Ya lo se, antes de que me lo diga... no es que haya abandonado la otra, solo que aun no se como continuarla asi que les pido paciencia para De Chica a Diosa, bueno, pasando a otro plano. En esta ocasión trabajo a lado de una gran amiga y para mi una muy buena escritora mi amiga Tutuli88. Así que en esta ocasión ambas les traemos una historia que para ser sincera a mi me gusto desde que ambas lo planeamos. Bueno sin mas, espero que les guste y si no es mucho pedir que nos dejen sus opiniones. Espero que nos acompañen en esta nueva historia
Lo que es ley... Saint Seiya no me pertenece que si así lo fuera ya hubiera sacado la Saga de Zeus y la película hubiera conservado varias cosas originales como las armaduras doradas, pero mientras no sea así seguirán siendo del gran Masami Kuromada. Exceptos los personajes que son creados por Tutuli y yo.
Capitulo 1.- El llamado de los dioses
Dos largos años han pasado ya desde la última batalla, la llamada Guerra Santa en la cual se defendió el destino de la humanidad hasta el último segundo, dándole la oportunidad a los humanos de seguir viviendo sin que ningún dios se atreviera a amenazar la paz que el mundo pasaba.
Los dioses caídos han levantado de nuevo su ejército. Los Generales Marinas se encontraban débiles, aún más los Espectros que habitaban el Inframundo. Incluso los guerreros de un dios menor como lo es Odín se encontraban tratando de dejar atrás sus errores pasados y dedicarse a servir a la causa de la Sacerdotisa Hilda de Polaris.
Posesión, Hades e incluso Hilda… todos ellos se encontraban de nuevo con su ejército, pero Athena… desde que se había enterado de que los rumores eran ciertos, que los soldados habían sido revividos, había estado abogando por sus Caballeros caídos. Ya eran meses en los que había orado, rogado, suplicado incluso se había humillado con tal de tener la oportunidad de volver a ver a su Orden Dorada; pero esto de nada le había servido, pues aun después de tanto tiempo seguía sin tener una respuesta positiva, un fino y tenue rayo de esperanza.
No había un momento en que durante el día o la noche pidiera a Hades ver a sus Santos, cuanto no había rogado por que le hiciera ese favor, pero el Rey del Inframundo se negaba, poniendo siempre como excusa el no poseer las almas de ellos.
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Athena se encontraba de pie, observando fijamente aquella estatua, solo el cielo nocturno, las estrellas y la luna eran testigos de la gran y profunda tristeza que en ese momento embargaba a la joven deidad. De pronto sintió unos cosmos muy fuertes. Ikki y Shaina quienes se encontraban haciendo guardia en el Salón Patriarcal acudieron a donde la diosa se encontraba para protegerla de cualquier situación, pues los cosmos sentidos antes fueron reconocidos por ellos.
Frente a Saori se encontraban cuatro deidades, sabían de antemano que no podrían con ellos, una barrera se alzo en el patio donde se encontraban; nadie mas podía entrar o salir. Hades, Poseidón, Hera y Zeus…. Todos ellos frente a la diosa Athena, quien mantenía la mirada fiera y orgullosa delante de aquellos intrusos. Ikki y Shaina se arrodillaron después de ver realizar la misma acción de Saori.
-¿Qué deseas padre?- le pregunto cuando se puso de pie, educada como siempre
-Los titanes están por liberarse de la prisión a la que fueron condenados- soltó sin la mas mínima delicadeza Zeus
-Sera un serio problema- respondió de inmediato Saori –si ellos se liberan de su prisión no solo la tierra sino el Olimpo será destruido
-Así es hija mía- respondió el dios del rayo
-Es por eso que nos presentamos ante ti para solicitar de tu ayuda- dijo Hera
-¿Mi ayuda?- pregunto dudosa Saori, mientras que los dos guerreros seguían inclinados pero sin perder detalle de la conversación
-Así es sobrina- respondió el alma de Hades
-Después de todo…- intervino Poseidón –eres la diosa de la guerra y estrategia, será sencillo para ti idear un buen plan de ataque y defensa
-¿Y Ares?- pregunto seriamente Saori –pueden pedirle la ayuda a él
-A pesar de que lo amo- interrumpió Hera llamando la atención de la joven –se reconocer sus fallas, estoy completamente segura que no dudara ni un momento en traicionarnos con tal de obtener el poder- confeso sonriendo amargamente –una madre conoce a sus hijos mas que nadie
Saori callo un largo momento, pensando en que hacer y que decisiones tomar, mientras que las deidades esperaban ansiosos la respuesta de ella. Sabían que no seria una decisión fácil, pues las batallas pasadas aun estaban frescas en su memoria, después de un tiempo los miro de nuevo.
-Con gusto les ayudare- respondió Saori –les expondré unas estrategias y acudiré con Niké para que la victoria nos abrace
-Necesitamos fuerza- dijo Hera –necesitamos de tus Santos
-¿Cuáles?- pregunto sarcásticamente Athena causando un disgusto por los dioses mayores -¿los de Bronce? ¿los de Plata?- insistió mientras una sonrisa amarga apareció en su rostro –No, los Santos que quedan han sufrido mucho. Ya no me quedan mas guerreros
-¿Te estas negando?- le pregunto molesta Hera –¿Estas diciendo acaso que no enviaras a tus Caballeros a pelear?
-Mas claro que el agua no se puede explicar- respondió Saori mirando a Hera –así es Hera… querida madre- respondió burlonamente
-Insolente- respondió la diosa ante la burla de la más joven
-Padre, tíos- retomo de nuevo la palabra –Yo misma iré a la guerra y comandare hasta una legión si así lo desean- expuso –pero mis guardianes, aquellos que aún tienen la fortuna de aun estar vivos quiero que los dejen fuera de esto
-Pero…- Zeus intento interrumpirla
-¿Cuántas veces les roge que me regresaran a cada uno de ellos?- pregunto dolida, las deidades presentes vieron la tristeza y el dolor reflejado en sus ojos -¿Cuánto no he tenido que humillarme? ¿Qué es lo que obtenido?... nada, solo un no… un no que destroza cada vez más mis esperanzas de tenerlos conmigo de nuevo
-¿Cuántas veces te he confirmado que nos los tengo en mis dominios?- respondió a modo de pregunta Hades, las miradas recayeron en Zeus
-Los encerramos en una torre de piedra- confeso al saber que no podía escapar de la verdad en esa ocasión
-¿Qué dijiste?- susurro Athena, Zeus dejo salir un suspiro
-Sus almas…- respondió –están encerradas ahí, los cuerpos los custodia Apolo
-Es por eso que no puedo encontrarlas, por eso no puedo disponer de ellas- comento Hades mas para él que para los presentes
-¿Por qué hermano?- pregunto Poseidón quien también se extraño de aquel castigo
-La Piedra esta bañada por la Sangre de la Sierva de Oro- dijo Zeus ignorando la pregunta de Poseidón,
-La sangre de… ¿Artemisa?- pregunto Athena
-Así es- Zeus confirmo lo obvio
-Athena- le llamo el espíritu de Hades, ella le miro atentamente –puedo regresarte a los Caballeros Plateados que perdieron la vida antes de la Guerra Santa- comenzó –Hablare con Apolo para que vuelva a la normalidad los cuerpos
-Si- respondió Saori ocultando su mirada de decepción, la cual amenazaba con llorar
-Sabes que no podemos tocar esa roca- confeso –necesitas de alguien que pueda entrar y salir del inframundo, que brille como el sol del verano, que tenga la capacidad de hablar con las almas
-¿Quién?- pregunto desesperada –el único que era capaz de hacerlo es Ángelo de Cáncer- dijo –De cualquier manea, ¿para que lo quieren?- pregunto desconfiada
-Para que puedan acudir por las almas de ellas al Inframundo- la mirada de Saori refleja sorpresa al escuchar las palabras de Hades
-Si tengo a alguien que pueda hacerlo…- susurro lo suficientemente alto para que solo ellos pudieran escucharla -¿me los regresaran?
-Si- respondió sencillamente Zeus –a todos y cada uno de ellos hija mía
-Esta bien- respondió aun poco convencida –veré que puedo hacer
-Espero poder confiar en tus palabras- hablo de nuevo Hera llena de desconfianza, una mirada fiera se poso en Saori
-Padre, tíos…- señalo a los tres grandes del Olimpo olvidándose a propósito de Hera –Si me disculpan… tengo que ponerme a trabajar
-Contamos contigo- aseguro Poseidón.
Un destello que cegó a los presentes se hizo presente junto con un fuerte estruendo, cuando pudieron recobrar la vista se dieron cuenta de que estas divinidades se habían ido. Ikki y Shaina se encontraban de pie, esperando a que la diosa dijera alguna palabra, algo que les ayudara a entender que había pasado hacia unos pocos segundos. Saori los observo y una sonrisa apareció en su rostro, el plan ya estaba efectuado.
Athena se adentró hacia el interior del Palacio seguida muy de cerca por estos dos Caballeros, esperando por las órdenes de la diosa de la guerra.
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-Ikki- llamo al fénix que no se había despegado un solo momento de la diosa –necesito de tu ayuda- solo la observo esperando tener una respuesta mas clara –Acompáñame a mi habitación- desvió la mirada hacia otro de los Caballeros que se habían quedado dentro del Salón del Patriarca a esperar por la diosa –Shun también vienes con nosotros… escuches lo que escuches no entres- le advirtió –será peligroso- la mirada de Andrómeda reflejaba preocupación por las palabras dichas por la diosa –Te pido que no dejes pasar a nadie y si es necesario… usa tu cadena- el joven asintió
-Señorita- llamo Shaina quien se encontraba junto a los demás guerreros de la diosa
-Kiki, Shaina, Marín- les llamo y dieron un paso al frente –necesito que ustedes vayan al Inframundo- esto tomo por sorpresa a los nombrados, aun así esperaron por las ordenes de la joven –Hades los espera- ya no dijo mas
-¿Nosotros que hacemos Saori?- pregunto Seiya
-Tú, junto a Hyoga y Shiryu van a ir a donde Apolo…
-¡Con Apolo!- interrumpió Seiya, Saori le rogo silencio con la mirada
-Así es- dijo cuando volvió a tomar la palabra –como les decía; es importante que vayan con Apolo, Hyoga…- se dirigió al rubio –Cuando te haga entrega de eso, es necesario y de suma importancia que por favor los resguardes con tu Ataúd de Hielo- la mirada de sorpresa no se hizo esperar
-¿Qué me va a dar?- pregunto esperando tener mas información
-Cuando estés ahí lo sabrás- respondió simplemente y puso su atención en Ikki y Shun –por favor, síganme- le ordeno
Caminaron por unos pasillo hasta llegar a la habitación, no lo decía pero el Fenix se encontraba demasiado nervioso y ansioso con todo lo que había escuchado y aun mas Shun que se había quedado fuera de aquella conversación, pues la barrera que se había alzado había sido demasiado grande y muy poderosa como para poder atravesarla, razón por la qué el resto de los presentes se había reunido en el Salón Patriarcal.
-Shun- llamo al mas joven –por favor, como te lo dije antes. Nadie entra, y si es necesario… ataca con tu cadena- volvió a demandar
-Así lo hare Athena- dijo lleno de confianza mientras asentía, Saori le agradeció con la mirada –no debe preocuparse por interrupciones.
Observo como ella le volvió a sonreír antes de adentrarse a sus aposentos. Ikki poso una mano en el hombro de su hermano antes de ir detrás de Saori, este solo sonrió. La puerta se cerró y de inmediato un destello apareció, Shun se encontraba revestido con su armadura haciendo guardia en la puerta.
-¿Qué vas a hacer Athena?- le pregunta Ikki
-Voy a realizar un viaje interdimensional- esto toma por sorpresa al Caballero
-¿Qué cosa?- pregunto esperando haber escuchado mal
-Lo que escuchaste Ikki- respondió mientras lo veía fijamente –separare mi cuerpo de mi alma
-¿Por qué?- pregunto preocupado -¿Qué es lo que va a pasar Athena?
-Lo que escuchaste en la reunión Ikki- dijo Athena esperando a que el Fénix dijera algo, pero se quedó callado, ella retomo la palabra –Los titanes Ikki, los titanes están haciendo todo lo posible por salir de la prisión del Tártaros
-Pero Hades…
-Hades ya no puede, quedo muy débil después de la última Guerra- explico Athena –Si ellos se liberan todo se convertirá en un caos
-Por esa razón pidieron de tu ayuda ¿o me equivoco?- pregunto sagazmente
-Así es Ikki- respondió ella con una sonrisa triste –es irónico… los dioses que siempre estamos en guerra unos contra otros tendremos que unirnos en esta ocasión- un largo silencio se extendió en la habitación, cada uno de ellos tratando de entender lo que estaba pasando en ese momento –Bueno… quieren que seamos aliados- volvió a hablar –quieren que ustedes peleen junto a ellos- soltó con coraje –sin embargo mi decisión de no enviarlos es irrevocable
-Si hace eso- le dijo Ikki mientras se cruzaba de brazos –le podrían quitar el alma de los Caballeros Plateados, destruirlas para siempre
-Aun así- dijo ella –mi decisión no cambiara. Kiki, Shaina y Marín irán al Inframundo por las almas de ellos
-Pero Athena…
-¿Qué pasa?- pensó que preguntaría por la reacción de Hades y los demás al saber que estaba usando esto a su conveniencia
-¿Y la Orden Dorada?
-Ellos…- callo al recordar el destino de la Elite –Ellos recibieron un castigo divino- Ikki espero a que continuara –como bien escuchaste, separaron sus almas de sus cuerpos. Las almas están encerradas en una roca bañada por la sangre de la cierva dorada
-Artemisa- completo Ikki, ella asintió
-Así es Ikki- dijo –ningún dios se puede acercar a la roca y mucho menos destruirla… corremos el peligro de morir si lo hacemos
-¿Por qué?
-Porque absorbería nuestra alma
-Entonces….- dudo Ikki-¿Cómo lo hará? ¿Cómo lo haremos?- ella sonrió
-Ustedes no tienen la fuerza para romper la roca a pesar de ser los Santos de Bronce Divinos- dijo ella –y ninguno de ustedes puede manejar las almas de los muertos
-Eso solo lo podía hacer Cáncer- respondió Ikki
-Así es- reforzó ella –necesito que brille el sol, la fuerza del metal mas poderoso para poder destruir la roca
-Por lo que me dice- concluyo Ikki –tiene la misma fuerza y habilidad que el Muro de los Lamentos- ella asintió –pero lamentablemente no tenemos a los Caballeros Dorados y a pesar de que las Armaduras nos han elegido como portadores de ellas no podemos hacerlo, por el simple hecho de que solo somos 5
-Es por eso Ikki- dijo ella ansiosa, emocionada incluso –que iré por mis Guardia Dorada Femenina
-¿Qué cosa?- pregunto Ikki -¿Guardia Dorada Femenina? ¿desde cuando?
-Es por eso que te digo que voy a hacer un viaje astral- dijo ella mientras se acercaba a Ikki aun sorprendido y tomaba sus manos entre las de ella –Te pido por favor que cuides de mi cuerpo y si escuchas que te llamo pidiendo ayuda no dudes en venir por mi- Ikki asintió, Saori pudo ver en su mirada preocupación –tú eres el único que puede hacer viajes interdimensionales por tu poder de ave fénix
-Así lo hare Athena, no tienes que dudarlo- respondió ahora lleno de confianza.
Saori soltó las manos de Ikki y camino hacia la parte de su habitación la cual estaba más libre. Tomo asiento y se colocó en posición de loto, muy similar a Shaka. Pronto muy pronto estaría en busca de aquella orden.
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-Quisiera saber porque enviaron al tapón de alberca con nosotras- hablo Shaina mientras miraba a Kiki quien caminaba delante de ellas
-Deja en paz a Kiki- le llamo Marín –fue decisión de Athena
-Estoy aburrida- respondió la cobra
-Pero yo no quería venir- se defendió Kiki
-Lo sabemos, pero así lo ha ordenado la princesa Athena- volvió a recalcar Marín
Poco a poco se pudo observar un hermoso castillo de blancas e impecables paredes, de gran poder. A las puertas de este enorme palacio se encontraban ya dos personas esperando por aquellos que recibirá el señor Hades… Radamanthys de Wyvern y la señorita Pandora
-Bienvenidos Santos de Athena- saludo forzosamente Pandora –mi señor ya los espera
Ellas solo asintieron mientras que Kiki se escondió detrás de ellas, pues la mirada de Wyvern no era algo con lo que se sentía cómodo. Estos dos espectros escoltaron a los Santos hacia el Salón Principal donde un imponente Hades revestido con su Sapuri Divina se encontraba sentado en su trono. Al llegar, los seguidores de Athena hicieron una ligera reverencia, pues no deseaban ser la causa del problema entre la diosa de la guerra y el dios del Inframundo, esa batalla ya había cobrado muchas vidas
-Díganle a Athena- la fría voz de Hades resonó en todo el lugar –que están todos y cada uno de los Caballeros de Plata- un gran agujero negro apareció en medio de aquel lugar, de este uno a uno comenzaron a surgir los Plateados, desvió la mirada al niño –Supongo que el niño es Kiki
-Si señor- respondió temeroso el pequeño lemuriano
-Bien- el rey del Inframundo se puso de pie y bajo las escaleras –sígueme niño- demando
Kiki miro a las dos guerreras con mucha duda, esperando a que dijeran algo, pero lo único que lo animaron a hacer fue a que siguiera a Hades quien ya llevaba una larga distancia recorrida. El sitio al que lo llevo era una habitación que se encontraba apartada de aquel Salón, Hades abrió la puerta dejando ver que en el interior de aquel sito se encontraban las 13 Armaduras Doradas de los Caballeros de Athena. En la mente del niño surgió la pregunta de porque se encontraban ahí y no en el Santuario, pero prefirió quedarse con la duda, ya después preguntaría a la misma Athena
-Tu trabajo niño- la voz de Hades lo saco de sus pensamientos –es llevarlas contigo de regreso al Santuario
-Pero…- susurro para si mismo
Sabia perfectamente que podía hacerlo, pues a pesar de contar solo con 12 años Kiki poseía un gran habilidad para la tele transportación. Sin más comenzó a apilar las armaduras en grupos de 3 y un ultimo de 4. Busco el Cosmo de Athena y cuando lo encontró realizo el primer viaje apareciendo frente a Shun, a este lo tomo por sorpresa, ver ahí al pequeño con las primeras Cajas Doradas. El pequeño uso casi todo su Cosmo, su rostro reflejaba cansancio, en su ultimo viaje, cuando todas estuvieron en el pasillo sonrió a Shun para después caer desmayado. Andrómeda lo atrapo evitando que cayera al suelo y se golpeara. Lo llevo a una banca que se encontraba en ese sitio y dejo que durmiera, para que recuperara todas sus fuerzas.
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Cuando vio que el niño comenzó a acomodar las Armaduras, Hades salió de ahí para volver a la sala en donde los Caballeros Plateados se encontraban reunidos alrededor de aquellas dos mujeres. Cuando se dieron cuenta de la presencia de él, se callaron y se dedicaron a observar que era lo que haría. Tomo asiento de nuevo en su trono, de nuevo los observo a cada uno de ellos.
-Escuchen bien todos ustedes porque no lo volveré a repetir- rompió el tenso silencio que se había formado –Serán revividos una vez más- comenzó –Athena los necesita, pero no les daré una vida eterna- una declaración que no tomo por sorpresa a ninguno de ellos –Tendrán una vida normal, lo más longeva que ustedes puedan tener, si es que no mueren a causa de una enfermedad o accidente- Hades sonrió ante esto –Ahora, márchense de mi Salón, de mi reino
-Gracias señor- respondió Marín mientras hacia una reverencia, el resto le imito.
De inmediato salieron de ahí bajo la mirada de los Espectros que se cruzaban en su camino, alguno de ellos tratando de buscar pelea con los Santos recién revividos. Shaina maldecía mentalmente al saber que no podía pelear, no ahora que se estaba (a como ella lo veía) formando una alianza, demasiado frágil, pero una alianza al fin y al cabo.
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-Se puede saber…- llamo la atención Seiya mientras se encontraban caminando por un sendero en el bosque -¿de cuando acá Athena se lleva tan bien con Apolo?
-No lo sé Seiya- le respondió Shiryu
-Yo aun pienso en lo que Saori dijo- llamo Hyoga -¿Qué es eso tan importante que no tiene que dar?
-No hagas preguntas cuya respuesta la encontraras al llegar a tu destino Hyoga
-A veces te pasas de serio Shiryu- le dijo Seiya mientras arrancaba una sonrisa en cada uno de sus acompañantes
En una hermosa mansión de Londres que se encuentra en lo más alejado del acceso humano se encontraba Apolo. Esta mansión era aún más grande que la que le pertenecía a Saori Kido.
Los tres Caballeros de Bronce enfundados ahora en sus armaduras se presentaron ante un hombre de gran hermosura, Apolo se encontraba en la puerta de su hogar esperando por ellos.
-Así que…- los miro a cada uno de ellos –los famosos Santos de Athena- no supieron si lo había dicho en forma de halago o burla, pero si los molesto a los tres -¿Quién de ustedes es el llamado heredero de los Hielos Eternos?
-Yo, el Cisne Hyoga- respondió orgulloso, Apolo lo miro como si se tratara de algo sin importancia
-Un gusto y un placer- respondió, después una sonrisa apareció en su rostro, se dio la media vuelta para ingresar de nuevo a su hogar –Pasen, tengo listos 3 de los 14
-¿3 de los 14?- pensaron los bronceados
-Tu trabajo es congelarlos- llamo de nuevo Apolo –para que los puedan llevar de regreso al Santuario
-¿Qué es lo que vamos a llevar de regreso?- pregunto Shiryu
Apolo ya no menciono nada y solo se dedicó a llevarlos por un pasillo que los llevo hasta una puerta de caoba, el dios del sol abrió la puerta y comenzó a bajar, los tres Santos de Athena dudaron un momento pero decidieron seguir a Apolo a donde los estaba guiando.
El lugar a donde los había llevado parecía ser el sótano del hogar de Apolo, pero solo eso parecía ya que restos de Polvo Estelar se encontraban flotando en ese sitio completamente oscuro y silencioso, cuando bajaron pudieron ver figuras semejantes a galaxias y nubes cósmicas en ese lugar, pero lo que mas llamo la atención de ellos fuer ver los cuerpos de Afrodita, Aioros y Mü suspendidos en ese lugar, rodeados por una tenue luz. A simple viste parecía que dormían, pero ellos sabían que no era así.
-Caballero Cisne- le llamo Apolo que se encontraba un poco mas alejado de ellos
-Claro- respondió Hyoga y comenzó a activar su Cosmo
Cada uno de los tres cuerpos fueron congelados por la técnica de Hyoga, ahora sabían a que habían ido y cuál era la misión que les habían encargado Athena. Fueron demasiado largos aquellos días, pues no era nada sencillo para Apolo tener que formar un cuerpo con solo unos pocos restos de su energía. En el Santuario se tenía ya preparada una habitación donde se dejarían aquellos cuerpos.
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Todos los enviados comenzaron a llegar después de cumplir 24 días fuera del Santuario. Los Caballeros Plateados se encontraban cerca de los aposentos de Saori, esperando verla para agradecer la nueva oportunidad de vida y jurar una vez más en su nombre protegerla y salvar al mundo.
A pesar de que las palabras de Shun habían sido que se mantuvieran alejados de ahí, estos hacían caso omiso, aun así, no hacían nada por querer adentrarse a los aposentos de la diosa.
Shun sentía que el Cosmo de Ikki se iba debilitando más y más, sentía una gran preocupación por su hermano, pero las ordenes habían sido claras, nadie podía entrar y eso lo incluía a él mismo.
Un día mas había pasado, Shun se alejo de la puerta para colocarse frente a la pared que estaba enfrente, donde se apoyo de brazos cruzados, a pesar de todo ya se encontraba cansado. Pues apenas comía y dormía solo en cortos periodos, su mas largo descanso se media hora. Escucho que la puerta se abrió y observo como la perilla giro, se puso rígido de inmediato, esperando ver a la primera persona salir de ahí. Se sorprendió al ver salir a Ikki, demasiado delgado, ojeroso… simplemente se veía muy demacrado. Cuando Ikki alzo la mirada se encontró con la de Shun, este sonrió antes de caer desmayado en brazos de Shun que lo atrapo antes de que cayera al suelo
-¡Hermano!- le llamo pero este no respondía
-Ikki- susurro Shiryu
-¿Qué le habrá pasado?- pregunto seiya al ver el estado en el que se encontraba el Caballero de Bronce mas fuerte
-No lo se- respondió Shun angustiado –chicos, ayúdenme a llevarlo a una habitación, necesita descansa
No esperaron mas, Shiryu ayudo a Shun a llevar a Ikki a una de las tantas habitaciones que había en el Salón Patriarcal, todos esperaron hasta que despertara, poco a poco la conciencia regreso al Fénix, se sintió extrañado al ver que no se encontraba dónde estaba anteriormente
-¿Y Saori?- fue lo primero que pregunto Ikki
-Sigue en su habitación- respondió Seiya
-Ya veo- dijo mientras cerraba los ojos lentamente
-¿Qué tanto hace ahí adentro?- volvió a preguntar Pegaso
