Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kimoto; yo sólo uso sus personajes para recrearme, no gano dinero por esto~.
Advertencias: Lenguaje Soez. Lime. Antepenúltimo capitulo.
¿Perdonar?
Perdonar es la forma más sencilla de dejar que las cosas fluyan por su propio curso
No sabía que decir ni cómo actuar. Estaba llena de pánico. No quería de nuevo cometer otra estupidez, no con la misma persona.
No cuando ahora le interesaba alguien que valía la pena.
Empujó a Sasuke que también estaba sorprendido, pero gratamente y miró a Naruto a los ojos, que sólo atisbaba a observarlos a ellos consecutivamente.
— No es lo que piensas —empezó por decir.
— Definitivamente no — pero sólo consiguió respuesta de Minato Namikase que ni siquiera le miraba, si no que con puños cerrados se dedicaba a destrozar con los ojos a Sasuke.
— No pienso casarme con su hija, Minato —respondió Sasuke ante las miradas acusatorias — Nadie me obligara a hacerlo.
— Entonces… ¿Por qué razón has venido al compromiso? —siseó molesto. Harto.
— Porque… — miró a Hinata — Deseaba ver a mi único amor.
La mirada horrorizada de ella, hizo que soltase una carcajada maléfica. ¿Por qué Sasuke le odiaba tanto? ¿Por qué se empeñaba en hacerle sufrir de esa manera? ¿Creía que era un gorrión al que podía desplumar?
— Todo esto es mentira. ¡Él es un hombre detestable! — gritó prácticamente Hinata que estaba desesperaba, ahogándose con la verdad.
— No pensabas eso mismo cuando me conociste. Decías cosas muy distintas, Hinata —se llevó tranquilo la copa a la boca ignorando a los dos hombres que tenía a su frente.
— No es cierto — Hinata estaba al borde de la histeria. No podía creer que fuese tan cínico, después de tanto tiempo aún seguía disfrutando del sufrimiento ajeno.
— Naruto, lleva a Hyuuga-san afuera. ¿Sí? — ordenó Minato inquebrantable, tan parecido a Naruto en sus decisiones.
Este asintió en silencio y tomó la mano de Hinata con brusquedad, saliendo así al patio. No mediaron palabras hasta llegar a la escalera, en donde se escuchaba la cálida música celta del salón. Los violines, flautas y arpas al son de una noche que se perdía en los jardines.
La espalda de Naruto que había observado en todo el trayecto, se veía distante. Sus largos hombros brillaban bajo la luz de las lámparas de papel de arroz, que se movían por la brisa fría levantándose por encima de los cabellos de Hinata.
— Naruto… — la voz quebradiza de ella reventó con el silencio de un violín que imitaba el subir de una hoja al cielo impulsada por el viento.
— ¿Qué?
— ¿Estás molesto? –escuchó un fuerte golpe a la baranda blanca, era la mano de él que se había estrellado contra el metal. Hinata se sobresaltó, aunque había crecido en un ambiente violento, las manifestaciones sentimentales abruptas siempre le costaron asimilar.
— No lo sé —contestó sinceramente él sin mirarle. Estaba confundido. No sabía que era Sasuke para ella, no sabía porque la había besado y tampoco sabía por qué ella se dejaba besar por él. Sentía celos, lo sabía.
— Estás molesto. Lo sé, pero puedo explicarte todo, absolutamente todo —habló de nuevo ella.
— No quiero escucharte — irrumpió él. Pero luego cambió de decisión — ¿Quién es él? ¿Ah? ¿Por qué le conoces?
— Él… es Sasuke Uchiha.
— Eso lo sé, ¡No soy estúpido! —le gritó molesto.
— ¿Pu-puedes no gri-gritarme? –tembló Hinata mordiéndose los labios para no llorar.
— Me refiero a… —bajó la voz culpable. Tragó un momento al verla temblar de pies a cabeza. ¿Tenía miedo? ¿Él le producía más pánico que aquel hombre que la acorralo? Bufó molesto — ¿Quién es para ti?
— Sólo el pasado.
— ¿El pasado? Es decir, se conocían de antes; lo que él decía era verdad.
Los ojos de Hinata se encontraron con los de Naruto, que le miraban retadores, dolidos y desafiantes.
— Sí, nos conocíamos. Pero todo lo que él dice no es verdad.
— ¿Le besaste? —preguntó entrecortado.
El sonido de las arpas se acalló, pronto sus miradas se dirigieron al gran salón que se veía por una alargada ventana que ocupaba una porción de la casa y todo el ancho del salón de baile.
— No, no le bese —respondió Hinata al ver como Sasuke subía hacia el escenario de los músicos.
La mirada de Naruto se fue a la de ella. Los ojos distantes de Hinata que sin expresiones veía las facciones de Sasuke, que con el entrecejo fruncido parecía odiarle cada vez un poco más y parecía que a su vez quería llorar. ¿Qué clase de hombre era Sasuke en su pasado? ¿Cuánto daño le había hecho?
— Él es el hombre de quien te hable —dijo claramente, sin pausa. Naruto desvió la mirada a Sasuke que tomaba el micrófono ante el público confundido. Él era el que tanto le había hecho sufrir, quien ella tanto había llorado y que aun recordaba. Sintió resentimiento; todo se esclareció.
— ¿Aún le amas?
— No se puede amar a dos personas al mismo tiempo, Naruto —esta vez ella le sonreía — Mi error fue pensar que él había cambiado y que era bueno para Suiki.
— Se supone que todos cometemos errores —dijo casi sin voz. Seguía sintiendo molesta en el pecho. Hubiese querido que ella fuese sincera desde un principio. No tenía derecho para refutarle nada. Él también había ocultado su pasado; hecho sus cosas a su modo.
— Se supone.
El silencio llenó el lugar. El cabello de ella moviéndose bajo la brisa. La molestia de él palpitándole en el corazón.
— Lo siento, no tuve el valor de decírtelo —concurrió Hinata — Pensé que era mejor borrándolo.
— No tenia porque enterarme, ahora quiero golpearle aún más —Naruto tembló por aquellas palabras. Se sentía débil. Sólo pudo sonreírle abiertamente a ella. Quería perdonarla y olvidar todo aquel sentimiento que crecía en él. Hinata se desencajó un poco al verle decir eso. Sintió ganas de llorar, tantas que no se contuvo y comenzó con un mar de lagrimas brotando por sus ojos, incontenibles.
Sentía el pecho oprimido por sus propios sentimientos que ni midió su forma. Lloró a pulmón abierto. Naruto se conmocionó al verle así, no es que nunca la hubiese consolado, pero nunca le había visto en ese estado.
Estaba perdida en sus propios sentimientos.
Se le acercó y le abrazó. Ubicando su pequeña cabeza bajo su mentón y una de sus manos en la espalda acariciando con suavidad, mientras que la otra tomaba su cabeza pasando los dedos por su sedoso cabello. Y dejó que llorara en su pecho, sin decir nada.
No tenía derecho de reclamarle nada, lo sabía. No podía, él no era su novio, ni su prometido y mucho menos su marido. Aunque a él le doliese pensar que ella le había besado, o que aún le amaba, se tenía que morder la lengua.
Cuantas veces ella no tuvo que callar un estallido de celos porque no eran absolutamente nada. Eran sólo dos adultos que compartían sus camas y su soledad.
— Ey, no es para tanto — susurró a su oído mientras pasaba su mano por la coronilla de su cabeza, tratando de tranquilizarle — Si quieres no le golpeo.
Sintió la negación de ella bajo su barbilla, aferrada a su chaqueta.
— ¿Quieres que nos vayamos? — Sintió de nuevo el movimiento de su cabeza, afirmando. Separó su cuerpo del suyo, estaba temblando del frío y de lágrimas. Se quitó la chaqueta y la colocó a sus hombros que estaban pálidos de la brisa.
La vista sorprendida de ella le tomó desprevenido, tanto que tuvo que retirar su mirada de sus ojos y pasando la mano por su espalda la incitó a caminar escalera abajo.
Se lanzó prácticamente al sofá. Aflojando la corbata y desabrochando el primer botón de la camisa blanca de vestir. Le miró de soslayo a ella que aun le miraba a la lejanía de la cocina.
Encendió el televisor con tranquilidad acostumbrada y apoyó su cabeza en un cojín. No sin antes echarle unas cuantas miradas a la figura de la cocina, que tomaba un té y acariciaba su chaqueta.
— No la arrugues ¿Va? —comentó él sonriéndole, tratando de buscar conversación. Sin embargo lo único que consiguió es que Hinata terminase compungida quitándose la chaqueta apresuradamente.
— La planchare hoy mismo —exclamó dejando la taza de té a un lado y levantándose para adentrarse al lavandero.
— No me refería a eso —trató de defenderse él, ante la mirada sorprendida de ella — Olvídalo, déjala por allí.
— Se arrugara si la dejo en cualquier lado.
— Solo déjala por allí —repitió en tono cansado él mientras cambiaba un canal infantil — De todas formas, no la usare mañana. No tienes porque molestarte.
El silencio taciturno de ella le hizo volver a mirarla. Colocaba la chaqueta con extrema delicadeza en el respaldar de una silla para luego tomar nuevamente su taza.
Hizo espacio en el alargado sofá a un lado de él.
— ¿No quieres ver alguna película? —preguntó en tono despreocupado, casi sin verle pero sin perder visión de su sorpresa. Asintió y se acercó con lentitud desesperante.
Sonó el asiento hundirse a su lado y de nuevo sintió lo que tantas veces le pasaba cuando estaba cerca de ella. El frío sofá se convirtió en un nido caliente, placido y satisfactorio en el cual provocaba quedarse eternamente disfrutando de su compañía.
— ¿Aún estas molesto? — preguntó la voz inocente de ella. ¿Qué le diría? ¿Qué no? Luego de haber hecho tremenda escena en la casa de sus padres. Pero si decía que sí… ¿Qué pensaría ella? Que era un caradura, por supuesto, pero además de eso. ¿Estaría a un paso de perderla? ¿La estaría empujando para que se fuese de su vida?
Ya no quería que se fuese, ya ella le pertenecía.
Y si no era así, haría que fuese así.
No veía otra manera de vivir, no sin ella.
— Yo… —le miró a los ojos. Ella esperaba respuesta rápida, de verdad su orgullo valía más que verle feliz, no lo creía — No, ya no lo estoy.
— Que bueno, pensé que no podrías olvidarlo —su suspiró le tranquilizó — Lo siento.
— No te disculpes —Naruto se levantó del sofá. Le dolía el orgullo, aunque había sido pisoteado por el mismo — Iré a dormir.
No le entendía. Primero le invitaba a estar sentados juntos y luego se iba a la cama. No podía sólo esperar cariño de él, luego de lo pasado. Había sido muy condescendiente, ella le había mentido a él en su cara y aun así lo había tomado todo como una tontería, le había perdonado.
Lo sabía.
Apagó el televisor. Ordenó los cojines en el sofá. Lavó la taza de té mirando a la ventana, hacia los otros apartamentos con parejas hablando; mujeres solitarias; hombres tomando Sake y niños haciendo figuras en los vidrios empañados.
Recogió por último la corbata de Naruto y su reloj que brillaba en la oscuridad de la sala por la luz fresca de las lámparas del otro departamento.
Se fue en silencio por el pasillo, sin ver ni sus pies, ni su sombra. Tras una oscuridad pernéeme, escuchando sólo el tintineo del reloj en sus manos y la sensación de la corbata se arrastraba por el suelo.
Entró al cuarto cuya luz del baño estaba prendida, difusa por las rejillas de la puerta semiabierta que aclaraban en un tono agradable el lugar. Era una costumbre típica de Naruto, dejar la luz de baño prendida. Al principio pensó que era puro descuido, pero luego se le hizo practico cuando llegaba a acostarse muy de noche, haciendo el almuerzo del día siguiente o lavando y planchando camisas. Hinata siempre tenía que ocupar sus manos en algo; y en vistas de que Namikaze no era muy ordenado, ella siempre tenía algo que hacer.
Naruto sintió cuando ella llegó. Hinata tenía la pisada silenciosa, aun así la descubrió por el sonido de la tela de su vestido rozar contra el piso.
Su cuerpo hundió la cama. Silenciosamente se metió en las sabanas. Pensó que se había dormido, porque su respiración se hizo silenciosa, aun así en las sombras le dio más valor para hablar.
No quiso morderse más la lengua, debía decirlo de una vez.
— Hinata… —su voz ronca, llamó la atención de la aludida — ¿Estás dormida?
— Aún no.
— Bien —su voz se perdió en su propia respiración.
— ¿Quieres hablar sobre lo de hoy?
— No, no es necesario.
— ¿Entonces…? —el suspiró acarició el rostro de Naruto, vio los ojos de ella plantados en los de él.
— Es una estupidez.
— No importa, solo dilo —la mano fría de ella acarició su cuello.
— ¿Te vas a ir?
La pregunta le tomó por sorpresa.
— ¿A qué te refieres?
— Que si algún día de estos… ¿Te vas a ir de aquí? ¿Me vas a dejar solo un día de estos?
— ¿Quieres que te deje solo? —fue una pregunta ambigua, pero a Naruto le dio un dolor en el costado de pensarlo.
— No, no quiero que te vayas.
— Entonces no me iré —dejo por sentado.
— Y si alguien más viene, alguien que sea mucho mejor que yo. ¿No es mejor simplemente irse?
— ¿Y dejarte? Pues no.
Ella lograba ser mucho más determinada que él. Se acostó boca arriba, dejando de ver sus ojos, aun así ella buscó una respuesta de todas esas preguntas. Se arremolinó el cabello y jorobó la espalda. Dejaba escapar miles de suspiros muertos.
— ¿Quieres acaso que me vaya? Me puedo ir sin ningún problema.
— No es eso, es que no quiero que te vayas; pero te he hecho esperar tanto algo que realmente no estoy seguro de aceptar.
— No necesito ningún compromiso, ya te lo he dicho —se defendió ella rápidamente. Sabía que era mentira, sabía que lo decía sólo para permanecer a su lado.
— Se que eso no es verdad —el suspiró de él la hizo levantarse a medias, apoyando su cuerpo en su brazo, mirándole en la oscuridad.
— Claro que sí.
— Hasta a veces yo siento que necesito un tipo de compromiso, Hinata. Tú eres la persona que más necesitas estabilidad de los dos.
— Ya he aprendido a superarlo —la voz distante de ella, carnosa le dio a entender que se estaba molestando.
— No quiero perderte —soltó para luego mirarle. Los ojos de él temblaban. Había dicho una gran verdad y quería morderse los labios para no decir otra estupidez.
Ella se había quedado en silencio, observándole. Parecía no entender, o no caber en la sorpresa.
— No quiero, no puedo. No conozco ya otra forma de vivir, me he acostumbrado a tu presencia.
— Los dos lo hemos hecho —se escudó ella bajando la mirada.
— No me refiero a que es algo de costumbre. Yo…—dudó y terminó resoplando vencido— me he enamorado de ti —dijo con voz fuerte pero en susurros. La habitación murió en una respiración ahogada de Hinata.
Naruto se pasó la mano por el cabello, no pensaba decirle eso. No es que no fuese verdad, pero se estaba exponiendo demasiado a una relación. Y si de verdad tenía que dejar partir a Hinata para que tuviese un mejor destino, con alguien mejor que él. ¿Qué haría? ¿Se convertiría de nuevo en lo que era antes? Una persona sin sentido de vivir. También sentía miedo de que ese día llegara. ¿Si decía eso la podía mantener a su lado?
— ¿Es…enserio?
Él no respondió.
— ¿Es enserio, Naruto? —la voz de ella sonó desesperada por escucharlo de nuevo.
Namikaze sólo atisbo a asentir lentamente.
— ¿Por qué no me lo habías dicho antes?
— No había porque —se acostó de nuevo, tratando de disimular sus propios sentimientos.
— ¿Y por qué ahora si? —ante su silencio se respondió a sí misma — ¿Es por lo de Sasuke? ¿Piensas que de verdad le quiero?
— No es por Sasuke. No me interesa él, ni lo que sientas por él. —mintió— Simplemente, he querido decirlo.
— Yo no pienso irme a ningún lado, no si tú no me lo pides.
Su respuesta fue tan sincera que le robó la mirada. Ella estaba aun sentada en la cama mirándolo fijamente. Hyuuga se sentía débil y dependiente; pero por primera vez sintió que aquellas palabras eran sinceras, había aprendido algo en aquella estadía en su casa: Sólo puedes a amar a aquel que se deja amar. El día en que Naruto desease hacer vida con alguien más ella tenía que aceptarlo; mientras él pudiese verla de esa manera —de la manera en que había susurrado hacia unos minutos— pensaba quedarse a su lado y seguir robándole esas palabras tantas veces como pudiera. Se sentía feliz y a la vez confidente.
— Me ha quedado claro. —le tomó el brazo y la invitó a que se acostara— Ya no tengo porque preocuparme.
El peso de ella cayó muy cerca del de él. Sintió la respiración amainada a su cuello y el cabello acariciando su hombro. Pronto el rostro de ella encajó perfectamente en su hombro, cerca de su oído, en donde podía oír sus suspiros y casi el murmullo de sus pensamientos, saltando a los suyos.
Pasó su brazo tras su nuca, para que su cuerpo quedase más cerca de él.
— No me iré a ningún lado —volvió a escuchar él cuando ella se dormía en sus brazos.
— Ya lo sé, Hinata —murmuró él acariciándole las mejillas, con cierta sonrisa besándole la frente — Ya lo sé.
Hinata se levantó muy temprano por la mañana. Siempre que Naruto decía más de lo que debía, amanecía de mal humor. Así que se preparó para todo, abriendo la maquina a tiempo y preparando café con leche muy temprano.
Se dedicó a beber su taza, mientras buscaba sobre las estaciones de la luna. Tenía mucho tiempo sin pasar por manos de un ginecólogo, sentía que tenía algunas desvariaciones. Entre las líneas de prioridades anotó bajo la visita de Shino, la del ginecólogo; justo antes de la ayuda de las tarjetas de matrimonio de Ino. Remarcó sin olvidar el último día, resaltándolo por sí el médico se lo pedía.
Luego jugó un poco de Poker en la computadora, sintiendo los ojos cansados. Escuchó los pasos de Naruto venir del pasillo, agachó la cabeza y se hizo la desentendida tratando de buscar un cuatro de tréboles rojos.
— Buenos días —escuchó de él, con un extraño tono de simpatía. Aun así ni quiso mirarle a la cara.
— Buenos días, tienes café en la hornilla.
— ¿Con leche? —sintió la mirada juguetona de él posada en su espalda — ¿Y ese milagro? —El sonido del líquido siendo vertido en la taza llenó el ambiente — No es que te gusta siempre café negro, para la fuerza y el cáncer de estomago.
Le miró extrañada. Sí, esa era la típica conversación que tendrían si anoche hubiesen tenido un apasionado episodio, en donde siempre se levantaba radiante y con ganas de bromear.
— Sólo lo quise hacer para ti —le miró, Naruto se había servido un bol de ramen hecho el día anterior y sentándose frente a ella empezó a comer con normalidad. Aún así tembló un poco por la calidez de sus palabras. — ¿Te sientes bien?
Le tomó desprevenido cuando tomaba un gran grupo de fideos con su boca, y para responderle rápido prácticamente le habló con la boca llena.
— Puef, jip.
— Bien — Hinata cerró la laptop y se levantó lentamente para servirse también un plato de ramen.
— ¡Ey! — le apuntó con los palillos — ¿Qué tal si esta noche salimos?
La sorpresa hizo que Hinata tirara prácticamente la cuchara de sopa. Se agachó a recogerla mientras preguntaba:
— ¿Salir?
— Ajam — afirmó en un sonido gutural Naruto mientras mojaba un narutomaki (hablando de la pasta de pescado al vapor prensada, acompañante en el ramen) — Los dos juntos, por allí.
Hinata no sabía que decir. Si saltar de felicidad o simplemente no dar mucha importancia al hecho. Sabía que últimamente su relación era distinta, era más intima. Pero esto era como una cita, como si ya fuesen pareja.
Sirvió un poco de Nori y Wakane en bolees separados y los colocó en el centro del mesón entre los dos.
— Me gusta la idea —completó Hinata vertiendo un poco de Nori en su plato de sopa.
— Podríamos ir a comer, conozco un buen restaurante, es comida italiana. Te va a gustar.
Hinata sonrió asintiendo.
— ¿Quieres más fideos? — interrogó cuando ya estaba por terminado el plato.
— Sólo un poco más. — Terminó de comerse dos boles más hasta que se levantó y colocó la chaqueta — Entonces, nos vemos en la noche.
Hinata se despidió de él en la puerta, tal y como recordaba a su mamá despidiéndose de su padre, orgullosa cuando encontraba un nuevo trabajo y prometía volver con dinero para salir de esa mala racha.
Siempre se apoyaba contra el marco, con una mano en el corazón y la otra extendida bajo su propio peso, con una sonrisa en los labios diciendo: Adiós, cuídate.
Cerró la puerta cuando el ascensor dio en su pantalla: PB.
Apoyó todo su cuerpo en la puerta de madera, viendo la soledad del apartamento, como la luz entraba libre al lugar y el viento se colaba por la ventana abierta. La música clásica que se había encendido en el equipo (como de costumbre a las ocho de la mañana, indicando que era hora de irse) en donde cantaban tres voces tenores en italiano.
Sonrió para sí, llevándose las manos al pecho, en donde su corazón palpitaba rápidamente. Tal vez lo que le había dicho Naruto anoche no había sido la tijera que cortó el lazo que les unía, si no fue un nudo, uno fuerte e irrompible que les acercó hasta tocarse los rostros.
Se colocó las pantuflas y decidió arreglar un poco la casa, así como limpiar la ropa y tender la ropa de cama, mientras más hacía más lejana tenía esas estúpidas esperanzas.
Sabía que era una tontería hacerse ilusiones, debía tener la mente fría y si de verdad pasaba sólo lo disfrutaría. Tenía el día libre así que mantener las manos ocupadas la hacía pensar en cosas que no tuviesen que ver con sus sentimientos; sin embargo estuvo todo ese tiempo suspirando.
Pronto tuvo la casa terminada y no tuvo más nada que hacer. Estuvo un tiempo sentada viendo televisión, pero sólo daban doramas en donde las secretarias se enamoraban de sus jefes o mujeres desvalidas con gran sentido de la justicia que rechazaban a artistas famosos.
De vez en cuando pasaban uno que otro documental de la dinastía Quing o un chef preparando Ramen . Sin darse cuenta se quedó tendida en el sofá dormida.
Sonaba con el rostro de Naruto, con un buen plato de ramen y atrás la voz de Suiki riéndose, luego una nube de oscuridad dejó que su descanso fuera más placido. Todo el día se le fue acostada, cuando despertó era de luna estaba en alto y las luces estaban apagadas dejando la casa a oscuras.
Se levantó apresuradamente, chocando con mesas y sillas. Prendió la luz de la cocina, el microondas daba las ocho y quince minutos. Naruto llegaría en cualquier momento y ella estaba en esas fachas.
Corrió al closet del cuarto buscando zapatos y vestido. Encontró unos con poco tacón y un elegante vestido simple, azul marino con tela decorativa encima de ella en negro. Le daba un tramado y presencia.
Trató de arreglarse el cabello en un peinado alto, pero casi se le desvía el lápiz labial cuando escuchó los pasos de Naruto en el cuarto.
— ¿Hinata?
— Ya salgo — exclamó esta pasándose el rímel rápidamente, mientras se enganchaba los zarcillos en un intento de hacer todo en una vez.
— ¿Estuviste muy ocupada? — preguntó a las orillas de la puerta.
— No, sólo se me fue el tiempo.
— La casa está muy ordenada — apuntó él mirando a su alrededor — A veces pienso que estas obsesionada con el orden.
— Alguien tiene que arreglar las cosas, ¿No? — escuchó cuando el interruptor de la luz del baño se cerró y el picaporte se movió bruscamente abriendo la puerta.
El rostro de sorpresa por su parte la hizo halagarse, había tratado de quedar lo más presentable posible, parecía que a él le gustaba.
— Estás muy guapa hoy — objetó con una sonrisa divertida.
— Gracias — recogió tras su oreja una hebra mientras miraba hacia otro lado.
— Ahora estoy reconsiderando si quedarnos en casa o salir — la acorraló contra la pared, en donde Hinata dejó escapar una adorable risa.
— Oh vamos, se va a hacer tarde — la boca de él estaba muy cerca de la de ella. Hinata en un ataque de nervios apuntó — Te llenare de lápiz labial.
— Pagare la osadía — contrarrestó él con una sonrisa socarrona para luego besarle. Aun así, no fue lujurioso, ni apasionado. Fue un beso de esos precavidos, en donde sus labios cayeron en los de ella, callando otro comentario, disfrutando de su compañía.
Se separaron lentamente, sin duda los labios de Naruto estaban marcados por los de Hinata. Ella sonrió mirándole los ojos y luego los labios, su mano se coló entre los brazos de él y limpió con cariño las marcas de sus besos.
— Es mejor que vayamos saliendo rápido —la voz sonaba ronca de deseo.
— Si, es mejor — secundó Hinata riéndose.
Decidieron ir caminando ya que era relativamente cercano. Disfrutaron de las calles plagadas de personas, los faroles iluminando los callejones oscuros y el frío de un invierno entrante.
Naruto que disfrutaba de su primer salida desde hacía bastante tiempo, miraba todo con interés. En su larga chaqueta de invierno no entraba ni el más mínimo atisbo de frío y tampoco le sentía, la sensación de relajación después de tanto trabajo lo abstrajo de la brisa, no obstante, si se pudo dar cuenta de que Hinata pasaba frío al ver como frotaba sus manos sucesivamente a que soplaba en ellas.
Pasó su mano por el hombro de ella demandando su mirada y, sin decir nada, ni responder a la sorpresa de ella; siguieron caminando al igual que muchas parejas que tuvieron la misma idea de caminar en un invierno que desaloja las calles.
Sin problema alguno se saltaron la gran lista de espera del restaurante, porque aunque a veces ella lo olvidaba, Naruto seguía siendo un Namikaze y uno con gran presencia. El dueño italiano hablaba con él y hasta había ofrecido el mejor platillo de su chef.
Todo era pomposo y rebuscado. Hinata se sentía como si fuese una persona muy importante. Le retiraron el abrigo con delicadeza y hasta los mozos de vez en cuando alababan su belleza.
Cosa que no agradaba a Naruto, pero se callaba.
— Todo aquí es muy bello — apuntó Hinata mirando a su alrededor sobre todo las estatuas de la entrada. Su buena postura, su cuello largo y su largo cabello amarrado en un gran peinado la hacía resaltar ante todos los comensales que le veían desde lejos.
— Pues aquí piensan que lo bello eres tú — comentó Naruto con una pizca de malicia, dejando a una Hinata descolocada que miró a su alrededor encontrando varias miradas en sí.
— Es… algo incomodo — concluyó tomando un poco de la copa de vino acabada de servir.
Él le sonrió.
— ¿Qué se puede hacer? Muchas personas tienen el gusto muy agudo, no podía ser el único — puntualizó con una sonrisa socarrona mientras se llevaba la copa a la boca. Hinata se sonrojó ante el comentario, pero lo que le tomó de sorpresa fue que cuando desvió la mirada encontró dos vestidos a su lado.
Eran dos mujeres. Una rubia teñida y otra morocha de ojos grandes. Naruto cuando sintió su presencia voltió a verles y su rostro cambió de grato a molestia.
— Naruto, tanto tiempo —dijo la rubia sonriéndole.
— Maoko —sólo pronunció su nombre sin mirarle.
— ¿No te acuerdas de mí, Naruto? —preguntó la morocha con sonrisa en los labios — Soy yo, Yuko.
Esta vez ni respondió. Hinata miraba a las jóvenes con interés. No les conocía, estaba segura de que no pertenecían al departamento de ediciones.
La rubia miró esta vez a los ojos de Hinata, ninguna se inmutó. Sin embargo la cara de molestia que destiló Maoko dejo confundida a la Hyuuga.
— ¿Ella es tu secretaria, Naruto? —la mirada de Naruto dejo a Maoko satisfecha, le sonrío ante la mueca de rabia de él — ¿Desde cuándo sacas a comer a tus empleados?
— Maoko-san —susurró apenada Yuko —Lo sentimos Hinata-sama, Maoko-san no ha querido decirlo con mala intensión, sólo le sorprende la gentileza de Naruto-sama.
— Tranquila, Yuko-san —Hinata le sonrió frescamente ante sus disculpas apresuradas.
— Pues Yuko se equivoca, estoy diciendo que eres muy poca cosa para estar con Naruto; después de los rumores con Sasuke Uchiha y aún así…
Hinata ya iba a responder cuando escuchó el movimiento brusco de la silla de Naruto y el pecho de él frente a la mesa, mirando a Maoko.
— Vámonos Hinata — ordenó Naruto abandonando su puesto y colocándose a su costado, antes de que ella pudiese replicar ya la había agarrado del brazo y la había obligado a levantarse.
— Claro, escapa de la realidad Naruto —hablo de nuevo Naoko tratando de ser callada por Yuko.
— No digas tonterías, Maoko. —Naruto le indicó con la mano. Hinata estaba en medio de los dos, como una barrera que creaba disyuntivas, se sentía como el muro de Berlín — Ella es mucho más importante para mí de lo que tú piensas.
Y bruscamente tomando el brazo de Hinata salieron del restaurante, dejando a Maoko y Yuko paradas frente a una mesa vacía.
La salida fue silenciosa, aun el cejo del Naruto estaba fruncido demostrando que su ira no había sucumbido ante la huida.
— No me molesta lo que ella digan, Naruto —murmuró Hinata mirándole.
Los ojos de él se fueron a los de ella, sorprendidos. Ella le sonrió sinceramente.
— La verdad no me interesa —Hinata negó aun con la sonrisa en los labios — Yo puedo estar junto a ti aunque sea muy poca cosa y ellas no.
Rió ante su conclusión, siendo secundada por Naruto que también le produjo gracia su comentario.
— ¿Estás segura? ¿No lo estás diciendo para que deje mi molestia o sí?
— Claro que no —ella le negó rápidamente aún riendo.
— ¿Sabes lo que le pasan a las chicas que mienten? —le preguntó retóricamente a una Hinata que le miraba imitando indignación — Les crece la nariz, siempre me pregunte porque eras tan narizona.
— ¡Ey! –un golpe amistoso y terminaron riendo; diciendo gafedades todo el camino a casa.
Luego de unos minutos, cuando empezaban a ver las ventanas del departamento. Naruto se percató de que estuvieron caminando línea recta, hablando de lo que fuese, temas sin relevancia que tanto le gustaban a los dos.
— Y entonces dicen que si…—interrumpió el planteamiento de Hinata para decirle.
— ¿No vamos a ir a ningún lugar?
— ¿No vamos a casa? —completó ella mirándole interesada.
— ¿A casa? ¿De nuevo cenar en casa?
— Acaso no te gusta —se sintió un poco ofendida.
— No he dicho eso, pero no se supone que íbamos a comer afuera hoy.
— Puedo preparar un excelente Ramen de Shoyu—ofreció Hinata el plato preferido de Naruto, este se quedó dudando por unos minutos mirando la calle.
— Eres bastante inteligente, Hinata-chan —usar el ramen para convencerlo. ¿Dónde se había vuelto tan ágil?
La noche se le fue rápido comiendo lo preparado por Hinata. Bromeaban y hasta jugaban con la comida, aunque tocar el plato de Naruto era pecado. La formalidad de antes se perdió por completo, la chaqueta y corbata de Naruto quedó tirada por algún lado de la sala, los tacones de ella se quedaron cerca del horno cuando empezó a cocinar los fideos.
El Sake hizo estragos y pronto se encontraban casi durmiendo en el mesón.
— Sabes que los occidentales… —se rió por un momento, dejando a Naruto a ascuas.
— ¿Qué?
— Ay… —Hinata pasó la mano por su rostro— Se me olvido.
— Seguramente era una mentira —apuntó Naruto.
— Claro que no.
— Claro que sí, ya sé que te gusta mentir a menudo —le apuntó con el dedo para luego empinarse un poco más de Sake.
— Eso es mentira —Hinata se levantó costosamente de la silla.
Pronto el silencio llenó la habitación. Sus miradas se encontraron y luego de unos segundos de mutismo las risas se dejaron escapar, ella acabó en los brazos de él que aun no entendía porque reían.
— ¿Por qué eres tan linda? —Inquirió Naruto riendo mientras besaba su cuello.
— ¿Mis padres me hicieron bien? —otro rato de risotadas y luego la parte de arriba del vestido de Hinata estaba desabrochada.
— Puede ser —besó el deceso de su pecho, acariciando su suave espalda.
— Vamos al cuarto —murmuró a su oído Hinata mientras acariciaba su cuello.
El trayecto hasta el cuarto fue movedizo, varios choques contra puertas y muchas risotadas, para al final el cuerpo de ella cayera en la cama precedido de Naruto que tomó posesión de sus labios.
— ¿Nada de períodos o sí? —preguntó desentendiendo por su clavícula.
— Está retrasado, típico —susurró riéndose, el aire le llenó los pulmones produciendo que se escuchara entrecortado.
— Y que siga así —concedió Naruto antes de besar uno de sus senos sobre el sostén.
Entre el placer y la borrachera, Hinata recordó que debía hacer cita con el ginecólogo.
A la próxima semana, tal vez
Bueno, bueno, bueno. Este sí que es el antepenúltimo capítulo de esta historia. Aj, la leo y no me siento conforme, pero estoy segura de que les gustara el final. Gracias por todos los comentarios que me han dejado y por sus buenos deseos. Los quiero mucho.
Estamos hablando, un abrazo gigante.
