Ok, gracias por seguir todavia esta historia y esperamos Tutuli88 y yo que nos acompañen hasta el final. Bueno ya se que nos tardamos mucho, sobre todo yo que soy la que le da los toques finales, pero hay muchas cosas que hacer y bueno, lo que importa es que aquí esta el siguiente capitulo, tal vez al principio se ve que avanza un poco lento pero es para poder hacer bien la trama, bueno, esperamos que este episodio sea de su completo agrado, gracias por sus comentarios y esperamos seguir recibiendo muchos mas, sin quitarles mas tiempo les dejamos que lean el siguiente capitulo, nos vemos en la próxima.


Capitulo 4

Los maestros (antiguos Caballeros Dorados del Siglo 18) se encontraban en su mayoría aun discutiendo y escuchando las ultimas palabras de maestro Hakurei quien les comentaba el porque de entrenar a esas niñas. Mientras que ellas se encontraban reunidas en circulo, hablando entre ellas… unas mas emocionadas que otras, pero dispuestas a dar todo de si, pues no habría otra posibilidad de estar frente a ellos, los personajes con los que habían crecido y a los que habían admirado desde su niñez, la magia para ellas había comenzado cuando aparecieron en ese lugar, cuando fueron capaces de entenderse entre ellas misma y ver a la misma Saori Kido y después… ver a los primeros Caballeros, en lo que concordaron todas ellas era que en persona se veían mas imponentes que en la televisión. Estaban tan sumidas en su conversación que Carmen se asustó cuando Manigoldo la jalo bruscamente del brazo.

-¡Manigoldo!- le llamo en voz alta Hakurei

-Yo no hice nada, no es mi culpa que la mensa no haya pisado bien- se justificó pues la pequeña había caído al suelo y se había raspado la rodilla

-¡Eres un idiota! ¡Se ve que no sabes tratar con niñas!- le siguió regañando mientras ponía de pie a la niña y sacudía sus ropas, coloco su mano sobre la rodilla lastimada y emano un poco de Cosmo para curarla –Todavía no comienza el entrenamiento y ya la estas maltratando

-No tengo culpa de que… ¡ay!- se quejó al sentir un puntapié en la espinilla derecha

-¡Déjala en paz! ¡No la toques!- le reclamo una niña más que lo miraba fieramente

-Valla, valla…- susurro mientras la tomaba del vestido de la parte de atrás y la elevaba hasta su altura. Ella solo pataleaba e intentaba golpearlo pero no podía

-¡Déjame en paz! ¡Abusivo!- le gritaba fieramente

-Manigoldo, baja a mi niña- ordeno Sísifo mientras se acercaba y la tomaba en brazos

-Esta es más fiera que su hermana- comento mientras reía sínicamente y veía a Carmen que aún seguía llorando y aún más asustada que al principio –Te la cambio

-¡Claro que no!- respondió de inmediato Sagitario -¡Idiota!

-Ya, solo era una idea. No te enojes- dijo restándole importancia y dirigió de nuevo su mirada hacia la pequeña niña –Ven, es hora de irnos gordis- le decía mientras la jalaba del brazo, ella hacia todo lo posible para no ir con él -¡vamos, no pierdas el tiempo!

-¡No quiero!- respondió mientras lloraba

-¡Manigoldo!- le grito Hakurei mientras se acercaba a él y le daba un estirón del cabello -¡No la trates así! ¡Es solo una niña!

-Ya esta bien- se quejo –ya entendí- miro a la chica –ven… vámonos niña

Después de eso Manigoldo comenzó a adelantarse unos pocos metros para no seguir siendo regañado, Carmen se comenzó a despedir de las chicas a las que apenas estaba conociendo pero con quien extrañamente sentía que poseía un fuerte lazo; sin saber que el mismo sentimiento era el que tenían todas ellas, Ángela la detuvo un momento mas, se fundieron en un fuerte abrazo, después de eso tomo la mano de Sísifo y salió de ahí.

-¿A dónde vamos?- pregunto cuando llego corriendo hasta donde se encontraba el Caballero de Cáncer al cual tomo de la mano

-A Sicilia- respondió sorprendido del gesto que la pequeña había hecho, después de lo que le había hecho espera que se mantuviera alejado de él- ahí será donde te convertirás en una Dorada

-Ya veo- susurro ella mientras que Manigoldo apretaba mas su pequeña mano

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Dameli miraba a todos lados, el lugar donde se encontraban era uno muy diferente al que anteriormente estaban. El sitio en el que se encontraban era uno apartado pero de lo que si supo era que se encontraban en el Santuario de Athena, era muy sencillo saberlo, mas para cualquier seguidora como era ella y el resto de sus compañeras.

-Ven- le llamo Kardia, la pobre niña se asusto al escuchar la voz autoritaria del Caballero del Escorpión –que vengas, no me hagas ir por ti

-Si- pero en lugar de dar un paso adelante dio uno hacia atrás

-¿Qué estas haciendo?- le pregunto un tanto irritado, tratar con niños no era lo suyo mucho menos con una niña –Te estoy diciendo que vengas, tenemos que comenzar con el entrenamiento

-Si- pero de nuevo dio otro paso hacia atrás

-¿Qué te pasa niña?- le pregunto ya cansado de caminar hacia ella y que Dameli retrocediera

-Le tengo miedo- respondió sinceramente, Kardia sonrió ante esa declaración

-¿Por qué?- le pregunto mientras crecía mas su orgullo

-Porque tiene cara de pervertido- volvió a responder sinceramente

-¿Qué tengo cara de que?- pregunto ofendido –mira niña, si quieres vivir tendrás que enseñarte a obedecerme y seguir cada una de mis ordenes

Mientras hablaba caminaba hacia la niña que solo retrocedía con cada paso que daba su maestro. Dameli maldecía su suerte, de todos los que había tenía que tocarle el más sádico y con cara de pervertido. De pronto Dameli sintió que perdía el equilibrio pues una piedra se atravesó en su camino, Kardia la intento tomar de la mano pero ella se asusto y comenzó a correr para alejarse de su maestro

-¡Ven acá mocosa!- le llamo Kardia después de lanzarse para correr tras ella

-¡Quiero regresar a mi casa!- pidió ella mientras corría

-¡Que vengas! ¡No me hagas enojar!

-¡Quiero que me cambien de maestro!- pidió mientras aceleraba el ritmo de la corrida

-Claro que no- le dijo Kardia colocándose frente a ella, la niña cayo al suelo de sentón cuando choco con el cuerpo de su maestro –No fue mi idea el tener que hacerme cargo de una niña, así que estamos parejos, yo te odio y tu me odias y fin del asunto…. Ahora…- la puso de pie el suelo y la cargo bajo su brazo

-¡Déjame! ¡Suéltame! ¡Pervertido, bájame!- le gritaba la niña mientras se removía en el brazo de Kardia mientras el caminaba tranquilamente

-Cállate niña- le ordeno tranquilamente –y guarda esa energía que la vas a necesitar durante tu estancia aquí

-¡Quiero regresar!- pedía la niña

-¿Por qué yo?- se lamentaba Escorpión mientas desviaba la vista al cielo con todo y niña

La llevo hasta donde originalmente se habían detenido y la deposito sobre una roca, Dameli tomo asiento mientras se cruzaba de brazos y miraba fieramente a la persona que se encontraba frente a ella. Kardia por primera vez le sostuvo la mirada sin un atisbo de burla, en su rostro había seriedad… ahora si lo podía ver y comprobar… frente a él se encontraba una buena alumna, tenia todo para ser un Caballero de Escorpión fuerte y decidido, rápido y letal, fiel y solidario… sin duda alguna no seria nada mal que una mujer ocupara los ropajes dorados y menos una que con solo verla a los ojos sabia que cambiara en un abrir y cerrar de ojos

-¿De que te ries?- le pregunto ofendida al ver en el rostro de Kardia aparecer una sonrisa arrogante a los ojos de ella

-Nada niña, de nada- respondió él pues sabia que había encontrado a una digna sucesora y podía hacerla como el quisiera… un dolor de cabeza para sus oponentes y esos Dorados que pensaba su señora Athena sacar de su castigo

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Hasgard desvió la mirada hacia el pequeño grupo de niñas que se encontraban alejadas de los Caballeros. La mayoría de ellas se encontraban asustadas, otras mas intrigadas y unas mas mirando desafiantes a sus maestros que parecía que estaban mas ocupados en estar peleando que en estar atendiéndolas. Se acerco a ellas para poder tomar a la que se le había encomendado

-Hola Marie- le saludo mientras se colocaba a la altura de ella, las demás la comenzaron a empujar para que saliera –es hora de que te despidas de tus amigas, nos tenemos que ir.

-No quiero- susurro

-Vamos, no tengas miedo

-Adiós- se despidió de las que quedaban aun esperando a sus maestros

-Adiós- le respondieron las pequeñas

Una parte mas alejada del Santuario del siglo 18… se encontraba cerca de algunas de sus nuevas compañeras pero ninguna de ellas sabían que tan cerca se encontraban una de las otras. El sitio en el que se encontraba era completamente desértico, no había nada mas que rocas a su alrededor.

-Aquí es donde vamos a entrenar pequeña- le dijo Hasgard a Marie

-Pero… no quiero- respondió, Tauro solo suspiro

-Veras pequeña- comenzó –tú y tus compañeras tienen mucho que hacer, sobre todo tienen que realizar una tarea muy importante en donde tendrán que poner sus habilidades al máximo

-¿Y si no quiero?- seguía insistiendo

-¿A que le temes?- le pregunto Hasgard mientras la tomaba en brazos y regresaban al punto de inicio, pero ella no respondió –dime pequeña, ¿Por qué no quieres luchar?

-Porque…- titubeo –porque mis papás siempre me dijeron que una niña no debe de pelear y jamás debe de enseñarse a pelear y mucho menos con hombres

-Estas entendiendo mal Marie- le dijo mientras Hasgard tomaba asiento en una roca –no te voy a entrenar para que pelees con las personas y las lastimes, no Marie; te voy a entrenar para que puedas pelear por la paz, la justica del mundo, para que puedas proteger a todos los que quieras y sobre todo a las personas que ames

-¿No es lo mismo?- pregunto inocentemente mientras lo miraba interrogadoramente –porque aun así voy a tener que lastimar a las personas

-No es lo mismo- dijo mientras trataba de tranquilizarla –porque hay personas que no le importara tener que acabar con las demás mientras puedan apoderarse de todo el mundo, de hacer lo que quieran… aunque eso signifique…

-Matar a los demás- respondió ella

-Así es- dijo mientras la ponía de pie y se arrodillaba para tratar de quedar su altura, algo imposible por su gran cuerpo –veo que me entiendes. Marie, escúchame… te voy a entrenar, serás la Santo más fuerte del Santuario y de la orden de Athena, ademas de la más veloz- ella escucha atentamente mientras lo veía –toda tu fuerza, todo tu valor y toda tu energía serán únicamente para servir a las causas justas, al amor de la tierra y al servicio de Athena

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-Escúchame muy bien escuincla que no pienso repetirlo dos veces- hablo Manigoldo mientras caminaba detrás de él iba Carmen mirando a su alrededor –Tú vas a ser la única de los 88 Caballeros que va a poder ir y venir del Inframundo vivo cada que se te antoje

-No es cierto mentiroso- le desafío Carmen, ahora un poco mas alta pero aun siendo una niña –yo vi y se que también Virgo puede ir

-Pero él tiene que morir para poder ir, con eso despierta el 8vo Sentido- le dijo mientras le daba un coscorrón –si no sabes no hables

-Eres malo y explotador, ademas de abusivo- le recrimino ella

-Como te decía antes de que me interrumpieras groseramente… puedes entrar y salir cada que quieras…

-¿Eso significa que puedo ver a mis muertos?- pregunto emocionada

-Si, si tu así lo quieres…- respondió dejando salir un suspiro por una nueva interrupción de su alumna. Abrió un portal hacia el Inframundo y ambos… maestro y alumna entraron

El sitio era frio y oscuro, unas largas filas se encontraban en ese lugar, el aire olia a muerte y tristeza. Manigoldo observo la mirada de la niña, la cual no supo descifrar si se encontraba atemorizada o simplemente no tenia palabras para poder decir algo.

-Como te decía rara- le llamo a Carmen mientras el miraba todo el paisaje buscando un buen sitio donde comenzar a entrenar –puedes ver a las personas cercanas a ti que murieron siempre y cuando aún no se hayan lanzado al abismo

-¿Qué abismo?- pregunto ella -¿el que se encuentra allá?- apunto a un gran monto donde se podían ver que ahí culminaban todas las filas

-Así es… ese es el Monte… la Colina de Yomotsu- respondió orgullo mientras daba unos pasos hacia adelante –muy bien gordis, ahora que estamos aquí vas a comenzar… ¿en donde te metiste muchacha del demonio?- pregunto mientras miraba a todos lados

Un solo instante y pierde de vista a la futura alumna de cáncer, sin mas comenzo a buscarla por todo el sitio, ahora se quejaba de no haberla amarrado con una soga y traerla amarrada; así al menos no se le perdería, suspiro… ahora se preguntaba dónde estaba la niña que se la pasaba llorando y obedeciéndole mansamente… no… ahora era una rebelde a sus escasos 12 años que hacia lo que se le daba su gana.

-¡Pobrecito!- escucho la voz de su alumna que se encontraba sentada en el suelo llorando

-¿Qué diablos estas haciendo muchacha del demonio?- le exigió saber cuando se acerco a ella, se encontraba molesto -¿Por qué te vas sin decir nada? Si te me pierdes a mi me vuelven a matar… ¡¿Por qué demonios lloras!?- le pregunto

-Pobrecito- volvió a repetir mientras se limpiaba sus lágrimas y miro a su maestro –es que el pobre niño murió trágicamente- dijo y volvió a soltar el llanto

-¡No estés llorando!- le dijo alzando su voz –Tú, soquete…- le llamo a la pequeña flama que estaba frente a su alumna

-No seas grosero Manigoldo- le reclamo Carmen mientras le daba un manotazo en las piernas pues aún seguía en el suelo –no le digas así, pobrecito…- volvió a decir –todavía que murió trágicamente y tú que lo insultas
-Ya Carmen… no seas dramática- le regaño

Manigoldo la observo fijamente mientras se cruzaba de brazos, ya no dijo nada y dejo que su aprendiz siguiera interactuando con esa alma. Desde el primer día lo supo, cuando ella se refirió a la muerte como algo triste y necesario para que el ciclo de la vida no se detuviera. Por supuesto que le pareció patético que lo que ella temiera fuera a las películas de terror, pero así era ella… una digna heredera con un carácter completamente opuesto al de él… tal vez era el mismo Manigoldo quien retrasaba el entrenamiento, pues la pequeña que estaba dejando atrás al niñez para entrar ya a la adolescencia parecía estar lista para avanzar aun mas en su entrenamiento, para comenzar a aprender cada una de sus técnicas desde la mas simple hasta la mas poderosa.

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No era que no le cayera bien la niña, pero era necesario tener que explotarla y exigirle de esa manera, ella la igual que las demás tenían que hacer un buen trabajo, un trabajo que Athena necesitaba. Cada que caía al suelo bañada en sudor, cada que la veía con dificultades para respirar intentaba acudir a ella para darle al menos un respiro, pero la fiereza en esos ojos, la determinación y el no rendirse lo detenían, solo la veía alzar la mirada como en ese momento… mirar fijamente el grueso tronco de ese árbol que se encontraba recubierto apenas con unas cuantas capas delgadas de paja.

-Marie- la llamo suavemente con la total intensión de que no le escuchara –levántate

Observo que se encontraba respirando entrecortadamente, aun así se puso de pie por ella misma. Miro aquel tronco fijamente, volvió a tomar posición y en ese momento Hasgard lo sintió y lo vio con sus propios ojos, el Cosmo de la pequeña Tauro ya había despertado por sí sola, se sentía en el aire, un aura celeste la rodeo concentrándose más en sus piernas, cuando la vio levantar su pierna para golpear el tronco se dio cuenta de que llevaba demasiada fuerza impregnada en el golpe y lo descubrió al escuchar el sonido del golpe, fuerte y sordo, una onda de energía se expandió por el lugar, se levantó una ligera cortina de humo, dejando ver a simple vista que el tronco había sido destruido.

Unos golpecitos le distrajeron y dirigió su mirada al suelo, en el se encontraban varias astillas y pedazos pequeños, uno mas le pego sobre su cabeza, la tomo con su mano. En su rostro se formo una sonrisa

-¡Maestro!- le llamo la niña -¡Maestro!

-¿Qué pasa Marie?- le pregunto mientras la salía a encontrar

-Se rompió el tronco- dijo de los mas obvio -¿ahora que hacemos?

-¿Se rompió?- le pregunto, ella asintió -¿o lo rompiste?- ella rio –bueno niña, ¿sabes lo que acabas de hacer?

-¿Romper el tronco?- respondió

-¿Sentiste algo? ¿una energía recorrer tu cuerpo?- ella negó -¿no sentiste nada?

-Nada- dijo, aunque pensó un poco –a la mejor… no sé, como un vacío dentro de mí- dijo mientras apuntaba su pecho –algo que crecía y luego desapareció y después de eso sentí un gran calor en la pierna y después el tronco salió volando

-Ya veo- respondió ante la rara explicación de Marie –lo que acabas de hacer pequeña es despertar tu Cosmo. Gracias a eso, podrás infundirle más poder a tus ataques

-¿De verdad?- pregunto la niña, Hasgard se dio cuenta de que un brillo se fijó en su mirada -¿maestro?- ella le seguía llamando… no era fuerza, tampoco confianza… ese brillo ya lo había visto antes en la mirada de uno de sus compañeros… esa niña iba a acabar con su paciencia

-Solo… vuelve a tu entrenamiento- ordeno

-¿Cómo lo voy a hacer maestro?- pregunto de nuevo –el arbolito murió

-Golpea otro árbol- ordeno

-A bueno

Hasgard se encamino hacia el sitio donde antes estaba tronco, cuando se agacho a verlo de más de cerca escucho otro sonido igual de estridente que el anterior, de inmediato desvió la mirada hacia atrás. La pequeña Marie solo agitaba su mano saludando a su maestro de lejos.

-¡Maestro!- grito -¡Se murió otro arbolito!- Hasgard coloco su mano sobre su rostro para tratar de calmarse

-Por Athena- se dijo –esta niña me volverá loco

-¡Maestro!- volvió a llamar la niña -¡¿Qué hago con los demás arbolitos?!

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-Más rápido- le exigió Kardia a Dameli quien se encontraba con los ojos vendando –no te distraigas y muévete- le volvió a ordenar mientras dejaba libre otra Aguja Escarlata mas

-¡Pero no veo nada!- renegó ella mientras caía al suelo pues el ataque de Kardia había dado cerca de donde ella estaba -¡Y eso no es justo!- le grito mientras se ponía de pie y ahora si esquivaba otra Aguja mas

-¿Por qué no es justo?- le pregunto Kardia mientras dejaba libre otras dos Agujas –tus oponentes no te van a mostrar piedad, justicia y con ellos nada de Que no es justo, porque donde lo digas te mueres

-¡Pero no estoy con un enemigo!- le volvió a reclamar mientras se quitaba la venda de los ojos y se la arrojaba

-¡Póntela en este momento!- le ordeno Kardia mientras se acercaba a una joven de 14 años recién cumplidos

-¡Oblígame!- le reto mientras acortaba la distancia

-Soy tu maestro y haces lo que yo diga- le recordó mientras le golpeaba ligeramente con su dedo índice en la frente

-No me importa- respondió ella mientras lo empujaba

-¡¿A dónde vas?!- le detuvo Kardia –todavía no terminamos

-Ya termine yo- dijo mientras le daba una patada en la espinilla y salía de ahí para tomar un descanso

-¡Dameli!- le grito mientras iba detrás de ella -¡Ven acá ahora mismo! ¡Dameli, hazme caso!

-¡Vete al demonio!- le respondió ella

-Mas respeto jovencita

Dameli se había vuelto un dolor de cabeza para el Caballero de Escorpio, cuanto deseaba volver el tiempo atrás, cuando hacia unos días ella era tan pequeña que la podía amarrar a una columna de piedra y así castigarla para que aprendiera modales, pero tal parecía que no había conseguido nada. Le había dicho alguna vez que nunca debía de mostrarse débil y menos ante sus oponentes, siempre tenia que tener la confianza de saberse victoriosa a pesar de que aun no haya peleando contra sus enemigos.

Ahí era donde residía la equivocación de Escorpión. La había llenado con un exceso de confianza y autoridad que hasta ahora le hacían desafiar al mismo maestro. Sonrió arrogantemente, se parecía tanto a él y podía llegar a ser mas fuerte porque ella tenia algo que él no… una excelente salud que no le impediría tener limites en sus poderes.

Sin duda alguna le enseñaría hasta poder opacar al mismo Caballero de Escorpio al que tendría que salvar, pero mientras estuviera bajo su tutela se tendría que acostumbrar a seguir sus ordenes quisiera o no.

-Ahora- le llamo mientras se coloca detrás de ella –apunta directo a ese muñeco

-Si, lo que digas- le respondió rebeldemente pero ansiosa de comenzar con su entrenamiento

-Solo cállate y hazme caso- le dijo mientras le jalaba la oreja –si solo fallas uno solo de los blancos te juro que las 2000 lagartijas de ayer en la tarde no serán nada comparadas con las que te esperan

-Eso es abuso- le respondió ella mientras se deshacía del agarre –ahora veraz que hoy la alumna superara al maestro pervertido

-Cállate y solo hazlo

Dameli se concentro en los blancos que había delante de ella, alzo su mano derecha y la uña de su dedo índice se tiño de rojo carmesí. Comenzó a correr hacia la distancia permitida por su maestro y empezó a arrojar las finas Agujas Escarlatas, solo se podían ver destellos finos que salían disparadas en varias direcciones acertando en cada una de ellas. Unos blancos mas se encontraban encima de una montaña no muy alta, dio un salto y arrojo las ultimas agujas, cayo al suelo elegantemente con una sonrisa orgullos en su rostro… había acertado en todos los blancos sin fallar ni uno solo.

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-¡Mujer del demonio!- le llamo Manigoldo -¡Bájate de ahí!

-Tu madre cabrón- le respondió

-¡¿Qué fue lo que me dijiste?!- le pregunto molesto

-¡Que chingues a tu madre!- le respondió -¡Cabrón!

-Mira escuincla- le respondió mientras la bajaba del árbol en el que se encontraba descansado –Te aguantas y me respetas que aunque te moleste soy tu maestro y me haces caso

Llorona como si sola, alegre y juguetona con un toque de acides y hasta amargura, se dejaba ver de vez en cuando lo despreocupada e incluso floja que podía llegar a ser. Pero también sabia que era una muy buena aprendiz y que ya no sabia que mas enseñarle, podía ir y venir del Inframundo cada vez que ella lo deseaba.

En uno de tantos entrenamientos que tenían como siempre Manigoldo la trato de atacar con sus Tenazas del Cangrejo, pero lo único que hizo su alumna fue esquivar sutilmente aquella técnica dejando que Manigoldo pasara de lado y que se fuera a estrellar contra una de las tantas rocas que había en ese sitio. Ella sonrió y decidió atacar a su maestro y demostrarle de una vez por todas que por fin lo había superado

-Restricción del alma- susurro la joven ahora ya siendo una mujer madura

-No la restricción- susurro Manigoldo sin darse el tiempo de poder defenderse ya cuando se dio cuenta su alma había sido separada de su cuerpo

-Lo vez- le dijo mientras le miraba levitar en el cielo –ahora ya puedo defenderme yo sola y sin tu ayuda Mani- le respondió orgullosa

-No sabes cuanto te odio- dijo mientras aun siendo espirito se cruzaba de brazos

-Lo se. Lastima pero yo te amo- le dijo mientras reía -¿Quién diría que a mis 28 años seria capaz de derrotar a Manigoldo? Y lo hice con una sola mano- después de eso se retiro de ahí caminando elegantemente

-¡Regrésame a mi cuerpo!- le dijo Manigoldo –¡No te hagas la sorda y devuelve mi alma a mi cuerpo!

-Ya no seas marica- le respondió –Regresa a tu cuerpo- le ordeno y de un momento a otro volvió a su cuerpo y salió corriendo de ahi

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-Para poder estar un paso mas adelante de tus enemigo Marie- comento Tauro mientras la niña hacia ejercicios de agilidad saltando de una piedra a otra –tienes que poseer mucha mayor velocidad y agilidad, debes de anticipar el ataque de tu enemigo

-¿Y como lo hago maestro? No veo nada con esta venda- comento mientras se detenía sobre una piedra

-Tienes que sentir su presencia, escuchar su respiración, como se mueven sus músculos

-Maestro- dijo mientras saltaba a otra piedra. Su cuerpo había cambiando físicamente, había dejado atrás a la niña de 4 años para pasar a una jovencita de 13 -¿Y si el oponente no tiene presencia?

-Marie- le llamo Hasgard –cuando un enemigo no tiene presencia es porque ya está muerto- ella sonrió ante eso -¿Qué dije? ¿Ahora porque te ríes?

-Porque ya le gane a mi oponente- dijo ella –no siento su presencia… ¡ay!- se quejó -¡¿Por qué me pego con una piedra?!- reclamo mientras se sobaba su cabeza

-Te estoy diciendo que pongas atención- regaño Tauro –Vuelve a tu entrenamiento, que después tendrás que hacer 1000 flexiones de cabeza

-¡Eso no es justo!- se quejó mientras volvía a brincar de roca a roca, hasta que resbalo de una

-¡Y ese error te cuesta el doble de todo!

-¡Odio mi vida!- respondió la joven

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-Esta es la mascara de Cáncer- dijo Manigoldo mientras le entregaba el artefacto a Carmen quien le miraba fijamente –es la primera vez que la usa una mujer

La mascara que sostenía Carmen entre sus manos era muy diferente a la que usaban las amazonas que eran plateadas y apenas adornadas, esta al igual que las demás era de un color entre dorada y platinado, pero lo que la diferenciaba de ser de Cáncer era la forma de esa, similar al rostro de la muerte, rasgos muy marcados que harían temer a cualquiera y pensarle dos veces antes de meterse con la guía de la muerte

-Personalmente y en mi humilde opinión- dijo Manigoldo interrumpiendo a Carmen antes de ponerse la mascara por completo –asustas mas sin ella

-Lo se Mani- respondió ella sin un atisbo de risa o burla, algo que tomo por sorpresa a Cáncer –se que soy fea, incluso ahora que soy delgada, eso no me hará ver mas bonita- dirigió su mirada al suelo

-No, claro que no- dijo de inmediato Manigoldo, no había medido el impacto de sus palabras –solo era una broma, no te lo tomes tan apecho- dijo mientras le daba unas palmadas en el hombro

-No te preocupes, es la verdad- dijo ella –no dijiste nada que no fuera cierto- después de eso se coloco la mascara en su rostro -¿nos vamos?

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-Muy bien Dameli- le llamo Kardia mientras caminaba a lado de ella

-¿Cómo me dijiste?- le pregunto la ahora joven de 27 años

-¿Qué?- le pregunto él extrañado de su pregunta –nada, te estaba diciendo Dameli que ahora es tu deber no empinar el signo de Escorpio, es decir, no la vayas a cagar

-Estoy escuchando que me estas llamando por mi nombre- respondió ella sin salir de su asombro –desde que llegamos siempre me llamaste escuincla, estorbo, niña, demonio, metiche…

-Si, ya entendí- le callo de inmediato –creo que crie a un monstruo- susurro –pero como te decía… es tu deber como toda Escorpión darle en la madre a todos

-Eso ya lo se- dijo ella confiando mientras le trataba de quitar la mascara

-Si te cae mal solo tienes que meterle unas Agujas para que te deje de molestar

-Si, ya dámela

-Y no mates a nadie, a menos claro de que te quiera robar o tratar de pasarse contigo

-Si, ya entendí… ahora dámela- dijo mientras trataba de quitársela de un salto

-Dameli- la detuvo y le miro fijamente –ve y aduéñate del Santuario y de todo

-Claro- dijo ella mientras tomaba por fin aquella mascara, símbolo de que ahora era toda una guerrera.

La mascara de la elegida de escorpión era un tanto llamativa, pues había un par de tenazas a lado de los ojales que sobresalían con un tenue color carmesí, la mascara se ajusto perfectamente al rostro de la joven quien sonreía arrogantemente, Kardia no la veía pero lo sabia, había criado a su doble en version femenina… sínica, sádica, arrogante, fuerte, brillante y sobre todo linda.

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Su mirada permanecía mirando hacia el horizonte, dejando que el aire jugara con los flecos que había escapado de su trenza, sabia que faltaba solo unos pocos minutos para poder encontrarse con sus amigas, sabia que apenas las conocía pero sentía que había un fuerte lazo entre ellas y que después de eso jamás se llegaría a romper, las uniría toda la vida.

-Bueno niña- le llamo –es hora de irnos

-Lo se- dijo ella mientras se estiba –bueno, andando que nos dejan…- la chica se detuvo en seco al ver la caja que su maestro le ofrecía -¿Qué es esto?

-La prueba de que eres una Caballero Dorada

-Wow- susurro al ver que dentro de la caja había una mascara platinada, en el centro había un relieve en forma de tiara en color azul rey –¿y para que la quiero?

-Marie… ¿Por qué siempre rompes la trama?- le pregunto Hasgard mientras la tomaba y la colocaba en su rostro –ahora eres una guerrera y tu rostro no debe ser visto por nadie mucho menos por un hombre

-¿Y por las demas?

-Bueno, ellas si…

-¿Y Athena?

-Tambien…

-¿Y tu?

-¡Marie!- le llamo en voz alta mientras le arreglaba bien la mascara –pon atención a las palabras de tu maestro- ella asintió –ahora seras llamada Aldebarán…

-No quiero, esta horrible el nombre- dijo ella de inmediato mientras se cruzaba de brazos

-Es el deber de todo Tauro llevar ese nombre

-Pero no me gusta- dijo ella –mejor… mejor me llamo…- pensó un poco –mejor Tauri

-No

-Pero suena mas bonito y mas femenino

-No

-Pero esta mejor

-No es no- dijo Hasgard –serás llamada Aldebarán y punto

-Que feo nombre- continuo renegando –yo quería otra constelación, no es mi culpa el haber nacido bajo Tauro

-Deja de rezongar- le dijo Hasgard mientras la tomaba de la mano y la jalaba hacia el lugar donde habían llegado

-Pero no me gusta, el nombre esta horrible- continuo diciendo

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¿Que les parecio? espero que les haya gustado. De parte de Tutuli88 y mia les mandamos un fuerte abrazo y gracias por seguir esta loca historia, nos vemos en el proximo capitulo, esperenlo con ansias