Advertencias: último capítulo/ Lanzar tomates/ Lemon / Trolling / Final abierto (¿? Nah, mentira, no sé).
Disclaimer: Estos personajes pertenecen al manga Naruto.
Estás sean, tal vez, las advertencias más raras que he dado en toda mi vida porque simplemente no se que esperar del ÚLTIMO CAPITULO. Este fic, y exactamente hoy 24 de agosto; se cierra un ciclo para mí; mi primer fanfic publicado completamente. COM-PLE-TO (aunque falte el epilogo). Una obra que empece, deje y volví a empezar para que al final saliese esto. No se si logre pactar sus expectativas; espero que simplemente disfruten tanto como yo disfrute escribirlo.
Quisiera dar muchos agradecimientos; a todos mis lectores, a todos aquellos que invirtieron un poquito de su tiempo en comentar ya sea aquí en Fanfiction o allá en Foro NaruHina (donde empeze la obra). Simplemente, muchísimas gracias por siempre estar allí. Siento que esta sea una especie de despedida; al menos para esta historia, pero de seguro me encontrare con ustedes en alguna otra. Espero también poder llegar a este punto con el resto de mis fics; y verles hechos y hermosos, terminados (como dios manda).
Sin más que agregar un abrazo especial a: Meme-chan; Pepino-chan; Chamoos y FabianMTJ que siempre estuvieron apoyándome de alguna u otra manera para terminar este fic; sea con sus comentarios desde Foro NaruHina, hasta su siempre lectura. Muchísimas gracias.
Sin más…
EL FORNICADOR
La mansión Taiyou to Tsuki
"Espacios en la memoria que tienen presencia física, allí acudo a recordarlo todo"
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"¿Cuántos errores uno comete en la vida? ¿Cuántos arrepentimientos que no valieron de nada, no? A veces, siento que las mejores decisiones de mi vida fueron exactamente mis peores errores"
Respondieron de inmediato: "¿Tú crees, Hina-chan?"
"Estoy segurísima. Me arrepiento de "todo" en mi vida. No hay nada que pueda decir que fue completamente feliz. Por eso, necesitaba esto, irme un rato"
Leyó: "¿Qué hay de Naruto? ¿Qué se supone que le diga?"
"No sé. Si fuese por él jamás podría estar aquí, no aprueba este tipo de comportamientos. Pero, no puedo detenerme, tengo que hacerlo, aún si él me odia por refrescar viejas heridas"
"Estoy segura de que no le gustara para nada. Ya me mando un mensaje preguntando dónde estabas. No le agrado para nada llegar del viaje de negocio y no conseguirte en casa. ¿Todo va bien entre ustedes?" Escribieron.
"En una relación de pareja jamás todo va bien. Tenemos nuestros altibajos, tenlo por seguro que este es uno de ellos. Pero él tiene que entender, me estoy sofocando, no puedo seguir negándolo. Le estoy realmente agradecida por todo lo que ha hecho por mí, por todo lo que hemos vivido juntos… Naruto, es una persona muy especial para mí, ¿Lo sabes?"
Hubo un minuto donde nadie escribió: "Claro. Eso creo."
"Pero no puedo fingir que nada pasa. Eso no es justo. Ni para mí, ni para él. Tenía que hacerlo. Perder una oportunidad como esta sería una gran tontería. Espero que pueda entenderme, sino, no sé qué hare. Estoy muy confundida, por eso quiero verme con él"
"Creo que debiste hablar primero con Naruto. Hubiese sido lo más honesto, pero yo no me meto en esos líos. Es tu decisión, Hinata. Pero puedes estar tirando por borda absolutamente todo lo que has construido con esfuerzo. Una relación como la que tienen ustedes dos no se consigue en cualquier esquina, mucho menos todo lo que te costo para convencer a Naruto a comprometerse hasta el punto en que está contigo. ¿No te has puesto a pensar que una decepción para él puede costarle mucho? ¿No te has puesto a pensar que una decepción puede ser el final de la relación?" Escribió atropelladamente.
Hinata dudó por un minuto y hundió el rostro en la cama. Desprendía el olor a colonia de sándalo. Por eso no quería hablar con nadie, porque pensar en ese tipo de cosas le ponía nerviosa.
"Lo sé" Contestó seca.
"Bueno, si sabes las consecuencias, entonces, no tengo que decirte nada más. Eso sí, para la próxima vez (si hay próxima vez), trata de hablar como una adulta y deja de ser tan visceral. Una relación de pareja se basa en la compresión mutua y en la confianza. ¿Cómo se supone que confíe Naruto en ti si te desapareces cuando está en París? Digamos pues, que en una situación hipotética, Sai tenga una conferencia en China y cuando regrese encuentre que su esposa se haya ido a no sabe dónde. ¿Qué pensara Sai de mí? Lo obvio, se harto de mí y me está engañando. Yo puedo meter la excusa de fui a visitar a mi madre… ¿Pero tú que carrizo le vas a decir? Simplemente le vas a decir la verdad… ¿No? Entonces… ¿Por qué no hablaste con él desde un principio? Nunca he visto a Naruto como un hombre de las cavernas, por más machista que pueda lograr ser"
Como odiaba a Ino. Quería mandarla a la mierda.
"Estas usando comparaciones que no tienen justificación alguna, ni relación. Primero que nada tu y Sai son marido y mujer. Muy distinta es la dinámica entre una pareja casada".
Ino contestó rápidamente: "Mentira. Si tú te enterases que Naruto concreto una cita con una mujer a la cual no conoces y que tiene que ver sobre un tema escabroso entre los dos, seguro tú te sentirías muy decepcionada. Harías un gran drama"
Estaba a punto de escribirle todo lo contrario, cuando Ino volvió a enviar:
"Espera. Me llama Suiki. Le voy a decir donde estas. No se dé más"
"No lo hagas, Ino" Los dedos de Hinata dolieron al escribir eso. Su respiración se aceleró. El cuarto estaba iluminado a medias. Las cortinas matizaban la luz invernal que entraba por la ventana. Las lámparas de mesa tenían un caliente bombillo amarillo que daba sensación de calor cerca de su cabeza. Tragó gordo. Ino no contestaba. Esa maldita. ¿Cómo podía traicionarla de esa manera? ¡Ella sabía muy bien todo!
"¿Ino? ¿Lo hiciste? ¿Ino?" Mandó varias veces.
"Listo" Apareció luego de diez minutos. Ya estaba enrollada en la manta a punto del llanto cuando llegó. No pudo contestar en ese mismo momento porque rompió a llorar. No quería eso. No quería que Naruto supiese donde estaba. No quería que nadie supiese. Odiaba a Ino con toda su alma. Hundió su celular contra su pecho y siguió ahogándose en el llanto. Ella sabía todos los problemas que ocasionarían lo que estaba haciendo, pero debía hacerlo o si no se arrepentiría. Naruto no le entendía, creía que todo era esa morbosidad que siempre había tenido. ¡Pero, se equivocaba! Era una forma de pedir y dar perdón.
El celular comenzó a vibrar en su pecho. Lo acercó a su cara, iluminando su rostro empapado de lágrimas y mucosidad. Era Suiki. Es decir, Naruto se había molestado. Ni siquiera había tenido el valor de llamarle, no le había querido hablar. Claro, lo entendía. Él ya le había dicho que no pensaba pasar de nuevo por eso, que si estaba dispuesta a hundirse en esos temas que lo hiciera sola. Era tan egoísta. "No pienso oír más del tema. Queda fuera de discusión. Si quieres morirte por eso, entonces, empaca tus cosas y vete a un lugar donde no me entere que te estás muriendo" Eso fue lo último que escuchó decir antes de irse a París.
Le había llenado de tanta furia que ese día decidió dormir en el sofá. Estaba segura de que si escuchaba si quiera el silbido de su respiración cogería un enojo tan grande que podía golpearlo. Nunca se había sentido tan decepcionada de él. Y aun así sentía miedo. No quería pensar que realmente él no quisiera saber más de ella. No quería volver a aquellos días en donde ella le era totalmente indiferente. Y, por sobre todas las cosas, no quería que la viera de esa manera que la vio antes de irse: Frío y distante.
Mandó la llamada a la mierda y se quedó mirando el techo. Claro, las relaciones no son perfectas. ¿Pero este era un punto de quiebre? ¿Este era el final? De verdad… ¿Él jamás la buscaría? ¿Qué lo motivaba a comportarse así? De nuevo, la llamada de Suiki. Si no era él quien la llamara, no pensaba contestar. Si tenía que hablar con alguien era con él, le pediría perdón por haberse ido mientras él estaba ausente. Le diría la verdad, que todo había sido motivado por su comportamiento, pero que a fin de cuentas se encontraba arrepentida de no haberle dicho absolutamente nada. Pero haría eso si la llamaba, si le pedía una explicación, si escuchaba en su voz preocupación. Si en realidad se había resignado a no buscarle más, entonces, estaría bien. No le importaba. Si él había escogido esa decisión es que sus sentimientos, a fin de cuentas, habían sido muy débiles. Claro, lloraba era por el chasco que se había echado con él. No lloraba por él.
Después de todo si no cree que mi excusa es suficiente o si desea que siga mi vida en otro lado, no puedo hacer nada para contradecirle. Cuando a él se le mete algo entre ceja y ceja lo hace posible. Por eso no estoy triste. Es lo correcto para mí… ¿No?
Y allí venía el llanto de nuevo. Le dolía el pecho y la garganta. Una parte de ella no quería pensar que todo podía terminar. ¿Qué pasaba con todas las palabras compartidas? ¿Con las promesas que se rompieron y volvieron a reanudar? Habían tenido muchos problemas… ¿Por qué hoy en día, una tontería hacía una gran calamidad? Tenía la nariz complemente tapada y el estomago hambriento, sin embargo, no tenía ganas de levantarse de la cama. Prefería dormirse ya y olvidarse de todo el dolor que le producía el imaginarse el rostro de Naruto molesto e indiferente por el tema de conversación. Fue tan fuerte la pelea que tuvieron que él empacó las cosas a solas; ella solo veía su espalda desde el pasillo, como movía sus brazos para doblar las camisas, sin siquiera inmutarse o dar una mirada hacia su figura. En todo el tiempo que estuvo ordenando no le miro, ni dudo en hacerlo. Aún cuando cerró la maleta y la colocó apoyada a la puerta, las miradas que cruzaron fueron tan rápidas y sin intensión que la hicieron sentirse más sola que nunca. Solo podía pensar en Sasuke; en que toda esta situación se asemejaba tanto a aquella; no porque en sí los hechos fuese parecidos, si no porque el nivel de quiebre y molestia en la relación era exactamente igual. ¿Podrían sobrevivir de nuevo a aquello? ¿A la nada? No quería volver a ese punto, sin embargo, Naruto la llevaba a el irremediablemente. Cuando estuvo vestido, vio la hora detenido en el pasillo, tomó la maleta y mientras caminaba destino a la puerta; solo pudo escuchar en su voz el débil murmuro de:
— Regreso el próximo sábado.
Hinata no tuvo palabras para contestarle, le quería decir tantas cosas, sin embargo, no se atrevió a decirle nada porque sus ojos le huyeron en todo momento, ni siquiera cuando susurró un lánguido adiós la miro al rostro. Por un principio pensó que se había comportado de aquella manera porque se sentía apenado por la forma en que había actuado, Naruto no solía gritarle, tampoco solían pelear de aquella manera; pero luego se fue formando la idea de que tal vez no la vio porque simplemente no tenía ganas de verle, no podía enfrentar su rostro sin sentir una rabia incontrolable, tal cual como ella le había pasado la anterior noche. No lo culparía si hubiese tenido, al menos, una coartada entendible, pero no había nada, él lo prohibía porque podía, porque se sentía dueño de ella. Porque creía que después de todos sus sacrificios tenía el derecho de gobernar sobre sus sentimientos y sus decisiones. Hubiese querido tener aquella mente, la que tenía antes de conocerlo, y mandarlo a la mierda, quería no soportar su machismo y darse cuenta de que al casarse iba a acrecentar la situación, pero otra parte no quería dejar todo lo que habían construido, ese reducto de hogar que aún mantenía el estilo de un apartamento de soltero se había convertido en su preciado recuerdo; no era la comodidad de tener un apartamento y vivir bajo el techo de un hombre que la mantenía, iba más allá de una forma tan simple de concretar un tema tan complejo. Ese era su hogar, vivir lejos de allí le causaría dolor. Ya sentía pertenecer a ese sitio, junto con él, y mientras pensaba en tales cosas se venían a su mente todos los buenos momentos que habían pasado antes de la crisis. Hubiese deseado poder sentarse a hablar como adultos y decirle con voz tierna porque lo hacía, porque debía tener ese tipo de comportamiento. Pudo haberle convencido, pudo haberse callado cuando se molesto y luego explicarle con mayor fervor lo que deseaba. Ella se dio por vencida porque en el fondo una parte pesimista sabía que todo iba a fracasar, no solo su plan de persuadirle; si no también su relación.
Se quedó allí tendida en la cama, las piernas le titiritaban del frío. Estaban en pleno invierno y la nevada golpeaba la ventana con lentitud, se apiñaba todo el contenido en el marco exterior de sus paños. Aún cuando las cortinas estaban cerradas, se movían levemente por la brisa que se colaba por las ranuras de la ventana. Todo estaba blanco en Yamashima. El invierno en Kioto es muy alba y frío, siempre había querido regresar a aquella ciudad casada, en su luna de miel, o tal vez con un par de hijos. Quería pasear por Meiji agarrada de la mano de Naruto, ir a pedir las buenas nuevas al templo Kinkakuji, llevar a los niños al Gion Corner, al castillo Nijo y por último pasearse un rato a la mansión Taiyou to Tsuki. Poder susurrarles al oído las historias de su infancia, mostrarle los pasillos por donde correteaba, el sitio donde papá tomaba el té, la salita de tejer de mamá y el jardín central, quedarse allí un minuto como si aún viviese en ese lugar. Tal vez le gustaría tener ese grano de Kioto en su corazón, por siempre para ella y para sus queridos.
Se fue quedando adormilada hasta que el sonido de la tormenta la despertó. Se levantó de la cama y asomó su cara por entre las cortinas, la nieve caía con golpes sordos contra el vidrio, una brisa fría entraba insistente por esa zona. Corrió a cubrirse con la manta y se quedó en el resplandor que producía la luz de la nieve sobre su cama, las paredes permanecían a oscuras. Poco a poco el ambiente le torno más depresiva y el llanto retornó aún más fuerte, pensar en todos aquellos sitios de la Kioto de su infancia la hicieron nostálgica. Quería tener a Naruto a su lado, quería abrazarle y decirle que tenía miedo de la tormenta, quería arrumarse en su cuello y sentir su respiración cálida bajo su cabello. Quería poder tener hijos con él para llevarlos al Gion Corner y explicarse sobre los bailes típicos y sobre todo quería poder tomar un té y explicarle la importancia que tenía Taiyou to Tsuki en el corazón de la familia Hyuuga, quería que él conociera esa parte de su pasado, aquella que aún conservaba con recelo, que tanto resentimiento le había causado por todo ese tiempo y que aún anhelaba mantener viva para poder mostrarle. Por sobre todas las cosas deseaba verle y decirle: Esta era mi casa, esa era mi habitación, aquí practicábamos Karate, aprendí a hacer la ceremonia del té a los siete, todo este salón estaba lleno de ikebanas y bonsáis ¿Te lo imaginas? ¿A qué no? Por favor, Naruto, vivamos de vez en cuando aquí, quedemos cuando podamos aquí. Quisiera poder vivir en un lugar así contigo, también quisiera que podamos llevarnos bien con papá y con mi hermana. Quiero que seamos una familia unida como lo somos hoy con los Namikaze. También me gustaría algún día abrirle la puerta a Kushina-san y a Minato-san y servirles un buen té de jazmín. Quiero ofrecerte mi casa como si fuera la tuya.
Esa era la sincera Hinata. Esa es la que debió hablar con él aquella noche. Sonó el despertador. Para no tener que pensar más en esas cosas, se levantó como un resorte, abrió el bolso de mano que estaba al lado de la mesita, sacó un abrigado sueter de lana, unos bluejeans oscuros, botas hasta las rodillas. Se los colocó rápidamente sin dejar paso a sentir frío y luego se montó la chaqueta negra por encima de todo; anudó una bufanda y para no peinarse el cabello lo amarró en cebolla, decoró sus orejas con unos grandes aretes dorados. Tenía ojeras pero no las quiso tapar. Tomó sus pertenencias las vació en la cartera: los papeles, la chequera y muy importante: el pasaporte. Sin verse dos veces en el espejo, salió.
Como pensaba el día estaba tan frío que tuvo que subir la bufanda hasta su nariz, respirar el aire le hacía doler los pulmones. Desde el hotel hasta la casa había, más o menos, unas quince cuadras, pero hacía el café de encuentro solo cinco. Metió las manos en los bolsillos de la chaqueta y fue caminando a paso rápido por la acera de la derecha. Era de mañana, pero el movimiento de personas era abundante, la mayoría barría las entradas de sus hogares y saludaban cuando pasabas muy cerca de ellos. Divisó el café por el cálido humo que desprendía su fachada, los vidrios estaba húmedos de calor y olor, nadie estaba en las mesas de la calle, más había gran cantidad de personas dentro tomando lo que parecía ser más que café, chocolate caliente. Pudo divisar a su cita en la puerta de entrada, apoyando su cuerpo contra el vidrio, no lo conocía, más adivino que fuese él por el pin que decía su nombre en el pecho. Lo saludó amistosamente desde lejos y cuando se acercaron dio una gran reverencia. El hombre le imitó. Era simpático, algo seco. Decidieron ir al lugar inmediatamente; mientras caminaban él iba explicando las ventajas de la zona, la ubicación del colegio público, la biblioteca, la zona turística, laboral, las paradas de autobuses, así como la estación de tren. Avisó por un comentario que el aeropuerto estaba cerrado por la tormenta invernal. Hinata no hizo mucha entonación en ese tema y siguieron hablando sobre la zona, el tren bala era un excelente transporte hacía Tokio, muy eficaz, también indicó que la comida y el trato en Kioto era mejor que en la capital, cosa que Hinata dudó, más quiso seguirle la corriente.
Taiyou to Tsuki se encuentra en una calle solitaria que se conecta con el casco central. Un muro muy humilde, paredes blancas con rodapiés de piedra, una puerta de madera con bisagras de hierro forjado. Ya la madera se estaba empezando a podrir pero mantenía su encanto gracias a la inclinación de las columnas de la entrada y el simpático techo de terminales puntiagudos revestido con tejas verde oscuro. Era una entrada poco suntuosa para lo que guarda en su interior. Al entrar lo primero que estaba era un alargado jardín de caminos rectos que llevaba derecho hacía un puente arqueado de madera. Su forma de arco estaba soportada por dos importantes pilones de terminales esféricas doradas y los primeros escalones cortos, luego venía la pronunciada curvatura que te llevaba al otro lado del riachuelo. Bajo el puente pasaba un río artificial que alguna vez estuve lleno de peces kois, pero, que hoy en día solo era una sipa verdosa con gran cantidad de hiedra y alguno que otro loto que sobrevivía entre la asquerosidad. A los lados, colindando con los muros, se levantan unos deshojados cerezos que en la primavera vestían a todo el jardín. También habían arboles de manzanos que se encontraban más cercanos a la casa y uno que otro ucaro negro. El resto de los arbustos, no menos hermosos, pasaban desapercibidos entre los pozos de agua, los caminillos hacia partes más alejadas del jardín y el templo; este se encontraba a unos cuantos metros desviado del camino principal. Tenía las puertas cerradas y ya algo envejecidas, aún colgaban de su techo los amuletos para la buena suerte y la podrida cuerda para la campana. Las tejas estaban negras y rotas, una viscosa agua se deslizaba desde la punta más alta del techo hasta los picos y caía como una gota formando un charco pantanoso a un lado de las escaleras.
La casa era tan compleja y grande como la recordaba. Lo primero que se veía desde allí eran los escalones de la entrada que desembocaban a un pasillo de madera techado. Las puertas de bambú estaban semi-abiertas, algo desencajadas por el azar de los días, las paredes se corroían. El pasillo iba conectado las distintas alas de la casa, antes de entrar recorrieron el lateral de la mansión que daba hacia una laguna artificial donde se asomaba un puente para pescar y un gran samán. La sala del té tenía las puertas abiertas, aún se conservaba el tatami, más el mobiliario ya había desaparecido, la habitación estaba separada del resto por puertas de papel de arroz. La sala de té quedaba al lado del salón de lectura, que a su vez quedaba cerca del recibidor. Todo ese pasillo conducía hacia la cocina y cerca de esta en una sala mucho más grande estaba el comedor, este abría sus puertas de nuevo al pasillo de madera, a los lados del comedor una de las habitaciones era la del descanso donde habían en su antigüedad instrumentos y una gran vista hacia el lago. Del otro lado estaba la batería de cuartos que era precedida unos de otros y separados por puertas de papel de arroz, conectados también por el pasillo exterior, este se bifurcaba hacia el dojo que era un pentágono de puertas de papel de arroz que se conectaba con una pequeña zona boscosa, este a su vez se conectaba con una pequeña casita por unos rodapiés de piedra que se hundía entre el bosque y que tenía todo lo necesario para vivir, un cuarto acogedor, una pequeña cocina y una salita de té y libros, hacia el otro lado se encontraba otra batería de cuartos para los invitados que se complementaba con una sala de té rural con tatamis y la biblioteca, este lado de la casa se llenaba por el arce que en el otoño lo hacía un lugar realmente agradable. Los arboles se mantenían en buen estado, aún cuando en frío y la nieve los había vuelto unas cadavéricas figuras blancas, sin embargo muchas de las puertas estaban rotas o desencajadas, el papel de arroz comenzaba a desvanecerse, los parabanes habían perdido el color de sus pinturas y los animales que antes habían habitado en ese reducido paraíso no habían vuelto más, solo quedaba la dejadez de un gran coloso, que se iba desconchando y enraleciendo, habían habitaciones cuyas paredes habían sido cubiertas por la hiedra, el sauna estaba completamente abandonado, lleno del follaje muerto y podrido del otoño no se podía diferenciar los asientos ni las laminas de madera que cubrían las paredes. La zona de los baños también estaba deteriorada, la alberca que era inmensa se había llenado de una sustancia negruzca que supuso Hinata era también la gran cantidad de hojas que se había colado por una de las ventanas y se había acumulado y podrido en la tina. No quedaban si quiera los asientos para asearse, ni los platos, ni la mesa de comer o de tomar el té. Era un montón de espacios con tatamis levantados y ensuciados que ya no tenían razón de ser, ni de estar.
— Es un diamante en bruto. Claro, habrá que invertir una gran cantidad de dinero para volverla a su esplendor, pero está aquí, en medio de una poca concurrida calle como si fuese el palacio imperial —murmuró — Mucha gente no la conoce porque pertenecía a una familia venida a menos, en la Japón feudal fue el hogar de un samurái que se convirtió en un feudo por sus amistades con la princesa y creó todo este lugar para impresionar a su benefactora. Se dice que el samurái y la princesa estuvieron enamorados; y que ella le llamo Hyuuga porque cuando estaba con él era como si caminase hacía el sol; también suelen decir que gracias a sus affair con la princesa todas las generaciones siguientes estuvieron bajo la sombra de la mala suerte. Su último dueño fue embargado por deudas de alcohol. Hasta hoy no se había subastado por su valor histórico y los errores procedimentales, él hombre pudo bloquear el lugar al ser abogado, o eso decían.
— El hombre quería que este lugar se quedase aquí para la familia Hyuuga, para cuando la mala suerte fuese ahuyentada —Hinata le miro sonriente— ¿No cree usted que fue muy desconsiderado de Kami-sama solo castigar al samurái?
— Bueno… a decir verdad yo no creo en ese tipo de cosas. Solo digo que el que perdió esta vivienda fue un gran tonto.
— ¿Por cuánto la están subastando? — cambió de tema rápidamente.
— Trescientos millones de yenes.
— ¿Trescientos? —Hinata bajo la mirada preocupada.
— Claro, si alguien hace una oferta podemos considerarlo. La gente hoy en día prefiere lugares más modernos, con menos gastos en modificaciones. Solo un amante de la buena arquitectura japonesa se compraría esta joya.
— ¿Cuándo pasara a subasta de tribunales?
— Pasado mañana.
Hinata suspiró mientras miraba a su alrededor. Tenía el dinero, pero demasiado exacto, quería poder remodelarla con ayuda de su hermana y papá, pedirles que se mudaran lo más rápido posible, inscribir a sus sobrinos en el colegio de la zona.
— Puedo mostrarle otras casas que se encuentran en la zona, son más asequibles.
— ¿Doscientos veinte yenes?
— Tengo que hablarlo con mi superior —afirmó el joven y le sonrió— ¿Puede pagar doscientos cincuenta?
— Si ofrece primero los veinte y no acepta, podría pensarme los cincuenta. ¿Tiene seguro, no?
— No, está en subasta.
Se quedaron en silencio por un momento y luego reanudaron su trayecto hacía la entrada. Había reunido el dinero gracias a los ahorros de su padre, los de su hermana y la ayuda de algunos movimientos inteligentes con todos sus ahorros de vida, hacía sido una gran hazaña que ahora veía insuficiente.
— Puedo mostrarle…
— No, sólo quiero esta. Esta es la que quería ver y comprar.
— Claro, le entiendo. Le llamare mañana —comenzó a decir mientras cerraba la puerta con candado— Estoy seguro de que estarán encantados de al fin poder vender este gran coloso. Tal vez le acepten sin chistar los veinte.
— Eso espero —se quedó callada con la mirada en el suelo. El hombre se rió para llamar su atención y dando una reverencia quiso subirle el ánimo.
— No se preocupe, ya verá que la casa será suya. ¿Qué hará con ella?
— Quisiera convertirla una mitad en vivienda, otra mitad en una librería.
— ¿Emprendedora, eh?
Caminaron hacia la calle principal charlando sobre la sostenibilidad de una librería en Kioto, cuando estuvieron parados en la acera mirando hacia los kioscos y tiendas semi-abiertas, el frío los hacía titiritar, antes de que él se despidiera; ella se apresuró a preguntarle:
— ¿Dónde queda la estación del tren bala?
— Siga subiendo hasta que vea una gran estructura de columnas sinuosas y vidrios.
Volvió a acurrucar sus manos en el abrigo y hundiendo su cara en el cuello siguió a paso lento por la empinada subida que la llevaba hacia la estación, mientras caminaba iba viendo las distintas casas que se asomaban por las calles, los diminutos porches donde el viento se colaba por los columpios. Una solitario parque a la esquina estaba lleno de nieve, ningún niño jugaba en el. Más allá se podía ver el gigantesco colegio público que se levantaba por encima de todas las casas en una amplia avenida principal, las rejas negras cerraban toda la naranja, las canchas daban hacia una hondonada subida hacia una pequeña montana que siempre sirvió como mirador. Los vidrios reflejaban el cielo que estaba enrarecido.
La estación quedaba más lejos de lo que pensaba, cuando llegó a ella, o al menos empezó a divisarla sentía que ya no tenía orejas. Era una gigantesca estructura de columnas y techos que formaban grandes olas de vidrio y que se alzaba sobre la cabeza de todos unos cuantos metros por encima de la vida urbana. Una interminable e impersonal escalera de pasamanos de aluminio llegaba hasta el fondo de la estructura que se separaba por cubos de cemento y taquillas de pago. Todo era gris, desde los anuncios hasta el suelo, estas tonalidades variaban por el material y lo único que brillaba con insistencias eran las señalizaciones y las indicaciones en luces de consultorios. No entró más allá de la taquillera. Se quedó un momento sin saber qué hacía allí y luego reanudó su camino a casa. Decidió tomar un taxi de un hombre que ni los buenos días le dio. A mitad del camino, cuando sentía que las manos empezaban a tomar calor pudo concluir de qué había ido a aquel lugar esperando encontrarse con Naruto.
El taxi fue realmente costoso, tanto que se arrepintió haberse ido en él. El recepcionista no aviso sobre nada nuevo y solo la saludo con una leve reverencia de cabeza. Estaba agotada y por sobre todas las cosas quería llegar y llamar a su hermana para hablar sobre el montón de la casa, las condiciones de la misma, que había sentido y que podían hacer en conjunto para mejorarla. Una parte de si se sentía muy satisfecha, aunque la casa no poseía ni el menor atisbo de la lumínica que fue, aún conservaba para sus recuerdos la coraza para volver a serlo, quería darle más luz, borrar de ella todos las malas decisiones que habían tomado y todas la leyes que se había impuesto la familia Hyuuga para con sus iguales. Quería que papá la viera, seguramente lloraría. Otra parte, sin embargo, se sentía decepcionada y temerosa, no quería que nada se concretase porque eso sería enfrentarse a todos aquello que ella consideraba ahora familia; decirles que quería volver a aquel lugar de infancia que tanto le hizo llorar y añorar solo le hacía ver como una tremenda masoquista.
¿Qué diría Naruto? ¿Suiki, o siquiera Ino?
Quería que también fuese un regalo para su padre y su hermana. ¿Era lo correcto, no? No era solo un capricho, para ella, para sus seres queridos, era más un perdón. No quería seguir viendo esos ojos culpables bajo la mirada de Hiashi que no podía si quiera soportar los ojos de su hija sin querer irse a recostar. Ahora, luego de tanto que habían pasado, Hinata se sentía más cercana a él, aún no lograba entenderlo, pero si le compadecía, muy en el fondo, él sentía toda la culpa y la cargaba sobre sus hombros. Él sabía que toda su bebida y malos negocios lo habían llevado a una vida de cartero. Quería darle paz al regresarle un pedacito de su omnipotencia, al menos el hogar que una vez fue su imperio.
Hinata sonrió complacida por esa imagen. Solo quería verle morir en paz, no como mamá. Estaba segura que por muy lejos que estuviese ella, estaría feliz de poder vivir también bajo Taiyou to Tsuki, también vivirían por ella, los libros estarían esperando allí por ella, así como el té.
Pudo escuchar un insistente sonido que atravesaba el pasillo. Era un toc, toc. El nudillo contra la puerta y una débil voz.
— ¿Estás allí?
Subió la mirada asombrada y le vio parado enfrente de su puerta, cargaba solo un bolso deportivo que le cruzaba todo el pecho, estaba despeinado y le cubría la mitad del cuerpo una poco abrigada chaqueta. Parecía titiritar, no sabía si por el frío o la insistencia. Naruto tenía el rostro algo pálido y los nudillos excesivamente rojos.
— ¿Naruto? —susurró ella sin moverse. Duro unos segundos para que el volteara, ya que tenía el rostro apoyado en el revés de su mano. Cuando sus ojos se encontraron, él había reaccionado al llamado y había incorporado toda su figura hacía ella. Se mantenía, eso sí, estancado en el mismo lugar con los labios entreabiertos y el pasaporte en la mano. — ¿Qué haces aquí?
Pudo escuchar cómo se escapaba una larga respiración desde lo más profundo de sus pulmones, las aletas de su nariz se dilataron y seguido hundió su rostro en sus grandes manos, estrujó sus ojos que se notaban ojerosos y luego estiró hasta su barbilla que no parecía tan lisa como de costumbre.
— Yo…
Hinata se acercó rápidamente, preocupada y a la vez emocionada. Si hubiese podido describir la sensación que estaba experimentado, solamente hubiese podido decir que era como si el corazón le explotase en el pecho. Un infarto pero más dulce.
— ¿Te sientes bien? —preguntó tomando la mano de él que ya se deslizaba por el cuello. Naruto la miró desde las alturas, dudoso. Hinata sintió la presión de su desapruebo, una parte de él se quería alejar de sus manos, sin embargo, ella se aferró aún más. — Pasemos.
Abrió la puerta de inmediato e organizó la cama para que pudiese sentarse. Buscó una botella de agua en la neverilla y vio beberse todo su contenido en un solo largo buche. Cuando estuvo ya descansado en ese lugar, en silencio, se miraron.
— De verdad, no sé que estabas pensando —empezó diciendo él.
— Lo siento —susurró de inmediato— Yo realmente siento haberme venido aquí sin decirte nada.
Hubo otro largo silencio, en donde él mantuvo su mirada hacia los ojos de ella. Al final, suspiró y paso la mano por su cabello.
— Está bien. No tienes porque ser tan formal. Debes de estar muy cansada, de todo, de Tokio, de la vida que llevamos.
— ¡No es eso! —Interrumpió Hinata sentándose a su lado, pero esta vez sin mirarle— No es para nada eso. Fue un simple acto egoísta de mi parte, me sentí molesta y por eso vine acá. No estoy cansada de Tokio, ni de la vida que llevo y mucho de la que llevamos juntos, si fuese así no estaría aquí.
De nuevo hubo un grave silencio.
— Entonces… no entiendo —murmuró él con el cejo fruncido— No tienes porque tratar de fingir, si te sientes confundida es mejor que lo hablemos hoy antes de que mañana nos volvamos a engañar.
— Yo no me estoy engañando —explicó esta vez viéndole— Te estoy siendo completamente sincera, me sentí ahogada: sí. Pero no es de nosotros, es de la forma en que me he venido comportando; he sido demasiado negligente y no me había dado cuenta hasta hace poco. He olvidado todo por lo que he querido luchar, he cambiado mi forma de ver las cosas muchas veces, mis prioridades, pero hay cosas que simplemente no puedo sustituir por otras. Yo no puedo simplemente dejar a mi pasado atrás.
— ¡Oh! Es sobre eso… —y aunque unos días atrás esa respuesta hubiese sonado despectiva, hoy sonó agria y casi escuálida.
— ¡Sí! Es sobre eso. Es sobre cómo me he acostumbrado a formarme una imagen de alguien que no soy, como he olvidado todas las metas que había venido planeando desde que estaba en la preparatoria. Muchas cosas han cambiado en mí, he sustituido pensamientos por otros, he aprendido mucho todo este tiempo. Pero hay cosas que uno simplemente no puede desechar y gracias a lo que uno ha aprendido lo termina entendiendo cuán importante son esas cosas para "lo que soy". Tú fuiste quien me mostro que la gente puede cambiar y que también algunas cosas se mantienen estáticas, que no todo sale como deseamos, pero la manera en como ocurre es la más idónea. Que si uno no colabora, entonces, las cosas no se dan. Que si uno se niega a hacer algo para cambiar, entonces, nada podrá hacerlo. Naruto, gracias a ti es que hoy estoy aquí, pero no es algo solo material, va más allá de eso, va más allá de los actos o los hechos, es la forma en que hemos aprendido a vivir y a entendernos, como hemos crecido y nos hemos comprendido que me ha hecho pensar que nunca tuve la verdadera disposición de querer ayudar a mi familia y quererme ayudar.
Mantuvo los labios abiertos esperando ver algo en el rostro de él. Su entrecejo se había desdoblado y aunque mantenía la seria mirada en sus parpados, sus labios se habían separado y dejaban pasar finas bocanadas de aire.
— Quisiera que esta vez sea distinto. Quisiera también poder agradecerte, mostrarte quien soy, no solo la Hinata que ya conoces, si no aquella que fui y la que pienso seguir siendo. Yo… —su rostro se balanceó hasta el pecho de Naruto, no esquivó el contacto, más tampoco acarició el cabello de ella— Yo solo quiero seguir amándote, para siempre, no importa si tu ya me dejas de querer o si cambias, yo solo deseo estar a tu lado y poder agradecerte. La verdadera persona que me salvo, fuiste tú. No solo a mí, sino también a lo que yo tenía como concepto de familia. Por eso pienso comprar la antigua casa de los Hyuuga y dejársela a cargo a mi hermana y mi padre, me gustaría poder visitarlos a menudo y quisiera que tu alguna vez, si deseas, vengas conmigo y podamos sentarnos a conversar como lo hacemos con tus padres, me gustaría también que ellos puedan ir con nosotros, también Suiki, y Kiba, e Ino y Sai. Me gustaría que viniesen todos los que hemos querido y querremos; estén bajo el mismo techo y podamos mostrarle nuestra gratitud. Pero por sobre todas las cosas quiero quedarme a tu lado y que podamos volver a Kioto, juntos.
Podía escuchar desde allí la respiración de él, que estaba acompasada y sus latidos del corazón que eran más fuertes y notorios. También sentía la manzana de Adan en su frente y como tragaba varias veces tratando de conseguir que decir. Se tuvo que separar y mirar a sus ojos para verle cuan sorprendido estaba, sus labios temblaban buscando alguna palabra.
— Yo… yo estaba realmente preocupado por ti.
Inmediata a la declaración, hundió su rostro en las manos. Su cuerpo se fue destensando poco a poco, hasta que solo quedo su espalda encorvada y sus codos hundidos en las piernas. Con las manos tapando su boca, siguió diciendo:
— Realmente lo siento, Hinata. Fui un completo idiota. Pensé que te habías ido por lo que te dije, que no querías volver más. Ino, ella, no sabía que decirme. No contestabas al teléfono de Suiki, yo realmente pensé que la había cagado. Que había arruinado todo. No debí gritarte y mucho menos decirte cosas tan desconsideradas. Pensé, realmente, que todo esto te iba a consumir de nuevo y que debía hacer algo para detenerte. Yo… no sé qué decir, la verdad.
Las piernas de Hinata se deslizaron por las sabanas, se levantó y acercó débilmente hacia él, sin hacer mucha presión abrazó sus manos y rostro, acunó en su pecho y apoyó su mejilla a su cabello. Cuanto había extrañado el olor de su pelo, la suavidad de su piel contra la suya y la sensación de su respiración contra su garganta. No fue un abrazo fuerte, más bien no tuvo un contacto rudo, fue solo una caricia en una posición incómoda. Que poco a poco se fue desasiendo, los brazos de Naruto abandonaron su rostro y se deslizaron por su torso atrayéndola más hacia sí, las manos de ella bajaron hasta su cuello y sus rostros se fueron acercando. Sintió su mejilla contra la suya y la respiración de su boca apoyada en la oreja, luego la mano de él subió por toda su espalda hasta llegar a su cabello y allí su unió a la nuca, acariciando.
Hinata depositó un tibio beso en su mejilla, luego en la sien, siguió hacia sus cejas, ojos, nariz y finalmente temblaron sus labios cerca de su boca sin atreverse a tocarlos realmente. Sentía la gran mano de Naruto sobre su cuello, acariciando desde el inicio de la espalda hasta las clavículas. El juego le terminó por ganar y empujó con fuerza el cuerpo de ella hacía sus labios. Había tenido una semana sin probar la suavidad de ellos y le pareció como si hubiese sido la primera vez en besarse, ella amarró sus dedos a su cabello mientras movía en silencio placentero los labios sobre los de él. Naruto mientras tanto no resistía, con solo tener sus manos en el limpio cuello le bastaba, se le fueron deslizando hacia el inicio de sus senos, allí masajeó por encima de su ropa. Estaban tan suaves como de costumbre, sentía hundir sus dedos sobre su piel. La boca de Hinata era realmente sensitiva, al introducir la lengua para refrescar la hinchazón de los besos, podía escuchar como ella reprimía los gemidos y luego como callaba sus deseos al introducir su lengua dentro de la cavidad. El abrazo se hizo más demandante, el cuerpo de ella cada vez se iba acercando más, hasta que sus piernas se posaron sobre las de él y su entrepierna sobre su muslo. Podía sentir a través de su bluejean el calor que desprendía el movimiento suave de aquella delicada parte de ella sobre él. Logro abrir aún más sus muslos hasta abrazarle las caderas, así se encontraban a escasos centímetros de cuerpo a cuerpo, sus estómagos rosaban y sus pechos presionaban sus pectorales, ahora no tenía tan buen acceso a la suavidad de su senos, más corrió las manos a su trasero que se mantenía duro y tentativo. Su espalda estaba arqueada formando un valle en el coxis que le provocaba describir con la lengua. Deslizó su rostro por la mejilla de ella, depositando una hilera de besos desde su pómulo hasta su cuello, allí los besos fueron más tórridos y hambrientos, Hinata solo podía llegar a gemir ya que no se le ocurría nada inteligente que decir o donde agarrarse. Ya empezaba a ceder el peso de Naruto sobre el de ella, solo podía mantener el equilibro colocando sus brazos detrás de su espalda y ofreciéndole el pecho y el cuello a su amante.
Hubo un gemido desde el pecho de gran placer y él le miro a los ojos, estaba sonriendo, corrió sus manos hacia los lados de su rostro y haciendo uso de toda su fuerza la lanzó contra el colchón, con su rapidez características encontraba el peso de su entrepierna contra su vientre y todo su cuerpo inclinado hacia su rostro, se rieron un minuto ante la situación, aunque no tenía gran movilidad ella podía recorrer la espalda de él. Acariciaron sus rostros con sus pieles, los labios se escurrían sin concretar ningún beso, eran solo toquecillo húmedo que daba cosquillas en el cuello, las manos de Naruto pusieron mayor atención en los senos de Hinata, le apartó la chaqueta y luego la camisa con suma lentitud, mientras lo hacía no dejaba de verle alternativamente al rostro y a los pechos.
— Pareciera que hubieses crecido en mi ausencia —burló mientras hurgaba dentro del sostén. Hinata se mordió el labio pero tuvo que reírse un poco, fue un sonido extraño mezclado entre felicidad y lujuria.
— Sólo te fuiste por una semana, tonto.
Las caricias siguieron hasta que la urgencia propuso las piernas de Hinata sobre las caderas de él, sus muslos lo atraían con vehemencia a la entrada de ella, sus partes bajas se encontraban desesperadas por saciar el deseo. Se abalanzó a besarle el abdomen, el inicio de los pechos y cuando tuvo la punta de sus labios rosándole los suyos, hundió su cuerpo en el de ella. Solo podía sentir los labios temblorosos de Hinata quejándose por la embestida, se quedaron estáticos por un minuto, los senos se aplastaban contra su pecho tratando de recobrar la comodidad de sus muslos. Las piernas de ella lo abrazaban tensamente y sus manos se encontraban articuladas apoyando el peso de su cuerpo en los codos. Gimió quedo por el dolor que producía estar sin movimientos y luego cuando sintió poder recuperar su autocontrol, entrelazó sus brazos a los hombros de ella, la apretó contra su cuerpo, levantó su coxis y la unió aún más a su cuerpo. Ella gritó y se aferró a su espalda, abría la boca para recuperar grandes bocanadas de aire, como si de esa manera pudiese recuperar la cordura, más el movimiento incesante de él la hizo desvanecerse en la cama.
Encontraba simultáneo soporte en las sabanas que estrujaba con desesperación para mantener en el plano físico y repentinamente una ola de placer incontrolable que le cundía el cuerpo la hacía saltar hacia el pecho de él. Aunque trataba de mantener sus labios cerrados para no regalarle tantos gemidos, le era imposible, sentía que si se seguía mordiendo los labios estos iban a sangrar. Había un leve sabor a oxido en su lengua. Varias veces tuvo que bajar las manos hasta su estomago para que la entrada no fuese tan profunda, le producía un terrible escalofrió el sentirlo totalmente hundido en ella. Pero tampoco sabía que era lo que quería, habían momentos en donde perdía el pensamiento y abría las piernas para sentirle por completo, esos momentos hacían que arqueara la espalda y lo apretara con todas sus fuerza, siempre culminaban con su cuerpo tendido, cansado, casi inerte. Los espasmos le recorrían todo el cuerpo y él no se detenía, no esperaba que se recuperase si quiera. Jugaba con sus piernas y las apretaba con sus brazos, se abrazaba a su espalda y le iba dando una cariñosa vuelta para verle los omoplatos, la vista de su trasero le hacía sugerir movimientos más lentos y profundos. Su cabello se deslizaba por su clavícula y bamboleaba por su rostro. Había una película de sudor en la parte baja de su espalda. Subía las manos a su cintura y luego bajaba vehemente hasta su trasero. Se sentía que iba a desfallecer pronto, sobre todo cuando ella no podía contener su gemido y lo dejaba escapar apagado y entrecortado. Tuvo que inclinar todo su peso contra su cuerpo acercando su rostro y apoyándolo en su nuca, allí depositó varios besos y cuando ya sentía que no podía tener más dominio de la situación y ella comenzaba a ser más sensible se le escapó de los labios varias veces.
— Te amo, Hinata. Quedémonos así… —y engullía su orgullo que se le atragantaba— Desearía poder hacerte el amor por siempre.
Naruto no pudo escuchar lo que ella le respondió porque cayó desvanecido sobre su cuerpo, las piernas de ella se destensaron y fueron cediendo contra la cama, llevándolo con ella a él. Sus cuerpos estaban blandos, relajados y solo podía sentir el incesante cosquilleó de haber acabado tal martirio. Hacía realmente frío, sin embargo se mantuvieron así por un buen rato. Él apartaba su negro cabello de su delgada espalda y luego se dedicó a dibujar figuras que pretendía haber visto en sus curvas. Ella de vez en cuando se reía. Sentía la palma abierta de Naruto pasando por su cintura y abrazando toda su cadera, no era una caricia de placer o dulzura, era más bien de reconocimiento, su peso la hacía poco cariñosa, pero el calor de su mano y el fino tiemblo de la misma la hacían cálida. Ella se volteó trayendo consigo las sabanas, se arroparon y abrazaron muy juntos. El movimiento de sus cuerpos producía cosquillas, varias veces se rieron de puro placer.
— Quisiera que pudieses ver la casa. ¿Quieres venir conmigo, mañana?
Hubo un silencio que la hizo subir el rostro, el tenía los ojos cerrados y la respiración acompasada. Parecía que se había quedado dormido, sus brazos estaban mustios alrededor de su cuerpo, ella se movió con insistencia para lograr que despertara del letargo.
— Naruto…
— ¿Uhm?
— Me gustaría que mañana vinieses conmigo al lugar.
Él abrió lentamente los ojos y sonrió débil.
— Vale.
Se quedaron varias horas de esa manera, ella de vez en cuando hundía su rostro en su pecho y otras veces lo levantaba y hacía una ronda insistente de preguntas.
— ¿Otomaken o Ramén?
— Ramén, por supuesto.
— No cambias… ¿Verdad? —Se reía ella— Veamos… ¿Rubia o morena?
— Hinata.
Sintió el empuje de ella con fuerza, su cuerpo estrelló contra el colchón y le hizo mirarla de súbito, estaba su rostro muy cerca de él totalmente sonrojado y sonriente, sus pechos se aplastaban contra el suyo.
— Muy bien, Naruto Namikaze; usted está mejorando en los halagos. Ha sido una jugada muy inteligente.
— Eso pensé —aclaró carcajeando.
— ¿Cuándo vuelves a Tokio? —esta vez estaba más seria. Él ladeó la cabeza para verle mejor.
— Podre quedarme hasta este martes. Tengo reunión con Jiraiya.
— ¿Jiraiya-sama? —Preguntó ella saltando de la cama — ¿El escritor que te recomendé? ¿Del Fornicador?
— Sí —Naruto se levantó con una sonrisa extraña— Aunque es gracioso porque le conocía desde antes.
Hinata no cavia en el asombro, quería hacerle tantas preguntas.
— Pero… ¿Conocerle?
— Sí, es una larga historia —se deslizó hasta la parte derecha de la cama y se recostó de espalda a ella— Algún día te lo presentare, seguramente, se sentirá muy emocionado. Es una persona bastante rara, la verdad, no me gustaría hablar de él luego de lo que acabamos de hacer.
— ¿Por qué? —Hinata se sentía cada vez más impresionada— No entiendo.
La espalda de Naruto se movió, no podía verle el rostro, solo el movimiento voluntario de sus brazos tratando de tapar su pecho desnudo.
— Créeme, no es nada agradable pensar en él. Pero, después de todo, es un buen tipo, eso creo. Jamás pensé que se dedicara a ese tipo de cosas.
— Pero… espera, yo…
Sintió las manos de Naruto sobre sus codos, él la miraba desde la oscuridad encarecida de su rostro, tenía cierto brillo juguetón y feliz en su mirada. La invitó a acostarse cerca de él y abrazar sus manos.
— Deberías descansar un poco, no gastes tus energías en viejos pervertidos.
Hacía frío pero la tormenta había cedido. La figura de él se encontraba aburrida, apoyada en un poste, mientras revisaba el celular, de vez en cuando subía la mirada para verle. Ella tenía las manos apoyadas a cada lado de su cuerpo y el pie se le movía insistente. Naruto echó una curiosa mirada hacia la pared que tenía a un lado, las puertas de madera era gigantescas y la gran cantidad de arboles que se asomaban por encima del muro le llamaban la atención. Así que esta era la casa de Hinata. Había alguna vez asistido a una mansión de los Hyuugas, siempre tenían los mismos techos de tejas verdes y los mismos picaportes de tigres forjados. Eran personas realmente estiradas, pero esta casa dejaba al aire un ambiente más de tranquilidad fallecida que de rigurosa disciplina. Se enderezó cuando vio venir a su suegro a lo lejos, aunque se apoyaba en el bastón, mantenía una caminata sana casi a la carrera, tras de él apareció Hanabi que iba jalada de lado a lado por sus hijos. Naruto se sintió nervioso cuando Hiashi le reconoció. Fue inmediata la reacción entre los dos, cada uno mantuvo la postura tensa y los ojos fijos en otro lado. Más tuvo que mirar de nuevo hacia la calle cuando escuchó el correr de los niños que gritaban entusiasmados el nombre de Hinata. La recibieron con caluroso abrazo.
— ¡Está también el señor Namikaze, mamá! —dijo uno; el agudo de lentes y le sonrió con una dentadura desprovista de dos dientes.
— Si, yo también me noto sorprendida —susurró la madre mientras daba una delicada reverencia hacia Naruto que este recibió con otra más corta.
— ¿Cómo esta, señor Namikaze? —preguntó el otro niño, el más vivo. — Usted tenía tiempo sin visitarnos, desde aquella vez.
— Si, tienen razón. Me disculpo. Parecen que ustedes están creciendo buenos y sanos… —ya no sabía que más decir, sentía la mirada de Hiashi desaprobando todas sus palabras.
Últimamente se había vuelto un padre celoso, aún cuando abrazó y besó el rostro de Hinata con profundo amor siguió viendo a Naruto de forma despectiva.
— Hiashi-san —susurró contrariado, este solo le reclinó la nariz en un gesto que parecía desprecio y saludo a la vez.
— Espero que no le estemos quitando valioso tiempo, Namikaze-san —Hanabi miró a su hermana sonrojada— No tenía porque molestarse en venir.
— No hay ningún problema, también estaba interesado en conocer el sitio en donde se crió Hinata.
Obtuvó una sonrisa doble de las hermanas, más el padre se adelantó hacia la puerta y resoplando sin verle, aunó:
— Usted es un joven Namikaze muy suertudo. Jamás deje entrar a nadie de tu familia a nuestra casa, hare una excepción por tu relación con mi hija. Espero que sigas entrando aquí hasta que me muera y hasta que vea nietos sanos, y así sucesivamente. No quisiera que mi herencia quede en manos de un jovencito que solo vino una vez a este lugar.
Naruto se quedo en piedra, jamás le habían hablado de aquella manera. Una parte de él se sentía insultada, otra mientras tanto, empezaba a comprender que era tener un padre por ley.
— ¡Padre! —Corrigió Hinata escandalizada— Lo siento, Naruto. Papá está algo emocionado por poder ver de nuevo la casa y se está haciendo febriles imaginaciones.
— Padre, cuida tu vocabulario. Porque recuperemos la casa no significa que tengamos el nivel para hablar de iguales a los Namikaze —murmuró Hanabi enojada.
El hombre refunfuñó, pero volvió la mirada para disculparse con el heredero de la familia rival. Jamás le habían agradado los Namikaze, solo una vez tuvo relaciones estables con esa familia y se perdieron cuando su apellido se degradó. Pero también reconocía que hoy en día para la familia Namikaze era el cartero que siempre fue, aún cuando fuese el padre de Hinata, eso no le daba el merito de poder verse superior.
— Tranquilas. Hiashi-san tiene una preocupación muy lógica —logró articular Naruto luego de pensarlo. Hiashi detuvo sus labios sorprendidos— Puede estar en paz, pretendo quedarme hasta que Hinata se canse de mi, esos son los planes por ahora.
— ¿Y la boda? —escupió Hiashi luego de un minuto de silencio que mantuvo sorprendidas a Hinata y Hinaba que solo pudieron atisbar a verse, mientras la hermana menor festejaba con los ojos tan buenos augurios.
— Padre… por favor —murmuró Hinata totalmente avergonzada.
— Las cosas hoy en día funcionan distinto, Hiashi-san —acarició la hija menor desde su espalda captando su atención.
— Bueno, contigo pude darme cuenta —recriminó el padre y volvió a insistir— No acepto el concubinato. ¿Lo sabe, no? Nosotros los Hyuugas somos muy estrictos en cuanto a la moral y las costumbres buenas y educación; críe a mis hijas eso si en lugares precarios y no he sido el mejor padre, pero siempre quise dejarles claro que se respetaran bajo el voto consumado ante un templo. No sé cómo actúan los Namikaze y también entiendo que ya no formo parte del bouke, pero sigo siendo un viejo que cree que la disciplina es el punto esencial para el crecimiento de una persona, no pienso tener nietos bastardos, mi orgullo quedaría aun peor que cuando entregaba cartas y me desvivía por el alcohol.
Naruto estaba en piedra, no esperaba una revelación de ese tipo, no sabía dónde meter el rostro, no quería ver a Hinata porque sentía que tenía la cara totalmente sonrojada. Una parte de él había descubierto con cierto placer que no se había equivocado con Hiashi en cuanto a su nindo de la disciplina, otra parte, sentía miedo de decir cualquier cosa tonta que le valiese una disputa con Hinata. Decir algo tan serio de manera tan informal, en una calle, frente a sus familiares, sin siquiera hablarlo con ella.
— Vayamos entrando —cortó la hermana mientras abría las puertas. Los sobrinos que se encontraban a cada lado de Naruto le miraron por un minuto y luego se rieron.
— Hombre, el viejo siempre es así, no se deprima. Nos reprime por no comer derechos o agarrar mal los palillos.
— Los compadezco —susurró Naruto. Ese tan solo comentario, creo una comadrería entre ellos. Cuando entraron fueron los más conversadores y emocionados. Los hermanos estaban encantados con el puente, las lagunas y los corredores, se preguntaban si habían peces para pescar y ardillas. Naruto les daba buenas ideas que él una vez había implementado en una casa tradicional, como robar las piedras que se usaban como calefactor para ponerlas debajo de las almohadas y calentar el tatami. — Pero, sin lugar a dudas, lo mejor es la sauna. Puedes quedarte encerrado allí hasta el desmayo, luego formaran un gran escándalo.
Claro, había mucho que arreglar, como varias veces había hecho notar Hinata apenada. Sin embargo, el padre parecía extasiado, recordaba con ojos brillantes situaciones, personas, lugares y hechos. Contaba historias de la época Edo; de cómo había conocido a la madre de Hinata, como las había criado y entrenado en el dojo, parecía como si hubiese recuperado una juventud que había estado escondida en ese lugar. Hanabi se iba más a lo práctico, los lugares que debían arreglar primero, el sitio que podía convertir en la Liberia, los caminos que debían ser reparados para seguridad del padre y aunque este admitía que quería vivir en la chocita cercana al dojo, la hija insistió que era mejor quedarse todos juntos en la casa segundaria donde había suficiente espacio para cinco personas o más. La sala del té se mantendría para recordar a la madre, la sala del tatami, el recibidor, las habitaciones de espera y la esquinera se iban a convertir en la zona comercial de la casa. El otro par de habitaciones se iban a mantener junto como una parte de la casa conectada al modulo secundario. Hanabi resaltaba que tenía cierto dinero ahorrado para la restauración progresiva del jardín, comprometió a sus hijos a rastrillar toda la zona. Empezarían desde mañana.
Luego de una larga conversación en donde su padre la agradeció varias veces, Hinata devolvió sus pasos hasta el puente, allí pudo ver a sus dos sobrinos tirando piedras al estanque, se encontraban muy entretenidos hablando con Naruto que se reía como un niño junto con ellos.
— Entonces… ¿te gusta esa niña? — reía de nuevo— No entiendo cual es el dilema.
— Claro, si yo tuviese el cabello rubio no tendría el dilema de sentirme que me van a rechazar —expresó desilusionado el joven mientras hundía la cara en el barandal. Naruto carcajeó divertido.
— ¿De dónde sacan esas conclusiones?
— Es muy popular en nuestro salón, Oshima lo tiene.
— Él es tremendamente popular con las chicas, hasta con Morita-chan.
— Oh vamos, a las chicas no les atrae el color del cabello solamente, hay otras cosas que llaman la atención de una mujer, cosas que son cuestiones de práctica. Pero aún son muy jóvenes para entender de ello.
— ¡Hombre, como nos vas a hacer eso! Dinos, por favor. —suplicaba el enérgico.
— Quiero ser popular, Naruto-san. —susurraba interesado el joven de lentes.
— Su tía me mata si les hablo sobre el respecto —susurró mirando como Hinata iba de subida por el puente y lo miraba desaprobándolo— Además, no está mal lo del cabello, aunque tengo entendido que las chicas de Kioto prefieren a los hombres Edo.
— Vamos chico, su madre los están buscando —exclamó Hinata mientras les daba un golpecito en la coronilla, quejándose se alejaron corriendo, discutían sobre quien se iba a pintar el cabello primero.
— ¿Edo, no? —preguntó divertida ella, tenía una ceja enarcada.
— No recuerdo si era Edo o Ero —respondió él en burla y consiguió un pellizco en el costado — ¡Oye!
— ¿Y que hay sobre las cuestiones que vienen por la practica? —inquirió ahora más irritada.
— Obviamente me refería sobre las matemáticas. ¡La señorita Hyuuga últimamente es muy mal pensada! —Concluyó con media sonrisa mientras doblaba los brazos— Creo que la estoy mal educando.
Ella carcajeó. Y al agotarse la risa, le siguió mirando mientras sonreía.
— ¿Qué pasa?
— Nada. Sólo estoy realmente feliz.
— Eso es una buena noticia. Muy buena —admitió Naruto mientras asentía— Sobre tu padre…
— ¡Ignóralo! —Exclamó ella totalmente sonrojada— Él siempre ha sido así; le gusta adelantarse a los acontecimientos.
— Bueno… —su mano rodó por el cuello— No es como si temiese casarme contigo, creo que, bueno no sé, pero creo que sería el último paso que daríamos. Ya lo hemos dado todo.
— Ino me había dicho que nuestra relación era como la de una pareja casada, al principio lo negué pero… —Hinata le sonrió— creo que no es tan descabellado. Yo puedo estar contigo por siempre, como quieras, no tengo ningún problema.
Naruto negó por un minuto y luego susurró:
— No es como yo quiera… no deseo que seamos más así, me gustaría saber qué piensas tú. Yo ya he elegido hace un buen rato.
— ¿A qué te refieres? —titubeó Hinata confundida.
Él se acercó a ella y depositó un beso en su frente:
— Iré a despedirme de tu padre y hermana; tengo que irme encaminando a la estación o llegare tarde a la reunión.
— Pero… ¡Naruto! —exclamó con las manos en el pecho, sentía que le latía fuertemente y que la nariz no podía respirar suficiente aire.
Él le sonrió cálidamente:
— Tendremos mucho tiempo hablar de esto, cuando regreses a Tokio tendremos todo el tiempo de este mundo, nadie se va a ir demasiado lejos. ¿No? Pronto nos volveremos a ver.
Sintió como su pecho se desestancaba y dejo escapar un largo suspiró. ¿Con que mucho tiempo? Claro tendría mucho tiempo de ahora en adelante, en Tokio, en Kioto, en el apartamento, en el lago, en el parque, en la cama y en la vida. Tendrían tiempo de sobra. No tenían porque apurar nada aunque a veces sentía que debía amarrarse a él para que las cosas sucedieran. Hoy no, hoy quería disfrutar de todos esos momentos.
— ¿Quién es Jiraiya-san? —preguntó viendo que él no partía aún.
— Es mi tío.
— ¿En serio? —Ante la afirmación, se precipitó— ¿Por qué es un hombre incomodo?
— Todo lo que se lo he aprendido de él— una sonrisa picara se asomó por sus labios.
— ¡Oh!
— ¡Oh! —La imitó para luego carcajear— Les debes unas buenas gracias.
— Sí, a él y a ti. De verdad, Naruto, gracias por todo. Por esto, por lo de otros días, por todo este tiempo que llevamos juntos.
— No tienes porque darme las gracias, ha sido para mí muy fácil enamorarme de ti, me he puesto a pensar que tal vez desde el principio lo estuve —se río— ¿Un poco cursi, no? Me tengo que apurar.
— Sí, papá y Hanabi deben estar en la sala de té.
— Vale —y cuando se iba alejando por el jardín, volteó y dijo a voz fuerte— No te quedes demasiado en Kioto, tengo la sensación que te agrada más que Tokio. Si te tardas más de una semana vendré a buscarte. ¿Vale?
— Estaré en Tokio en cinco días. Hay muchas cosas que debemos hablar, Naruto Namikaze.
Lo último que vio de él fue una sonrisa que se comió con un gesto de reverencia.
— Como usted diga, Señorita Hyuuga.
Se quedó como una boba riéndose en el puente de madera por un buen rato. Hacía tanto tiempo que Naruto no le llamaba de esa manera, desde que no era su secretaria. ¡Oh, sí! Esto había sido un largo recorrido, ya quería volver a Tokio.
FIN
Esperen... Va a ver un epilogo; jajaja así que no es la despedida. Muchos comentarios para saber que les pareció el final; los contestare en la proxima mini-publicación con los acontecimientos finales. Espero que les haya gustado; los quiero mucho.
Hinaluna-chan.
