Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes pertenecen a GameFreak, solo soy responsable de mi OC.

Advertencias: OC, puede que un toque de OCC. Este fic esta clasificado como T, ya que a lo largo del fic habrá violencia y contenido considerado Lemon (aunque aun falta mucho para eso) aunque la pareja es MewtwoxOC la relación no será PokémonxHumano, ya lo aclararé conforme avance el fic.

Aclaraciones:

-Hablan personajes-

-Pensamientos de los personajes-

"Hablan los pokémon"

Summary: Murazaki, una joven entrenadora, está buscando a su hermano desaparecido. Mewtwo está debil y no puede valerse por sí mismo ¿Se encontrarán? Giovanni recuerda todo y ahora quiere venganza


Capitulo VII:

Confianza

"Aterricemos aquí." Indicó Lucario a Natsu luego de asegurarse de que estuviesen lo suficientemente lejos "Nadie nos sigue y podremos ocultarnos."

El Charizard asintió y empezó a descender a lo que parecía ser un páramo desierto. Al aterrizar sobre el pasto, el primero en bajarse fue Lucario, quien luego de asegurarse de que estuviesen completamente a salvo ayudó a Mewtwo a bajar de Natsu, Pikachu sin embargo, se reusó a bajar.

"Hay que regresar por Murazaki," respondió con el ceño fruncido "seguro está esperando a que volvamos por ella…"

Lucario iba a decirle que no podían volver pero el resoplido del Charizard desvió la atención de todos, este giró su rostro y los miró.

"Es inútil tratar de persuadirlo, Lucario" sus ojos se enfocaron en el pequeño que se aferraba a su lomo "Escucha enano, tú más que nadie debe saber lo que Murazaki estaba pensando al ordenarnos irnos sin ella."

"¡Yo jamás pensé que su idea fuese irnos sin ella!" le respondió molesto "Si lo hubiese sabido, ¡no lo habría aceptado nunca!"

"Fue por eso que no te lo dijo." Terminó Lucario, mirándole con seriedad "Su principal interés era que tú y él estuviesen a salvo." Señaló al clon.

Lo único que Mewtwo quería hacer era echarse a reír por lo ridícula que se había vuelto su condición. Aceptar la ayuda de una humana por las buenas nunca se le habría cruzado por la cabeza y ahora, llegaba esta humana y arriesgaba su vida solo para sacarle de peligro. –Nada de esto tiene sentido –pensó con algo de ironía y suspiró. El Charizard le miró por unos momentos.

"A todas estas ¿Quién es él?" Lucario negó con la cabeza.

"No lo sé… creo que es un amigo de Pikachu…" ambos giraron el rostro para ver al pequeño pokémon que no apartaba su mirada preocupada del cielo.

"Bueno, ¿Qué deberíamos hacer ahora?" Preguntó el enorme dragón después de soltar un suspiro sabiendo que sería inútil preguntarle nada a Pikachu en ese estado "No creo que nadie nos encuentre en este lugar pero sigo estando preocupado…"

Lucario asintió comprensivo, él también estaba sumamente preocupado por su entrenadora desde el momento en que comprendió de qué se trataba su plan. Pero ella confiaba en que se mantendrían a salvo y no podían defraudarla. Volvió a enfocar su mirada en el pokémon recostado contra una enorme roca que mantenía los ojos cerrados con el ceño levemente fruncido.

Le pareció algo extraño que estuviera tan callado, si bien no parecía alguien muy conversador, sentía que algo estaba mal, por lo cual se acercó y se arrodilló junto a este notando cómo presionaba uno de sus costados.

"¿Te pasa algo?" Sin embargo no obtuvo respuesta del otro, pero notó como la presión contra su cuerpo se volvió un poco más fuerte.

Lucario entendió que algo andaba mal, pero sabía que el pokémon no le tendría la confianza suficiente como para decirle, así que, bajo la mirada curiosa de Natsu, se acercó a Pikachu y le hizo mirarle a los ojos.

"Sé que estas preocupado por Murazaki, Pikachu…" le dijo comprensivo "Pero ella va a estar bien, sabes lo fuerte y obstinada que es, seguro que ni el equipo Rocket Podrá con ella. Pero por ahora, quien necesita ayuda es tu amigo" ambos miraron al clon que parecía más pálido de lo normal "no se ve nada bien, si eres tú estoy seguro que te dirá que le sucede y entonces podremos ayudarle."

Pikachu giró por unos momentos la mirada al cielo despejado, preocupado por su entrenadora pero de inmediato volvió su vista hacia Mewtwo que no parecía mejorar en su estado. Comprendiendo lo que el Lucario le decía, el pequeño asintió y llegó al lado de su creador.

"Mewtwo, ¿Te duele algo?" le preguntó con preocupación, fijando su mirada en su costado "¿Qué sucede?"

El clon dudó por unos momentos pero con cuidado retiro su mano, mostrando una enorme picada con el aguijón sobre saliendo de su piel. Pikachu se alarmó y llamó a Lucario. Este se arrodillo junto a ellos y examino la herida por unos minutos.

"¿Cuándo te has hecho esto?" Le pregunto luego de unos minutos.

-Me ha alcanzado cuando los del equipo Rocket ordenaron atacar…

"Esto es un Piquete venenoso, seguramente de uno de los Gligar… primero hay que sacarte el agujón para sacarte el veneno."

Con mucho cuidado el Lucario empezó a jalar del extremo del agujón con energía psíquica hasta que después de unos momentos, salió completamente del costado del Mewtwo, dejando que un hilillo de sangre, mezclado con un líquido púrpura fluyera de la herida. Pikachu miró a Lucario con la preocupación plasmada en el rostro, el Lucario alzó una de sus manos y de esta fluyó el aura rosada del Pulso cura.

Mewtwo soltó un suspiro de alivio al sentir disminuir el dolor y Natsu se acercó a ellos con una mirada curiosa pero se dedicó a observar la labor de Lucario y a examinar atentamente al clon. El pokémon de acero y lucha paró su labor y su ceño se frunció con levedad.

"¿Qué sucede Lucario?" insistió Pikachu al ver que este no hablaba.

"He logrado aliviar el dolor de la herida, pero temo que gran cantidad del veneno ha entrado a su torrente sanguíneo... si no toma un antídoto su condición podría empeorar."

"¿Cuándo sería eso?" Lucario lo pensó por unos momentos.

"No estoy muy seguro pero el veneno viaja muy rápido, y está en una zona cercana al corazón… Hay que darle el antídoto antes del medio día."

Aquello preocupó más a Pikachu, no faltaban más de dos horas para el medio día y no se le ocurría nada para contrarrestar el veneno en el cuerpo de Mewtwo. A su cabeza llegó el vago recuerdo de Murazaki, rociándole un antídoto tras haber sufrido un piquete de Beedrill… pero ahora estaba solo. Murazaki no vendría a ayudarles o al menos no por los momentos, así que si querían curar al clon debían arreglárselas ellos mismos.

"No entres en pánico Pikachu." Trató de calmarle Lucario "Seguro hay otra forma de curar un envenenamiento."

"¿Envenenamiento?" intervino por primera vez el Charizard, ambos lo miraron "No estoy muy seguro de lo que está pasando, pero si necesitan una cura para el envenenamiento ¿porqué no le dan una baya Meloc? Seguro que eso basta, Murazaki solía darme muchas de esas cuando empezamos a viajar y no teníamos dinero para antídotos."

En la cabeza de ambos algo hizo click y se miraron al mismo tiempo. ¡Cómo no lo habían pensado!

"Esa de hecho es una buena idea… En algún lugar de este páramo debe haber un árbol donde crezcan bayas Meloc."

"Ustedes vayan por ellas." Lucario le miró por unos momentos "Está bien, yo me quedaré a cuidar de Mewtwo, no te preocupes." El pokémon asintió y se giró a ver a Natsu.

"Natsu, necesito que me lleves dentro de la isla" este asintió y estiró las alas, antes de levantarse e irse se volvió hacia Pikachu "Volveremos dentro de poco."

El pequeño asintió y lo vio marcharse junto con Natsu, escuchando a la vez lo que este le dijo antes de irse.

"Qué sepas que me vas a explicar qué demonios está ocurriendo aquí ¿eh?"

Pikachu los observó despegar y perderse detrás de los altos árboles que rodeaban las laderas del camino, se sentó junto a Mewtwo y le sonrió con tranquilidad.

"No te preocupes, estarás bien." El clon asintió y se relajó en su posición, cerrando los ojos unos momentos.

Cuando los abrió observó el enorme cielo que se desplegaba sobre ellos, sin embargo, al contrario de sentirse de buen humor o en paz, se sentía intranquilo y molesto ¿Por qué? Por aquella molesta humana a la cual no sólo le debía los cuidados, si no que ahora le debía prácticamente la vida.

Lo que más le molestaba era el no saber por qué aquella chica se arriesgaba tan desinteresadamente por él cuando ni siquiera le agradaba. El hecho de ser ayudado por un humano simplemente le repugnaba, pero que fuera ella la que le ayudara le molestaba de sobremanera. Miro a Pikachu quien también se dedicaba a observar al firmamento con mirada ausente ¿Y si lo hacía por Pikachu?

Claro estaba que todo lo que había hecho por él lo hacía porque ambos eran amigos pero no creía que su devoción por el pequeño pokémon llegase a tales niveles como para arriesgar su propia vida. –Ahh, qué molesto. –Se dijo a sí mismo.

-¿Estás preocupado? –Le pregunto finalmente después de otros minutos de silencio, al ser sacado de sus pensamientos tan repentinamente, el pequeño le miro con confusión.

"¿Eh?"

-Por esa mujer… ¿Estás preocupado por ella? –El amarillo asintió y volvió su mirada al cielo, sonriendo levemente.

"Mucho. Pero no puedo hacer nada más que confiar en ella…"

-Aun no lo comprendo del todo… –dijo Mewtwo al aire luego de unos momentos, Pikachu le miró interrogante

"¿Qué cosa?"

-¿Qué es lo que ha hecho esa mujer para que confíes en ella así? Y no solo tú… cada uno de sus pokémon confían en ella ciegamente y sin dudar… –Mewtwo miró con curiosidad al pokémon eléctrico –No logro entenderlo del todo.

"Pues verás… no estoy seguro de cómo explicarte el por qué, pero ¿Tú también lo viste verdad? Ella se arriesgó para sacarnos de allí… supongo que es por eso que podemos confiar en ella sin dudar."

Mewtwo lo pensó por unos minutos y trató de ponerse desde el punto de vista de Pikachu. Ciertamente, la peli morada se había arriesgado por su bien, indiferentemente del motivo, sumándole a eso estaba el hecho de que lo había curado y que gracias a eso se sentía mejor que antes, aunque sus heridas aun doliesen. De lejos, la chica tampoco le parecía tan mala… a primera vista se podría decir que se preocupaba genuinamente por los pokémon y aunque no le agradara la presencia de los humanos, no se sentía tan amenazado por su presencia.

-¿Eh? –agitó la cabeza lo más fuerte que pudo (arrepintiéndose al sentirse mareado de repente) ¿cómo llego a esos pensamientos? ¡Estar con un humano solo traía problemas! No podía creer lo que estaba pasando por su cabeza, por más que lo intentarán, jamás podría llegarle a agradar un humano y esa diminuta chica no podría ser la diferencia, simplemente era imposible.

"¿Mewtwo?"

-Es imposible que un humano sea así… no está en su naturaleza… –susurró.

"Pero tú también has visto lo que ha hecho Murazaki ¿No estás siendo muy cerrado de mente?"

¿Cerrado de mente? ¿Él? Por un momento creyó que era una pregunta sarcástica pero el semblante serio de Pikachu apartó cualquier duda. – ¿Acaso estaré juzgándola mal? –se preguntó a sí mismo sin estar seguro ya de qué pensar. Se sentía confundido y molesto, especialmente molesto, y aquella molestia se la debía a la peli morada que era la responsable al hacerle sentir confusión sobre su propio juicio hacia los humanos ¿Se habría equivocado y tal vez no todos fueran iguales?

Aun le desagradaba la idea de verse ayudado por uno de estos, de eso no cabía duda, y el pensar que uno fuese diferente no seguía su lógica.

"No entiendo por qué estas confundido" suspiró Pikachu "Ha habido excepciones antes ¿no?"

En eso tenía que admitir que Pikachu tenía la razón. Aunque fuesen pocas, había visto un par de veces ciertas excepciones dentro de los humanos, quizás la peli morada se tratase de una de ellas.

"¡Ah! ¡Natsu y Lucario han vuelto!" El amarillo vio a los dos pokémon salir de la arboleda que tapaba su visión al otro lado de la isla y levantó una de sus patas.

Mewtwo suspiró, ya no estaba seguro de nada.


-¡Ichi, Hoja mágica! ¡Shirayuki, Rayo hielo!

Tanto la Chikorita como el Froslass asintieron ante la orden y apuntando a los enemigos a su alrededor, dejaron salir sus más potentes ataques, haciendo a varios pokémon debilitarse al ser impactados directamente. Murazaki miró a su alrededor nuevamente, un poco más aliviada de que el número de enemigos hubiese sido reducido un poco pero sabía que no podía seguir así. Sus pokémon peleaban con empeño pero ya se les empezaba a notar la fatiga al luchar contra tantos pokémon a la vez.

-Debo admitir que no eres una principiante, –sonrió complacido el hombre cabecilla del equipo –eso y que tus pokémon son muy fuertes… cada vez estoy más convencido de que al Jefe le encantará tenerte cómo aprendiz.

-Jamás me uniría a una organización como la suya, equipo Rocket, ¡Ichi, Rayo solar! –Chikorita paró sus ataques por un momento mientras que su hoja brillaba cada vez más fuerte, de inmediato soltó un potente rayo que noqueó a varios en su trayecto.

-Una lástima en realidad, pero me temo que no vas a tener opción, Crawdaunt, Guillotina.

Un enorme Crawdaunt cargó contra la peli morada, sin embargo, pudo evadir las enormes pinzas del pokémon acuático gracias al látigo cepa que su Chikorita usó para quitarla de en medio.

-Gracias Iicchan –le sonrió –Shirayuki, usa Espabila.

Con dos fuertes golpes al desorientado Crawdaunt, el Froslass de Murazaki le obligó a retroceder confuso. El cabecilla frunció el ceño y ordenó a los demás atacar al mismo tiempo. -Demonios, esto no tiene fin… –pensó con frustración la peli morada –No puedo contraatacar con tantos oponentes…

-Shirayuki, usa Pantalla humo. Iichan, usa Pantalla Luz. –Una barrera de color amarillo claro apareció frente a ellas y de la boca del Froslass salió un denso humo que se propagó rápidamente y cubrió todo en cuestión de segundos, haciendo que los pokémon que se abalanzaban para atacarles pararan en seco. –Espero que esto funcione.

Murazaki tenía dos planes. El primero consistía en aprovechar el momento de confusión y el escondite que les brindaba la pantalla de humo para atacar a los pokémon enemigos y esperar que los debilitara lo suficiente para atravesarlos. El segundo era más o menos la misma idea pero en lugar de atacar a los pokémon enemigos, tendría que usar el poco tiempo que le quedaba para escapar antes de que algún Gligar utilizara tornado y desvaneciera su único cobijo.

Cualquiera de los dos, su única opción era escapar y esperar a que todo saliera bien. Miró hacia abajo y sus pokémon aun parecían en buena forma.

-Iichan, Shirayuki, ¿Aun pueden aguantar? –Estas la miraron decididas y asintieron.

-¡A todos los Gligar, usen tornado en este momento! –Escuchó gritar al cabecilla. Era ahora o nunca, ya no podía dudar más.

-Shirayuki, cuando los Gligar salgan del alcance del humo, usa Rayo hielo y congélalos a todos –le susurró a Froslass –Si quiere desvanecer el humo, primero tendrá que salir de su alcance y eso sólo será por aire.

Esperaron unos momentos y, tal y como Murazaki lo predijo, todos los Gligar reunidos sobrevolaron la cortina de humo, exponiéndose completamente. Era momento de atacar. Froslass lanzó el Rayo de hielo más potente que fue capaz, teniendo cómo ventaja que el enemigo no podía verla y atinó a cada uno de ellos, derribándolos de inmediato. Era una suerte que una de sus naturalezas fuese tipo volador.

-¡Ha derribado a los Gligar! –Grito uno de los miembros en pánico, sonidos de sorpresa se dejaron escuchar luego de eso.

-¡¿Pues qué están esperando inútiles?! ¡Vayan tras ella ahora! –Dijo sumamente enfurecido el cabecilla.

-Ahora o nunca chicas, Iicchan, usa Hoja mágica –para su buena suerte, el movimiento había impactado contra los pokémon frente a ella y también con algunos miembros, era su oportunidad – ¡Vamos ahora!

Las dos pokémon empezaron a correr con la peli morada siguiéndoles, por suerte no había pokémon frente a ellas así que no tardaron mucho en alcanzar la parte donde el humo era menos denso. Pero antes de salir, Murazaki sintió cómo la tomaban bruscamente por la muñeca y detenida en seco. Subiendo la mirada, se encontró con el rostro fruncido del cabecilla.

-No te creas la gran cosa porque nos has ganado un poco de ventaja, mocosa –le dijo sonriendo victorioso, a su lado apareció un Mightyena –Podrás haber confundido a los Crawdaunt, pero jamás engañarás al olfato de un Mightyena. ¡Sal Golbat, usa Ráfaga!

De la Pokeball lanzada un Golbat apareció y empezó a agitar las alas con rapidez, desvaneciendo la pantalla de humo prácticamente de inmediato. Al hacerlo, se pudo apreciar a varios Crawdaunt desmayados, junto con los Gligar una buena cantidad de miembros que recibieron los ataques.

Froslass y Chikorita se giraron para ayudar a su entrenadora pero el Mightyena del cabecilla se interpuso, gruñéndoles amenazadoramente.

-Ahora, ordénales a tus pokémon que retrocedan –exigió el hombre, la peli morada lo miró desafiante pero este apretó su agarre, causándole dolor en la muñeca –Hazlo o yo lo haré a mi manera.

Sintiéndose impotente, Murazaki miró a sus dos pokémon preocupada pero trató de ocultar el miedo que sentía forzando una sonrisa para tranquilizarlas.

-Ichi, Shirayuki, está bien… estoy bien, no intenten nada.

Ambas pokémon se miraron entre sí y sin estar del todo seguras relajaron un poco su posición, sin atreverse a retroceder.

-Buena chica –le susurró el hombre –ahora, antes de que te llevemos a ti y a tus pokémon a la base, me dirás a dónde has ordenado a tus otros pokémon que se llevaran al pokémon de mi jefe.

-¿De tu jefe? ¡Por favor! Dudo mucho que tu inútil jefe pueda siquiera soñar con domar a un pokémon como ese. Ni aunque fuere el último entrenador sobre la tierra.

Tenía que ganar tiempo, no podía darse por vencida y ser llevada por el equipo Rocket. No cuando aun le debía una disculpa a Pikachu por dejarle de esa forma, no ahora que había llegado a un acuerdo con el extraño pokémon y le había prometido curarle. –No ahora que no he podido siquiera encontrar una pista de mi hermano. –Estaba decidida, no podía irse con ellos.

-¿Y tú te piensas que puedes domarle? Déjame decirte que ese pokémon está fuera de tu alcance mocosa… Un poco cosa cómo tú no podría controlar tanto poder.

-Je, ¿Lo dice el poca cosa perdió contra él y lo dejó escapar? –Sonrió con desdén.

Con el rostro contraído con furia, el hombre le profirió una fuerte cachetada a la chica, partiéndole la comisura del labio y dejando una marca roja en su mejilla. Murazaki alzó la mirada y le escupió algo de sangre a la cara. Aquello sólo enfureció más al hombre. –Bien, -pensó ella –tengo que enfurecerlo más.

-¡Maldita, me las vas a pagar! –Levantando nuevamente la mano, la chica esperó el golpe, pero este jamás llego. En cambio, escuchó una voz bastante familiar.

-¡Probopass, Avalancha!

Rocas de todos los tamaños impactaron contra el Golbat y el Mightyena, lanzándolo al otro extremo del lugar, Chikorita y Froslass lograron esquivarlas a tiempo. El cabecilla se cubrió de las rocas (un poco más pequeñas) que iban hacia él con el brazo, dándole la oportunidad a Murazaki para soltarse de su agarre y llegar junto a sus dos pokémon.

Pasando de ella varios Golem y Geodude, comenzaron a atacar a los miembros de pie y al dirigir la mirada al lado contrario, Murazaki vio a Roxanne y a varios de sus alumnos parados con un imponente Steelix tras de ellos. El cabecilla chasqueó la lengua y les fulminó con la mirada antes de dirigirse a sus hombres.

-¡Retirada! Por ahora volvamos a la base para informar al jefe –se giró para encarar a la peli morada quien le devolvió la mirada con el ceño fruncido –Te haré pagar por esto, mocosa, tenlo por seguro.

Así, los miembros del equipo Rocket, regresaron sus pokémon a las Pokeball y desaparecieron dentro del bosque Petalia. Murazaki suspiró y sus dos pokémon llegaron hasta ella preocupadas, Chikorita se lanzó a su regazo mientras que Froslass se arrodillo frente a ella con lágrimas congeladas en los ojos.

-Estoy bien, tranquilas –les sonrió, esta vez con sinceridad –No me ha pasado nada.

-¡Murazaki-chan! –Roxanne llegó hasta donde estaba y la peli morada se levantó – ¿Estás bien, Murazaki-chan? ¿Te has hecho daño?

-¡Estoy bien! ¿Cuántas veces debo decirlo para que me crean?

Roxanne suspiró aliviada y la miró con reproche.

-De verdad, ¿Qué era lo que tenías planeado hacer? ¡Si no hubiese llegado, ese hombre pudo haberte lastimado!

-Tranquila, tranquila –agitó la mano restándole importancia al asunto –tenía un plan después de todo, así que no te preocupes.

-¿Y se puede saber de qué se trataba ese plan?

-Básicamente era hacerle perder los nervios hasta que me soltara o hacer tiempo suficiente para que llegaras Roxanne.

La castaña sintió un sudor frió en la nuca.

-No tienes remedio, Murazaki-chan… –La peli morada le sonrió y recordó la situación en la que estaba.

-¡Es verdad! Roxanne ¿tienes a tu Aerodactyl contigo verdad? –La otra chica le miró curiosa.

-Si lo tengo ¿Por qué?

-Pues verás necesito que me hagas un favor…


El atardecer pintaba el cielo con tonos naranjos y rosados. Desde donde estaban, Pikachu podía ver el crepúsculo cubrir el cielo, pero lo que él deseaba que apareciera aun no aparecía y eso cada vez le preocupaba más y más.

Lucario le miró y suspiró, era inútil decirle que no se preocupara, simplemente no le iba a hacer caso así que continuó meditando en la roca donde estaba sentado. Natsu, por el otro lado, lanzó un largo bostezo y se acomodó para sentarse contra el tronco de los árboles que comenzaban el bosque.

La verdad es que se estaba aburriendo cómo loco, para eso prefería dormir tranquilamente dentro de su Pokeball y esperar para ser llamado a hacer algo útil. Miró a su lado y observó al clon, quien permanecía con los ojos cerrados cómo si estuviese durmiendo. Después de darle la Baya que curó su envenenamiento, Lucario le había dicho que descansaran y ellos montarían guardia y, luego de una larga mirada inquisitoria, este finalmente había aceptado.

Había escuchado de Lucario que al parecer era un amigo cercano de Pikachu, pero sabía casi tan poco como él. Le explicó que Murazaki se había ofrecido a curarlo y que al parecer era perseguido también por el equipo Rocket. No entendía, sin embargo, porqué su entrenadora arriesgaba tanto por un pokémon forastero que apenas conocía y con el que, según había escuchado de Lucario, no se llevaba para nada bien.

Su mirada pareció incomodar al clon ya que abrió los ojos y le miró con el ceño fruncido.

-¿Qué? –Preguntó con algo de rudeza. Lejos de enojarse, el enorme Charizard estaba aburrido así que pasó por alto aquello.

"Se supone que si estás herido es tu entrenador el que te cura ¿Dónde se supone que está tu entrenador?" –Le preguntó con genuina curiosidad.

-Yo nunca he tenido algo como eso. –Respondió volviendo a cerrar los ojos.

"¿Por qué?"

-Porque los humanos son criaturas que sólo velan por su propio beneficio y bienestar. Jamás podrán ver más allá de sus egos, por eso no necesito algo cómo un entrenador. Solo yo basto.

"No veo por qué sería mejor estar solo que tener a alguien que cuida y vela por ti todo el tiempo…"

Mewtwo le volvió a mirar, esta vez con escepticismo.

-¿Acaso has experimentado lo que se siente ser libre alguna vez en tu vida? ¿O acaso has estado bajo los cuidados de esa humana desde siempre?

"Desde que tengo memoria he estado con Murazaki, fui su primer pokémon y he estado con ella desde que era un Charmander."

Ahora ya lo tenía claro. Por supuesto que un pokémon doméstico que ha estado toda su vida bajo las órdenes de un humano no podría comprender lo que se siente ser libre.

-¿Y por qué sería mejor tener a alguien ordenándote cosas contra tu voluntad y estar encerrado en una Pokeball que decidir tu propio camino?

Natsu parpadeó un par de veces antes de comprender de lo que hablaba Mewtwo.

"Murazaki nunca me ha hecho hacer cosas que no quiero, siempre ha estado cuando la necesite y viceversa. Además, he visto cómo es la vida de los pokémon salvajes y aunque puede ser gratificante, creo que es un poco solitaria… supongo que, si hablamos de elegir, yo he elegido quedarme con ella"

Allí estaba de nuevo. Esa sofocante y devota confianza que aquellos pokémon le tenían a la chica y que Mewtwo no podía comprender, era tan pura y sincera que escapaba a su entendimiento, si bien la libertad podía ser una vida solitaria algunas veces ¿Por qué un pokémon en su sano juicio querría estar bajo las órdenes de un humano? ¿Qué tenía esa mujer que hacía que los pokémon depositaran tanta confianza en ella?

Iba a hacerle otra pregunta al Charizard pero escucho la voz de Pikachu llamar al Lucario.

"¡Lucario! ¿Qué ha sido eso? ¡Allá eso! ¡Ese punto negro que está en el cielo?"

El pokémon luchador agudizó su vista y la enfocó al punto que le indicaba el amarillo, distinguiendo una borrosa figura a lo lejos que parecía acercarse. Tardó unos minutos para que se acercara más y pudiese distinguirla con más claridad.

"Es Murazaki…" susurró incrédulo. Natsu se levantó de su sitio y Pikachu ensanchó una sonrisa. Mewtwo alzó la mirada y la vio acercase cada vez más.

Montada sobre un Aerodactyl, Murazaki aterrizó en el acantilado que bordeaba aquel lugar y se acercó a ellos tras desmontar al pokémon volador.

Antes de que llegase a ellos o siquiera pudiese hablar, Pikachu se lanzó a los brazos de su entrenadora, con lágrimas amenazando con salir de sus ojos, esta le sonrió con ternura y lo estrechó con fuerza contra ella, diciéndole que estaba bien y disculpándose por haberle dejado tan de repente. Luego de bajar a Pikachu, Lucario y Natsu se acercaron a ella.

-Lucario, sabía que los traerías al lugar donde entrenamos con Cintia –al igual que con Pikachu, la peli morada estrechó a Lucario contra ella en un abrazo –gracias por ponerlos a salvo. Le susurró.

Charizard suspiró fuego y la abrazó cuando dejó ir a Lucario, levantándola un poco del suelo al ser mucho más alto que ella, la chica se rió y correspondió el abrazo. Cuando fue colocada nuevamente en el suelo les sonrió a modo de disculpen.

-Lamento haberles pedido que se fueran… seguro han estado muy preocupados. Pero me alegra que estén sanos y salvos.

Mewtwo, quien solo se había limitado a ver la escena, seguía sin estar seguro de qué pensar. Sabía que al menos debía agradecerle así que cuando Murazaki se acercó a él, trató con todas sus fuerzas levantarse ayudándose con el tronco del árbol. La peli morada llegó a su lado rápidamente para impedir que cayera.

Se miraron por unos momentos pero antes de que el clon pudiese decirle nada ella le sonrió y habló primero.

-Me alegra ver que estés bien, me había preocupado mucho cuando ese aguijón te golpeó –Eso no se lo esperaba, tenía que admitir.

El clon la miró de pies a cabeza, esa humana lo confundía a niveles que ni él mismo creía posibles. Pero le había ayudado y al parecer podría confiar (un poco) en ella, al menos hasta que estuviese completamente curado. Suspiró.

-Mewtwo…

-¿Eh?

-Mi nombre es Mewtwo.

Murazaki parpadeó varias veces sin podérselo creer.

-¿Me has dicho tu nombre? –Este asintió, usando toda la paciencia de la que fue capaz –Pero, me has dicho que no era digna de confianza y eso…

-No creas que he cambiado de opinión. No puedes confiar en los humanos. –Respondió cortante –Pero debido a los recientes eventos, supongo que puedo confiar un poco en ti. Deberías sentirte agradecida humana.

Murazaki sonrió y estiró la mano, Mewtwo la miro sin entender muy bien.

-Murazaki. Gracias por confiar en mí, Mewtwo, te prometo que no te arrepentirás, así que de ahora en adelante llámame Murazaki.

-Cómo si una estupidez así fuese posible.

-¿Ehhh? ¿Por qué no? Ah, ya entiendo, ¿eres del tipo tímido verdad? ¡No importa! Si te sientes mejor puedes llamarme Murazaki-chan ¿Sí?

-Ni aunque mi vida dependiese de eso.

-¡No seas tímido Mewtwo! Vamos… Mu-ra-za-ki-Cha-n.

-¡Déjate de estupideces, humana!


Re-subida. Lamento las molestias~