No puedo creerlo pero sí, ya vamos por el capitulo 20. AHM, que emoción, vale mencionar que faltan poquisimos capitulos para terminar con esta historia y públicar los dos últimos que JAMAS publique, siento mucho haber tardado para actualizar esta obra y ser tan irresponsable por dejarla olvidada por tanto tiempo, desde el 2011 no? AJM, que tiempos de tiempos.
Quisiera dedicarle este capitulo a Kikowrites; porqué la hice pasar por un mal momento y esta es mi recompensa (? pago el mal con más mal ? JAJAJA); así como a FabianMTJ por esperar ferviente a que llegáramos a estos capítulos culminantes.
Rutinas
Seguramente, las personas no se enamoran la primera vez, es la convivencia, la cotidianidad que nos logra enamorar de alguien distinto a uno
Hinata sonrió bajo las sabanas que se transparentaba con la luz de la ventana. Sintió sobre sus pies los suyos, que estaban calientes por la colcha. Los dedos de ella se habían enfriado en la noche; se dedicó a acariciar los de él haciéndole cosquilla para entrar en calor.
Oía la respiración de Naruto fuera de la sabana y el movimiento suave de su pecho que le acariciaba la cara. Pasó sus dedos por la piel, delineando cada músculo mientras suspiraba.
No podía creer que la cotidianidad que antes le agobiaba ahora le sabía a gloria. Cada minuto, cada segundo que él la miraba; que respiraba, se sentía tan bien. Era como alcanzar una meta, como la vez que se gradúo de literata, o al conseguir su primer trabajo. Pero esto era aún mejor. El amor sabía como un chocolate: aunque daba indigestión y te sacaba granos, seguías comiéndolo
Posó su cabeza en la almohada y sacó su rostro de la sabana cuando sintió que el aire estaba viciado. Parpadeó ante el paño de escarcha que formaban los rayos de luz en la habitación, filtrándose por la persiana.
El cuarto de Naruto era bastante espacioso. La gran cama de sabanas blancas y suaves estaba en el centro de la habitación, un largo closet de maderas claras decoraba la pared, el ancho cuadro de pinturas en acuarela decoraba la pared de al frente, y, al final la ventana panorámica que daba a la calle estaba sesgada por unas persianas de bamboo, dejaban que los rayos del sol pasaran despertando lentamente.
Escuchaba una canción interna: de esas que llevan el ritmo de tu vida; que le susurraba a su oído las ideas, todos sus secretos; los sentimientos.
La suavidad de la sabana se amarraba sus pies que estaban ya cálidos. Tocaba la piel de ese hombre que aprendió a conocer poco a poco; un olor suave le llegó como una brisa refrescante. Posó su nariz muy cerca del hombro de él; aún conservaba el aroma del jabón y la suavidad de las caricias incansables que ella le regalaba.
Su mano apareció bajo la sabana y jugueteó con la garganta de él. Por primera vez, se sintió como un artista: llenaba de caricias el lienzo con su pincel formando la manzana de Adam entre su cuello; y luego, de una onda depresión de suavidad le precedían las clavículas que se ocultaban al llegar a sus hombros. Suspiró y cerró los ojos, haciendo que sus pestañas se arrastraran por su piel en una cosquilla.
Naruto despertó entre sueños confundidos, el paño de luces entraba formando un baile de motas de polvo y la trémula respiración de Hinata se sentía como un halito amigable. La luz se filtraba tocando la cara de ella; en una película de cristales brillantes, sus largas pestañas decoraban negras sus mejillas rosadas y sus labios rojos combinaban con la piel de él.
A Naruto le provocaba pasar la mano libremente por su mejilla para comprobar la suavidad de anoche, sin embargo, a veces tenía miedo como la primera vez. ¿Había estabilidad en la relación? ¿Seguirían así por el resto de sus vidas, sin un compromiso?
A veces no saber de ella por la mañana le desesperaba. La simple sensación de no tenerla a su lado en la cama le hacía recordar la soledad de antes y enloquecía. Ella ya era parte de su vida, una parte que si empezaba a faltar destruiría por completo un círculo ya cerrado.
Era un miedo tonto e insensato. ¿Acaso él era el rey de Hinata? ¿El dueño de sus sentimientos? Y provocaba golpearse a sí mismo cuando se miraba al espejo. ¿Qué pasaría si algún día llegara a cansarse? ¿Le diría: "Vete", como si ella no valiese nada? No, no podía hacer eso, sentía que estaba empezando a depender de ella y que en algún momento se estrangularía con sus sentimientos.
Hinata deslizó su mano por su pecho, súbitamente, sacándolo de sus pensamientos reflexivos matutinales. El sonido de las sabanas y la colcha llenó el aire, sintió frío en su hombro cuando las sabanas se deslizaron entre Hinata, dejando su figura sentada al borde de la cama, estirándose indiscriminadamente.
¡Que poco femenina!, pensó Naruto mirándola de refilón.
Su espalda se trasparentaba por una fina camisa de escote que acompañaba a unos grandes pantalones de cerditos. Se levantó lánguida, con pasos de marmota. Naruto se dio media vuelta, para que le dejase dormir en paz, él conocía su ritual de la mañana. El sonido de las cosas que hurgaba en la cómoda – su ex-mesa de noche – sentía el movimiento de sus manos en su cabello, haciendo un moño rápido, murmuraban sus pasos hasta el borde de la cama y sus dedos agarrando su pie y jalándole con palabras poco amistosas: ¡Levántate, que mira la hora que es!
Naruto acostumbraba a moverse bruscamente a otra dirección para que le dejase tranquilo, pero dejarle dormir unos minutos más dependía de su humor y el resoplido que acababa de dar le dio a entender que no andaba en sus mejores días.
- Te levantas ya, Naruto –le alzó la voz. Hinata era temperamental por la mañana.
Seguramente la menstruación , Se quejó mentalmente.
Sus pisadas llenaron el cuarto, el sonido de las telas al aire llegaba a sus oídos como melodía. Naruto movió su cabeza de un lado a otro en la almohada, sintiendo la esponjosidad acariciando su nuca. Se levantó con el regaño de Hinata al cuello y la sensación de frío acariciándole la punta de los dedos.
- ¿Qué te he dicho de dejar los interiores en el baño? –le miro a la puerta del lavado, con un interior rojo a la mano y la ceja arqueada. Naruto tenía ya su respuesta aguándole la boca, sin embargo, cuando sintió que la prenda aterrizó en su cara; la burlesca frase desapareció de su cabeza.
Así eran ahora, más un matrimonio viejo con momentos de luna de miel. Todas las noches recordaban que eso era provisional y se echaban a la cama a amarse, en las mañanas se levantaban recordando que aun tenían mucho tiempo para estar juntos, cosa que también implicaba convivencia. Ella siempre encontraba algo con que quejarse, el siempre huía de sus quejas para encontrar alguna sorpresa; para tenderle una trampa.
La ducha le relajó los músculos, pero cuando agachó la cabeza para enjabonar sus piernas, encontró algo que tapaba la cañería. Tornó sus piernas hacía la cosa negra, la tocó con un dedo, —como se imaginaba— era peluda. La molestia se le fue hasta la cabeza cuando la desencajó del desagüe, era una bola de cabello negro. ¿De quién más? ¡Si, de Hinata!
- ¡Hinata! –le llamó con visible desagrado, ella se tardó unos cuantos minutos hasta que se asomó a la puerta del baño.
- ¿Pasa algo? -preguntó a las afueras del baño.
- ¿Puedes acercarte? –Hinata notó lo ronco de su voz, no andaba feliz.
- ¿Qué ha pasado? –abrió la puerta de la ducha con naturalidad y se asomó, sin embargo, lo que menos le llamo la atención fue la bola de pelo en su mano. Habiendo tanto que ver, no se tenía por qué preocupar por pequeñeces.
- Mira a mi mano –le regaño.
- ¿Qué es eso? –le tomó y sonrojada pidió disculpas- Lo siento, ni cuenta me di. –miró la bola de pelo en sus manos- ¡Dios me quedare calva! Debería hacerle caso a Ino y usar ese shampoo anti-caida –pensó mirando al techo.
- Pienso lo mismo –hizo un largo silencio y al ver a Hinata tan desconcentrada, con las gotas que salpicaban en su cara, le tomó de la mano y le invitó a pasar con un jalon amistoso. Hinata dejó de pensar en las posibilidades de comprarse el shampoo, cuando sintió el agua en su cabeza y los labios de Naruto aprisionándole el cuello, sus brazos instintivamente rodearon a Naruto atajándole y pegándole a su cuerpo.
Sentía como la ropa se moldeaba; como labios de él descendía a su clavícula y como sus manos involuntariamente se iban a la cara de él, tomándole en un arrebato. Cuando su camisa salió, se lanzó a sus labios. Hinata nunca se arrepentía de sus besos, eran suaves y tórridos, aunque últimamente eran más tiernos, más largos, mucho más dedicados.
Mordió la barbilla de él, sintiendo como sus pantalones y ropa intima bajaban por las piernas. Las manos de Naruto le tomaron por los muslos y la alzaron hacía sus caderas, exponiéndola. Hinata gimió al sentir cierta parte de su anatomía en ella.
Hyuuga nunca le había gustado el arte de amar, hasta que conoció a Naruto, a veces cuando estaba junto a él recordaba el pasado. Nítido como una película que alguna vez vio. Le llegaban como relámpagos de las malas decisiones que tomó, de las heridas que le hicieron antes.
A veces, recordaba sus gritos y sus caras con sombras que no tenían sentimientos, otras veces, recordaba a Sasuke que despertaba después de la unión y ni le miraba a los ojos.
Naruto pasó sus manos por sus costados, tocó uno de sus senos, no antes de besar sus labios. Tomó los brazos de ella y los alzó contra las baldosas para tener mejor alcance a su cuerpo.
Hinata sintió el movimiento más brusco de lo que fue, se desesperó entre una realidad mezclada con recuerdos. Podía ver entre las gotas de la regadera la noche oscura, sentía de nuevo las manos de ese hombre que ni conocía, recordaba la voz de Sasuke como un espejismo de dagas envenenadas; y entre todas las imágenes escuchaba sus gritos, pidiendo perdón, pidiendo clemencia y auxilio.
Su respiración se aceleró cuando Naruto bajó en besos por su cuello mientras tomaba las muñecas de sus brazos con una sola mano, aun aprisionándola contra la pared. Hinata recordó los golpes que le dio Hiashi cuando era pequeña, los tantos moretones que desaparecían con las semanas.
Quiso zafarse de Naruto, se sentía sucia, no quería que la tomase de esa manera, no quería que él besase el cuerpo que otros hombres habían tocado, no quería que él sintiese su suciedad, su cuerpo violentado, ella hubiese querido que él fuese el primero, el único.
Naruto le soltó los brazos al ver que Hinata quería salir del rincón de la bañera, contrariado la dejó en el suelo, aun así, no le permitió salir del lugar. Tenía los ojos cerrados, la boca fruncida y la nariz dilatada.
Lo que no se espero Hinata fue que al abrir los ojos— que ardían de picazón por el agua— no vio unos ojos azules, si no unos rasgados, negros como la noche. Los ojos de Sasuke que sin expresión ni luz le querían tomar sin quererle.
Gritó fuertemente golpeando el pecho de Naruto, que para ella— en su mente distorsionada por un dolor que le dejaba sin aire— era Sasuke.
- ¡Suéltame! ¡Suéltame! Déjame en paz que yo ya no te amo! –Hinata se removía bajo los brazos de Naruto que trataba de tranquilizarla.
- Hinata, cálmate –le repetía dementemente, aun así ella lloraba y se revolcaba en sus propios gritos. El corazón le latía con violencia al igual que el cuerpo de ella que se contorsionaba, sentía un vacio en el pecho cada vez que gritaba. No comprendía su comportamiento- Hinata soy yo.
La voz de Naruto le sonó clara, sin distorsiones. Abrió así de nuevo sus ojos llenos de lagrimas y le vio con clara expresión de preocupación. Sintió que la vida se le iba del pecho, de nuevo estaba teniendo ataques de pánico, estaba recordando cosas que no debía. Escapó de su mirada dándole la espalda, se abrazó a si misma sin que las imágenes se le fuesen de la cabeza. Recordaba los golpes de su padre en la puerta, la primera vez que le violentaron, fue la única vez que vio a Hiashi tan preocupado por ella, estaba desencajado, enrojecido, aun así semanas después comenzó a beber de nuevo y la culpó a ella de todo, diciéndole que era una cualquiera.
Bajó la mirada, no debía recordar ese tipo de cosas, quería perdonar a su padre —de verdad que lo deseaba—. Suspiró y encontrando fuerzas en una voz quebrantada por su miedo, dijo en murmullo:
- Por favor… déjame so-so-sola.
Naruto no movió ningún músculo, no pensaba dejarla así. Sabía su comportamiento, sabía que ella no estaba bien; no era lo lógico que estuviese bien, pero no por eso la iba a dejar sola cuando lo que necesitaba era consuelo. Acarició su cabello con dulzura tratando de conseguir las palabras adecuadas
- Dime qué te pasa… –le imploró Naruto en voz suave. Deslizó su mano en el hombro, ella ni se inmuto.
Él iba a pensar que era débil, que no podía estar más con él. Ella no debía estar haciendo todo este teatro, ella debía hacer lo que Naruto quería, por eso él la dejaba estar en su casa. Sentía que aquellas palabras que se repetía la hacía sentir triste, atada, pero a la vez le obligaban a mantenerse a su lado.
- Se que esto debe ser difícil para ti, Hinata –le dijo al oído- Pero nadie te está obligando a nada, tu puedes elegir.
Ella no había podido elegir cuando esos hombres le tomaron.
Naruto pasó su mano por el cabello mojado de ella, lo apartó de su cuello y se acercó a su espalda. Tenía el rostro pensativo, las facciones entristecidas. Posó su boca en su cuello, depositando un tibio beso en su espalda.
- Me gustaría poder borrar todos esos recuerdos –le murmuró, sin darse cuenta. Había sido sincero: así se sentía; imposibilitado, no tenía opción alguna para ayudarle.
Hinata dio media vuelta y le miró.
- No se puede hacer nada –le contestó sin remordimientos, mirándole a los ojos.
- Tal vez, no puedes hacer nada con esos recuerdos, pero puedes hacer mucho con tu vida, Hinata –le reprochó- tienes toda una vida adelante, tienes todavía decisiones que tomar.
- Siempre tomo las equivocadas.
Naruto sintió un golpe en el pecho con esas palabras, pero sabía que tenía razón, ella siempre tomaba el camino equivocado, y entre eso, estaba él.
- Puedes cambiar eso, Hinata –tragó duro- eres una mujer muy inteligente –pasó su mano por la mejilla – Se que has tomado malas decisiones…
Hinata le cortó la frase cuando se dio cuenta del trasfondo de su comentario. Se abrazo a él, aun con el agua cayéndole a la espalda, sus cuerpos compartieron la misma humedad, la caricia fue intima.
- Tu no eres una de ellas –susurró preocupada.
- No importa si lo soy o no –murmuró más tranquilo, se sentía débil: Solo le importaba lo que ella dijese para sentirse bien o mal- Lo que si importa es que ahora no estás sola, no dejare que te pase nada, ¿Si? No tienes por qué preocuparte más.
Hinata suspiró en su hombro, nunca nadie le había dicho algo así.
- Lo sé –dejó un beso botado en su pecho, un beso mojado- Tú tampoco estás solo, Naruto.
Sopló a su café y una ola de humo se extendió por su cara. El cabello amarrado y la piel lisa le daban una imagen limpia. Naruto le miró preocupado, no quería dejarle sola después de lo pasado en la ducha, aun así ella parecía recuperada y alegre.
Le sonreía a Frúfrú, el gato que había adoptado hacía unos meses y que vivía entre ellos como uno más. Naruto no le soportaba, aun así le había ganado cariño al felino y aguantaba que durmiese en sus piernas, acompañando a Hinata.
- ¿Vas a estar bien? –le preguntó viendo el periódico, pero prestando vehemente atención a su voz.
Hinata sonrió tranquila.
- Por supuesto que sí, frúfrú me cuidara. ¿No es así, señor? –le rascó la cabeza mientras el gato maullaba de felicidad.
- Eso espero –esta vez le miró a los ojos. Hinata se preocupó, Naruto no era un hombre de angustias, aun así quería que le jurase que no habría ningún inconveniente, lo veía allí, guardado en sus ojos.
Hinata le sonrió de forma adorable.
- Te esperare para la noche: llega temprano, la fiesta de compromiso de tu hermana es a las nueve, no es de buena educación retrasarse –le avisó.
Naruto se levantó, sin quitarle la mirada, tomó el café en su vaso de cartón y caminó a la puerta de espaldas aun mirándole. Hinata estalló en una carcajada, le siguió con sonrisa en labios.
- Ve tranquilo, que yo te espero –fue lo único que escuchó, antes de que ella cerrase la puerta del apartamento.
La noche llegó rápido y asombró a Hinata que revisaba la ortografía de un manuscrito. Vio al cielo de oscurecido; azul gualdo y recordó los ojos de Naruto que le prometían cosas que nunca jamás había oído de la boca de alguien más.
Sonrió al manuscrito que en tinta manchado por correcciones, le esperaba. Pronto lo terminaría y sería como acabar con una vida, "El Fornicador" aunque el titulo aun le daba escalofríos de vergüenza, le seguía agradando la idea tanto como hacía un año, tenía una corazonada con ese autor desconocido. Le había pedido a Ino que le ayudase a encontrarle, luego de haber mostrado la idea a Naruto, él también parecía entusiasmado con el proyecto, aun así juraba parecerle conocida la escritura.
Hinata se estiró y levantó del suelo, colocó el proyecto en la oficina de Naruto para retomarle mañana y sacó la ropa de noche para plancharle. Se dio un largo baño, esperando a que el timbre sonase y así fue.
Se tardó unos minutos en abrirle, al conseguir otro de sus interiores tirado en el cuarto, al dejarle pasar vio a un Naruto pálido, con respiración rápida y sudor perlino en la frente.
- ¿Estás bien? –preguntó ella preocupada, aún llevaba la bata de baño. Creyó leer en sus labios algo así como: Estás
Hinata le dejó pasar y le ayudó con la chaqueta. Sabía el indicio de su preocupación, él la había visto ondear dos veces en el abismo profundo, en donde tomaba las decisiones más equivocadas; pero ella ahora no le veía sentido regalar su vida a la muerte, cuando tenía a Naruto a su lado. ¿Para qué? Ahora era feliz.
El cuarto se sumió en silencio, Hinata se arregló los tirantes del vestido y polvoreó su nariz, decidió ver el reflejo de Naruto que trataba de ponerse la corbata. Y la doblaba y la anudaba, volviéndola a anudar y quedaba más parecido a un corbatín mal hecho.
- ¿Te ayudo? –se levantó del tocador y deshizo la corbata con cariño. La pasó por su cuello alisándola y le vio a los ojos con una sonrisa- ¿Estas aín preocupado?
Naruto salió de sus pensamientos. Se había perdido en la sonrisa de Hinata, en sus manos por su cuello, en la forma dulce en que lo trataba, en lo perfecta que era. Ella era perfecta para él y no se había dado cuenta.
Él aflojó el nudo cuando ella terminó y contestó sincero:
- Creo que ya no tanto… -hubo un largo silencio- ¿Y tú?
- Yo estoy perfecta –le sonrió nuevamente. Naruto estuvo de acuerdo con ella, ese vestido azul oscuro le quedaba hermoso, se contorneaba en sus piernas, mostraba su cintura y el podía deleitarse diciendo: "todo eso es mío". – Aun así, te noto extraño. ¿Pasa algo? ¿Tienes más preocupaciones en la cabeza?
Carraspeó.
- Si… -bajó la mirada y alzó una ceja- No creo que sea buena idea entregar a Suiki en manos de Sasuke.
Hinata se inmovilizó, estaba en piedra, aun así fingió de nuevo ante Naruto.
- Ella dará su mejor decisión, lo sé.
Hinata tenía que alejarse de Sasuke, porqué en todo el día lo que menos se le había pasado por la cabeza es que en la reunión se iba a re-encontrar con él, y todo por estar pensando en Naruto —ese hombre la traía loca y llenaba cada espacio de su ser; no podía articular otro pensamiento que no fuese de él—, aunque debía sincerarse estaba preocupada por Suiki.
… Sasuke…, susurró.
JOJOJOJO. Pues sí amigos aquí se viene Sasuke, síp, síp y síp. Siento mucho a aquellos que les ha molestado lo mogijata —lo reconozco— de Hinata; se que puede parecer "humillante" y poca "dignidad" rebajarse a esperar que alguien te ame o amar solo; pero entiendan que Hinata es una persona que ya había pasado por una fuerte decepción amorosa; nunca se sintió realmente querida por su padre y busca ferviente una imagen paterna la cual no consigue; ve a Naruto como la única persona que no la ha tratada "tan mal" y decide afincarse en él; aún si este no la ama.
Pero tranquilas, Naruto se sincerara a los golpes, pero allí no puedo contar más...
Unas gracias especiales a: Cononin, FabianMTJ, Posion Girl 29, Tsuki, natsumi hhr nh, Joxa, Meme-chan, Stella-chan, Kiko-chan, Nuharoo-chan y Sasaki-chan. Muchísimas gracias por sus hermosos comentarios, los amo a todos, un abarazo gigantescos. BESITOS.
