REENCUENTRO DESASTROSO
*ADVERTENCIA*
- Los personajes de -Man pertenecen a Hoshino-sensei.
Algo que olvide mencionar en capitulos anteriores; Hanna es aprendiz del General Tiedoll.
- Esta historia contiene mucho OoC.
- La historia se centra despues de que Kanda haya regresado a la Orden Negra por el bien de Allen, éste dejó de ser una amenaza para la orden pero tampoco logró eliminar totalmente al Conde, quien se rindió con el 14ceavo, es decir que no lo quiere mas a su lado, pero sigue en busca del corazón.
- El conde sigue negando que él es mana.
Nea esta del lado de Allen, le habla de vez en cuando en su mente y lo protege, se podría decir que cohabitan el cuerpo de Allen en armonía.
Es todo, a cualquier duda contactarme por mensaje privado.
Los hermanos Noé estaban llegando al arca con el cuerpo debil del espadachín, corrieron rapidamente hasta la habitacion donde se encotraba la pelirroja.
Mientras tanto en dicha habitación...
- Yuu, Yuu... - llamaba la chica inconsciente.
- Shushh... Todo esta bien, tu Yuu ya esta en camino. - intentaba calmarla Road acariciando su cabello.
Road estaba en el suelo intentando calmar a Hanna, quien yacía abrazada a ella mientras derramaba infinitas lagrimas e intentaba respirar a pesar del dolor.
- ¡Agh! Como duele... ¡Carajo! - se quejaba entre dientes la muchacha comenzando a maldecir.
Road había mandado a Tyki a su habitacion, o a donde quiera que sea pero lejos de Hanna, mientras que en un cubo de cristal encerraba las cuentas plateadas de la pulsera de Hanna.
En seguida, la puerta se abrió mostrando un azabache en el mismo estado que Hanna siendo cargado por los gemelos Noé.
- ¡Rápido, recuéstenlo en la cama! - ordenó apresurada la Noé mayor.
- Tsk, debo estar con ella. - exigió el espadachín con voz quebradiza.
- Lo sé, exorcista, ya te la llevo. - dijo Road intentando incorporarse con Hanna en brazos, que seguía temblando inconsciente.
Road había pedido traer al muchacho por el simple hecho de que sabía como enmendar ese pequeño... gran incidente ocurrido por la rabieta de celos de su hermano. Puesto que al haber ganado la confianza de Hanna, ésta le había confiado la solución a aquel problema.
~ Hanna si que sabía lo que haría mi estúpido hermano. ~ pensó al recordar.
FLASHBACK
- ¿Dices que Tyki puede hacerte daño en un ataque de celos? - preguntó la noah mayor.
- Estoy diciendo que lo hara sin percatarse, en algun momento él querrá desacerse de mi brazalete por el solo hecho de saber que le pertenecía a Yuu. - explicó la pelirroja. - y al lograrlo ocurrira lo que temo, tanto Yuu como yo entraremos en un estado critico de dolor insoportable, en ese momento debes traerlo hasta mi. - dijo Hanna suplicante.
- ¡Pero es muy peligroso traer un exorcista al Arca! ¡¿Estás consciente de lo que me pides Hanna-chan?! - replicó exasperada Road.
- Road, sé lo que estas pensando, y como te sientes, pero es la unica forma de evitar que ambos muramos del shock de maná y del dolor, si entramos en coma, será irreversible. - se preocupó la ojiambar. - nos dimos cuenta durante el entrenamiento con Tiedoll-shishou (maestro) que la unica forma de calmar el dolor y evitar que nos mate la disminución de energía es el contacto físico; un dia cada semana intentabamos resolver el tema del brazalete, yo me lo quitaba provocando el golpe de maná en ambos, y después del 2 entrenamiento intentando sobrellevar dicho shock, descubrimos que al tener contacto fisico, el mana detenía su descenso y aumentaba lentamente hasta estabilizarse lo suficiente como para soltarnos y eliminar el dolor. - informó la pelirroja con seriedad. - por favor, Road, Kanda ya no tiene el poder de su fuente vital de regeneración, morirá como yo si entra en coma antes de llegar a mi.
- *suspiro* De acuerdo, si alguna vez a mi hermano se le ocurre tener una estupida escena de celos, entonces lo traeré aqui, y se quedará bajo mi cuidado el tiempo necesario. - prometió la noe mayor.
Fin FlashBack
Y así lo hizo, y con la ayuda de Jasdevi la recostó junto a su amante y este la acunó en sus brazos, observó como a ambos les volvía lentamente el color normal y pudo notar, al tocar la frente de ambos, que la temperatura de sus cuerpos estaba estabilizandose poco a poco.
Ordenó a los gemelos retirarse y no decir una sola palabra de lo ocurrido a ninguno de sus hermanos, ni al Conde, ni siquiera al mismisimo Tyki Mikk.
Observó con ternura como el pelinegro acariciaba la cabeza de Hanna con dulzura y le besaba la frente...
~Realmente amas a Hanna, ¿Cierto exorcista? ~
Lentamente sin hacer ruido, Road se retiró de la habitacion para dejarlos solos, tomó la llave del cuarto y bloqueó la cerradura para luego lanzar la llave por la ranura que estaba bajo la puerta, y retirarse hacia su habitación sabiendo que su nueva amiga estaba en buenas manos.
Dentro del cuarto...
Hanna había logrado regular su respiración y descansaba placida y tranquilamente en el pecho de su acompañante, quien poco a poco había perdido la guerra contra el guardian de los sueños, luego de asegurarse que Hanna estuviera ya calmada.
Pasando varias horas, para ser exactos unas 12; Kanda despertó sintiendose algo desorientado y con un ligero peso en el pecho, abrió los ojos para observar a su alrederdor y darse cuenta de que no se encontraba ni en la enfermeria ni en su habitación de la Orden.
Se asustó un poco e intentó incorporarse, pero al acerlo un cuerpo pequeño se removió quejumbroso, la observó allí, durmiendo pacíficamente y lo recordó todo:
- Así que eso paso... - susurró algo incredulo para luego volver a observarla con una sonrisa.
Una pequeña lagrima surcó por sus mejillas y la estrujó más contra sí, depositó un beso en su cabello para luego volver a acomodarse con ella a su lado, pero no volvió a dormir manteniendose alerta.
Minutos mas tarde...
Hanna estaba retomando la consciencia, y sin abrir aun los ojos sintió una calidez debajo de su cuerpo y percibió un aroma bastante conocido. Abrió los ojos lentamente y se percató de una mano bastante grande sujetaba la suya, que estaba descansando en el pecho de alguien, al igual que su cabeza.
Alzó la vista lentamente aun adormilada y observó ese rostro de facciones conocidas, abrió los ojos de sobremanera al percatarse de quien se trataba.
- ¡¿EHH?! - exclamó sorprendida alejandose asustada de aquel sujeto que se mantenía pasivo con los ojos cerrados, su espalda chocó con el brazo de madera de la cama, observaba incredula aquel hombre.
- ¿Y ahora que mosca te picó? - dijo Kanda abriendo lentamente los ojos para fruncir el ceño.
- ¿Y-Yuu? ¿En verdad eres tu? - preguntó aun incredula. - No.. debe ser otro truco de Road.. esto no esta ocurriendo.. - soltó sujetando su cabeza.
El azabache suspiró y se incorporó para acercarse lentamente a ella, ya que parecía asustada, ella lo observó nuevamente con los ojos bien abiertos y una actitud a la defensiva.
- Hanna, soy yo... Todo esta bien, ¿si? - intentó calmar a su pareja.
Ella se acercó dudosa y alzó la mano temblorosa para alcanzar su mejilla, al tocarlo y percatarse de que no estaba soñando, comenzó a derramar gruesas lagrimas y su rostro se quebró.
- ¡Yuu! - exclamó saltando a su cuello para abrazarlo. - Estas aqui... ¡de verdad eres tú! - terminó de creer sollozando, mientras el pelinegro sonrió y correspondió el abrazo rodeandola por la cintura.
- Estoy aquí, ya todo esta bien.
Se separó un poco de él para mirarlo a los ojos, con ambas manos sujetó su rostro y sonrió felizmente, el le correspondió la sonrisa y juntó su frente con la de ella.
- Ya deja de llorar mocosa. - se burló el espadachín acariciando su mejilla.
- No sabes lo mucho que te extrañé. - confesó en un susurro rodeando nuevamente su cuello. Él acaricio su espalda con suavidad, pero al subir un poco la mano.. - ¡Ah! - gimoteó de dolor la chica.
- ¿Hanna? ¿Estás bien? - se preocupó el espadachin ante la queja de la pelirroja.
- Mi espalda, duele al contacto... - anunción la joven separandose un poco.
- Date vuelta, dejame ver. - ordenó el espadachín con seriedad y un tono de preocupación. - Quitaré tu blusa, alza los brazos.
La chica obedeció y el muchacho la despojó de su blusa, dejando ver su sujetador de color violeta palido casi blanco, apartó su largo cabello escarlata para tambien vislumbrar dos marcas moradas longitudinales en sus omoplatos.
- Ay no... - musitó el espadachin con pena. - me he tardado demasiado en acudir a ti. - confesó con remordimiento acercandose mas a la chica, poniendo sus piernas a cada lado de ella. - lo siento tanto mi Hanna. - susurró besando las marcas de moretones que quedaron donde emergen sus alas cada que activa su inocencia, provocando que se erice la piel pálida de la chica. - he llegué justo a tiempo... *beso* si me demoraba mas tiempo *beso* quiza no volverías a despertar - dijo con voz ronca rodeando su cintura con ambos brazos.
Ella sintió su pesar, cerró los ojos ante las caricias que le dedicaba y posó sus brazos sobre los de él alrededor de su estrecha cintura. Enlazó sus dedos con los del mayor y luego sintió la nariz fria de él acariciar su hombro, lo que provocó que se estremeciera, el azabache beso sensualmente la nuca de la menor y seguidamente creó un camino de besos suaves desde su hombro hasta su lobulo.
¿Quién hubiese pensado que Kanda Yu sería tan dulce con aquella quie sería su amante? ¿Quién diría que el espadachín frio y tosco que todos conocian, había sido hechizado por una mujer, provocando que en la intimidad se convirtiera en el hombre mas tierno y amoroso que jamas alguien haya conocido? Pues así quedaría, nadie conocía ni conocería jamas dicha faceta oculta del pelinegro, pues solo su mujer era consciente de ello desde el momento en que entregaron sus cuerpos el uno al otro, aprendiendo y memorizando cada detalle de la piel del contrario, siendo cada vez extasiados como la primera vez.
- También te extrañé. - susurró en su oído para luego escuchar un suspiro de parte de la chica. Pegó su pecho contra la espalda desnuda de la pelirroja y la estrechó contra sí, ella recostó su cabeza sobre la clavícula del azabache antes de sentir un mordizco en su lobulo derecho, soltó un leve gemido antes de estremecerse nuevamente en los brazos de su pareja.
Kanda tenía la respiración pesada, sentirla temblar bajo sus brazos, tan pequeña, provocaba un calor que recorría toda su espina dorsal, liberó uno de sus brazos de la cintura de la joven y llevó la mano a su mentón, obligandola a mirarlo a los ojos; la miró extasiado, sonrió de lado al encontrarla ruborizada con las pupilas dilatadas del deseo, se acercó lentamente y sello sus labios con los de ella en un beso tierno, saboreando lentamente primero su labio inferior para luego hacer lo mismo con el labio superior. La chica correspondió de inmediato dejandose llevar por el moreno, él liberó su otro brazo y acercó la mano al broche del sujetador, que se encontraba en el pecho en vez de la espalda, a diferencia de los brazier normales, (se había acostumbrado a ello ya que todos los sujetadores de la chica se abrochaban en el pecho) desabrochó la prenda provocando un ligero salto por parte de la chica, pero no se separó de él, no se atrevió a interrumpir el beso que cada ves mas iba subiendo de tono.
El azabache deslizó la prenda con la ayuda de la chica, al mismo tiempo que introducía su lengua en la humeda cavidad bucal de su pareja, para luego con suaves caricias atender los senos de la muchacha, provocando suspiros ahogados el cual el se tragaba...
- Date vuelta. - ordenó separando sus labios de la pelirroja.
Ella obedeció tímidamente tapandose avergonzada, a lo que él sujetó sus muñecas y se acercó a su oído.
- No te atrevas a esconderte de mí, eres mía, y eres hermosa. - le susurró tiernamente al oído.
La tomó de las caderas obligandola a sentarse en su regazo, con los gluteos a cada lado de las caderas del mayor, ella lo miró con el ceño fruncido y cruzó los brazos sobre su pecho en señal de molestia, pero a la vez hizo que sus senos se vieran mas grandes.
- Hm? - exigió una respuesta el pelinegro.
- T-Tu camisa... Qui-quitatela. - ordenó con el rostro casi del mismo color que su cabello.
El pelinegro solto una risita burlezca, pero obedeció desprendiendo los botones de su blanca camisa sin dejar de mirar a su pelirroja.
Sin querer esperar más, la chica lo ayudo a despojarse de esa prenda para luego atacar sus labios con voracidad, ante la sorpresa del ojiazul, quien la rodeó con sus brazos eliminando la distancia entre sus cuerpos semidesnudos, la chica lo provocó meneando las caderas rozando su entrepierna, un gruñido ronco salio de su garganta siendo silenciado por la boca de la muchacha, quien seguía meciendo las caderas seductoramente, sintiendo al fin la reciente erección del japones.
Las últimas prendas fueron a parar en algun rincon del cuarto, los gemidos de ambos inundaban la habitación mientras consumaban despues de mucho tiempo nuevamente su amor.
Jamás lo haría fuera de las cuatro paredes que siempre los rodeaban al entregarse, jamás lo diría en voz alta ante los demas, pero lo admitía y lo repetía ahora y cada vez que probaba el extasis al fundir su cuerpo con el de ella, la amaba, y aunque no entendía muy bien dicho sentimiento, estaba aprendiendo, al perder a Alma la primera vez, perdió totalmente su camino, enfocandose mas bien en enmendar sus errores con sus compañeros exorcistas, pero al conocerla a ella, a Hanna, encontró un nuevo sentido a la vida y se dió cuenta de que era doloroso si no la tenía junto a él, se había acostumbrado a su cariño, su forma de pensar y expresarse, su aroma, la calidez de su piel, de sus sonrisas, su infinito amor hacia él, tan intenso como para sacrificar su bienestar para protegerlo.
Kanda Yuu estaba totalmente perdido por Hanna, daría todo por ella, y lo demostraba en ese momento entregandose por completo, en cada caricia, cada beso, cada abrazo.
- Te amo, Hanna.. - gimió al momento de llegar al climax al mismo tiempo que ella, para luego salir de ella y recostarse a su lado con la respiración agitada.
La envolvió en sus brazos y los cobijó a ambos bajo las sábanas.
- Tambien te amo, mi Yuu. - contestó la pelirroja para acurrucarse en su pecho, escuchando los latidos ya calmados del corazon de su acompañante. - Es la segunda vez que te oigo decirlo, realmente no te gusta admitirlo ¿verdad?
- Ya deberías saber, que lo demuestro con acciones, no con palabras. - allí esta el tosco Kanda de nuevo.
- Lo sé, incluso aún no puedo creer que estes aqui conmigo. - suspiró la chica abrazandose más al pelinegro.
Él no contestó, se limitó a pasar sus dedos suavemente por las hebras rojizas de Hanna.
Es todo por ahora, un cap luego de.. creo que bastante tiempo.
Espero lo disfruten aun cuando me he oxidado un poco en la escritura. En algun momento lo releeré y editare en cuanto vuelva a acostumbrarme.
espero sus reviews.
Un abrazo psicologico y un beso virtual mis queridos lectores.
SnK
