Hola… lo se, ahora me volví a tardar, pero tenia algo que ocupaba mi cabeza y pues no me debajo pensar en claro. Así que después de tanto tiempo trate de terminar con el prologo para comenzar con lo bueno y sobre todo… pasar a la situación de los Caballeros Dorados! Bueno sin mas, es algo que hice con mucha distracción (situación de salud delicada de mi ahijado la cual como dije no me dejaba pensar bien) por eso trate de cerrar esto rápido y dejar ya tanto rollo. Como siempre, Tutuli y yo les agradecemos por seguir con nosotras, el próximo capitulo va a estar mejor que este y eso se los prometo. Nos leemos pronto
~ 1 ~
Elena miraba fijamente a su maestro Hakurei, este se encontraba con sus brazos cruzados sobre su pecho, mantenía los ojos cerrado meditando lo que estaba por hacer con Elena y Melissa, esta última desvió la mirada hacia su compañera quien también le miraba. Ninguna de las dos sabía que era lo que iban a hacer, pues al final del día solo ellas habían quedado juntas.
Todas las demás se había quedado solas, únicamente con sus maestros, unos más raros que otros. Lo que eso significaba una sola cosa, que entre todas ambas tenían mayor posibilidad de ser más cercanas que las demás.
-Muy bien niñas- les hablo a ambas –vamos a entrenar todos juntos, pero llegara un momento en que tendré que separarlas para que puedan aprender sus propias técnicas
-Está bien- respondió Elena -¿pero qué vamos a hacer?
-¿Entrenar?- pregunto Melissa algo perezosa mientras daba un largo bostezo y se tallaba sus ojos –pero yo estoy cansada
-Entonces entrenemos después- le dijo Elena mientras sonreía al ver que su compañera tenía algo de sueño
-¿De verdad?- pregunto Melissa esperanzada
-Niñas- le llamo Hakurei –pónganme atención
-Claro- respondió Elena –nadie puede entrenar con sueño
-¿Y dónde nos vamos a dormir?- pregunto Melissa mientras veía a su alrededor
-Niñas- dijo Hakurei –por favor háganme caso niñas- comento pero las dos pequeñas niñas se encontraban buscando donde ir a tomar una ligera siesta –todavía no hay que tomar ninguna siesta, primero hay que entrenar y antes que nada…- comento mientras caminaba a las niñas que ya habían caminado un gran tramo
-Pero tengo sueño- comento Melissa mientras veía a su maestro
-Y yo también tengo sueño y tengo hambre- susurro Elena
Hakurei las observo, demasiado inocentes como para ser Caballeros, pero con esos ánimos que llevaban como que no le daba buena pinta para hacer de esas dos niñas buenas guerreras, más cuando perderían irse a dormir y comer en lugar de entrenar. Hakurei las tomo en brazos, una en cada uno de sus fuertes brazos y las llevo hacia donde se encontraba su taller para poder comenzar a trabajar con ellas, Elena todo lo que conlleva las armaduras y su preparación y Melissa cada una de las armas de la armadura y su utilidad.
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Regulus corría detrás de Sofía, nada mejor que comenzar el entrenamiento físico que comenzar a correr y más si la pequeña niña corría delante de él. De entre todas las niñas que habían llegado a ese sitio Sofía era la más pequeña de estatura, estaba seguro que cuando fuera una mujer adulta no pasaría del más de 1.65 de altura.
-¡Alcánzame! ¡Vamos, más rápido!- le gritaba mientras la veía brincar a lo lejos
-¡Ya voy!- le respondió
Sofía era una niña que tenía mucha energía dentro de sí, no sabía cómo era que los demás iban a llevar su entrenamiento pero lo que él sabía era que lo llevaría de una manera en la que la niña no se aburriera y aun así pudiera convertirse en una buena Caballero del signo de Leo.
Para eso ella tendría que mejorar su velocidad, pues los ataques de Leo se basaban en eso, era lo básico para que pudiera dominar grandes técnicas como el Colmillo del león o el Plasma Relámpago. La velocidad de Sofía tenía que estar a la par de Marie, ya que era sabido por todos que el signo de Tauro era el más veloz de todos seguido de Leo.
-Muy bien- le dijo cuándo la tomo en brazos –te alcance Sofía
-No es justo- dijo ella mientras se cruzaba de brazos y miraba a su maestro –hiciste trampa
-Yo nunca hago trama
-Claro que si- dijo ella –lo que pasa es que corres más rápido que yo y eso no es justo
-Si corro más rápido es porque tengo más tiempo entrenando
-¿En serio?- él asintió -¿y yo voy a poder hacerlo también?
-Y muchas cosas más- le dijo sonriente
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-¡Hazlo otra vez! ¡Hazlo otra vez!- insistía Cassila mientras brincaba capturando los restos de copos de nieve que caían
-Por favor, ponme un poco de atención- rogo Degel mientras veía brincar a la niña de un lado a otro
-¡Otra vez! ¡Otra vez!- pedía la niña sin dejar de saltar y con una gran sonrisa en su rostro- Degel dejo salir un suspiro de cansancio y volvió a liberar un poco su Cosmo para que esa parte comenzara a nevar
-Ahora Cassila- le llamo pero la niña estaba mas entretenida con los copos que caían –por favor Athena, dame paciencia
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-Disciplina- escucho Casandra sentada en el suelo mirando al caballero de Capricornio –eso es lo que debe de tener todo Caballero que sirve a la causa de la diosa Athena… disciplina ante todo- ella asentía –ahora Casandra, es tu deber aprender cada una de las técnicas de Capricornio, sobre todo… afilar tu espada mas que cualquier otra
La pequeña sentía que los ojos le comenzaban a pesar más de la cuenta, en realidad ella solo asentía pero no sabía nada de lo que El Cid se encontraba hablando en ese momento, era algo que no entendía y mucho menos ahora que el sueño la estaba atacando.
-Ser el Caballero mas fiel a la diosa Athena es algo que se gana y sobre todo se demuestra en el campo de batalla. Tu deber será permanecer de pie hasta el ultimo momento y si es necesario dar tu vida para que tus compañeras de armas regresen aunque tu no lo hagas- desvió la mirada hacia la niña que aun seguía sentada en el suelo –¿entendiste tu encargo Casandra?
-Si- respondió de inmediato
-Me alegra escuchar eso
-Bueno, me quede en que tenemos una espada y ya no se que mas dijo- respondió sinceramente, tallo sus ojos con su mano y miro fijamente a su maestro
-¿Estuviste poniendo atención?
-Al principio- respondió ella –ya después me perdí
Era cierto, los niños no eran lo suyo y mucho menos si se tenia que tratar con niñas que a la edad de Casandra les importaba mas como vestir a sus muñecas que estar siendo instruidas en el arte de la guerra y los combates, tendría que tener la paciencia de Asmita si quería trabajar con esa niña; de lo contrario, terminaría siendo el único que entregaría una niña que no sabría siquiera dar una buena patada para defenderse de los enemigos.
-Y…- le llamo Casandra -¿Qué es lo que vamos a hacer?
-Correr Casandra, eso es lo que vamos a hacer- respondió cansado sin siquiera haber hecho nada, ella solo sonrió ante la actitud del caballero
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-¿Me quieres hacer caso por una vez en tu vida Sofía?- rogaba Regulus al ver como la niña se la pasaba brincando de un lado al otro unas piedras que se encontraban incrustadas en el suelo
-Le estoy escuchando- respondió sin dejar de ver aquellas rocas para no caer al suelo
-A ver niña- le pregunto –repíteme lo que te acabo de decir
-Que la técnica más poderosa de Leo es el Plasma Relámpago y que debo de tener un muy buen control en el manejo del Cosmo para poder usarlo con todas mis fuerzas
-Sí, estas poniendo atención- dijo derrotado el joven león –bueno Sofí, es hora de…
-¡Jugar!- se adelantó la niña
-No, de entrenar- comento –ya jugamos mucho ahora toca entrenar sino, serás la más débil de todas
-¿Y que voy a hacer?- pregunto ella
-Pues vamos a aprender a esquivar todos y cada uno de los ataques- dijo muy decidido, la niña solo lo observo -¿Qué? ¿pasa algo Sofía?
-¡Abusivo!- le grito -¡Me quieres pegar!- le grito y salió corriendo de ahí
-¡Claro que no! ¡Solo vamos a entrenar!- le grito mientras salía corriendo detrás de ella
La pequeña Sofía extendió su mano hacia su maestro que se encontraba aun retirada de su alcance, de esta pequeña mano salió una pequeña llama de energía que desapareció antes de llegar a la mitad de la distancia que los separaba. Regulus sonrió, al menos sabía que la niña ya estaba comenzando a despertar su Cosmo, lo difícil seria que ella lo aprendiera a usar como era debido, claro, después de que el juego se convirtiera en la segunda opción de la niña.
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-Desearía decir que está perfecto- comendo Degel observando detalladamente la piedra que Cassila había congelado desde 3 horas atrás –pero aun no
-¿Por qué?- pregunto apenas con el poco aire que le quedaba mientras apoyaba sus manos sobre sus rodillas
-Por esto- Degel toco ligeramente una parte de la piedra, el hielo que lo cubría se agrieto para después caer al suelo
-¡¿Qué fue lo que hizo?!- exigió saber
-Parece que aun tienes mucha energía- murmuro Acuario al ver la reacción de la niña
-¡Me tarde mucho haciendo eso! ¡No es justo que venga a romperlo y decir que todo esta mal!
-Deja de gritar y vuelve a congelar…- se detuvo y miro alrededor buscando un blanco –aquella roca- apunto a una que se encontraba a unos pocos metros de ahí
-¡Esta enorme!- se volvió a quejar -¡Ya estoy cansada!- volvió a quejarse
-Si te la pasas gritando eso quiere decir que te sobran fuerzas- dijo –ahora hazlo
-Pero esta muy grande
-Esa roca no se va a congelar sola- le ánimo, ella quería responder pero solo dejo salir un suspiro y continúo con su tarea.
Degel había demostrado ser un buen maestro, duro y estricto cuando se debía pero comprensible y cariñoso cuando se trataba de animar a la niña para que continuara con su entrenamiento.
La pequeña Cassila tenia un gran afecto a su Cosmo, se entretenía mucho haciendo nevar donde se encontrara y congelar el suelo para poder patinar, hacer que los campos se cubrieran de nieve únicamente para poder jugar con ella. Pero cuando se trataba de usar su Cosmo para el entrenamiento le resultaba algo que ni ella misma quería hacer, lo veía como una pérdida de tiempo.
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-¡Pero ya me duele el brazo!- se quejo Casandra mientras se masajeaba su brazo derecho
-Debes de aprender a usar el filo de tu espada
-¡No es una espada! ¡Es mi brazo!
-En tu brazo derecho se encuentra dormida Excalibur- le explico el Cid mientras ella lo ignoraba –Sabes que tu espada debe de encontrarse totalmente afilada
-Pero ya me duele el brazo- le hablo mas tranquilamente –mejor me da permiso de descansar un ratito y luego…
-No
-Pero si descanso recupero energía y así…
-No
-Así ya no me voy a quejar tanto- respondió entre dientes
-No
-¡Quiero descansar!- dijo o mejor dicho exigió
-No
Después de cerrar la conversación El Cid camino de regreso a preparar el siguiente entrenamiento mientras que Casandra se había quedado molesta y de brazos cruzados, por supuesto que no iba a realizar ninguna clase de entrenamiento, iba a descansar porque se lo merecía y no le importaba lo que su maestro le fuera a decir
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-Elena- le llamo Hakurei –a lo tuyo- desvió la mirada a Melissa –y tú, ponte a hacer el ejercicio que te falta
-Pero ya me canse- se quejó la futura libra mientras se acomodaba más en el suelo y desviaba la vista a su compañera
-Ya te quiero ver como harías lo que a mí me toca- se quejó Elena al estar midiendo la cantidad exacta que tenía que usar para reparar una tiara de una armadura de plata
-Pues yo se hacerlo mejor que tú- le respondió la niña
-Claro que no- contra ataco Elena mientras se ponía de pie y se acercaba a su compañera –porque tu solo tienes tus armas
-¿Y eso que? Yo puedo hacer lo que tú haces con los ojos cerrados- respondió Melissa mientras se ponía de pie
-Te quiero ver que lo intentes- le reto Elena
-Cuando quieras- empujo a su compañera
-¿Me empujaste?- Elena le pregunto lo obvio
-Y lo vuelvo a hacer- respondió Melissa mientras lo volvía a hacer
Hakurei no dijo nada acerca del comportamiento de ambas niñas. Sabia que había hecho muy mal en comenzar a entrenarlas primero en combate, pues no eran como las típicas niñas que se jalaban los cabellos y se empujaba, no; claro que no… ellas preferían el combate con pies y manos y comenzar a explotar el mínimo Cosmo que estaba comenzando a nacer en el interior de ambas.
Hakurei veía esto como algo normal, al menos a esa edad sus dos niñas que se le habían encargado podrían vencer a las demás, pero entre ellas parecía que se querían matar, pues ambas proclamaban tener una labor mar pesada que la otra.
-Athena, por lo que más quieras… dame paciencia para soportar tan pesada labor que me diste- comento mientras veían como los pequeños puños de ambas se estrellaban entre si
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El Cid se destacaba por ser demasiado frio con su alumna, demasiado para el gusto de la joven Casandra. Pero aun así ella sabía qué hacer para que su maestro le dedicara una sonrisa de aprobación, una leve caricia en sus cabellos o simplemente posar su mano encima de su cabeza.
Porque su maestro era perfeccionista, demasiado para el gusto de Casandra, pero había algo que ya le había influenciado su maestro y era la Perfección… palabra que ella odiaba. Pero lo sabía… no estaba quieta hasta poder partir de un solo movimiento lo que fuera que el Cid le pusiera frente a ella, llámese árbol, piedra, suelo rocoso, la falda de un volcán, el mismo mar… cualquier cosa.
Aun así ella jamás se rendía a la primera y eso es lo que en ese momento quería hacer, derrotar a su maestro que en ese momento se encontraba enseñándole a pelear cuerpo a cuerpo
-¡Más rápido!- exigió su maestro mientras ella se encontraba de rodillas tratando de tomar aire, pues su maestro se movía a una velocidad impresionante
-Si maestro, lo intentare
-¡No lo intentes!- le recalco -¡Hazlo!
-Pero maestro… ¿Cómo puedo hacerlo?- pregunto ella mientras se ponía de pie -¿Cómo es que puedo siquiera compararme con su velocidad?
-Arriba- le dijo mientras la levantaba del brazo sin llegar a ser brusco –lo que tienes que hacer es encender tu Cosmo
-¿Cómo?- pregunto ella de nuevo, en sus ojos se reflejaba la determinación de poder aprender lo que fuera de su maestro -¿Cómo hacer elevar el Cosmo más de lo que ya lo he hecho?
-Quiero que eleves el Cosmo, de esa manera podrás comenzar a alcanzar la velocidad de la luz característica de un Caballero de Athena
-Si señor- respondió ella
-Ahora, ve a practicar el golpe de tu espada- le ordeno –se me ocurrirá algo para que puedas trabajar con tu velocidad
-Si maestro
La joven Casandra hizo una pequeña reverencia para alejarse al mar, ahí podía entrenar el golpe de su brazo elevando su Cosmo, gracias a la presión del mar y la combinación algunas veces de las olas salvajes ella podía practicar duramente, no solo el brazo donde yacía el espíritu de Excalibur, sino también su brazo izquierdo y sus piernas que también eran capaces de cortar lo que estuviera en frente de ella.
El Cid solo la veía de lejos, recordaba cómo era unos días atrás, que parecían años… pues hacia un día era una niña rebelde que le respondía cada vez que podía y ahora días después veía a una joven de 14 años que se encontraba seria y firmemente enfocada en su entrenamiento. Una jovencita que seguía cada una de las órdenes de su maestro, sonrió… pues aun en algunos momentos la joven se le rebelaba.
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Degel sabía que la actitud rebelde y juguetona de Cassila era algo que compensaba perfectamente con su modo de pelea. Jamás había pensado en la forma de usar su Cosmo para congelar el suelo y ayudarse patinando para poder moverse más rápido y confundir a su enemigo, más si este no sabía nada de patinaje o como pelear contra el hielo.
Degel trataba de capturarla con un aro congelante, pues jamás en ninguno de los entrenamientos que habían tenido había sido capaz siquiera de tocar uno solo de sus cabellos. Pero era difícil, Cassila se movía de un lado a otro gracias al suelo que se encontraba congelado, también sabia en que punto ponerse para cegar a Degel, pues los rayos del sol se reflejaban como si se tratara de un espejo
-Aquí- le llamo Cassila, se encontraba detrás de él, tomo impulso para deslizarse por el suelo y golpear a Degel en las piernas para que perdiera el equilibrio -¿Cómo lo ve maestro?- pregunto ella muy orgullosa –¿ya estoy lista?
-No- le respondió de inmediato mientras seguía sentado en el suelo frio –aun te falta mucho, sobre todo si quieres usar esta… "técnica"- hizo referencia hacia el suelo congelado
-Pero soy genial- comento ella mientras patinaba en círculos alrededor de su maestro –nadie pelea como yo
-De hecho ningún Acuariano se le había ocurrido este tipo de estrategia
-Lo ve, hasta usted lo acepta- comento ella mientras ayudaba a su maestro a ponerse de pie –debería de entregarme en este momento la armadura
-Aun no- volvió a decir –aun te falta mucho
-Eso no es justo- comento, haciendo referencia hacia el comentario de su maestro y al ver que con solo un movimiento de su mano el hielo del suelo desapareció
-Andando- le dijo mientras comenzaba a caminar y la niña muy feliz usando el Cosmo para hacer caer nieve
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-Concéntrense- recalcaba Hakurei mientras las niñas se encontraban meditando, tratando de elevar su Cosmo –desconéctese de todo y de todos. Sientan fluir los ríos, el sonido del viento. El latido de su corazón, el…
El maestro ya no dijo absolutamente nada, solo se dedicó ver a ambas niñas que se encontraban tranquilamente dormidas, de vez en cuando uno que otro ronquido salía de ellas, Hakurei se molestó ante eso y con ayuda de su Cosmo comenzó a emanar unos rayos de sus cuerpos hasta que decidió despertarlas con una gran descarga eléctrica.
-¡Ya estoy despierta!- grito Melissa
-¡Que agresividad maestro!- también se quejó Elena -¡No es justo!
-¿No es justo?- dijo el maestro
-Claro que no- dijo Melissa –para eso se habla no se electrocuta a la gente
-Ademas eso es de mala educación- le comento Elena mientras se trataba de desentumir el cuerpo igual que su amiga
-Entonces es justo que ustedes se duerman y yo hable como loco solo- dedujo mientras ellas se quedaban calmadas
-Bueno, eso depende de la perspectiva que lo vea- dijo Elena mientras Melissa luchaba para que sus ojos no se cerraran –porque si usted dice que estaba hablando solo como loco quiere decir que tiene grandes problemas
-Elena…- le llamo -¡Melissa despiértate!- le grito a la niña
-¡Que estoy despierta!- se defendió la niña
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-Plasma Relámpago- grito Sofía mientras cientos de haces de luz aparecían para estrellarse en la tierra y destruir todo lo que había
-Bien hecho- felicito Regulus mientras se acercaba a donde había sucedido aquella explosión –pero aun te falta más
-¡Pero lo hice bien!- se quejó –Destruí todo lo que había a mi paso
-Pero debe de verse de esta manera- Regulus concentro su Cosmo al máximo y determino un lugar exacto -¡Plasma Relámpago!
Todas las rocas que se encontraban frente a él quedaron destruidas de un momento a otros, todas y cada una de ellas hechas añicos. Sofía se quedo sorprendida, su maestro a pesar de que ahora se veía de su edad, era aun mas fuerte que ella, no habían mentido al decir que él era un prodigio entre los de su generación. Parpadeo un par de veces, hasta la roca mas grande había desaparecido de ese lugar
-Lo vez- le llamo mientras ponía la mano sobre su cabeza –tienes que elevar mas tu Cosmo para que puedas hacer lo que yo hice
-Regulus- le llamo y él le presto atención
-Te odio- después de eso se dio la media vuelta, odiaba perder en contra de su maestro
-¡Sigue trabajando!- le grito mientras la veía regresar a quien sabe donde iba -¡Y pronto podrás hacer lo mismo!
-¡Vete al demonio!- le respondió ella
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El tiempo pasaba pronto, demasiado pronto para los maestros, algo largo para las aprendices. Muy pronto fueron capaces de ponerse al nivel de ellos. Aunque lo hacían enojar cada tres horas, en Hakurei nació un cariño especial por aquellas dos jóvenes mujeres. Elena era una chica que podía hacer cualquier cosa, poniéndole su marca, su sello personal a las técnicas más básicas de Aries y ni hablar de la técnica más poderosa de su signo, así como el hecho de reparar las armaduras, algo diferente a la misma acción de siempre. Mientras que Melissa a pesar de que siempre era de las dos la más perezosa se había convertido en una experta con cada una de las armas de Libra. Claro que muchas veces Hakurei temió por su vida (a pesar de que ya no la tenía) pero ver que una espada o una de las barras pasaran cerca de su cabeza o cuello no era para nada bueno. Sin duda alguna, usar las máscaras que les había entregado debían de ser parecidas a ellas. La máscara de Melissa se distinguía por tener un trenzado en el borde de los ojos y la de Elena tres estrellas en el ojo izquierdo que resaltaban.
Degel por una parte termino por aceptar el carácter alegre de Cassila. Se había convertido en una hermosa mujer, pero aun así su carácter infantil siempre era el que salía a flote, tal vez era porque ella estaba enamorada de la nieve, del hielo, ese mismo amor era el que empleaba en los combates, pues parecía que estos obedecían a lo que ella deseaba. Su técnica de Rayo de Aurora era algo diferente a la que él manejaba, pues esta se encontraba rodeaba del Polvo de Diamantes, sin duda alguna esta joven iba a ser una de las más fuertes entre sus mismas compañeras. Su máscara se distinguía por poseer pequeños copos esparcidos por toda la protección que solamente se veían a contra luz.
El Cid era el mas orgulloso de todos, por eso cuando entrego la mascara adornada con una fina línea en recto en el ojo derecho lo había hecho sin decir palabra alguna. No era común en él felicitar a Casandra por haber sido una gran aprendiz, aunque en ocasiones rezongona. Pero había hecho lo que a él le había tomado una vida… conseguir la espada mas afilada y perfecta. Casandra era una digna portadora de Excalibur y eso lo había comprobado cuando estuvo a punto de deshacer de nuevo su brazo, era calculadora y sabia atacar cuando era necesario. Aunque a veces el calor se le subía a la cabeza y era en esas ocasiones cuando las cosas podrían salir mal, pero teniendo a sus compañeras seria difícil que eso llegara a pasar.
Regulus la había visto crecer, bueno… hasta donde su cuerpo pudo, porque apenas Sofía había alcanzado la mínima estatura de 1.65 como el había previsto, de nuevo el signo de Leo era el mas pequeño de todos, siendo Aries la mas alta, aun así, Sofía parecía que no le importaba. Había alcanzado la meta, de colocarse como la Santo mas rápida, si es que Tauro no había alcanzado ese don. Sin duda alguna la velocidad la favorecía de varias formas, pues sus ataques iban impresos con ella. La mascara de ella destacaba por mucho, sobre todo por los detalles felinos y eso todas sus compañeras lo habían visto pues se encargaba de molestarla por eso. Aun así… Sofía era una gran guerrera, tan capaz de valerse por si misma…
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El Santuario aun se preguntaba por qué la diosa Athena se encontraba encerrada en sus aposentos, ya habían pasados muchos días y de ella no se sabia nada, ademas el que estuvieran los Caballeros de Bronces más leales a ella en ese sitio daba mucho a que pensar.
Era tarde, apenas el sol estaba por comenzar a ocultarse y dar paso a la luna y las estrellas, se sintió un aura pesada. De pronto un fuerte estruendo como si un rayo hubiese caído se dejo escuchar y unos Cosmos atemorizantes que llamaron la atención de todos los presentes. La mayoría de los caballeros que se encontraban aun se reunieron en el Coliseo mientras que los de Bronce mas fieles a Athena se acercaron de inmediato al sitio donde se sentía aquellos Cosmos. Shun y Seiya se atrevieron a abrir la puerta de Saori, lo que vieron los dejo con la boca abierta.
De lo que nadie se había dado cuenta era de que las Armaduras que se encontraban en las Casas Guardianas comenzaron a brillar y resonar entre ellas.
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Bueno, por fin termine con esto. Ya ahora si, adiós al prologo y bienvenida sea la acción. Espero no tardar mucho en actualizar. Nos vemos pronto, se cuidan y como siempre agradecemos todos y cada uno de sus mensajes.
