraba infinito terror, mientras que el pelinegro solo sentía su corazón ser estrujado, no podía respirar del dolor. – suéltalo… ¡basta ya! ¡TYKI! – grito con firmeza y autoridad en su voz.

Ahora estaba claro, el Noah había regresado y era la causa del dolor en su pecho.

- Maldita escoria tsk. – se quejaba el pelinegro.

- Ya ha pasado un mes, Hanna-chan. – informó un tanto molesto el ojiámbar.

- Tyki, por favor déjalo. – pidió dulcemente la chica, él obedeció provocando que el ojiazul cayera a los brazos de la chica. – Kanda, estas bien? – el chico respiró profundo sintiéndose al fin libre, pero aun sentía dolor en su pecho.

- Será mejor que no impidas que me la lleve, espadachín. – amenazó frívolo Mikk.

- Oh no sabes cuanto disfrutaré destrozarte asqueroso Noé. – respondió el azabache intentando sacar su katana, pero una mano se lo impidió. Se giró para ver quien impedía que luche por su pelirroja, pero se sorprendió al percatarse que era la misma quien estaba evitando que destroce aquel monstruo. – Hanna?

La chica tenía una mirada triste, unas pequeñas lagrimas amenazaban con salir.

- No vendrás a decir que irás con este bastardo ¿o sí? – rió algo molesto. Ella bajo la cabeza, esto lo alarmó. – Hanna no iras con él ¿oiste? No dejaré que te lleve no lo… - no pudo continuar ya que algo hizo que flaquearan sus piernas para evitar moverse, ese maldito.

- Lo lamento pero es decisión suya. – reía triunfante el Mikk.

- Tyki déjame unos momentos con él. – susurró la chica aun cabizbaja.

Kanda yacía incrédulo recostado por la pared de la orden, no podía mover sus piernas, y ella estaba afirmándole que lo dejaría para ir con aquel idiota. Definitivamente era un mal sueño.

La vió hincarse para estar a su altura, no se atrevió a mirarla, ladeó el rostro molesto, se sentía basura, escoria, impotente. Estaba molesto.

- Vete de una vez, estas traicionando a… - esas palabras le dolieron aún más cuando oyó leves sollozos por parte de la chica.

- Yo no.. – hipaba cabizbaja, pudo ver los cristales quemar sus mejillas, ella estaba quebrada, sentía el temor que emanaba su cuerpo, pues estaba temblando. – no quiero… - negó con la cabeza temblando nuevamente. – no quiero dejarte… Yuu. – finalizó encogiéndose frente a él, sentía las lagrimas mojar sus pantalones, pues ella estaba arrodillada entre sus piernas.

Comprendió que a ella le dolía tanto como a él esta situación, pero lo que no entendía es el por qué iba si realmente no quería dejarlo.

- Entonces por qué…?

- Porque si no lo hago te dañará, y a la orden. No quiero que piensen que los estoy traicionando, no es así. Yo… - no pudo continuar, sintió unos brazos rodearla de manera protectora.

- Desde cuando se te pegó el carácter del estúpido moyashi. – susurró a sus oídos, su voz… esa voz firme y ronca que ella tanto amaba, tenía un tono quebradizo, sintió su cuello mojado, Kanda estaba llorando.

- Volveré, Kanda, prometo que volveré contigo, y jamas me separaré de ti de nuevo. – se abrazó mas a el escondiendo su rostro en el pecho del pelinegro.

- Hanna-chaan – cantaba impaciente un pelinegro de orbes ambarinos. – debemos irnos.

- No.. – la estrujó más el pelinegro.. – no vayas. Lucharemos, sabes que nadie dejará que te lleve, por favor Hanna. – suplicaba él.

- No me arriesgaré a verlos heridos aunque se cuan fuertes son. Tengo planeado cesar esta guerra entrando en territorio enemigo, cuida de Shukaku. – sonrió separándose un poco de él. – si no puedes con él dáselo a Lav-Lav. – se secó las lagrimas. – diles que haré lo posible para detener o retrazar esto, no estoy traicionando a mi familia, estoy intentando ayudarla, de acuerdo?

Era la primera vez que veía esa expresión en él. Preocupación, dolor, tristeza, y sobretodo lagrimas en sus hermosos ojos azul mar.

- No… me niego, todo eso debes hacerlo tú, ¡estando aquí! ¡No es necesario que vayas a ninguna parte con nadie Hanna! Deja de decir estupideces podemos solucionarlo sin necesidad de que te vayas. – estaba realmente desesperado. No deseaba que otra persona se vaya de su lado, no quería repetir la historia, arrepentirse toda su vida nuevamente de no haber podido proteger a esa persona.

- Volveré por ti. – sonrió con tristeza sujetando su rostro, se acercó a el y depositó un beso tierno, lleno de todos los sentimientos que llevaba dentro, demostrándole que no dejará de amarlo aunque no esté presente. Un beso pasional lleno de amor, pero no sería el ultimo, aunque así lo creyese el muchacho. Se separó un poco y a centímetros de sus labios susurró. – Te Amo, Yuu. – para luego alejarse con nuevas lagrimas en los ojos y dirigirse hacia el portal junto con el Noé.

El pelinegro quedó allí en el suelo, con los ojos abiertos llenos de lagrimas, una luz fue arrebatada de su mirada en el momento en que ella cruzó por aquel portal, aquellas dulces palabras se repetían en su subconsciente:

"Te Amo, Yuu"

Un grito desgarrador se escuchó por toda la Orden, el grito de un corazón agrietándose, debido a que le arrebataron lo más preciado que tenía.


¿Valió la pena?

Un poco de dolor y despedidas forzosas no hacen mal.. o sí?

Bien dejen en sus comentarios si les pareció bien la idea.

Lady-chan el cap va para ti.

un beso enorme virtual

y un abrazo psicologico!

SnK