Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto; yo sólo uso sus personajes para recrearme, no gano dinero por esto~.
Advertencias: Lenguaje Soez. Trolling (¿?). Penúltimo capítulo. El próximo inédito.
Mucho de qué hablar
Pocas palabras lograrían decirte lo mucho de lo que te quiero hablar
Se sentía más confundida que de costumbre, era como estar en el borde de un precipicio, cualquier paso podría cambiarlo todo. Lavó su cara con el agua que corría aún por el grifo. Aunque se sentía extrañamente feliz, sentía también miedo, como si una mano la agarrase por la garganta.
¿Qué haría ahora? ¿Cómo lo diría? ¿Sería todo enserio?
Seguramente era paranoia de su parte, debía estar estresada y por eso estaba pasando por esa etapa de su vida.
También podía ser que el encuentro con Sasuke en casa de los Namikaze le habían hecho revivir los momentos más incómodos de su vida, tal vez, era sólo eso; una simple suposición apresurada.
No tenía ni siquiera el valor de ir a una farmacia y comprarlo para verificar.
¿Y si era todo enserio?; ¿Si no sólo era producto de su mente, si en verdad estaba pasando de nuevo por todo eso?…
¿Cómo se lo diría a Naruto? ¿Acaso él estaría feliz?
Bajó la mirada para luego negar y seguir enjabonando su cara. Seguramente él lo negaría. No quería pensar mal de Namikaze pero tenía una vida por delante; era joven y rico. Su relación estaba mejor que nunca, pero eso no garantizaba nada. ¿ Y si a la final todo eso arruinaría lo que había logrado con él?
Aún no habían hablado de formalizar su relación, aunque parecían una pareja ya casada hace mucho tiempo. Todos en el edificio perjuraban que era así, hasta los habían apodado como el Matrimonio Joven.
¿Qué pasaría si Naruto le temiese a los compromisos? ¿Qué si quisiera huir de la responsabilidades?
Se sentó en el retrete, por un momento se había quedado sin aire. Quería llorar como una bebe, quería tirarse al suelo y simplemente desaparecer, o sólo abrir los ojos y que todo fuese un mal sueño.
Se apretó el pecho para que él no escuchase sus sollozos. Se sentía mal consigo misma, como si hubiese traicionado a Naruto, y a su vez estuviese negando algo que una vez hizo.
¿De nuevo cometería el mismo error?
Un dolor en el pecho le hizo casi caerse al suelo, no podía de nuevo lamentarse de por vida. Debía hablar con Namikaze, enserio. Debían tener una conversación seria. Esta vez como fuese, aunque fuese sola lo aceptaría. No se lo lamentaría.
Abrió la puerta del baño. Las persianas del cuarto estaban abiertas dejando entre pasar las luces de la ciudad en noche que se perdía por las calles y los elevados repletos de carros que se encaminaban a sus casas.
Naruto estaba sentado en la cama leyendo, levantó vagamente los ojos para verla y luego siguió con la lectura. Sin embargo pudo sentir la liviandad de su cuerpo cuando se sentó en el borde de la cama, con calma poco acostumbrada, parecía estar allá, en otro lado. No junto a él.
Cerró el libro y lo puso suavemente en la mesa de noche.
— ¿Te sientes bien? —acercó su cuerpo al de ella que parecía estar frío en los hombros descubiertos. Apoyó sus manos abiertas cerca de su cuello y le trató de mirar a la cara, no obstante, ella bajó la mirada dejando cubrir su rostro con su sedoso cabello negro.
Pasó sus dedos por el cabello de ella, colocando el mechón que tapaba su cara tras su oreja y trató de mirarle a la cara, aun así sólo pudo acariciar la piel de su mejilla.
— Yo… yo creo que estoy embarazada — susurró sin fuerzas.
La mano que aún acariciaba la oreja, cayó en el hombro de ella por la sorpresa. Naruto tuvo que tragar su perplejidad para permitirse mirarla. Sentía que el rostro se le tensaba y costaba tragar. Los ojos de ella se fueron a sus manos jugó un rato entre el silencio que se formó. Él se dio un tiempo, su mano pasó por la espalda de ella hasta caer en la cama, no podía creer lo que le había dicho.
Su cuerpo cayó desplomado a un lado con sus ojos mirando al techo blanco y los brazos sobre la cabeza, tratando de ordenar sus pensamientos.
— ¿Es-estás completamente segura? —fue lo único que pudo modular.
— Si, eso creo.
Hubo un largo silencio incomodo que rebotó por las paredes de la habitación, pronto los edificios se volvieron sombras y los carros chispas de luces. La espalda de Hinata pareció volverse distante y la mano de Naruto no podía alcanzarla.
— Tengo algo que decirte, además… —Naruto prestó atención a la voz de ella —, tal vez esto sea muy rápido, tal vez los dos tengamos miedo de lo que puede pasar después. Aun así, no pienso cometer el mismo error que la última vez…
— Lo sé —susurró Naruto — No lo vas a cometer.
Los ojos de Hinata, esta vez, miraron al rostro de Naruto, sorprendidos.
— No te lo permitiría —completo él. De nuevo el silencio ganó la partida. Ella no dejó de mirar el rostro pensativo de él. Se acostó a su lado, dando su mirada a la suya. Naruto no parecía si quiera disgustado, parpadeaba con tranquilidad, sus labios estaban distendidos. Los ojos azules de él le sonrieron a su lado, pasó su mano con delicadeza sobre sus ojos tratando de incitarla a que dejase de mirarlo. Cerró los ojos — Duerme ¿Sí?
—Oh —fue su respuesta, para seguirle mirando. No supo cuantos minutos estuvo así, con los dedos extendidos imaginando que agarraba su mano mientras se perdía en su rostro al techo, como su boca se movía mientras parecía orar sus pensamientos. Tenía el semblante tranquilo.
— ¿No tienes miedo? —balbuceó Hinata. La mirada de Naruto cayó en la de ella y le sonrió suave, sinceramente.
— ¿Miedo a qué? No tengo que temer nada en este momento, Hinata.
— ¿No quieres huir? —volvió a insistir, pero se sorprendió cuando sintió la mano de Naruto entrelazarse con sus dedos fríos, débiles por la presión.
— Cuando dije que te amaba lo dije enserio. Lo dije porque pensaba que serías de ahora en adelante mi camino —hubo un corto silencio en donde él acercó con cariño la cara de ella a su boca, mojando su frente— Eso implica, que no huiré de ti de nuevo. ¿Entendido?
— Sí —pudo sentir como sonrió en su pecho. — Pero si…
— Shhh —la calló con amabilidad— Duerme y no preguntes tanto. ¿Sí?
— Uhm —asintió acomodándose en su cuello — Buenas noches, Naruto-kun.
— Buenas noches, Hina-chan.
Bostezó y luego desparramó sus manos por el pecho de Naruto.
Escuchó la melodiosa risa de él y luego el cariño que normalmente le hacía en la punta de la nariz cuando despertaba. Sintió como el calor llegaba a sus mejillas y abrió los ojos sin remplazar la sonrisa de su cara.
— No quieres levantarte, ¿Eh? —dijo muy cerca de su cuello, provocando risas por cosquilla. Estuvieron así largo tiempo, hasta que los dos abrieron los ojos para verse. También duraron largo rato observándose.
— Me hubiese gustado que fuese así desde el principio — Hinata parpadeó en el reflejo de los ojos de Naruto. La mano que se alzó y atajo un largo mechón que le acariciaba la mejilla hizo sonreír a Hinata.
— A mi también, pero por lo menos ahora lo estamos disfrutando. ¿No? —dijo la voz grave del pecho de él.
— Mucho —y una larga sonrisa adornó su rostro.
— Me gusta que sonrías, Hinata. —confesó él dejándola sorprendida — No vuelvas a poner esa cara seria, la de anoche.
— Yo…—el sonrojó la hizo ver aun más adorable.
— ¿Me lo prometes?
— Yo… —ella besó su mejilla temblando de sentimientos — No lo volveré a hacer.
Se quedaron otros minutos en la cama abrazados. La frazada cubría sus cuerpos, pero lo que hacía sentir cálida a Hinata eran las manos de él que se juntaba en su espalda, extendidas y acariciando bajo su ropa, la piel desnuda.
— Hoy pienso ir al doctor, creo que es más conveniente de esa manera —hundió su nariz en el pecho de él — No creo que tenga el valor de hacerme la prueba yo misma.
— Aunque suene ridículo… —sus dedos masajearon sus cabellos — No estás sola.
Esta vez pareció no sorprenderse, sólo alzó su mirada con el sonrojo en sus mejillas y la sonrisa tatuada al rostro.
— Yo sé que puedo contar con Naruto-kun.
La mañana paso rápida y sin pormenores. Comieron como normalmente preparaba Hinata; Ramen, y luego cada quien se alistó por su lado, aunque Naruto insistía en ayudar a Hinata a vestirse.
— Regresare temprano para hacer la cena ¿Sí? —comentó ella mientras se dedicaba a revisar su cartera.
— Oh —Fue la respuesta de él mientras se arreglaba la corbata, sintió las manos suaves de ella que apretaban con fuerza la tela para arreglarla y luego sonreír.
— Nos vemos luego.
— Ten cuidado ¿Eh? —le escuchó decir muy por lo bajo cuando iba saliendo de la habitación.
El día estaba soleado, sin nubes, aun así el invierno no se había despedido de Tokio. Cerró su abrigo hasta el cuello y caminó con los brazos entrelazados hacia la parada del metro.
La brisa soplaba en los árboles sin hojas, los niños corrían por la calle a sus escuelas y cuando oía sus risas desparramarse por la calle sentía un leve pellizco de felicidad. Ahora no tenía miedo, estaba convencida de enfrentarse a lo que sea, porque él estaría a su lado, lo había prometido.
Sonrió al mismo tiempo que se sonrojaba, se agarró del pasamanos de la escalera eléctrica.
El recorrido fue corto —después de todo el metro la dejaba prácticamente al frente de la zona medica—. Sólo tuvo que caminar dos cuadras para llegar al Hospital. Habló con la recepcionista sobre la cita y se sentó a esperar con varias mujeres y sus grandes barrigas.
Sentía la mirada interesada de su vecina, que sonreía cada vez que ella volteaba.
— ¿Tu primera vez? —preguntó tratando de ser amistosa.
— Ehm… digamos que sí.
— Este es mi quinto —Puntualizó acariciando la barriga — Ya tiene siete meses. Pronto.
— ¡Uh! —Hinata sonrió sintiéndose parte de "algo"— Felicitaciones.
— ¿Y tú?
— Yo… aún no lo sé. —Sonrió de nuevo, pero luego miró a su vientre. Se sentía tan raro pensar que un bebe podía estar creciendo allí.
— El padre debe estar emocionado. ¿No? —siguió insistiendo.
— Se lo ha tomado mejor que yo —fue sincera.
— Así siempre es, ellos siente que dejan su semilla, que han cumplido su objetivo —río agradablemente — Nosotras somos más simples, los parimos y los queremos.
Hinata río. Pronto la voz de la enfermera llamó a su vecina y esta se despidió atentamente.
Decidió leer una revista mientras tanto, habían muchas que hablaban de bebes, otras hablaban de cómo dar leche que no fuese materna. Los primeros pasos, cosas curiosas de los biberones, enfermedades a los siete meses de nacidos.
— ¿Hinata Hyuuga? —preguntó en voz alta la enfermera haciendo casi saltar a Hinata. Esta se levantó rápidamente y la siguió.
Pronto se quedó a solas con el doctor, entrelazó sus dedos preocupada.
— ¿Hyuuga Hinata? —preguntó leyendo los datos del paciente.
— Sí.
— ¿Que la trae aquí? —una de sus manos se poso en su mentón.
— Pues, la verdad últimamente me he sentido muy extraña, he tenido migraña constante y un retraso ya de más de un mes, cuando soy normalmente de ciclo regular.
— Ya veo —el hombre anotó los síntomas — ¿Algo más?
— Un poco mareada. Nada más —apuntó mirando el bolígrafo del médico.
— Me imagino cual es su preocupación para acudir a obstetra, aun así tengo primero que mandarle a hacer unos exámenes de sangre para verificar. ¿Bien?
—Excelente —sonrió Hinata recibiendo el vale del médico.
Naruto tamborileó el lapicero en la mesa y miró preocupado hacía la ventana panorámica. ¿Hinata ya abría llegado al médico? Seguramente sí, no quedaba tan lejos de casa.
Pasó rápidamente sus manos por el cabello. Debía ocurrírsele algo, podía sorprenderla cuando llegase a casa. ¿Pero con qué? Él no era el tipo de hombre que reclamase la atención de una mujer.
Claro, las cosas estaban empezando a cambiar en su vida. " ¡Vamos bastante rápido, Naruto!", pensó, aunque muy en el fondo no se sentía en sí "apurado".
Rascó su mentón pensativo y se le ocurrió de marcar a Shikamaru.
— Ven de inmediato —demandó en voz fuerte. Tal vez él tuviese una mejor idea.
Entró casi corriendo a la oficina, y tuvo que tomarse un respiro para poder decir una palabra.
— ¿Sí, Naruto?
— Te tengo que hacer una pregunta —lo invitó a sentarse.
— Dígame —objetó el pelinegro interesado.
— Le ha pasado algo extraño a un amigo; su novia está embarazada… —Shikamaru arqueó una ceja — Él me ha pedido ayuda para sorprenderla, pero la verdad no se me ocurre nada. ¿Tú qué piensas?
— ¿Qué dirá su familia si se entera que está embarazada antes de casarse? —aplicó el pelinegro suspirando — Que problemático.
— Eso no importa. No es el punto. ¿No se te ocurre nada?
— Por qué no la saca a pasear y compran juntos ropa para bebe. Es una manera de decirle que lo acepta, ¿No? —se levantó suspirando de nuevo — Por eso es problemático, gastar dinero y aguantarse a la tía.
— Buena idea Shikamaru —lo interrumpió Naruto indicándolo — Eso haré, digo… eso hará. Quédate a cargo, tengo una cosa importante que resolver.
Sólo pudo ver la sombra de Naruto desaparecer tras la puerta, bastante sospechoso su comentario, su huida rápida y también el "primera persona". Ahj.
— Que problemático quedarse a cargo.
— Gracias — susurró Hinata cuando la doctora le dio los resultados en su mano.
— Puede subir ahora mismo para que el doctor los verifiqué.
— Gracias —se aproximó a los ascensores y mientras esperaba se dedicó a mirar el sobre. Ahora que lo pensaba no era tan malo pensar que estaba embarazada, después de todo, esas mujeres todas estaban felices por el nacimiento de sus hijos, se veían ilusionadas. ¿Por qué no podía estarlo también?
— La ropa para niños de temporada invierno es bastante linda, tenemos todos los modelos. Para las niñas hay vestidos de lana muy lindos y gorritos también. ¿Para qué edad está buscando? ¿Es niña o niño?
— Sólo busque de los dos, para bebe —objetó Naruto rápidamente mirando a todos lados. No sería conveniente que Kushina lo viese en un lugar de esos, ella era una adicta de compras al igual que Suiki, no le extrañaría verla por esos lares.
— Bien… ¿de qué estación? —sonrió la mujer algo extrañada.
— Todas, todas está bien —apresuró.
— ¿Qué busca exactamente: zapatos, ropa, gorros, bolsos, medías?
— Todo lo que utilicen los bebes ¿Vale?
La mujer lo miró confundida.
— Bien.
Pronto había diez bolsas grandes frente a él.
— Son 7.000.000 Yens. ¿Seguro se lo lleva todo? —preguntó de nuevo la chica dudosamente.
— Perfecto —sacó la tarjeta de crédito rápidamente.
— ¡Que padre tan desprendido! Esos nenes deben ser unos consentidos —acotó la otra vendedora, una más veterana.
Naruto sonrió quedamente para luego agarrar las bolsas y despidiéndose con un gesto en el rostro, corrió fuera de la tienda tanteando una escalera mecánica.
— Que comprador más raro, ¿No, Naoko?
— Que importa, nadie había comprado tanto desde que se abrió la tienda —alzó su dedo gordo — Bien hecho, Suzuna.
Hinata parpadeó perpleja a lo que le decía el doctor.
— Si, sin duda sólo ha sido un retraso. No hay nada reflejado en el examen, usted está perfecta, sólo ha sido una falsa alarma —el doctor rió.
Hinata se quedó pensativa, no sabía porque pero no sentía felicidad de esa noticia, más bien, quería comenzar a llorar de la decepción.
— ¿Senorita Hyuuga? ¿Usted acaso estaba deseando el embarazo…? —la pregunta no se concluyó por parte del doctor.
— No, ha sido todo un gran alivio.
— Oh —le entregó los papeles — Eso sí, revísese ese retraso con un ginecólogo, si su ciclo es normal.
— Gracias —dio una corta reverencia y salió del consultorio con el corazón aun doliéndole.
Naruto abrió la puerta del apartamento y lo primero que pudo ver fue a Hinata sentada en el sofá, viendo la televisión. Su expresión ausente le hizo fruncir el cejo. Traía puesta una de sus camisas y comía helado como si la vida se le fuese en eso, ni siquiera se dignó en voltear a darle la bienvenida.
Dejó las bolsas a un lado y se acercó a la sala.
— ¿Hola? —comentó en tono osco.
Ella subió la mirada cansada a él.
— Llegaste…
— Oh. ¿Por qué esa cara larga? —suspiró— ¿Te dijo algo el médico?
— ¡Oh! Olvide hacer la cena —se levantó del sofá casi de un salto y se encomendó a la cocina.
— ¿Me estás evadiendo?
— ¿Qué deseas comer? ¿Ramen o Miso? —replicó ella sacando una olla.
— ¡Hinata! —demandó su atención. Su voz sonaba estrangulada — ¿Paso algo?
La mirada de ella bajó un poco, sin embargo siguió moviéndose en la cocina como si aquel tono preocupado de Naruto no le hiciera doler aún más el cuerpo.
— Hare sopa de miso para variar.
Los pasos de él a su frente la hicieron temblar, sin embargo, siguió colocando los vegetales encurtidos que compró en el supermercado.
— Cuéntame, por favor.
La mirada de él, cayó en la de ella. Sintió que el corazón se le empequeñecía.
— Sólo fue una falsa alarma —rió. Aun así el nudo de la garganta casi ni la dejaba respirar, una lagrima se resbaló por su cara — No sé porque estoy tan emotiva —se limpió la cara y siguió en los vegetales encurtidos.
— Lo siento, Hinata. —Naruto también bajó la mirada. Después de todo ya había planeado hasta decirles a Kushina y Minato. Estaba seguro que lo tomarian de la mejor manera posible, siempre habían deseado un nieto. Incluso había pensado en cómo decirle a Suiki.
El silencio hizo escuchar el sollozó de Hinata. Levantó la mirada y pudo ver como sus nudillos blancos de la fuerza se apretaban contra la mesa. Su cabeza era un títere sin sentimientos, sólo se escuchaba su sollozo pero su cara era cubierta por su cabello.
También sintió el mismo nudo en su garganta.
Pronto sus manos rodearon su cuerpo y se amarró al pecho de Naruto a llorar tibiamente, mientras le abrazaba.
— Tranquila, todo está bien —acarició sus cabellos.
Pronto estuvieron en el sofá, muy juntos, donde Hinata descubrió las bolsas de ropa que la hicieron llorar aun más.
— Mi-mira q-ue liu-ndo e-e-el vesti-do-do Na-naruto —susurraba llena de lágrimas hasta los labios.
— ¿No vas a parar de llorar? —sonrió tratándole de limpiarle las lagrimas — Tenemos aun mucho tiempo para seguir intentando, Hinata.
Sus ojos llenos de humedad se le quedaron viendo sorprendidos. Él le sonrió tranquilo. Naruto estaba de buen humor. Le parecía adorable que ella tuviese tantas ganas de tener un hijo suyo. Una parte de si se sentía estrangulada de amor. Suspiró agrandándosele la sonrisa.
— Algún día nuestra relación será… más formal. En ese tiempo, tendrás una docena si quieres.
— ¿Do-do-docena? —exclamó preocupada ella, mientras él reía.
— Doce, veinte, cuantos sean.
Pronto ella cayó en cuenta.
— ¿Más formal? ¿A qué te refieres? —murmuró molesta — ¿Ya no estamos bastante formalizados?
— Bueno —una sonrisa socarrona apareció en su rostro. Se acercó peligrosamente hacia su rostro con la voz ronca. — Yo hablaba de cuando sentemos cabeza, pero si quieres empezar a buscar a un descendiente desde ahorita, yo no tengo problemas.
— ¡Pervertido! — susurró ella riendo mientras tapaba su pecho con sus manos.
— Sabes que te encanta —opinó cuando le daba un juguetón empuje hacia el sofá y trepaba por encima de ella.
— ¿Es-es en-enserio? —se sonrojó toda de sólo pensarlo.
— Oh vamos, te comportas como un nenita —besó su cuello— Me gusta más la Hinata borracha, es mucho más atrevida. Hace cosas que jamás pensé que harías — Le picó el ojo. Su cara se puso roja como un tomate, rió y besó sus labios — Bien, hoy te daré dos hijos Hinata Hyuuga.
— ¡No digas ese tipo de cosas Naruto! ¡Es vergonzoso! —se sonrojó aun más cuando él carcajeó mientras besaba su clavícula.
Bueno sí amigos. Hasta aquí estaba publicado mi fic en Foro NaruHina, aquí lo había dejado inconcluso en el 2011. Al fin, podre reivindicarme y publicar el mentando final. Tal vez lo haga la próxima semana (si me dejan muchos mensajes) y si me apuro para pasarle una nuevo corregida. El próximo capitulo inédito; es más largo y contendrá muchas cosas que "faltaban" para el crecimiento de Hinata y la concertación de esta pareja. Jumjumjum. No diré nada. Espero que les haya gustado y que hayan disfrutado de este fic tanto como yo.
Especiales agradecimientos a: Meme-chan, Liseth tkm, cononin, Lilipili, Hikari to Seimei, Chamoos y C3siah.
Agregando únicamente que si son fans de MinaKushi los invito a pasarse a mi nuevo short-fic: Mi novia es una Yankee. Y a mis otros fics que siempre digo que se pasen y ya deben requeteconocerlo por mi tanto fastidio El novio y la Dama de Honor y No soy tu fan.
Un beso, Hinaluna.
