John, me gustaría presentarte a la señorita Martha Manning, la hija de uno de mis socios. —Decía su padre mientras le presentaba una bella y rubia joven de aproximadamente su misma edad.

Es todo un gusto conocerla. —Le dijo el pecoso a la doncella para luego besarle la mano por pura cortesía.

El gusto es todo mío. —Respondió ella con una sonrisa formada en sus labios.

Bueno, los dejaré a solas para que se conozcan mejor. —Dicho eso el hombre de pelo canoso se retiró, sin darse cuenta que los dos jóvenes voltearon a ver inmediatamente que tan lejos se encontraba de ellos ahora.

Así que… ¿qué te gusta hacer?—Preguntó John, sintiéndose algo incómodo, pues sabía que solo la habían presentado como posible pretendiente y aunque de ser por él hubiera corrido lo más lejos posible, tampoco quería ser maleducado.

Pues, no mucho, leer, bailar, tomar el té…—Respondió con un suspiro. —Por cierto, si ves a tu padre a lo lejos solo finge que te estás divirtiendo conmigo. —Le dio un guiño.

¿Disculpa?

No se preocupe señor Laurens, sé muy bien que su padre solo nos presentó esperando que surja algo entre nosotros, aunque usted no está interesado para nada en mí, ¿o es que acaso estoy equivocada?

Pues, bueno…—Se quedó callado , pues se había asombrado por cómo se dio cuenta tan rápido.

Tomaré eso como un "No Martha, no lo estás, tu si sabes leer la mente de los hombres"—Dijo por él, dándole gracia al de pelo rizado.

Pues, ¿le gustaría dar un amistoso paseo por la ciudad?—Se inclinó señalándole el camino.

Solo diré que sí porque no tengo otra cosa mejor que hacer. —Contestó ella en broma, provocando más risas, para luego comenzar a caminar al lado de él.

Y ese fue el inicio de una linda amistad.

[…]

— ¡John! No creerás lo que nos mandaron hoy. —Decía Eliza emocionada mientras le otorgaba a su marido unos sobres.

Laurens la abrió con curiosidad, percatándose de que eran dos invitaciones para una boda en Inglaterra, pero no era cualquiera, sino era la boda de Martha Manning, de la cual habían hablado ayer.

—Vaya, es increíble. —Comentó con una sonrisa.

— ¡Lo sé! Por fin conoceré a tu amiga Martha.

—Ah, sí…—Dijo mientras se ponía algo nervioso.

— ¿Qué sucede Jack? ¿Te preocupa el hecho de que tu esposa va a conocer a la mujer con la que casi te acostaste una vez?—Preguntó Eliza mientras le sonreía de forma pícara y se cruzaba de brazos.

«Oh, cierto, había olvidado que ya lo sabía» Pensó John, recordando que Peggy le había contado debido a que era un rumor del cuál tanto él como Martha se negaban a hablar, finalmente cuándo Eliza le pidió ser honesto con ella acerca de ese tema no le quedó de otra que contarle la verdad, afirmando que si tuvo la intención pero nunca se pudo por una discusión que hubo. Para su sorpresa no le molestó escuchar eso, pues había agradecido su sinceridad y aparte sabía muy bien que eso fue cosa del pasado.

—No me pondré celosa, si eso es lo que te inquieta, de todas formas sé que eres mío. —Le aclaró ella para después darle un beso.

—Así es, soy tuyo. —Afirmó él. —Oh, por cierto, ¿dejaremos a Philip con tus padres o alguna de tus hermanas?

—Pues, como te dije antes, mi familia conoce al novio, así que seguramente también estarán invitados.

—Y la mía de seguro también está invitada…

—Entonces, ¿con quién podremos dejarlo?—Preguntó preocupada mientras se ponía a pensar junto a su esposo. Luego se dieron cuenta que eso solo les dejaba una opción.

[…]

— ¿Qué quieren que yo qué?—Preguntó Hamilton totalmente confundido ante el favor que le habían pedido.

—Que cuides a Philip por unos días mientras vamos a Inglaterra a la boda. —Repitió John.

—Es que mi familia confirmó su asistencia y aunque no sabes con exactitud si la de John también irá no podemos dejar a Philip en Carolina del Sur, sería un riesgo para su salud. — Aclaró Eliza. —Y cómo eres su padrino eres lo más cercano a un familiar disponible.

—Pues discúlpenme pero les recomendaría dejar a su hijo en manos de otra persona si quieren que viva más. —Dijo con sinceridad.

— ¡Vamos Alexander! Hercules y su esposa te pueden ayudar, de todas formas vives con ellos. —Dijo el pecoso.

—Por favor, no será mucho tiempo. —Suplicó la pelinegra.

Entonces Alexander se le quedó viendo a la pareja, y finalmente se rindió, no podía decirles que no.

—De acuerdo. —Dijo el caribeño para luego soltar un suspiro. — Lo cuidaré, pero solo porque la esposa de Hercules si sabe cambiar pañales.

— ¡Muchísimas gracias!—Exclamó de alegría para luego abrazarlo, y luego de separarse de él vio cómo su marido también le daba un abrazo.

—Gracias, sabía que podía contar contigo. —Le dijo Laurens con una sonrisa.

—Haría cualquier cosa por ustedes, Jack. — Mencionó Hamilton. —Cualquier cosa…

[…]

Y cuéntame, ¿acaso hay una persona que realmente se haya ganado un lugar en tu corazón? —Preguntó Martha con curiosidad mientras seguía paseando con John.

Pues…siendo sincero sí. —Admitió él. —Pero dudo que podamos estar juntos.

Oh, amor prohibido, que interesante~—Comentó ella. — ¿Acaso ella es pobre? ¿O la hija de un comerciante rival de tu padre? —Preguntó con intriga y algo de emoción.

Oye, tranquila. —Rió. —Y te recomiendo bajar la voz si no quieres que unos rumores surjan.

Oh, discúlpame. —Dijo avergonzada. —A veces me dejo llevar, solo olvídalo.

No, está bien, aunque solo diré que es algo complicado. —Contestó a su duda en un susurro. «Más porque en realidad es un hombre» Pensó.

Ya veo, y no se preocupe, como dije antes, todo sus secretos están a salvo conmigo. Aunque tampoco estás forzado a contarme todos y con muchos detalles. —Aclaró.

Nada mal para alguien que acabo de conocer mediante mi padre, en un intento frustrado de conseguirme pareja. —Soltó una risa al igual que ella.

[…]

—Es tu primera vez yendo a Inglaterra, ¿verdad?—Le preguntó Laurens a su cónyuge mientras se le quedaban viendo al mar, encontrándose ya aproximadamente en medio del camino.

—Así es, aún no puedo creer que conoceré el país, aunque no sé si vaya a ser algo incómodo por el hecho de que hace poco nos independizamos de él.

—No te preocupes, ni que fuéramos a gritar "Hola, venidos de la nación que se separó totalmente de ustedes porque no nos agrada su rey que quería mandarnos un batallón para demostrarnos su amor. Por cierto, yo peleé en esa batalla, ¿qué opinan? ". —Dijo eso último en un tono carismático a propósito para darle más gracias a la broma, causándole unas carcajadas a la de pelo azabache. —Y además, solo nos quedaremos hasta que el evento de celebración de la boda termine, no será mucho. Nos la pasaremos de maravilla. —Dicho eso le besó la frente.

—Muy bien, confío en ti.

[…]

John Laurens y Martha Manning habían comenzado a volverse cada día más cercanos conforme pasaba el tiempo. Empezaban a pasear más a menudo, a platicar, enviarse cartas y demás, pero solo eran amigos, nada más. Pero para su desgracia eso no decía la gente que los veía juntos, quiénes no dejaban de correr el rumor de que eran pareja en secreto, para disgusto de Laurens, quién ya comenzaba a hartarse y debido a eso sus ganas ocultas de salir de Londres.

Cierto día Martha se dio cuenta que John tenía problemas con otro de sus amigos, más se dignaba a no interferir ni preguntar nada acerca del tema por respeto a su vida privada y tampoco quería obligarlo a contarle todo, no quería cometer el mismo error. Pensó que quizás era algo del que nunca sabría con detalle que ocurría, hasta que un día al anochecer recibió una visita inesperada.

¿John? ¿Qué haces aquí?—Preguntó la rubia confundida al darse cuenta que su amigo, había tocado la puerta en un aparente estado de ebriedad.

¡A visitar a mi querida amiga!—Exclamó él mientras corría a abrazarla antes de que pudiera decir algo más.

Definitivamente estás borracho. —Afirmó mientras lo empujaba pero sin mucha fuerza.

¿Qué? No, ¿por qué piensas eso?—Negó en vano, pues la forma en que hablaba y se tambaleaba, junto al color carmesí abundando en su rostro, mostraba lo contrario.

Creo que es mejor que te lleve a tu casa.

¡No! Por favor, todo menos eso…estaré en problemas si me ven así. —Suplicó. — ¿Crees que pueda quedarme en tu casa un rato?

¡¿Has enloquecido?! Mi padre te mataría si te ve adentro.

Oh, ¿está ahí?

—…No, él salió y volverá en unas horas, mientras que a las sirvientas se les otorgó el permiso de visitar a un familiar en común que está enfermo, por lo tanto por ahora estoy sola en casa. —Confesó. — ¡I-igual sería una mala idea que entraras!

Prometo no hacer mucho escándalo, por favor. — Pidió otra vez mientras se le acercaba al rostro de la chica, haciendo que ella se sonrojada inevitablemente.

D-de acuerdo. —Accedió finalmente para luego dejar entrar al pecoso mientras se aseguraba que nadie los estuviera viendo, lo último que necesitaba era un malentendido que se esparciera por todas partes. Aun así, ¿qué podía salir mal?

Finalmente le mostró la sala y el comedor, pidiéndole que se sentara por un rato. Y así es como tuvo que soportar las tonterías que decía por el efecto del alcohol durante un par de minutos.

Y así es como rescaté a la tortuga del ladrón. —Terminó de contar él.

Interesante…—Comentó Martha en un intento de no sonar sarcástica. —Bueno John, creo que ya es hora de que te vayas.

¿Acaso no te agrada mi compañía?

¡No es eso! Es simplemente que…

¿Te gusto?

La rubia se quedó completamente roja al oír eso, quería negarlo pero las palabras no le salían de la boca por alguna razón mientras sentía como si la hubieran atrapado en el acto de un crimen. Y justo cuando las cosas no podían ser más incómodas, en menos de un segundo el pecoso acercaba su rostro al suyo lentamente. Trató de detenerlo, sabiendo que no era él en sí y solo actuaba con ella de esa forma por la borrachera que tenía, pero no lo pausó. Su mente le decía que no era lo correcto, pues sería como aprovecharse de él, pero su cuerpo decía otra cosa.

Y así es como cuando ya estaba anocheciendo terminaron besándose apasionadamente hasta llegar a su habitación, alistándose para romper una de las reglas que les habían inculcado desde que eran más jóvenes, la cuál era esa acerca de no consumir hasta el matrimonio. Ahora los dos se hallaban en la cama besándose, aún traían sus ropas puestas, pero si seguían así eso no tardaría en cambiar, hasta que…

J-John…—Le decía Martha mientras el joven ahora besaba su cuello.

¿Qué pasa?— Preguntó él mientras seguía en lo suyo.

E-esto no está bien, m-mi p-padre te mataría si…

¿Y qué me haría? ¿Acusarte con el rey ese al que apoyas?—Dijo en burla.

No, solo qué…—Decía, hasta que se percató bien de lo que le había dicho. — ¿Cómo que "el rey ese al que apoyo"?

No te hagas, tú me lo confesaste cuándo nos vimos a escondidas aquella vez. —Indicó para luego detenerse en lo que hacía.

Mientras tanto Martha seguía confundida, pues ella no recordaba haberse escapado un rato para verse en secreto con Laurens, menos decir que en el tema de los rebeldes y la monarquía apoyaba a esta última, pues en realidad era neutral respecto a ese tema. De repente se acordó de la conversación que tuvo con él cuándo lo conoció acerca de su amor imposible.

Para él no estaba a punto de hacer el amor con ella, sino con esa chica la cuál era la verdadera persona a la que amaba.

¡Apártate!—Exclamó mientras lo empujaba, esa vez con más fuerza. —Vete ahora mismo. —Ordenó mientras fruncía el ceño.

¡¿Qué te pasa?!—

¡Más bien que te pasa a ti! ¡Al querer reemplazarme con esa dama, quién sea que es!

¡No sé de qué estás hablando!—Se defendió él mientras se paraba de la cama.

Entonces dime cuándo he dicho apoyar a la monarquía o cuando fui a haberme escabullido contigo. —Cruzó los brazos.

Yo…—Suspiró. —Juro que él no tiene nada que ver…

¡Aguanta un segundo!—Lo interrumpió. — ¿Dijiste él?—Preguntó atónita.

En ese momento John supo que había empeorado la situación, por lo que se quedó callado y entró en pánico por dentro.

John, por favor dime que te equivocaste o escuché mal. —Pidió, esperando que su amigo confirmara que había sido solo un error, pero por el rostro que tenía se dio cuenta que no. Le tomó un poco procesarlo, pues nunca había escuchado algo como eso en mucho tiempo, siendo solo un par de veces cuando era niña acerca de cómo andar con alguien del mismo género se consideraba enfermo, y conforme pasaba el tiempo ese recuerdo se había vuelto vago, hasta ese momento cuándo posteriormente entendió todo. — ¿Acaso esa persona es un…?—Se tapó la boca por la "pequeña" sorpresa que se dio.

—…Tienes razón, es mejor que me vaya. —Dicho eso el pecoso salió corriendo sin darle la oportunidad a su amiga de decirle algo más respecto al tema.

[…]

El matrimonio Laurens ya se encontraba en la ceremonia nupcial junto a todos los demás invitados, incluyendo a sus familiares. Sabían que no faltaba mucho para que todo comenzara, por lo cual aprovechaban el tiempo libre para darse murmullos entre sí. Mientras tanto John observaba a su alrededor, posando la vista sobre el novio que se hallaba parado junto al padre, parecía muy calmado a comparación de como él mismo estuvo al principio el día de su boda.

John Barker Church, así se llamaba ese hombre según leyó en la invitación. No sabía mucho de él, solo que era un hombre de negocios inglés, de compostura seria y, según le contó Eliza, trató de cortejar a Angelica cuándo fue a Nueva York de visita una vez. No tuvo mucho éxito, pero al menos aún habían mantenido una linda amistad por correspondencia.

Luego el pecoso volteó, solo para llevarse la sorpresa de que su padre estaba sentado a la distancia junto a sus hermanos, quiénes al parecer no habían notado su presencia, y para él eso estaba bien, pues aunque amaba a sus hermanos menores, no quería que su padre supiera que se encontraba ahí, no por ahora.

Finalmente, la espera terminó y una marcha nupcial se escuchó por todas partes, avisando a todos que la novia ya iba a entrar. Segundos después, todos vieron como la novia caminaba acompañada de su padre, portando un hermoso vestido blanco y un velo del mismo color, de verdad se veía preciosa, aparte mostraba un rostro lleno de alegría. Laurens no pudo evitar soltar una sonrisa al mirarla, pues no solo se sentía feliz por ella, sino que también le contentaba verla por primera vez luego de mucho tiempo.

Pasando el tiempo la pareja ya había dado sus votos de amor y puesto sus respectivos anillos, solamente faltaba que el padre dijera la típica frase que todos siempre esperan.

—Ahora puedes besar a la novia. —Dijo el cura para luego ver como la pareja no tardaba en hacerlo.

Desde ese instante ahora eran el Sr y la Sra. Church.

[…]

Como en cualquier boda, no podía faltar el evento de celebración. Luego de que la madrina diera el discurso empezó la verdadera fiesta, donde todos comenzaron a beber, platicar y beber, inclusive todos sin excepción alguna tenían copas de vino entre sus manos.

John y Eliza fueron a saludar a sus familiares primero, aunque mientras que la pelinegra se puso a hablar con todos, el pecoso solo pudo charlar con sus hermanos, evitando a su padre por completo, aunque a él no pareció molestarle en absoluto, al contrario, solo puso una cara seria durante toda la fiesta, cosa que no era de sorprenderse.

Después Laurens sabía que ya era hora de acercarse a felicitar a la pareja, cosa que lo ponía nervioso recordando lo que había pasado la última vez que habló con su vieja amiga.

[…]

Y eso es todo lo que pasó entre nosotros. —Decía el pecoso finalizando de contar todo lo que había sucedido entre él y su ahora antiguo amor, Francis Kinloch.

Ya veo. —Comentó la rubia mientras ponía una mirada de tristeza. —Y no te preocupes, entiendo por qué no me dijiste nada de esto antes.

Juro que nunca tuve la intención de herirte ni darte falsas esperanzas de qué...

De que pudo haber algo entre nosotros, lo sé, pero nuevamente te digo que no debes preocuparte de nada, pues tú estabas borracho. —Alzó los hombros. —Y admito que quizás me lo merecía por querer aprovecharme de eso. No puedes ser peor persona que yo. —Desvió la mirada.

Por favor no te sientas mal, digo, ¿quién no aprovecharía que un chico lindo anduviera borracho a esa hora? —Preguntó entre risas en un intento de hacerla sentir mejor.

Pues…ahora que lo pienso no eres tan lindo. —Le respondió ella, también en modo de broma para después volver a poner su mirada en él.

Qué cruel. —Dicho eso los dos carcajearon. Para luego volver al silencio incómodo por un rato. —Así que… ¿puedes prometerme de que guardarás el secreto? Por favor. —Imploró.

Lo prometo, sabes muy bien que todos tus secretos se irán a la tumba conmigo. —Sonrió. —Aparte, entiendo muy bien qué uno no puede elegir de quién enamorarse. —Mencionaba mientras no se daba cuenta que algunas lágrimas brotaban de sus mejillas.

¿Estás bien? —Le preguntó preocupado.

¿Eh?—Se tocó las mejillas para darse cuenta del líquido que corría a través de ellas. —A-ah, d-debe ser por algo en el aire.

Martha…

Estoy bien, lo juro. —Mintió obviamente. —Si me disculpas, ya tengo que volver a mi casa. Hasta luego. —Comenzó a correr, no sin antes voltear una vez más. —Por cierto, te deseo lo mejor, espero que algún día encuentres a alguien que te ame y sepa apreciarte por lo increíble que eres. — Tras decir eso se fue.

John no pudo sentirse culpable, pues sabía muy bien que la razón por la que lloraba era que jamás podría corresponderle sus sentimientos.

[…]

—Miren a quién tenemos aquí. —Dijo Martha al notar al castaño y su esposa aproximándose. —John Laurens in the place to be~*—Mencionó con emoción.

—A mí también me alegra verte Martha. —Contestó John ante el comentario para luego abrazarla. —Hace mucho que no te veo. —Decía mientras se separaba.

—Lo sé. —Asintió para luego posar su vista en la de cabello azabache. —Usted debe ser Elizabeth.

—Así es, aunque suelen decirme Eliza. —Respondió la del vestido azul con una sonrisa. —Me han contado mucho de usted, me alegra por fin conocerte. —La abrazó como si la conociera de años.

—Lo mismo digo, me han dicho que eres un encanto y ahora que te veo estoy de acuerdo con ellos. —Comentó. —Y supongo que ya conoces a mi marido.

—Estás en lo correcto. —Confirmó él para después hacer una reverencia y saludar con un apretón al pecoso. —Conocí a Elizabeth y al resto de su familia allá en Nueva York hace tiempo, pero es un honor por fin conocerte John. —Se dirigió al de pelo rizado. —También me han hablado maravillas acerca de usted.

—Pues sea lo que sea que le hayan dicho, no se equivocan. —Bromeó.

—Bueno, ¿les molesta si hablo a solas con John un momento? No tardaré mucho. —Preguntó la rubia.

—Por mí no hay problema, siempre y cuándo tampoco le disguste la idea a la señorita Laurens. —Contestó Church.

—Para nada. —Concordó la pelinegra. — ¿Le gustaría que lo acompañe a saludar a mi familia, señor Church?

—De acuerdo. —Dicho eso se fue con la esposa del pecoso, dejando a solas a este último y la novia.

—Y bien, ¿de qué quieres hablar conmigo?—Preguntó John, con algo de curiosidad por lo que le iba a decir.

—Pues, quería pedirte perdón. —Respondió ella en un tono serio. —Por haberme desaparecido así como así luego de "eso".

—Descuida, luego me enteré de que fuiste a quedarte un tiempo con unos parientes fuera de la ciudad. —Contó. —Aunque si me preocupaste, ni siquiera dijiste adiós…pero ya quedó en el pasado.

—John, yo me desaparecí de tu vida así de la nada, huí como toda una cobarde y…—Exhaló un suspiro sin terminar la oración.

—Oye, está bien, como dije antes, eso quedó atrás. — Insistió. —Ahora es mejor enfocamos en el presente, digo, ahora ambos estamos felizmente casados con maravillosas personas y podemos empezar desde cero.

—Tienes razón. —Asintió. —Aunque sigo sin creer que tú, John Laurens, haya podido casarse con una mujer. —Bajó un poco la voz mientras arqueaba una ceja. — ¿Acaso tu padre hizo que la conocieras?

— ¡No! ¿Cómo crees?—Aclaraba mientras se aseguraba de que nadie anduviera cerca de ellos como para ser capaz de escuchar lo que decían, no quería arriesgarse. —Y en realidad fue mi amigo Alexander el que nos presentó, pero porque yo se lo pedí.

—Ah. —Dijo sin estar todavía muy convencida. — ¿Y por qué?

—Bueno, un amigo me habló de ella y me llamó la atención. —Respondió, notando que ya lo estaba interrogando. — ¿Acaso ya me harás tantas preguntas?

—Disculpa John pero es que simplemente no tienes que pasar mucho tiempo con Eliza como para saber que es alguien dulce, servicial y bondadosa. ¡Solo mírala! ¡A kilómetros te das cuenta que es todo un ángel que cayó del cielo!—Comentó mientras por un momento se puso a verla a lo lejos platicando con sus familiares y Church. —No me gustaría saber un día escuchar por ahí que se enteró que fue usada y le rompiste el corazón. —Comentó, dejando al pecoso pensando por un momento.

—Martha, te juro que de verdad quise casarme a Eliza porque quise, si, admito que al principio solo esperaba que mi padre dejara de presionarme acerca del matrimonio si se enteraba que la cortejaba. —Decía con sinceridad. —Pero tienes razón en todo lo que dijiste acerca de ella, cosa de la cual me di cuenta conforme pasó el tiempo, es una gran mujer y no estoy seguro si eso es lo que me conquistó, cosa de la cual hasta yo quedé sorprendido. —Rió. —Aunque como alguien una vez me dijo; "Uno no puede elegir de quién enamorarse".

Martha sonrió al ver que recordaba eso que le dijo hace años, sin embargo aunque empezaba a creerle sabía que no podía estar tranquila si no le hacía una última prueba definitiva para asegurarse de que de verdad lo que sentía por la del atuendo celeste era genuino.

—John. —Se le acercó un poco. —Quiero que me mires a los ojos y me contestes la siguiente pregunta lo más rápido posible…—Se mantuvo en silencio momentáneamente. — ¿Amas a Eliza?

—Sí. —Contestó Laurens sin dudarlo mientras respondía a su criterio, esperando que así todas las dudas de la rubia se desvanecieran. Luego notó que ella le iba a decir algo hasta que sintió una mano tocar un hombro, haciendo que se diera un buen susto.

—Ah no hermano, consíguete a la tuya**. —Le decía la persona misteriosa, resultando ser Church, para luego ponerse al lado de su esposa. —Oh, cierto, olvidé por un momento que estás con la señorita Elizabeth, mis disculpas. —Dicho eso sonrió y le dio un sorbo a el vaso de vino que tenía en una de sus manos. — ¿Interrumpo algo?

—No amor, solo John me decía lo mucho que ama a su esposa. —Respondía Martha mientras esbozaba una gran sonrisa en sus labios, dando a entender que para ella el cómo su amigo dijo su respuesta fue más que suficiente.

—Me alegra oír eso. —Comentaba la de hebras azabaches, quién se acercó y después besó a su cónyuge en la mejilla. —Pero pienso que en vez de hablar de nosotros deberías ofrecer otro brindis por los novios. —Levantó la mano que traía su copa, posteriormente los otros tres hicieron lo mismo.

— ¡Por ustedes!—Exclamó el castaño viendo a la feliz pareja y después a su esposa, estando seguro de las cosas ya no podían estar mejor.

[…]

*No necesito del todo un asterisco para hacer que entiendan la referencia (?), igual solo aclaro que lo puse en inglés porque de haberlo puesto en español no se hubiera entendido a la primera

**Perdón, tenía que poner el meme sí o sí, JAJAJAJA

Más de 4000 palabras tiene este capítulo, sigo sin creerlo, terminó teniendo más de lo que esperaba, lol, y aclaro que casi todo lo que se vio de Martha son puros headcanons de mi parte porque no hay mucha información sobre ella –cries- Y sí, aquí se casó con el marido de Angelica en canon, ojalá el espíritu de ella no esté enojada conmigo (?)

En fin, ¿Qué opinan del capítulo? ¿Les gustó? ¡Me gustaría saberlo en sus comentarios!^^

Bueno, eso es todo, ¡nos leemos pronto!